sábado, 31 de enero de 2015

Isaías: El evangelista del Antiguo Testamento

ISAIAS, Jehová es salvación

«El evangelista del Antiguo Testamento»
Llamado de Isaías.
De clase media alta, allegado a la familia real. Isaías nació probablemente en Jerusalén (760 a.C) y estaba emparentado con la familia real. Según la tradición talmúdica, Isaías posiblemente fue primo (pariente) del rey Uzías. En el capítulo 7.3-5 leemos “Guarda, y repósate; no temas, ni se turbe tu corazón a causa de estos dos cabos de tizón que humean” Isaías utiliza un lenguaje único, “tuteando al rey”. Aquí se ve al profeta hablando con la autoridad de “enviado de Dios” pero también con un tono familiar al rey. Del dialogo manifiesto en los versos del 3-17 del capítulo 7 vemos a un Isaías que se movía entre los allegados del rey sin mayor problema. En el capítulo 39.3 leemos: “Entonces el profeta Isaías vino al rey Ezequías, y le dijo: ¿Qué dicen estos hombres, y de dónde han venido a ti? Y Ezequías respondió: De tierra muy lejana han venido a mí, de Babilonia.” Actuaba muchas veces como una especie de asesor y consultor real, debido a que se relacionaba muy íntimamente con estos reyes. Así mismo se relacionaba con sacerdotes y altos cargos de la capital del reino, veamos en el capítulo 8. 1-2 “Me dijo Jehová: Toma una tabla grande, y escribe en ella con caracteres legibles tocante a Maher-salal-hasbaz. Y junté conmigo por testigos fieles al sacerdote Urías y a Zacarías hijo de Jeberequías.” De esta manera podemos concluir que estamos tratando la historia de un profeta que era de la clase media alta de Jerusalén.

De labios inmundos. El llamamiento de Isaías empieza con el reconocimiento: “Ay de mi que soy muerto” Isaías 6.5. Él está reconociendo que es un pecador, que es un muerto en vida como cualquier otro hombre. Isaías no es un tipo extraordinario. El hecho de que sea de la familia real no lo hace extraordinario. Luego tenemos una confesión como: “Yo, hombre de labios inmundos, que habito en un pueblo que también tiene labios inmundos” Isaías 6.5. Isaías esta confesando que ha tenido la oportunidad de ver al Señor, Adonay. Y ha escuchado a los ángeles cantando “santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos (YHVH Sebaot) y no le queda otra que reconocer que ha habido una “gracia” manifiesta para su vida. Dios lo llama por gracia. Isaías no tiene merito en sí mismo, ni por ser pariente del rey, ni por ser de la clase media de Jerusalén. Dios lo llama porque Dios obra por gracia. Isaías es un hombre que forma parte de un grupo de personas que blasfeman contra Dios con sus labios. Ser de un pueblo “de labios inmundos”, es igual como si en nuestro contexto dijéramos, “Yo, que consigo las cosas con argolla, y que vivo en un pueblo en el que todos consiguen las cosas con argolla”.  Por ello podemos decir que Isaías, como cualquier otro profeta y hombre de Dios, han actuado extraordinariamente por la gracia de Dios, aunque ellos son ordinarios en sí mismos. Y es un llamado para nosotros, a atrevernos y dejar que Dios nos use. Somos hombres y mujeres ordinarios, que en las manos de Dios podemos hacer cosas extraordinarias.

