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martes, 20 de abril de 2021

viernes, 29 de noviembre de 2019

Libro "La Predicación" de Tim Keller - Notas

Keller comentando sobre 1 Corintios 1.18-2.5

"La retórica clásica permitía al orador la inventio: la elección de un tema y la división de este en sus componentes, junto con argumentos elaborados y artilugios para apoyar la tesis del orador. Para Pablo, sin embargo, siempre había un tema: Jesús." (Pág.13)

¿Qué es la retórica clásica?
El siguiente fragmento es tomado de un artículo sobre retórica y abogacía:
"El estilo de redacción, la belleza de las palabras y la calidad de la interpretación oral eran elementos fundamentales de la retórica clásica. Esta importancia se comprende si recorremos las operaciones de la elaboración de un discurso: la búsqueda de los argumentos (inventio) y la organización de los mismos en el discurso (dispositio) tienen un componente más lógico que estético. Pero ocurre a la inversa con la búsqueda de las palabras adecuadas (elocutio) y la declamación del mismo (actio)." Lo podemos encontrar en: http://blog.editorialreus.es/2018/02/la-retorica-clasica-hermoso-ideal-moral-e-intelectual-la-abogacia/

Tal parece que los griegos se había vuel expertos en la retórica, la cual la usaban para persuadir a su audiencia según sea su necesidad. Me imagino que un abogado lo habría usado para presentar una defensa. Algún filósofo lo habría usado para exponer una idea, a tal punto de que la audiencia tomara sus propios pensamientos como propios.

Elegír un tema y predicar sobre eso no creo que sea gran problema. Normalmente lo usamos con jovenes y adolescentes, o cuando tenemos charlas para matrimonios. Pero, la predicación del Evangelio sugiere otra cosa.

Pablo mismo está diciendo que su predicación no era "retórica griega".
"Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios." 1 Corintios 2.1-5 RV60
Pablo está haciendo una descripción de lo que los sofistas de la época usaban para persuadir a su audiencia, a saber:

(1) Excelencia de palabras, palabras rebuscadas, que impresionan a los oyentes.
(2) Excelencia de sabiduría, mostrarse sabio, mostrarse genio y erudito. MOSTRARSE.
(3) Conocimiento basto (mayor que "conocer" a Cristo),
(4) Fortaleza (como sentirse una persona empoderada por su egoconocimiento)
(5) (1) Palabras persuasivas de humana sabiduría, propias de oradores. Thiselton dice: "Pablo está rechazando el acoso verbal (el uso de la fuerza de la personalidad o el ingenio y el desprecio mordaz); las declaraciones para incitar el aplauso que se enfocan en los prejuicios, el orgullo y los temores de la audiencia; y las historias o técnicas manipulativas que abruman a la audiencia con demostraciones de destreza verbal, ingenio o erudición" (Pág 14)
(6) Humana sabiduría, probervios chinos, máximas, tips para lograr esto u otro.

Lo que Pablo afirma cómo debe ser un predicador del Evangelio es:

(1) Conocimiento de Cristo (crucificado)
(2) Argumentos de su poder transformador.

Mientras que un sofista elegía los temas que debía tratar para calmar la comezón de oír de su seguidores, Pablo tiene un sólo tema a tratar: JESUCRISTO.

Un predicador no debe esmerarse en predicar "temas" extraídos de las paginas de la Biblia. El tema central, superior y suficiente de las Escrituras es Jesucristo.

Yo estuve en una noche de jóvenes donde el sermón fue: "Los hombres en sus cajas y la mujeres con su espaguetti". Esa no che fue un total desperdicio. Pero es lo que muchos predicadores aprendimos y lo hemos hecho por muchos años.

La tarea del predicador es presentar a Cristo en su predicación, y conectar a este con la vida de los oyentes. Al final, el problema del hombre es su relación con Jesucristo, si esa relación es debil o está rota indudablemente esa persona estará siempre en problemas. Si esa relación con Jesucristo se reanuda y fortalece, la vida del individuo mejorará. Entonces, los hombres no necesitan un sermón sobre "Cinco pasos para un matrimonio feliz", lo que ellos necesitan es ver en las Escrituras "Cómo Cristo amó a su novía, se entregó por ella, y se la presenta así mismo sin mancha ni arruga".

Ahora entiendo el asunto, lo que necesitamos es a "Cristo, y a este crucificado". El Cristo crucificado es "el Cristo que actúa a mi favor". Si las personas conocieran a su salvador, nos ahorraríamos la elabopración de temas que no son otra cosa sino "acomodamientos emocionales", pero que no es "El Evangelio de Cristo".

Los "sofistas" buscaban temas para hablar a su seguidores, y con ello cautivarlos. Pablo ve un solo tema en las Escrituras: Jesucristo, quien puede salvarlos.





domingo, 8 de enero de 2017

¡Prepárese, Dios no hablará por usted!


Escribo desde el lugar en donde estamos preocupados por una mayor y mejor predicación bíblica, por púlpitos sanos, y por una congregación que cada vez esté mejor preparada para enfrentar los “vientos de doctrina” contrarios al fundamento de los apóstoles y profetas.

¿Es necesaria la preparación bíblico-académica?
El Dr. Martyn Lloyd-Jones comenta que durante el avivamiento en Gales, en los años 1904 – 1905, aparecieron predicadores que tenían “una facilidad inusual en su oratoria, en la oración y en la predicación; y el testimonio de los ministros de Gales en aquella época es que debían dedicar muy poco tiempo a la preparación. Parecía como si todo les fuera dado, estaban llenos de material y con sus corazones llenos y la plenitud de su gozo cristiano y amor hacia el Señor, hablaban sin dificultad ni impedimento”.1

Así como alcanzamos a leer, en lugares donde el evangelio se extiende rápidamente y hay conversiones en masas, muchos de los predicadores consideran que “prepararse” es como “contristar al Espíritu Santo”. Al menos así interpretaron muchos de los ministros de Gales que vivieron ese despertar espiritual. Consideran que buscar saber más es dejar de depender del Espíritu Santo, y esto conllevaría a apagarlo y entristecerlo.

