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martes, 18 de mayo de 2021

HAMBRES Y PESTES COMO SEÑALES PREVIAS A LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN (70 d.C.)




Una lectura histórico-exegética desde la perspectiva preterista parcial

I. Introducción: Las señales anunciadas por Jesús.

En su discurso en el Monte de los Olivos, Jesús advirtió a sus discípulos sobre una serie de calamidades que precederían la destrucción de Jerusalén y del templo. Lucas registra sus palabras:

“Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.”
—Lucas 21.10-11

Estas señales debían ocurrir antes del evento central descrito por Jesús: el asedio de Jerusalén (Lc. 21.20-24).
Para una interpretación responsable, es necesario examinar:

  1. La intención original del discurso (audiencia inmediata)

  2. El significado de las señales en el contexto judío del siglo I

  3. La evidencia histórica del cumplimiento en la generación apostólica

Este estudio busca demostrar que hambrunas y pestes documentadas en el primer siglo constituyen un cumplimiento directo de las palabras de Jesús, confirmadas por fuentes bíblicas y extrabíblicas.

II. Evidencia interna: Lucas como historiador y testigo.

El libro de Hechos, escrito por el mismo Lucas, registra el cumplimiento explícito de una gran hambruna universal antes del año 70 d.C.

1. Profecía de Agabo.

“Se levantó uno de ellos, llamado Agabo, quien por el Espíritu anunciaba que vendría una gran hambre en toda la tierra; la cual sucedió en tiempo de Claudio.”
—Hechos 11.28

La frase πᾶσαν τὴν οἰκουμένην (“toda la tierra habitada”) coincide exactamente con el lenguaje apocalíptico de Jesús acerca de señales amplias pero localmente detectables en el mundo mediterráneo.

2. Coherencia lucana.

Lucas registra:

  • La profecía de Jesús (Lc. 21)

  • Su cumplimiento parcial en Hechos

Esto demuestra que él entendió las señales como sucesos contemporáneos, no como catástrofes globales futuras.

III. Evidencia extrabíblica: registros de Tácito, Josefo y otros.

1. Hambrunas documentadas en el siglo I.

a. Durante Tiberio (32–37 d.C.)

Tácito narra una severa crisis alimentaria:

“El precio del trigo se elevó tanto que casi estalló una insurrección.”
Anales VI.13

b. Durante Claudio (41–54 d.C.)

Esta coincide con Hechos 11.28:

“Una escasez de trigo... y la hambruna que resultó fue interpretada como advertencia sobrenatural.”
Anales XII.43

Josefo confirma lo mismo:

“La ciudad sufría por el hambre… muchos morían de indigencia.”
Antigüedades, XX.2.5

c. Durante el sitio de Jerusalén (70 d.C.)

Josefo ofrece un testimonio desgarrador:

“Miles morían de hambre… royendo cuero y paja.”
Guerras, V.10.3

En este punto, la hambruna no fue solo señal previa al juicio, sino parte integrante de la devastación final.

2. Pestes y epidemias.

Tácito describe una epidemia devastadora en Campania:

“Una peste redujo todo rango de la población… las casas estaban llenas de muertos y los caminos obstruidos de funerarios.”
Anales XVI.10-13 (65 d.C.)

Estas pestes coinciden con el marco temporal de los “principios de dolores” (Mt. 24.8).

IV. Integración teológico-exegética.

El preterismo parcial sostiene que las señales de Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21:

  • son literalmente cumplidas en la generación de los apóstoles,

  • pero su lenguaje apocalíptico no exige un cumplimiento universal o global,

  • sino fenómenos intensos y significativos en la región del Mediterráneo y Palestina.

Jesús no describió el fin del mundo, sino el fin de la era del templo (Heb. 8.13).

Dos claves hermenéuticas:

1. Audiencia original

Jesús dijo:

“Cuando ustedes vean…” —Lc. 21.20
“Esta generación no pasará…” —Mt. 24.34

Los destinatarios inmediatos son los discípulos, no una generación futura.

