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martes, 14 de octubre de 2025

“Dios nunca creó a ningún hombre para ir al infierno.” —Adrián Rogers


Análisis del sermón: "Jesus Is God’s Answer to Man’s Disability"? (¿Es Jesús la respuesta de Dios a la discapacidad del hombre?) del pastor Adrián Rogers.

1. ¿Adrián Rogers dijo literalmente la frase polémica: 

Si Dios predestinó a unos para el cielo y a otros para el infierno, y si acaso yo fui ordenado para el infierno, quiero estar allí. Porque estar en el infierno, para lo cual fui predestinado, sería estar en el centro de la voluntad de Dios para mi vida.”?

Sí hay una historia narrada por Rogers donde aparece un niño de 10 años que escucha a un predicador decir que “Dios creó a algunas personas para ser condenadas al infierno y a otras para ir al cielo”.

El niño responde: “Si Dios me creó para ir al infierno, quiero ir al infierno.”

Rogers añade el comentario:

“Porque todo ser que cumple el propósito para el cual Dios lo creó experimenta gozo. Si Dios nos hubiera creado para el infierno, y el infierno para nosotros, entonces el infierno dejaría de ser infierno, pues estaríamos en el centro de la voluntad de Dios.”

Sin embargo, Rogers no dijo eso como afirmación personal, sino como una ilustración absurda para mostrar lo irracional y blasfema que es la doctrina de que Dios crea personas para condenarlas.

Es un argumento retórico e hipotético, no una declaración teológica suya.

En conclusión: la frase atribuida a Rogers (“si Dios me predestinó al infierno, quiero estar allí porque es la voluntad de Dios”) no refleja su pensamiento, sino que fue una cita puesta en labios del niño de la ilustración para mostrar el error del hipercalvinismo.

2. ¿Qué quiso aclarar sobre la doctrina hipercalvinista?

El texto deja claro que Rogers rechaza categóricamente la idea de que Dios haya creado o predestinado a alguien para el infierno.

Sus propias palabras son:

“Dios nunca creó a ningún hombre para ir al infierno. El Señor no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.”

Y añade:

“Ciertamente Dios es soberano. Dios es lo suficientemente soberano como para dar al hombre voluntad sin perder su propia soberanía.”

Es decir, su propósito es defender la soberanía divina sin negar la responsabilidad humana.
Él define la verdadera soberanía de Dios como aquella que no necesita anular la voluntad humana para cumplir sus propósitos.

3. ¿Refutó correctamente la soteriología calvinista?

Rogers no refuta el calvinismo histórico (como el de la Confesión de Fe de Westminster), sino el hipercalvinismo determinista.

Por ejemplo, dice que algunos teólogos afirmaban que “nadie puede elegir a Dios... Dios desde la eternidad ha predestinado a algunos al infierno y a otros al cielo”,
pero él responde mostrando que:

“La Biblia dice que todo el que quiera puede venir, y el Señor no quiere que ninguno perezca, sino que todos se arrepientan.”

También enfatiza:

“El hecho de que Dios respete la voluntad humana no niega ni denigra su soberanía.”

Por tanto:

  • No refuta el calvinismo clásico, sino una caricatura determinista que él denomina hipercalvinismo.
  • Su teología se alinea más con una posición arminiana moderada: Dios es soberano, pero el hombre debe responder libremente a su gracia.

4. Análisis pastoral: sobre distorsionar las palabras

El mismo sermón muestra cómo una frase fuera de contexto puede invertirse por completo.
Rogers usa la historia del niño para refutar un error, pero al sacarse del contexto parece que él lo afirma.

Esto ilustra un problema grave en el ministerio actual:

a) Falta de honestidad hermenéutica

Sacar una cita sin su marco narrativo puede convertir una ilustración pastoral en una falsa doctrina atribuida al predicador.

El resultado es confusión y división dentro del cuerpo de Cristo.

b) Responsabilidad teológica

El noveno mandamiento prohíbe el falso testimonio (Éxodo 20:16). Aplicado al ámbito doctrinal, esto implica representar fielmente las palabras de otro siervo de Dios.
Sproul solía decir que “la verdad de Dios nunca necesita ser defendida con medias verdades”.

c) Consecuencia pastoral

La deshonestidad teológica en redes sociales destruye la credibilidad del evangelio.
Si usamos a hombres de Dios como munición ideológica, perdemos el espíritu del evangelio, que nos llama a “hablar verdad en amor” (Efesios 4:15).

Conclusión general

  • Adrian Rogers no dijo literalmente la frase polémica; narró una historia para demostrar el absurdo del hipercalvinismo.
  • Su enseñanza afirma la soberanía de Dios sin negar la responsabilidad humana.
  • No refuta el calvinismo clásico, sino una versión distorsionada que convierte a Dios en autor de condenación.
  • El uso descontextualizado de sus palabras es injusto y espiritualmente dañino.

“Dios nunca creó a ningún hombre para ir al infierno.” —Adrián Rogers

Esta afirmación expresa una verdad que todo cristiano bíblico debe afirmar, aunque deba matizarla con precisión teológica. En efecto, Dios no creó a nadie con el propósito directo de condenarlo. El acto creador de Dios es bueno (Génesis 1:31), y Su intención original hacia la humanidad fue comunión, no condenación.

Sin embargo, debemos aclarar —como lo haría la teología reformada— que aunque Dios no es el autor del pecado ni el causante de la maldad, Él ordena todas las cosas según el consejo de Su voluntad (Efesios 1:11). Esto incluye el misterio de la reprobación: Dios permite que algunos permanezcan en su pecado, no porque los haya creado para el infierno, sino porque los deja seguir las inclinaciones de su propio corazón (Romanos 9:22).

En palabras de R.C. Sproul:

“Dios no fuerza a nadie al infierno. El hombre va allí voluntariamente, pero no fuera del decreto soberano de Dios.”

La diferencia es crucial: la condenación es justa, no arbitraria.

Dios no crea para destruir; Él crea para manifestar su gloria, tanto en la gracia que salva como en la justicia que juzga. La Escritura enseña que el infierno no fue preparado para el hombre, sino “para el diablo y sus ángeles” (Mateo 25:41). Sin embargo, aquellos que rechazan la gracia de Cristo comparten su destino porque aman más las tinieblas que la luz (Juan 3:19).

Por tanto, podemos afirmar con Rogers:

“Dios no creó a ningún hombre para el infierno.”

Pero también debemos añadir, con Pablo (y con Sproul): 

“Dios es justo al dejar que el pecador permanezca donde él mismo eligió estar.”

La soberanía de Dios no convierte a los hombres en marionetas, ni su amor cancela su justicia. Ambos se encuentran perfectamente en la cruz: allí, Dios muestra que nadie es creado para el infierno, pero también que nadie es salvo sin Cristo.


¡Piensa en esto cristiano!

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SERMÓN: "Jesus Is God’s Answer to Man’s Disability"?

¿Es Jesús la respuesta de Dios a la discapacidad del hombre?

Adrian Rogers fue un motivador, un animador y un líder de la fe. También le apasionaba presentar la aplicación de las Escrituras a las circunstancias de la vida cotidiana, y lo escucharán en el mensaje de hoy.

Ahora, unámonos a Adrian Rogers. Uno de mis amigos de años pasados ​​era un hombre llamado Paul Anderson. Paul Anderson era el hombre más fuerte del mundo, literalmente. Si conocieran a Paul, medía 1,78 metros de alto, no muy alto, pero pesaba 170 kilos. Su cuello medía 59 centímetros de circunferencia.

¿Les gustaría comprarle una camisa a un hombre así? Tenía 59 centímetros de cuello, 57 centímetros de brazos. Sus brazos eran como cocos. Tenía 127 centímetros de pecho y 89 centímetros de muslos.

Muchos de ustedes no miden 89 centímetros de cintura. Él medía 89 centímetros de muslos y 50 centímetros de pantorrillas. A menudo escuchaba el testimonio de Paul y la gente le preguntaba: "¿Alguna vez fuiste un debilucho de 45 kilos?".

Dijo que sí cuando tenía cuatro años. Era un hombre corpulento. Tenía una fuerza increíble. Paul Anderson fue a Moscú en 1955.

Era prácticamente un desconocido. Los rusos ostentaban todos los títulos, incluso los más importantes, en halterofilia. Allí, Paul Anderson los superó a todos y asombró al ganar el campeonato mundial de halterofilia. El locutor ruso dijo que era una maravilla de la naturaleza. Más adelante, Paul Anderson comenzó a realizar proezas de fuerza. En una ocasión, levantó 2.800 kilos del suelo con la espalda.

Más de tres toneladas. Este hombre levantó ese peso con su propio cuerpo. Está en el Libro Guinness de los Récords y, según ellos, es el mayor peso jamás levantado por un ser humano. Era un atleta estelar y un cristiano aún más estelar. Tenía insuficiencia renal.

Murió a los 61 años y fue decayendo hasta la tumba. El hombre más fuerte de la tierra, pero murió. Y si Jesús no viene, tú también morirás, sin importar cuánta fuerza tengas. La Biblia dice en Isaías capítulo 40, versículo 30: «Hasta las ovejas desmayarán y se cansarán, y los jóvenes caerán por completo».

