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sábado, 18 de noviembre de 2023

IMPRESIONES PROFÉTICAS Y LENGUAJE DE JUICIO EN LA ESCRITURA


 

Una lectura histórico-profética desde Isaías hasta el Nuevo Testamento

Introducción

Uno de los errores más persistentes en la interpretación profética bíblica consiste en leer el lenguaje escatológico de forma literalista y cronológica, como si los profetas hubieran recibido esquemas detallados de eventos futuros o descripciones científicas del colapso del universo físico. Sin embargo, un examen cuidadoso del lenguaje profético —particularmente en textos de juicio— revela que los profetas operaban mediante imágenes simbólicas intensas, destinadas a comunicar el significado teológico de actos históricos concretos.

Este artículo sostiene que los profetas del Antiguo Testamento, así como los autores del Nuevo Testamento, recibieron lo que aquí denominamos “impresiones proféticas”: visiones unitarias de juicio y restauración que no distinguen explícitamente entre eventos separados por décadas o siglos. Esta característica hermenéutica resulta clave para interpretar correctamente textos que hablan del “Día de Jehová”, de la “venida” de Dios, y de alteraciones cósmicas.

Para demostrarlo, analizamos Isaías 13 como caso paradigmático, y posteriormente mostramos cómo este mismo patrón hermenéutico se extiende al Nuevo Testamento, particularmente en Joel 2, Hechos 2 y los anuncios de la “venida del Hijo del Hombre” por parte de Jesucristo.

Isaías 13 y el juicio histórico contra Babilonia

Isaías profetiza la caída de Babilonia alrededor del año 730 a.C., mucho antes de su destrucción efectiva en el 539 a.C. a manos del Imperio medo-persa. El capítulo 13 constituye una profecía explícita “sobre Babilonia” (Is 13:1), lo cual fija de manera inequívoca su referente histórico.

El lenguaje empleado es deliberadamente intenso:

“Vienen… Jehová y los instrumentos de su ira, para destruir toda la tierra… haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar…” (Is 13:5, 13)

La clave hermenéutica es reconocer que este lenguaje no describe un evento cósmico literal, sino un acto histórico de juicio divino expresado en categorías universales.

“Viene Jehová”: lenguaje de venida judicial

Cuando el texto declara que “Jehová viene”, no debe entenderse como una venida corporal o visible de Dios al espacio geográfico de Babilonia. En el lenguaje profético, la “venida” de Yahvé es una forma técnica de describir su intervención judicial en la historia.

Este patrón se repite consistentemente en la Escritura: Dios “viene” cuando juzga, cuando derroca reinos, cuando vindica su soberanía. La venida es judicial y pactual, no espacial.

“Los instrumentos de su ira”: mediación histórica del juicio

Isaías identifica explícitamente a los medos como los instrumentos del juicio divino (Is 13:17). El juicio no ocurre por intervención directa sobrenatural, sino mediante agentes históricos concretos. El cumplimiento histórico en el año 539 a.C., durante el reinado de Belsasar (cf. Daniel 5), confirma esta lectura.

Esto demuestra que el lenguaje profético puede atribuir una acción directamente a Dios (“Jehová viene”) y, simultáneamente, describirla como ejecutada por ejércitos humanos, sin contradicción.

El “Día de Jehová” como día de juicio histórico

En Isaías 13, el “Día de Jehová” no es el fin del mundo, sino el día del juicio contra Babilonia. Esto establece un principio hermenéutico crucial:
existen múltiples “días de Jehová” en la historia redentora.

Estos días funcionan como anticipaciones tipológicas del Juicio Final, pero no se identifican automáticamente con él. La Escritura exige distinguir entre:

  • días de juicio locales y temporales

  • el Día del Juicio final y universal

“Toda la tierra” y “sus moradores”: alcance contextual

El lenguaje profético frecuentemente utiliza expresiones universales (“toda la tierra”, “todos los moradores”) para referirse al ámbito del juicio específico. En Isaías 13, “toda la tierra” es la esfera del dominio babilónico, no el planeta en sentido moderno.

Este mismo principio se aplica a textos del Nuevo Testamento como Mateo 24:30 o Apocalipsis 1:7, donde “las tribus de la tierra” deben entenderse a la luz del contexto pactual e histórico, particularmente en referencia a la tierra de Israel.

Alteraciones cósmicas como lenguaje de derrocamiento político

Las imágenes de oscurecimiento del sol, caída de estrellas y conmoción de los cielos pertenecen al lenguaje simbólico del derrocamiento de poderes. En el mundo antiguo, el orden cósmico reflejaba el orden político; su colapso simbolizaba la caída de reinos y gobernantes.

El cumplimiento histórico demuestra que no se trata de fenómenos astronómicos literales, sino de lenguaje teológico para describir juicio soberano.

“Como Sodoma y Gomorra”: sentencia de destrucción pactual

Comparar una ciudad con Sodoma y Gomorra es una fórmula profética de condenación total. Apocalipsis 11:8 aplica este mismo lenguaje a Jerusalén, reforzando la continuidad profética entre Isaías y el Nuevo Testamento.

La naturaleza de las impresiones proféticas

Los profetas no recibieron cronogramas detallados, sino visiones unitarias donde juicio, restauración y reino aparecen superpuestos. Para ellos, un gran acto de juicio parecía inmediatamente seguido por la instauración del reino mesiánico.

Este fenómeno explica por qué Pedro, en Hechos 2, identifica el Pentecostés como cumplimiento de Joel 2, incluyendo lenguaje cósmico que no se manifestó literalmente. Pedro interpreta correctamente el texto según el género profético, no según una lectura literalista moderna.

Implicaciones para la “venida del Hijo del Hombre”

Este patrón hermenéutico ilumina las declaraciones de Jesús sobre la “venida del Hijo del Hombre” (Mt 10:23; 16:28; 24:27–30; 26:64). En estos textos, Jesús emplea lenguaje profético judicial, no descripciones del Juicio Final.

La “venida” anunciada en estos pasajes encuentra su cumplimiento histórico en el juicio contra Jerusalén en el año 70 d.C., sin negar por ello la Segunda Venida corporal y gloriosa futura.

Conclusión

El estudio del lenguaje profético demuestra que:

  1. Existen múltiples “días del Señor” en la historia redentora.

  2. Los profetas operan mediante impresiones proféticas, no esquemas cronológicos.

  3. El lenguaje cósmico expresa juicio histórico con significado teológico universal.

  4. Jesús, como profeta escatológico, emplea este mismo lenguaje para anunciar el juicio pactual sobre Jerusalén.

  5. Reconocer esto no niega la Segunda Venida futura, sino que preserva la fidelidad profética de Cristo.

La pregunta decisiva no es si Jesús habló del juicio, sino de cuál juicio hablaba en cada contexto. La evidencia bíblica indica que, en los textos sinópticos previos al año 70 d.C., hablaba del juicio contra Jerusalén; y que el Juicio Final pertenece a otro horizonte escatológico, distinto pero coherente dentro del mismo marco profético.

¡Piensa en esto!





lunes, 13 de noviembre de 2023

¿PABLO HABLÓ DE MILENIO ALGUNA VEZ?






Geerhardus Vos sobre el Milenio

El Nuevo Testamento limita el acontecimiento de la resurrección a una sola época, y en ninguna parte se enseña, como el quiliasmo asume, una resurrección en dos etapas, una en la parusía de los santos o mártires y una segunda al final del milenio. Aunque la doctrina de un reino mesiánico provisional (temporal), anterior a la consumación del mundo, es de origen judío precristiano, no se había desarrollado en el judaísmo hasta el punto de asumir una resurrección repetida; la resurrección general siempre se coloca al final.

