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viernes, 11 de agosto de 2023

Como el relámpago sale del oriente - Kenneth L. Gentry, Jr



Los cristianos están muy conscientes del significado histórico-redentor sin paralelo de la encarnación, la crucifixión, la resurrección y la ascensión de Cristo. Estamos igualmente bien informados de Su victorioso derramamiento del Espíritu Santo sobre la Iglesia en Pentecostés. Sin embargo, muy pocos creyentes están apercibidos del significado del derramamiento de la santa ira de Cristo sobre Jerusalén en el año 70 d. C.


El Antiguo Testamento está repleto de signos y símbolos que prefiguran la obra de Cristo.
Aún así, los acontecimientos del año 70 d. C. ocupan un lugar importante en la profecía del Nuevo Testamento, sirviendo como una dramática consecuencia de la primera venida. El holocausto del año 70 d. C. aparece en varias profecías en el Evangelio de Lucas (Lc 13:32-35; 19:41-44; 21:20-24 y 23:28-31). Además, no solo es el tema de muchas de las parábolas del Señor (por ejemplo, Mt 21:33-45; 22:1-14), sino que es incluso la causa de Su triste lamento por Jerusalén (Mt 23:37). Y ese lamento introduce uno de Sus más largos discursos registrados, uno que inicialmente se centra en ese trágico año (Mt 24–25).

Consideremos el significado del año 70 d. C. en cuatro áreas:

Corrobora la autoridad de Cristo
La catástrofe del año 70 d. C. es el resultado de la palabra profética de Cristo, lo que corrobora Su autoridad mesiánica de una manera dramática. El año 70 d. C. demuestra que Su profecía no es solo una palabra verdadera de Dios (Dt 18:22) sino una palabra de juicio contra el pueblo de Dios.

La petición de los discípulos de una «señal» que marcara «la consumación de este siglo» (Mt 24:3) es lo que suscita el Discurso de los Olivos en Mateo 24 y 25. Hasta el 24:34, Jesús se enfoca en la destrucción de Jerusalén: la devastación de la ciudad santa y la conflagración de su santo templo se convierten en «la señal del Hijo del Hombre en el cielo» (v. 30, RV60). De modo que, cuando el holocausto del primer siglo estalla sobre Israel, definitivamente manifiesta la autoridad divina de Aquel que está ahora en el cielo (ver Mt 26:59-64; Lc 23:20-31).

Muchos cristianos no entienden el significado de la venida de Jesús sobre las nubes en Mateo 24:30 por dos razones. Primero, no están familiarizados con los pasajes apocalípticos del Antiguo Testamento en los que los juicios divinos se manifiestan con venida de nubes (Is 19:1). Segundo, pasan por alto las pistas interpretativas en Mateo 24: la mención de la destrucción del templo (v. 2), el enfoque en Judea (v. 16) y la proximidad temporal de todos los eventos entre los versículos 4 y 34 (v. 34). De hecho, Jesús advierte a los mismos hombres que lo juzgaban: «Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo sobre las nubes del cielo» (Mt 26:64b).

Ciertamente, así es como la Iglesia primitiva leía Mateo 24. Refiriéndose al año 70 d. C., Eusebio destaca «el pronóstico infalible de nuestro Salvador en el cual Él expuso proféticamente estas mismas cosas» (Historia eclesiástica, 3:7:1).


Concluye la antigua economía
El Antiguo Testamento está repleto de signos y símbolos que prefiguran la obra de Cristo. Sin embargo, la naturaleza misma de esa era tipológica exige que esta fuera un paso temporal hacia la plena conclusión redentora e histórica que Cristo propició , una etapa pasajera que avanza hacia un gran clímax. En efecto, la vitalidad del nuevo pacto no podía estar contenida en las restricciones del antiguo pacto de un pueblo étnico, una tierra geográfica y un templo tipológico, ya que «nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden» (Mt 9:17a).

El Nuevo Testamento frecuentemente señala este cambio inminente en la administración pactual. Por ejemplo, Hebreos 8:13 declara: «Cuando Él dijo: “Un nuevo pacto”, hizo anticuado al primero; y lo que se hace anticuado y envejece, está próximo a desaparecer». De hecho, el libro de Hebreos advierte a los judíos conversos que no se regresen al judaísmo, especialmente «al ver que el día [año 70 d. C.] se acerca» (Heb 10:25). Tal apostasía los regresaría a una copia material y a punto de desaparecer de la verdad, porque Cristo ha llevado al pueblo de Dios a «un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos» (Heb 9:11; cp. 9:24). Dejando a un lado las estructuras del antiguo pacto, el año 70 d. C. asegura el esquema final del nuevo pacto.


Confirma el ministerio a los gentiles
La Iglesia primitiva estuvo tentada a descansar satisfecha en la misión judía (lo atestigua la experiencia de Pedro en Hechos 10-11). Con el creciente ministerio de Pablo, esto comienza a cambiar. Este importante cambio de enfoque de una misión judía palestina a una misión gentil mundial es finalmente sellada en el año 70 d. C.

Regresando a Mateo 24, vemos que a raíz de la destrucción del templo, Cristo enviará a Sus «mensajeros» (angeloi en griego, aquí son mensajeros humanos) «con una gran trompeta y reunirán a Sus escogidos de los cuatro vientos» (Mt 24:31a). Así que, en la caída de Jerusalén, el jubileo final (ver Lv 25), la salvación eterna, será declarada para todo el mundo. Ahora que las restricciones del antiguo pacto son eliminadas para siempre, el mundo se convierte en el campo de misión para la Iglesia.

Ciertamente, Pablo relaciona proféticamente el éxito final de la misión a los gentiles con la «caída» de Israel, es decir, su tropiezo con Cristo y la consecuente destrucción del año 70 d. C. Porque su caída es «riqueza para el mundo» y su fracaso es «riqueza para los gentiles» (Rom 11:12). En verdad, el «excluirlos a ellos es la reconciliación del mundo» (Rom 11:15a).


Nos confronta con Su severidad
El año 70 d. C. enfatiza la realidad, no solo de la bondad de Dios, sino también de Su severidad. Pablo advierte a los que se autodenominan el pueblo de Dios: «Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en Su bondad; de lo contrario también tú serás cortado» (Rom 11:22).

La «severidad» que cae sobre los judíos en el año 70 d. C. muestra el juicio de Dios sobre su incredulidad y rebelión. Aunque Israel tenía una herencia gloriosa (Rom 9:3-5), aunque su «raíz es santa» (Rom 11:16), esta severidad ilustra trágicamente las consecuencias de fallar en una responsabilidad santa. Todos debemos aprender la lección aquí expuesta: «A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él» (Lc 12:48b). El juicio de Israel en el año 70 d. C. enfatiza la impresionante obligación que resulta del llamamiento divino. Pero mientras Israel se marchita bajo el calor abrasador de la severa ira de Dios, los gentiles florecen en las frescas aguas de la buena misericordia de Dios (Rom 11:12,15; Hch 13:46-47). Tal es la bondad de Dios. No obstante, los gentiles también deben tomarse en serio la lección, «porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará» (Rom 11:21).

El fantasma del año 70 d. C. persigue el registro del Nuevo Testamento (siendo profetizado frecuente y vigorosamente). Su ocurrencia impacta dramáticamente la historia del primer siglo (siendo uno de sus eventos más fechables y catastróficos) y confirma importantes verdades históricas y redentoras (la autoridad suprema de Cristo, la conclusión de la economía del antiguo pacto, la naturaleza universal del Evangelio y el juicio de Israel) e imparte importantes lecciones prácticas para nosotros (nuestro alto llamado conlleva obligaciones santas). Haríamos bien en aprender de los caminos de Dios entre los hombres.