Muchos predicadores hoy en día basan sus argumentos para no prepararse en las mismas razones que hace cien años: quieren otorgarle al Espíritu Santo todo.

Es cierto que la Biblia registra promesas de Jesús a sus discípulos de que el Espíritu Santo les ayudará a responder con precisión en momentos difíciles. Aquí algunas de esas promesas:
“Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho. Esto no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros.” Juan 16.4 RV60
Esta cita es sumamente importante pues esta y otras guardan la promesa de que posterior a la ascensión de Jesús, cuando los apóstoles ejerzan su ministerio, ellos recordarían las enseñanzas de Jesús y las enseñarán a los discípulos, y de esta manera cumplirían el mandato de Mateo 28.19 y 20:
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.” Mateo 28.19-20 RV60
Hay otra cita, otra promesa, esta vez es una ayuda para responder correctamente en los momentos de tribulación a los que serían sometidos los apóstoles, y en general, cada discípulo a lo largo de la historia:
“Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o qué hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar.” Mateo 10.19 RV60
“Pero cuando os trajeren para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.” Marcos 13.11 RV60
Nunca estaremos solos, el Paráclito nos fortalecerá y pondrá las palabras correctas para responder y enfrentar la tribulación a la fuéremos sometidos.

No obstante, muchos usan estos textos fuera de contexto, argumentando que son promesas para cuando el predicador esté detrás del púlpito, sin preparación, no importa, “no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.” Grave error!

El Dr. Martyn Lloyd-Jones cuenta de un predicador de Gales que él conoció personalmente, que basaba su no-preparación en el Salmo 81.10 que dice. “…Abre tu boca, y yo la llenaré.” (RV60). Nos dice que “le atribuyó el significado de que uno debe ir al púlpito sin preparación y recibirá el asunto que debe declarar. El pobre hombre lo hizo literalmente; el resultado fue que vació su iglesia y fue más o menos inútil como predicador en los siguientes cincuenta años.”2

Otros predicadores han usado fuera de contexto el texto de 1 Juan 2.27 que dice: “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.” (RV60)

Con este último texto citado argumentan que basta tener una Biblia y leerla, y el Espíritu Santo les enseñará todo lo que necesiten. El resultado ya lo conocemos: analfabetismo bíblico en las iglesias.

¿Qué dice la Biblia realmente al respecto?
Pablo lo deja claro cuando le dice a Timoteo “lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” (2 Timoteo 2.2 RV60). Debe haber un esfuerzo en la preparación y eso incluirá tanto ser fieles como idóneos.

Si un predicador no es fiel y mucho menos idóneo, debe considerar seriamente dejar la predicación. La demanda de Pablo a Timoteo, el joven ministro y predicador, es la misma que se nos exige a los predicadores de hoy, y a cuanto aspirante a este ministerio de la predicación haya en la iglesia, y es la siguiente:
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad.” 2 Timoteo 2.15 LBLA
Un perito es un especialista en una ciencia o arte (u otro campo), por ejemplo; un perito caligráfico o calígrafo público, es un especialista en determinar la autoría de una escritura manuscrita o mecanográfica. Un perito estudia mucho su materia. Siempre he dicho que nadie se somete a una cirugía del corazón a un aficionado a la medicina, o a un alumno de medicina, sino que procura ponerse en manos del mejor cirujano de su ciudad.



En el texto Pablo habla de un predicador “que maneja con precisión la palabra de verdad”, es un especialista, un perito. Si nos trasladamos al uso de éste término griego, orthotomeo; era usado en aquel entonces para alguien que “cortaba telas” o “hacía surcos con una arado”.

Por lo tanto, el ministerio de la predicación requiere de “especialistas” preparados que “corten rectamente”. Orthos significa “recto” y tomeo significa “cortar”. No hay forma de escapar a la preparación académica y bíblica. Se nos demanda ser fieles e idóneos, y aunque tenemos la fortaleza y guía del Espíritu Santo, se nos exige ser diligentes.

“Aunque predicamos para la edificación de los creyentes y la salvación de los perdidos, hay una sola Persona en el auditorio que debe estar de acuerdo con nuestra predicación, una sola Persona a quien debemos procurar agradar y cuya opinión vale más que la del mundo entero… Fue Dios quien le confió a Pablo el ministerio de proclamar el Evangelio; Él es quien pesa los corazones; por tanto, era sólo a Él a quien el apóstol quería agradar. Esa convicción fue para Pablo una muralla de protección que lo guardó del error y de las malas motivaciones.”3

Nuevamente, ¿es necesaria la preparación bíblico-académica? Sí.
¡Prepárese, Dios quiere hablar por usted!

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Notas Bibliográficas:

  1. MARTYN LLOYD-JONES, 2003, La Predicación y los Predicadores, Moral de Calatrava-España: Editorial Peregrino. Pág. 251
  2. Ibid, Pág. 252
  3. MICHELEN, S. 2016, Delante de Dios y de Parte de Dios, B&H Publishing Group - Nashville TN, Pág.21-22

domingo, 22 de mayo de 2016

Lo que debe evitarse en la predicación: Reflexiones a partir de La predicación y los predicadores de Martyn Lloyd-Jones


Qué evitar en la predicación

Resumen:
Este artículo analiza algunas advertencias clave del Dr. Martyn Lloyd-Jones en su obra La predicación y los predicadores, enfocándose en ocho actitudes o prácticas que deben evitarse en la predicación cristiana. A través de una lectura crítica y contextualizada, se reflexiona sobre los peligros del antropocentrismo en el púlpito, la exhibición de conocimientos, la polémica excesiva, el emocionalismo personal, la ironía, el egocentrismo, la construcción de personajes y la actitud histriónica del predicador. La presente investigación busca contribuir al fortalecimiento de una predicación centrada en la Escritura, guiada por el Espíritu Santo y orientada a la edificación de la iglesia.