Así somos nosotros. Toda fuerza humana finalmente fallará. Pero la Biblia dice que, aunque nuestro hombre exterior perezca, nuestro hombre interior, el verdadero hombre, se renueva día a día por el Señor Jesucristo. Nuestro gran problema, por lo tanto, no es qué le sucederá a nuestro cuerpo, sino la gran pregunta: ¿tenemos la fuerza interior que Dios quiere que tengamos?

Ahora bien, este milagro que estudiaremos esta noche nos dirá cómo tener esa fuerza. Quiero que abran sus Biblias, por favor, si son tan amables, en Juan capítulo 5, versículo 1. Después de esto, hubo una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén.

Hay en Jerusalén, junto al mercado de las ovejas, un estanque llamado Betesda en hebreo. Dicho sea de paso, significa casa de misericordia, y tiene cinco pórticos. Y en ellos yacía una gran multitud de enfermos. Significa que no tenían fuerza. Estaban sin energía.

 

Eso es lo que significa la palabra enfermo: sin energía. Un ciego, cojo y marchito, esperando el movimiento del agua. Porque un ángel descendía en cierto momento al estanque y agitaba el agua. El primero que descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviera. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Y cuando Jesús lo vio acostado, y supo que ya llevaba mucho tiempo así, le dijo: «¿Quieres ser sano?». El hombre enfermo le respondió: «Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando se remueve el agua. Pero mientras yo voy, otro baja antes que yo. Jesús le dijo: «Levántate, toma tu lecho y anda». Y al instante el hombre sanó, tomó su lecho y anduvo. Y era sábado. Entonces los judíos le dijeron al que había sido sanado: «Es sábado. No te es lícito cargar con tu lecho». Él les respondió: «El que me sanó, él mismo me dijo: «Toma tu lecho y anda». Entonces le preguntaron: «¿Quién es el que te dijo: «Toma tu lecho y anda»?». Y el que había sido sanado no era quien era, pues Jesús se había alejado, pues había una multitud en aquel lugar. Después, Jesús lo encontró en el templo y le dijo: «Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te suceda algo peor». Ahora, permítanme darles los antecedentes. Sucede en un estanque llamado el estanque de Betesda. Y eso literalmente significa que la casa de misericordia, si han estado en Israel, como algunos de nosotros, está justo afuera o dentro de la puerta de las Ovejas donde Esteban fue apedreado.

Y si van a este lugar, este estanque, todavía está allí. De hecho, está a unos 12 metros bajo el nivel de la calle, donde ocurrió este milagro. Dios, el Señor Jesús, mostró su misericordia a este pobre hombre que había estado enfermo durante 38 años. Era algo así como un balneario y alrededor, en estos pórticos, había enfermos.

Algunos con extremidades atrofiadas, otros ciegos, así que... Algunos de ellos tenían enfermedades que quizás tú padezcas, pero peores. Estaban allí esperando un milagro. Y cada año, cuando el agua burbujeaba, Dios, en su misericordia, obraba un milagro y quienquiera que entrara en ella sanaba. Jesús llegó allí. Era un día festivo y se dirigió a un hombre en particular. Había muchos allí, pero Jesús eligió a uno. Este hombre llevaba 38 años esperando en la fila.

Al menos llevaba 38 años enfermo, paralizado e inválido. No sé cuánto tiempo llevaba realmente allí en el estanque de Betesda, pero sí mucho tiempo, esperando en la fila, intentando acercarse cada vez más al agua para poder estar en ella, ser el primero en entrar, y ser sanado. Y Jesús le hace una pregunta profunda pero muy sencilla: «¿Quieres ser sanado? ¿Quieres ser sanado?». Esa es una pregunta que Jesús no solo le hacía a ese hombre.

Es una pregunta que Jesús te hace a ti. Jesús no solo se dedicaba a sanar. Solo sanó a una persona allí.

La Biblia dice que había una gran multitud allí. Si Jesús hubiera sido un gran sanador, habría ido de un lugar a otro, de persona en persona, sanándolos a todos. Pero solo sanó a este hombre. Porque lo que está haciendo aquí es un milagro con un mensaje. Está enseñando una verdad espiritual mayor. De hecho, después de sanar a este hombre, aprenderemos que Jesús simplemente se escabulló silenciosamente, casi sigilosamente.

Si se hubiera quedado allí, lo habrían aclamado. Toda la gente habría acudido a él para ser sanada, pero él no vino como el gran sanador. Vino como el Salvador. Y estos milagros se dieron para que creyéramos que Jesús es el Cristo y para que pudiéramos tener vida en su nombre. Así que quiero que aprendan de nuevo lo que estoy diciendo: que debemos ir más allá de los milagros y ponernos en Jesús.

Creemos en los milagros, pero confiamos en Jesús. G. Campbell Morgan fue un gran predicador y maestro de otro tiempo. Dijo algo muy significativo sobre los milagros de Jesús. Dijo que cada parábola que Jesús enseñó era un milagro de instrucción.

Y cada milagro que Jesús realizó era una parábola de instrucción. Ahora bien, no quiso decir que los milagros no fueran reales, sino que hay un mensaje milagroso en cada milagro. La palabra para milagro aquí en el Evangelio de Juan es señal. Significa que tiene un significado.

Las primeras cuatro letras de la palabra significado son señales. Son milagros con un mensaje. Así que Jesús no sanó a todos ese día, pero sí a este hombre. Y Jesús sanó a este hombre para transmitir un mensaje a todos aquellos que sentimos que necesitamos fortaleza espiritual, porque espiritualmente, como veremos en un momento, por naturaleza estamos paralizados y sin fuerza en Cristo, tenemos poder para vivir. Jesús es la respuesta de Dios a la discapacidad espiritual del hombre. Ahora, permítanme darles un ejemplo que demostrará cómo funciona este milagro. La sanación física es solo temporal. En realidad no es tan importante. Crees que es importante sanar.

Creo que es importante sanar cuando me enfermo, pero Dios probablemente no lo considera tan importante como nosotros pensamos, porque Dios tiene un plan mayor y otro diferente para nosotros. ¿Recuerdas? Esta no es la misma historia que estamos estudiando ahora, sino que en otro pasaje de los Evangelios, cuatro hombres llevaron a un hombre a Jesús en una camilla. ¿Recuerdas eso? Jesús le dijo: «Hijo, tus pecados te son perdonados». Cuando Jesús dijo eso, la gente empezó a murmurar, a quejarse y a criticar. Dijeron, en efecto: «¿Quién se cree que es? ¿Quién es él para decirle a ese hombre que su pecado está perdonado? Solo Dios puede perdonar el pecado».

Tenían razón. ¿Quién se cree que es? Y luego Jesús dijo para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene poder para perdonar pecados.

Señor, toma tu lecho y anda. Jesús lo sanó físicamente solo para dar credibilidad al milagro espiritual. Jesús hizo algo que ellos podían ver para que pudieran entender y creer lo que no podían ver.

¿Entienden la importancia? Lo importante para Jesús ese día no era sanar el cuerpo de ese hombre. Lo importante era perdonar su pecado.

La sanación del cuerpo solo atestiguaba el milagro espiritual invisible, y lo mismo ocurre con este hombre. Así que esta noche aprenderemos tres cosas que nos ayudarán a tener una vida plena, que nos ayudarán a comprender en el ámbito espiritual que Jesucristo es la respuesta de Dios para la discapacidad del hombre. Esto es lo primero que deben hacer si quieren encontrar la fuerza que este hombre encontró hace tanto tiempo. Lo primero que deben hacer es reconocer su debilidad. Reconozcan su debilidad. Admitan que son débiles. Ahora, si quieren, miren el versículo cinco.

 

Y había allí un hombre que llevaba 30 años enfermo. Este hombre realmente nos representa a ustedes y a mí sin el Señor Jesucristo. Pero verás, el problema que muchos de nosotros tenemos es...

No admitiremos que estamos espiritualmente paralizados.

No validaremos nuestra propia debilidad. Pero permítanme darles un versículo de las Escrituras para que lo pongan al margen. Es Romanos capítulo cinco, versículo seis.

Escúchenlo. La Biblia dice: «Porque cuando aún éramos fuertes, Cristo murió por los impíos». La Biblia describe a todo hombre sin Cristo como débil. Es como este hombre impotente. Eso es lo que significa la palabra impotente. Estaba débil.

Y por lo tanto, se convierte en una ilustración de todo hombre, mujer, niño y niña sin el Señor Jesús. Ahora, mientras hablamos de validar su debilidad, piensen conmigo. Piensen en la fuente principal de su debilidad.

¿De dónde proviene su debilidad? Iremos al versículo 14. ¿Cuál era el problema de este hombre? Y después Jesús lo encontró en el templo y le dijo: «Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te suceda algo peor». La fuente principal de la debilidad de este hombre era su pecado. Ahora bien, no todos están enfermos por el pecado, pero este hombre sí. Y creo que esa es la razón por la que Jesús lo escogió. El pecado y la debilidad de este hombre tenían una conexión directa. Así que, después de que Jesús lo sanó, le dijo: «No vuelvas a pecar, para que no te suceda algo peor». El punto es este: la fuente principal de nuestra debilidad es el pecado. Somos pecadores de nacimiento, pecadores por naturaleza, pecadores por elección y pecadores por práctica.