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Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
El Dr. Kenneth L. Gentry, Jr. Es un ministro presbiteriano jubilado, autor de numerosos libros de teología y estudios bíblicos y conferencista que ha hablado en toda América, en el Caribe y en Australia. Es un cristiano conservador, evangélico y reformado.

martes, 18 de mayo de 2021

Persecución Antes de la Gran Tribulación del Año 70 d.C.

 


EVIDENCIA INTERNA Y EXTERNA DEL CUMPLIMIENTO DE LAS PALABRAS DE JESÚS

Jesús anunció, en su sermón escatológico, que antes de la destrucción del templo, sus discípulos vivirían persecuciones intensas:

“Os entregarán a tribulación… os perseguirán… seréis llevados ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre.”
(Lucas 21:12; Mateo 24:9)

La pregunta es: ¿Ocurrieron estas cosas antes del año 70 d.C., tal como Jesús aseguró?

La evidencia interna (Nuevo Testamento) y externa (historia romana y judía) responde con un rotundo .

I. EVIDENCIA INTERNA: EL NUEVO TESTAMENTO CONFIRMA EL CUMPLIMIENTO

1. Hechos 8:1 — Persecución generalizada en Jerusalén

“Aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén…”

✔ Esto ocurre pocos años después de la ascensión de Jesús.
✔ Se cumple exactamente la secuencia de Lucas 21: primero persecución, luego la caída de Jerusalén.
✔ La persecución comienza en Jerusalén, el epicentro mismo donde Jesús dijo que iniciaría (Mt. 23–24).

2. 1 Tesalonicenses 2:14–16 — Israel está “llenando la medida de sus pecados”

Pablo escribe:

“…colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo.”

✔ Pablo interpreta la persecución como señal del juicio inminente sobre Israel, igual que Jesús en Mateo 23:35–36.
✔ Pablo usa el verbo en tiempo aoristo:
la ira “vino”, es decir, ya está en proceso de caer.
✔ Esto encaja perfectamente con el juicio del año 70.

3. Hebreos 10:32–34 — Tribulación intensa antes del 70 d.C.

“Después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos… despojo de vuestros bienes…”

✔ Hebreos fue escrito mientras el templo aún existía (Heb. 8–10), antes del 70.
✔ Los cristianos ya estaban sufriendo:
– confiscación de propiedades
– encarcelamientos
– violencia social y religiosa

Lo que Jesús anunció ya estaba sucediendo.

II. EVIDENCIA EXTERNA: FUENTES HISTÓRICAS CONFIRMAN PERSECUCIÓN ANTES DEL 70 D.C.

Los registros se alinean perfectamente con las palabras de Cristo.

1. Persecuciones bajo las autoridades judías

Las primeras persecuciones no provinieron de Roma sino de los propios judíos, tal como Jesús predijo:

“Os entregarán a las sinagogas…”
(Lucas 21:12)

Josefo documenta repetidamente la violencia de líderes judíos contra sus propios compatriotas.
Hechos refleja esta realidad al mostrar:

  • azotes en sinagogas (Hechos 22:19)

  • apedreamiento de Esteban (Hechos 7)

  • conspiraciones para matar a Pablo (Hechos 9, 23)

  • autoridades judías exigiendo a Roma encarcelar cristianos (Hechos 24)

Esto es consistente con la hostilidad descrita por Pablo en 1 Tesalonicenses 2:15.

2. Persecuciones bajo Nerón (64 d.C.)

Tácito registra la brutalidad del emperador Nerón contra los cristianos:

“Una inmensa multitud fue entregada al suplicio… cubiertos de pieles de bestias, desgarrados por perros, o crucificados, o quemados para iluminar la noche.”
(Tácito, Anales, XV.44)

✔ La persecución neroniana ocurrió antes del 70.
✔ Cumple literalmente lo que Jesús anunció:

“Seréis odiados de todas las naciones por causa de mi nombre.”
(Mateo 24:9)

Roma globalizó la persecución.

3. Plinio, Suetonio y otros confirman persecuciones tempranas

Aunque sus escritos son posteriores, confirman que los cristianos fueron perseguidos desde el siglo I.

Suetonio, Vida de Claudio:

“Hubo expulsión de judíos por disturbios impulsados por Cresto.”

Probablemente referencia temprana a conflictos con cristianos.

CONCLUSIÓN: JESÚS NO FALLÓ EN SU PROFECÍA

Cuando se combinan:

✔ Las persecuciones internas (Hechos, Tesalonicenses, Hebreos)

✔ Las persecuciones externas (Tácito, Suetonio, Nerón)

✔ Los registros de hostilidad judía (Josefo)

Todo muestra que las palabras de Jesús se cumplieron dentro de aquella generación (Mateo 24:34).

La persecución descrita por Jesús no apunta a un futuro escatológico lejano, sino al período inmediatamente anterior: La caída de Jerusalén y la destrucción del templo en el año 70 d.C.

Este patrón confirma la tesis preterista parcial:

  • La venida en juicio del Hijo del Hombre ocurrió en el año 70.

  • La seguna venida física, corporal y final todavía es futura.

Jesús no profetizó en vano. La historia lo verificó.


¡Piensa en esto cristiano!

lunes, 19 de abril de 2021

jueves, 28 de enero de 2021

¿SI LA GRAN TRIBULACIÓN ES MUNDIAL DE QUÉ SERVIRÍA "HUIR A LOS MONTES"?









Un análisis exegético, histórico y apologético de Mateo 24:15–18


Estamos completamente seguros de que la gran tribulación Mateo 24 fue local, es decir circunscrita a una área geográfica de Judea ya que una forma de salvarse (de esa calamidad) sería “huyendo a los montes”.  

En mi país hay un pueblo que ha sido azotado por los fenómenos de la naturaleza en más de una ocasión. Me refiero a Yungay, una localidad de Áncash que fue sepultada por un alud el 31 de mayo de 1970, un domingo a las 3:25 de la tarde.

Los sobrevivientes fueron, en su mayoría, quienes se encontraban en las montañas aledañas o aquellos que lograron correr hacia ellas a tiempo. Entre estos se encontraba el científico Mateo Casaverde, quien, acompañado del geofísico francés G. Patzelt y de su esposa, se hallaba en Yungay en el mismo instante del sismo. La descripción que ofrece de la catástrofe es verdaderamente conmovedora:
“Íbamos de Yungay a Caraz cuando comenzó el terremoto, cerca del cementerio. Al detenernos, escuchamos un ruido profundo que venía del Huascarán y vimos una enorme nube de polvo: el nevado se estaba viniendo abajo. Eran alrededor de las 3:24 de la tarde. Comprendimos que el único lugar relativamente seguro era el cementerio, ubicado sobre una colina, y corrimos hacia allí... Desde lo alto alcancé a mirar Yungay justo cuando una gigantesca ola de lodo, de decenas de metros de altura, se abalanzaba sobre la ciudad. Parte del alud pasó a pocos metros de nosotros y el cielo se oscureció por el polvo. Cuando todo terminó y miramos atrás, Yungay había desaparecido por completo, junto con miles de sus habitantes.” 
Como narra esta historia, y como muchos otros testigos oculares me lo han contado, “correr al cementerio” fue una de las pocas formas de salvarse ¿por qué? Porque estaba situado en una zona alta, donde el alud no pudo alcanzarlos. 