2. Lenguaje profético judío

Las pestes, hambrunas y señales cósmicas forman parte del vocabulario habitual de juicio en el AT (Is. 13; Ez. 5; Joel 2). No apuntan necesariamente a destrucción planetaria, sino al colapso de un orden histórico.

V. Consideraciones históricas para el preterismo parcial.

Los eventos que Jesús predijo son verificables históricamente:

  • Hambrunas severas registradas en Roma, Judea, Grecia y Egipto

  • Pestes documentadas por Tácito

  • Guerra entre judíos y Roma

  • Señales interpretadas como mal presagio

  • El sitio de Jerusalén

  • La destrucción del templo en 70 d.C.

Jesús no fue un profeta fallido; fue un profeta preciso cuyas palabras fueron confirmadas por la historia.

VI. Conclusión.

El cumplimiento histórico de estas señales no solo valida la exactitud profética de Jesús, sino que también recuerda a la Iglesia contemporánea que:

  • Dios gobierna la historia,

  • Cristo juzga a las naciones,

  • y la fidelidad importa más que las especulaciones futuristas.

Los discípulos no fueron llamados a obsesionarse con cronologías, sino a permanecer firmes en medio de la prueba (Mt. 24.13).

La caída de Jerusalén es un recordatorio solemne: Toda estructura religiosa que se aferra a la forma pero rechaza al Mesías se expone al juicio de Dios.

Y para el creyente fiel, es un consuelo: El mismo Cristo que juzga la infidelidad también preserva a los suyos en medio de la tribulación.


¡Piensa en esto cristiano!

jueves, 3 de mayo de 2018

Señales Antes del Fin: "Guerras y Rumores de Guerras"


Guerras y Rumores de Guerras

Jesucristo advirtió a sus discípulos que ellos "oirían de guerras y rumores de guerras" (Mt. 24:6), y que debían considerar estas señales como "el principio de dolores". Aunque estos conflictos no serían en sí "el fin", sí eran señales claras de que se acercaba ese fin anunciado: la destrucción del Templo y de la ciudad de Jerusalén (Mt. 24:1-3).

¿Qué sabían los discípulos sobre las guerras?

Muy poco. La generación de los discípulos de Jesús solo conocía de guerras por medio de la historia. El mundo conocido —"la tierra habitada" o oikoumenē, término común para referirse al Imperio Romano— gozaba de una paz generalizada tanto dentro como fuera de sus fronteras. El primer emperador romano, César Augusto, cerró las puertas del Templo de Jano en el año 24 a.C., las cuales solo se abrían en tiempos de guerra. Se acepta como inicio oficial de la llamada Pax Romana (1) el año 29 a.C., cuando Augusto proclamó el fin de las guerras civiles. Esta paz se extendió hasta la muerte del emperador Marco Aurelio en el año 180 d.C.

Cuando Jesús, en torno al año 30–33 d.C., pronunció su advertencia sobre guerras y señales del fin, toda su generación había nacido y crecido en tiempos de paz. Sus oyentes vivían bajo la estabilidad del Imperio Romano. Esta realidad hace más significativa la advertencia sobre “rumores de guerras”, ya que para aquella generación significaba una ruptura inusual de la paz.

La señal para escapar: el fin se acercaba

Jesús no solo predijo la aparición de rumores de guerra, sino que instruyó a sus discípulos a estar preparados para huir cuando vieran la “abominación desoladora” (Mt. 24:15–16). Por ello dijo: "los que estén en Judea huyan a los montes". El llamado a orar para que la huida no fuese en invierno ni en día de reposo (v. 20) subraya la inminencia del peligro y la necesidad de actuar con rapidez.