Los pasajes a los que apela esta doctrina de una doble resurrección son principalmente Hch 3.19-21; 1Co 15.23-28; Filip 3.9-11; 1Tes 4.13-18; 2Tes 1.5-12; Apo 20.1-6. En el primer pasaje, Pedro promete "tiempos de refrigerio", cuando Israel se arrepienta y se vuelva a Dios. La llegada de éstos coincide con el envío del Cristo a los judíos, es decir, con la parusía. Se argumenta que Pedro en Hechos 3.21, "a quien los cielos deben (tiempo presente) recibir hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas", lugares después de esta venida de Jesús a su pueblo un retiro renovado del Señor en el cielo, Ser seguido a su vez, después de un cierto intervalo, por la restauración de todas las cosas. Las "estaciones de la restauración" constituirían entonces el milenio con Cristo presente entre Su pueblo. 

Si bien esta interpretación no es gramaticalmente imposible, no hay espacio para ello en el esquema general de la escatología petrina, pues la parusía de Cristo se representa en otra parte como no trayendo una presencia provisional, sino como trayendo el día del Señor, el día De juicio (Hch 2.17-21). El punto de vista correcto es que "las estaciones de la restauración" y "los tiempos de la restauración de todas las cosas" son idénticas; La última frase se refiere a las perspectivas tanto de Israel como de la primera, y no debe entenderse en el sentido técnico posterior. El presente en Hch 3.21 "debe recibir" no indica que la recepción de Cristo en el cielo todavía está en el futuro, sino que formula un principio escatológico fijo, es decir, que después de su primera aparición el Cristo debe ser retirado al cielo hasta la hora de la  llegada de la parusía. 

En 1Co 15: 23-28 se distinguen dos -tagmas-, "órdenes" de la resurrección, y se insta a que éstas consistan en "creyentes" y "no creyentes". Pero aquí no hay ninguna reflexión sobre los no creyentes, las dos "órdenes" son Cristo y los que no son de Cristo. "El fin" en 15:24 no es la etapa final de la resurrección, es decir, la resurrección de los no creyentes, sino el final de la serie de acontecimientos escatológicos. El reino de Cristo, que termina con el fin, no es un reino que empieza con la parusía, sino que data desde la exaltación de Cristo; es para Pablo, algo no futuro, más bien ya en funcionamiento. 

En 1 Tesalonicenses 4.13-18 la presuposición no es que los lectores se habían preocupado por una posible exclusión de sus muertos del reinado provisional de Cristo y de una primera resurrección, sino que se habían entristecido como los gentiles que no tienen esperanza alguna, es decir, habían dudado del hecho de la resurrección como tal. Pablo les da en consecuencia en 4.14 la garantía general de que en la resurrección de Jesús el de los creyentes está garantizado. El verbo "preceder" en 4.15 no implica que hubo pensamiento de precedencia en el goce de la gloria, sino que es sólo una manera enfática de afirmar que los muertos no estarán un momento atrasados en heredar con los vivos la bienaventuranza de la Parousia. En 1 Tes 4.17, "así estaremos siempre con el Señor", la palabra "siempre" excluye la concepción de un reino provisional. 2 Tesalonicenses 1.5-12 contiene sólo el pensamiento general de que los sufrimientos y la gloria, la persecución y la herencia del reino están unidos entre sí. No hay nada que demuestre que esta gloria y reino sean otra cosa que el estado final, el reino de Dios (2 Tesalonicenses 1.5 ). 

En Filipenses 3.9-11, se afirma, Pablo representa el logro de la resurrección como dependiente de un esfuerzo especial de su parte, por lo tanto, como algo que no está reservado para todos los creyentes ("si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos."). Puesto que la resurrección general pertenece a todos, se debe significar una gracia especial de resurrección, es decir, la inclusión en el número de los que se elevarán en la parusía, en la apertura del reino milenial. La respuesta a esto es, que era muy posible que Pablo hiciera la resurrección como tal dependiendo del progreso del creyente en la gracia y conformidad con Cristo, viendo que no es un acontecimiento fuera de toda relación con su desarrollo espiritual, sino que el clímax de un proceso orgánico de transformación iniciado en esta vida. Y en el versículo 20 la resurrección de todos se une a la parousía. (1)

El pasaje Apo 20.1-6 a primera vista es muy favorable a la concepción de un reinado milenario de Cristo, participado por los mártires, resucitado en una primera resurrección y marcado por la suspensión de la actividad de Satanás. Y se insiste en que la secuencia de visiones coloca este milenio después de la parusía de Cristo narrada en Apo 19. La cuestión de la secuencia histórica, sin embargo, es difícil de decidir en Apocalipsis. En otras partes del libro, el principio de la "recapitulación", es decir, de la comodidad de las cosas sucesivamente representadas, parece subyacer a las visiones, y los números están en otra parte del libro significados simbólicamente. Estos hechos dejan abierta la posibilidad de que los mil años sean sincrónicos con los desarrollos anteriores registrados y describan simbólicamente el estado de vida glorificada disfrutado con Cristo en el cielo por los mártires durante el período intermedio anterior a la parusía. 

¿De dónde viene la idea de quiliasmo?
Los términos empleados no sugieren una resurrección corporal anticipada. El vidente habla de "almas" que "vivieron" y "reinaron", y encuentran en esto la primera resurrección. La escena de esta vida y reinado está en el cielo, donde también se ven las "almas" de los mártires ( Apo 6.9 ). Las palabras "ésta es la primera resurrección" pueden ser una negación acentuada de una interpretación más realista (quiliasmo) de la misma frase. El simbolismo de los mil años consiste en que contrasta el estado glorioso de los mártires, por un lado, con el breve período de tribulación que se pasa aquí en la tierra y, por otro, con la vida eterna de la consumación. La vinculación de Satanás para este período marca la primera conquista escatológica de Cristo sobre las potencias del mal, a diferencia de la actividad renovada que Satanás mostrará hasta el final al plantear contra la iglesia otras fuerzas aún no introducidas hasta el momento en el conflicto. En cuanto a un libro tan enigmático, era presuntuoso hablar con cualquier grado de dogmatismo, pero la ausencia uniforme de la idea del milenio de la enseñanza escatológica del Nuevo Testamento en otros lugares debía hacer al exegeta cauteloso antes de afirmar su presencia aquí. (2)

(1) Geerhadus Vos, "La escatología paulina y el quiliasmo", PTR, 1911, 26-60.
(2) B.B. Warfield, "El Milenio y el Apocalipsis", PTR, 1904, 599-617.

jueves, 26 de octubre de 2023

¿Un templo futuro o la consumación del templo en Cristo?


Un análisis reformado de Ezequiel 40–48 y sus propuestas de cumplimiento

Resumen

Ezequiel 40–48 presenta una de las visiones proféticas más extensas y complejas del Antiguo Testamento: la descripción de un templo glorioso, el retorno de la gloria divina, la restauración del culto, la renovación de la tierra y la inclusión de los gentiles. A lo largo de la historia de la interpretación bíblica, este pasaje ha dado lugar a múltiples propuestas de cumplimiento. El presente artículo analiza críticamente tres interpretaciones principales —histórica, dispensacional y cristocéntrica— y sostiene que la lectura reformada, que entiende el templo como una realidad escatológica cumplida en Cristo y su pueblo, es la que mejor armoniza el texto de Ezequiel con el testimonio del Nuevo Testamento y la unidad del plan redentor de Dios.

Introducción

La pregunta central que plantea Ezequiel 40–48 no es meramente arquitectónica, sino teológica: ¿de qué manera habitará Dios nuevamente con su pueblo después del juicio y el exilio?. El profeta, escribiendo a una comunidad desplazada y despojada de sus símbolos centrales de identidad, emplea un lenguaje cultual y territorial para comunicar esperanza, restauración y presencia divina.

Sin embargo, el desafío hermenéutico surge al intentar determinar si esta visión debe entenderse:

  1. como una restauración histórica inmediata,

  2. como un templo literal futuro aún por construirse, o

  3. como una realidad escatológica cumplida en Cristo y consumada en el estado eterno.