“Heme aquí, envíame a mí”. (v.8) Finalmente tenemos la respuesta de este hombre que ha experimentado la gracia de Dios. Es un “heme aquí” que no viene de un encuentro emocional, no viene de una experiencia más de un culto espectacular; viene de haber sido expuesta a un “poco” de la presencia de Dios. Es una de las pocas visiones que son narradas en las Escrituras, en las que Dios mismo se revela para marcar a “su escogido”. Éste es un “heme aquí” cargado de compromiso y decisión, de un hombre que está dispuesto a dejarlo todo por Dios. Nosotros solemos cantar “heme aquí” en varias versiones, (tenemos la de Jesús Adrián Romero y la de Marcos Witt, y canciones más antiguas como el himno "Usa mi vida"). Pero no deja de ser una emoción que nos embarga en el momento musical. El “heme aquí” de Isaías es como el “Sí, acepto” que hace un hombre que se casa delante de Dios, del ministro, su novia y de los invitados. Es un “heme aquí” para siempre y sin retorno, no es la aceptación de una comisión momentánea y pasajera. Isaías está diciendo a Dios: “Heme aquí… hasta la muerte”.

El mensaje del profeta Isaías.
El Evangelista del Antiguo Testamento. Isaías es quizá el profeta que mas profetizó sobre el Mesías. Encontré más de 16 profecías de Isaías cumplidas en Jesús, narradas en el Nuevo Testamento. Podemos decir que él era el “evangelista del Antiguo Testamento” anunciando “las buenas nuevas”. Es en Isaías 52.7 donde encontramos el pasaje que dice: “!!Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: !!Tu Dios reina!”. También encontramos en Isaías 9.2-3 ese hermoso pasaje que dice: “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. Multiplicaste la gente, y aumentaste la alegría. Se alegrarán delante de ti como se alegran en la siega, como se gozan cuando reparten despojos.” Eso se cumple exactamente en Mateo 4.15-16. Pero la profecía central de Isaías acerca del Mesías es sin duda, 7.14 que dice: “Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel” esto se cumple en Mateo 1.20-24, donde el escritor Mateo da por cumplida esta profecía en Jesús. El otro pasaje fuertemente evangelista es Isaías 53.5, lo que yo le llamo “el centro del evangelio de Isaías”, y dice: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados”. Esta profecía se cumple en Mateo 8.17 que dice “para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias”. Esto es “el mensaje de la cruz” predicado 700 años a.C. Hoy, 2,000 años d.C. seguimos predicando el mismo mensaje. Y no es otra cosa que el mensaje del sacrificio de Cristo por ti y por mí y por todo el mundo.

¡No confíen en Egipto! Así he titulado a esta parte del mensaje de Isaías. Él nos está diciendo “no confíen en el hombre”, “no confíes en tus fuerzas”, “No confies en el campeón que hay en ti”. El profeta estuvo íntimamente ligado a los reyes de turno, y su mensaje no pudo ser más claro y dependiente de Dios. Isaías les va a decir “ustedes confían más en Egipto que en el Dios que los libró de Egipto”, y esto es una contradicción y un mensaje para nosotros. Dios nos está diciendo ahora miso, no confíes en el mundo del cual Dios te rescató, es incongruente y absurdo. Éramos esclavos del mundo, y ¿confiamos más en el mundo? Eso les está diciendo Isaías al pueblo de Dios, a Judá. Veamos  el capítulo 30.1-5 “…Que se apartan para descender a Egipto, y no han preguntado de mi boca; para fortalecerse con la fuerza de Faraón, y poner su esperanza en la sombra de Egipto. Pero la fuerza de Faraón se os cambiará en vergüenza, y el amparo en la sombra de Egipto en confusión. No confiemos en el mundo, ni en nuestras fuerzas, ni en el hombre, confiemos en Dios.

Muerte de Isaías.
Sanguinariedad de Manases. Hijo de Ezequías. En 2Reyes 21.16 encontramos que fue el peor rey que tuvo Judá, “Fuera de esto, derramó Manasés mucha sangre inocente en gran manera, hasta llenar a Jerusalén de extremo a extremo; además de su pecado con que hizo pecar a Judá, para que hiciese lo malo ante los ojos de Jehová.” Fue un tipo de lo peor: No siguió el camino recto de su padre. Toleró los cultos asirios. Introdujo un sincretismo en el culto a Jehová. Desarrolló la práctica de Invocación a los muertos. Practicó el sacrificios de niños, sacrificó a sus propios hijos.