Esta profecía se cumplió cuando estalló la revuelta judía en el año 66 d.C., dando inicio a la guerra contra Roma que culminó con la destrucción de Jerusalén y su Templo en el año 70 d.C. Según Eusebio de Cesarea, los cristianos de Jerusalén, obedeciendo una revelación divina, huyeron a la ciudad de Pella en la región de Perea. Eusebio escribe:

“El pueblo de la Iglesia de Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes de la guerra y de vivir en otra ciudad de Perea (la que llaman Pella), por un oráculo transmitido por revelación a los notables de aquel lugar... La justicia de Dios vino sobre los judíos por el ultraje al que sometieron a Cristo y a sus apóstoles.” (Historia Eclesiástica, III.5.3)

El fin de la paz: el año de los cuatro emperadores

La Pax Romana comenzó a fracturarse no solo por la revuelta judía sino también por una cadena de conflictos internos en el Imperio. Tras el suicidio de Nerón en el año 68, Roma entró en un período de guerras civiles. El historiador Tácito describió este tiempo como un tiempo de desastres, violencia interna, incendios y caos político, afirmando que nunca hubo mayor evidencia de que los dioses habían abandonado a Roma:

"Un período de desastres, horrible por sus guerras, inundado por guerras civiles... Cuatro emperadores perecieron a espada... el mar estaba lleno de exiliados y sus costas contaminadas de sangre." (Historias, I, resumen).

Este caos interno coincidía con la desintegración de la paz que había caracterizado la vida de los primeros oyentes de Cristo. Tal como señala Kenneth L. Gentry:

"Las señales de Mateo 24 no fueron diseñadas para describir acontecimientos generales de la historia de la Iglesia, sino señales específicas dadas a esa generación. [...] El contexto, el auditorio, y la historia misma, apuntan a la destrucción de Jerusalén como su cumplimiento" (The Great Tribulation: Past or Future?, 1999).

Milton S. Terry, otro exponente del preterismo parcial, afirmó:

"El lenguaje apocalíptico usado por Jesús en los Evangelios debe interpretarse en armonía con los usos proféticos del Antiguo Testamento, y no como descripciones literales del fin del mundo" (Biblical Hermeneutics, 1890).

Evidencia interna: Jerusalén gozaba de paz

El libro de Hechos aporta una evidencia textual del contexto pacífico previo a la guerra. En Hechos 24:2–3, Tértulo, abogado del Sanedrín, presenta su acusación contra Pablo ante el procurador Félix y comienza diciendo:

"Gracias a ti gozamos de mucha paz, y por tu previsión se han hecho notables mejoras en esta nación. Siempre y en todo lugar lo aceptamos con toda gratitud, oh excelentísimo Félix."

Este evento tuvo lugar alrededor del año 58–60 d.C., pocos años antes del inicio de las guerras anunciadas por Jesús.

Conclusión

Jesús fue claro: "no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca" (Mt. 24:34). Las "guerras y rumores de guerras" no fueron eventos lejanos (2025 d.C.) ni simbólicos, sino acontecimientos concretos que esa generación (la generación de Jesucristo) vio con sus propios ojos. El cumplimiento preciso de las palabras de Cristo demuestra su autoridad profética, la fidelidad de Dios a sus decretos, y el poder de una exégesis contextual frente a lecturas sensacionalistas y futuristas del texto bíblico.


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Nota extra: que fácil es identificar aquí en este pasaje de Hechos a la «novia infiel» agradeciendo a la «bestia» por esa «paz y seguridad» que le ofrecía.