La Biblia dice que, por todos los pecados, estamos destituidos de la gloria de Dios. Pero ahora hay algo más que quiero que veas. No solo la fuente principal de tu debilidad, sino también la fuerza paralizante de tu debilidad. Muchos de nosotros no nos damos cuenta de que espiritualmente estamos paralizados. Quizás digas: «Bueno, no soy débil. Levanto pesas. Soy muy fuerte». No me refiero a la debilidad física. Quizás digas: «Bueno, no soy débil». Tengo un doctorado. No me refiero a debilidad intelectual. Podrías decir que no soy débil.

Tengo un millón de dólares en el banco. No me refiero a debilidad financiera. Me refiero a la debilidad espiritual que te ha paralizado. La Biblia dice que cuando aún éramos débiles, a su debido tiempo, Cristo murió por los impíos. ¿Sabes cuál es nuestra debilidad? Nuestra debilidad es que no tenemos la fuerza para ser piadosos.

Estamos débiles. Por eso Cristo murió por los impíos. ¿Cuál es el plan de Dios para mí? ¿Cuál es el plan de Dios para ti? El plan de Dios para todos nosotros es que seamos piadosos. No tenemos la fuerza para ser piadosos. No importa cuánto te esfuerces por ser piadoso. No tienes lo que se necesita para ser piadoso. No tenemos la fuerza para ser piadosos.

Verás, puedes ser fuerte para hacer lo que quieres, pero no eres fuerte para hacer lo que debes. Mientras aún éramos débiles, Cristo murió por los impíos. La fuente principal de nuestra debilidad es el pecado. La fuerza paralizante de nuestro pecado es que no podemos ser lo que Dios quiere que seamos.

 

Y ahora quiero que observen también la persistencia de su debilidad. Según los versículos cinco y seis, este hombre llevaba así 38 años. ¿Se imaginan estar paralizado, impotente, debilitado, sin fuerzas durante 38 años? ¿Qué le sucede a un hombre cuando está paralizado durante 38 años? Sus músculos comienzan a atrofiarse y a debilitarse. Cada año que este hombre estaba así, no mejoraba. Empeoraba. Su tejido muscular se desintegraba. Y así sucede con un hombre, una mujer, un niño, una niña sin Cristo.

Cuanto más viven, peor es su condición. Por eso nadie debe posponer la entrega de su corazón al Señor Jesucristo. Si necesitas ser salvo, debes ser salvo esta noche, porque mañana solo tendrás más pecados de los que arrepentirte y menos tiempo para arrepentirte de él. Verás, la principal fuerza de su debilidad era el pecado. La fuerza paralizante es que no puede ser piadoso.

Y la persistencia es que sigue y sigue y sigue, pero bajando y bajando y bajando. Ahora bien, si quieres tener lo que este hombre tenía, lo que debes hacer es validar tu debilidad. Debes decir: «Dios, tienes razón».

Tienes razón. Estoy sin fuerzas. Dejaré mi orgullo en el polvo y admitiré mi necesidad. Ahora, aquí está la segunda cosa. No solo debes validar tu debilidad, sino que debes activar tu voluntad. Mira el versículo seis.

Míralo. Cuando Jesús lo vio acostado y supo que llevaba mucho tiempo en esa situación, le dijo: «¿Quieres ser sano?». En español moderno, ¿quieres ser sano?

¿Deseas ser sano? ¿Cuál es tu voluntad en este asunto? Ahora, permítanme decirles a cada uno de nosotros que debemos activar nuestra propia voluntad. Dios nunca forzará tu voluntad. Si Dios forzara tu voluntad, si tu relación con él fuera forzada, entonces ya no serías un hombre, serías una máquina.

Y Dios no podría tener comunión con una máquina. Si quieres venir a Cristo, puedes hacerlo, pero si no quieres venir a Cristo, él no te obligará. La Biblia dice que quien quiera puede venir, pero si no quieres venir, no hay suficientes ángeles en el cielo como para que Dios permita que uno de ellos te arrastre por el precipicio.

Pero si quieres... Para venir, no hay suficientes demonios en el infierno, ni fuera del infierno, ni dondequiera que estén, que te impidan venir. Dios te ha dado una voluntad. Y nuestro Señor te pregunta: ¿Serás sano? Algunos teólogos reaccionan ante el libre albedrío humano. Creen que, al hablar del libre albedrío, se niega la soberanía de Dios. Pero tanto la soberanía de Dios como el libre albedrío se enseñan en las Escrituras. Jesús le habló a este hombre y le preguntó: ¿Serás sano? El hecho de que Dios respete la voluntad humana no niega ni denigra su soberanía en absoluto. A veces, la gente construye argumentos artificiales que no deberían construirse. Hay una vieja historia sobre unos predicadores que discutían sobre teología.

Había una sala llena de ellos. Se enfrascaron en una acalorada discusión sobre el libre albedrío y la soberanía de Dios. Algunos eran hipercalvinistas y decían que nadie puede elegir a Dios. Dios los elige a ellos. Y el hombre no tiene voluntad propia al respecto. Dios, desde la eternidad, ha predestinado a algunos al infierno y a otros al cielo. Y Dios es soberano sobre todo el asunto. Otros dijeron: «No, esperen un momento».

 

La Biblia dice que todo el que quiera puede venir, y el Señor no quiere que ninguno perezca, sino que todos se arrepientan. Y se desató una acalorada discusión. Y después de un rato, se separaron en pequeños grupos. Aquí, de este lado, estaban los que defendían lo que llamaban la soberanía de Dios. Y aquí, de este lado, estaban los que defendían lo que llamaban el libre albedrío del hombre. Había un predicador atrapado en el medio. Dijo: «Bueno, estos tipos, cuando hablan, suenan tan bien».

Pero cuando estos tipos hablan, también suenan tan bien. Así que no sabía a qué lado ponerse. Entonces dijo: "Bueno, creo que iré a este lado, donde esta gente que tanto habla de la soberanía de Dios, donde están en su pequeño grupo, lo vieron venir". Y él preguntó: "¿Por qué viniste?".

Bueno, dijo: "Solo quería venir, vine por mi propia voluntad". Le dijeron: "No perteneces a este grupo, vete para allá". Así que fue para acá. Y le preguntaron: "¿Por qué vienes?". Bueno, dijo: "Me enviaron para acá". Dijeron: "No puedes venir aquí a menos que vengas por tu propia voluntad".

Esos son los tipos de argumentos tontos en los que la gente se mete. Quiero decirte, querido amigo, que Dios nunca creó a ningún hombre para ir al infierno. Dios nunca creó a ningún hombre para ir al infierno. El Señor no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

Y todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo, y todo aquel que quiera puede venir. Ciertamente Dios es soberano. Dios es lo suficientemente soberano como para dar al hombre voluntad sin perder su propia soberanía. Así de soberano es Dios.

Dios es un Dios soberano. Una vez oí hablar de un niño de 10 años. Escuchó a un predicador predicar. Y ese predicador dijo: «Dios creó a algunas personas para ser condenadas al infierno. Dios creó a otras para ser salvas e ir al cielo». Ese niño de 10 años dijo: «Si Dios me creó para ir al infierno, quiero ir al infierno».

Porque todo lo que hace lo que Dios lo creó es feliz. Piénsalo. El infierno dejaría de existir si Dios nos creara para el infierno y el infierno para nosotros. Y las llamas del infierno se convertirían en las llamas de la gloria porque estaríamos en el centro de la voluntad de Dios.

Amigo, escucha. Si vas al infierno, serás un intruso. El infierno fue preparado para el diablo y sus ángeles. Y el Señor dice: «¿Serás sano?». Esa es la pregunta que hace. Es una pregunta interesante. Porque ¿por qué le dirías a un enfermo: "¿Serás sano?"? La respuesta parece obvia.

Parece que la pregunta es superflua. Pero nuestro Señor nos enseña una lección: no se impondrá a nadie, sino que quien quiera puede venir. Este hombre jamás habría podido decirle que sí a Jesús, si Él no le hubiera dado la iniciativa. Lo amamos porque él nos amó primero. Él no nos obligará a hacer nuestra voluntad, sino que siempre la capacita. Y nunca podríamos elegirlo si él no nos hubiera elegido primero.

Gracias a Dios por eso. Pero amigo, la pregunta es: ¿serás sano? Jesús no dijo: "¿Quieres volver a caminar?", sino que usó una palabra que encapsula plenitud, integridad, salud. Muchas personas desean que el resultado del pecado se manifieste, pero no quieren ser sanas. No quieren ser verdaderamente una persona plena como Dios quiso que fueran. Pero ¿qué debes hacer si quieres tener la fuerza para vivir? Debes validar tu debilidad. Debes activar tu voluntad.

Debes decir: «Sí, Señor, te deseo». Una de las historias más extrañas jamás contadas es real. Ocurrió hace muchos años, en 1829. George Wilson fue sentenciado a la horca en el estado de Pensilvania por robo de correo y asesinato. Pero el presidente Andrew Jackson, por alguna razón...

No sé, indultaron a George Wilson y dijeron: «No debe ser ahorcado».