Martirio de Isaías: fue aserrado. El pueblo rebelde del tiempo de Isaías le decía: "No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas halagüeñas, profetizad mentiras" (Isaías 30:10). Hoy día sucede lo mismo, pero el verdadero mensajero de Jesucristo siempre proclama lo que es verdad y recto; siempre condena lo falso y equivocado. Por eso, según una tradición, Isaías perdió la vida. Cuando tuvo noventa años fue aserrado sobre el tronco de un árbol por orden de Manasés.”

CONCLUSIÓN:
Isaías es uno de nuestros héroes de la fe, que narra el libro de Hebreos 11:37.
“Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados”
  • Seamos humildes en aceptar el llamado de Dios para su ministerio. No es por méritos personales, sino por su gracia. 
  • No confiemos en nuestras fuerzas, ni en el apoyo humano que pudiéramos tener. Confiemos sólo en Dios. 
  • Estemos dispuestos a morir por Dios, aunque en realidad Dios nos quiere vivos para hacer su obra.


)

domingo, 18 de enero de 2015

¿Mandó Jesús bautizar “solo en su nombre”?


Una respuesta bíblica e histórica al unicitarismo contemporáneo

Dentro de algunos movimientos pentecostales unicitarios se enseña que Dios es una sola persona que se ha manifestado en diferentes “modos” o “formas” como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Según esta perspectiva, Jesucristo sería el Padre encarnado y el Espíritu Santo sería simplemente otra manifestación del mismo ser divino singular. Como consecuencia de esta doctrina, se afirma que el verdadero bautismo cristiano debe realizarse exclusivamente “en el nombre de Jesús”, rechazando la fórmula trinitaria de Mateo 28:19.

Esta enseñanza, conocida históricamente como modalismo o sabelianismo, fue rechazada por la iglesia antigua por considerarla incompatible con el testimonio completo de las Escrituras. El propósito de este artículo es examinar bíblica, histórica y teológicamente esta cuestión, demostrando que el Nuevo Testamento enseña claramente la distinción personal entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, así como la legitimidad de la fórmula bautismal trinitaria.

1. El problema doctrinal del unicitarismo

La doctrina unicitaria sostiene que: Dios es una sola persona; que Padre, Hijo y Espíritu Santo no son personas distintas; que “Jesús” sería el nombre único de Dios manifestado en distintos modos.

Históricamente, esta posición guarda estrecha relación con el modalismo defendido por Sabelio en el siglo III. La iglesia primitiva rechazó esta enseñanza porque destruía la distinción interpersonal revelada en las Escrituras y terminaba confundiendo las relaciones eternas dentro de la Deidad.

Como señala Robert Letham:

“El modalismo fracasa porque niega las relaciones personales reveladas entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.” (The Holy Trinity, 2004)

La doctrina cristiana histórica no enseña tres dioses, sino un solo Dios en tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

2. Mateo 28:19 y la fórmula bautismal

El texto central del debate es:

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”
(Mt 28:19)

El unicitarismo afirma que el término “nombre” en singular implica que “Jesús” es el nombre único del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Sin embargo, esta interpretación no surge naturalmente del texto.

El significado de “nombre”

La palabra griega utilizada es: ὄνομα (onoma). En la Escritura, “nombre” frecuentemente significa: autoridad, carácter, representación, dignidad, identidad. Por ejemplo: “Santificado sea tu nombre” (Mt 6:9). Aquí Jesús no enseña a repetir fonéticamente un nombre específico, sino a honrar al Dios verdadero mismo. De igual manera, en Juan 17:6 Jesús dice: “He manifestado tu nombre a los hombres…”. Esto no significa simplemente revelar una palabra fonética, sino revelar el carácter y la persona del Padre.