Contexto histórico y función profética de Ezequiel 40–48

Ezequiel recibe la visión del templo después de la destrucción del templo de Salomón (586 a.C.), cuando la presencia de Dios parecía haberse retirado de Jerusalén. La visión cumple una función pastoral y pactual: asegurar al pueblo que Yahvé no ha abandonado su propósito de morar con ellos.

Los elementos centrales de la visión incluyen:

  • el retorno de la gloria de Dios (Ez 43),

  • la purificación del culto (Ez 44–46),

  • la transformación interior del pueblo (Ez 36),

  • la inclusión de extranjeros en la heredad (Ez 47:22),

  • un príncipe davídico que gobierna al pueblo (Ez 34; 37; 44),

  • un río de vida que fluye desde el templo (Ez 47).

Estos elementos indican que la visión trasciende una mera reconstrucción edilicia y apunta a una restauración integral del orden pactual.

Evaluación de las propuestas de cumplimiento

1. Opción (A): Cumplimiento en el Segundo Templo

Esta interpretación sostiene que Ezequiel 40–48 se cumplió en la reconstrucción del templo bajo Zorobabel (537 a.C.) y su posterior ampliación en tiempos de Herodes.

Si bien esta opción reconoce correctamente un cumplimiento histórico real tras el exilio, presenta dificultades significativas:

  • la gloria visible de Yahvé descrita en Ez 43 no regresó de manera manifiesta,

  • el templo postexílico fue inferior en esplendor (Hag 2:3),

  • los elementos cósmicos y escatológicos de la visión nunca se realizaron literalmente.

Por ello, desde una perspectiva reformada, esta opción debe entenderse como un cumplimiento parcial y tipológico, pero no definitivo.

2. Opción (B): Templo literal futuro en el Milenio (dispensacionalismo)

El dispensacionalismo interpreta Ezequiel 40–48 como la descripción de un templo literal futuro, reconstruido durante el milenio, con la reanudación de sacrificios animales de carácter “conmemorativo”.

Esta postura enfrenta objeciones teológicas de gran peso:

  • introduce categorías no explícitas en el texto (cuarto templo, sacrificios conmemorativos),

  • entra en conflicto con Hebreos 8–10, que afirma la suficiencia y finalidad del sacrificio de Cristo,

  • fragmenta la unidad del pueblo de Dios al separar Israel e Iglesia,

  • ignora que Apocalipsis retoma la visión de Ezequiel eliminando la necesidad de un templo (Ap 21:22).

Desde la cosmovisión reformada, esta opción resulta incompatible con la teología del Nuevo Testamento.

3. Opción (C): Templo espiritual en Cristo y su pueblo (lectura reformada)

La interpretación reformada sostiene que Ezequiel emplea lenguaje simbólico–cultual para describir una realidad escatológica mayor, cumplida progresivamente en Cristo y consumada en el estado eterno.

Esta lectura se apoya en varios ejes bíblicos:

  • Cristo es el verdadero templo (Jn 2:19–21),

  • la Iglesia es ahora el templo del Espíritu (Ef 2:19–22),

  • la transformación del corazón prometida en Ez 36 se cumple en la regeneración,

  • la inclusión de los gentiles se realiza plenamente en el evangelio,

  • el río de vida de Ez 47 reaparece en Ap 22, donde ya no hay templo porque Dios mismo habita con su pueblo.

Esta opción preserva la unidad del plan redentor, la centralidad de Cristo y la escatología inaugurada del Nuevo Testamento.

Tabla comparativa de las tres interpretaciones (A–B–C)

Aspecto(A) Segundo Templo(B) Templo Milenial Dispensacional(C) Templo en Cristo (Reformada)
Tipo de cumplimientoHistórico–parcialFuturo–literalEscatológico–cristocéntrico
Naturaleza del temploFísico, postexílicoFísico, futuroEspiritual y redentor
Gloria de DiosNo manifestada plenamenteRestaurada visiblementePresente en Cristo y su pueblo
SacrificiosContinuación mosaicaRestaurados “conmemorativos”Abolidos en la cruz
Príncipe davídicoGobernante históricoRey político futuroCristo, Hijo de David
Inclusión de gentilesLimitadaSecundariaPlena en el evangelio
Relación con HebreosTensiónContradicciónArmonía plena
Consumación finalDestrucción en 70 d.C.Reino terrenal temporalEstado eterno sin templo

Conclusión

Desde la cosmovisión reformada, Ezequiel 40–48 no anuncia una restauración futura del sistema cultual mosaico, sino la consumación de la presencia de Dios con su pueblo mediante la obra del Mesías. El templo glorioso de la visión no encuentra su expresión final en piedra y sacrificios, sino en Cristo como el verdadero templo, en la Iglesia como morada del Espíritu y, finalmente, en el estado eterno donde Dios habita plenamente con los redimidos.

La lectura reformada permite afirmar que Ezequiel no mira hacia atrás —a un retorno al antiguo orden—, sino hacia adelante, a la realidad escatológica del Reino de Dios plenamente establecido, donde ya no hay templo porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo (Ap 21:22).


¡Piensa en esto cristiano!



miércoles, 4 de agosto de 2021

MARTYN LLOYD-JONES: PORQUÉ NO SOY PRE-MILENIALISTA DISPENSACIONAL




Dr. Martyn Lloyd-Jones
15 Razones por las que no soy Premilenialista.

1. El milenio aparece solamente en Apocalipsis 20
Esta enseñanza no se encuentra en ningún otro lado de los evangelios o de las epístolas del Nuevo Testamento. Todos están de acuerdo en ello. No hay ninguna otra referencia a esta idea de un reino terrenal con nuestro Señor reinando en persona en la tierra durante mil años literales.

Si creemos en la unidad de la Escritura, debemos creer que la Escritura actúa como un todo. De modo que cuando se trata la doctrina de la Segunda Venida de nuestro Señor en otras partes de la Escritura, y si esta doctrina del reinado terrenal es una parte esencial de ella, suponemos que debería haber alguna clase de indicación o de pista con respecto a ello, ya sea en la enseñanza de nuestro Señor mismo o en la enseñanza de sus apóstoles. Pero la verdad es que no las hay.

2. Hace hincapié en el aspecto terrenal del reino
Esta doctrina es un concepto terrenal y materialista, mientras que cuando leemos los evangelios y la enseñanza de nuestro Señor mismo con respecto a su reino, no podemos sino sorprendernos ante el hecho de que recalca constantemente que su reino es espiritual, y en las epístolas se hace el mismo hincapié.

Ahora bien, tengamos esto claro: creemos que, tal como nos muestra 2 Pedro 3, finalmente habrá un nuevo cielo y una nueva tierra. Sí, pero esto sucederá después de que este cielo y esta tierra sean destruidos de la manera descrita por Pedro allí. Por otro lado, el premilenialismo habla acerca de un reino terrenal antes de ese reinado definitivo.

3. Pospone al futuro la idea del reino
Se dice que estamos en la era de la iglesia y Cristo no es el rey por el momento sino solamente la cabeza de la iglesia. Cristo ofreció el reino cuando estuvo aquí en el mundo pero fue rechazado. Luego vino este interregno y ahora no hay ningún reino sino que vendrá durante el reino milenial. Mientras que, sin lugar a dudas, las Escrituras nos enseñan que el reino ya está presente y que aquellos de nosotros que somos creyentes ya estamos en el reino de Dios (Colosenses 1:13; Apocalipsis 1:9).

Los cristianos ya están en el reino. En un sentido, el reino aún está por venir por en otro sentido ya ha llegado. Ya somos ciudadanos del reino de Dios. Entonces, pues, posponer toda la idea del reino al futuro es contradecir la enseñanza bíblica.

4. Los judíos reciben una gran posición preeminente
Reintroduce la distinción entre judíos y gentiles que ha sido abolida. No había nada en lo que se gloriase tanto el apóstol Pablo en particular como en que “no hay griego ni judío” (Colosenses 3:11).
“Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2:14).