No debe ser ejecutado. Llevaron el indulto al gobernador del estado. Y luego, del gobernador, lo entregaron al director de la penitenciaría donde George Wilson estuvo encarcelado. Y finalmente, se lo entregaron a George Wilson y dijeron: «El presidente de los Estados Unidos lo ha indultado.

No será ahorcado». George Wilson dijo: «Rechazo el indulto. No lo aceptaré.

Quiero que me ahorquen». No saben qué hacer. O sea, aquí tenemos un indulto, pero ahora el preso no lo acepta. ¿Qué se hace con un hombre indultado, que se supone que debe ser ahorcado hasta morir, y no acepta el indulto?

¿Qué se hace? ¿Simplemente llevarlo a la puerta y sacarlo de la prisión a empujones? No sabían qué hacer. Lo debatieron una y otra vez. Terminó en la Corte Suprema de los Estados Unidos de América. Y la Corte Suprema se reunió y estudió el asunto.

Y esto es lo que decidieron. El presidente del Tribunal Supremo, John Marshall, dijo esto, y cito: «Un indulto es un papel cuyo valor depende de su aceptación por parte de la persona implicada. Si se rechaza, no es indulto».

Como resultado, George Wilson fue colgado del cuello hasta su muerte, a pesar de que se le había ofrecido el indulto. Y puedes sentarte en este auditorio esta noche, morir e ir al infierno cuando Jesús te extienda los brazos y te diga: «¿Serás sanado?». Ahora bien, ese perdón no sirve de nada si no lo validas, si lo rechazas. Entonces, ¿qué debes hacer? ¿Qué debes hacer? Debes validar tu debilidad. Debes activar tu voluntad.

Ahora, aquí está el tercer punto: debes iniciar tu camino. Debes iniciar tu camino. Ahora, si quieres, mira los versículos del siete al nueve.

El hombre enfermo le respondió: «Señor, cuando el agua se agita, no tengo a nadie que me meta en el estanque; mientras bajo, otro baja antes que yo». Jesús le dijo: «Levántate, toma tu lecho y anda». Y al instante el hombre sanó, tomó su lecho y anduvo. Y era sábado.

Inicia tu camino. Recuerda que el propósito de este milagro es enseñar un milagro espiritual mayor. No que Jesús pueda sanar a un paralítico, sino que puede salvar un alma y darte poder espiritual para ser piadoso. Permíteme repetirte el versículo que enseña que Juan 20, versículos 30 y 31, y muchas otras señales que Jesús hizo en presencia de sus discípulos, no están escritas en este libro, pero se escribieron para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre. Juan no escribió el evangelio de Juan para que los paralíticos pudieran sanar. Él escribió el Evangelio de Juan para que los perdidos pudieran ser salvos. No para que recibiéramos fuerza física como dijo Paul Anderson, sino para que recibiéramos fuerza sobrenatural de lo alto, creyendo en Jesús, para que pudiéramos caminar con vitalidad, libertad y victoria día a día. Ahora bien, Jesús le dijo a este hombre: «Levántate, toma tu lecho y anda». Tenlo en cuenta porque debes iniciar tu camino. Si buscaras en toda la Biblia los versículos más claros que enseñan la salvación, tendrías que ir a Efesios 2, versículos 8, 9 y 10.

¿No es cierto? Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros. Es don de Dios, no por obras, para que nadie se gloríe, pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Son tres versículos maravillosos, estructurados en torno a tres preposiciones: por, mediante y para.

Escuchen con atención. Quiero que tomen este versículo un momento y lo apliquemos a lo que Jesús le dijo a este hombre: «Levántate, toma tu lecho y anda». En primer lugar, ¿cómo fue liberado este hombre? Por gracia. No podía hacer nada.

Está paralizado. La Biblia dice que fue sanado inmediatamente. La salvación es por la pura gracia de Dios.

Es por gracia. Si ustedes y yo hubiéramos estado allí y hubiéramos escuchado al Señor Jesucristo decirle esto a este hombre: «Levántate, toma tu lecho y anda», podríamos haber dicho que no está bien burlarse de él de esa manera. No está bien atormentarlo de esa manera. ¿Cómo se le puede decir a un paralítico que se levante?

Si pudiera levantarse, lo habría hecho hace mucho tiempo. Entonces, ¿por qué le dicen que lo haga? Es imposible. Y por ser imposible, es irrazonable. Y por ser imposible e irrazonable, es injusto.

Pero mientras hablamos, el hombre se pone de pie. Ahora déjenme decirles qué es el cristianismo. El cristianismo es lo imposible, lo irrazonable y Jesucristo. O sea, Jesús hace lo imposible. Hace lo irrazonable, pero con él es posible.

Con él, todo es posible. Le dice a un paralítico: «Levántate». Y eso es lo que le dice a todo pecador: «Te salvaré sobrenaturalmente. Te transformaré. Es por gracia».

Pero es por fe.

Él dice: «Toma tu cama». Ahora bien, ¿por qué ese hombre tomaría su cama? Había estado haciendo fila año tras año. Nuestro Señor dice: «Toma eso, sácalo de aquí. Ya no lo necesitas». Y no era una cama con dosel como las que usas para dormir.

Era un catre, una manta suave sobre la que dormía. «Toma eso, sácalo de aquí». Imagina que quieres ver los playoffs y quieres una entrada. Y supongamos que hay cierta cantidad de entradas y estás haciendo fila.

Supongamos que llevas un día y medio allí. Tienes tu termo, tus sándwiches y tu pequeño saco de dormir, y estás en fila esperando y esperando para conseguir una entrada para el Super Bowl. Y entonces imagina que un amigo te dice: «Oye, oye, tengo dos entradas justo al frente, las mejores disponibles».

Las tengo. ¡Vamos! Ahora, ¿te saldrías de la fila? Sí, si le creyeras. Sí, si le creyeras. Ahora, si no le creyeras, habrías estado esperando en la fila tanto tiempo.

No me voy a salir de esta fila. Verás, Jesús dice: «Mira, es por gracia, pero es por fe. Simplemente obedéceme».

Confía en mí. Y aquí hay un hombre que está poniendo su fe en acción. Recuerda lo que dijimos: la fe es creer con fundamento. Ahora bien, este hombre es por gracia mediante la fe para buenas obras. Jesús dice: «Levántate, toma tu lecho y anda». Y el verbo griego literalmente no se refiere a una acción puntual donde simplemente das un paso.

Significa caminar y seguir caminando. Ahora bien, ¿este hombre fue sanado porque caminó o caminó porque sanó? Camina porque está sanado. No eres salvo por hacer buenas obras. Eres salvo para buenas obras.

Es por gracia, mediante la fe, para buenas obras. Vives la vida cristiana no para ser salvo, sino porque eres salvo. No quiero ofender tu inteligencia, pero Jesús no le dijo a este hombre: «Anda, toma tu lecho y levántate».

No podía caminar hasta que se levantó. Y no puedes vivir la vida cristiana hasta que la recibas. La Biblia dice: «Como recibes al Señor Jesús, anda en él». Y si entiendes que eres salvo por gracia, mediante la fe, para buenas obras, recibirás la fuerza para vivir sobrenaturalmente. Tu cuerpo enfermará y morirá, pero aunque tu hombre exterior perezca, tu hombre interior se renovará día a día. Jesús no vino como el gran sanador. Vino como el gran maestro. Y escúchame de nuevo: necesitas ir más allá de los milagros y llegar a Jesús. Cree en los milagros, pero confía en Jesús.

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Sermón en inglés: Jesus Is God's Answer to Man's Disability Podcast with Adrian Rogers

 


lunes, 13 de octubre de 2025

Adrian Rogers nunca dijo esa frase



Esta frase suele circular bastante en redes sociales atribuida a Adrian Rogers, pero en realidad no existe evidencia confiable de que él la haya dicho o escrito. (Si alguien me muestra la cita textual, elimino este post). 

Análisis de atribución:

  • No aparece en ninguno de sus libros, sermones oficiales o transcripciones publicadas por Love Worth Finding Ministries (la organización que conserva y distribuye sus enseñanzas).

  • En los archivos y bases de datos de sermones de Rogers (tanto en inglés como en español) no hay registro de una cita con esas palabras ni de una idea equivalente.

  • La frase, además, no refleja el estilo ni la teología típica de Rogers, quien era un bautista del sur fuertemente comprometido con la doctrina de la responsabilidad humana y la gracia soberana, pero no con el determinismo rígido que implicaría esa afirmación.

Probable origen:
La frase parece una paráfrasis o distorsión de un argumento teológico usado por algunos para criticar la predestinación extrema (hipercalvinismo), poniéndolo en forma retórica o provocadora. En algunos foros evangélicos, se cita erróneamente como si fuera de Rogers o incluso de Spurgeon, pero ninguna fuente verificable lo confirma.

En síntesis:

No, Adrian Rogers nunca dijo esa frase.
Es una cita falsamente atribuida que circula sin respaldo documental en sus obras o sermones oficiales.

“El error de confundir la soberanía de Dios con fatalismo”

Pocas cosas han sido tan malentendidas como la doctrina bíblica de la predestinación. A lo largo de los siglos, muchos han caricaturizado la soberanía de Dios como si fuera una especie de destino ciego, una maquinaria cósmica que arrastra al hombre sin propósito ni justicia. Pero el Dios de la Escritura no es un tirano arbitrario, sino un Dios santo, cuyas decisiones eternas son inseparables de su bondad perfecta.