lunes, 16 de abril de 2018

Isaías 17 y la Continua “Destrucción” de Siria


Por Caesar Arévalo

Debido a los bombardeos a factorias químicas en Syria (Abril 13, 2018) por parte de Estados Unidos en conjunto con Francia y Gran Bretaña, los “expertos” en profecía están saliendo ahora de nuevo diciendo que estamos “otra vez” en los “últimos tiempos.” Lo mismo sucedió en 2011, cuando los aficionados a la profecía afirmaban que Isaías 17 se estaba cumpliendo ante nuestros ojos.
El texto en este argumento apocalítico es Isaias 17:1-3, 
“Profecía sobre Damasco. He aquí que Damasco dejará de ser ciudad, y será montón de ruinas. 2 Las ciudades de Aroer están desamparadas, en majadas se convertirán; dormirán allí, y no habrá quien los espante. 3 Y cesará el socorro de Efraín, y el reino de Damasco; y lo que quede de Siria será como la gloria de los hijos de Israel, dice Jehová de los ejércitos.”
Según los dispensacionalistas dicen que los eventos profetizados en Isaías 17 sobre Damasco nunca se cumplieron plenamente en la historia y por lo tanto es un evento en el futuro, y claro muchos evangélicos que están absorbidos en tal teoría publican en las redes de Internet que la profecía se “esta cumpliendo.”

La pregunta es, ¿ Está esto verdad?
Primeramente no todos los expertos futuristas del tiempo final enseñan que la profecía de Damasco se está cumpliendo en nuestros días. Sorprendentemente, el Dr. Charles Dyer, que es profesor en el Instituto Bíblico Moody en Chicago, argumenta que Damasco "fue destruido en los siglos VII y VIII" A.C. 

El registro histórico
Veamos el registro histórico bíblico:

La Enciclopedia Británica (11ª ed) dice: 
"Tiglath-Pilesar invadió Siria, y en el año 732 logró reducir a Damasco. . . Excepto por el abortado levantamiento bajo Sargón en 720, no escuchamos nada más de Damasco durante un largo período ".
La Enciclopedia Standard Internacional de la Biblia dice:
"Damasco había perdido su importancia política, y durante más de dos siglos tenemos solo una o dos referencias insignificantes a esta. Se menciona en una inscripción de Sargón (722-705 AC) como parte de una insurrección fracasada junto con Hamath y Arpad. Hay referencias incidentales en Jer 49:23 y Ezequiel 27:18; 47:16. "
La Enciclopedia de la Biblia Baker dice: 
"El destino de la ciudad fue predicho por Isaías (8: 4; 17: 1), Amós (1: 3-5) y Jeremías (49: 23-27). Rechazando a Dios, Acaz de Judá buscó protección para una alianza con los Asirios, a quienes sobornó con el tesoro del templo. El rey Asirio Tiglat-pileser III estuvo de acuerdo y marchó contra la confederación Sirio-Israelita. Después de derrotar a Israel atacó Damasco, saqueó la ciudad, deportó a la población y los reemplazó con extranjeros de otras tierras capturadas. Damasco ya no era una ciudad-estado independiente".
Un estudio del registro histórico indica que Damasco se convirtió en un montón de ruinas como Isaías predijo. Considere estos ejemplos:

Diccionario de la Biblia de William Smith: 
"Bajo Ahaz fue tomada por Tiglat-pileser, (2 Reyes 16: 7, 8, 9) el reino de Damasco llegó a su fin, y la ciudad misma destruida, los habitantes siendo llevados cautivos a Asiria. (2 Reyes 16: 9) comp. Isaías 7: 8 y Amós 1: 5. Después pasó sucesivamente bajo el dominio de los Asirios, Babilonios, Persas, Macedonios, Romanos y Sarracenos, y finalmente fue capturado por los Turcos Musulmanes en 1516 d.
"La conquista de Damasco por Tiglat-Pileser III (733-732 ) es el resultado final de la intervención Asiria contra la coalición anti-Asiria de Rezín de Damasco y Pecaj de Israel contra Acaz de Judá. Rezin y Pekah intentaron capturar Jerusalén, la ciudad capital del reino de Judá, pero fallaron (alrededor de 735-734). 
Tiglat-pileser III vino en ayuda de Acaz de Judá, quien de inmediato solicitó la ayuda del rey Asirio. Finalmente destruyó el poder de Damasco, al sitiar la ciudad, obligando al rey Rezin a rendirse, así como al conquistar toda la región una vez bajo el control de Damasco. Rezin de Damasco murió durante el asedio, según la Biblia (II Reyes 16: 9). Después de la conquista de Tiglat-Pileser III, Damasco ya no era la capital del reino independiente y rico de Aram ".
Contemporáneamente con lo que le sucedió a Damasco, "en ese día la gloria de Jacob se desvanecerá" [lit. "hacerse flaco"] y la gordura [Isa. 10:16] de su carne se empobrecerá "(Isaías 17: 4). Esto probablemente se refiere a la hambruna que siguió al asedio y la deportación de las tribus del norte (2 Reyes 16: 9).