Uno de los puntos más debatidos dentro de la escatología cristiana es la naturaleza de la llamada “gran tribulación” anunciada por Jesucristo en el discurso del Monte de los Olivos (Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21). La interpretación futurista y dispensacionalista dominante en gran parte del evangelicalismo contemporáneo sostiene que dicha tribulación sería un evento global, universal y futuro, inmediatamente anterior a la Segunda Venida visible de Cristo.

Sin embargo, una lectura atenta del texto bíblico —especialmente de las instrucciones prácticas que Jesús da a sus discípulos— plantea una dificultad significativa para esta interpretación. En particular, el mandato de “huir a los montes” suscita una pregunta hermenéutica fundamental:

Si la gran tribulación fuera mundial, ¿qué sentido tendría huir a un lugar específico?

Este artículo sostiene, desde una perspectiva preterista parcial, que la lógica interna del texto exige entender la gran tribulación como un evento histórico, localizado y pactual, cumplido en el siglo I con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.

1. El mandato de huir y su presuposición geográfica

Mateo 24:15–18 declara:

“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea, huyan a los montes. El que esté en la azotea, no descienda para tomar algo de su casa; y el que esté en el campo, no vuelva atrás para tomar su capa.”

Este texto contiene indicaciones geográficas precisas:

  • Judea

  • Montes

  • Azoteas

  • Campos

  • Casas

Estas referencias carecen de sentido si se presupone una tribulación de alcance planetario. No se huye de un juicio global desplazándose unos kilómetros, sino únicamente de una calamidad localizada.

La orden de Jesús presupone:

  1. Un peligro concreto y delimitado.

  2. Una zona de riesgo identificable.

  3. Una posibilidad real de escape físico.

Esto es incompatible con la idea de una tribulación mundial simultánea.

2. Lucas como clave interpretativa: Jerusalén rodeada de ejércitos

El principio hermenéutico clásico Scriptura Scripturam interpretatur exige permitir que los pasajes paralelos se expliquen mutuamente. En este sentido, Lucas 21:20–22 resulta decisivo:

“Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse… porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.”

Lucas elimina toda ambigüedad:

  • La “abominación desoladora” equivale a Jerusalén sitiada por ejércitos.

  • El evento es histórico, no simbólico.

  • El juicio está dirigido contra “este pueblo” (Israel del siglo I).

Así, Mateo, Marcos y Lucas describen el mismo acontecimiento, desde perspectivas complementarias.

3. La lógica de la huida: analogía histórica y principio universal

En situaciones históricas de destrucción localizada, la huida hacia zonas elevadas ha sido un medio racional de preservación de la vida. Catástrofes como asedios militares, aludes, inundaciones o invasiones permiten supervivencia cuando existe distancia geográfica respecto del epicentro del desastre.

Jesús no está describiendo un colapso cósmico, sino una conflagración histórica que permitiría obediencia práctica a su advertencia. El mandato de huir no es simbólico ni espiritualizado: es literal, urgente y concreto.

4. Testimonio histórico: la huida a Pella

La evidencia histórica confirma que los cristianos del siglo I entendieron las palabras de Jesús de forma literal y actuaron en consecuencia. Eusebio de Cesarea (siglo IV), considerado el principal historiador de la Iglesia primitiva, escribe:

“El pueblo de la iglesia de Jerusalén recibió el mandato de abandonar la ciudad antes de la guerra y habitar en Pella, en Perea, por una revelación transmitida a los dirigentes. Así, los creyentes emigraron de Jerusalén, y la justicia de Dios vino sobre los judíos…”
(Historia Eclesiástica, III.5.3)

Este testimonio es crucial:

  • Confirma una interpretación preterista temprana.

  • Muestra que la Iglesia primitiva no esperaba una tribulación mundial futura.

  • Demuestra que la profecía de Jesús fue obedecida y cumplida.

5. Implicaciones hermenéuticas y teológicas

Si la gran tribulación:

  • Permitió huida geográfica,

  • Afectó específicamente a Judea y Jerusalén,

  • Fue anunciada como juicio contra “esta generación” (Mt 24:34),

  • Y fue reconocida como cumplida por historiadores cristianos tempranos,

entonces resulta metodológicamente insostenible proyectarla a un futuro global indefinido sin violentar el texto.

La interpretación futurista:

  • Desconecta el discurso de su contexto histórico inmediato.

  • Ignora las instrucciones prácticas de Jesús.

  • Introduce supuestos ajenos al texto bíblico.

Conclusión pastoral y apologética

La pregunta inicial permanece con toda su fuerza:

Si la gran tribulación fuera mundial, ¿de qué serviría huir a los montes?

La respuesta es clara: no serviría de nada.
Precisamente porque sí servía —y sirvió—, debemos concluir que Jesús hablaba de un juicio histórico localizado, no de una catástrofe global futura.

Esto no minimiza la seriedad del pasaje, ni niega la Segunda Venida futura de Cristo en gloria. Al contrario, honra la fidelidad profética de Jesús, quien anunció un juicio concreto que se cumplió exactamente como lo dijo.

Además, esta lectura fortalece la confianza del creyente:

  • Cristo gobierna la historia.

  • Sus palabras no fallan.

  • Sus advertencias no son vagas ni simbólicas sin anclaje real.

La gran tribulación fue real, fue terrible y fue definitiva para el orden del Antiguo Pacto. Pero también fue la confirmación histórica de que Jesús es el verdadero Profeta, Señor y Juez de su pueblo.

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” (Mateo 24:35)



¡Piensa en esto cristiano!



jueves, 2 de abril de 2020

El Respaldo de los Sinópticos



COMPARACIÓN: Mateo 24.2-3  //  Marcos 13.2-4   //   Lucas 21.5-7
"Cuando Jesús salió del templo y se iba, se acercaron sus discípulos para mostrarle los edificios del templo. Respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada. Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?"
"Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada. Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?"
"Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida. Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder?

Jesús viene hablando en el Templo y antes de salir de él para "sentarse en el monte de los Olivos" (el cual está a unos doscientos metros del Templo y desde donde se podía ver su belleza) emite un decreto de destrucción:
"¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta." (Mateo 23.37-38)

Salen del Templo Jesús y sus discípulos. Jesús acababa de dictar la sentencia de destrucción del Templo. Los discípulos entendieron que el juicio contra esa generación malvada terminaría con la destrucción del Templo y todo lo que él representaba: el sistema de sacrificios del Antiguo Pacto. Llegaba el Fin de la Era de Moisés. El mesías estaba ya con ellos y "la sombra" había cumplido ya sus propósitos, así que estaba destinado a desaparecer.

La nueva era, la del Mesías Rey ¿Sería un gobierno mundial con cede en Jerusalén? El Rey ya estaba entre ellos ¿Este Rey destruiría el Templo para construir su nueva ciudad con un nuevo templo? ¿nombraría oficiales y generales? ¿formaría un gran ejercito? ¿derrocaría al emperador y dominaría sobre sus enemigos? ¿Cuales eran las profecías y promesas del Rey Mesías?

Son varias las profecías de ese "Mesías Rey". Tenemos a Isaías 9:6-7: "...Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre...". Jeremías 23:5: "...levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra". Lucas 1.32-33 (2 Samuel 7.13): "... será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin". Zacarías 9:9: "...he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno".

