viernes, 6 de marzo de 2026

Doctrinas y prácticas inferidas de las Escrituras

 




La Iglesia cristiana a lo largo de su historia ha sostenido diversas doctrinas y prácticas que no siempre aparecen formuladas en la Biblia mediante una afirmación explícita. Sin embargo, esto no significa que dichas doctrinas carezcan de fundamento bíblico. Muchas de ellas se derivan legítimamente de las Escrituras mediante lo que la tradición reformada ha llamado “buena y necesaria consecuencia”, principio afirmado por la Confesión de Fe de Westminster.

Esto significa que algunas verdades teológicas se obtienen al considerar el testimonio completo de la Escritura, comparando pasajes y entendiendo su coherencia interna. De esta manera, la Iglesia ha reconocido doctrinas y prácticas que, aunque no siempre estén expresadas en un solo versículo de forma directa, surgen naturalmente del conjunto de la revelación bíblica.

A continuación se presentan algunos ejemplos.

1. La Santísima Trinidad

La Biblia no utiliza de manera explícita la palabra “Trinidad”. Sin embargo, esta doctrina fundamental del cristianismo se deriva del testimonio total de las Escrituras. Aunque el término no aparezca literalmente en el texto bíblico, la doctrina central de la Iglesia acerca de la Trinidad surge del estudio cuidadoso y completo de la revelación bíblica.

Alguien podría preguntar cómo es posible creer en la Trinidad si la Biblia no menciona ese término de forma directa. No obstante, debemos recordar que la propia Biblia tampoco se denomina a sí misma “Biblia”. Este nombre proviene del griego biblos, que significa “libros”, y se utiliza para referirse al conjunto de escritos que componen las Sagradas Escrituras. El uso de este término no introduce una idea ajena al texto bíblico, sino que simplemente describe de manera adecuada la colección de libros inspirados.

De manera similar, el término “Trinidad” es una formulación teológica que busca expresar una verdad revelada en la Escritura: que Dios es uno en esencia y que existe eternamente en tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo—. Así, la doctrina de la Trinidad no es una invención posterior, sino una forma de resumir y explicar fielmente la enseñanza bíblica acerca de la plena divinidad del Hijo, su comunión eterna con el Padre y la realidad personal del Espíritu Santo.

La Biblia afirma claramente tres verdades:
  • Existe un solo Dios.
  • El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios.
  • Estas tres personas son distintas entre sí.
Al considerar estas afirmaciones juntas, la Iglesia formuló la doctrina de la Trinidad para expresar fielmente lo que la Biblia enseña.

Por ejemplo, en Mateo 28:19 leemos:
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”
Asimismo, en el bautismo de Jesús vemos a las tres personas divinas manifestándose simultáneamente (Mateo 3:16–17).

Por tanto, aunque el término “Trinidad” no aparezca en la Biblia, la doctrina misma surge necesariamente del conjunto de su enseñanza.

2. El bautismo como señal de entrada a la iglesia visible

En el Nuevo Testamento se observa un orden ordinario en la vida de la iglesia: aquellos que creían en el evangelio eran bautizados y, posteriormente, se integraban plenamente a la comunidad cristiana. Este patrón muestra que el bautismo funcionaba como la señal pública de fe y de incorporación visible al pueblo del pacto.

A partir de este principio, la iglesia ha entendido que la participación en la Cena del Señor corresponde a quienes ya han sido bautizados, es decir, a aquellos que han hecho una profesión pública de fe y han recibido la señal del pacto como miembros de la familia de Dios. Aunque la Escritura no establece esta norma mediante un mandato explícito, la práctica se deriva de una inferencia legítima basada en el orden que el propio Nuevo Testamento presenta para la vida y comunión de la iglesia.

Hechos 2:41–42 muestra este patrón:
“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados… y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”
A partir de este patrón, muchas iglesias han entendido que el bautismo es la señal pública de incorporación a la comunidad del pacto, lo que normalmente precede a la participación plena en la vida sacramental de la iglesia, incluyendo la Cena del Señor.

3. El domingo como Día del Señor

El Antiguo Testamento estableció el sábado como día de reposo dentro del pacto mosaico. Sin embargo, en el Nuevo Testamento observamos que la iglesia primitiva comenzó a reunirse el primer día de la semana, en estrecha relación con la resurrección de Cristo.

Aunque no encontramos un mandato explícito que ordene congregarse el domingo en lugar del sábado, el testimonio del Nuevo Testamento muestra con claridad que los cristianos se reunían en el primer día de la semana para el culto, la enseñanza apostólica y el partimiento del pan. Por ello, la iglesia ha entendido que el llamado “Día del Señor” surge como una práctica fundamentada en una inferencia bíblica, basada en el patrón que presentan las Escrituras sobre la vida y adoración de la comunidad cristiana.

Por ejemplo:

Hechos 20:7 dice:
“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba…”
1 Corintios 11.20 dice:
"Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena dominical (del Señor)."
Y en 1 Corintios 16:2 leemos:
“Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo…”
Además, en Apocalipsis 1:10 se menciona el “Día del Señor”. A partir de estos testimonios, la iglesia histórica entendió que el día de reunión cristiana pasó a ser el domingo, como celebración de la resurrección de Cristo.

4. La participación de toda la iglesia en la Cena del Señor

Cuando Jesús instituyó la Cena del Señor, el grupo presente estaba compuesto por los apóstoles. Sin embargo, el Nuevo Testamento muestra que este sacramento pertenece a toda la iglesia.

En 1 Corintios 11:26 el apóstol Pablo escribe a la congregación de Corinto:
“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.”
El contexto muestra que Pablo se dirige a la iglesia como comunidad, sin hacer distinción entre hombres y mujeres en cuanto a la participación en el sacramento. Por ello, la Iglesia ha entendido correctamente que la Cena del Señor es para todos los creyentes que forman parte del cuerpo de Cristo.

5. Ofrendas y generosidad cristiana

El Antiguo Testamento establecía el diezmo dentro del sistema de Israel. En el Nuevo Testamento, en cambio, la enseñanza apostólica enfatiza principalmente la generosidad voluntaria y gozosa.

El apóstol Pablo enseña en 2 Corintios 9:7:
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”
Muchos cristianos han adoptado el diezmo como una guía práctica para su generosidad, pero el Nuevo Testamento pone el énfasis en la libertad, la gratitud y la disposición del corazón, evitando cualquier forma de manipulación o presión económica.