Damasco fue completamente destruida en cumplimiento de lo que se predijo en Isaías 17. El mismo destructor -Tiglath-pileser - lo dijo en sus Anales:
"Tomé a 800 personas juntas con sus propiedades, su ganado (y) sus ovejas como botín. Tomé 750 cautivos de las ciudades de Kurussa (y) Sama (así como también) 550 cautivos de la ciudad de Metuna como botín. Destruí 591 ciudades de los 16 distritos de Damasco como ruinas del Diluvio ". 
Tiglat-pileser "destruyó" Damasco, lo convirtió en un "montón", tal como lo predijo Isaías. La Biblia es verdadera, y todos los escritores modernos de profecías que afirman que el pasaje de Isaías 17 no se ha cumplido se han alineado involuntariamente con escépticos y promotores de la guerra porque la profecía lo exige.

Así que no se alarme ni asuste, Isaías 17 ya se cumplió tal como la evidencia interna y externa lo enseña.

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miércoles, 30 de agosto de 2017

Jerusalén, el año 70 y la fidelidad de Cristo: una historia que aún nos habla


Cada 30 de agosto recordamos un día que marcó la historia bíblica y universal: la destrucción de Jerusalén y su Templo en el año 70 d.C.. Aquel suceso no fue un accidente militar, sino el cumplimiento exacto de lo que Jesús había anunciado décadas antes. El historiador judío Flavio Josefo, testigo presencial de la guerra, nos dice algo sorprendente: “El Templo fue destruido el mismo día en que el primer Templo cayó bajo Nabucodonosor.” (Paul L. Maier, Josefo: Los escritos esenciales, p. 346)

La fecha no solo fue trágica; fue simbólica. El juicio de Dios se repetía exactamente sobre el mismo lugar.

Jesús lo había dicho con claridad

Cuando los discípulos, maravillados por las piedras del Templo, le mostraron su grandeza, Jesús les respondió: “Vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra.” (Lucas 21:6)

Y lo dijo con profundo dolor: “¡Jerusalén, que matas a los profetas!... He aquí vuestra casa os es dejada desolada.” (Mateo 23:37–38)

Para Jesús, la caída de Jerusalén no sería un simple evento político, sino un juicio pactual: la consecuencia de siglos de rebelión, incredulidad y rechazo del Mesías prometido.

El sitio romano: un juicio que ambos bandos reconocieron

Durante el asedio, Tito —general romano— ordenó repetidas veces salvar la ciudad y el Templo. Josefo afirma que Tito incluso lloró al ver los barrancos llenos de cadáveres, diciendo: “Pongo a Dios por testigo de que esto no es mi culpa.” (Josefo, p. 335)

Y en otro registro antiguo, Apolonio de Tiana cuenta que Tito rechazó recibir honores militares diciendo: “No hay mérito en vencer a una nación abandonada por su propio Dios.” (Filóstrato, Vida de Apolonio de Tiana, 6.29)

Incluso los paganos entendieron que Jerusalén sufría un juicio divino.

Profanación antes de destrucción

Josefo deja claro que el Templo fue profanado primero por los mismos rebeldes judíos: Usaron los patios sagrados como fortaleza militar. Apilaron cadáveres dentro del Templo. Dispararon desde sus techos. Violaron todas las prohibiciones rituales.