Palabras clave:
Predicación cristiana, Martyn Lloyd-Jones, exposición bíblica, púlpito, errores homiléticos, teología pastoral.


Introducción

En el marco del ministerio cristiano, la predicación ocupa un lugar central como medio de edificación de la iglesia y proclamación de la verdad revelada. Sin embargo, la práctica contemporánea de la predicación ha sido, en no pocos casos, influenciada por tendencias culturales que la desvían de su propósito original. En este contexto, el libro La predicación y los predicadores (2003) del Dr. Martyn Lloyd-Jones constituye una voz profética y correctiva que llama a una recuperación de la centralidad de la Palabra de Dios y del rol del predicador como siervo del mensaje, no como protagonista del púlpito.

Este artículo se propone reflexionar académicamente sobre ocho advertencias prácticas que Lloyd-Jones dirige a los predicadores, analizando sus implicancias teológicas y pastorales. Más que una simple enumeración, se ofrece aquí una lectura crítica con aplicaciones concretas al contexto ministerial contemporáneo.


1. No anunciar de antemano el tema sobre lo que se va a predicar.
Pág.272-273

Sugiere -no anunciar de antemano el tema sobre lo que se va a predicar-. Entiendo esto en el contexto que lo dice, pues alega que las personas deben ir a congregarse para celebrar a Dios, para rendirle culto a Él y tener comunión unos con otros. Las personas van a tener un encuentro con Dios y a ser impactados por una -exposición de la Palabra-. Anunciar con anterioridad el tema lo llama “fomentar un pseudo-intelectualismo”.

Profundizando, el autor refiere a que los creyentes no pueden medir lo que realmente necesitan escuchar, por ello; también sugiere evitar los sermones temáticos en el sentido de que los púlpitos de pronto están dando lugar a sermonear con temas y aplicaciones, y ya no se está exponiendo las Escrituras.

El sermón expositivo toma un pasaje de las Escrituras y extrae una enseñanza contextualizada a nuestra realidad para poder entenderla. Minimizar a un tema, indefectiblemente nos obliga a hablar de un tema exclusivamente y pasearte por toda la Biblia buscando un texto o parte de un texto donde menciones nuestro tema en particular para sustentarnos.

Martyn Lloyd-Jones, sugiere que todo buen predicador debe evitar anunciar su tema, o título de su sermón, así como evitar en sí mismo los sermones temáticos. Nos dice: “antes de eso, la vieja idea era la de reunirse para adorar a Dios y escuchar la exposición de la Escritura. Más aun, las personas esperaban que el Espíritu Santo descendiera sobre el predicador y todo el culto.”

2. Evitar una exhibición de conocimientos.
Pág.282-283

Si bien es cierto cuanto mayor es la preparación del predicador, en materia de conocimientos, el sermón está enriquecido con argumentos sólidos e irrefutables. Esto se ve reflejado claramente cuando escuchas a un pastor interpretar cuestiones que tienen que ver con los “usos y costumbres” de los tiempos bíblicos y como contextualizarlos a nuestro tiempo; otra es cuando se tiene que interpretar ciertos tiempos de los verbos en griego. En fin, la preparación académica debe ser excepcional.

Pero Martyn Lloyd-Jones, sugiere evitar una “exhibición de conocimientos”. Él dice que “uno de los pecados que persigue a los predicadores es intentar dar la impresión de tener una gran cultura y erudición”. Esto podría significar que el predicador está más confiado en su preparación que el poder del Espíritu Santo.

Es importante la lectura, la preparación, la investigación, y todo lo que concierne a la etapa previa al sermón, pero en el púlpito, las personas quiere instrucción bíblica contextualizada, muy probablemente algunos en la congregación no sepan ubicarse geográficamente dónde queda Mesopotamia, o no sepan diferenciar un imperativo de un indicativo, tampoco lograrán ubicarse en el tiempo, en la historia, si Elías sirvió antes o después del exilio; pero ellos sí estarán listos para una instrucción que les lleve a aplicar la teología a una vida práctica y cotidiana.

Pablo dirigiéndose a los corintios les dijo que, “en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para instruir a otros, que mil palabras en lenguas.” (1 Corintios 5.19 BTX). Pablo, dando instrucciones sobre el correcto uso del hablar en lenguas, aplica el mismo principio: “hablar con entendimiento para instruir a la iglesia”.

Es buena e indispensable la capacitación teológica, pero es muy malo presumir de ella en el púlpito.  

03. Evita la polémica excesiva
Pág. 290
"Ten cuidado, con una polémica excesiva. La gente se congregará para escuchar semejantes ataques; apelan a la carne y lo disfrutan. Pero no se puede edificar una iglesia basándose en la apologética, menos aún en polémicas. El predicador recibe principalmente el llamamiento a predicar la Verdad de forma activa."
Está demás decir que quienes basan sus ministerios en la polémica, el vivir constantemente señalando a otros ministerios, sus errores doctrinales, y peor aun hacer burla y escarnio de ellos es contribuir con la carne. Con el tiempo se irán los espirituales de tu congregación y te quedarás sólo con los carnales, los polémicos y conflictivos.

Lloyd-Jones no se equivoca cuando nos hace esta advertencia. Él dice que debemos evitar la excesiva polémica y también la nulidad de ésta en la predicación. En su libro comenta sobre el caso de un gran predicador, aunque polémico, que acabó sus días solo y sin ministerio por ser tan polémico (Pág. 287).

