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jueves, 5 de junio de 2025

¿Es Dios injusto por intervenir soberanamente en la salvación? Una respuesta reformada al dilema de la libertad y la gracia


Uno de los cuestionamientos más frecuentes contra la doctrina reformada de la elección soberana de Dios es el siguiente: ¿No sería más justo que Dios permitiera que cada ser humano decidiera libremente si quiere ser salvo o no? ¿No es injusto que Dios elija a unos y no a otros? Desde una perspectiva superficial, esto parece apelar a nuestra noción de justicia. Pero ¿realmente lo es?

El dilema de la voluntad humana: ¿libertad o esclavitud?

La teología reformada parte de una premisa clave: el ser humano, después de la caída, no es moralmente neutral. La Escritura es contundente: “No hay justo, ni aun uno… no hay quien busque a Dios” (Romanos 3:10–11). La voluntad humana no es libre en el sentido absoluto, sino esclava del pecado (Juan 8:34; Romanos 6:20). No es que el hombre quiera acercarse a Dios pero no pueda; es que no quiere acercarse a Dios y no puede hacerlo por sí mismo (1 Corintios 2:14).

Ahora bien, si Dios se limitara a “respetar” esa libertad corrompida, dejando que cada quien escoja su destino, todos pereceríamos. ¿Acaso es más justo permitir que un ser humano incapacitado para el bien espiritual elija voluntariamente su condenación?

Un ejemplo práctico: ¿amor sin intervención?

Imagina que un joven, bajo una fuerte crisis emocional, está por lanzarse de un puente. ¿Sería correcto que simplemente lo observemos y digamos: “Debemos respetar su libertad”? Por el contrario, el amor auténtico interviene, incluso si esa intervención es resistida al inicio. Lo mismo hace Dios con sus escogidos: los rescata contra toda esperanza, los transforma por su Espíritu, y los atrae eficazmente a Cristo.

Dios no viola la voluntad humana; la libera. En la regeneración, el corazón de piedra es reemplazado por un corazón de carne (Ezequiel 36:26). La fe no es producida por la voluntad natural, sino que es un don de Dios (Efesios 2:8–9), otorgado por pura gracia.

¿Es Dios injusto por elegir a unos y no a otros?

Pablo anticipa esta misma objeción en Romanos 9:14: “¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera.” La elección divina no contradice la justicia de Dios porque a nadie se le niega lo que merece. Todos los seres humanos merecen la condenación por causa del pecado. Si Dios salva a algunos, lo hace por misericordia, no por obligación. Como dice el reformador Juan Calvino: “Dondequiera que se encuentre la misericordia, no se puede hablar de injusticia.”

Dios no está obligado a salvar a nadie. Pero por amor, decidió salvar a muchos, y lo hace soberanamente, según el puro afecto de su voluntad (Efesios 1:4–5). Esa es la maravilla de la gracia.

Conceptos límite: una teología de reverencia

El pastor y teólogo R.C. Sproul, siguiendo la tradición reformada, advertía que ciertos misterios deben abordarse con reverencia. Cuando pensamos en la soberanía de Dios y la responsabilidad humana, entramos en un terreno donde debemos mantener dos verdades en tensión:

  1. Dios es absolutamente soberano.

  2. El ser humano es responsable de sus decisiones.

Ambas son bíblicas, y si bien no podemos entender plenamente cómo se armonizan, no debemos rechazar ninguna. El teólogo Davi Charles Gomes los llama “conceptos límite”: fronteras que nos protegen del error y nos invitan a la humildad.

Conclusión: La gracia que salva, no la voluntad que escoge

Desde una perspectiva reformada, el problema no es que Dios intervenga en la voluntad humana; el problema sería que no lo hiciera. Si Dios no interviniera con su gracia eficaz, estaríamos irremediablemente perdidos.

La buena noticia del evangelio es que Dios rescata lo que está perdido, no espera a que el perdido se encuentre a sí mismo. Su amor no es pasivo, sino poderoso. Su justicia no es arbitraria, sino gloriosamente santa. Y su elección no es injusta, sino la expresión más sublime de su misericordia.

Como escribe el apóstol Pablo: “¿Quién te distingue? ¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Corintios 4:7). La salvación es del Señor, y por eso le damos toda la gloria.


¡Piensa en esto cristiano!

¿Es más justo un Dios que deja a los hombres elegir su propia perdición, aun siendo incapaces de elegir lo correcto?

Desde una perspectiva bíblica y reformada, debemos afirmar que el ser humano, caído en Adán, ha perdido no solo su inocencia, sino también su capacidad moral para escoger el bien supremo: a Dios mismo. Según Romanos 3:11–12, "no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios". El hombre natural no solo está incapacitado, sino hostil a Dios (cf. 1 Corintios 2:14; Efesios 2:1–3).

Entonces, si Dios dejara que una persona —moralmente incapacitada y espiritualmente muerta— eligiera libremente su propio destino, ¿sería eso realmente una muestra de justicia o de amor? ¿Puede llamarse justo permitir que alguien en total ceguera espiritual decida ir al infierno, sin una intervención misericordiosa?

Pongamos una analogía: si veo a alguien en medio de una crisis mental dispuesto a saltar de un puente y decido “respetar su libertad”, ¿sería más noble por no intervenir? ¿O sería más justo, más amoroso y más responsable sujetarlo, incluso contra su voluntad, para salvar su vida? El amor no es pasivo; actúa incluso cuando la persona no entiende que necesita ser rescatada.

De igual modo, Dios, en su soberana misericordia, no deja a todos los hombres librados a sí mismos, sino que, por pura gracia, interviene eficazmente en el corazón de aquellos a quienes ha elegido en Cristo desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4–5). Los llama, los regenera, les da fe, y los sostiene hasta el fin. Esto no contradice su justicia, sino que la magnifica: a unos da misericordia inmerecida; a otros, justicia merecida. Pero a nadie se le hace injusticia.

Permitir que una voluntad esclavizada por el pecado “escoja libremente” el camino a la destrucción no exalta ni la justicia ni el amor de Dios. Más bien, muestra una concepción reducida del pecado y una visión antropocéntrica de la libertad. El Dios de la Escritura no es pasivo ante la perdición de los suyos; Él actúa con poder redentor. Como dice Efesios 2:4–5: "Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó… nos dio vida juntamente con Cristo".

El verdadero amor no es el que observa desde lejos, sino el que desciende, rescata y salva. El evangelio no es una oferta bien intencionada a personas neutrales, sino una operación divina sobre corazones muertos. Por eso, decimos que la gracia de Dios es soberana, eficaz y salvadora. Esa es la buena noticia.

miércoles, 18 de septiembre de 2024

¿LOS NIÑOS SON INOCENTES?





¿Pequeños inocentes?