Tito les dijo: “Vosotros sois quienes contamináis vuestro propio santuario… ¡Yo quería preservarlo!”. (Josefo, p. 340)

El fuego romano vino después de una profanación previa y horrenda, una verdadera “abominación”.

Jesús también profetizó la señal previa

Jesús había advertido: “Cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed que su destrucción está cerca.” (Lucas 21:20)

Y añadió: “Estos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas escritas.” (Lucas 21:22)

Esta profecía se cumplió literalmente cuando el ejército romano cerró la ciudad. Los cristianos que obedecieron las palabras de Jesús huyeron a Pella y salvaron su vida (Eusebio, Historia Eclesiástica 3.5).

Incluso Apocalipsis refleja esta realidad histórica

El Apocalipsis señala: “El atrio… ha sido entregado a los gentiles, y ellos hollarán la ciudad santa por cuarenta y dos meses.” (Apocalipsis 11:1–2) Un cuadro perfecto de un Templo aún en pie, pero a punto de ser profanado y destruido por manos gentiles.

¿Qué significa todo esto para nosotros hoy?

La caída de Jerusalén nos recuerda tres verdades centrales:                               

1. Cristo es un Profeta verdadero. Cada palabra que pronunció se cumplió al detalle. Su autoridad no es simbólica: es histórica, verificable, irrefutable.

2. Dios juzga la infidelidad religiosa. Jerusalén no fue juzgada por su etnia, sino por su rebeldía espiritual. Fue un juicio contra un sistema religioso que negó a su propio Mesías.

3. La Iglesia también puede caer en infidelidad. El juicio del 70 es un espejo para nosotros: ¿Qué ocurre cuando el ritual reemplaza la fe? ¿Cuando la religión evita la obediencia? ¿Cuando Dios es usado, pero no amado?

Reflexión final

Cada 30 de agosto no solo recordamos una tragedia histórica. Recordamos un mensaje solemne de Cristo: “Vuestra casa os es dejada desolada.” Cuando Jesús deja una casa, no queda nada en pie. Pero también recordamos una esperanza: Los cristianos que escucharon a Jesús fueron preservados. Dios siempre guarda a su pueblo fiel, incluso en tiempos de juicio.

Que la historia de Jerusalén nos impulse no al temor, sino a la fidelidad. A vivir en obediencia, discernimiento y confianza en Cristo, Rey y Señor de la historia.


¡Piensa en esto cristiano!

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También puedes leer algo de esto en  https://es.wikipedia.org/wiki/Sitio_de_Jerusal%C3%A9n_(70) 


domingo, 13 de agosto de 2017

¿Es el MicroChip la Marca de la Bestia?



Hank Hanegraaff nos dice en su libro El Código del Apocalipsis, que una correcta “escatología exegética” jamás nos llevará a especular mentiras sobre una supuesta implantación del microchip como “la marca de la bestia”.
“Y hace que a todos, a pequeños y grandes, a ricos y pobres, a libres y esclavos, les pongan una marca en su mano derecha o en su frente, y que ninguno pueda comprar o vender, sino el que tiene la marca: el nombre de la bestia o el número de su nombre. Aquí está la sabiduría. El que tiene entendimiento, deduzca el número de la bestia, porque es número de hombre: su número es seiscientos sesenta y seis.” Apocalipsis 13.16-18 BTX

Los principios que Hanegraaff propone son los siguientes:

El Principio Literal
El principio literal exige que este texto sea interpretado en el sentido original mejor que en un sentido literal. Si yo le digo que está lloviendo a mares, eso no significa que el mar se fue al cielo para después caer de allí a la tierra. De la misma forma, el contexto del Apocalipsis nos lleva a la conclusión inevitable de que la marca de la Bestia es un lenguaje simbólico que intentaba representar la identificación con la Bestia.