El reino está abierto ahora tanto a judíos como a gentiles. Toda la gloria del evangelio, escribió Pablo, nuevamente a los efesios, es que los gentiles son “coherederos” (Efesios 3:6) y “conciudadanos de los santos” (2:19) en este glorioso reino de Dios.

Pero aquí tenemos una enseñanza que vuelve a introducir una distinción vital entre judíos y gentiles que, según se dice, durará por toda la eternidad.

Debo reconocer que me parece imposible creer en una separación permanente entre los judíos y los gentiles. Me bastaría Romanos 11 de por sí para aplastar semejante idea. Hay un solo olivo, dice Pablo.
Los judíos eran ramas naturales, pero fueron cortadas y se injertaron otras. “El reino de Dios será quitado de vosotros y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo 21:43). Pero los gentiles fueron injertados en el olivo, y los judíos son reinjertados cuando se convierten en cristianos.

No hay una distinción permanente entre los judíos y los gentiles, eso acabó de una vez por todas. La enseñanza del Nuevo Testamento es que todas las naciones y tribus estarán en el reino de Dios. Aun el libro de Apocalipsis lo enseña y, ciertamente, no hay ningún rastro de diferencias entre los judíos y los gentiles, aun en el propio capítulo 20. La enseñanza acerca de los judíos y los gentiles ha sido introducida en el capítulo y está fuera de lugar en ese sitio.

5.- Enseña varias venidas del Señor
Según esta idea habrá al menos dos venidas; tres si se cree en el rapto pretribulacional. Pero ciertamente el Nuevo Testamento enseña que solo habrá una venida de nuestro Señor, la asociada con la resurrección general de los muertos y el juicio final. ¿Dónde están las evidencias de que vaya a haber más de una venida?

6. Enseña varias resurrecciones
El premilenialismo también enseña que habrá al menos dos resurrecciones, si no tres. Si sostenemos la idea del rapto pretribulacional, hay tres resurrecciones. Pero si no somos de esa opinión, y somos premilenialistas clásicos, entonces hay dos, con un intervalo de al menos mil años entre la resurrección de los justos y la de los impíos.

Su doctrina es que los creyentes serán resucitados al comienzo del reinado de los mil años pero los incrédulos no serán resucitados hasta el final de ese período. Aquí hay otra cosa que es importante que consideremos, puesto que creo que esta enseñanza es una contradicción directa de la enseñanza de nuestro Señor y Salvador mismo.

Juan 5:28-29 dice, “”Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.

¿Dónde está el intervalo de mil años? Ciertamente las palabras de nuestro Señor afirman claramente que habrá una resurrección general para todos: buenos y malos al mismo tiempo.

Si pasamos a Juan 6, encontramos que nuestro Señor mismo enseña que los buenos y los malos serán resucitados en el último día, no al principio del milenio, sino al final. Encontramos esto en el v. 39, “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

No hay nada tras el último día: es el día final y en el día final, no antes, el Señor resucitará a los que le ha dado el Padre, los buenos, los creyentes, los cristianos. Luego lo repite en los vv. 40, 44 y 54.

Encontramos exactamente la misma enseñanza en Juan 11:24. Marta le dice, “Yo sé que resucitará [Lázaro] en la resurrección, en el día postrero”. Esa era la enseñanza vigente, y nuestro Señor la adoptó y utilizó. Decir, pues, que hay dos resurrecciones con un intervalo de mil años entre ellas es contradecir lo que nuestro Señor enseña claramente, y lo que se enseña en el Nuevo Testamento con respecto a la resurrección, al último día y el juicio final.

7. Cristianos glorificados y no glorificados juntos
Si el premilenialismo es correcto entonces nos confronta lo siguiente: en la tierra habrá simultáneamente santos glorificados –personas que han muerto y cuyos cuerpos han sido cambiados de manera “semejante al cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21)- y al mismo tiempo otros cristianos que no han muerto aún y siguen estando en la carne. Ambos grupos estarán viviendo juntos.
Pero esto parece inconcebible. Ciertamente, no solo eso, sino que el propio Señor en toda su gloria estará viviendo en la tierra con los hombres y las mujeres. Sin embargo, cuando Saulo de Tarso lo vislumbró, cayó a tierra. Sin duda, esta es una dificultad muy importante.

8. Pecadores en el milenio
Otra incongruencia es que, durante este supuesto período glorioso, habrá sin lugar a dudas personas en la tierra que sigan siendo pecadoras. Lo decimos por este motivo: si no quedan pecadores, ¿Cómo pueden llegar a ocurrir las cosas que se describen en Apocalipsis 20:7-9?

¿Se nos está pidiendo que creamos que, de un solo golpe, Satanás puede convertir repentinamente a esta multitud, numerosa como la arena del mar, en enemigos de Cristo? No, sin duda se nos está indicando que fueron enemigos todo el tiempo y que sus pecados simplemente se mantuvieron bajo control. Este período, pues, no es tan glorioso como algunos querrían hacernos creer.

9. Los aliados de Satanás a finales del milenio
¿Es concebible que después de que nuestro bendito Señor y Salvador haya estado viviendo y reinando en este mundo, Satanás pueda crear súbitamente todas estas hordas, estas multitudes de personas de todo el mundo, tan numerosas como la arena del mar, para combatir a Cristo y oponerse violenta y amargamente a Él?
Ciertamente es forzar la imaginación, no digamos ya el pensamiento, pedirnos que creamos que tal cosa sea posible. Sin embargo, es una parte esencial del premilenialismo.

10. En Caso de 2 Pedro 3
En 2 Pedro 3 no hay ni una sola palabra acerca del milenio. No hay ni rastro de una indicación acerca de un período durante el cual el pecado será mantenido bajo control en absoluto. Lo único que sabe Pedro es que el día del Señor introducirá una gran conflagración que significará la destrucción del mundo tal como lo conocemos. El pecado y el mal serán borrados de él (2 Pedro 3:7).

Todo sucede al mismo tiempo, eso es lo único que sabe Pedro. Y luego está la llegada de los “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (v. 13). Pedro no hace ninguna referencia a un reinado milenial, y señala que Pablo tampoco dice nada. En los vv. 15-16 Pedro hace referencia a los escritos de su “amado hermano Pablo” quien, dice Pedro, habla en todas sus epístolas “de estas cosas”, pero no hay ni el más mínimo atisbo de algún tipo de enseñanza premilenialista.

Pedro dice que, “el día del Señor vendrá como ladrón en la noche” (2 Pedro 3:10). Nuestro mundo será consumido por fuego, dice Pedro. Significará el fin del mundo tal como lo conocemos, y entonces habrá un nuevo cielo y una nueva tierra.

Pero, ¿Cómo puede llegar todo eso como “ladrón en la noche” si ha estado precedido por mil años de presencia de Cristo en su cuerpo glorificado aquí en la tierra? Todos lo estaremos esperando. Habremos pasado por un milenio y luego por el corto tiempo que Satanás sea librado, y sabremos que el día del Señor está al llegar. Esta enseñanza premilenialista contradice directamente la enseñanza de este importante capítulo.

No solo eso, en 2 Pedro 3 el apóstol nos dice de manera bastante clara lo que hemos de esperar. Nos exhorta a desear la “venida del día de Dios” (v. 12) que también será “el día del juicio y de la perdición de hombres impíos” (v. 7) y el día de la gran conflagración cuando “los elementos ardiendo serán deshechos” (v. 10), y el mundo tal como lo conocemos será destruido.

Ciertamente, pues, este capítulo debiera de ser suficiente de por sí para llevarnos a cuestionar seriamente la interpretación premilenialista de Apocalipsis 20.

11. Apocalipsis 20
La escena que describe Juan no se produce en la tierra sino en el cielo (v. 1). Y en el v. 4 Juan dice, “Y vi tronos”. Ahora bien, al repasar el Apocalipsis, encontramos una serie de referencias a tronos y, sin una sola excepción, los tronos están en el cielo, no en la tierra.