Una mirada bíblica y reformada sobre la naturaleza de nuestros hijos

“Los impíos se apartaron desde la matriz; se descarriaron hablando mentira desde que nacieron.” — Salmo 58:3

A los ojos de muchos padres, la escena de un niño dormido evoca una paz pura, casi celestial. Su respiración suave, sus gestos delicados, su aparente inocencia… todo nos dice: “esto no puede estar mal”. Sin embargo, como toda apariencia, también puede engañarnos. La Escritura ofrece una visión profundamente distinta, una perspectiva que despoja la paternidad de ilusiones románticas y la coloca en el terreno sólido de la verdad revelada: nuestros hijos no son moralmente neutros ni espiritualmente puros al nacer. Son pecadores desde la concepción.

Este diagnóstico no es una exageración ni una licencia poética. Es teología bíblica. Robert Murray McCheyne decía con sabiduría:

“Incluso en los más pequeños, las semillas de todo tipo de pecado ya están presentes”.

La doctrina de la depravación total desde el nacimiento

La teología reformada define esta realidad como “depravación total”. Louis Berkhof la explica así:

“Es una corrupción inherente que se extiende a cada parte de la naturaleza humana, a todas las facultades del alma y del cuerpo. No hay bien espiritual en el pecador, solo perversión.” (Teología Sistemática, p. 247)

Esto no significa que cada persona es tan mala como podría ser, sino que cada aspecto del ser humano—intelecto, emociones, voluntad—está afectado por el pecado. Incluso los más pequeños.

El rey David entendió esto cuando confesó:

“He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.” (Salmo 51:5)

Su arrepentimiento por el pecado con Betsabé no fue un accidente moral, sino la manifestación de un corazón caído. Y así como David reconoció la raíz, también nosotros debemos entender que nuestros hijos heredan la culpa y la corrupción de Adán (Romanos 5:12-21). Son pecadores no solo por imitación, sino por naturaleza.

¿Y la muerte infantil?

Pablo lo explica claramente en Romanos 5:14:

“No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán.”

Aun quienes no han pecado voluntariamente mueren, y eso demuestra que comparten la culpa adámica, porque la muerte es consecuencia del pecado (Romanos 6:23). Esto no niega la posibilidad de redención en Cristo para los infantes, pero sí afirma su necesidad de gracia salvadora, no de inocencia moral.

La implicancia para los padres cristianos

Aceptar esta enseñanza no conduce al pesimismo, sino a la urgencia. Si comprendemos que nuestros hijos nacen espiritualmente muertos, no podemos delegar su formación a la cultura ni suponer que “encontrarán su camino”. Debemos criarles intencionalmente bajo la Palabra, con dependencia en la gracia del Espíritu.

  1. Nuestros hijos necesitan el evangelio. No basta con buenos modales o educación religiosa. Necesitan regeneración.

  2. La paternidad exige humildad. Somos pecadores criando pecadores. Debemos evitar tanto el legalismo como la permisividad.

  3. El bautismo infantil (cuando se practica) no garantiza conversión. Coloca al niño bajo el pacto y nos compromete a discipularlo, orando por su fe genuina.

Un consuelo mayor que la caída

Pero no todo es caída. Hay esperanza. Como le ocurrió a Mónica con su hijo Agustín, Dios es poderoso para salvar incluso a quienes han seguido el camino de su propia corrupción.

“Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados… justificados en el nombre del Señor Jesús.” (1 Corintios 6:11)

El evangelio no florece sobre la inocencia, sino sobre el pecado. Y allí donde el pecado abundó —aun desde la cuna— sobreabundó la gracia (Romanos 5:20).

Conclusión

Dios no nos ha confiado ángeles, sino pecadores para formar en santidad. Como padres, no debemos endiosar ni idealizar a nuestros hijos, sino guiarlos con la verdad, la ley y la gracia. Es una tarea espiritual, no solo educativa.

Como dijo una vez Sinclair Ferguson:

“Nuestros hijos son nuestras misiones personales. Necesitan al Salvador tanto como nosotros”.

La doctrina de la depravación total, lejos de desanimarnos, nos lleva al trono de la gracia, recordándonos que solo Cristo puede hacer nuevas todas las cosas, incluso el corazón más tierno… y más necesitado.


jueves, 28 de octubre de 2021

¿Cuál es la diferencia entre la iglesia visible e invisible?



¿Cuál es la diferencia entre la iglesia visible e invisible?

La Biblia nunca usa el término iglesia visible o iglesia invisible. Sin embargo, la idea de la iglesia visible versus la iglesia invisible es un resultado natural de la comprensión bíblica de la doctrina de la salvación.

La iglesia visible es la expresión del cristianismo que la gente puede ver: la reunión y las prácticas de las personas en varios templos los domingos. La iglesia invisible es la verdadera iglesia, que sólo Dios puede ver: creyentes nacidos de nuevo [regenerados], pasados, presentes y futuros. Ya que no todos los que asisten a la iglesia o practican actos religiosos se salvan, la iglesia visible incluye a los incrédulos [no regenerados]. La iglesia invisible está compuesta por los redimidos y sellados [regenerados] por Dios.

En cierta manera, el concepto de la iglesia visible/invisible se correlaciona con el concepto de la iglesia local/universal. La diferencia es que la iglesia local se refiere a una congregación que se reúne en un solo lugar; la iglesia visible abarca todas las iglesias locales, en todas partes.

La iglesia visible se identifica fácilmente por sus rasgos religiosos: templos, ministros o clérigos, calendarios, ordenanzas, ceremonias, denominaciones, etc. Cuando alguien dice, "Voy a tal o cual iglesia", se refiere a la iglesia visible. Cuando alguien va en auto cerca de un lago y ve a algunas personas bautizadas, está mirando parte de la iglesia visible.

Identificarse con la iglesia visible es aceptar la etiqueta de "cristiano", pero, sin una transformación espiritual que inicia el Espíritu de Dios, la etiqueta es sólo eso. El cristianismo nominal llena una gran parte de la iglesia visible. Demas abandonó a Pablo "amando este mundo" (2 Timoteo 4:10); Demas [no regenerado] fue parte de la iglesia visible por un tiempo, pero nunca fue parte de la iglesia invisible, y con el tiempo lo demostró (ver 1 Juan 2:19).

La iglesia invisible, compuesta por todos los redimidos [regenerados], es espiritual y celestial y no es de este mundo (Juan 18:36). Como explicó Jesús, "El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros" (Lucas 17:20-21).

La iglesia invisible no necesita los adornos físicos que hacen visible a la iglesia visible. Si quitas la liturgia de la iglesia visible, la iglesia invisible permanecerá. La ceremonia religiosa no hace ninguna diferencia con la iglesia invisible: "Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación" (Gálatas 6:15). Si alguien quema el local de la iglesia, los creyentes siguen formando parte de la iglesia.

Las cosas visibles de este mundo, incluyendo las denominaciones de las iglesias, los edificios de las iglesias, los himnarios, los libros de oración y los bancos, pasarán porque son temporales (1 Corintios 7:31). Las cosas invisibles de Dios nunca pasarán porque son tan eternas como el cielo (Lucas 12:33).