(1) ¡Qué Templo!
Entonces los discípulos tienen en mente que la destrucción del Templo daría lugar a la Llegada del Reino ¿Pero, por qué destruir el Templo? ¿Por qué tirar abajo una construcción tan maravillosa? Esta comprensión les lleva a decirle a Jesús:
"Mira qué templo Señor, qué piedras preciosas, mira qué edificios"
(2) El Anuncio de Destrucción del Templo.
Parece que con ello le están diciendo "¿Por qué destruir esto tan hermoso?". Y Jesús vuelve a dar la sentencia de destrucción:
"Ved estos edificios, no quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada"

(3) ¿Dónde estaban?
Jesús y sus discípulos estaban en el Templo, pero ahora ellos salen y se sientan en el monte de los olivos, esto lo registra solamente Marcos:
"...y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo"
(4) ¿Quiénes hicieron la Pregunta?
Una vez en el monte, después de caminar unos minutos desde la salida del templo hasta llegar al monte de los Olivos, después de meditar sobre lo que acababa de decretar: la destrucción del templo; los discípulos tienen una pregunta. Pero no van los doce a hablar con Jesús, la verdad lo que acababa de decir les había puesto en pánico, y no se atrevían preguntar todos, por ello Marcos registra que fue un grupo reducido el que lanzó la pregunta del siglo:
"Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte"
(5) Pregunta I: ¿Cuándo?
Aquí debemos prestar atención a los tres autores. Ellos le hacen una sola pregunta. Los discípulos desean saber el tiempo en el que acontecerá "estas cosas":
"...cuándo serán estas cosas" 
 ¿Qué cosas? La destrucción del Templo judío.

(6) Pregunta II en consecuencia de la Pregunta I: ¿Qué señal habrá...?
Bien, ellos desean saber ¿cuándo será la destrucción del templo? y con ello la venida del Reino, pues si su Rey Mesías está allí con ellos, es necesario que les diga cuándo sucederán esas cosas porque con ese suceso vendría la instalación del Reino Mesiánico. Ellos lo tienen claro. Pero Mientras que Marcos y Lucas solo registran que su pregunta incluye "una señal de cuando estén por suceder esas cosas" Mateo incluye que "esas cosas son al mismo tiempo su parousía y el fin del siglo".
Mateo: "... qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo"
Marcos: "qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse"
Lucas: "qué señal habrá cuando estas cosas estén para suceder".
La pregunta sobre la señal es la misma en Marcos y Lucas, y en Mateo; solamente que Mateo le da un enfoque más técnico a dichas "cosas", puesto que esas cosas eran "su parousia y el fin del siglo". No se trata de que Marcos y Lucas registran una cosa, y Mateo registra otra. Tampoco significa que Marcos y Lucas no escucharon esa parte de la pregunta de los discípulos por eso no lo escribieron. Un dato aquí a considerar es que Marcos se escribió primero que Mateo y Lucas, pero Lucas se escribió después que Marcos y Mateo, es decir los tres evangelistas están escribiendo una sola y única cosa.

Entonces, sin lugar a dudas, los autores tienen en mente un único evento a suceder, "aquellas cosas", es decir "la destrucción del templo" era "la parousia y el fin del siglo o consumación de la era". ¿De cuál era? pues de la era del Templo, del sistema de sacrificios, de los rituales y las sombras.

¿Por qué Mateo incorpora aquí el termino "parousia" que se traduce como "venida"? Porque Mateo viene registrando previamente dos ocasiones cuando Jesús ya anunciado esa "venida". la primera de ellas está en Mateo 10.23:
"Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre."

Jesús mismo les anuncia que "el Hijo del Hombre vendrá". Pero ¿acaso ya no está entre ellos el Hijo del Hombre? Así es, el Hijo del Hombre ya está entre ellos, así que ese anuncio de la "venida del Hijo del Hombre" es el anuncio de Daniel 7.13-14 que dice:
"...he aquí con las nubes del cielo VENÍA uno como un hijo de hombre, que VINO hasta el Anciano de días..." 

Daniel no dice que "el Hijo del Hombre está viniendo" del cielo a la tierra. Claramente leemos que "el Hijo del Hombre está viniendo al Padre". El verbo "venir" aquí significa "ir" o "venir". Suena raro ¿cierto? Pero así es el griego usado en este versículo. Por esa simple razón la versión Biblia de las Américas lo traduce así:
"...he aquí, con las nubes del cielo VENÍA uno como un Hijo de Hombre, que SE DIRIGIÓ al Anciano de Días..."
ἐθεώρουν ἐν ὁράματι τῆς νυκτὸς καὶ ἰδοὺ μετὰ τῶν νεφελῶν τοῦ οὐρανοῦ ὡς υἱὸς ἀνθρώπου ἐρχόμενος ἦν καὶ ἕως τοῦ παλαιοῦ τῶν ἡμερῶν ἔφθασεν καὶ ἐνώπιον αὐτοῦ προσηνέχθη (Septuaginta)

Según Vine, ἐρχόμενος o "ercomai": "es el verbo mas frecuente que significa tanto ir como venir". Entonces, Daniel no está hablando de una "venida del Hijo del Hombre" del cielo a la tierra. Pero Jesús lo emplea, y lo que nos quiere decir es que "el Hijo del Hombre va al Padre" para recibir "poder y dominio". Para ser "entronizado". Como dice Daniel 7.14:
"Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido."
Entonces los discípulos están recordando Mateo 10.23, de que "el Hijo del Hombre vendrá..." para "...que le sea dado dominio, gloria y reino...". Pero los discípulos de Jesús también tienen en mente Mateo 16.27-28 que dice:
"Porque el Hijo del Hombre vendrá... De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino."

Por lo tanto, la sentencia de destrucción del Templo que significan el fin de la era mosaica con su sistema de sacrificios, los anuncios previos sobre "el Hijo del Hombre recibiendo la gloria del Padre, el poder y el dominio...", y la presencia de Jesús allí con ellos; aunque ciertamente una presencia modesta y humilde, aunque poderosa. Han visto a Jesús caminar sobre las aguas, a Lazaro resucitar, a cinco mil hombres ser alimentados con cinto panes y dos pescados. El profeta Juan el Bautista confirmó que Él era el Mesías prometido, entonces los discípulos le preguntan "cuando será tu entronización" como Rey. Cuando vendrás cómo Rey. Ellos tienen allí a un Jesús que es Rey pero "sin reino". Entonces si ese Jesús les está diciendo que Él es el Rey, y vendrá a destruir la "cueva de ladrones" y a "destruir a la higuera estéril"; ellos quieren saber "¿Cuándo serán estas cosas y que señal habrá de tu venida y del fin del siglo?".

Dicho de otra forma, los discípulos están preguntando "¿Cuándo será y qué señal habrá de la entronización de Jesús como Rey?

martes, 21 de enero de 2020

Una Tribulación Cuál no la ha Habido ni la Habrá


“Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá.” Mateo 24:21
“Porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá.” Marcos 13:19

A menudo se piensa que la gran tribulación que hablan estos pasajes son una referencia a algo del futuro. Se argumenta que no puede referirse al juicio contra Jerusalén y el templo en el 70, que es lo que el contexto inmediato está hablando, puesto que esa no fue una tribulación de dimensiones cósmicas “cuál no la ha habido ni la habrá”. Sin embargo este argumento pierde su fuerza cuando observamos que los evangelistas están usando el típico lenguaje profético que usa hipérboles para dar énfasis a un juicio local, generalmente contra un reino.