Eso, pues, debería llevarnos a reflexionar, pero además de eso, como ya hemos señalado, en este capítulo no hay una sola referencia a la tierra, y menos aún una referencia a Palestina. Jerusalén no se menciona en absoluto. Los judíos simplemente no aparecen aquí en ningún sentido, y sin embargo, la interpretación premilenialista pone la tierra, Palestina, Jerusalén reconstruida, el templo y los judíos en una posición preeminente.

Aquellos que sostienen la idea premilenialista admiten la ausencia de referencias a un reinado terrenal de los judíos. Dicen que en el Antiguo Testamento hay profecías acerca del tiempo glorioso que se avecina, y que debe de estar aquí; de modo que aquí lo ponen.

Pero la pregunta es: ¿lo pone Juan aquí? ¿Hay algún tipo de indicio que señale que debe ir aquí? Señalaría que no existe nada en todo el Apocalipsis que indique la tierra o Palestina o a los judíos: la escena está en el cielo.

12. Simbolismo
Dice Apocalipsis 20:1-2, “Vi a un ángel que descendía del cielo con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años”.

Ahora bien, aun aquellos que sostienen la idea premilenialista están dispuestos a aceptar que las referencias a la cadena son obviamente simbólicas porque, después de todo, Satanás es un espíritu. Pero a partir de ahí, rechazan la utilización de simbolismo. ¡Pero sin duda eso es incoherente!

Sin lugar a dudas, todo lo que estamos tratando aquí es simbólico. No es forma de hacer interpretación verdadera el tomar los elementos que convengan a una teoría. Si este capítulo comienza de manera simbólica, ¿por qué no puede seguir del mismo modo?

Presentaría la siguiente conclusión: los números de este libro son obviamente simbólicos. El número 1000 indica un período de plenitud, un período completo. Indica un largo período, sí, pero por encima de todo un período completo: diez al cubo (10 x 10 x 10).

En el Apocalipsis, la palabra “mil” se utiliza de muchas formas. Considerémoslas por nosotros mismos y veremos que en el resto de los lugares siempre se utiliza simbólicamente. ¿Por qué habría de volverse literal aquí?

13. Juan vio almas
El v. 4 se lee, “Y vi tronos y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar” –advirtamos luego esto- “y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús”.

Juan dice deliberadamente que vio las almas de aquellos que fueron decapitados por dar testimonio de Jesús, lo que sin duda indica que las personas se encontraban en un estado extracorpóreo.

No dice que vio a aquellos que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús resucitados y en sus cuerpos glorificados. Si se refería a eso, ¿por qué no lo dijo? Dice que vio sus almas.

Esto indica nuevamente que la escena produce en el cielo donde Juan ve las almas de aquellos que están en Cristo, aquellos que han sido fieles y han sufrido por causa del testimonio de Jesús.

14. El milenio precede al juicio final
Este período de mil años obviamente precede al juicio final. En este capítulo (Apocalipsis 20) no llegamos al juicio final hasta los vv. 11 y 12. Luego Juan pasa a decir, “Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras” (v. 13).

En Apocalipsis 20 el juico final se produce después de estos mil años. Mete, pues, a los defensores del premilenialismo en serias, por no decir imposibles, dificultades, ya que tienen que invertir el orden de los acontecimientos.

Sin embargo, Apocalipsis 20 no solo está en línea con 2 Pedro 3, está igualmente en línea con la gran enseñanza de Romanos 8 acerca de la creación que ha sido “sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza” –adviértase- “porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto, hasta ahora” (Romanos 8:20-22).

En Romanos 8 Pablo está consolando a las personas que están atravesando tiempos difíciles y el consuelo que les ofrece no es que habrá un glorioso período de mil años de reinado con Cristo en la tierra. No. Escribe, “Toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto, hasta ahora; y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando” -¿El qué? ¿El reino milenial? ¡No!- “la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (vv. 22-23).

Nuestra esperanza descansa en esta victoria definitiva cuando toda la creación haya sido liberada del mal y el pecado por medio de esta conflagración que se avecina, y el nuevo cielo y la nueva tierra hayan sido introducidos. Y nuevamente, en Hechos 3:19-21, encontramos una referencia al período cuando Pedro, predicando tras la curación del cojo, habla acerca de la regeneración que se aproxima, “tiempos de refrigerio” (v. 19) y “tiempos de restauración” (v. 21).

15. La presencia del pecado en el milenio
Cuando llegamos al encadenamiento de Satanás durante mil años, el premilenialismo fuerza excesivamente su interpretación de los vv. 2-3.

Si eso significa que no habrá ningún pecado ni maldad en el mundo durante ese gran período, entonces, es muy difícil explicar cómo Satanás puede con tanta facilidad, al final de los mil años, persuadir a tantas personas para que le obedezcan; tantas personas, ciertamente, que la iglesia de Cristo se verá casi superada, y a fin de salvar a Cristo y su pueblo es necesario que Dios envíe fuego del cielo (v. 9).

Conclusión
Estas son, pues, a mi parecer, las objeciones a la interpretación premilenialista de Apocalipsis 20.

- Martyn Lloyd-Jones (amilenial)

jueves, 7 de marzo de 2019

¿Satanás Cargará con los Pecados de los Redimidos?



Según los Adventistas del Séptimo Día, Satanás es presentado como un "Co-Redentor de Nuestra Salvación".


#CreenciasQueEsclavizan
#DoctrinasQueManipula


Ellos dicen que no, que no puede ser un "co-redentor" porque Satanás no muere derramando su sangre, pero afirman que la justicia de Dios exige que alguien muera por el pecado, y qué más que Satanás muera como autor del pecado que él mismo lo es. Pero la Biblia dice que fue Cristo la oferta por el pecado.

Sin duda es una de las doctrinas más extrañas de la Iglesia Adventista, la cual dice que "Satanás llevará sobre sí nuestros pecados".

Esto pone a un lado el Sacrificio Expiatorio único que lo hizo Jesucristo "Una Sola Vez y Para Siempre".

Además, esta doctrina hace de los pecados de los redimidos una especie de "paquete" que es llevado primero por Satanás que induce al hombre a cometerlos, luego el hombre comete pecados y al creer se los pone a Jesucristo. Jesucristo no los borró en la cruz, sino que los introduce al Santuario Celestial de donde en su Segunda Venida los vuelve a tomar pero para colocárselos al diablo quien los cargará durante todo el milenio que vagará por el desierto... al final del milenio el diablo será aniquilado y finalmente serán aniquilados nuestros pecados con él en el infierno temporal.


Esa doctrina extraña está basada en Levitico 16. Según Elena G. de White, Satanás es "el macho cabrío enviado vivo al desierto".
"20 Cuando hubiere acabado de expiar el santuario y el tabernáculo de reunión y el altar, hará traer el macho cabrío vivo;21 y pondrá Aarón sus dos manos sobre la cabeza del macho cabrío vivo, y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel, todas sus rebeliones y todos sus pecados, poniéndolos así sobre la cabeza del macho cabrío, y lo enviará al desierto por mano de un hombre destinado para esto. 22 Y aquel macho cabrío llevará sobre sí todas las iniquidades de ellos a tierra inhabitada; y dejará ir el macho cabrío por el desierto." Lévitico 16.21-22

¿Qué dice Elena G. de White?
Nos interesa saber lo que ella dice y para ello nos remitimos a sus escritos, los mismos que pueden acceder en línea y corroborar ustedes mismos sus creencias y doctrinas:
"Se vio además que, mientras la ofrenda por el pecado señalaba a Cristo como sacrificio, y el sumo sacerdote representaba a Cristo como mediador, el macho cabrío simbolizaba a Satanás, autor del pecado, sobre quien serán colocados finalmente los pecados de los verdaderamente arrepentidos. Cuando el sumo sacerdote, en virtud de la sangre de la ofrenda por el pecado, quitaba los pecados del Santuario, los ponía sobre la cabeza del macho cabrío por Azazel. Cuando Cristo, en virtud de su propia sangre, quite del Santuario celestial los pecados de su pueblo al fin de su ministración, los pondrá sobre Satanás, quien, en la ejecución del juicio, debe cargar con el castigo final. El macho cabrío era enviado lejos a un lugar desierto, para no volver jamás a la congregación de Israel. Así también Satanás será desterrado para siempre de la presencia de Dios y de su pueblo, y será aniquilado en la destrucción final del pecado y los pecadores". (1)(2)

Cuando Elena dice "se vio además..." está haciendo alusión a las "verificaciones" que hacía en visiones o bajo la dirección de su "ángel mensajero". Ella tenía una especie de "ángel guía" para interpretar las Escrituras.