A los predicadores polémicos, (y esto aplica para muchas páginas y blogs) se les advierte que "la excesiva polémica es el peligro de la clase más intelectual. El predicador ha estado debatiéndose entre teorías contrarias, herejías e interpretaciones erróneas, de forma que su mente está llena de esto...", por lo tanto sus sermones no tienen otro tema sino la crítica, la polémica y el sarcasmo.

4. Evite los temas personales en el púlpito.
Pág. 286

Usted también ha estado sentado escuchando un sermón y tras treinta minutos o más, ha llegado a conocer la familia, las vivencias, las penurias y las anécdotas del predicador. A esas alturas, o desea salir corriendo, o usted también se ha puesto a sollozar junto al predicador.

El sermón es para exponer las Escrituras. Puede usar el tiempo que desee fuera del púlpito para compartir sus vivencias con los oyentes. Los miembros de una iglesia deben salir del sermón sabiendo más de Cristo que del predicador. Esto de usar el púlpito para exponer asuntos personales no es de ahora, Martyn Lloyd-Jones estaba consciente de que sus contemporáneos también lo hacían, por ello escribió:
“He oído a hombres que, tras ofrecer su texto han pasado a relatar una serie de historias, la mayoría de ellas sentimentales y a menudo personales. Eso es negativo.”
Esto puede causar dependencia en ciertos miembros de su congregación que desearán escucharle siempre pues sus historias los cautivan, luego; estos predicadores habrán tomado el centro de atención de los sermones y ya no las Escrituras. Cuando los oyentes regresen a casa no hablarán de cómo les impactó las Escrituras expuestas, sino las vivencias y hazañas del predicador.

Por otro lado, habrá miembros de esa iglesia que se verán obligados a buscar “otros pastos”. Algunos encontrarán pastos buenos y mejores, otros simplemente irán de mal en peor. Por ello, sigamos los consejos de este gran predicador: “Comoquiera que sea, hay algunos predicadores que preciso decirles: cuídate de las emociones y sentimientos excesivos.”

5. Evite la ironía
Pág. 291

La esposa de Dante Gebel publicó en su muro sobre lo irónico que es él, y miren qué respuesta le dio cuando le preguntó “¿Crees que Jesús respondería así, con ironía?”:
“No. Me falta mucho para parecerme a Jesús; cuando el Señor les respondía a los fariseos les decía: Hipócritas, sepulcros, perversos, generación de víboras...Yo todavía soy demasiado amable con algunos, pero de a poco, intentaré parecerme más al Señor, lo prometo.” -Dante Gebel
No obstante, la recomendación para alguien que tiene el ministerio de la Palabra y la Predicación es:
“Cuídate del empleo de la ironía y vigílalo de cerca. Tiene su lugar; pero sé cuidadoso con ella. La mayoría de las personas la malinterpreta por completo porque no entiende que estás siendo irónico. Lo toman de manera literal y se ofenden por ello. Ten cuidado con ella. Se puede utilizar, en ocasiones se debe utilizar; pero comprende que es un arma peligrosa. La burla, en mi opinión, siempre debemos evitarla.” -Martyn L-J
A menudo solemos escuchar sermones donde el predicador trata de ser diplomático pero no puede dejar de burlarse de algo o de alguien mientras predica, y no le queda más remedio que hacer uso de la ironía.

La ironía es el cáncer de púlpito de muchos predicadores que creen que están respaldados por Dios, pero los frutos están lejos de ser genuinos.

¡Dios, guárdanos de ser irónicos!

6. Evite el yoismo, no se trata de usted sino de Jesús el Mesías
Pág. 292

Ya hemos hablado sobre que los predicadores deben evitar contar su vida familiar, sus experiencias y anécdotas, al extremo que estas estén por encima del mensaje central en un sermón. El Dr. Martyn Lloyd-Jones nos dice algo más acerca de evitar el “Yo…” en la predicación.

Escuché sermones donde el predicador hace enfáticos “Yo soy…”, “Yo hago…”, “Yo creo…”, “Yo pienso…”, etc. en lugar de ello debe decir, La “Biblia dice…”, “el Señor dice en su Palabra…” o citar a un autor inspirado, por ejemplo “el apóstol Pablo dice…”, “el apóstol Juan dice…”, etc.

Esto es algo que se debe evitar, mostrar a la congregación que o el predicador es dueño del púlpito, o de vez en cuando le cede a la Biblia y al Espíritu Santo para que ministren a los creyentes. En palabras de ML-J, esta recomendación dice así:
“No es nuestro culto; las personas no van allí a vernos o complacernos (a nosotros). No es como invitar a la gente a nuestra casa, por así decirlo; no es nuestro culto en absoluto. Ellos, y nosotros, estamos allí para adorar a Dios y para reunirnos con Dios; y lo que debemos intentar hacer es mostrarles que es algo completamente diferente de todo lo que hacen en cualquier otro sitio. Un ministro en una iglesia no es como un hombre que invita a la gente a su casa; aquí no está al cargo, es simplemente un siervo; todos estamos allí juntos para presentarnos ante el Dios vivo… Si quieres hacer este tipo de cosas en tu casa, eres libre de ello; pero la iglesia no es tu casa y tú mismo estás sometido a Dios.”
Al menos eso esperamos, que cada uno de los predicadores esté “sometidos a Dios” y guiados por el Espíritu Santo.

¡Oremos por los predicadores!