En Juan 4:20, la mujer samaritana junto al pozo le dijo a Jesús, "vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar". En nuestros términos, la mujer samaritana estaba hablando de la iglesia visible. Jesús respondió definiendo la iglesia invisible: "Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre...Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adore" (Juan 4:21-24).

Todos nosotros debemos hacer que Dios sea "visible" para el mundo en el que vivimos, "porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Filipenses 2:13). Para ello, debemos ser parte de la iglesia invisible, "nos dio vida juntamente con Cristo...y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús" (Efesios 2:5-6).

Artículo tomado de Gotquestions.

jueves, 7 de marzo de 2019

¿Satanás Cargará con los Pecados de los Redimidos?



Según los Adventistas del Séptimo Día, Satanás es presentado como un "Co-Redentor de Nuestra Salvación".


#CreenciasQueEsclavizan
#DoctrinasQueManipula


Ellos dicen que no, que no puede ser un "co-redentor" porque Satanás no muere derramando su sangre, pero afirman que la justicia de Dios exige que alguien muera por el pecado, y qué más que Satanás muera como autor del pecado que él mismo lo es. Pero la Biblia dice que fue Cristo la oferta por el pecado.

Sin duda es una de las doctrinas más extrañas de la Iglesia Adventista, la cual dice que "Satanás llevará sobre sí nuestros pecados".

Esto pone a un lado el Sacrificio Expiatorio único que lo hizo Jesucristo "Una Sola Vez y Para Siempre".

Además, esta doctrina hace de los pecados de los redimidos una especie de "paquete" que es llevado primero por Satanás que induce al hombre a cometerlos, luego el hombre comete pecados y al creer se los pone a Jesucristo. Jesucristo no los borró en la cruz, sino que los introduce al Santuario Celestial de donde en su Segunda Venida los vuelve a tomar pero para colocárselos al diablo quien los cargará durante todo el milenio que vagará por el desierto... al final del milenio el diablo será aniquilado y finalmente serán aniquilados nuestros pecados con él en el infierno temporal.


Esa doctrina extraña está basada en Levitico 16. Según Elena G. de White, Satanás es "el macho cabrío enviado vivo al desierto".
"20 Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo;21 y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. 22 Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto." Lévitico 16.21-22

¿Qué dice Elena G. de White?
Nos interesa saber lo que ella dice y para ello nos remitimos a sus escritos, los mismos que pueden acceder en línea y corroborar ustedes mismos sus creencias y doctrinas:
"Se vio además que, mientras la ofrenda por el pecado señalaba a Cristo como sacrificio, y el sumo sacerdote representaba a Cristo como mediador, el macho cabrío simbolizaba a Satanás, autor del pecado, sobre quien serán colocados finalmente los pecados de los verdaderamente arrepentidos. Cuando el sumo sacerdote, en virtud de la sangre de la ofrenda por el pecado, quitaba los pecados del Santuario, los ponía sobre la cabeza del macho cabrío por Azazel. Cuando Cristo, en virtud de su propia sangre, quite del Santuario celestial los pecados de su pueblo al fin de su ministración, los pondrá sobre Satanás, quien, en la ejecución del juicio, debe cargar con el castigo final. El macho cabrío era enviado lejos a un lugar desierto, para no volver jamás a la congregación de Israel. Así también Satanás será desterrado para siempre de la presencia de Dios y de su pueblo, y será aniquilado en la destrucción final del pecado y los pecadores". (1)(2)

Cuando Elena dice "se vio además..." está haciendo alusión a las "verificaciones" que hacía en visiones o bajo la dirección de su "ángel mensajero". Ella tenía una especie de "ángel guía" para interpretar las Escrituras.

De esta forma, la profeta del adventismo, se convierte en una interprete oficial y autorizada de este pasaje y en virtud a su inspiración divina da fe que el ángel le confirma que "el macho cabrío enviado al desierto es Satanás cargando con los pecados del pueblo de Dios".

También puede leer algo similar en 
"El macho cabrío era enviado a un territorio deshabitado, para no regresar jamás a la congregación de Israel. Así también, Satanás será desterrado de la presencia de Dios y de su pueblo, y será borrado de la existencia en la destrucción final del pecado y los pecadores”. (3)

¿Qué dice la Biblia?
Las Escrituras son la única fuente de revelación para la Fe Cristiana, en otras palabras, si alguien afirma que "un ángel le dio la interpretación correcta" sea llamada anatema. Las Escrituras afirman que "los pecados del pueblo de Dios son llevados por un sólo y Único Cordero de Dios", no un cordero y un macho cabrío, o lo que fuere.

Isaias 53.6:
"Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros."

Isaias 53.11-12
"11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores."

1 Pedro 2.24
"24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados."

El pastor Augustus Nicodemus nos dice que según Elena G. White "El plan de salvación de la Iglesia Adventista del 7° Día hace del diablo co-redentor o participante en la obra de redención como alguien que va ha sufrir y será destruido por los pecados de los hombres. Es decir, nuestra redención no está completa hasta que Satanás sea aniquilado, y con él nuestros pecados."

CONCLUSIÓN
El pasaje de Levítico 16 nada habla sobre Satanás, tanto el macho cabrío de muere en el santuario como el  que es enviado al desierto apuntan a Cristo. Jesucristo es en sí mismo el que "carga con nuestros pecados", y el que "muere por nuestros pecados".

Honestamente esta es una doctrina que blasefema contra Jesucristo y su sacrificio perfecto.

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Citas Bibliográficas:
(1) Elena G. de White, "Cristo en su Santuario", https://m.egwwritings.org/es/book/1746.597#603
(2) Elena G. de White, "The Great Controversy" Pág. 422, https://m.egwwritings.org/es/book/132.1851#1916
(3) Ellen G. White, "Spirit of Prophecy", Vol. 4, p. 267, https://m.egwwritings.org/pl/book/140.1022#1056 


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Puede ver la exposición del pastor Augustus Nicodemus desde el minuto 43:20 en adelante:



lunes, 28 de enero de 2019

El Fin de los Réprobos es el Infierno



¿Quiénes son los "réprobos" de los que habla el autor de Hebreos?