Por ejemplo veamos algunos pasajes:
“ Y habrá gran clamor por toda la tierra de Egipto, cual nunca hubo, ni jamás habrá.” Éxodo 11:6
Este pasaje habla de la calamidad de la muerte de los primogénitos. Ciertamente el juicio que hubo contra Egipto en esa noche fue única en su especie, pero eso no quiere decir que jamás Dios volvería a ejecutar un juicio de ese tipo. El énfasis del autor es mostrar que ante esa generación egipcia, Dios haría un juicio que nunca habían experimentado y que por ser un juicio con el objetivo de librar a Israel de Egipto, es un suceso único. Pero ciertamente clamor en la tierra de Egipto o en muchas otras tierras siguió existiendo después de ese juicio. El lenguaje es entonces hiperbólico.
“Y haré en ti lo que nunca hice, ni jamás haré cosa semejante, a causa de todas tus abominaciones.” Ezequiel 5:9
El profeta Ezequiel está haciendo referencia al juicio que haría Dios por medio de Nabucodonosor, justamente contra la ciudad de Jerusalén. Si la intención del profeta hubiera sido la de hablar de un juicio de destrucción total y para siempre ¿Cómo entonces se explica que Jerusalén fue reconstruida para recibir en el 70 nuevamente un juicio de las mismas proporciones? La intención del profeta es claramente hiperbólica, ya que Dios ciertamente hizo 500 años después un juicio semejante, contra la misma ciudad. El sentido del texto entonces indica un juicio de gran magnitud, no de algo que sería irrepetible en ningún modo.
“Y él ha cumplido la palabra que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén.” Daniel 9:12
En la oración intercesora de Daniel, vemos cumplida la anterior profecía de Ezequiel, usando el mismo lenguaje, pero la prueba de que el juicio anterior estaba dado en términos hiperbólicos es que la respuesta de Dios fue que justamente la ciudad sería reconstruida, el Mesías sería desechado y como consecuencia de ese pecado, Dios destruiría esa ciudad nuevamente. Esto no sólo demuestra la consistencia del lenguaje profético, sino que es el claro contexto profético donde está fundamentada la profecía del sermón del monte de los olivos, cuando finalmente se cumple eso.
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro.” Daniel 12:1

Mas adelante en esta profecía, Daniel viene hablando del imperio griego, y de Antíoco, en el capítulo 11, luego habla del enigmático rey, que probablemente es Herodes y justamente viene a hablar de Miguel y del tiempo de angustia. Se usa nuevamente el mismo lenguaje, y siguiendo el orden que nos da Daniel de los imperios, esto sucede en tiempos del cuarto imperio, el romano, que fue justamente el tiempo cuando vino la tribulación contra Israel al destruir la ciudad y el templo. Nuevamente el lenguaje es coherente y los eventos coinciden.
“Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra; como sobre los montes se extiende el alba, así vendrá un pueblo grande y fuerte; semejante a él no lo hubo jamás, ni después de él lo habrá en años de muchas generaciones.” Joel 2:2
Finalmente encontramos el mismo lenguaje hiperbólico en Joel, donde se está hablando del ejército asirio. Se dice que ese pueblo es grande y fuerte y semejante a él no lo habrá en muchas generaciones. ¿Acaso no existió después de este imperio un pueblo fuerte como ellos? ¿El enfoque de Joel era hablarnos de la grandeza de un pueblo o más bien su enfoque era enfatizar un juicio contra Israel de grandes proporciones? Nuevamente el lenguaje es hiperbólico. El imperio romano ciertamente fue un pueblo más fuerte, y fue el que destruyó a Jerusalén y el templo en el 70.

Esta lista de pasajes nos muestran que el lenguaje que usa los evangelistas es tomado del lenguaje de los profetas del Antiguo Testamento, que no estaban enfocados principalmente en demostrar que lo que se hablaba sería algo irrepetible, sino más bien de proporciones grandes, y sobre todo de gran pérdida contra el reino o ciudad contra quienes estaban dirigidas. Así es como seguramente fue entendido por los discípulos. Lejos de pensar en bombas atómicas, la tercera guerra mundial, o de la destrucción de un planeta, que de hecho ni siquiera sabían que era tan grande, ya que no lo habían descubierto, lo que entendieron es que el juicio contra Jerusalén y el templo sería una catástrofe, que de hecho fue en un sentido como nunca lo hubo ni lo habrá, ya que en ese juicio el reino les fue quitado y dado a quienes dieron el fruto de él (Mateo 21:43) e Israel, bajo los términos del Antiguo Pacto dejó de existir para siempre. En ese sentido ese juicio fue único en su especie y fue irrepetible, porque Cristo inauguró una vez y para siempre un Nuevo Pacto, con mejores promesas.


Para más recursos del hermano Arlington puedes acceder al siguiente vídeo:


sábado, 9 de marzo de 2019

¿Debemos Orar por la Paz de Jerusalén?




Un análisis reformado del Salmo 122 a la luz del Nuevo Pacto

Resumen

El Salmo 122:6, “Orad por la paz de Jerusalén”, ha sido frecuentemente interpretado en contextos evangélicos contemporáneos como un mandato perpetuo con implicaciones geopolíticas directas para el moderno Estado de Israel. Esta lectura, común en el dispensacionalismo y el sionismo cristiano, tiende a desvincular el texto de su contexto histórico–pactual y de su cumplimiento cristológico. El presente artículo ofrece un análisis exegético y teológico del Salmo 122 desde una cosmovisión reformada, sosteniendo que la exhortación a orar por la paz de Jerusalén pertenece a la antigua economía pactual y halla su cumplimiento pleno en Cristo y en la Iglesia, sin negar la legitimidad de orar por la paz de todas las naciones.

Introducción

En el debate teológico actual, rechazar el dispensacionalismo o el sionismo cristiano suele generar acusaciones de “teología del reemplazo” o incluso de antisemitismo. Sin embargo, estas imputaciones confunden categorías teológicas con posturas éticas o políticas. La teología reformada afirma con claridad la dignidad de todo pueblo humano y rechaza cualquier forma de odio o violencia, al tiempo que insiste en la correcta interpretación bíblica conforme a la revelación progresiva.

La cuestión central no es si los cristianos deben orar por la paz —pues la Escritura manda orar por todos los hombres y autoridades—, sino cómo debe entenderse bíblicamente el mandato específico de Salmo 122:6.
El Salmo 122 en su contexto histórico y literario


El Salmo 122 forma parte de los llamados Cánticos de Ascenso (Salmos 120–134), himnos entonados por los peregrinos que subían a Jerusalén para las festividades prescritas por la ley mosaica. En este contexto, Jerusalén no es presentada primariamente como una entidad política, sino como:
  • el lugar del templo,
  • el centro del culto verdadero,
  • el sitio donde reposaba la gloria de Yahvé,
  • la sede del trono davídico.
La paz anhelada para Jerusalén está íntimamente ligada a la presencia de Dios en medio de su pueblo, no a la prosperidad material ni a la supremacía militar. Interpretar el texto como una promesa automática de bendición para quienes apoyen políticamente a una ciudad moderna implica una lectura descontextualizada del salmo.

Jerusalén como realidad tipológica en la teología bíblica

Desde una perspectiva reformada, Jerusalén funciona como una realidad tipológica dentro de la antigua economía del pacto. Su importancia radica en su función simbólica como centro de la presencia divina, no en su permanencia geográfica indefinida.

Como ha señalado Kenneth L. Gentry, la Jerusalén terrenal cumplió su propósito histórico–redentor y alcanzó su clímax en la obra de Cristo. La destrucción de la ciudad y del templo en el año 70 d.C. marcó el cierre definitivo del antiguo orden cultual y el desplazamiento del centro de la fe desde una geografía específica hacia una persona: Jesucristo.