7. Evite convertirte en un “personaje”.
Pág. 283

Esto es una gran recomendación a la presente generación de predicadores, ya sean famosos o locales, pues no hay dudas que facebook, twitter y youtube está fabricando “personajes” a cuanto expositor de las Escrituras aparece, y eso es un peligro. El hecho está que al alcanzar cierta fama, se convierten en “personajes”. Es decir, de pronto eres alguien distinto, especial, con ciertos dones o carisma que te hacen excepcional y cautivador, algún grande o poco común, o alguien que al ser demasiado original destaca sus singularidades y es reconocido por esto.

No puedo evitar traer a mi mente a un amigo que es pastor de jóvenes y adolescentes y se ha convertido en todo un personaje. Él aún no llega a los cincuenta, pero viste y actúa como un muchacho de veinte. Él  es “un personaje” singular para sus jóvenes, a quienes lidera. Él siempre está con barba, con un corte de cabello tipo mohicano, con pantalones pitillo (y hasta a veces parece que usara leggins); su lenguaje es cool y moderno, y claro; con un micrófono en la mano él es todo un motivador.

Pero quién no recuerda a las “noches de gloria con Cash Luna”, o al “show de Dante Gebel”, entre otros ministerios que vemos por todos lados. En las mentes de muchos estarán asociando a un predicador con su ministerio, como “un mensaje a la conciencia con el hermano Pablo”. Pero lo que hay que destacar en sí, es al peligro de cada predicador de convertirse en “un personaje” detrás de su púlpito. Martyn Lloyd-Jones nos dice:
“El predicador debe protegerse de la terrible tentación de ser un -personaje-. A la gente le gusta el -personaje-, y si un hombre tiene ciertos elementos en él que tiende a convertirle en un personaje -algo fuera de lo normal, algo que la gente considera atractivo- debe tener mucho cuidado. Su peligro es condescender en esto y exagerarlo. A algunos hombres les gusta ser originales, singulares o distintos y conseguir que la gente hable de ellos. Este es el peligro.”
Cada vez que esté delante de su congregación y detrás del pulpito, recuerde la frase de Charles Simeon: “La predicación debe humillar al pecador, exaltar a Jesucristo y promover la santidad”. Sin duda alguna, al tener cuidado de su ministerio y el de no convertirse en “un personaje”, usted sólo será un instrumento de Dios y no el centro de su ministerio. Cuando un ministerio gira en base “al personaje” líder de este ministerio, cuando desaparece el líder, desaparece también el ministerio.

Ya Pablo lo dijo de la siguiente manera:
“¿Qué, pues, es Apolos? ¿Y qué es Pablo? Servidores por medio de los cuales creísteis, y eso según dio el Señor a cada uno. Yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo da Dios.” 1 Corintios 3.5-6 (BTX)
Y termina aconsejando a sus destinatarios:
“Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno entre vosotros piensa ser sabio en el tiempo presente, hágase necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad en la presencia de Dios, pues está escrito: Él prende a los sabios en la astucia de ellos. Y otra vez: El Señor conoce los razonamientos de los sabios, que son vanos. Así que, nadie se gloríe en hombres, porque todo es vuestro, ya sea Pablo, ya sea Apolos, ya sea Cefas, ya sea el mundo, ya sea la vida, ya sea la muerte, ya sean las cosas presentes, ya sean las cosas venideras, todo es vuestro, y vosotros del Mesías, y el Mesías, de Dios.” 1 Corintios 3.18-23
Así que hermanos, si eres un predicador, evita convertirte en “un personaje”, el único personaje excepcional en la predicación es el objeto de nuestra predicación, este es: Jesus el Mesías. Nuestra tarea no es mostrarnos a nosotros mismo a través de la predicación sino a Cristo.

¡Dios, líbranos de este pecado!

8. Evite ser “histriónico”.
Pág. 293

En otras palabras, no seas un “actor de teatro” a la hora de la predicación. No actúes en el pulpito, no exageres para llamar la atención o para cautivar a tu audiencia. Los sujetos histriónicos son muy animados, dramáticos, vivaces, entusiastas y coquetos. Los predicadores histriónicos tienden a la necesidad de atención, desarrollan la improvisación porque son buenos actores, pero ellos mismos pueden ser fácilmente influenciados por otras personas. Los histriónicos suelen ser egocéntricos, hedonistas, con un deseo continuo de apreciación y con un comportamiento manipulador persistente para conseguir sus propios objetivos.  

El Dr. Martyn Lloyd-Jones está preocupado de que los predicadores desarrollen actitudes histriónicas en su personalidad y las practiquen en el púlpito. Por ello nos dice “no seas histriónico. No cultives o practiques gestos.” Ya en su tiempo los púlpitos estaban corrompiéndose por predicadores “amadores de sí mismos”.

Pablo lo dijo cuando afirma a los corintios que él no usaba métodos retóricos como los helenistas “predicadores de sabiduría” que pululaban en todo el imperio.  El apóstol “no fue con excelencia de palabras o de sabiduría”,  sino que llegó a ellos “con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni su palabra ni su predicación fue con palabras persuasivas (altisonantes) de humana sabiduría”. Pablo no llegó a ellos actuando, ni modulando la voz, ni presentando el mensaje en un lenguaje más bello y locuaz para llamar la atención a manera de -método efectivo de evangelización- pues tenía mucho temor de cautivar a los oyentes a que se convirtieran a Pablo en vez de creer en Jesús y con esto evitar “que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.” (1 Corintios 2.1.-5 RV60)

Conclusión

La predicación fiel requiere tanto profundidad teológica como humildad espiritual. Las advertencias del Dr. Martyn Lloyd-Jones no son simples sugerencias estilísticas, sino principios pastorales fundamentales para una predicación que glorifique a Dios y edifique a su iglesia. Evitar el antropocentrismo, el exhibicionismo, la polémica innecesaria, el emocionalismo, la ironía, el egocentrismo, el histrionismo y la figura del “personaje” son pasos esenciales hacia una predicación fiel y centrada en Cristo.