El pasaje de Hebreos 6.7-8 dice algo que parece indicar que "hay creyentes que pueden perder su salvación". Qué dice F.F. Bruce, aquí la cita bíblica y a continuación el comentario de Bruce:
"Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada." -Hebreos 6.7-8

Bruce comenta: 
"Tales personas (los réprobos) son comparadas con una tierra que, a pesar de todos los cuidados prodigados a su cultivo, se niega a producir una buena cosecha. La figura aquí tiene, en mucho, el mismo efecto que el canto de la viña de Isaías (Is 51.1ss). Aquella viña recibió toda la atención que una planta pueda recibir, pero cuando llegó el tiempo para que produjera uvas, no produjo sino uvas silvestres. Claramente era una tierra malvada que nunca respondería al cultivo; por lo tanto, simplemente se debía dejar que permaneciera sin atención y quedara abandonada. Así también nuestro autor compara a aquellos cristianos que perseveran en la fe a la tierra fértil que produce fruto, mientras que aquellos en cuyas vidas no aparecen los frutos de justicia son comparados con una tierra que nunca producirá mas que espinos y abrojos, cuyo fin es ser quemada, 'porque nuestro Dios es fuego consumidor'." (1)
Esta interpretación debería producir en nosotros una profunda reflexión respecto a nuestra vida como cristianos. Somos salvos, no por una "profesión de fe", no por "haber sido bautizados de niños", no por haber tenido una experiencia extática o un trance con lenguas o caídas del espíritu; somos salvos de principio a fin por la obra de Cristo, "obra que una vez iniciada, la terminará por su fidelidad". 

Pareciera que el autor de la carta advierte de apóstatas entre los cristianos. Pero ¿puede un cristiano verdadero terminar su carrera apostatando? Creemos que no. Miren el versículo 9:
"Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así."
Por encima de la advertencia, el autor de la carta da por sentado que entre sus destinatarios no hay apostatas. El autor se incluye cuando dice "estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación..." y esto marcando una diferencia entre "los réprobos" y "vosotros".

Los "réprobos" son una tierra que por más que se cultive en ella nunca dará fruto.

Los "verdaderos creyentes" siempre dan fruto. Note el verso 10, de cómo el autor mismo tiene testimonio de la "obra y el trabajo de amor" que han mostrado al Nombre de Dios, obra que abunda en "servicio a los santos":
"Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún" (v.10)
Pero, el autor de los Hebreos no deja de advertir una y otra vez: "perseverancia":
"Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas." (vs 11-12) 
¿Nota que el autor va desde la seguridad de la salvación y lo conjuga con la advertencia? ¿Por qué se hace esto? ¿Si ya son salvos, porqué las advertencias?

La misma comunidad que atestigua la vida de un creyente desde su aparición en la Iglesia hasta el fin, es la que hoy tenemos. Es decir, la Iglesia Visible, está conformada por individuos regenerados y no regenerados. En la Iglesia vemos hermanos que día tras día caminan junto a los otros. Nadie puede saber quién realmente es un salvo nacido de nuevo, salvo por su "perseverancia" manifestada en "los frutos" a lo largo de su vida como cristiano.

Es la misma advertencia que nos hacemos hoy en día. Nadie se salva por "una oración del pecador", tampoco por "recibir el bautismo". No existe tal cosa de que "si hablaste en lenguas ya eres salvo". No es como pensábamos anteriormente que "Judas era salvo porque hizo milagros", sea que usted es un hombre de oración, de ayunos y de vigilias, eso no garantiza que haya nacido de nuevo. Debemos "perseverar hasta el final", o como dice el autor de Hebreos, "cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza".
"Las obras no salvan, pero bien pueden ser la evidencia de que ya somos salvos."
Pero esas obras deben permanecer en el creyente todo el tiempo. 

Es cierto que la mayoría de evangélicos están muy convencidos que "las obras no salvan", entonces; luego de hacer una "profesión de fe" y aprenderse las lecciones básicas de su curso de discipulado, se encierra en sus cuatro paredes a esperar el Día de la Redención. 

Por lo mismo, cuando se lee comentarios de teólogos que dan énfasis a "las obras para salvación", como la hace Santiago, solemos espantarnos. Seamos honestos, cuando los evangélicos apelamos a "sola fe", automáticamente nos divorciamos de las obras. Bien, si hubiéramos vivido en la comunidad destino de la Carta a los Hebreos, hubiésemos sido fuertemente amonestados, así como Santiago amonesta a la Iglesia en general al decir "muéstrame tus obras". Pero la fe que salva produce obras, una fe muerta no produce obras, y mucho menos no salva.

La única manera de demostrar que ya somos salvos son nuestras buenas obras, el fruto de justicia y amor, el servicio y la perseverancia en la doctrina apostólica; pero ¿tenemos necesidad de demostrar que ya somos salvos? ¿ante quién? ¿ante Dios, acaso Dios no lo sabe todo? ¿ante la comunidad cristiana? ¿ante nosotros mismos?

Sí, es necesario demostrar que somos genuinos hijos de Dios, a la comunidad y a nosotros mismos. ¿Para qué? La respuesta también lo da el autor de los Hebreos:
"...para plena certeza de la esperanza."
¿La salvación se pierde según Hebreos en el contexto del capítulo 6?
De ninguna manera. "Los réprobos" son cultivados una y otra vez y nunca dan fruto. Usted puede hacer que "un réprobo" haga una oración aceptando a Cristo, lo puede bautizar, lo puede hacer que ore, que salte, que grite que es cristiano, y todos los acomodamientos del marketing evangelical moderno, pero nada de eso, así como el cultivo de una tierra estéril nunca hará que produzca uvas; así los "réprobos" nunca darán frutos de justicia pues no han nacido de nuevo.

Usted debe estar pensando que esos réprobos "fueron iluminados", y que también "gustaron el don celestial", y por si fuera poco "fueron hechos partícipes del Espíritu Santo"; y además "gustaron de la buena palabra de Dios, y los poderes del siglo venidero"; y todos estos privilegios parecen ser cosas que experimentaron y atestiguaron los creyentes verdaderos, pero vemos que es una descripción similar a la de los israelitas que anduvieron en el desierto mirando los milagros de Dios: las diez plagas sobre Egipto, el mar rojo que se abrió para que ellos pasen, una nube de día y una antorcha de fuego por la noche, maná y agua en el desierto; codornices, etc.; pero ninguno de ellos, de los que igual murmuraron contra Dios, heredó la tierra prometida. Porque eran "réprobos".

Así muchos réprobos, ingresarán al infierno habiendo sido testigos de las maravillosas manifestaciones de Dios en este presente siglo. Y muchos de ellos las habrían visto dentro de la Iglesia Visible de Dios.

¿Quienes son los réprobos?
Como dice Bruce: "aquellos frutos, consecuencias naturales de la salvación, llevaban testimonio de que la gente en quienes aparecían eran herederos genuinos de la salvación."(2) Los réprobos son aquellos miembros de la Iglesia Visible que no han nacido de nuevo, no son regenerados, y tarde o temprano apostatarán de la Fe, no tienen frutos, no hacen buenas obras... "pero nosotros estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación".

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(1)(2) F.F. Bruce, 2002, "La Epístola a los Hebreos", Libros Desafío. Pág. 126-127

sábado, 7 de mayo de 2016

¿Se salvará criando hijos?