De esta forma, la profeta del adventismo, se convierte en una interprete oficial y autorizada de este pasaje y en virtud a su inspiración divina da fe que el ángel le confirma que "el macho cabrío enviado al desierto es Satanás cargando con los pecados del pueblo de Dios".

También puede leer algo similar en 
"El macho cabrío era enviado a un territorio deshabitado, para no regresar jamás a la congregación de Israel. Así también, Satanás será desterrado de la presencia de Dios y de su pueblo, y será borrado de la existencia en la destrucción final del pecado y los pecadores”. (3)

¿Qué dice la Biblia?
Las Escrituras son la única fuente de revelación para la Fe Cristiana, en otras palabras, si alguien afirma que "un ángel le dio la interpretación correcta" sea llamada anatema. Las Escrituras afirman que "los pecados del pueblo de Dios son llevados por un sólo y Único Cordero de Dios", no un cordero y un macho cabrío, o lo que fuere.

Isaias 53.6:
"Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros."

Isaias 53.11-12
"11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos12 Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores."

1 Pedro 2.24
"24 quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados."

El pastor Augustus Nicodemus nos dice que según Elena G. White "El plan de salvación de la Iglesia Adventista del 7° Día hace del diablo co-redentor o participante en la obra de redención como alguien que va ha sufrir y será destruido por los pecados de los hombres. Es decir, nuestra redención no está completa hasta que Satanás sea aniquilado, y con él nuestros pecados."

CONCLUSIÓN
El pasaje de Levítico 16 nada habla sobre Satanás, tanto el macho cabrío de muere en el santuario como el  que es enviado al desierto apuntan a Cristo. Jesucristo es en sí mismo el que "carga con nuestros pecados", y el que "muere por nuestros pecados".

Honestamente esta es una doctrina que blasefema contra Jesucristo y su sacrificio perfecto.

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Citas Bibliográficas:
(1) Elena G. de White, "Cristo en su Santuario", https://m.egwwritings.org/es/book/1746.597#603
(2) Elena G. de White, "The Great Controversy" Pág. 422, https://m.egwwritings.org/es/book/132.1851#1916
(3) Ellen G. White, "Spirit of Prophecy", Vol. 4, p. 267, https://m.egwwritings.org/pl/book/140.1022#1056 


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Puede ver la exposición del pastor Augustus Nicodemus desde el minuto 43:20 en adelante:



viernes, 4 de enero de 2019

La Abominación que trae Desolación


Eusebio Sobre la "Abominación Desoladora"
Conocemos a Eusebio, que vivió entre el 263 y 339 y que es una pieza clave a la hora de conocer nuestra historia primitiva. Es decir, sus escritos sobre la Iglesia de los primeros siglos es tan útil que podríamos decir que nos ayuda a entender algunos aspectos de nuestras creencias hoy. Es cierto que hoy parece que los teólogos de Facebook quieren hacer que los padres de la Iglesia crean lo mismo que ellos, cosa poco creíble puesto que muchos temas doctrinales hoy fueron temas en un estado de "evolución" en los primeros siglos del cristianismo.

Uno de esos temas es lo referente a las "Profecías de Jesucristo" sobre "Los Últimos Tiempos". A decir verdad, los cristianos hispanohablantes en materia de escatología son en su mayoría dispensacionalistas. Creo que por cada diez amigos evangélicos que tengo, sólo uno o dos no cree en el Rapto secreto de la Iglesia y el Milenio.

Esos mismos cristianos latinoamericanos, es decir los ocho restantes, carecen de conocimientos de historia de la iglesia, y de lo que se creía con respecto a las profecías. Yo mismo tengo apenas pocos años estudiando la Historia de la Iglesia y cada vez me llevo más sorpresas.

¿Qué dice Eusebio sobre la "Abominación Desoladora"?
La "abominación que trae desolación" de plano la tenemos dibujada en nuestras mentes como un episodio que sucederá en el futuro después de nosotros, en lo que los evangélicos le llaman "los últimos tiempos". Esto por la cargada predicación dispensacionalista y por las películas y series sobre "el fin del mundo". Pero la Iglesia, al menos la Iglesia histórica no siempre creyó lo mismo. Es cierto que nunca hubo un consenso, pero lo cierto es que Eusebio nos deja claro que desde los primeros cristianos hasta él, siempre creyeron que "la abominación desoladora" no es algo futuro que aun no sucede, sino más bien, es algo que ya sucedió.

Jesucristo profetizó la destrucción de Jerusalén y el Templo, y a esto le llamamos "La Gran Tribulación". En el contexto de los evangelistas Mateo, Marcos y Lucas la "abominación desoladora" se menciona como un evento que tenía que suceder en el templo judío, y era la señal de la total y plena destrucción. O también dicho de otra forma, la "abominación que trae desolación" era en sí mismo la destrucción de Jerusalén, del Templo y de los judíos que "traspasaron al cristo".

¿Cómo lo dice Mateo?
"Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno ni en día de reposo; porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá." Mateo 24.15-21
¿Cómo lo dice Marcos?
"Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda a la casa, ni entre para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! Orad, pues, que vuestra huida no sea en invierno; porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá." - Marcos 13.14-19
¿Cómo lo dice Lucas?
"Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! porque habrá gran calamidad en la tierra (tierra conocida), e ira sobre este pueblo (judíos). Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan." - Lucas 21.20-24
Usted va a leer que sobre la "abominación desoladora" y "la gran tribulación" que son (1) eventos futuros que aun no se cumplen, o que es (2) una profecía de doble cumplimiento. También algunos aseguran que (3) una parte de la profecía habla sobre la generación de Jesucristo, en el primer siglo; y la otra parte habla del tiempo final antes de su "segunda venida", pero los futuristas/historicistas no se ponen de acuerdo donde termina las profecías para "aquella generación" y dónde empieza las profecías para nuestros días.

Si la "abominación desoladora" es algo a futuro, entonces ¿qué es lo que pasó en el 70 A.D.? 

Noten que Marcos y Mateo dicen que la señal para "salir huyendo de Jerusalén y Judea" es la "abominación desoladora", mientras que Lucas dice que esa señal es "Jerusalén rodeada de ejércitos".

Eusebio de Cesarea dice:
"En los relatos que escribió Josefo se describen con toda exactitud los males que en ese momento sobrevinieron a todo el pueblo judío en todo lugar; cómo principalmente los habitantes de Judea fueron agobiados hasta el extremo de las desgracias; cuantos miles de jóvenes y de mujeres, juntamente con sus niños, cayeron a espada, por hambre y por muchos otros tipos de muerte; cuántas y cuáles ciudades de Judea fueron sitiadas, cuan grandes desgracias, y más que desgracias, presenciaron los que fueron en su huida a Jerusalén, ya que era la metrópoli más fuerte; el desarrollo de la guerra y lo que tuvo lugar en ella en cada momento; y, finalmente cómo LA ABOMINACIÓN DESOLADORA que proclamaron los profetas se asentó en el mismo templo de Dios, en gran manera notable antiguamente, y entonces sufrió todo tipo de destrucción hasta su desaparición final por el fuego." (1)
Así como usted lee, Eusebio en el siglo III entiende que los acontecimientos sucedidos en Jerusalén en el 70 A.D. es el cumplimiento de las profecías de Jesucristo. En el mismo libro de "Historia Eclesiástica" (en la página 98-99 Libro VII, 1-2 hasta el 9) el historiador nos muestra la creencia de la iglesia de aquel entonces, de que la "Gran Tribulación" que vino sobre Jerusalén, sobre "aquella generación" que mató al Salvador, vino precedida por una señal de "la abominación desoladora" que no era otra cosa si no el sitio de Jerusalén por los romanos.