Este desplazamiento es coherente con la enseñanza de Jesús en Juan 4:21–24, donde el culto ya no se vincula a un monte o a una ciudad, sino a la adoración “en espíritu y en verdad”.

La paz en el marco del nuevo pacto

El concepto hebreo de shalom no se limita a la ausencia de conflicto, sino que incluye bienestar integral, orden pactual y reposo bajo el favor de Dios. En el Salmo 122, el término evoca tranquilidad y estabilidad dentro del marco del pacto mosaico.

El comentarista reformado Albert Barnes observa que esta paz no debe entenderse como una garantía automática de prosperidad, sino como una condición espiritual vinculada a la fidelidad del pacto. El Nuevo Testamento amplía y redefine este concepto al afirmar que la verdadera paz es la reconciliación con Dios por medio de Cristo (Rom 5:1).

Así, la Escritura dirige la mirada del creyente hacia la “Jerusalén de arriba” (Gál 4:26), identificada no con una ciudad terrenal, sino con la comunidad redimida que participa de las promesas del nuevo pacto.

Implicaciones eclesiológicas y pastorales

El artículo analizado acierta al afirmar que los cristianos pueden y deben orar por Jerusalén hoy, pero no en un sentido exclusivo ni sacralizado. Jerusalén se sitúa al mismo nivel que cualquier otra ciudad del mundo necesitada del evangelio.

Desde una eclesiología reformada, la Iglesia es descrita como la nueva ciudad de paz, en la cual:
  • Dios ha puesto su nombre,
  • Cristo reina como Hijo de David en su trono celestial,
  • el Espíritu Santo mora permanentemente,
  • se proclama la justicia del evangelio.
Orar por la paz de Jerusalén, en este marco, significa orar por la paz de la Iglesia, por su unidad, por su fidelidad doctrinal y por la expansión del evangelio entre todas las naciones.

Evaluación teológica

El artículo evita dos extremos comunes:
  1. el nacionalismo teológico que absolutiza una geografía, y
  2. el olvido del papel histórico de Israel en la redención.
Su fortaleza principal radica en afirmar que las promesas vinculadas a Jerusalén no son anuladas, sino cumplidas en Cristo. La paz que el creyente busca no fluye de una ciudad terrenal, sino de la cruz, donde Dios reconcilió consigo al mundo.

Conclusión

Desde una cosmovisión reformada, el mandato de Salmo 122:6 no puede ser separado de su contexto pactual ni trasladado acríticamente a la geopolítica moderna. Jerusalén fue una sombra gloriosa de una realidad mayor que se cumple en Cristo y en su Iglesia. La oración cristiana por la paz no se dirige a la exaltación de una ciudad específica, sino a la manifestación del Reino de Dios en todas las naciones.

La paz verdadera —la única duradera— es la paz que Dios concede a los pecadores justificados por la fe en Jesucristo. Fuera de Él, ninguna ciudad puede estar en paz; en Él, toda ciudad puede llegar a conocerla.

¡Gracia y paz!


domingo, 3 de junio de 2018

“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo”




Mateo 24:13 en su contexto histórico, exegético y pastoral

“Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.”
— Mateo 24:13

Este versículo ha sido durante siglos uno de los textos más debatidos en torno a la doctrina de la salvación. Muchos lo han interpretado como una advertencia condicional: que la salvación eterna depende de la perseverancia humana. Otros lo leen como un llamado general a la fidelidad cristiana frente a pruebas cotidianas. Sin embargo, una lectura cuidadosa del texto, atendiendo a su contexto histórico, literario y redentivo, muestra que Jesús está hablando de algo más específico y limitado: la preservación de la vida de sus discípulos en medio del juicio histórico que culminó en la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.

1. El contexto del Sermón Escatológico

Mateo 24 forma parte del llamado Sermón del Monte de los Olivos, donde Jesús responde a dos preguntas concretas de sus discípulos:

  1. ¿Cuándo será destruido el templo?

  2. ¿Cuál será la señal del fin de esta era? (Mt 24:1–3)

La “era” en cuestión no es el fin del mundo, sino el fin del orden pactual mosaico, centrado en el templo, los sacrificios y la Jerusalén terrenal. Jesús anuncia una serie de eventos que precederían a ese juicio: falsos cristos, guerras, hambres, pestes, terremotos, persecución contra los creyentes y una creciente apostasía. Todo esto ocurre antes de la destrucción del templo, y Jesús lo compara con los “dolores de parto”, es decir, señales previas a un alumbramiento histórico.

2. “Perseverar”: el sentido de ὑπομένω (hypoménō)

El verbo traducido como “perseverar” es ὑπομείνας (hypomeínas), que significa soportar, resistir bajo presión, mantenerse firme en medio del sufrimiento. No describe una obra meritoria que produce salvación, sino una resistencia fiel ante circunstancias extremas.

Santiago utiliza el mismo término para describir la experiencia de Job:

“Habéis oído de la paciencia [perseverancia] de Job” (Stg 5:11).

Aquí la perseverancia no es la causa de la bendición, sino la expresión de una fe que resiste en medio del dolor.

3. “Será salvo”: el uso de σῴζω (sōzō)

El término “será salvo” (σωθήσεται, sōthēsetai) no se limita en los Evangelios a la salvación eterna. Con frecuencia significa ser librado del peligro, rescatar la vida o preservar de la muerte física. Por ejemplo:

  • “¡Señor, sálvanos, que perecemos!” (Mt 8:25).

  • “Padre, sálvame de esta hora” (Jn 12:27).

En ambos casos, el sentido es claramente preservación de la vida, no justificación eterna. De igual modo, en Mateo 24:13 Jesús está advirtiendo a sus discípulos que enfrentarían un tiempo real de muerte, persecución y caos, y que quienes soportaran fielmente y obedecieran sus instrucciones —especialmente la huida— preservarían su vida.

4. El paralelo decisivo: Mateo 10:21–23

El mismo Evangelio de Mateo ofrece un paralelo explícito:

“El que persevere hasta el fin, éste será salvo… Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra” (Mt 10:22–23).

Aquí el contexto es inequívoco: persecución local, traición familiar, peligro de muerte y escape físico. Jesús añade que los discípulos no terminarían de recorrer las ciudades de Israel antes de que viniera el Hijo del Hombre, una referencia clara a su venida en juicio contra Jerusalén, no a su segunda venida final.

Kenneth L. Gentry comenta:

“Cristo está instruyendo a sus discípulos acerca de los horrores que vendrían sobre esa generación; su llamado a perseverar apunta a la preservación durante la conflagración judía del siglo I.”
(Before Jerusalem Fell, p. 212)

5. Historia y cumplimiento

La historia confirma esta lectura. Eusebio de Cesarea registra que los cristianos de Jerusalén, obedeciendo las advertencias de Jesús, huyeron a Pella antes del asedio romano. Aquellos que perseveraron en la fe y atendieron la palabra de Cristo salvaron su vida, mientras la ciudad fue destruida.

R. C. Sproul afirma:

“Este texto no trata primariamente de la salvación eterna, sino de la supervivencia de los creyentes durante el juicio histórico que cayó sobre Jerusalén.”
(The Last Days According to Jesus, p. 132)

6. Perseverancia y salvación: armonía reformada

Esto no contradice la doctrina reformada de la perseverancia de los santos. Al contrario, la confirma. La perseverancia no es la causa de la salvación, sino su fruto inevitable. Juan Calvino lo expresa con claridad:

“No es la perseverancia la que produce la salvación, sino que aquellos a quienes Dios ha elegido perseveran porque Él los sostiene.”
(Institución, III.24.6)

Así, Mateo 24:13 no enseña salvación por obras ni inseguridad eterna, sino que describe una preservación histórica que, a su vez, ilustra un principio espiritual permanente: Dios guarda a los suyos en medio de la tribulación.