En el Día de la Madre…
“Las mujeres deben aprender en silencio y sumisión. Yo no les permito a las mujeres que les enseñen a los hombres ni que tengan autoridad sobre ellos (…que no usurpen su autoridad), sino que escuchen en silencio. Pues Dios primero creó a Adán y luego hizo a Eva. Ahora bien, no fue Adán el engañado por Satanás; la mujer fue la engañada y la consecuencia fue el pecado. Sin embargo, las mujeres se salvarán al tener hijos (…se será preservada al aceptar su rol de madres), siempre y cuando sigan viviendo en la fe, el amor, la santidad y la modestia.”
-1 Timoteo 2.11-15 (NTV)
Esta es una de esas citas que en un mundo evangélico fuertemente influenciado por el feminismo y la modernidad, y por la mala exégesis también; nadie lo citará en conmemoración por el “Día de la Madre”. Pero yo creo que es uno de los más honrosos textos bíblicos para halagarlas.

Vean que Pablo recalca el principio bíblico de “quién es la autoridad en base al orden establecido por Dios: el hombre”, no hay otra manera. Por ello, la tarea de “enseñar y ejercer autoridad sobre los varones en la iglesia” es del varón no de la mujer. Por lo tanto, no se trata de que la mujer esté relegada en la iglesia de hoy, las mujeres pueden enseñar y servir en sus iglesias, pero “sin usurpar la autoridad  y principio establecido por Dios.”

Así mismo, esta cita recalca la labor de la mujer como madre que tienen sobre sus hombros no sólo el tener hijos (darlos a luz) sino criarlos en el temor de Dios, y de esta manera contribuye a este mundo al traer hijos justos bajo una crianza bíblica. Cuando dice “se salvará al tener hijos” no se refiere a la “salvación de la condenación eterna”, eso sería una “salvación por obras”. Se trata de una -reivindicación- al engaño al que cedió Eva al ser tentada y al hacer que su marido también pecara. La mujer será “salvada, liberada, preservada” de esa “maldición” siendo -madre-.

Bello texto,  Dios les ha dado a las mujeres el privilegio y la responsabilidad de ser madres y contribuir con la sociedad al traer hijos dignos criados en el temor de Dios.


¡Dios bendiga a las madres!

miércoles, 24 de febrero de 2016

¿Debo “cuidar mi salvación con temor y temblor” para no perderla?




Recientemente leí en la siguiente frase en facebook:
“Señor ayúdame a vivir de tal manera que si Cristo llegara hoy, estaría seguro que me iría con Él”
Esta frase, sin lugar a dudas, encierra la desconcertante idea de que la salvación la puedes perder. Cuán importante es que un creyente esté seguro de su salvación, seguro de su nuevo nacimiento y sobretodo seguro de que Dios es quien le ha otorgado esa salvación, se la ha regalado por gracia y al no haberla ganado tampoco la puede perder.

¿Dónde surge la idea de perder la salvación según esta frase? Surge del concepto de que “sin santidad nadie verá a Dios” por lo tanto, para -no perder la salvación- hay que estar en santidad, es decir sin pecado; pues ya sea que nos sorprenda la muerte o que Jesús venga por segunda vez, entonces -estaremos preparados- de lo contrario el pecado impedirá que me salve y me iré a una eternidad sin Cristo. Esto encierra una serie de falsos conceptos doctrinales sobre la salvación, el pecado, la preservación de los santos, salvación por gracia y sentido común. 

Vamos a explicar uno de los muchos pasajes de la Biblia que son malinterpretados y su lectura ligera pareciera decir que en verdad podemos -perder la salvación- por no -ocuparme de ella-. Estamos refiriéndonos a Filipenses 2.12, que dice:
“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.” (RV1960)
Una lectura ligera, acompañada de una eiségesis, nos puede llevar a la falsa conclusión de que la “salvación se pierde si no te ocupas de cuidarla”. ¿Qué es ieségesis? Eiségesis es introducir un concepto o idea en un texto y/o contexto de la Biblia, donde no lo hay. Por ejemplo, en este pasaje de Filipenses 2.12 en ningún momento se habla de la ‘posibilidad de perder la salvación’, pero si vas con esa idea preconcebida, es probable que una lectura ligera te lleve a concluir esa falacia, sobre todo si lo usas fuera de contexto

Veamos otras versiones de la Biblia. Considere la recomendación de que cuando un texto es traducido de diferentes maneras en varias versiones es porque merece atención analizarlo en su idioma original, en cambio si la mayoría de versiones traduce lo mismo, es muy probable que la traducción sea lo más cercano a lo que se quiso decir en el original y no requiera demasiado análisis gramático-literal.

Reina – Valera 2015
“De modo que, amados míos, así como han obedecido siempre —no solo cuando yo estaba presente sino mucho más ahora en mi ausencia—, ocúpense[a] en su salvación con temor y temblor”
Trae una nota que indica que la palabra ‘ocúpense’ puede ser sustituida por “esfuércense.”

Nueva Versión Internacional
“Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia— lleven a cabo su salvación con temor y temblor,”
Nueva Traducción Viviente
“Queridos amigos, siempre siguieron mis instrucciones cuando estaba con ustedes; y ahora que estoy lejos, es aún más importante que lo hagan. Esfuércense por demostrar los resultados de su salvación obedeciendo a Dios con profunda reverencia y temor.”
Biblia Textual
“Por tanto, amados míos, como siempre obedecisteis, no sólo en mi presencia, sino mucho más ahora en mi ausencia, alistad vuestra propia salvación con temor y temblor.”

No se trata de errores de traducción por parte de los eruditos traductores, lo que pasa es que estos textos, y la Biblia en general necesitan ser interpretados en su contexto para no concluir en afirmaciones que ella no enseña.

Hay tres términos que le preocupan a todo lector de la Biblia que teme perder su salvación. El primero es “ocupaos”. Esta palabra lleva la idea de que un cristiano puede -dejar de ocuparse- en su salvación, -desatenderla-, -descuidarla-, etc. los otros términos están acompañados, “temor y temblor”; y no es difícil de concluir que si no tienes -temor de cuidarla- la puedes perder, a tu salvación.

¿Por qué se tradujo -ocupaos-?
Ocupaos es el termino griego “katergazomai”. Este término viene a su vez de “ergazomai”, que significa “trabajar”, “producir”, “llevar a cabo”; y que al estar compuesto con “kata”, que significa “abajo”, enfatiza intensivamente su significado. “Temor y temblor” son sinónimos, el primero proviene de la misma palabra que se traduce en castellano por “fobia” y según su contexto puede significar “miedo” o “reverencia”; temblor significa eso: “temblar”. Ambas palabras nos llevan a tener un sentimiento de consideración y reverencia. 

Ocuparse de la salvación personal en este texto no significa cuidarla de no perderla, significa llevar una vida en la que se manifieste un vivo testimonio de haber sido salvado, no con el interés de demostrarlo sino de regocijarnos en vivir una vida digna de un creyente nacido de nuevo. Ocuparse de nuestra salvación es el llamado a trascender como luz y sal en nuestra generación.