El Principio de Iluminación
El principio de iluminación añade claridad mostrando que el Santo Espíritu ilumina lo que está en el texto; la iluminación no va más allá del texto. Por eso, la noción de que la marca de la Bestia se refiere a la adoración del domingo, a un número de seguro social o a un microchip de silicón es producto de una imaginación fértil más que de una iluminación fiel.

El Principio Gramatical
El principio gramatical descarta la interpretación de LaHaye de que la marca es un biochip incrustado físicamente en el cuerpo.1 Siguiendo el mismo parámetro de LaHaye, una interpretación correcta requeriría que la marca fuera colocada específicamente en la mano derecha y en la frente más que ser implantada científicamente en el cuerpo (Apocalipsis 13.16).


El Principio Histórico
El principio histórico de manera similar excluye la opinión de LaHaye de que la marca de la Bestia es la implantación física de un biochip. En contexto Juan les dice a los lectores del siglo I que con «sabiduría» y «entendimiento» ellos pueden «calcular el número de la Bestia». No habría sabiduría o visión que pudiera hacer que el auditorio del siglo 1 de Juan pudiera calcular el número de la Bestia del siglo XXI. Tampoco una Bestia del siglo I hubiera podido emplear la tecnología del biochip del siglo XXI.”

La predicación de que “la marca de la bestia es un microchip” que se implantará en contra de su voluntad a las personas bajo el gobierno del anticristo es producto de una interpretación “literalista” de lo escrito en el Apocalipsis.

Aquí, los maestros “expertos” de la profecía moderna, aquellos que tienen el libro de apocalipsis en una mano y en la otra mano un periódico o un control remoto de TV para ir de un noticiero a otro; le han arrebatado la capacidad de razonar a sus fieles creyentes y seguidores.

Por ejemplo, cada vez que se muestra un adelanto sobre el microchip, han salido a decir: “corran por su vida, el tiempo está cerca”, o frases como “señal de los últimos tiempos, ya está vigencia el uso del microchip”. Otros peor aún, creen que el chip de los celulares, las tarjetas de crédito, o del DNI ya es la marca de la bestia, y están preocupados pensando que, aunque son cristianos, ya están “marcados” por la bestia.

Esta doctrina enseña que el anticristo estará gobernando en los años de la gran tribulación. Ellos están alarmados y preocupados pero ¿acaso ellos mismos no creen que la Iglesia será arrebatada antes del gobierno del anticristo? Entonces, esto es incongruente.

Conclusión:
Los principios de la Escatología exegética de forma integral excluyen la posibilidad de que los seguidores de la Bestia sean personajes del siglo XXI con una tecnología biochip implantada en sus cuerpos.

¿Pudiera ser que el simbolismo de Juan se refiere a una realidad más gráfica?

¿Podría significar que nuestra mano derecha simboliza lo que hacemos y nuestra frente simboliza lo que pensamos?

¿Puede la marca identificarnos metafóricamente como individuos que pertenecen a la Bestia o individuos que pertenecen al Cordero; a Cristo o al Anticristo?2


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Esta literatura es altamente recomendada sobretodo para la Latinoamerica, una región donde el dispensacionalismo es fuertemente predicado desde los púlpitos.

También puede leer los siguientes libros sobre escatología bíblica en:

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Notas Bibliográficas:
  1. LaHaye y el novelista Jerry B. Jenkins, es una serie de ficción del futuro cercano que presenta un invisible rapto de los cristianos de la Tierra seguido por un período de siete años de tribulación dirigidos por el Anticristo, así como otros acontecimientos proféticos inferidos por la corriente popular dispensacionalista premilenial que se originó con John Nelson Darby. (https://es.scribd.com/doc/50603972/lahaye-tim-dejados-atras-1 )
  2. Hanegraaff, H.2008, El Código del Apocalipsis, Grupo Nelson: NT, Pág. 10-11