Hoy más que nunca, el llamado a los predicadores es a volver al texto bíblico, a depender del Espíritu Santo y a desaparecer detrás de la cruz de Cristo. Sólo así la iglesia será verdaderamente edificada y el mundo podrá ver al Salvador.

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LLOYD-JONES, M. 2003, La Predicación y los Predicadores, Moral de Calatrava-España: Editorial Peregrino.

Artículo mejorado con IA


martes, 8 de marzo de 2016

¿Predicación Poderosa o Distorsitiva?



Así reza este argumento de muchos pastores quienes aseguran que un mensaje “poderoso” tiene que estar acompañado de “demostraciones de poder”, que para ellos serían: “milagros y prodigios”.

¿De dónde sacan esa conclusión?
Lo hacen sacando de contexto las palabras de Pablo dichas a los corintios en su primera carta:
"y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios." 1 Corintios 2.4-5 (RV 1960)
Básicamente, centran su atención en las palabras “demostraciones del Espíritu y de poder”. Pero un estudio del contexto de este versículo nos da luz al respecto, y nos muestra que esa “demostración de poder del Espíritu” es más que hacer milagros, sanar enfermos y echar fuera demonios. Es la demostración del poder de Dios para regenerar, transformar y hacer de nuevo a hombres simples y pecadores que no tienen la capacidad de discernir espiritualmente las cosas de Dios, a través de la predicación de un -Jesús crucificado, resucitado y exaltado-.

Esta falsa interpretación viene acompañada de una real crítica hacia predicadores tradicionales (llamados así por su origen denominacional histórico) ya que dicen que sus sermones tienen un “exceso de tecnicismo”. En realidad, están en contra de la Predicación Expositiva y de la Predicación Temático-Bíblica, y en lugar de ello improvisan y alegorizan en sus púlpitos con sermones antropocéntricos y comerciales, dando autoridad a la experiencia en lugar de la exposición y autoridad de las Escrituras. Ellos indican que cuando Pablo dice que “su predicación no fue con palabras persuasivas de humana sabiduría” se refiere a que no usó hermenéutica, ni exégesis, ni bosquejos, ni exposición de palabras en el idioma original, etc. aseguran que Pablo era un tipo que gritaba (modulaba su voz) en sus improvisados púlpitos, hablaba lo que el Espíritu le daba en ese momento (es decir no tenía un bosquejo) y que todas sus predicaciones terminaban en ministraciones, con invitaciones al altar, con oración por sanidades y milagros, con expulsiones de demonios, y con profecías. Esto lo dicen para justificar su proceder en los púlpitos modernos, menospreciar el estudio de la teología y la difusión de sana doctrina y para menospreciar a los pastores que, según ellos, son pura letra y nada de poder. Ellos están -en contra- del estudio de la teología, dicen que “la exégesis apaga el púlpito” y que la hermenéutica es filosofía griega (pagana) porque proviene del dios griego Hermes. También aseguran que la palabra de Dios tiene vida y los textos bíblicos tienen vida independientemente de su contexto. Estos son sólo argumentos para favorecer su proceder y para mantener a sus seguidores en la ignorancia y analfabetismo bíblico.

Ignoran que en ese texto Pablo no habla de una predicación con "milagros y señales". La verdad es que Pablo no quiso ser un filósofo humanista más de los que los griegos estaban acostumbrados a escuchar. El poder era "Cristo y la Cruz".

¿Qué significa -demostraciones del Espíritu y de poder-?
Antes de continuar quiero advertir a los lectores, que no estamos haciendo apología del cesacionismo con este artículo. Creemos firmemente que Dios sigue obrando poderosamente y que los dones espirituales seguirán vigentes hasta el día del Señor, hasta que Él venga. No obstante, el continuismo no es argumento para malinterpretar la Biblia a nuestra conveniencia y fines lucrativos.

La palabra griega traducida como “demostración” en este texto es “apodeixis”. Literalmente significa -señalamiento-. Viene a su vez de dos palabras griegas: -apo- y -deikumi-. Se puede traducir también como -exhibición- o -demostración por argumentación-. El apóstol Pablo habla de una prueba, de una exhibición (de poder), por la operación del Espíritu de Dios en él,  afectando a los corazones y vidas de sus oyentes, en contraste a los métodos usados para prueba mediante artes retóricas y de argumentos filosóficos. La retórica era “la técnica de expresarse de una manera adecuada para lograr la persuasión del destinatario”. El apóstol hace un contraste entre la predicación sencilla pero radical del evangelio, frente a la filosofía presentada con palabras bonitas y arregladas de los amantes del saber de su época. No significa que Pablo primero predicaba y luego hacía una demostración del poder de Dios con milagros y prodigios para que la gente crea, concluir en esto es una completa falsedad.

¿Qué nos dice el contexto?
Aquí hay dos escenarios que merecen analizar, uno de ellos es el contexto de los versículos en mención, 1 Corintios 2.4-5; y el otro es el escenario de Hechos 18 que narra cuando Pablo llegó a Corinto por primera vez.