¿Qué dice el contexto de Filipenses 2.12?
No es un texto de soteriología. Tampoco es un texto bíblico que podríamos o debiéramos usar para explicar la salvación eterna. Puesto que aquí se habla de la salvación en términos de la vida diaria que se espera que tengan los cristianos. Se refiere especialmente a quedar libres de contiendas y vanagloria.

Pablo viene describiendo la vida cristiana que él espera de los filipenses, y que es la vida que Dios mismo espera que llevemos. Por ejemplo, en el capítulo 1.27-30 les dice:
“Solamente que os comportéis de una manera digna del evangelio del Mesías, para que, ya sea que vaya y os vea, ya sea que estando ausente, oiga acerca de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, unánimes, combatiendo juntos por la fe del evangelio; en nada intimidados por los que se oponen, lo cual es para ellos evidente señal de perdición, mas para vosotros, de salvación, y eso de parte de Dios. Porque a vosotros os ha sido concedido a causa del Mesías, no sólo que creáis en Él, sino que también padezcáis por Él, teniendo vosotros el mismo conflicto que visteis en mí, y ahora oís que está en mí.” (BTX)
Note el énfasis en “comportarse de una manera digna del evangelio del Mesías…”. Y también Pablo les hace recordar que Dios “les ha concedido creer y sufrir por el Mesías”. Es de los cristianos el llevar una vida digna y piadosa. Ahora vemos en los versos más adelante que el apóstol les lleva a un nivel mayor de humildad, que se espera tener, y pone como ejemplo a Cristo.
“Nada hagáis por rivalidad ni por vanagloria, sino con humildad, considerándoos los unos a los otros como superiores a vosotros mismos. No mirando cada cual por su propio interés, sino también por el de los demás. Considerad entre vosotros lo que hubo también en Jesús el Mesías.” Filipenses 2.3-5 (BTX)
Pablo señala que la muerte de Cristo en la cruz es el supremo ejemplo de humildad que el creyente debe seguir.

En el contexto de Filipenses 2.12, (incluyendo el capítulo 1) debemos prestar especial atención todos los versos, especialmente el verso 2.15 que Dice: “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación perversa y depravada, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo”. Este versículo encierra el objetivo central de este contexto, y es ser completamente diferentes a cómo vive la gente de nuestra generación, y por consiguiente ser “luminares en el mundo”. El pasaje de ninguna manera habla de la posibilidad de perder la salvación o -cuidarla- para -no perderla-.

El versículo comienza con un “por tanto”, un “así que” o un “de tal modo que”; y esto conecta el verso 12 con todo lo anterior dicho en lo cual se nos puso como máximo y sublime ejemplo de humildad a nuestro Señor mismo, a Jesús el Mesías. Por lo tanto, lo que se diga después, en el verso 12 y subsecuentes; es una demanda que hace el apóstol, y que espera que ellos, como siempre lo han hecho, lo sigan haciendo sea que él esté presente o ausente: vivir dignamente en obediencia. Pablo les pide que lo hagan “con temor y temblor” como él mismo se conducía; cuando les escribió a los corintios les dijo que llegó a ellos “…con debilidad, y con temor y con mucho temblor” (1 Co 2.3 BTX), les pide lo mismo, les pide que tenga esa misma actitud.


¿Qué es lo que les está pidiendo? 
Que “se ocupen en su salvación”. Sí, para que sean “luminares en el mundo” tenían que esforzarse mucho para vivir dignamente y marcar la diferencia. Es lo que se nos pide hoy en día, comportarse con sentido de respeto y de responsabilidad. No es otra cosa que la demanda para todo creyente: santidad. Es un pasaje donde se demanda de nuestra “responsabilidad humana” en el camino de nuestra peregrinación por este mundo.

Pablo se refiere aquí a la salvación, no como la obra justificadora, ni como la obra de haber sido librados de la condenación eterna; sino como esa salvación progresiva respecto al pecado, el cual nos acompaña todos los días de nuestro peregrinaje. Dios nos salva todos los días en nuestra lucha contra el pecado, nos preserva. Pablo se refiere a la etapa progresiva de santificación personal, en la que sí hay participación del creyente. El creyente no participa en su salvación eterna, pues es por gracia y no por obras, eso lo vemos en Efesios 2.8-10; pero el creyente sí participa en su santificación personal y progresiva todos los días de su vida. Pablo dijo que él mismo “trabajó” por medio de la gracia, en su propia vida para agradar a Dios:
“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia hacia mí no ha sido en vano; al contrario, trabajé más que todos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” (1Corintios 15.10 BTX)
Esto significa que la santificación personal, constante y creciente del creyente se debe tomar en cuenta con mucha responsabilidad. Si hay que llevarla a cabo “con temor y temblor” es porque debemos ser conscientes de nuestra propia debilidad, ya mencioné que Pablo mismo reconocía su debilidad; ahora nosotros también debemos tener presente que podemos caer, Pablo les dijo a los corintios “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10.12 BTX). No significa perder la salvación, significa que debemos vivir como “salvados”, como “regenerados”.

Si concluyéramos a partir de este versículo que hay que “cuidar la salvación para no perderla” estaríamos aceptando varías afirmaciones y creencias de los que enseñan una salvación por obras. Es como la idea de que, si bien es cierto Dios te otorga la salvación, pero tú la debes conservar ¿Cómo la conservamos? En santidad. Le pregunté a un creyente al respecto y me dijo que si él moría en pecado, o que si Jesús viniera y él estaría en pecado no se salvaría. Este pensamiento encierra la idea de que Jesús no ha pagado por “todos nuestros pecados”. 

Pero la verdad es otra, cuando Jesús murió, todos nuestros pecados eran futuros, de manera que todos nuestros pecados están pagados. No cabe la idea de que “si muero en pecado pierdo la salvación”. Si fuera así -nadie podría salvarse-. Esa verdad Dios la sabe, siempre la supo. Nadie puede salvarse de esa manera, por ello fue necesario el sacrificio expiatorio de Jesús por nosotros. De manera que guardarse en santidad es una demanda para el creyente, para vivir una vida digna en este mundo. 

Cuando la Biblia dice que “sin santidad nadie verá al Señor”, está diciendo que “si alguien no es declarado justo por Jesús, no puede ver a Dios”. La demanda de santidad para ver al Señor está cumplida en Jesús, los que hemos nacido de nuevo podemos ver a Dios no por nuestra propia santidad o justicia, sino por haber sido declarados santos y justos en Jesús el Mesías. Es como si Dios nos viera a través de su Hijo. Por ello dice Jesús es nuestro Mesías.