Una revisión de los comentarios de la Biblia Comentada de Scofield (2001) sobre este punto no ofrece una exégesis, ni siquiera trata los acontecimientos ubicados en el tiempo, en lugar de ello dice del verso de Mateo 24.15 que será algo a futuro, es más; dice que todo Mateo 24.4 al 33 es una respuesta a la segunda pregunta de los discípulos: "¿Qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?" pero también dice que hay pasajes con "doble cumplimiento".

¿Por qué los discípulos preguntarían a Jesús por su "segunda venida" cuando ellos aun ni sabían que Él se iba a ir? ¿Qué hace pensar que los discípulos entendían al cosmos como nosotros si lo que ellos esperaban era el "siglo del Mesías" y en realidad preguntaban por "el fin del siglo de Moisés? Los judíos esperaban un reino mesiánico, no el fin del cosmos. 

Una Tribulación que Sucedió y no Volverá a Suceder
Jesús mismo dijo que esa "Gran Tribulación" era algo que hasta entonces no había sucedido y luego no volverá a suceder jamás. Si esto es así ¿Es correcto entonces creer que vendrá un posterior tribulación mundial? Si Jesucristo mismo en su profecía aseguró que "aquella gran tribulación nunca hubo en el mundo ni volverá a suceder" ¿Cómo es que Scofield dice que es de "doble cumplimiento"? ¿Cómo hacemos encajar en las profecías de Jesús esa idea de un "rapto"?

¡Piensa!
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(1) Eusebio de Cesarea, "Historia Eclesiástica", Pág. 94 Libro III.5.3, CLIE 2008



http://textosfueradecontexto.blogspot.com/2019/01/la-abominacion-que-trae-desolacion.html?m=1

domingo, 2 de diciembre de 2018

¿Cuerpos Corruptibles en un Reino Incorruptible?



Una crítica reformada al milenio literal dispensacionalista

A menudo formulo una pregunta a mis hermanos dispensacionalistas que, hasta ahora, permanece insatisfecha. Digo "insatisfecha" no porque falte una respuesta, sino porque la que se ofrece generalmente no se apoya en un testimonio bíblico claro, sino en una cadena de inferencias derivadas de una premisa ya inferida. La pregunta es la siguiente:

¿Con qué cuerpo ingresará al supuesto Reino Milenial una persona que no fue llevada en el Rapto, sobrevivió a los siete años de la Gran Tribulación, presenció la gloriosa Segunda Venida del Señor, y, en ese contexto, creyó sinceramente en Cristo y se convirtió en un verdadero cristiano?

El dispensacionalismo es un sistema teológico que interpreta la historia redentora en distintas etapas o "dispensaciones", cada una con sus propias características y exigencias. Esta escuela sostiene una escatología futurista y propone un reino milenial literal (Apocalipsis 20:1–6), que comenzará inmediatamente después de la Segunda Venida de Cristo. Según esta perspectiva, durante el Milenio cohabitarán santos glorificados con personas no regeneradas en cuerpos naturales. En este contexto, se argumenta que habrá aún pecado, muerte, y crecimiento poblacional en la tierra.

Charles Ryrie, uno de los exponentes más influyentes del dispensacionalismo, lo expresa así:

“Este reino no solo abarcará el reinado de Cristo con su pueblo, quienes entonces tendrán cuerpos resucitados, sino también el reinado de Cristo sobre las personas de la tierra, que tendrán cuerpos no resucitados. Si solo hubiese santos resucitados en el reino, entonces no habría muerte, ningún aumento de población, y ninguna diferencia de edad, de las cuales cosas hay indicios de que estarán presentes en el reino”
(RYRIE, Teología Básica, 1993, p. 559).

Desde la teología reformada o del pacto, esta propuesta presenta serias inconsistencias tanto teológicas como bíblicas. El teólogo Louis Berkhof cuestiona la posibilidad de una coexistencia entre dos humanidades escatológicas:

“Es imposible entender cómo una parte de la vieja tierra y de la humanidad pecadora pueden existir al lado de la otra parte de la tierra que ya se considera nueva y de una humanidad que está glorificada. ¿Cómo pueden los santos perfectos, con cuerpos glorificados tener comunión con pecadores en la carne?”
(BERKHOF, Teología Sistemática, 2005, p. 856).

Definiciones clave: ¿Qué entendemos por "Milenio" y "Reino"?

El término milenio proviene de Apocalipsis 20:1–6, donde se menciona un reinado de mil años. Mientras el dispensacionalismo interpreta este pasaje literalmente como un reinado terrenal futuro, la teología reformada suele entenderlo de manera simbólica como el período entre la primera y la segunda venida de Cristo, durante el cual Cristo reina desde el cielo sobre su Iglesia (posición amilenial).

En cuanto a reino, tanto Jesús como los apóstoles lo describen como una realidad ya inaugurada (cf. Mateo 12:28; Colosenses 1:13), en desarrollo (1 Corintios 15:25), y que se consumará en la venida final de Cristo (Mateo 25:31–34). Este marco escatológico integral es incompatible con la idea de un reinado provisional en la tierra que incluya muerte y pecado.

El concepto de secta, aunque no es central en este análisis, se reserva para grupos que se apartan de doctrinas cristianas esenciales. El dispensacionalismo, si bien se mantiene dentro del cristianismo evangélico, representa una desviación sustancial en su visión escatológica respecto de la tradición histórica reformada.

El argumento bíblico: ¿Habrá muerte después de la Segunda Venida?

El apóstol Pablo es claro en 1 Corintios 15:50–54:

“La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción... cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción... entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”.

Este texto subraya que la consumación del Reino implica el fin definitivo de la muerte. No hay espacio para un período posterior en el que la muerte persista, por más “milenial” que sea. La secuencia que Pablo establece en 1 Corintios 15:23–26 refuerza esta interpretación:

  1. Cristo resucita como primicia;
  2. Luego, “los que son de Cristo, en su venida”;
  3. Entonces viene el fin, cuando entrega el Reino al Padre;
  4. El último enemigo destruido es la muerte.

Anthony Hoekema, teólogo reformado, lo resume con claridad:

“No hay lugar en la enseñanza del Nuevo Testamento para un reino intermedio en el que algunos aún mueran mientras otros ya han sido glorificados”
(HOEKEMA, The Bible and the Future, 1979, p. 228).

Geerhardus Vos también sostiene que:

“La parusía no introduce una fase intermedia, sino la consumación misma del Reino. El reinado actual de Cristo desde el cielo es el cumplimiento del Salmo 110:1”
(VOS, The Pauline Eschatology, 1930, p. 52).

Además, textos como 2 Pedro 3:10–13 muestran que en la Segunda Venida el cosmos presente será destruido, dando lugar a “nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia”. No se menciona ningún período intermedio.

Objeciones dispensacionalistas y respuestas reformadas

Algunos defensores del milenio literal apelan a pasajes como Isaías 65:20 para sostener que aún habrá muerte en una era futura. Sin embargo, la interpretación reformada de tales textos reconoce el uso de lenguaje profético simbólico, que proyecta realidades espirituales y escatológicas en términos terrenales para la comprensión del pueblo de Israel.

