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sábado, 9 de marzo de 2019

¿Debemos Orar por la Paz de Jerusalén?




Un análisis reformado del Salmo 122 a la luz del Nuevo Pacto

Resumen

El Salmo 122:6, “Orad por la paz de Jerusalén”, ha sido frecuentemente interpretado en contextos evangélicos contemporáneos como un mandato perpetuo con implicaciones geopolíticas directas para el moderno Estado de Israel. Esta lectura, común en el dispensacionalismo y el sionismo cristiano, tiende a desvincular el texto de su contexto histórico–pactual y de su cumplimiento cristológico. El presente artículo ofrece un análisis exegético y teológico del Salmo 122 desde una cosmovisión reformada, sosteniendo que la exhortación a orar por la paz de Jerusalén pertenece a la antigua economía pactual y halla su cumplimiento pleno en Cristo y en la Iglesia, sin negar la legitimidad de orar por la paz de todas las naciones.

Introducción

En el debate teológico actual, rechazar el dispensacionalismo o el sionismo cristiano suele generar acusaciones de “teología del reemplazo” o incluso de antisemitismo. Sin embargo, estas imputaciones confunden categorías teológicas con posturas éticas o políticas. La teología reformada afirma con claridad la dignidad de todo pueblo humano y rechaza cualquier forma de odio o violencia, al tiempo que insiste en la correcta interpretación bíblica conforme a la revelación progresiva.

La cuestión central no es si los cristianos deben orar por la paz —pues la Escritura manda orar por todos los hombres y autoridades—, sino cómo debe entenderse bíblicamente el mandato específico de Salmo 122:6.
El Salmo 122 en su contexto histórico y literario


El Salmo 122 forma parte de los llamados Cánticos de Ascenso (Salmos 120–134), himnos entonados por los peregrinos que subían a Jerusalén para las festividades prescritas por la ley mosaica. En este contexto, Jerusalén no es presentada primariamente como una entidad política, sino como:
  • el lugar del templo,
  • el centro del culto verdadero,
  • el sitio donde reposaba la gloria de Yahvé,
  • la sede del trono davídico.
La paz anhelada para Jerusalén está íntimamente ligada a la presencia de Dios en medio de su pueblo, no a la prosperidad material ni a la supremacía militar. Interpretar el texto como una promesa automática de bendición para quienes apoyen políticamente a una ciudad moderna implica una lectura descontextualizada del salmo.

Jerusalén como realidad tipológica en la teología bíblica

Desde una perspectiva reformada, Jerusalén funciona como una realidad tipológica dentro de la antigua economía del pacto. Su importancia radica en su función simbólica como centro de la presencia divina, no en su permanencia geográfica indefinida.

Como ha señalado Kenneth L. Gentry, la Jerusalén terrenal cumplió su propósito histórico–redentor y alcanzó su clímax en la obra de Cristo. La destrucción de la ciudad y del templo en el año 70 d.C. marcó el cierre definitivo del antiguo orden cultual y el desplazamiento del centro de la fe desde una geografía específica hacia una persona: Jesucristo.

Este desplazamiento es coherente con la enseñanza de Jesús en Juan 4:21–24, donde el culto ya no se vincula a un monte o a una ciudad, sino a la adoración “en espíritu y en verdad”.

La paz en el marco del nuevo pacto

El concepto hebreo de shalom no se limita a la ausencia de conflicto, sino que incluye bienestar integral, orden pactual y reposo bajo el favor de Dios. En el Salmo 122, el término evoca tranquilidad y estabilidad dentro del marco del pacto mosaico.

El comentarista reformado Albert Barnes observa que esta paz no debe entenderse como una garantía automática de prosperidad, sino como una condición espiritual vinculada a la fidelidad del pacto. El Nuevo Testamento amplía y redefine este concepto al afirmar que la verdadera paz es la reconciliación con Dios por medio de Cristo (Rom 5:1).

Así, la Escritura dirige la mirada del creyente hacia la “Jerusalén de arriba” (Gál 4:26), identificada no con una ciudad terrenal, sino con la comunidad redimida que participa de las promesas del nuevo pacto.

Implicaciones eclesiológicas y pastorales

El artículo analizado acierta al afirmar que los cristianos pueden y deben orar por Jerusalén hoy, pero no en un sentido exclusivo ni sacralizado. Jerusalén se sitúa al mismo nivel que cualquier otra ciudad del mundo necesitada del evangelio.