6. El bautismo de los hijos de creyentes

Dentro de la tradición reformada, muchos cristianos sostienen la práctica del bautismo de infantes basándose en la continuidad del pacto de Dios a lo largo de las Escrituras.

En el Antiguo Testamento, los hijos de los creyentes recibían la señal del pacto mediante la circuncisión. En el Nuevo Testamento, el bautismo aparece como la señal del nuevo pacto.

Colosenses 2:11–12 establece una conexión entre ambos:
“En él también fuisteis circuncidados… sepultados con él en el bautismo.”
Asimismo, en Hechos 2:39 Pedro declara:
“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos…”
También encontramos varios ejemplos de bautismos familiares en el libro de los Hechos (Hechos 16:15; 16:33; 1 Corintios 1:16).

A partir de estas evidencias, muchas iglesias han entendido que los hijos de creyentes también deben recibir la señal del pacto. No obstante, es importante reconocer que esta práctica ha sido debatida entre cristianos fieles a la Escritura.

Conclusión

La teología cristiana no se construye únicamente a partir de afirmaciones explícitas aisladas, sino también mediante una lectura cuidadosa y sistemática de toda la Escritura. Algunas doctrinas surgen de manera directa de textos claros; otras se derivan legítimamente de la armonía y coherencia del mensaje bíblico.

Por ello, cuando la Iglesia formula doctrinas o establece prácticas basadas en inferencias bíblicas sólidas, no está añadiendo algo a la Escritura, sino procurando expresar fielmente lo que la Palabra de Dios enseña en su conjunto. De esta manera, la fe cristiana busca permanecer siempre sujeta a la autoridad suprema de las Sagradas Escrituras.

¡Piensa en esto cristiano!

viernes, 20 de febrero de 2026

Cuando los presbiterianos lucharon contra el sionismo cristiano

 


Una carta abierta a los evangélicos y otras partes interesadas:

El Pueblo de Dios, la Tierra de Israel y la Imparcialidad del Evangelio

Recientemente, varios líderes de la comunidad protestante de los Estados Unidos han instado a respaldar compromisos políticos unilaterales y de gran alcance con el pueblo y la tierra de Israel en el conflicto israelí-palestino, citando las Sagradas Escrituras como base para esos compromisos. Para fortalecer su respaldo, varios de estos líderes también han insistido en que hablen en nombre de los setenta millones de personas que constituyen la comunidad evangélica estadounidense.

Es bueno y necesario que los líderes evangélicos se pronuncien sobre las grandes cuestiones morales de nuestros días en obediencia al llamado de Cristo para que sus discípulos sean sal y luz en el mundo.1 Pero otra cosa muy distinta es que los líderes pidan compromisos que se basen en una lectura gravemente errónea de las Sagradas Escrituras. En tales casos, es bueno y necesario que otros líderes evangélicos también se pronuncien. Lo hacemos aquí con la esperanza de poder contribuir a la causa del Señor Cristo, fuera del cual nunca podrá haber paz verdadera y duradera en el mundo.2

En el centro de los compromisos políticos en cuestión hay dos propuestas fatalmente defectuosas. En primer lugar, algunos enseñan que el supuesto favor de Dios hacia Israel hoy se basa en la ascendencia étnica y no únicamente en la gracia de Cristo, como se proclama en el Evangelio. En segundo lugar, otros enseñan que las promesas de la Biblia respecto a la tierra se cumplen en una región política especial o “Tierra Santa”, perpetuamente apartada por Dios para un solo grupo étnico. Como resultado de estas afirmaciones falsas, grandes segmentos de la comunidad evangélica, nuestros conciudadanos y nuestro gobierno están siendo engañados con respecto a las enseñanzas de la Biblia sobre el pueblo de Dios, la tierra de Israel y la imparcialidad del Evangelio.

A continuación hacemos públicas nuestras convicciones. Lo hacemos reconociendo la genuina fe evangélica de muchos que no estarán de acuerdo con nosotros. Sabiendo que podemos incurrir en su desfavor, estamos, sin embargo, obligados por las Escrituras y por la conciencia a publicar las siguientes proposiciones por la causa de Cristo y la verdad.

I. El Evangelio ofrece vida eterna en el cielo tanto a judíos como a gentiles como un regalo gratuito en Jesucristo.3 La vida eterna en el cielo no se gana ni se merece, ni se basa en la ascendencia étnica o el nacimiento natural.4

II. Todos los seres humanos, judíos y gentiles por igual, son pecadores,5 y, como tales, están bajo el juicio de Dios sobre la muerte.6 Debido a que el estándar de Dios es la obediencia perfecta y todos son pecadores, es imposible para cualquiera obtener paz temporal o vida eterna con sus propios esfuerzos. Además, aparte de Cristo, no hay ningún favor divino especial sobre ningún miembro de ningún grupo étnico; ni, aparte de Cristo, hay ninguna promesa divina de una tierra terrenal o una herencia celestial para nadie, ya sea judío o gentil.7 Enseñar o dar a entender lo contrario no es nada menos que comprometer el Evangelio mismo.

III. Dios, el Creador de toda la humanidad, es misericordioso y no se complace en castigar a los pecadores.8 Pero Dios también es santo y justo y debe castigar el pecado.9 Por lo tanto, para satisfacer tanto su justicia como su misericordia, Dios ha designado un camino de salvación para todos, ya sean judíos o gentiles, sólo en Jesucristo.10

IV. Jesucristo, que es plenamente Dios y plenamente hombre,11 vino al mundo para salvar a los pecadores.12 En su muerte en la cruz, Jesús fue el Cordero de Dios que quitó el pecado del mundo, tanto de los judíos como de los gentiles. La muerte de Jesús cumplió para siempre y puso fin eternamente a los sacrificios del templo judío.13 Todos los que quieran adorar a Dios, ya sean judíos o gentiles, deben ahora venir a él en espíritu y verdad sólo a través de Jesucristo. El culto a Dios ya no se identifica con ningún santuario terrenal específico. Recibe adoración sólo a través de Jesucristo, el Templo eterno y celestial.14

V. A todos los que reciben y descansan sólo en Cristo por la fe, tanto a judíos como a gentiles, Dios les da vida eterna en su herencia celestial.15