Decir que “si Dios me predestinó al infierno, quiero estar allí porque es su voluntad” no es humildad, sino una profanación del carácter de Dios. En esa frase se confunde la sumisión reverente a la voluntad divina con una resignación pagana al destino. El creyente verdadero no busca estar “donde Dios lo condene”, sino donde Dios es glorificado. Y Dios nunca es glorificado en la condenación del justo, sino en la justicia de Cristo que salva al indigno.

La predestinación, correctamente entendida, no destruye la libertad humana, sino que la redime de la esclavitud del pecado. No dice que Dios arroja a hombres inocentes al infierno, sino que de una humanidad culpable, Dios elige mostrar misericordia a muchos. El asombro del evangelio no es que algunos sean condenados, sino que alguien sea salvado.

Cuando los hombres reducen la soberanía divina a fatalismo, pierden de vista el corazón del evangelio: Dios no sólo decreta fines, sino también los medios, y el medio supremo es Cristo crucificado. En Él se revela que la voluntad de Dios no es fría ni distante, sino ardiente en amor y justicia.

Por eso, el creyente no dice: “Si estoy destinado al infierno, me someto”, sino:

“Si fui destinado a conocer su gracia, me postro en adoración.”

Porque la verdadera predestinación no lleva al hombre a la desesperanza, sino a la adoración, al comprender que el Dios soberano que elige es también el Dios que ama y salva perfectamente.


Deshonestidad a la vista

Utilizar una frase distorsionada o falsamente atribuida a un pastor reconocido (como Adrian Rogers) para atacar una doctrina (en este caso, el calvinismo) implica varias falacias lógicas y retóricas combinadas:

1. Falacia del “hombre de paja”

Es la principal falacia en este caso. Consiste en distorsionar o caricaturizar la posición real de alguien o de una doctrina, y luego refutar esa versión falsa en lugar de la verdadera.

En este caso:
El detractor presenta una versión deformada del calvinismo, como si enseñara que “Dios predestina caprichosamente al infierno” o que “deberíamos aceptar el infierno con resignación porque es la voluntad de Dios”. Luego critica esa versión inventada, pero no el calvinismo bíblico y confesional real.

Resultado: se vence un argumento falso, no la doctrina real.

2. Falacia de apelación a la autoridad falsa (False Attribution / Appeal to False Authority)

Ocurre cuando se atribuyen palabras o ideas a una figura de autoridad respetada (en este caso, Adrian Rogers) sin evidencia real para dar peso emocional o retórico a un argumento.

Es decir: “Si lo dijo Adrian Rogers, entonces debe ser cierto”, cuando en realidad nunca lo dijo, lo cual invalida el argumento desde la raíz.

Resultado: se usa el prestigio de una figura respetada como escudo para sostener una falsedad.

3. Falacia del hombre de paja teológico + apelación emotiva

Estas falacias suelen combinarse con un tono emocional o sarcástico, que busca ridiculizar al adversario (el calvinista) más que dialogar honestamente. Eso entra en el terreno de la falacia ad hominem indirecta, donde se ataca la coherencia moral o espiritual del otro grupo, en lugar de evaluar sus argumentos bíblicos o teológicos.

En resumen

Usar una cita falsa o distorsionada para desacreditar una doctrina como el calvinismo implica al menos tres errores lógicos:

  1. Hombre de paja – se ataca una caricatura, no la doctrina real.

  2. Autoridad falsa – se atribuye falsamente una frase para darle peso.

  3. Apelación emotiva/ad hominem – se busca ridiculizar más que razonar.

Reflexión final 

La verdad nunca necesita de la mentira para ser defendida, ni la gracia de la distorsión para ser comprendida. Cuando un argumento requiere falsificar al oponente, deja de ser defensa de la verdad y se convierte en defensa del orgullo.


¡Piensa en esto cristiano!

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Adrian Rogers (1931–2005). Adrian Pierce Rogers fue un reconocido pastor, predicador y líder bautista estadounidense, nacido el 12 de septiembre de 1931 en West Palm Beach, Florida. Estudió teología en el New Orleans Baptist Theological Seminary y fue ordenado al ministerio a los 19 años. En 1972 asumió el pastorado de la Bellevue Baptist Church en Memphis, Tennessee, donde su liderazgo y predicación expositiva llevaron a la iglesia a convertirse en una de las más grandes del país. Fue elegido tres veces presidente de la Convención Bautista del Sur, desempeñando un papel clave en la Resurgencia Conservadora, movimiento que reafirmó la autoridad y la inerrancia de la Biblia dentro de la denominación. En 1987 fundó el ministerio Love Worth Finding, mediante el cual sus mensajes fueron difundidos por radio, televisión y medios digitales en todo el mundo, llegando también al público hispanohablante. Autor de más de veinte libros, su enseñanza combinó profundidad doctrinal, claridad bíblica y pasión pastoralRogers falleció el 15 de noviembre de 2005, dejando un legado perdurable de fidelidad a Cristo, amor por la Palabra de Dios y compromiso con la evangelización. Su vida continúa inspirando a pastores y creyentes a proclamar la verdad bíblica con convicción, integridad y gracia.

 


miércoles, 20 de agosto de 2025

¿Ausencia de calvinismo en los Padres de la Iglesia?

 

Respuesta al comentario del Dr. Carlos Andrés Murr

Introducción

En una afirmación que el Dr. Carlos Andrés Murr señaló: “Hay calvinistas que no me ven como hermano y son muy agresivos… he leído todos los Padres Apostólicos y no veo la soteriología calvinista en los primeros 4 siglos hasta Agustín... Encontrar en los Padres de la Iglesia el lenguaje de ‘elección’, ‘predestinación’ y ‘depravación’ no significa que sostenían las redefiniciones que el calvinismo hoy asigna a estas palabras.”

El comentario plantea dos objeciones principales: (1) la ausencia de una soteriología “calvinista” en los Padres de la Iglesia anteriores a Agustín, y (2) la acusación de que la teología reformada redefine términos bíblicos como “elección”, “predestinación” y “depravación”. Este artículo busca responder académicamente a dichas objeciones, considerando el testimonio bíblico, patrístico y reformado.

I. La insuficiencia del argumento del silencio patrístico

Es cierto que la teología de los primeros siglos no presenta una sistematización explícita de la soteriología reformada. Sin embargo, esto responde más al contexto histórico que a una ausencia de contenido bíblico. Como señala J. N. D. Kelly, “la doctrina patrística se desarrolló siempre en respuesta a las controversias de su tiempo” (Kelly, Early Christian Doctrines, 1977, p. 5).

La Iglesia primitiva enfrentó luchas contra el gnosticismo, el docetismo y el arrianismo, más que contra un pelagianismo aún inexistente. Por ello, no sorprende que el tema de la gracia y la predestinación alcanzara su mayor desarrollo con Agustín, en el contexto de la controversia pelagiana. R. C. Sproul afirma: “Las doctrinas de la gracia no nacieron en el siglo XVI, sino que se hicieron necesarias cada vez que la verdad bíblica fue amenazada por el orgullo humano” (Sproul, Chosen by God, 1986, p. 25).

II. El testimonio bíblico de la elección y la gracia

Antes que en Agustín o Calvino, la doctrina de la elección se halla en la Escritura misma. Pablo declara que Dios “nos escogió en él antes de la fundación del mundo” (Ef 1:4), que la salvación “no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Ro 9:16), y que el hombre natural “no puede entender las cosas que son del Espíritu de Dios” (1 Co 2:14). Estos textos no dejan lugar a dudas sobre la iniciativa soberana de Dios en la salvación.

La teología reformada no redefine los términos, sino que procura ser fiel a la lógica interna de la Escritura. Como diría Juan Calvino: “Decimos que Dios previó lo que quiso que aconteciera, y lo quiso porque así le plugo; y si alguien pregunta por qué quiso, respondemos: porque quiso” (Institución, III.23.2).

III. El lenguaje patrístico sobre la gracia y la predestinación

Contrario a la afirmación del Dr. Murr, los Padres de la Iglesia sí usaron categorías que prefiguran la teología reformada.

  • Clemente de Roma escribió: “Somos llamados por la voluntad de Dios en Cristo Jesús, y no por nosotros mismos” (1 Clem. 32).

  • Ignacio de Antioquía habló de los creyentes como “predestinados antes de los siglos” (Carta a los Efesios, 1:1).

  • Justino Mártir afirmó que “aquellos que son salvos han recibido la gracia de comprender y aceptar la verdad” (Diálogo con Trifón, 7).

  • Ireneo de Lyon subrayó que “nadie puede venir a Cristo si no es llamado por el Padre” (Contra las herejías, IV, 41,2).

Aunque los Padres no desarrollaron un sistema soteriológico tan definido como el de la Reforma, su lenguaje refleja claramente nociones de elección y gracia irresistible (gracia divina). Agustín, lejos de innovar, llevó a su culminación lo que ya estaba presente en germen.