Como explica D. A. Carson:

“En la tradición bíblica, el nombre representa la persona misma, su autoridad y su carácter revelado.”
(The Gospel According to John, 1991)

3. El singular “nombre” y la Trinidad

Lejos de favorecer el modalismo, Mateo 28:19 constituye una poderosa evidencia trinitaria. El texto no dice: “en los nombres”, sino: “en el nombre”. Sin embargo, inmediatamente distingue: al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo. Esto revela simultáneamente: unidad de esencia divina, y distinción personal. B. B. Warfield observó correctamente:

“La fórmula bautismal une a las tres personas bajo un único nombre divino, colocándolas en igualdad de dignidad y autoridad.”
(Biblical Doctrines, 1929)

El texto no enseña que las tres personas sean una sola persona, sino que participan plenamente de la misma naturaleza divina.

4. ¿Contradicen los Hechos de los Apóstoles a Mateo 28:19?

Los unicitarios apelan frecuentemente a textos como: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo…” (Hch 2:38). También citan: Hechos 8:16; 10:48 y 19:5. Sin embargo, estos textos no necesariamente describen una fórmula litúrgica exacta pronunciada durante el bautismo.

El significado de “en el nombre de Jesús”

En el libro de Hechos, la expresión: “en el nombre de Jesús” tiene principalmente un sentido: confesional, cristológico y de autoridad. Es decir: los creyentes eran bautizados reconociendo a Jesús como Señor y Mesías. Esto los distinguía: del judaísmo incrédulo, de los discípulos de Juan y de otros grupos religiosos. Como señala F. F. Bruce:

“Ser bautizado en el nombre de Jesús significaba identificarse públicamente con su autoridad y señorío.”
(The Book of Acts, 1988)

Por tanto, Hechos no reemplaza la fórmula trinitaria de Mateo 28:19, sino que enfatiza el reconocimiento de Cristo como el Mesías prometido.

5. La evidencia trinitaria en el Nuevo Testamento

La doctrina de la Trinidad no depende exclusivamente de Mateo 28:19. Toda la revelación del Nuevo Testamento muestra simultáneamente: unidad divina y distinción personal.

El bautismo de Jesús

En Mateo 3:16–17 aparecen simultáneamente: el Hijo siendo bautizado, el Espíritu descendiendo como paloma, y el Padre hablando desde el cielo. No son simples “modos” sucesivos, sino personas distintas actuando al mismo tiempo.

Juan 1:1: “Y el Verbo estaba con Dios…”. La expresión “con Dios” implica distinción personal.

Juan 17: Jesús ora al Padre como alguien distinto de Él mismo.

2 Corintios 13:14: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros.”

La estructura trinitaria del pasaje es evidente. Como afirma R. C. Sproul:

“La Trinidad no es una invención filosófica posterior, sino la conclusión inevitable del testimonio total de las Escrituras.” (What Is the Trinity?, 2016)

6. El testimonio histórico de la iglesia primitiva

La evidencia histórica también contradice la idea de que la iglesia bautizaba exclusivamente usando la expresión “Jesús” como fórmula ritual. La Didaché (finales del siglo I o inicios del II) declara:

“Bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”

Esto demuestra que la fórmula trinitaria existía desde los primeros tiempos del cristianismo apostólico. Además: los credos antiguos, los padres apostólicos, y los concilios ecuménicos, rechazaron consistentemente el modalismo.

Conclusión

La afirmación de que Jesús mandó bautizar exclusivamente “en su nombre” surge de una lectura reduccionista del libro de Hechos y de una comprensión inadecuada del lenguaje bíblico sobre el “nombre”. El Nuevo Testamento enseña claramente: un solo Dios verdadero; y tres personas divinas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Los textos de Hechos enfatizan el bautismo bajo la autoridad y confesión de Jesucristo como Señor, mientras que Mateo 28:19 preserva la fórmula bautismal dada explícitamente por Cristo. Por tanto, el bautismo cristiano histórico y bíblico debe realizarse:

“en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

Negar esta realidad no solo distorsiona la doctrina del bautismo, sino también la revelación misma de Dios en las Escrituras.