Conclusión pastoral

Mateo 24:13, leído en su contexto histórico, proclama la fidelidad de Cristo como profeta y la fidelidad de Dios como preservador de su pueblo. En el siglo I, esa perseverancia significó literalmente vivir o morir durante el juicio sobre Jerusalén. Hoy, aunque no enfrentamos ese mismo evento histórico, el principio permanece: la fe genuina resiste, no porque el creyente sea fuerte, sino porque Dios es fiel.

La perseverancia cristiana no es una carga que amenaza nuestra salvación, sino una evidencia de la gracia que nos sostiene. Como escribió Calvino:

“No somos nosotros quienes nos mantenemos en pie por nuestro propio esfuerzo, sino que somos sostenidos por la mano invisible de Dios.”

Este texto no nos llama a vivir con temor, sino con confianza. El mismo Cristo que advirtió a sus discípulos sobre la tribulación fue quien prometió estar con ellos “todos los días”. La gracia que preservó a la iglesia del siglo I es la misma que preserva hoy a su pueblo hasta el fin.


Si desea leer sobre la interpretación de Mateo 24.14 puede hacerlo aquí: http://textosfueradecontexto.blogspot.com/2018/02/y-entonces-vendra-el-fin.html



martes, 22 de mayo de 2018

La Venida del Reino Según Mateo 16.28





Un análisis exegético desde el preterismo parcial reformado

Texto base

“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”
(Mateo 16:28, RV60)

El problema exegético de Mateo 16:28

Mateo 16:28 constituye uno de los textos más discutidos en la escatología neotestamentaria debido a su clara referencia temporal. Jesús afirma que algunos de sus oyentes contemporáneos vivirían lo suficiente como para presenciar un evento descrito como “el Hijo del Hombre viniendo en su reino”. La dificultad interpretativa radica en determinar qué tipo de “venida” se describe y cuándo debía ocurrir.

La correcta interpretación de este pasaje es crucial no solo para la escatología, sino también para la cristología, la veracidad de Cristo y la doctrina del reino de Dios.

Principales interpretaciones históricas

2.1. La interpretación liberal: error profético de Jesús

Algunos enfoques críticos sostienen que Jesús erró al anunciar un evento inminente que nunca ocurrió. Autores como Albert Schweitzer y Bertrand Russell afirmaron que Jesús esperaba una parusía inmediata que no se materializó.

Esta lectura, sin embargo, es incompatible con:

  • La doctrina bíblica de la divinidad de Cristo (Jn 1:1; Tit 2:13),

  • La inspiración e inerrancia de las Escrituras,

  • Y la confesión histórica de la Iglesia.

Como señala R.C. Sproul:

“Si Jesús se equivocó aquí, entonces no es digno de confianza en ninguna parte.”
(Sproul, The Last Days According to Jesus, Baker, 1998, p. 30)

2.2. El preterismo total: la Segunda Venida ocurrió en el año 70 d.C.

El preterismo total afirma que la Segunda Venida final, la resurrección general y el juicio final ocurrieron en el año 70 d.C. Esta posición contradice de manera directa:

  • El Credo Apostólico,

  • El Credo Niceno-Constantinopolitano,

  • La Confesión de Fe de Westminster (cap. XXXII–XXXIII).

Kenneth L. Gentry es enfático al respecto:

“El preterismo ortodoxo debe ser cuidadosamente distinguido del preterismo total, el cual representa una desviación herética del cristianismo histórico.”
(Gentry, He Shall Have Dominion, ICE, 2009, p. 40)

Por tanto, esta interpretación debe descartarse por razones confesionales y bíblicas.

2.3. La interpretación futurista: la Transfiguración

Una interpretación común en el evangelicalismo sostiene que Mateo 16:28 se cumplió en la Transfiguración (Mt 17:1–8), evento presenciado solo por Pedro, Jacobo y Juan.

Aunque esta lectura intenta preservar la inmediatez temporal del texto, presenta serias dificultades:

  1. El texto no dice que “algunos verán su gloria”, sino que verán al Hijo del Hombre viniendo en su reino.

  2. La Transfiguración ocurre seis días después, lo cual vuelve innecesaria la referencia a la muerte de los oyentes.

  3. El lenguaje de venida presupone una ida previa, es decir, una exaltación seguida de una manifestación posterior.

Greg L. Bahnsen observa:

“Reducir Mateo 16:28 a la Transfiguración trivializa el lenguaje profético del texto y elimina su fuerza escatológica.”
(Bahnsen, Victory in Jesus, Covenant Media, 1999, p. 109)

La interpretación preterista parcial: la venida del reino en juicio (70 d.C.)

3.1. El testimonio de los paralelos sinópticos

Los textos paralelos aclaran el sentido de Mateo 16:28:

  • Marcos 9:1:

    “hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.”

  • Lucas 9:27:

    “hasta que vean el reino de Dios.”

Ambos omiten la referencia explícita a la “venida del Hijo del Hombre” y enfatizan la manifestación del reino, no una aparición corporal.

Kenneth L. Gentry explica:

“Mateo emplea un lenguaje más judío y simbólico, mientras que Marcos y Lucas traducen esa expectativa en términos más claros para audiencias gentiles.”
(Gentry, Before Jerusalem Fell, ICE, 1998, p. 134)

3.2. La venida del Hijo del Hombre como lenguaje de juicio

El lenguaje de “venir en las nubes” proviene de Daniel 7:13–14, donde el Hijo del Hombre viene al Anciano de Días, no a la tierra. En el Antiguo Testamento, este tipo de lenguaje describe teofanías judiciales, no desplazamientos físicos (Is 19:1; Sal 18:9–12).

R.C. Sproul afirma:

“La venida del Hijo del Hombre en los Evangelios no siempre se refiere a la Segunda Venida final; a menudo describe su vindicación real mediante juicio histórico.”
(Sproul, The Last Days According to Jesus, p. 99)

3.3. El factor tiempo y el cumplimiento histórico

La referencia a que “algunos no gustarán la muerte” establece un límite temporal claro. Entre la declaración de Jesús (c. 30 d.C.) y la destrucción de Jerusalén (70 d.C.) transcurre aproximadamente una generación bíblica.

Durante ese período:

  • Muchos apóstoles y testigos murieron,

  • Otros vivieron para presenciar el juicio sobre Jerusalén.

Gary DeMar señala:

“Jesús fue explícito en ubicar estos eventos dentro de la vida de su generación; ignorar esto es abandonar la exégesis por la especulación.”
(DeMar, Last Days Madness, American Vision, 1999, p. 78)

Conclusión

La interpretación preterista parcial de Mateo 16:28 ofrece la explicación más coherente, bíblica y confesionalmente fiel:

  1. Jesús no erró ni se contradijo.

  2. La Segunda Venida final permanece futura, visible y gloriosa.

  3. La venida del Hijo del Hombre en su reino se refiere a la manifestación histórica de su autoridad mesiánica mediante el juicio sobre Jerusalén en el año 70 d.C.

  4. Este evento confirmó:

    • El fin definitivo de la era mosaica,

    • La entronización del Cristo resucitado,

    • Y la transición plena hacia el reino del Nuevo Pacto.