IV. Caridad cristiana y verdad doctrinal

Es lamentable que algunos calvinistas se muestren agresivos hacia quienes no comparten su visión. Tal espíritu contradice el mandato apostólico de hablar “la verdad en amor” (Ef 4:15). No obstante, el reconocimiento fraternal no significa relativizar la verdad bíblica. Como escribió Herman Bavinck: “La gracia no destruye la naturaleza, sino que la restaura; y esa gracia comienza con la iniciativa de Dios, no con la cooperación del hombre” (Dogmática Reformada, III, p. 79).

La verdadera unidad cristiana no se edifica en minimizar las diferencias, sino en confesar juntos al Cristo de las Escrituras, el mismo que enseña que “a todos los que me da el Padre, vendrán a mí” (Jn 6:37).

Conclusión

El comentario del Dr. Murr parte de un falso dilema: o los Padres enseñaron un calvinismo pleno, o el calvinismo es una invención tardía. La historia de la teología muestra, más bien, un desarrollo progresivo en respuesta a nuevas controversias. La elección, la predestinación y la depravación total no son redefiniciones arbitrarias, sino categorías bíblicas confirmadas en los Padres y sistematizadas en Agustín y la Reforma.

Lejos de ser una novedad, la teología reformada se entiende como la expresión madura de una semilla ya presente en la Escritura y reconocida, aunque de manera embrionaria, en la tradición patrística.

Soli Deo Gloria.

jueves, 5 de junio de 2025

¿Es Dios injusto por intervenir soberanamente en la salvación? Una respuesta reformada al dilema de la libertad y la gracia


Uno de los cuestionamientos más frecuentes contra la doctrina reformada de la elección soberana de Dios es el siguiente: ¿No sería más justo que Dios permitiera que cada ser humano decidiera libremente si quiere ser salvo o no? ¿No es injusto que Dios elija a unos y no a otros? Desde una perspectiva superficial, esto parece apelar a nuestra noción de justicia. Pero ¿realmente lo es?

El dilema de la voluntad humana: ¿libertad o esclavitud?

La teología reformada parte de una premisa clave: el ser humano, después de la caída, no es moralmente neutral. La Escritura es contundente: “No hay justo, ni aun uno… no hay quien busque a Dios” (Romanos 3:10–11). La voluntad humana no es libre en el sentido absoluto, sino esclava del pecado (Juan 8:34; Romanos 6:20). No es que el hombre quiera acercarse a Dios pero no pueda; es que no quiere acercarse a Dios y no puede hacerlo por sí mismo (1 Corintios 2:14).

Ahora bien, si Dios se limitara a “respetar” esa libertad corrompida, dejando que cada quien escoja su destino, todos pereceríamos. ¿Acaso es más justo permitir que un ser humano incapacitado para el bien espiritual elija voluntariamente su condenación?

Un ejemplo práctico: ¿amor sin intervención?

Imagina que un joven, bajo una fuerte crisis emocional, está por lanzarse de un puente. ¿Sería correcto que simplemente lo observemos y digamos: “Debemos respetar su libertad”? Por el contrario, el amor auténtico interviene, incluso si esa intervención es resistida al inicio. Lo mismo hace Dios con sus escogidos: los rescata contra toda esperanza, los transforma por su Espíritu, y los atrae eficazmente a Cristo.

Dios no viola la voluntad humana; la libera. En la regeneración, el corazón de piedra es reemplazado por un corazón de carne (Ezequiel 36:26). La fe no es producida por la voluntad natural, sino que es un don de Dios (Efesios 2:8–9), otorgado por pura gracia.

¿Es Dios injusto por elegir a unos y no a otros?

Pablo anticipa esta misma objeción en Romanos 9:14: “¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.” La elección divina no contradice la justicia de Dios porque a nadie se le niega lo que merece. Todos los seres humanos merecen la condenación por causa del pecado. Si Dios salva a algunos, lo hace por misericordia, no por obligación. Como dice el reformador Juan Calvino: “Dondequiera que se encuentre la misericordia, no se puede hablar de injusticia.”

Dios no está obligado a salvar a nadie. Pero por amor, decidió salvar a muchos, y lo hace soberanamente, según el puro afecto de su voluntad (Efesios 1:4–5). Esa es la maravilla de la gracia.

Conceptos límite: una teología de reverencia

El pastor y teólogo R.C. Sproul, siguiendo la tradición reformada, advertía que ciertos misterios deben abordarse con reverencia. Cuando pensamos en la soberanía de Dios y la responsabilidad humana, entramos en un terreno donde debemos mantener dos verdades en tensión:

  1. Dios es absolutamente soberano.

  2. El ser humano es responsable de sus decisiones.

Ambas son bíblicas, y si bien no podemos entender plenamente cómo se armonizan, no debemos rechazar ninguna. El teólogo Davi Charles Gomes los llama “conceptos límite”: fronteras que nos protegen del error y nos invitan a la humildad.

Conclusión: La gracia que salva, no la voluntad que escoge

Desde una perspectiva reformada, el problema no es que Dios intervenga en la voluntad humana; el problema sería que no lo hiciera. Si Dios no interviniera con su gracia eficaz, estaríamos irremediablemente perdidos.

La buena noticia del evangelio es que Dios rescata lo que está perdido, no espera a que el perdido se encuentre a sí mismo. Su amor no es pasivo, sino poderoso. Su justicia no es arbitraria, sino gloriosamente santa. Y su elección no es injusta, sino la expresión más sublime de su misericordia.

Como escribe el apóstol Pablo: “¿Quién te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Corintios 4:7). La salvación es del Señor, y por eso le damos toda la gloria.


¡Piensa en esto cristiano!

¿Es más justo un Dios que deja a los hombres elegir su propia perdición, aun siendo incapaces de elegir lo correcto?

Desde una perspectiva bíblica y reformada, debemos afirmar que el ser humano, caído en Adán, ha perdido no solo su inocencia, sino también su capacidad moral para escoger el bien supremo: a Dios mismo. Según Romanos 3:11–12, "no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios". El hombre natural no solo está incapacitado, sino hostil a Dios (cf. 1 Corintios 2:14; Efesios 2:1–3).

Entonces, si Dios dejara que una persona —moralmente incapacitada y espiritualmente muerta— eligiera libremente su propio destino, ¿sería eso realmente una muestra de justicia o de amor? ¿Puede llamarse justo permitir que alguien en total ceguera espiritual decida ir al infierno, sin una intervención misericordiosa?

Pongamos una analogía: si veo a alguien en medio de una crisis mental dispuesto a saltar de un puente y decido “respetar su libertad”, ¿sería más noble por no intervenir? ¿O sería más justo, más amoroso y más responsable sujetarlo, incluso contra su voluntad, para salvar su vida? El amor no es pasivo; actúa incluso cuando la persona no entiende que necesita ser rescatada.

De igual modo, Dios, en su soberana misericordia, no deja a todos los hombres librados a sí mismos, sino que, por pura gracia, interviene eficazmente en el corazón de aquellos a quienes ha elegido en Cristo desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4–5). Los llama, los regenera, les da fe, y los sostiene hasta el fin. Esto no contradice su justicia, sino que la magnifica: a unos da misericordia inmerecida; a otros, justicia merecida. Pero a nadie se le hace injusticia.

Permitir que una voluntad esclavizada por el pecado “escoja libremente” el camino a la destrucción no exalta ni la justicia ni el amor de Dios. Más bien, muestra una concepción reducida del pecado y una visión antropocéntrica de la libertad. El Dios de la Escritura no es pasivo ante la perdición de los suyos; Él actúa con poder redentor. Como dice Efesios 2:4–5: "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó… nos dio vida juntamente con Cristo".

El verdadero amor no es el que observa desde lejos, sino el que desciende, rescata y salva. El evangelio no es una oferta bien intencionada a personas neutrales, sino una operación divina sobre corazones muertos. Por eso, decimos que la gracia de Dios es soberana, eficaz y salvadora. Esa es la buena noticia.

jueves, 19 de diciembre de 2024

O7 CARACTERÍSTICAS DE UN CRISTIANO NO REGENERADO





7 Señales de que un cristiano podría no ser verdaderamente regenerado

El número de personas que asisten a iglesias evangélicas ha crecido exponencialmente en muchos países, especialmente en contextos de avivamiento o religiosidad cultural. Sin embargo, no toda profesión de fe es evidencia de una posesión real de fe salvadora. Como dijo Jonathan Edwards:

“Muchos creen ser cristianos solo porque profesan algo que no entienden ni aman.”

El apóstol Pablo exhorta: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos” (2 Corintios 13:5). Y el apóstol Juan escribe su primera carta para que podamos distinguir entre la fe verdadera y la falsa.

A continuación, se presentan siete señales que podrían evidenciar la falta de regeneración. No deben usarse para juzgar severamente a otros, pero sí para llevarnos a la autoevaluación a la luz del evangelio.

1. Persistencia habitual en el pecado sin lucha ni arrepentimiento

Un cristiano regenerado puede caer en pecado, pero no se acomoda a él ni lo celebra. El que ama el pecado y no tiene intención de apartarse de él, probablemente no ha nacido de nuevo.

“Todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado…” (1 Juan 3:9)
Como comenta John Owen:
“El pecado puede vivir en un creyente, pero no reinará en él.”

2. Desinterés o rechazo hacia la Palabra de Dios

Un corazón regenerado anhela conocer a Dios y someterse a su voluntad revelada.