¡Piensa en esto cristiano!

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Bibliografía

  • D. A. Carson. The Gospel According to John. Grand Rapids: Eerdmans, 1991.
  • F. F. Bruce. The Book of Acts. Grand Rapids: Eerdmans, 1988.
  • Robert Letham. The Holy Trinity. Phillipsburg: P&R Publishing, 2004.
  • B. B. Warfield. Biblical Doctrines. Edinburgh: Banner of Truth, 1929.
  • R. C. Sproul. What Is the Trinity? Orlando: Reformation Trust, 2016.
  • Didaché. Traducciones varias.


miércoles, 7 de enero de 2015

¿Jesucristo Visitó América después que resucitó?


Los mormones afirman y enseñan que Jesucristo visitó América después de su resurrección. Esto lo puedes leer en el libro de Mormón, en 3 Nefí capítulos 11 - 19. Jesucristo, en esta corta visita a los aborígenes americanos (los descendientes de José, el hijo de Jacob) le habló al pueblo y les dio varias instrucciones, entre ellas le ordenó lo siguiente a Nefí:

"... y se levantó Nefí, y se acercó y se inclinó ante el Señor, y le besó los pies. Y el Señor le mando que se levantara... y el Señor le dijo: Te doy poder para que bautices a los de este pueblo cuando yo haya ascendido al cielo otra vez."

(cita extraída de El Libro de Mormón, 3 Nefí 11.19-21).


Los mormones utilizan como una supuesta evidencia en la Biblia de esta visita de Jesucristo a al continente americano los siguientes versos:
"También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor."
Juan 10.16 (RV1960)

"Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero. Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén."
Juan 21.24-25 (RV1960)

No es difícil refutar esto con las Escrituras, pues no hay en ninguna parte de las Escrituras un mínimo de evidencia de algún viaje que haya hecho Jesucristo ni antes ni después de resucitado, a ninguna parte del planeta. El hecho que se diga que “haya también otras muchas cosas que hizo Jesús” pero que no están registradas en los evangelios no significa que vamos a decir que hizo todo lo que queramos suponer o imaginemos. Esto es antojadizo, y no es otra cosa que forzar a la Biblia que diga lo que uno desea, y no aceptar lo que realmente dice. Jesús les encargó a sus apóstoles a hacer discípulos a “todas las naciones” y no les mencionó de un trabajo “previo” hecho por él mismo en América.


Quienes deseen indagar al respecto deberán considerar que la secta de los mormones está basada en las supuestas revelaciones dadas por un ángel a José Smith, quien se convirtió en el iniciador de lo que hoy conocemos como mormonismo. Entre sus máximos escritos (revelaciones) están “Doctrinas y Pactos”, literatura que recomendamos y animamos a estudiar a todo lector cristiano, y debe de contrastarlo con la Biblia.


También puede acceder a la página de los mormones y confirmarán esta afirmación: 

(https://www.mormon.org/spa/preguntas-frecuentes/cristo-en-america)

¿Usted lo cree?

sábado, 3 de enero de 2015

¿Heredan los cristianos las Maldiciones Generacionales de sus padres?



¿Cómo definen "maldiciones generacionales" los falsos maestros?

Sobre las maldiciones generacionales se dice que, seas cristiano o no, los hijos heredan los pecados (y las consecuencias) de sus padres. Si tu padre o madre fue adultero, o asesino; entonces tú lo serás también, y lo tienes que “romper” y “cancelar” para que seas libre tú y tus próximas generaciones. Es una enseñanza que está muy difundida en muchas iglesias evangélicas de casi todo el mundo. Es común escuchar que algunos creyentes se “esfuerzan” por agradar a Dios y sacarse ese peso de la “maldición” por el pecado de sus padres. 