Poniendo atención a la cita de 1 Corintios, vemos que se repite constantemente un contraste entre el -poder de Dios- y la -sabiduría humana-.
1Cuando yo, hermanos, fui a vosotros, no fui proclamándoos el misterio de Dios con palabras altisonantes, o de sabiduría. 2Pues no me propuse saber nada entre vosotros, sino a Jesús el Mesías, y a éste crucificado. 3Y llegué a vosotros con debilidad, y con temor y con mucho temblor; 4y mi palabra y mi predicación no fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del poder del Espíritu, 5para que vuestra fe no esté en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios.” 1 Corintios 2.1-5 BTX
¿Por qué Pablo resalta el contraste en casi todo el contexto?
Pablo presenta esta argumentación frente a la problemática de los corintios mencionado en los versos de 1 Corintios 1.10-17 en donde se evidencia divisiones partidarias, en donde cada grupo de corintios se identificaba con un líder, como Pedro, Apolos y Pablo y algunos decían yo soy de Cristo. Pablo les va a decir que su principal objetivo ministerial es la predicación y no el bautizar a las personas (no está oponiéndose al bautismo, antes esta argumentación es una base para los que enseñan que el bautismo salva, pues si fuera así; Pablo hubiera escrito argumentos para esto). Esto lo dice porque, los corintios eran aun influenciados por el mundo de su época, en la que los filósofos cautivaban a sus oyentes con su retorica, y era la cúspide o éxito de su tiempo el realizarse como filosofo, de allí que cuando aparecía un nuevo filosofo, la gente procedía a escucharlo y a comprobar si su mensaje era o no cautivador. Grecia es la cuna de los amantes del saber. Pablo no quería ganar adeptos, partidarios o seguidores. Él fue enviado a hacer discípulos de Cristo. Es el mismo riesgo de ahora cuando presentamos un evangelio moderno y acomodado al oyente: se gana seguidores de hombres y no discípulos de Jesús. Pablo les dice:
17porque no me envió el Mesías a bautizar sino a evangelizar, no con sabiduría de palabras, para que no se haga vana la cruz del Mesías. 18Porque la palabra de la cruz ciertamente es necedad para los que se pierden, pero para nosotros los salvos, es poder de Dios.” 1 Corintios 1.17-18 (BTX).
El -poder de Dios-, según Pablo es -la palabra de la cruz-. Note el énfasis que Pablo hace en casi todos los versos desde el 1.17 hasta el 2.16 de 1 Corintios. Dice que la cruz es poder de Dios para salvar a los creyentes, mientras que para los que se pierden es necedad. Destaca que el medio que usa Dios para salvar a los creyentes, a los llamados, es la predicación; mientras que esto es necedad para los que se pierden, pues no la entienden, porque no está acorde con la sabiduría humana la cual los aleja del conocimiento de Dios. Pablo les dice que Jesús el Mesías crucificado es poder de Dios y sabiduría de Dios para los llamados, mientras que para los judíos es tropezadero y para los gentiles es necedad (locura). Luego Pablo intensifica su discurso y hace el contraste mayor diciendo que Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios. Escogió lo débil del mundo para avergonzar a los fuertes de este mundo. Escogió lo vil y menospreciado del mundo, lo que para el mundo no tiene valor, escogió a -los nadie- para avergonzar a lo que sí tiene valor, humanamente hablando.

Pablo hace énfasis en que su predicación era completamente diferente a la de un filósofo retórico.  Él se presenta como un simple -conocedor- de Jesús el Mesías crucificado, mientras que los filósofos se presentaban con un discurso de -palabras altisonantes-, esto debido a que los filósofos se paraban en las calles y recitaban su conocimiento modulando su voz para cautivar a los oyentes. Pablo predicó con debilidad, con temor, con mucho temblor, con amor por la cruz, presentando un mensaje de salvación por medio de la fe. Los filósofos de su época predicaban su conocimiento con arrogancia, con sentido de supremacía, con orgullo por el amplio conocimiento, con amor por la sabiduría humana (y no a Dios) presentando no un mensaje para la eternidad sino para la realización humana en este mundo, pues en aquella época lograbas el éxito siendo un filosofo, un sabio, un conocedor.

Pablo se presenta dando un discurso sencillo, sin el uso de palabras persuasivas que intentaran cautivar y convencer. Mientras que los filósofos hacían uso de técnicas para persuadir a sus oyentes, deslumbrarlos y convencerlos. Para los filósofos la deificación del conocimiento era la máxima demostración, mientras que para Pablo la demostración del poder del Espíritu de Dios era un poder regenerador, que toma al hombre muerto, que no entiende las cosas espirituales, y lo transforma de un creyente. La predicación de los filósofos generaba hombres iluminados, ilusionados y llenos de conocimiento; mientras que la predicación de la cruz de Jesús el Mesías generaba hombres regenerados.

Pablo no está -ofreciendo un evangelio- a manera de -una oferta más-, como si fuera una novedad, o una nueva alternativa. Tampoco está maquillando el evangelio como una alternativa que sí da resultado. Aquí hay mucho riesgo. Recuerdo haber escuchado a predicadores que usaban estos métodos argumentando lo siguiente: “¿Cómo puedes predicar un evangelio que sana si tu eres un enfermo?”, “¿Cómo puedes predicar un evangelio de -vida abundante- si tu eres un pobre?”. Esto sería como predicarle a Matías todo el tiempo, mostrándoles las heridas en las manos y el costado traspasado para que crean.

Pablo les presentó un mensaje sencillo pero radical. Les dijo que tenían que creer en un Dios que se hizo hombre y murió en la cruz en pago por el pecado, para que por su muerte sustitutoria podamos salvarnos. Pero ese mensaje no podía ser comprendido. Cómo puede un Dios hacer semejante cosa. Además, el mensaje venía acompañado de la verdad que no sólo tenías que creer en un hombre crucificado sino que también tenías que hacerte su siervo, su -doulos-, es decir, tenías que hacerte su esclavo. Creer en un Dios que fue crucificado y hacerte su esclavo. No era el mensaje de éxito y realización humana al que estaban acostumbrados los griegos. Por ello Lucas dice de Pablo, cuando estuvo por primera vez en Corinto, que “todos los sábados discutía en la sinagoga, y persuadía a judíos y a griegos… declarando enfáticamente que Jesús es el Mesías. Y se asentó allí (en Corinto) un año y seis meses, enseñándoles la palabra de Dios.” (Hechos 18.4,5,11).