VI. Las promesas de herencia que Dios le dio a Abraham se hicieron efectivas a través de Cristo, la Verdadera Simiente de Abraham.16 Estas promesas no fueron ni pueden hacerse efectivas mediante el cumplimiento de la ley de Dios por parte del hombre pecador.17 Más bien, la promesa de una herencia se hace sólo a aquellos que tienen fe en Jesús, el Verdadero Heredero de Abraham. Todos los beneficios espirituales se derivan de Jesús, y fuera de él no hay participación en las promesas.18 Puesto que Jesucristo es el Mediador del Pacto Abrahámico, todos los que lo bendigan a él y a su pueblo serán bendecidos por Dios, y todos los que lo maldigan a él y a su pueblo serán maldecidos por Dios.19 Estas promesas no se aplican a ningún grupo étnico en particular,20 pero a la iglesia de Jesucristo, el verdadero Israel.21 El pueblo de Dios, ya sea la iglesia de Israel en el desierto en el Antiguo Testamento22 o el Israel de Dios entre los gálatas gentiles en el Nuevo Testamento,23 son un solo cuerpo que por medio de Jesús recibirá la promesa de la ciudad celestial, la Sión eterna.24 Esta herencia celestial ha sido la expectativa del pueblo de Dios en todas las épocas.25

VII. Jesús enseñó que su resurrección fue la resurrección del Verdadero Templo de Israel.26 Ha reemplazado el sacerdocio, los sacrificios y el santuario de Israel al cumplirlos en su propio y glorioso ministerio sacerdotal y al ofrecer, de una vez por todas, su sacrificio por el mundo, es decir, tanto para judíos como para gentiles.27 Creyentes de todas las naciones ahora están siendo edificados a través de él en este Tercer Templo,28 la iglesia que Jesús prometió construir.29

VIII. Simón Pedro habló de la Segunda Venida del Señor Jesús junto con el juicio final y el castigo de los pecadores.30 Instructivamente, este mismo Simón Pedro, el Apóstol de la Circuncisión,31 no dice nada sobre la restauración del reino a Israel en la tierra de Palestina.32 En cambio, mientras sus lectores contemplan la promesa de la Segunda Venida de Jesús’, él fija su esperanza en los nuevos cielos y la nueva tierra, en los que habita la justicia.33

IX. El derecho de cualquier grupo étnico o religioso a un territorio en el Medio Oriente llamado “Tierra Santa” no puede ser respaldado por las Escrituras. De hecho, las promesas territoriales específicas de Israel en el Antiguo Testamento se cumplieron bajo Josué.34 El Nuevo Testamento habla clara y proféticamente sobre la destrucción del segundo templo en el año d.C. 70.35 Ningún escritor del Nuevo Testamento prevé una reunión del Israel étnico en la tierra, como lo hicieron los profetas del Antiguo Testamento después de la destrucción del primer templo en 586 a. C.36 Además, las promesas territoriales del Antiguo Pacto se amplían consistente y deliberadamente en el Nuevo Testamento para mostrar el dominio universal de Jesús37 que reina del cielo sobre el trono de David, invitando a todas las naciones a través del Evangelio de Gracia a participar de su dominio universal y eterno.38

X. La mala teología cristiana respecto a “Tierra Santa” contribuyó a la trágica crueldad de las Cruzadas en la Edad Media. Lamentablemente, la mala teología cristiana atribuye hoy al Israel secular un mandato divino para conquistar y mantener Palestina, con la consecuencia de que el pueblo palestino es marginado y considerado virtual “cananeos”39 Esta doctrina es contraria a la enseñanza del Nuevo Testamento y una violación del mandato del Evangelio.40 Además, esta teología pone a aquellos cristianos que instan a la toma y ocupación violenta de tierras palestinas en peligro moral de su propia culpabilidad sanguínea. ¿No estamos nosotros, como cristianos, llamados a orar y trabajar por la paz, advirtiendo a ambas partes en este conflicto que aquellos que viven a espada morirán a espada?41 Sólo el Evangelio de Jesucristo puede traer tanto la reconciliación temporal como la esperanza de una herencia eterna y celestial a israelíes y palestinos. Sólo a través de Jesucristo alguien puede conocer la paz en la tierra.

Se ha inaugurado el prometido reino mesiánico de Jesucristo. Su advenimiento marca el punto focal de la historia de la humanidad. Este reino del Mesías continúa realizando su plenitud a medida que judíos y gentiles creyentes se suman a la comunidad de los redimidos en cada generación. El mismo reino se manifestará en su forma final y eterna con el regreso de Cristo Rey en toda su gloria.

De todas las naciones, el pueblo judío jugó el papel principal en la llegada del reino mesiánico. La Escritura del Nuevo Testamento declara que a ellos se les dieron los oráculos de Dios,42 la adopción, la gloria, los pactos, la entrega de la ley, el servicio de Dios y las promesas.43 De ellos son los padres Abraham, Isaac y Jacob, y de ellos, según la carne, vino Cristo.44 La salvación es, en verdad, de los judíos.45 Si bien afirman la enseñanza bíblica de que no hay salvación fuera de Cristo, los cristianos deben reconocer con sincero dolor y pena la frecuente opresión de los judíos en la historia, a veces trágicamente cometida en nombre de la cruz.

Pero ¿qué debemos hacer con la incredulidad de Israel? ¿Su incredulidad ha hecho que la fidelidad de Dios no tenga efecto para ellos?46 No, Dios no ha rechazado completamente al pueblo de Israel,47 y nos unimos al apóstol Pablo en su sincera oración por la salvación de sus parientes judíos según la carne.48 Siempre ha habido y siempre habrá un remanente que se salve.49 Si bien no todo Israel experimentará la bendición de participar en el reino mesiánico,50 sin embargo, los judíos que lleguen a la fe en Cristo compartirán su reinado durante toda la época presente y hasta la eternidad. Además, no es que el rechazo de algunos en Israel por incredulidad no sirva de nada. Por el contrario, porque fueron quebrantados por la incredulidad, el Evangelio ha ido a los gentiles, quienes ahora, por la fe, participan de las bendiciones a los padres y se unen a los judíos creyentes para constituir el verdadero Israel de Dios, la iglesia de Jesucristo.51

Sin embargo, el actual Estado secular de Israel no es una realización auténtica ni profética del reino mesiánico de Jesucristo. Además, no se debe anticipar un día en el que el reino de Cristo manifestará distintivos judíos, ya sea por su ubicación en “la tierra”, por su circunscripción o por sus instituciones y prácticas ceremoniales. En cambio, esta era actual llegará a una conclusión culminante con la llegada de la fase final y eterna del reino del Mesías. En aquel tiempo, todos los ojos, incluso los de quienes lo traspasaron, verán al Rey en su gloria.52 Cada rodilla se inclinará y cada lengua declarará que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.53 Los reinos de este mundo se convertirán en el reino de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos.54

A la luz de la gran expectativa profética del Nuevo Testamento, instamos a nuestros hermanos y hermanas evangélicos a volver a la proclamación de la libre oferta de la gracia de Cristo en el Evangelio a todos los hijos de Abraham, a orar por la paz entre israelíes y palestinos, y prometer toda la simpatía humanitaria y el apoyo práctico a aquellos de ambos lados que están sufriendo en este actual círculo vicioso de atrocidades y desplazamientos. También invitamos a aquellos educadores y pastores cristianos que comparten nuestras convicciones sobre el pueblo de Dios, la tierra de Israel y la imparcialidad del Evangelio a unir sus nombres con los nuestros como firmantes de esta carta abierta.55

Adviento

En el Año de nuestro Señor 2002 Soli Deo Gloria

Firmsntes en ministerios de educación (escuelas, organizaciones paraeclesiásticas, etc.):.