Recuerdo a un amigo periodista, a quien le iba mal en todo lo que emprendía. Llegó a una congregación en donde escuchó “la explicación a su problema”. Me contó que él era producto de un embarazo no deseado, su padre, cuando se enteró del embarazo de su madre, trató de convencerla para que lo abortara. Él contó esto a sus pastores y ellos le dijeron que le iba mal en todo porque sobre su vida pesaba la “maldición de la muerte”. Es decir que en su vida él lucharía contra un espíritu de muerte todo el tiempo pero que debía ir a varios encuentros espirituales para que sea liberado. Lo curioso de esto es que él profesaba ser cristiano desde la adolescencia.

Casi siempre, la orientación de los líderes carismáticos de las iglesias donde se enseñan estas doctrinas, es que el creyente que está bajo maldición debe “anular”, “romper”, “cancelar” las maldiciones. Y sobre éstas y otras farsas comunes de estos tiempos de apostasía te sugiero leer este artículo: http://www.ebetances.com/2014/05/cancelo-declaro-decreto.html.

¿Qué textos bíblicos tergiversan?La mayoría de veces escuché predicaciones citando a Moisés a quien Dios le dio la Ley para el pueblo de Israel, y en donde encontramos los siguientes versos:
“... yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.” Éxodo 20:5 / Deuteronomio 5:9 (RVR1960)
“... de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.” Éxodo 34:7 (RVR1960)
“... de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos.” Números 14:18 (RVR1960)
Aclaremos porqué es un Texto Fuera de Contexto
Entre las “novedades teológicas” que acompañan a los pseudo-apostoles y pseudo-profetas se encuentra este tema sobre las “maldiciones generacionales”, que enseña que todas las personas nacen bajo una "maldición" por pecados que cometieron sus antepasados. Casi siempre, esta maldición es entendida algo así como una “maldición mágica” cargada de maleficio. 

Por ejemplo, si eres una persona a quien tu madre te quiso abortar, es decir te quiso matar; entonces hay una “maldición de muerte rondando tu vida”. Esta enseñanza asegura que uno puede nacer cargando la maldición de sus padres, abuelos o hasta bisabuelos. Es utilizada muchas veces para explicar el porqué un creyente no prospera, no se sana, o sufre de infortunio en todo lo que hace.

No es raro hoy en día sintonizar una radio local, o un programa de TV-cristiana, donde no se predique estas falsedades. Muchos de estos predicadores “profetas del desastre”; han llegado a dar una explicación fabulosa al respecto afirmando que esa maldición queda en el esperma y el óvulo que forman el feto, por lo que hay que reemplazar el ADN del pecado con el ADN de Dios.

¿De dónde sale el aspecto "generacional" que se le da a esta enseñanza? Obviamente se basan en la aseveración de otros textos donde aparece el término “generación”.
¿Y qué dicen realmente estos textos sobre la “maldición”? Curiosamente, y aunque usted no lo crea de primer plano; los textos usados para enseñar sobre “maldiciones generacionales” no mencionan en ninguna parte el término “maldición”. Esto se debe a que la mayoría de falsas doctrinas se hacen sacando un texto fuera de contexto; son elaboradas por personas que “desconocen” (no sé si intencionalmente) la gramática del hebreo en el que fue escrito el Antiguo Testamento, y no sólo desconocen sino que lo usan a su antojo para sus fines personales y no para traer verdadera liberación sobre los creyentes.