Pablo discutía y persuadía a sus oyentes, y declaraba enfáticamente que Jesús era el Mesías. Ese era el mensaje de Pablo. Claro y sencillo. Ahora qué significa que él discutía con judíos y griegos. El termino griego aquí es “dialegomai” que significa “discutir exponiendo pensamientos distintos; ponderándolos, es decir, examinándolos con imparcialidad”. Pablo presentaba el mensaje con un debate contundente ante judíos y griegos. Era argumento contra argumento. Otras versiones van a traducir este término como que Pablo “razonaba” con su audiencia, o los hacía razonar, persuadiéndolos. Ahora para persuadir se usa el termino griego relacionado con “peitho” que significa “persuadir, induciendo un cambio de manera de pensar mediante la influencia de la razón”. Por ello, en Hechos 18.13, los judíos acusaron a Pablo ante Galión, procónsul de Acaya, diciendo, que “persuade a los hombres que den un culto contrario a la ley”, y ante esta acusación, Galión les dijo que “en cuestiones de palabras, de nombres y de vuestra ley” que lo resuelvan entre judíos.

El libro de Hechos narra reiteradas veces que el modo de operar de Pablo era predicar en las sinagogas, discutir o debatir sobre que Jesús era el Mesías (Hechos 17.2-4, 18.4-5,18.19). Por esto debe quedarnos claro que cuando estuvo en Corinto la primera vez, disertó sobre el evangelio como en las otras ciudades. Pablo no se presentaba haciendo una campaña de milagros y sanidades para atraer a la gente y convencerla. La verdad, no creo que este haya sido un método apostólico. Los relatos narran que las señales y prodigios venían acompañando al ministerio apostólico pero nunca fueron el atractivo para que la gente crea.     

Lucas no narra ni señales, ni prodigios, ni milagros que Dios haya hecho por mano de Pablo durante su estancia en Corinto, en la primera visita. Esto no significa que no haya la probabilidad de que sí hizo milagros, pero si el autor inspirado no lo menciona es porque no desea enfatizarlo, o simplemente no hubo. En todo Hechos 18.1-21, último tramo del segundo viaje misionero de Pablo, no se mencionan milagros. En Atenas tampoco hubo milagros, esto lo narra Hechos 17.17-34. En Tesalónica y Berea, durante el segundo viaje tampoco se menciona milagros hechos por Pablo, esto registra Hechos 17.1-16. El último milagro registrado es el de Filipos, que los llevó hasta la cárcel, por expulsar un espíritu ventrílocuo (un medium) de una muchacha que “daba mucho dinero de ganancias a sus amos”, esto lo vemos en Hechos 16.16-40. Así mismo, posterior a la visita a Corinto, en su tercer viaje; se registra nuevamente milagros, señales y prodigios por mano de Pablo, y se encuentra en Hechos 19.11-14 en Éfeso; y también vemos el caso de Eutico en el 20.7-11.

¿En qué concluimos? La demostración del poder del Espíritu ¿Eran milagros, sanidades, expulsiones de demonios, o algo más?
No. Pablo no se refiere a milagros y señales. Noten claramente que él dice que los judíos pedían señales (1.22). Quizá los judíos estaban pidiendo que pablo comprobara su mensaje con alguna señal, ya sea milagro o acontecimiento cósmico o astral. Y Pablo no les dio señales. Hoy hay muchos predicadores ofreciendo un evangelio cuya demanda es la misma: señales. Pero Pablo sabía que Dios no lo mandó a eso. El poder de salvar no está en las señales y prodigios. Eso no hace que la gente crea genuinamente. Recuerden a Simón, el mago, que viendo las señales de Felipe “creyó”, pero el acontecimiento nos demuestra que nunca -creyó en Dios ni se convirtió-, o su conversión fue una total falsedad. A Jesús muchos también lo siguieron y creyeron por los milagros que hacía. Pero Jesús buscaba conversiones genuinas y verdaderas, por ello los confrontaba diciéndoles que lo busquen “no por la comida” sino por la vida eterna.

El mayor milagro es el regenerar al hombre, ese es el poder que Pablo predicaba. Los helenistas ganaban adeptos mediante una predicación retórica. Pablo se presenta a sí mismo como alguien que ha sido transformado por el poder de Dios. El contexto dice que el poder era Jesús crucificado. Ahora la demostración no es para los incrédulos, ellos son los que se pierden; la demostración del poder del Espíritu es para CONFIRMAR  a los creyentes, a los llamados, (1.18); por eso en 1 Corintios 2.5 Pablo dice “para que vuestra fe no esté en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios”. Una vez más el contraste entre el poder de Dios y la sabiduría humana, la cruz para la eternidad contra el éxito terrenal.

Nuestra fe está depositada en el poder de Dios que resucitó a Jesús y nos garantiza que nos resucitará a nosotros también. La cruz representa la muerte sustitutoria de Cristo por su iglesia.

1 Corintios 2.4-5 no es un argumento ni justificación para pararse en el púlpito y presentar un sermón exegéticamente pobre, pero con un espacio para “ministración de sanidades y profecías”. Las “palabras persuasivas de sabiduría” no se refieren a un sermón expositivo, exegéticamente correcto y homiléticamente fluido. No. En lugar de ello, sí se refiere a las técnicas que utilizan los predicadores modernos para -convencer- a su audiencia de que su mensaje es el correcto. Y, las “demostraciones de poder del Espíritu” no son milagros que haga ese predicador, aludiendo que es un hombre genuino y guiado por el Espíritu Santo. El poder de Dios es aquel que puede tomar un muerto espiritual y resucitarlo, haciéndolo nacer para vida nueva.

Que Dios nos guíe a ese poder y digamos, “no me avergüenzo del evangelio porque es poder de Dios para salvación”.