R. Fowler White, Ph.D., Knox Theological Seminary, Ft. Lauderdale, FL

R. C. Sproul, Ph.D., President, Ligonier Ministries, Orlando, FL; Board member, Knox Theological Seminary, Ft. Lauderdale, FL

Robert L. Reymond, Ph.D., Knox Theological Seminary, Ft. Lauderdale, FL

O. Palmer Robertson, Th.D., Principal, African Bible College, Uganda; Visiting Professor, Knox Theological Seminary, Ft. Lauderdale, FL

E. Calvin Beisner, Ph.D., Knox Theological Seminary, Ft. Lauderdale, FL

Samuel P. Lamerson, Ph.D., Knox Theological Seminary, Ft. Lauderdale, FL Lawrence C. Roff, D.Min., Knox Theological Seminary, Ft. Lauderdale, FL

Warren A. Gage, J.D., Ph.D., Knox Theological Seminary, Ft. Lauderdale, FL

Collins D. Weeber, Ph.D., Knox Theological Seminary, Ft. Lauderdale, FL

Ronald T. Kilpatrick, D.Min., Knox Theological Seminary, Ft. Lauderdale, FL George W. Grant, Ph.D., King’s Meadow Study Center, Franklin, TN

Michael A. G. Haykin, Th.D., Toronto Baptist Theological Seminary, Canada

David W. Hall, Ph.D., Director, The Kuyper Institute; Sr. Pastor, Midway Presbyterian Church, Powder Springs, GA

Alden C. Mayfield, M.A.R., Chung-Ang University, Seoul, Korea

Gary DeMar, M.Div., American Vision, Powder Springs, GA

Dominic A. Aquila, D.Min., New Geneva Theological Seminary, Colorado Springs, CO

Richard B. Gaffin, Jr., Th.D., Westminster Theological Seminary, Philadelphia, PA Cornelius P. Venema, Ph.D., Mid-America Reformed Seminary, Dyer, IN

Michael S. Horton, Ph.D., Alliance of Confessing Evangelicals, Philadelphia, PA

C.W. Powell, Ph.D., New Geneva Theological Seminary, Colorado Springs, CO

James E. McGoldrick, Ph.D., Greenville Presbyterian Theological Seminary, Taylors, SC

Kenneth G. Talbot, Ph.D., Whitefield Theological Seminary, Lakeland, FL

Donald J. Musin, Ph.D., Whitefield Theological Seminary, Lakeland, FL

W. Gary Crampton, Th.D., Whitefield Theological Seminary, Lakeland, FL

Thomas Schirmacher, Ph.D., Martin Bucer Theological Seminary, Germany

D. Randall Talbot, Th.D., Whitefield Theological Seminary, Lakeland, FL

Leanne Van Dyk, Ph.D., Western Theological Seminary, Holland, MI

Ralph F. Boersema, Th.M., International Reformed Theological College, Bristol, VA Andrew J. Thompson, J.D., Scriptura, LLC, Roswell, GA

Bruce K. Waltke, Th.D., Ph.D., Reformed Theological Seminary, Orlando, FL

John J. Brennan, M.Div., M.Ed., Foxcroft Academy, Dover-Foxcroft, ME

Ken Campbell, Ph.D., Retired, Belhaven College, Jackson, MS

Joseph A. Pipa, Jr., Ph.D., President, Greenville Presbyterian Theological Seminary Ronald Senk, BTh., Hons.BTh., MTh., Book Author, Leopoldshöhe, Germany

Tom Bateson, Executive Director, Spirit Of Truth Leadership Institute, Columbus, OH

Signatories in pastoral ministries (pastors, teaching elders, ruling elders, etc.):

Ed Yurus, M.Div., 1-101 Aviation Regiment Chaplain, Fort Campbell, KY

Kenneth P. Wackes, D.Min., Coral Ridge Presbyterian Church, Ft. Lauderdale, FL Ronald L. Siegenthaler, B.D., Coral Ridge Presbyterian Church Ft. Lauderdale, FL Paul C. Hurst, M.Div., Coral Ridge Presbyterian Church, Ft. Lauderdale, FL

Robert D. Dillard, Jr., M.Div., Coral Ridge Presbyterian Church, Ft. Lauderdale, FL Gregory J. Beaupied, M.Div., Coral Ridge Presbyterian Church, Ft. Lauderdale, FL Gary L. W. Johnson, D.Th. (cand.), Church of the Redeemer, Mesa, AZ

Gary J. Griffith, M.A., Faith Reformed Presbyterian Church, Quarryville, PA

Robert N. Burridge, M.Div., Grace Presbyterian Church, Pinellas Park, FL

J. Ray Bobo, M.Div., Heidelberg Presbyterian Church, Heidelberg, MS

Craig R. Rowe, D.Min., Gallatin Valley Presbyterian Church, Bozeman, MT

K. Dale Linton, M.Div., Magee Presbyterian Church, Magee, MS

J. Michael Arnaud, M.Div., Arco Presbyterian Church, Arco, ID

Kenneth A. Pierce, M.Div., Draper’s Valley Presbyterian Church, Draper, VA

Robert D. Byrne, M.Div., PCA Hospital Chaplain

J. Render Caines, D.Min., Covenant Presbyterian Church, Chattanooga, TN

Robert Benn Vincent, Sr., M.Div., Grace Presbyterian Church, Alexandria, LA

Raymond P. Joseph, M.Div., Southfield Reformed Presbyterian Church, Southfield, MI

Peter Byron LaPointe, M.Div., Christ the King Presbyterian Church, Seminole, FL William Mikler, Ph.D., St. Johns Abbey, Sanford, FL