Veamos el Contexto de Éxodo 20.5 (también lo encontramos en Deuteronomio 5.1-21). Aquí encontramos que Dios está estableciendo el mandamiento contra la idolatría. Esta afirmando que Él es Dios, y que no hay nada ni nadie fuera de Él. Él es quien ha hecho las maravillas sobre Israel. Establece varios puntos importantes:
  • Jehová es Dios, y no hay nada ni nadie fuera de Él. 
  • No tendremos “dioses”, sólo Él es Dios. 
  • No te harás “imágenes” que se conviertan en ídolos para que les des adoración, como si fuesen Dios. 
  • Dios es fuerte. 
  • Dios es celoso, es decir; no comparte su gloria con nadie. 
  • Es un Dios presente en todas las edades, épocas y generaciones. Es eterno. 
  • Él está pendiente de la maldad de los hombres, en todas sus generaciones. 
  • Está presente en cada generación para “castigar” a todo aquel que le aborrezca y que cometa pecado contra Él. 
  • Está presente en cada generación (miles de generaciones) para “tener misericordia” y perdonar a los que lo “aman y guardan sus mandamientos”. 

En el contexto leído es Dios mismo el que habla. Le está diciendo a su pueblo, que todos los que le aborrezcan tendrán un castigo, y así mismo les está diciendo que todos aquellos que le amen gozarán de misericordia y perdón. No está diciendo en ningún momento algo parecido a: “yo castigaré a los hijos que hayan heredado el pecado de su padre”, tampoco dice “todos los hijos sufrirán por el pecado de su padres”. No encontramos en el contexto leído los términos ni “heredar”, ni “maldiciones”, ni “generacionales”. Esto es una tergiversación del Texto Sagrado.

El contexto de Éxodo 34.7 afirma lo mismo que en el contexto de Éxodo 20.5 y Deuteronomio 5.9, y se añade “que de ningún modo tendrá por inocente al malvado”, es decir; cada quién pagará por su propio pecado tan igual como en el Contexto de Números 14:18.

Dios no está convirtiendo (ni los convierte ahora tampoco) los pecados de las personas en “maldiciones generacionales” sino que en su misericordia los visita para traer perdón. ¿Cómo es, entonces, que Dios visita la iniquidad hasta la tercera y la cuarta generación, si ya la perdonó? La respuesta está en el concepto bíblico de la persona humana como ser social. Es decir en el contexto bíblico Dios ve a los individuos como comunidades. 

La Biblia no conoce el individualismo de nuestro pensamiento moderno, de personas como entes en sí, independientes de la comunidad a la que pertenecen. Entonces, la maldad tiene consecuencias morales y sociales sobre la familia y la sociedad, y en esas circunstancias Dios está "visitando" a su pueblo.

Es claro que estos pasajes no dicen absolutamente nada que podría significar "maldiciones generacionales". No habla de maldiciones en ninguna parte, sino del amor y la justicia de Dios con que se preocupa por nosotros ("nos visita"). Ni mucho menos indica algo de un ADN programado con maldiciones de antepasados. Especulaciones de este tipo revelan una muy grave falta de respeto hacia el Texto Inspirado.

Es obvio que estos pasajes no destacan la maldición de los malvados sino la primacía de la misericordia de Dios. Si las consecuencias del pecado se extendieran hasta cuatro generaciones, el amor y la misericordia de Dios llegarían hasta mil generaciones. Es posible que "cuatro generaciones", más que una frase literal de una maldición matemática, sea un modismo para expresar las consecuencias del pecado sobre la familia y la sociedad. De cualquier forma, "donde el pecado abundó (cuatro generaciones), la gracia sobreabundó (mil generaciones)". 

Si existieran "maldiciones generacionales", tendrían que haber también "bendiciones generacionales", y eso acumuladas sobre mil generaciones. El teórico ADN de esta teoría tendría que codificar centenares de pecados y muchos miles de bendiciones, y sin duda el saldo sería a favor de la bendición y las misericordias de Dios.