“El que es de Dios, las palabras de Dios oye” (Juan 8:47)
Thomas Watson decía:
“Un alma regenerada prefiere un sermón bíblico a un banquete.”

3. Frialdad y descuido en la oración

El cristiano puede atravesar sequedad espiritual, pero no desprecia la oración. La indiferencia constante hacia la oración revela un corazón sin comunión con el Dios vivo.

“Orad sin cesar.” (1 Tesalonicenses 5:17)
Martín Lutero dijo:
“Así como el respirar es señal de vida, la oración lo es del alma viva.”

4. Indiferencia hacia la comunión cristiana

Un creyente regenerado sabe que no puede vivir en aislamiento espiritual. La comunión con los santos es parte de su vida.

“Sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos.” (1 Juan 3:14)

5. Ausencia de frutos visibles de arrepentimiento

No todos crecen al mismo ritmo, pero el que ha nacido de nuevo manifiesta un cambio progresivo en su vida.

“Por sus frutos los conoceréis.” (Mateo 7:16)
Calvino decía:
“La fe sola justifica, pero la fe que justifica no está sola.”

6. Apostasía ante las pruebas de la vida

La perseverancia en la fe es evidencia de una fe verdadera. El que se aleja completamente, sin volver nunca, muestra que no fue regenerado.

“Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros…” (1 Juan 2:19)

7. Una espiritualidad centrada en uno mismo

El no regenerado busca a “Dios” como medio para alcanzar sus propios fines. No busca la gloria de Dios, sino su propio bienestar.

“Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús.” (Filipenses 2:21)

Nota pastoral:

Es posible que al leer esto, te sientas confrontado. Tal vez has descubierto actitudes o patrones que reflejan un corazón aún no transformado. Pero no desesperes: el diagnóstico no es el fin, sino la puerta a la gracia.

La regeneración no es algo que podamos fabricar con esfuerzo humano. Es una obra soberana del Espíritu Santo (Juan 3:3–8). Si has vivido un cristianismo sin Cristo, la invitación sigue abierta:

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28)

Dios no rechaza a los que vienen a Él con fe genuina y arrepentimiento. El mismo Espíritu que convence de pecado es quien da vida al alma. Clama por misericordia, cree en el evangelio y sométete a Cristo como Señor y Salvador.


¡Piensa en esto cristiano!

miércoles, 9 de agosto de 2023

CALVINISMO: LA SOBERANÍA DE DIOS Y LA RESPONSABILIDAD HUMANA

 




¿Frustró el hombre la voluntad de Dios? Una lectura reformada de Mateo 23:37

Texto clave:

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” — Mateo 23:37

¿Qué problema plantea este pasaje?

Este versículo ha sido utilizado frecuentemente por quienes sostienen una visión arminiana o semi-pelagiana de la libertad humana. Argumentan que, si Dios quiso reunir a los hijos de Jerusalén, pero no pudo porque ellos “no quisieron”, entonces la voluntad del hombre puede prevalecer sobre la voluntad divina.

¿Frustra entonces el hombre el plan de Dios? ¿Puede la voluntad humana anular la soberanía de Dios?

Desde una perspectiva bíblica y reformada, la respuesta es un claro no.

Voluntad revelada vs. Voluntad decretiva

La teología reformada distingue entre dos aspectos de la voluntad divina:

  1. Voluntad preceptiva o revelada: Lo que Dios desea y manda en su Palabra (por ejemplo, que todos los hombres se arrepientan, cf. 2 Pedro 3:9).

  2. Voluntad decretiva o soberana: Lo que Dios ha determinado eternamente que suceda, según su consejo inmutable (cf. Efesios 1:11).

En Mateo 23:37, Cristo está expresando su deseo revelado y pastoral, no un decreto frustrado. Está lamentando cómo Jerusalén —especialmente sus líderes religiosos— ha rechazado la voz de Dios hablada por los profetas y, finalmente, por el mismo Hijo encarnado (Hebreos 1:1-2).

Como explica Juan Calvino:

“Dios extiende sus brazos a un pueblo rebelde, no porque su voluntad pueda ser frustrada, sino para que se vea más claramente su justicia cuando ellos lo rechazan.”
(Comentario sobre Isaías 65:2)

¿Quiénes son los “tus hijos”?

Jesús dice: “quise reunir a tus hijos”, refiriéndose al pueblo del pacto (israelitas), mientras que el sujeto de la negación es Jerusalén, es decir, la autoridad religiosa que representa a la ciudad. Como señala el teólogo John Gill:

“Es como si dijera: yo, por medio de mis ministros y profetas, intenté reunir a los hijos de Jerusalén; pero tú, Jerusalén —tú, sus gobernantes— no lo quisiste.”
(Exposition of the New Testament, Mateo 23:37)

La Biblia explica este patrón

Este lamento de Jesús no es nuevo. Isaías ya había profetizado el rechazo obstinado del pueblo:

“Extendí mis manos todo el día a un pueblo rebelde, que anda por camino no bueno, en pos de sus pensamientos.” — Isaías 65:2

Este rechazo constante ilustra cómo la humanidad caída resiste voluntariamente la gracia externa de Dios —lo que la teología llama el “llamado general” o “externo”—, pero nunca puede resistir eficazmente su llamado interno (cf. Juan 6:37, 44).

En contraste, Hechos 13:48 muestra la eficacia del decreto divino:

“...creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.”

Reflexión teológica

Como enseña R.C. Sproul:

“Dios no obliga a nadie a creer contra su voluntad, pero transforma esa voluntad mediante su gracia eficaz.”
(Chosen by God, 1986)

La soberanía de Dios no cancela la responsabilidad humana, sino que la sostiene. Dios puede lamentar genuinamente el rechazo de los hombres y, al mismo tiempo, cumplir soberanamente su propósito eterno sin error ni frustración.

Herman Bavinck lo expresa con claridad:

“Aunque los reprobados no se salvan, no es porque el poder de Dios falle, sino porque Dios los deja a su propia voluntad rebelde, que él no está obligado a cambiar.”
(Dogmática Reformada, Tomo II)

Conclusión: Dios no falla, el hombre sí

Mateo 23:37 no es un obstáculo para la doctrina de la elección soberana. Más bien, revela el corazón compasivo de Dios que llama incluso a los rebeldes. Pero también afirma la justicia de su juicio cuando estos persisten en su incredulidad.

Dios no está limitado por la negativa humana. El plan eterno de redención no depende de las fluctuaciones del corazón del hombre, sino de la fidelidad del Dios que salva “según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1:5).

Aplicaciones para hoy

  1. Predica con compasión, pero sin ansiedad. El resultado no depende de ti, sino del Dios que da crecimiento (1 Corintios 3:7).

  2. Descansa en la soberanía de Dios cuando veas rechazo al Evangelio. Jesús también fue rechazado.

  3. Ora por corazones que Dios puede abrir, como el de Lidia (Hechos 16:14). Ningún rechazo humano es más fuerte que la gracia eficaz del Espíritu Santo.

“La soberanía de Dios no cancela la responsabilidad humana, sino que garantiza la victoria de su plan redentor.”

– R.C. Sproul

¡Piensa en esto cristiano!

domingo, 18 de abril de 2021

¿Dios Es Injusto Por Salvar a Algunos y a Otros No?

 Debate del Programa Vejan So! 

¿Dios es injusto en salvar a algunos y a otros no?

Pastor Davi Charles Gomes (calvinista):

Si la gracia previniente es una precondición para que cualquier ser humano reciba el Evangelio y si el problema que dificulta y motiva la necesidad de preservar un espacio de autonomía para una decisión humana es la voluntad de proteger a Dios de ser injusto o de ser acusado de ser injusto o de no ser amoroso. Aquí viene la siguiente pregunta:

¿Un Dios que deja que una persona (que es incapaz de escoger lo correcto) escoja para si misma aquello que es lo peor de todo, es menos injusto? Aclarando esto ¿Si yo permito que alguien elija suicidarse, y no trato de impedirlo, si es preciso impidiéndolo por la fuerza a esa persona, yendo contra su voluntad, sujetándolo, yo termino siendo injusto también? ¿Resuelve esto el tema de la justicia o del amor de Dios?¿Sería amoroso un Dios que deja a un ser humano incapaz de tomar una decisión de esas, escoger el infierno o escoger resistir la gracia?

Comentario del Obispo (arminiano) Ildo  Mello:

No tengo la respuesta, y yo mismo tengo muchas tras preguntas que quisiera hacerlas a los mismos apóstoles... Espero que el pastor Davi Charles Gomes tenga la respuesta a esa pregunta, porque yo no tengo una respuesta definitiva.

Respuesta del mismo pastor Davi Charles Gomes:

Yo tampoco tengo una respuesta definitiva. Encuentro que ambos son asuntos problemáticos. Yo encuentro que al final de cuentas, yo intento escapar de un problema de atribuir a Dios falta de amor o injusticia, pero caigo en otro; y cuando tengo que escoger entre lo frío o caliente, tal vez lo mejor sea pensar que ese punto no puede ser un factor definitivo. Yo he descubierto que para mi una posición saludable es trabajar con conceptos límites en aquello que yo no puedo definir con toda claridad. Los conceptos límites son aquellos que establecen un territorio y dicen lo mismo que no consiga definir todo aquí dentro, yo cerco las ideas estableciendo limites. De aquí para acá todo bien, de aquí para allá entro en error. Entonces vamos a ver.