Como concluye Sproul:

“El juicio del año 70 no fue el fin del mundo, sino el fin de un mundo.”
(Sproul, ibíd., p. 141)

Esta lectura preserva la veracidad de Cristo, honra la estructura temporal del texto y mantiene la esperanza cristiana en la venida final gloriosa del Señor Jesucristo.


¡Piensa en esto cristiano!

Mártires antes del año 70 después de Cristo
Para el año 70’ de nuestra era ya habían muerto Esteban en el año 36 A.D. (Hechos 8.1-3), Jacobo el Mayor en el año 42 A.D. (Hechos 12 -asesinado en Jerusalén), Felipe en el año 54 A.D. (Heliópolis-Frigia); Mateo, en el año 60 A.D. (en Nabada-Etiopía); Andrés en el año 60 A.D. (en Petra-Grecia); Jacobo el Menor, en el año 62 A.D. (en Jerusalén); Pedro y Pablo entre el 67 y 68 A.D. (en Roma); Marcos Evangelista, en el año 68 A.D. (en Alejandría).

De manera que la última interpretación, la Preterista Ortodoxa, es la más acorde a una lectura sencilla y natural del texto.

Sobre los martirios de los discípulos que “gustaron la muerte antes de la Venida de Jesús en su Reino”, Eusebio de Cesarea nos dice:
“Ahora bien, los judíos, después de la ascensión de nuestro salvador, culminaron su crimen contra Él con la concepción de innumerables maquinaciones contra sus apóstoles. El primero fue Esteban, al cual aniquilaron con piedras; luego, Jacobo, hijo de Zebedeo y hermano de Juan, que fue decapitado; y finalmente Jacobo, el que fue escogido en primer lugar para el trono episcopal de Jerusalén, después de la Ascensión de nuestro Salvador, y que murió del modo mencionado (fue lanzado del pináculo del templo y apedreado mientras agonizaba).”


http://textosfueradecontexto.blogspot.com/2018/05/la-venida-del-juicio-segun-mateo-1628.html?m=1

jueves, 3 de mayo de 2018

Señales Antes del Fin: "Guerras y Rumores de Guerras"


Guerras y Rumores de Guerras

Jesucristo advirtió a sus discípulos que ellos "oirían de guerras y rumores de guerras" (Mt. 24:6), y que debían considerar estas señales como "el principio de dolores". Aunque estos conflictos no serían en sí "el fin", sí eran señales claras de que se acercaba ese fin anunciado: la destrucción del Templo y de la ciudad de Jerusalén (Mt. 24:1-3).

¿Qué sabían los discípulos sobre las guerras?

Muy poco. La generación de los discípulos de Jesús solo conocía de guerras por medio de la historia. El mundo conocido —"la tierra habitada" o oikoumenē, término común para referirse al Imperio Romano— gozaba de una paz generalizada tanto dentro como fuera de sus fronteras. El primer emperador romano, César Augusto, cerró las puertas del Templo de Jano en el año 24 a.C., las cuales solo se abrían en tiempos de guerra. Se acepta como inicio oficial de la llamada Pax Romana (1) el año 29 a.C., cuando Augusto proclamó el fin de las guerras civiles. Esta paz se extendió hasta la muerte del emperador Marco Aurelio en el año 180 d.C.

Cuando Jesús, en torno al año 30–33 d.C., pronunció su advertencia sobre guerras y señales del fin, toda su generación había nacido y crecido en tiempos de paz. Sus oyentes vivían bajo la estabilidad del Imperio Romano. Esta realidad hace más significativa la advertencia sobre “rumores de guerras”, ya que para aquella generación significaba una ruptura inusual de la paz.

La señal para escapar: el fin se acercaba

Jesús no solo predijo la aparición de rumores de guerra, sino que instruyó a sus discípulos a estar preparados para huir cuando vieran la “abominación desoladora” (Mt. 24:15–16). Por ello dijo: "los que estén en Judea huyan a los montes". El llamado a orar para que la huida no fuese en invierno ni en día de reposo (v. 20) subraya la inminencia del peligro y la necesidad de actuar con rapidez.

Esta profecía se cumplió cuando estalló la revuelta judía en el año 66 d.C., dando inicio a la guerra contra Roma que culminó con la destrucción de Jerusalén y su Templo en el año 70 d.C. Según Eusebio de Cesarea, los cristianos de Jerusalén, obedeciendo una revelación divina, huyeron a la ciudad de Pella en la región de Perea. Eusebio escribe:

“El pueblo de la Iglesia de Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes de la guerra y de vivir en otra ciudad de Perea (la que llaman Pella), por un oráculo transmitido por revelación a los notables de aquel lugar... La justicia de Dios vino sobre los judíos por el ultraje al que sometieron a Cristo y a sus apóstoles.” (Historia Eclesiástica, III.5.3)

El fin de la paz: el año de los cuatro emperadores

La Pax Romana comenzó a fracturarse no solo por la revuelta judía sino también por una cadena de conflictos internos en el Imperio. Tras el suicidio de Nerón en el año 68, Roma entró en un período de guerras civiles. El historiador Tácito describió este tiempo como un tiempo de desastres, violencia interna, incendios y caos político, afirmando que nunca hubo mayor evidencia de que los dioses habían abandonado a Roma:

"Un período de desastres, horrible por sus guerras, inundado por guerras civiles... Cuatro emperadores perecieron a espada... el mar estaba lleno de exiliados y sus costas contaminadas de sangre." (Historias, I, resumen).

Este caos interno coincidía con la desintegración de la paz que había caracterizado la vida de los primeros oyentes de Cristo. Tal como señala Kenneth L. Gentry:

"Las señales de Mateo 24 no fueron diseñadas para describir acontecimientos generales de la historia de la Iglesia, sino señales específicas dadas a esa generación. [...] El contexto, el auditorio, y la historia misma, apuntan a la destrucción de Jerusalén como su cumplimiento" (The Great Tribulation: Past or Future?, 1999).

Milton S. Terry, otro exponente del preterismo parcial, afirmó:

"El lenguaje apocalíptico usado por Jesús en los Evangelios debe interpretarse en armonía con los usos proféticos del Antiguo Testamento, y no como descripciones literales del fin del mundo" (Biblical Hermeneutics, 1890).

Evidencia interna: Jerusalén gozaba de paz

El libro de Hechos aporta una evidencia textual del contexto pacífico previo a la guerra. En Hechos 24:2–3, Tértulo, abogado del Sanedrín, presenta su acusación contra Pablo ante el procurador Félix y comienza diciendo:

"Gracias a ti gozamos de mucha paz, y por tu previsión se han hecho notables mejoras en esta nación. Siempre y en todo lugar lo aceptamos con toda gratitud, oh excelentísimo Félix."

Este evento tuvo lugar alrededor del año 58–60 d.C., pocos años antes del inicio de las guerras anunciadas por Jesús.

Conclusión

Jesús fue claro: "no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca" (Mt. 24:34). Las "guerras y rumores de guerras" no fueron eventos lejanos (2025 d.C.) ni simbólicos, sino acontecimientos concretos que esa generación (la generación de Jesucristo) vio con sus propios ojos. El cumplimiento preciso de las palabras de Cristo demuestra su autoridad profética, la fidelidad de Dios a sus decretos, y el poder de una exégesis contextual frente a lecturas sensacionalistas y futuristas del texto bíblico.


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Nota extra: que fácil es identificar aquí en este pasaje de Hechos a la «novia infiel» agradeciendo a la «bestia» por esa «paz y seguridad» que le ofrecía.