Cito al pastor John MacArthur, en su libro "Seguro en los brazos de Dios" donde nos dice:
“Ningún hijo lleva la culpa de su padre. Pero los hijos de una generación pecadora son afectados poderosamente por las consecuencias de los pecados de una sociedad. En Éxodo, Dios estaba dando la Ley y advirtiendo a los padres de Israel que si no le adoraban sólo a Él, y se volvían de los ídolos, corromperían espiritualmente a la población y habría consecuencias malas por generaciones. La idolatría de los padres naturalmente infectaría a las generaciones subsiguientes. Una vez que la contaminación espiritual fuera puesta en marcha en Israel, sería tan penetrante que contagiaría por generaciones de hijos, nietos y bisnietos. La historia subsecuente de Israel demostró la verdad de esta advertencia. El pecado engendra más pecado, y el efecto penetrante del mal ejemplo de una padre a menudo pasa por generaciones."(1) 

Patrones generacionales de conducta.
Muy probablemente, hay una gran confusión, o mala interpretación, no sé si intencional o no; pero si leemos Ezequiel 18.2 encontramos que dice:
"Los padres comen las uvas agrias, pero los dientes de los hijos tienen la dentera." (LBLA)
Pero, originalmente, este proverbio era una advertencia a los padres para que tuvieran en cuenta que su pecado traería malas consecuencias a la siguiente generación. Esta actitud también causó cierto fatalismo ya que los hijos creían que ellos no eran culpables de la conducta de los padres (comparar Jeremías 31.29 y Lamentaciones 5.7)

Sin embargo, Ezequiel 18.4 afirma que "el alma que peque esa morirá". El Señor corrige la idea equivocada del pueblo en cuanto al principio de la iniquidad heredada (Éxodo 34.7, Deuteronomio 5.9). Aunque la iniquidad pueda pasar de una generación a otra, como lo vemos en Génesis 3.6-7;4.7,8,23,24; cada persona es responsable por su propio pecado.

Los padres pueden ser adúlteros, borrachos o ladrones; y este pecado puede llegar a ser practicado por los hijos, pero no es un castigo el que los practique. Ezequiel 18.14 dice que puede haber un padre pecador pero "su hijo que observa todos los pecados que su padre comete, y viéndolo no hace lo mismo", es decir, si estuviera bajo maldición no tendría opción, pero la Biblia nos está diciendo que los hijos pueden, voluntariamente, repetir el pecado de los padres o simplemente no hacerlo.

Una cosa son patrones generacionales de conducta pecaminosa, y otra cosa son maldiciones generacionales, y tanto en lo uno como en lo otro, Dios no está castigando a los hijos por los pecados de sus padres.

Conclusión
Esta falsa doctrina de las “maldiciones generacionales” solamente trae confusión entre los creyentes que ya han sido libres al creer en Jesús. Y el mejor texto para refutar esta falsedad se encuentra en Deuteronomio.
“Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado.” Deuteronomio 24.16 (RVR1960)

Lejos de fundamentarse fielmente en la Palabra de Dios, la enseñanza de "maldiciones generacionales" es un abuso del Texto Bíblico. Es otra especulación fantasiosa de algunos predicadores que no se cansan de inventar nuevas doctrinas para deslumbrar a su público y mantenerlos cautivos de sus aberraciones. Lejos de ser un mensaje fiel a la Palabra, es otro intento de manipularla, y manipular al público creyente.

¿Hay más sobre este tema?
La respuesta es: Sí. No existen tal “maldiciones generacionales” y si las hubiera el sacrificio de Cristo es más que suficiente para liberarte de cualquier maldición por el pecado. En 1 Corintios 5.17 dice que:
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”
No hay argumento humano que contradiga tal afirmación bíblica. Los hijos de Dios no viven más en maldición. No hay tales maldiciones generacionales sobre su vida, si usted es un creyente en Jesús el Mesías no necesita andar “rompiendo”, “cancelando”, “quebrantando”, ni nada por el estilo. Usted es libre en Jesús, créalo y sea feliz viviendo la vida abundante que Dios le da.


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(1) MacArthur, 2015, Seguro en los brazos de Dios, Grupo Nelson, Pág.45