Primer concepto límite: Dios es soberano.

Dios es soberano y es imposible que cualquier cosa en el mundo suceda fuera de la voluntad soberana de Dios en el sentido de la deidad absoluta de Dios. Para mi es un concepto límite. Ningún cabello de mi cabeza puede caer y el ejercicio de mi voluntad no puede ser una área neutra de autonomía, pero ese concepto límite tiene otro concepto límite junto (a él).


Segundo concepto límite: Dios no es mentiroso.

Dios no es mentiroso y cuando hablo de que yo haga elecciones (tomo decisiones) en que ellas son significativas Él no puede estar mintiendo. Entonces de alguna forma que yo no puedo entender, existe ahí una combinación, una colusión (no un sinergismo entre mi voluntad y la voluntad de Dios), pero si una competencia entre mi voluntad en contra de la voluntad de Dios sin que mi voluntad deje de ser verdadera pero sin que la soberanía de Dios sea quebrada (herida). Son dos conceptos límites y no cruzo el uno con el otro (no atravieso el uno ni el otro). Es necesario mantener los dos. Vamos a cercar este territorio mejor todavía porque tiene más de dos conceptos límites.


Tercer concepto límite: Dios es bueno.

Dios es bueno, no solo es soberano, Él es bueno. Cualquiera que sea la decisión de Dios, ella es buena. Es siempre buena. Lo que Dios hace siempre es bueno.


Cuarto concepto límite: Dios es justo.

El cuarto concepto límite tiene que ver con que Dios es justo. Nada de lo que Dios hace es injusto. 

Entonces ¿hay injusticia en la condenación del impío? ¿hay bondad, en el rescate de aquellos que no eran rescatables? Yo hago elecciones que son significativas, que son reales, pero al final de cuentas es Dios. Yo necesito de fe para extender las manos vacías pero la Palabra de Dios es muy clara en eso, "y esto no de vosotros, pues es don de Dios" (Efesios 2.8), la fe es un don de Dios también, ella es parte de la gracia.

Pueden ver el vídeo del debate aquí.

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https://textosfueradecontexto.blogspot.com/2021/04/dios-es-injusto-en-salvar-algunos-y.html

 




lunes, 26 de octubre de 2020

CRISTO ES LA CABEZA PACTUAL DE LA NUEVA CREACIÓN




Cuando Dios creó a Adán, lo hizo cabeza pactual de toda la raza humana; es decir en sus actos frente a los mandamientos de Dios estarían todos los seres humanos, ya sea para bendición o maldición. Como Aarón, que diezmó a Melquisedec estando en "los lomos" de Abraham (Heb 7.9-10), como las diez tribus de Israel reclamaron que David era su rey (2 Sam 19.43), o como cuando se dice que Dios salvó a su escogido, dando a entender que era su pueblo (Hab 3.13), como cuando se dice que "...se dará al pueblo santo del Altísimo la soberanía, el poder y la grandeza de todos los reinos bajo el cielo..." pero se está hablando de Cristo (Dan 7.27), o como cuando se habla del "cuerpo de Cristo" como de Cristo mismo (1 Cor 12.27), así como se dice que "Cristo es cabeza de la Iglesia" (Ef 5.23), o como cuando se dice que "Abraham es el padre de todos los hijos de la fe" (Gá 3.7); así en Romanos 5.12-19 Pablo presenta a Cristo como cabeza pactual de los creyentes (salvados por la fe en Jesucristo) en contraste con Adán, la cabeza pactual de la vieja creación, por quien se dice que "el pecado entró al mundo (raza humana)".

La Biblia de la Reforma dice, en su comentario de Romanos 5.14:
"Adán, el primer hombre, fue designado por Dios como representante de toda la humanidad (con la excepción de Cristo), y con su pecado perdió la justicia para todos aquellos a quienes representaba ("todos los hombres" Ro 5.12,18; "los muchos", Ro 5.15,19). De la misma manera, Dios hizo a Cristo la cabeza representativa de una nueva humanidad, para que su obediencia hasta la muerte pudiera obtener la justificación de ellos. Inherente a esta enseñanza es la idea de que la restauración provista en la salvación debe seguir el patrón de la constitución original de la humanidad delante de Dios, pero de una manera en la que Cristo triunfa donde Adán fracasó (Ver 1 Co 15.45-49; Heb 2.14-18)


Piensa cristiano!! 

domingo, 23 de agosto de 2020

¿Qué es el pecado original?

El Pecado Original - ACI Prensa



El término “pecado original” se refiere al pecado de Adán al comer del “árbol del conocimiento del bien y del mal” y sus efectos sobre el resto de la raza humana. El pecado original puede definirse como "ese pecado y su culpabilidad que todos poseemos a los ojos de Dios como resultado directo del pecado de Adán en el Huerto del Edén". 

La doctrina del pecado original se enfoca particularmente en sus efectos sobre nuestra naturaleza y nuestra situación ante Dios, aún antes de que tengamos edad suficiente para cometer pecados conscientemente. 

Hay tres corrientes principales que tratan sobre ese efecto, y son las siguientes:

Pelagianismo
Este punto de vista dice que el pecado de Adán no tuvo ningún efecto sobre las almas de sus descendientes aparte de su ejemplo pecaminoso que influenció a aquellos que lo siguieron para pecar también. De acuerdo a esta opinión, el hombre tiene la habilidad de dejar de pecar, si simplemente elige hacerlo. 

Esta enseñanza es contraria al número de pasajes que indican que el hombre es inevitablemente esclavizado por sus pecados (aparte de la intervención de Dios) y que sus buenas obras son “muertas” o sin valor para merecer el favor de Dios (Efesios 2:1-2; Mateo 15:18-19; Romanos 7:23; Hebreos 6:1; 9:14).

Arminianismo.
Los arminianos creen que el pecado de Adán tuvo como resultado que el resto de la humanidad heredara la inclinación a pecar, comúnmente conocida como la “naturaleza de pecado”. Esta naturaleza pecaminosa nos hace pecar de la misma manera que la naturaleza de un gato lo hace “maullar” – sucede naturalmente. 

De acuerdo a esta perspectiva, el hombre no puede dejar de pecar por sí solo, y es por lo que Dios concede una gracia universal a todos, que les permite dejar de hacerlo. En el Arminianismo, esta gracia es llamada gracia preventiva (o gracia previniente). Y de acuerdo a esta doctrina, no somos responsables por el pecado de Adán, sino sólo por los propios. Esta enseñanza es contraria al hecho de que todos llevan el castigo por el pecado (la muerte), aunque no hayan pecado de manera similar a Adán (1 Corintios 15:22; Romanos 5:12-18). Tampoco se encuentra en la Escritura la enseñanza de la gracia preventiva.

Calvinismo
La doctrina calvinista establece que el pecado de Adán ha ocasionado, no sólo que poseamos una naturaleza pecaminosa, sino también en que incurramos en culpabilidad ante Dios, por lo que somos merecedores de castigo. Habiendo sido concebidos con el pecado original (Salmo 51:5), resulta en que heredemos una naturaleza pecaminosa, tan perversa, que Jeremías 17:9 hace esta descripción del corazón humano: “engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”. Y no sólo Adán fue hallado culpable porque pecó, sino que su culpa y su castigo (muerte) también nos alcanza a todos nosotros (Romanos 5:12,19). 

Hay dos opiniones del por qué la culpa de Adán debe ser vista por Dios como algo que también nos pertenece:

La primera opinión dice que la raza humana estaba dentro de Adán en forma de semilla; y al haber pecado Adán, todos pecamos en él. Esto es similar a la enseñanza bíblica de que Leví (un descendiente de Abraham) pagó diezmos a Melquisedec en Abraham (Génesis 14:20; Hebreos 7:4-9), aunque Leví nació cientos de años después. 

La otra opinión principal es, que Adán sirvió como nuestro representante y como tal, cuando él pecó, nosotros también fuimos hallados culpables.

La opinión calvinista ve al hombre como incapaz de vencer su pecado, aparte del poder del Espíritu Santo, un poder que sólo se obtiene cuando uno se arrepiente de sus pecados y pone su fe en Cristo y Su sacrificio expiatorio por los pecados en la cruz. 

La opinión calvinista del pecado original, es más consistente con la enseñanza bíblica. Sin embargo, ¿cómo puede Dios hacernos responsables de un pecado que no cometimos personalmente? Hay una interpretación creíble de que nos hacemos responsables del pecado original cuando elegimos aceptar, y actuar de acuerdo a nuestra naturaleza pecaminosa. 

Hay un momento en la vida de cada uno de nosotros, cuando nos volvemos conscientes de nuestra tendencia al pecado. En ese punto, podemos aborrecer la naturaleza pecaminosa y arrepentirnos de ello. Por el contario, todos “aprobamos” esa naturaleza pecaminosa, diciendo en realidad que es buena. Al aprobar nuestra pecaminosidad, estamos expresando nuestro acuerdo con las acciones de Adán y Eva en el Jardín del Edén. Por lo tanto, somos culpables de ese pecado sin haberlo cometido.

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Publicado inicialmente en GotQuestions.