W. Michael McCrocklin, D.Min., Christ the Redeemer Presbyterian Church, Cypress, TX

Stephen M. Clark, Ph.D., Wallace Presbyterian Church, Hyattsville, MD

Edward L. James, M.Div., Grace Christian Fellowship, Hancock, MD

Jeffrey Kingswood, M.Div., Grace Presbyterian Church, Woodstock, Ontario

E. Matthew Kingswood, M.Div., Russell Reformed Presbyterian Church, Russell, Ontario

Charles H. Roberts, D.Min., Ballston Center ARP Church, Ballston Spa, NY

Kevin Ramsey, Ruling Elder, Salem Presbyterian Church, Gaffney, SC

Arthur L. Fawthrop, B.D., Crown and Covenant Church, Owego, NY William S. Smith, Th.D., Retired, PCUSA

Dan Gibson, B.A., Covenant Community Reformed Church, Janesville, WI Christian Adjemian, Ph.D., First Reformed Presbyterian Church, Cambridge, MA Larry Pratt, Ruling Elder, Harvester Presbyterian Church, Springfield, VA

James H. Chester, M.Div., Orthodox Zion Primitive Baptist Church, West Palm Beach, FL

G. I. Williamson, B.D., Orthodox Presbyterian Church, Sheldon, IA

LeRoy E. Miller, M.Div., Faith Orthodox Presbyterian Church, Lincoln, NE

Donald R. Miller, B.D., Emmanuel Reformed Presbyterian Church, Auburn, ME

Stephen D. Doe, M.Div., Bethel Reformed Presbyterian Church, Fredericksburg, VA Thomas J. Pasquarello, Ruling Elder, Grace Reformed Fellowship, Hagerstown, MD

G. C. Hammond, M.Div., Bethel Presbyterian Church, Leesburg, VA

Allen F. Gewecke, Ruling Elder, Faith Orthodox Presbyterian Church, Lincoln, NE David F. Coffin, Jr., Ph.D., New Hope Presbyterian Church, Fairfax, VA

Shawn H. Keating, M.Div., Carrollton Presbyterian Church, Carrollton, MS

Scott Seidler, M.Div., Faith Presbyterian Church, Okeechobee, FL

John T. Stevenson, M.Div., St. Andrews Presbyterian Church, Hollywood, FL

Joseph Mooibroek, Ph.D., Independent Baptist Alliance, Boca Raton, FL Hermes

C. Fernandes, B.A., Order of Evangelical Ministers of Brazil

Patrick H. Morison, M.Div., Retired, Orthodox Presbyterian Church, Kalispell, MT Chris Delzio, Ruling Elder, Harrison Presbyterian Church, Harrison, NY

Andrew H. Selle, D.Min., Christian Counseling & Mediation, Essex Junction, VT Paul D. Frick, M.Div., Westminster Presbyterian Church, Valdosta, GA

Reed DePace, M.A.R., Reformed Presbyterian Church of Slate Lick, Kittanning, PA Stephen Pribble, M.A., Grace Orthodox Presbyterian Church, Holt, MI

Stephen M. Van Roekel, M.Div., Lake Osborne Presbyterian Church, Lake Worth, FL

Tom Darnell, M.A., Grace Covenant Presbyterian Church, Williamsburg, VA

Robert Totty, Th.M., Ruling Elder, Westminster Reformed Presbyterian Church, Suffolk, VA

David Fairchild, Kaleo Fellowship of Christ, San Diego, CA

Anthony Monaghan, M.Div., Providence Presbyterian Church, Charlottesville, VA Hal Brunson, Ph.D., First Baptist Church of Parker, Parker, TX

Lendall H. Smith, M.Div., Bethel Presbyterian Church, Wheaton, IL

Steven G. Rockhill, M.Div., Lisbon Reformed Presbyterian Church, Lisbon, NY Michael Kuhn, M.Div., Christ Covenant Presbyterian Church, Charlotte, NC

Bradley Jersak, M.A., M.Div., Fresh Wind Christian Fellowship, Aldergrove, BC Canada David B. Wallover, D.Min., Harvest Presbyterian Church, Medina, OH

Debbie Funke, D.Min., Manhattan Presbyterian Church, Manhattan, MT

Fredrick T. Greco, J.D., Ruling Elder and Clerk of Session, Grace Presbyterian Church, Hudson, OH

Wendell S. Stolzfus, M.Div., Living Word Presbyterian Church, Pottstown, PA

D. Scott Meadows, M.A., Calvary Baptist Church (Reformed), Exeter, NH

Stephen T. Nutter, Reformed Baptist Church, Sault Ste. Marie, MI

C. Brian Higbee, City Church of Connellsville, Connellsville, PA

Sherwood Becker, Grace Community Baptist Church (Reformed Baptist), Cumberland, RI

Alfred J. Poirier, M.Div., Rocky Mountain Community Church, PCA Billings, MT Michael J. Glodo, M.Div., Th.M., Ph.D. (cand), Livonia, MI

Theodore J. Georgian, Th.M., Pastor Emeritus, Covenant Presbyterian Church, Rochester, NY

Jim Campbell, A.Div., Grace Baptist Church (Reformed Baptist), Tahlequah, OK

Paul Joiner, M.Div., Reformed University Fellowship, Lakeland, FL

Stephen P. Welch, M.Div., Coral Ridge Presbyterian Church, Ft. Lauderdale, FL Jack A. Van Dyk, M.Div., Christian Center Ministries, Alexandria, VA

Jude J. Reardon, M.Div., Grangeville Christian Reformed Church, Grangeville, ID

Robert J. Mattes, Ruling Elder, (Clerk of Session), Christ Church of Arlington, Arlington, VA.