Como afirma Meredith Kline:

“Las profecías del Antiguo Testamento sobre el futuro glorioso deben interpretarse a la luz del cumplimiento en Cristo, no como esquemas cronológicos literales”
(KLINE, The Structure of Biblical Authority, 1975).

La Escritura, leída a través del lente del Nuevo Testamento, enseña que no hay un regreso al mundo actual después de la venida gloriosa de Cristo. La muerte será abolida, no contenida ni suspendida.

Conclusión: Coherencia escatológica y consumación final

La propuesta dispensacionalista de un Milenio literal poblado por santos glorificados y personas aún caídas plantea una grave disyunción entre redención y consumación. La escatología bíblica, entendida desde la teología reformada, no admite la coexistencia de corrupción e incorrupción una vez que Cristo regrese en gloria.

La esperanza cristiana no apunta a un reino provisional en la tierra, sino a la resurrección final, el juicio definitivo y la nueva creación donde la justicia habita de forma permanente. En ese Reino, la muerte ya no existirá, y los redimidos gozarán de comunión perfecta con Dios, sin mediaciones terrenales, ni interrupciones temporales.


¡Piensa en esto cristiano!

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https://textosfueradecontexto.blogspot.com/2018/12/cuerpos-corruptibles-en-un-reino.html

Artículo mejorado con IA



miércoles, 18 de abril de 2018

El Templo del Milenio y sus Sacrificios





Una crítica reformada al premilenialismo dispensacionalista y a la interpolación editorial en Ezequiel 40–48

Resumen

La interpretación dispensacionalista de Ezequiel 40–48 sostiene que el profeta describe un templo literal futuro con sacrificios animales que serán restaurados durante un reino milenial posterior a la segunda venida de Cristo. Esta lectura ha sido popularizada mediante biblias de estudio y comentarios modernos, particularmente los de C. I. Scofield y Charles C. Ryrie. En el ámbito hispanohablante, dicha interpretación ha sido difundida, de manera problemática, por Francisco Lacueva a través de notas editoriales insertadas en la traducción del Comentario Bíblico de Matthew Henry. El presente artículo ofrece una crítica reformada a esta postura, demostrando su incoherencia hermenéutica, su incompatibilidad con la teología del Nuevo Testamento y la deshonestidad académica que supone atribuir a Henry una visión que él nunca sostuvo.


Introducción

Ezequiel 40–48 constituye una de las secciones proféticas más complejas del Antiguo Testamento. Su detallada descripción de un templo, un sistema sacerdotal y sacrificios ha generado múltiples interpretaciones a lo largo de la historia de la Iglesia. Sin embargo, la idea de un templo milenial literal con sacrificios animales posteriores a la obra redentora de Cristo no pertenece a la tradición patrística ni reformada, sino que surge en el contexto del premilenialismo dispensacionalista moderno (siglos XIX–XX).

El objetivo de este artículo es doble:

  1. evaluar críticamente la interpretación dispensacionalista de Ezequiel 40–48, y

  2. denunciar la interpolación editorial doctrinalmente sesgada realizada por Francisco Lacueva en la obra de Matthew Henry, la cual ha contribuido a una recepción distorsionada del pensamiento reformado clásico.


La interpretación dispensacionalista de Ezequiel 40–48

Autores como Charles C. Ryrie y C. I. Scofield sostienen que Ezequiel describe un templo literal que será erigido durante el milenio, después de la conversión nacional de Israel. Según esta lectura:

  • el templo será físico y geográficamente localizado en Jerusalén;

  • se restaurará el sacerdocio levítico;

  • se ofrecerán sacrificios animales de carácter “memorial”.

Esta interpretación descansa sobre un literalismo futurista aplicado selectivamente al texto, subordinado a un sistema escatológico previo.


El problema de los sacrificios “memoriales”

Uno de los puntos más problemáticos del dispensacionalismo es la afirmación de que los sacrificios del milenio no tendrán valor expiatorio, sino meramente conmemorativo. Esta categoría no existe en la Escritura y surge como una solución ad hoc para evitar el conflicto con Hebreos 9–10.

El teólogo reformado Anthony A. Hoekema formula una objeción decisiva:

“¿Qué sentido tendría volver a sacrificios animales como memorial de la muerte de Cristo, cuando el Señor mismo instituyó la Cena del Señor como memorial suficiente y perfecto?”

Además, Hoekema señala una inconsistencia metodológica insalvable:
si los sacrificios no deben interpretarse literalmente, no existe justificación hermenéutica para insistir en la literalidad del templo.


La incoherencia del literalismo selectivo

El principio dispensacionalista de interpretación literal consistente se ve abandonado precisamente en el punto donde el Nuevo Testamento plantea mayores tensiones. Mientras el templo debe ser literal, los sacrificios se vuelven simbólicos; mientras el sacerdocio es restaurado, su función central es vaciada de contenido.

Esta selectividad hermenéutica revela que el sistema no emerge del texto, sino que es impuesto sobre él.


La deshonestidad editorial de Francisco Lacueva

Un aspecto particularmente grave, y pocas veces abordado críticamente, es la intervención editorial de Francisco Lacueva en la traducción al español del Comentario Bíblico de Matthew Henry (Editorial CLIE).

Lacueva introduce notas dispensacionalistas —citando a Ryrie y Scofield— como si fueran extensiones naturales del pensamiento de Henry, cuando en realidad:

  • Matthew Henry murió en 1714, más de un siglo antes del surgimiento del dispensacionalismo;

  • su teología era explícitamente pactual, no futurista ni dispensacional;

  • Henry interpretaba las profecías veterotestamentarias de manera cristocéntrica y tipológica.

Atribuirle indirectamente una doctrina que él jamás sostuvo constituye una falta de rigor académico y una deshonestidad editorial, pues confunde al lector y crea la falsa impresión de un respaldo histórico inexistente.

En términos académicos, esto equivale a una interpolación doctrinal anacrónica, inaceptable en una obra de referencia.


La lectura reformada de Ezequiel 40–48

Desde la teología reformada, Ezequiel describe el futuro glorioso del pueblo de Dios mediante símbolos cultuales comprensibles para una audiencia exiliada cuyo mundo religioso giraba en torno al templo.

Esta visión debe entenderse:

  • tipológicamente, no arquitectónicamente;

  • cristológicamente, no nacionalistamente;

  • canónicamente, a la luz del Nuevo Testamento.

El libro de Apocalipsis retoma imágenes clave de Ezequiel (el río de vida, la sanidad de las naciones), pero declara explícitamente:

“No vi en ella templo alguno, porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo” (Ap 21:22).

Este dato canónico invalida definitivamente la idea de un templo literal eterno o milenial.


Conclusión

La doctrina dispensacionalista del templo y los sacrificios en el milenio carece de fundamento bíblico sólido, contradice la teología del sacrificio consumado de Cristo y se sostiene mediante una hermenéutica inconsistente. Más grave aún, su difusión en el mundo hispanohablante ha sido facilitada por prácticas editoriales cuestionables que atribuyen a autores reformados clásicos posiciones que nunca defendieron.

Desde la teología reformada, Ezequiel 40–48 no anuncia un retorno al antiguo sistema cultual, sino la consumación de la comunión entre Dios y su pueblo, realidad plenamente realizada en Cristo y definitivamente establecida en la nueva creación.

La Iglesia no espera un nuevo templo ni nuevos sacrificios, porque el Cordero ya fue inmolado una vez y para siempre, y en Él la morada de Dios con los hombres ha sido asegurada eternamente.


¡Piensa en esto cristiano!

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Bibliografía

  • Henry, M. Comentario Bíblico.
  • Hoekema, A. A. La Biblia y el Futuro.
  • Ryrie, C. C. Teología Básica.
  • Scofield, C. I. Biblia Anotada de Scofield.
  • Kline, M. G. The Structure of Biblical Authority.
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http://textosfueradecontexto.blogspot.com/2018/04/el-templo-del-milenio-y-sus-sacrificios.html?m=1