Desde una eclesiología reformada, la Iglesia es descrita como la nueva ciudad de paz, en la cual:
  • Dios ha puesto su nombre,
  • Cristo reina como Hijo de David en su trono celestial,
  • el Espíritu Santo mora permanentemente,
  • se proclama la justicia del evangelio.
Orar por la paz de Jerusalén, en este marco, significa orar por la paz de la Iglesia, por su unidad, por su fidelidad doctrinal y por la expansión del evangelio entre todas las naciones.

Evaluación teológica

El artículo evita dos extremos comunes:
  1. el nacionalismo teológico que absolutiza una geografía, y
  2. el olvido del papel histórico de Israel en la redención.
Su fortaleza principal radica en afirmar que las promesas vinculadas a Jerusalén no son anuladas, sino cumplidas en Cristo. La paz que el creyente busca no fluye de una ciudad terrenal, sino de la cruz, donde Dios reconcilió consigo al mundo.

Conclusión

Desde una cosmovisión reformada, el mandato de Salmo 122:6 no puede ser separado de su contexto pactual ni trasladado acríticamente a la geopolítica moderna. Jerusalén fue una sombra gloriosa de una realidad mayor que se cumple en Cristo y en su Iglesia. La oración cristiana por la paz no se dirige a la exaltación de una ciudad específica, sino a la manifestación del Reino de Dios en todas las naciones.

La paz verdadera —la única duradera— es la paz que Dios concede a los pecadores justificados por la fe en Jesucristo. Fuera de Él, ninguna ciudad puede estar en paz; en Él, toda ciudad puede llegar a conocerla.

¡Gracia y paz!


jueves, 3 de mayo de 2018

Señales Antes del Fin: "Guerras y Rumores de Guerras"


Guerras y Rumores de Guerras

Jesucristo advirtió a sus discípulos que ellos "oirían de guerras y rumores de guerras" (Mt. 24:6), y que debían considerar estas señales como "el principio de dolores". Aunque estos conflictos no serían en sí "el fin", sí eran señales claras de que se acercaba ese fin anunciado: la destrucción del Templo y de la ciudad de Jerusalén (Mt. 24:1-3).

¿Qué sabían los discípulos sobre las guerras?

Muy poco. La generación de los discípulos de Jesús solo conocía de guerras por medio de la historia. El mundo conocido —"la tierra habitada" o oikoumenē, término común para referirse al Imperio Romano— gozaba de una paz generalizada tanto dentro como fuera de sus fronteras. El primer emperador romano, César Augusto, cerró las puertas del Templo de Jano en el año 24 a.C., las cuales solo se abrían en tiempos de guerra. Se acepta como inicio oficial de la llamada Pax Romana (1) el año 29 a.C., cuando Augusto proclamó el fin de las guerras civiles. Esta paz se extendió hasta la muerte del emperador Marco Aurelio en el año 180 d.C.

Cuando Jesús, en torno al año 30–33 d.C., pronunció su advertencia sobre guerras y señales del fin, toda su generación había nacido y crecido en tiempos de paz. Sus oyentes vivían bajo la estabilidad del Imperio Romano. Esta realidad hace más significativa la advertencia sobre “rumores de guerras”, ya que para aquella generación significaba una ruptura inusual de la paz.

La señal para escapar: el fin se acercaba

Jesús no solo predijo la aparición de rumores de guerra, sino que instruyó a sus discípulos a estar preparados para huir cuando vieran la “abominación desoladora” (Mt. 24:15–16). Por ello dijo: "los que estén en Judea huyan a los montes". El llamado a orar para que la huida no fuese en invierno ni en día de reposo (v. 20) subraya la inminencia del peligro y la necesidad de actuar con rapidez.

Esta profecía se cumplió cuando estalló la revuelta judía en el año 66 d.C., dando inicio a la guerra contra Roma que culminó con la destrucción de Jerusalén y su Templo en el año 70 d.C. Según Eusebio de Cesarea, los cristianos de Jerusalén, obedeciendo una revelación divina, huyeron a la ciudad de Pella en la región de Perea. Eusebio escribe:

“El pueblo de la Iglesia de Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes de la guerra y de vivir en otra ciudad de Perea (la que llaman Pella), por un oráculo transmitido por revelación a los notables de aquel lugar... La justicia de Dios vino sobre los judíos por el ultraje al que sometieron a Cristo y a sus apóstoles.” (Historia Eclesiástica, III.5.3)

El fin de la paz: el año de los cuatro emperadores

La Pax Romana comenzó a fracturarse no solo por la revuelta judía sino también por una cadena de conflictos internos en el Imperio. Tras el suicidio de Nerón en el año 68, Roma entró en un período de guerras civiles. El historiador Tácito describió este tiempo como un tiempo de desastres, violencia interna, incendios y caos político, afirmando que nunca hubo mayor evidencia de que los dioses habían abandonado a Roma:

"Un período de desastres, horrible por sus guerras, inundado por guerras civiles... Cuatro emperadores perecieron a espada... el mar estaba lleno de exiliados y sus costas contaminadas de sangre." (Historias, I, resumen).