Carl R. Smith, Deacon, First Presbyterian Church, Spokane, WA

Bryan Maes, Elder and Teaching Pastor, Church of the Redeemer, Albuquerque, NM

Robert P. Martin, Ph.D., Pastor, Emmanuel Reformed Baptist Church, Seatle, WA Scott P. Siems, M.Div., New Jerusalem Bible Presbyterian Church, Chapel Hill, NC P George Logan. Ph.D; Th.D; Wynnum Presbyterian Church, Brisbane, Australia Michael A. Uhall, Navy Chaplain, Presbyterian Church in America

Michael L. Babcock, M.Div., Pastor, Providence OPC, Las Vegas, NV

Jim Stastny, M.Div., Cornerstone OPC, Germantown, MD

Charles A. Collins, Jr., M.Div., Assisting Presbyter, New Israel Reformed Episcopal Church, Charleston, SC

Conrad Doskey, Ruling Elder, Covenant Heritage Reformed Fellowship, Yorktown, VA

Graeme Mitchell, Ruling Elder and Session Clerk, Epping NSW, Presbyterian Reformed Church of Australia

Thomas C. Albrecht, Ruling Elder, Immanuel Presbyterian Church, Coatesville, PA

Robert Willoughby, Minister-at-Large, The Christian and Missionary Alliance of Canada, Abbotsford, Canada

James M. Harrison, M.Div., Pastor, Red Mills Baptist Church, Mahopac Falls, NY

Mike Moreau, M.Div., Pastor, Goshen Presbyterian Church, Belmont, NC

Ronald L. Beabout, Th.M., Pastor, Calvary Orthodox Presbyterian Church, Cedar Grove, WI

Douglas W. Giles, M.Div., Pastor, Evangelical Lutheran Church, Alberta, Canada

1 Mateo 5:13-16, “Tú eres la sal de la tierra; pero si la sal pierde su sabor, ¿cómo será sazonada? Entonces no sirve para nada más que ser expulsado y pisoteado por los hombres. Eres la luz del mundo. Una ciudad situada sobre una colina no se puede ocultar. Tampoco encienden una lámpara y la ponen debajo de una canasta, sino en un candelabro, y da luz a todos los que están en la casa. Que tu luz brille delante de los hombres, para que vean tus buenas obras y glorifiquen a tu Padre celestial.”

2 Juan 14:27, “Paz os dejo, mi paz os doy; no como el mundo os da, os doy. No se turbe tu corazón, ni tenga miedo.”

3 Romanos 6:23, “El don de Dios es la vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

4 Lucas 3:8, “Y no empecéis a deciros: ‘Tenemos a Abraham como nuestro padre.’ Porque os digo que de estas piedras Dios puede criar hijos para Abraham.” Efesios 2:8-9, “Porque por gracia habéis sido salvos, por la fe -y esto no de vosotros mismos, es don de Dios- no por obras, para que nadie pueda jactarse.”

5 Romanos 3:22-23, “No hay diferencia; porque todos han pecado y están destituidos de la gloria de Dios.”

6 Romanos 6:23, “La paga del pecado es muerte.”

7 Romanos 3:9-10, “¿Somos mejores que ellos? En absoluto; porque ya hemos acusado que tanto judíos como griegos están todos bajo pecado; como está escrito, ‘No hay justo, ni siquiera uno.’”

8 Ezequiel 18:23, 32, “¿Me complazco en la muerte de los impíos? ... No me complace la muerte de nadie, declara el Señor Soberano.”

9 Éxodo 34:7, “Él no deja impunes a los culpables.”

10 Hechos 4:12, “La salvación no se encuentra en nadie más, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres por el cual debamos ser salvos.” Juan 14:6, “respondió Jesús, ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí.’”

11 Juan 1:1, 14, “En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. ... Y el Verbo se hizo carne y

habitó entre nosotros, y contemplamos su gloria, la gloria como del unigénito del Padre, llena de gracia y verdad.”

12 1 Timoteo 1:15, “Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.”

13 Hebreos 9:11-12, “Pero Cristo vino como Sumo Sacerdote de las cosas buenas venideras, sin que el tabernáculo mayor y más perfecto estuviera hecho con manos, es decir, no de esta creación. No con sangre de cabras y terneros, sino con su propia sangre entró de una vez por todas en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido la redención eterna.” Hebreos 10:11-12, “Y todo sacerdote ministra diariamente y ofrece repetidamente los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados. Pero este hombre, después de haber ofrecido un sacrificio por los pecados para siempre, se sentó a la diestra de Dios.”

14 Juan 4:21, 23, “Jesús le dijo: ‘Mujer, créeme, viene la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarás al Padre. ... Pero viene la hora, y ahora es, cuando el

los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad; porque el Padre busca a los que lo adoran. Dios es Espíritu, y quienes lo adoran deben adorarlo en espíritu y en verdad.’” Juan 2:19-21, “Respondió Jesús y les dijo: ‘Destruye este templo, y en tres días lo levantaré.’ Entonces los judíos dijeron: ‘Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este templo, ¿y lo levantaréis en tres días?’” Pero estaba hablando del templo de su cuerpo.”

15 Romanos 1:16, “Porque no me avergüenzo del evangelio de Cristo, porque es poder de Dios para salvación para todo aquel que cree, primero para el judío y también para el griego [gentil].” Juan 1:12-13, “Pero a todos los que lo recibieron, les dio derecho a ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre: que no nacieron de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de hombre, sino de Dios.”

16 Gálatas 3:16, “Ahora bien, a Abraham y a su Simiente fueron hechas las promesas. Él no dice, “Y a las semillas,” como de muchos, sino como de uno, “Y a tu Semilla,” que es Cristo.”

17 Romanos 4:13, “La promesa a Abraham de que sería heredero del mundo no fue a su descendencia por la ley, sino por la justicia de la fe.”

18 Gálatas 3:7, 26-29, “Por tanto, asegúrate de que sean los de fe los hijos de Abraham. ... Porque todos vosotros sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. No hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham y herederos según la promesa.”

19 Génesis 12:3, “Bendeciré a los que os bendigan, y maldeciré al que os maldice.” Gálatas 3:7-8, “Por tanto, asegúrate de que sean los de fe los hijos de Abraham. La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, predicó el evangelio de antemano a Abraham, diciendo: ‘Todas las naciones serán benditas en vosotros.’”

20 Gálatas 3:22, “Pero la Escritura ha encerrado a todos bajo pecado, para que la promesa por la fe en Jesucristo sea dada a los que creen.” Mateo 21:43, “Por eso os digo que el reino de Dios os será quitado y dado a un pueblo que produce su fruto.”

21 Romanos 2:28-29, “Porque no es judío el que es uno exteriormente, ni la circuncisión lo que es exteriormente en la carne; sino que es judío el que es uno interiormente; y la circuncisión es la del corazón, en el Espíritu, no en la letra; cuya alabanza no proviene de los hombres sino de Dios.” Filipenses 3:3, “Porque nosotros somos la verdadera circuncisión, que adoramos en el Espíritu de Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús y no confiamos en la carne.”

22 Hechos 7:38, “Este [Moisés] es el que estaba en la iglesia en el desierto junto con el ángel que le hablaba en el monte Sinaí.”