El verso 13 de Filipenses 2 pone de manifiesto que Dios está detrás de todo esto: 
“Porque Dios es el que activa en vosotros tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (BTX)
Estimado lector, note la gran importancia de tomar los textos en su contexto. Vea usted que es Dios quien garantiza que el “ocuparse de nuestra salvación con temor y temblor” lo haremos conforme a sus designios y propósitos. Es Dios quien obra en nosotros, por nosotros y a favor de nosotros. Este verso podría traducirse de la siguiente manera:
“Porque es Dios quien obra en vosotros el desear y hacer lo que a Él le place”
El Comentario Bíblico de Mathew Henry dice del verso 13:
“Este versículo incluye una doble razón del “respeto y sentido de la responsabilidad” que hemos de ejercitar en la práctica de nuestra santificación: (A) El saber que estamos cooperando con Dios en una obra en la que Él lleva la iniciativa. (B) El saber, para consuelo nuestro, que, detrás de nuestro querer y hacer y sosteniendo nuestra debilidad, está Dios con su influjo eficaz (previo, simultaneo y consiguiente), pero de tal naturaleza que no fuerza nuestro albedrío ni nos exime de la responsabilidad personal.”(1)
Por lo tanto, si leemos el verso 12 y 13 juntos, entendemos mejor el sentido del mensaje que Pablo, el autor de la carta a los Filipenses, quiso trasmitir a ellos y por ende, qué es lo que Dios quiere decirnos a través de este pasaje a nosotros hoy en día:
“Por tanto, amados míos, como siempre obedecisteis, no sólo en mi presencia, sino mucho más ahora en mi ausencia, alistad vuestra propia salvación con temor y temblor. Porque Dios es el que activa en vosotros tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (BTX)
Los siguientes versos, a partir del 14 en adelante; Pablo exhorta a vivir una vida santa, de forma que brillen como verdadera luz, por ello nos dice que debemos ser “luminares en el mundo”. Luz en medio de una generación que odia la Luz.

Hay muchos cristianos preocupados por el tema de perder la salvación, pero yo me preocuparía más en examinar mi vida y ver si soy cristiano realmente, si he nacido de nuevo. 

La salvación es de Dios, Él la otorga y Él la cuida, por así decir, en el contexto de Filipenses lo podemos ver, así como en otros pasajes de las Escrituras:

“Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros, siempre, en toda oración mía, haciendo súplicas con gozo por todos vosotros, a causa de vuestra participación en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; 6estando plenamente convencido de esto mismo, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la seguirá perfeccionando hasta el día de Jesús el Mesías.” Filipenses 1.3-6 BTX
“Mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco, y me siguen, y Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que me ha dado mi Padre es mayor que todas las cosas, y nadie puede arrebatarlo de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.” Juan 10.27-30 BTX
“Porque a los que antes escogió, también los predestinó a ser de la misma forma de la imagen de su Hijo, para que Él sea primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también declaró justos; y a los que declaró justos, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a estas cosas? Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con Él todas las cosas? ¿Quién encausará a los escogidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién es el que condenará? ¿el Mesías, el que murió? Más aun, Él es quien fue resucitado, el cual también está a la diestra de Dios, el cual también intercede por nosotros.” Romanos 8.29-34 BTX

Hay muchos falsos cristianos preocupados en perder una salvación que no tienen. 

¡Dios los bendiga!

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Cita Bibliográfica:
(1)Comentario Bíblico de Mathew Henry, 1999, Editorial CLIE - Barcelona

domingo, 18 de enero de 2015

¿Jesús mandó bautizar en su nombre?



La enseñanza errónea:

Se enseña que Jesús es Dios y que Él es único, y se ha manifestado a través de la historia como el Padre, como el Hijo y como el Espíritu Santo. Es decir enseñan que Dios es una “unidad”, pero que se revela a sí mismo en tres FORMAS o MODOS diferentes. Estas tres formas no son tres hipóstasis, sino tres papeles o partes desempeñadas por el mismo Dios singular y tiene un Nombre y ese es Jesús, y los seres humanos no lo pueden entender sino hasta que les sea revelado por Dios... ¡Gran herejía!

Los versículos sacados de contexto:
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;”
- Mateo 28:19 (RV1960)

“Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.”
- Hechos 2.38  (RV1960)

Por qué es una enseñanza errónea

Empezaremos diciendo que esta enseñanza sobre los “tres modos” en que se revela Dios (o según ellos Jesús) ha sido retomada después de 1690 años aproximadamente, y es otra manera de enseñar lo que se le denominó “modalismo” allá en el año 215 d.C., aunque ahora la doctrina está un poco más elaborada añadiéndole la enseñanza de que “sólo el bautismo en el nombre de Jesús trae salvación”.   

¿De qué se trata?
En el pasaje de Mateo 28.19 encontramos a Jesús el Mesías, dando instrucciones a sus discípulos y apóstoles. Entre las claras indicaciones se tiene el bautismo “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Esta fórmula bautismal, la cual fue ordenada por el mismo Jesús, es interpretada de tal manera que se leería así:


“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, en el nombre del Hijo, y en el nombre del Espíritu Santo;”

Los que enseñan esta doctrina hacen resaltar, debido a su errada manera de interpretar este pasaje, que Jesús les está diciendo a sus discípulos que “el nombre” es Jesús. Es decir el nombre del Padre es Jesús, el nombre del Hijo es Jesús y el nombre del Espíritu Santo es Jesús. Casi siempre cuando exponen su doctrina hacen la pregunta: ¿Cuál es ese nombre? Haciendo alusión que la respuesta es Jesús, siendo una revelación de Dios a todo aquel que confiese esta enseñanza. Para esto se apoyan en los hechos históricos del bautismo de los primeros cristianos narrado en el libro de los Hechos de los Apóstoles. En Hechos 2.8 leemos que Pedro les dice “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo”. Como los apóstoles bautizaron, según narra Lucas en la historia de los primeros cristianos bautizados, que el bautizo se hacía “en el nombre de Jesucristo”, entonces mediante el uso de un silogismo establecen su doctrina sobre "el nombre", la cual queda así:


En Mateo 28.19 el Señor Jesús mandó que bautizaran en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Y ¿cuál es ese nombre? Ese nombre es Jesús, porque en Hechos 2.38 Pedro mandó que se bautizaran en el nombre de Jesucristo. Y también lo leemos en Hechos 8:16: “porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús.” Otra cita es Hechos 10:48: “Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces, le rogaron que se quedase por algunos días.” También tenemos el registro bíblico de Hechos 19:5: “Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.” Y finalmente Hechos 22:16: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.” Es decir el bautismo de los nuevos creyentes debe ser “en el nombre de Jesús”. Si el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es Jesús, entonces Jesús es Dios manifestado en tres modos, por ello afirman que hay un solo Dios: Jesús. (Nota del autor)

En el contexto de Mateo 28.19 aclaramos que el término griego utilizado para “nombre” es “onoma” (Strong-3686) y se utiliza para lo siguiente:

El término “onoma” (Strong-3686) se utiliza para referirse al nombre de Dios como expresión de sus atributos. Lo encontramos en Mateo 6.9: “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”; comparar con Lucas 1.49: “Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; ¡Santo es su nombre!”. Así mismo lo encontramos en Juan 12.28 en la oración íntima que Jesús hace al Padre: “¡Padre glorifica tu nombre! Entonces vino una voz del cielo: ¡Lo he glorificado y otra vez lo glorificaré!”. Cuando Jesús les enseña a orar a sus discípulos, NO está diciendo que “el Padre es santificado” y luego “su nombre -Jesús- es santificado”. Jesús esta afirmando que el Padre es santificado, el término “nombre” es utilizado para referirse al Padre mismo; el nombre es lo que identifica a quien lo posee. En ningún momento Jesús hace alusión a que el nombre que está santificando sea “Jesús”, de lo contrario la oración al Padre sería así: “Jesús nuestro que estás en los cielos, santificado seas Jesús”.