Este caos interno coincidía con la desintegración de la paz que había caracterizado la vida de los primeros oyentes de Cristo. Tal como señala Kenneth L. Gentry:

"Las señales de Mateo 24 no fueron diseñadas para describir acontecimientos generales de la historia de la Iglesia, sino señales específicas dadas a esa generación. [...] El contexto, el auditorio, y la historia misma, apuntan a la destrucción de Jerusalén como su cumplimiento" (The Great Tribulation: Past or Future?, 1999).

Milton S. Terry, otro exponente del preterismo parcial, afirmó:

"El lenguaje apocalíptico usado por Jesús en los Evangelios debe interpretarse en armonía con los usos proféticos del Antiguo Testamento, y no como descripciones literales del fin del mundo" (Biblical Hermeneutics, 1890).

Evidencia interna: Jerusalén gozaba de paz

El libro de Hechos aporta una evidencia textual del contexto pacífico previo a la guerra. En Hechos 24:2–3, Tértulo, abogado del Sanedrín, presenta su acusación contra Pablo ante el procurador Félix y comienza diciendo:

"Gracias a ti gozamos de mucha paz, y por tu previsión se han hecho notables mejoras en esta nación. Siempre y en todo lugar lo aceptamos con toda gratitud, oh excelentísimo Félix."

Este evento tuvo lugar alrededor del año 58–60 d.C., pocos años antes del inicio de las guerras anunciadas por Jesús.

Conclusión

Jesús fue claro: "no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca" (Mt. 24:34). Las "guerras y rumores de guerras" no fueron eventos lejanos (2025 d.C.) ni simbólicos, sino acontecimientos concretos que esa generación (la generación de Jesucristo) vio con sus propios ojos. El cumplimiento preciso de las palabras de Cristo demuestra su autoridad profética, la fidelidad de Dios a sus decretos, y el poder de una exégesis contextual frente a lecturas sensacionalistas y futuristas del texto bíblico.


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Nota extra: que fácil es identificar aquí en este pasaje de Hechos a la «novia infiel» agradeciendo a la «bestia» por esa «paz y seguridad» que le ofrecía.


miércoles, 14 de marzo de 2018

Se Incrementa el "Mesianismo Evangélico"


Cada vez vemos más evangélicos abrazando el "mesianismo evangélico". Así lo denominamos a esa mezcla de elementos relacionados con Israel + evangelicalismo.

Entre estos elementos están:
  • Identificación con el Estado de Israel (como tener una bandera en su altar)
  • Redefinir la Ley (torah)
  • Afirmar que Jesús era de "religión judía" y sus enseñanzas se basaron en la Torah
  • Volver (estudiar-rescatar) a raíces hebreas
  • Relevancia de los autodenominados rabinos
  • Dejar de usar "Jesús" y cambiarlo por algo que suene a hebreo
  • Introducir en el argot o gerga evangélica términos en hebreo (hebreñol)
  • Usar (introducir) artefactos del culto judío como shoffar, o kipá, o un manto.
  • Unitarismo (progresivo) a la vista. Negación de la Trinidad. No creen en la divinidad de Jesucristo.
  • Negación del Nuevo Testamento como canon para el cristianismo.
  • Afirmar que el Nuevo Testamento fue escrito en hebreo y que luego fue corrompido
  • Escatología Israel-céntrica futurista
  • Anhelo de la reconstrucción de un templo (como si fuera necesario volver a tener sacrificios)
  • Publicación (privada) de versiones de la Biblia con supuestas "correcciones" (judaizantes obviamente)
  • Amor (susceptible) por los judíos modernos y por el Estado de Israel
  • Observación de noticias y acontecimientos (como guerras, catástrofes o personajes) como "señales de los últimos tiempos".
Lo que se nos viene en los próximos años es una avalancha de judaizantes modernos decididos a atropellar el cristianismo ortodoxo.