23 Gálatas 6:16, “Y todos los que anden conforme a esta regla, la paz sea con ellos, y la misericordia, incluso con el Israel de Dios.”

24 Hebreos 13:14, “Porque aquí no tenemos ciudad continua, sino que buscamos a la venidera.” Filipenses 3:20, “Porque nuestra ciudadanía está en el cielo, del cual también esperamos ansiosamente al Salvador, el Señor Jesucristo.” 2 Pedro 3:13, “Nosotros, según su promesa, buscamos cielos nuevos y una tierra nueva, en la que habite la justicia.” Apocalipsis 21:9-14, “Entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas vino a mí y habló conmigo, diciendo: ‘Ven, te mostraré a la novia, la mujer del Cordero.’ Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad, la santa Jerusalén, descendiendo del cielo de Dios, teniendo la gloria de Dios. ... También tenía un muro grande y alto con doce puertas, y doce ángeles en las puertas, y nombres escritos en ellasque son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel... Y la muralla de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos estaban los nombres de los doce apóstoles del Cordero.” Hebreos 11:39-40, “ Y todos éstos, habiendo obtenido buen testimonio por la fe, no recibieron la promesa, pues Dios nos había provisto algo mejor, para que no se perfeccionaran fuera de nosotros.”

25 Hebreos 11:13-16, “Todos ellos murieron en la fe, no habiendo recibido las promesas, sino viéndolas de lejos, se aseguraron de ellas, las abrazaron y confesaron que eran extraños y peregrinos en la tierra. Porque quienes dicen tales cosas declaran claramente que buscan una patria. Y verdaderamente si hubieran recordado el país del que habían salido, habrían tenido la oportunidad de regresar. Pero ahora desean un país mejor, es decir, un país celestial. Por eso Dios no se avergüenza de ser llamado su Dios, porque les ha preparado una ciudad.” Hebreos 12:22-24, “Pero habéis venido al monte Sión y a la ciudad del Dios vivo, la Jerusalén celestial, a una innumerable compañía de ángeles, a la asamblea general y a la iglesia de los primogénitos registrados en el cielo, a Dios Juez de todos, a los espíritus de hombres justos perfeccionadosa Jesús Mediador del nuevo pacto, y a la sangre de aspersión que habla mejores cosas que la de Abel.”

26 Juan 2:19-21, “Respondió Jesús y les dijo: ‘Destruye este templo, y en tres días lo levantaré.’ Entonces los judíos dijeron: ‘Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este templo, ¿y lo levantaréis en tres días?’” Pero estaba hablando del templo de su cuerpo.”

27 Hebreos 8:1-6, “Ahora bien, este es el punto principal de las cosas que estamos diciendo: Tenemos tal Sumo Sacerdote, que está sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, Ministro del santuario y del verdadero tabernáculo que el Señor erigió, y no el hombre. ... Porque si estuviera en la tierra, no sería sacerdote, ya que hay sacerdotes que ofrecen los dones conforme a la ley; que sirven la copia y sombra de las cosas celestiales ... . Pero ahora ha obtenido un ministerio más excelente, en la medida en que también es Mediador de un pacto mejor, que se estableció sobre mejores promesas.” Véase además Hebreos 4:14-5:10; 6:13-10:18.

28 Efesios 2:19-22, “Ahora, pues, ya no sois extraños ni extranjeros, sino conciudadanos con los santos y miembros de la casa de Dios, habiendo sido edificados sobre los cimientos de los apóstoles y profetas, siendo Jesucristo mismo la piedra angular principal, en quien todo el edificio, al estar encajado, crece hasta convertirse en un templo santo en el Señor en quien también vosotros estáis siendo edificados juntos para morada de Dios en el Espíritu.” 1 Pedro 2:4-6, “Y viniendo a él como a una piedra viva que ha sido rechazada por los hombres, pero que es escogida y preciosa ante los ojos de Dios, vosotros también, como piedras vivas, estáis siendo edificados como casa espiritual para un santo sacerdocio, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. Porque esto está contenido en las Escrituras: ‘He aquí que yo puse en Sión una piedra escogida, una piedra angular preciosa,y el que cree en él no quedará decepcionado.’”

29 Mateo 16:18, “Y os digo que sois Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no la vencerán.” Hebreos 3:5-6, “Porque [Jesús] ha sido considerado digno de más gloria que Moisés, en la medida en que el constructor de la casa tiene más honor que la casa. Porque toda casa es construida por alguien, pero el constructor de todas las cosas es Dios. Ahora bien, Moisés era fiel como siervo en toda la casa de Dios, como testimonio de aquellas cosas que se dirían más tarde. Pero Cristo es fiel como hijo sobre la casa de Dios. Y nosotros somos su casa.”

30 2 Pedro 3:10-13, “Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche, en la cual los cielos pasarán con gran ruido, y los elementos se derretirán con calor ferviente; tanto la tierra como las obras que hay en ella serán quemadas. Por tanto, puesto que todas estas cosas se disolverán, ¿qué clase de personas debéis ser en santa conducta y piedad, buscando y acelerando la venida del día de Dios, por lo cual los cielos se disolverán, estando en llamas, y los elementos se derretirán con calor ferviente? Sin embargo, nosotros, según su promesa, buscamos nuevos cielos y una nueva tierra en la que habite la justicia.”

31 Gálatas 2:7, “El evangelio para los incircuncisos había sido encomendado a [Pablo], como el evangelio para los circuncidados fue para Pedro (porque el que trabajó eficazmente en Pedro para el apostolado de los circuncidados también trabajó eficazmente en [Pablo] hacia los gentiles).”

32 Cf. Hechos 1:6-7, “Por tanto, cuando se reunieron, preguntaron [a Jesús], diciendo: ‘Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?’ Y él les dijo: “No os corresponde a vosotros conocer tiempos o estaciones que el Padre ha puesto en su propia autoridad.’”

33 2 Pedro 3:13, “Nosotros, según su promesa, buscamos cielos nuevos y una tierra nueva en la que habite la justicia.”

34 Josué 21:43-45, “Entonces el Señor dio a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y ellos tomaron posesión de ella y habitaron en ella. El Señor les dio descanso por todos lados, conforme a todo lo que había jurado a sus padres. Y no se puso contra ellos hombre alguno de todos sus enemigos; el Señor entregó a todos sus enemigos en sus manos. Ni una palabra faltó de nada bueno que el Señor hubiera dicho a la casa de Israel. Todo sucedió.”