Así mismo María en su alabanza esta santificando al Señor  mismo, NO está haciendo, de ninguna manera, referencia al nombre de Jesús, de lo contrario su alabanza sería así: “Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; ¡Santo es Jesús!”. Ahora en Juan 12.28, sucede lo mismo. Nuevamente el mismo Jesucristo esta orando al Padre y le está diciendo “¡Padre glorifica tu nombre!” en ninguna manera Jesús le está orando a Jesús: “¡Jesús glorifica a Jesús!”. Y quienes interpretan de esta manera, hacen alusión a un “misterio” en la soberanía de Dios que tiene la capacidad de manifestarse de DIFERENTES MODOS, sin dejar de ser UNO mismo.

También se utiliza del nombre del Mesías (Cristo) implicando autoridad, carácter, rango, majestad, poder, excelencia, etc. Es decir cuando se refieran a su nombre se estarían refiriendo a Cristo, veamos Mateo 10.22 que dice “Y seréis aborrecidos por todos a causa de mi nombre” (es decir por causa del Mesías) y comparemos con Mateo 19.29 (BTX): “Y todo el que dejó casas, hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o hijos, o alquerías, por causa de mi nombre, recibirá muchas veces más, y heredará vida eterna.” En otras palabras, el nombre representa quién es en sí la persona a que se nombra.

Veamos también el pasaje de Hechos 26.9, en donde Pablo está narrando sus oscuras intenciones al decir “Yo ciertamente había creído mi deber hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret”. Pablo pensaba que su deber era hacer muchas cosas contra Jesús y todo lo que Él representaba como sus enseñanzas, sus discípulos, etc. Por ello vemos a Pablo persiguiendo cristianos y metiéndolos a la cárcel, y en otra oportunidad lo vemos consintiendo el apedreamiento y muerte de Esteban.

¿Qué significa entonces “en el nombre de”?

Representa la AUTORIDAD del Mesías.
Veamos Mateo 18.5 que dice: “Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe”. Aquí hay un término griego usado para la palabra “en” y es “epi” que significa “sobre”. Es decir Jesús les está diciendo “Y cualquiera que reciba sobre la base de mi autoridad a un niño como éste, a mí me recibe”.

Representa EN EL PODER del Mesías.
Veamos Lucas 10.17 “Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre”; es decir “aun los demonios se nos sujetan en tu poder”. Veamos el pasaje de Hechos 3.6 donde Pedro le dice al minusválido  “En el nombre de Jesús de Nazaret, el Mesías, ¡camina!”, es decir “En el poder de Jesús de Nazaret, el Mesías, ¡camina!”

Representa EN RECONOCIMIENTO o CONFESIÓN del Mesías.
En Hechos 4.12 leemos “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” También veamos Hechos 9.27-29: “Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle.” Aquí Bernabé testifica y refiere que Pablo confesaba a Jesús como el Mesías.

Representa EN RECONOCIMIENTO de la AUTORIDAD.
Se usa en reconocimiento de la autoridad del Mesías. Veamos Mateo 18.19-20: “Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos”. Compare este texto con Mateo 28.19 en donde leemos “… bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Esto significa que el bautismo de los nuevos discípulos es bajo la autoridad reconocida del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, es decir bajo la autoridad de Dios. Esta nominación ordenada por el mismo Jesús es también conocida como “fórmula bautismal”. Notemos que en Hechos 8.16 encontramos que “en el nombre” significa que “… sólo estaban bautizados en la autoridad del Señor Jesús”. En Juan 14.13-14 encontramos otra referencia al utilizar en el nombre, veamos que dice: “Y todo lo que pidiereis al Padre en Mi autoridad, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en Mi autoridad, yo lo haré.”

Se utiliza “en el nombre” al ser IDENTIFICADOS con Jesús el Mesías.
Para este fin los llevaremos hasta 1 Pedro 4.14 que dice “Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros...” Esto significa que “somos vituperados por razón de Cristo”, o también “somos vituperados sobre la base de que somos discípulos de Cristo”, o en un lenguaje más sencillo 1Pedro 4.16 (BTX) lo leeremos así: “Pero si padece como Cristiano, no se avergüence, al contrario, glorifique a Dios por este nombre.” Es decir “glorifique a Dios por ser identificado con el Cristo”.



¿En qué concluimos entonces?

"Los bautismos relatados en los Hechos eran todos realizados -en el nombre de Jesús- solamente. Era esta confesión la que distinguía a los cristianos de los judíos. La fe en Dios se daba por sentado y no había necesidad de una confesión especial."(1)

CONCLUIMOS que la frase “en el nombre de Jesús” o “en el nombre del Señor Jesús” no es una referencia a alguna fórmula bautismal que contenga la supuesta Deidad unitaria y menos que traiga salvación, sino que es una referencia a la autoridad de Jesús. Es similar a un policía decir: “¡Deténgase en el nombre de la Ley!” Entendemos que en el “nombre de la Ley” significa con la autoridad con que la Ley ha revestido a ese policía. Sucede lo mismo con el bautismo “en el nombre de Jesús”. Bautizar en el nombre de Jesús es bautizar en la autoridad de Jesús. Por lo tanto, los que enseñan y sostienen esta falsa doctrina están simple y llanamente en un error al exigir que el bautismo sea hecho con la fórmula “En el nombre de Jesús” negando de esta manera la Deidad manifestada en tres personas: TRI-UNIDAD. En vez de esto, debe ser hecho como Jesús mismo ordenó: 

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” La forma apropiada para bautizar en el nombre de Jesús es decir: “Los bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”


Si te has visto envuelto en algún grupo religiosos donde enseñan estas doctrinas, te exhortamos a salir de ahí pacíficamente.

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(1) BOER, H. 2001, Historia de la Iglesia Primitiva, Editorial Unilit, Miami FL, Pág. 108
Para una mejor comprensión de el progreso de la fórmula bautismal trinitaria el estudiante de la Biblia deberá acompañarse de los estudios de la historia, del Credo de los Apóstoles y de las controversias trinitarias.