Nuestra preocupación es sincera. Ya vimos contactos con imágenes de la bandera del Estado de Israel en sus perfiles o portadas de facebook. A otros los he visto siguiendo y posteando de páginas "pro-Israel". Pero mayormente, de contactos que rebaten fuertemente el uso de "Jesús", y prefieren Yashua o Yeshua.

También, veo con asombro hermanos que en sus iglesias tienen elementos como una Menorá, un Arca del pacto, tocan shoffar, etc. Esto se podría denominar "sincretismo".

El problema judaizante viene siendo enfrentado desde los principios de la iglesia cristiana. Pablo escribió a los Gálatas (49 A.D.) para, entre otros propósitos, condenar la práctica judaizante. Muchos judíos se habían convertido al cristianismo y querían imponer la ley mosaica sobre los cristianos gentiles. Estas personas pasaron a ser conocidas como los "judaizantes". Esta cuestión entre judaísmo y cristianismo recorre el Nuevo Testamento y aún encuentra espacio en la iglesia actual.

Los judaizantes modernos enseñan que los creyentes deben guardar las fiestas judías como la fiesta de los tabernáculos, leer la Torah y guardar el sábado. Es común ver algunos usando kipás , buscando conexiones genealógicas para que puedan obtener nacionalidad judía, entre otras cosas. Incluso en los cultos de algunas iglesias, se han insertado canciones y danzas judías. 

Cada vez más, cantantes, "ministros de alabanza" y conjuntos diversos se titulan como "levitas del Señor" en referencia al sacerdocio Levítico del Antiguo Pacto.

En nombre de supuesto amor a Israel (que no es otra cosa que un amor al Estado de Israel) la bandera de la nación se pone de relieve en la iglesia, el shofar es tocado y se promueven las fiestas con la promesa de una nueva unción sobre la vida de quien participa de tales celebraciones. Hay iglesias donde las personas no pueden adentrarse en el templo de sandalias o zapatos y están orientadas a quitar los calzados, pues, según enseñan, van a pisar tierra santa. El candelabro, el arca de la alianza y otros utensilios del tabernáculo son ostentados en los cultos y considerados objetos "sagrados". (Sincretismo).

Hay un fetichismo con tierra santa, arena santa, agua santa, sal santo, hoja de olivo santa, etc. En el cristianismo las personas son santas, pero las cosas no. De esta forma la práctica judaizante camina paralelamente con la superstición y la brujería. Es pariente de la paganización. Todo esto es producto de una hermenéutica defectuosa por donde usted lo desee ver.

Pablo enseñó a los Gálatas que volver a las prácticas y ceremoniales de la Ley era caer de la gracia. El concilio apostólico de Jerusalén, cuya mención histórica se halla en el capítulo quince del libro de Hechos de los Apóstoles, decidió que las costumbres judías no eran obligatorias para los cristianos. La circuncisión, el guardar el sábado, los ceremonias y fiestas judías, por ejemplo, fueron abolidas tanto para judíos como para gentiles. En otras palabras, la religión judía ya caducó. Dios no está en la supuesta religión judía actual.

"Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. Vosotros corríais bien; ¿quién os estorbó para no obedecer a la verdad? Esta persuasión no procede de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa. Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea." - Gálatas 5.1,8-10 RV60

Sin embargo, estas prácticas entran sutilmente en la liturgia del culto evangélico y necesitan ser erradicadas. Se espera de los líderes que sean firmes en la defensa de la fe cristiana. Es necesario promover estudios bíblicos acerca de la salvación por la gracia. Los púlpitos de las iglesias no pueden ser cedidos a cantantes o predicadores adeptos de tales modismos. El líder que permite o autoriza prácticas judaizantes en la iglesia se iguala a los que invalidan la cruz de Cristo.
"¡Presten atención! Yo, Pablo, les digo lo siguiente: si dependen de la circuncisión para hacerse justos ante Dios, entonces Cristo no les servirá de nada. 3 Lo repito: si pretenden lograr el favor de Dios mediante la circuncisión, entonces están obligados a obedecer cada una de las ordenanzas de la ley de Moisés. 4 Pues, si ustedes pretenden hacerse justos ante Dios por cumplir la ley, ¡han quedado separados de Cristo! Han caído de la gracia de Dios." -Gálatas 5.2-4 NTV
 Tenga cuidado, quizá usted está cayendo en estas herejías.