35 Mateo 24:1-2, Entonces Jesús salió y se apartó del templo, y sus discípulos subieron a mostrarle los edificios del templo. Y Jesús les dijo: ‘¿No veis todas estas cosas? Ciertamente os digo que aquí no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.’” Véase también Marcos 13:1-2; Lucas 21:20-24.

36 Lucas 21:24, “Jerusalén será pisoteada por los gentiles hasta que se cumplan los tiempos de los gentiles.”

37 Éxodo 20:12, “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean largos en la tierra que el Señor tu Dios te da.” // Efesios 6:2-3, “’Honra a tu padre y a tu madre,’ que es el primer mandamiento con promesa: ‘para que os vaya bien y viváis mucho tiempo en la tierra.’” Génesis 12:1, “Ahora el Señor le había dicho a Abram: “Sal de tu tierra, de tu familia y de la casa de tu padre, a una tierra que yo te mostraré”; cf. Romanos 4:13, “La promesa a Abraham de que sería heredero del mundo no fue a su descendencia por la ley, sino por la justicia de la fe.” Salmo 37:11, “Pero los mansos heredarán la tierra y se deleitarán en la abundancia de la paz.” // Mateo 5:5, “Bienaventurados los mansos, porque heredarán la tierra.” Salmo 2:7-8, “El Señor me ha dicho, ‘Tú eres mi Hijo,Hoy te he engendrado. Pídeme, y te daré las naciones por tu herencia, y los confines de la tierra por tu posesión.”

38 Hechos 2:29-32, “Hombres y hermanos, permítanme hablarles libremente del patriarca David, que está muerto y sepultado, y su tumba está con nosotros hasta el día de hoy. Por tanto, siendo profeta, y sabiendo que Dios le había jurado con juramento el fruto de su cuerpo, conforme a la carne, levantaría a Cristo para sentarse en su trono, él, previendo esto, habló acerca de la resurrección de Cristo, que su alma no quedó en el Hades, ni su carne vio corrupción. Este Jesús Dios ha resucitado, del cual todos somos testigos.”

39 Deuteronomio 20:16-18, “Sólo en las ciudades de estos pueblos que el Señor tu Dios te da en herencia, no dejarás vivo nada que respire. Pero los destruiréis por completo, a los hititas y a los amorreos, a los cananeos y a los ferezeos, a los heveos y a los jebuseos, como el Señor vuestro Dios os ha mandado, para que no os enseñen a hacer conforme a todas las cosas detestables que han hecho por sus dioses, para que pecéis contra el Señor vuestro Dios.” Véase también Levítico 27:28-29.

40 Mateo 28:19, “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones.”

41 Mateo 26:52, “Pero Jesús le dijo: ‘Pon tu espada en su lugar, porque todos los que tomen la espada perecerán a espada.’”

42 Romanos 3:2, A ellos [los judíos] se les confiaron los oráculos de Dios.”

43 Romanos 9:3-4, “Porque podría desear que yo mismo fuera maldito, separado de Cristo por causa de mis hermanos, mis parientes según la carne, que son israelitas, a quienes pertenece la adopción como hijos, y la gloria y los pactos y la entrega de la Ley y el servicio del templo y las promesas.”

44 Romanos 9:5, “cuyos son los padres, y de quien es Cristo según la carne, que está sobre todo, Dios bendito para siempre. Amen.”

45 Juan 4:22, “La salvación es de los judíos.”

46 Romanos 3:1-4, “¿Qué ventaja tiene entonces el judío, o cuál es el beneficio de la circuncisión? ¡Mucho en todos los sentidos! Principalmente porque a ellos les fueron encomendados los oráculos de Dios. ¿Y si algunos no creyeran? ¿Su incredulidad hará que la fidelidad de Dios carezca de efecto? ¡Por supuesto que no!”

47 Romanos 11:1, “¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡Por supuesto que no!” Véase más Romanos 11:2-10.

48 Romanos 9:1-3, “Estoy diciendo la verdad en Cristo, no miento, mi conciencia testifica conmigo en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y dolor incesante en mi corazón. Porque podría desear que yo mismo fuera maldito, separado de Cristo por causa de mis hermanos, mis parientes según la carne.”

49 Romanos 11:5, “Aun así, en este momento hay un remanente según la elección de la gracia.”

50 Romanos 9:6, “No todos los Israel son de Israel; ni todos son hijos porque son descendientes de Abraham.”

51 Romanos 11:11-18, “Digo entonces, ¿han tropezado para caer? ¡Por supuesto que no! Pero mediante su caída, para provocarles celos, la salvación ha llegado a los gentiles. ... Porque te hablo

Gentiles; en cuanto soy apóstol de los gentiles, magnifico mi ministerio, si por alguna manera puedo provocar celos a los que son mi carne y salvar a algunos de ellos. ... Y si algunas de las ramas se rompieron, y tú, siendo olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas, y con ellas te convertiste en partícipe de la raíz y la grasa del olivo, no te jactes contra las ramas. Pero si te jactas, recuerda que no apoyas a la raíz, pero la raíz te apoya a ti.”

52 Apocalipsis 1:7, “He aquí, él viene con nubes, y todo ojo lo verá, incluso los que lo traspasaron.”

53 Filipenses 2:9-11, “Dios lo exaltó mucho y le otorgó el nombre que está por encima de todo nombre, de modo que en el nombre de Jesús se inclinará toda rodilla de los que están en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y que toda lengua confesará que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.”

54 Apocalipsis 11:15, “Entonces sonó el séptimo ángel: Y hubo voces fuertes en el cielo, diciendo: ‘¡Los reinos de este mundo se han convertido en los reinos de nuestro Señor y de su Cristo, y reinará por los siglos de los siglos!’”

55 Aquellos que deseen agregar sus nombres como firmantes de esta Carta Abierta pueden hacerlo comunicándose con nosotros por carta en Knox Theological Seminary, 5554 N. Federal Hwy., Ft. Lauderdale, FL, o por correo electrónico a DeanofFaculty@KnoxSeminary.edu. Debido a la posibilidad de diversos abusos, los nombres se agregarán como firmantes sólo después de recibir 1) correspondencia (carta o correo electrónico) otorgando permiso para adjuntar dicho nombre e identificación pertinente a la Carta Abierta; y 2) un número de teléfono para confirmación verbal. Para un estudio más profundo sobre la contribución del Libro del Apocalipsis a la escatología bíblica, véase El proyecto John-Revelation bajo el Foro de la Facultad en este sitio web.


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