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miércoles, 20 de agosto de 2025

¿Ausencia de calvinismo en los Padres de la Iglesia?

 

Respuesta al comentario del Dr. Carlos Andrés Murr

Introducción

En una afirmación que el Dr. Carlos Andrés Murr señaló: “Hay calvinistas que no me ven como hermano y son muy agresivos… he leído todos los Padres Apostólicos y no veo la soteriología calvinista en los primeros 4 siglos hasta Agustín... Encontrar en los Padres de la Iglesia el lenguaje de ‘elección’, ‘predestinación’ y ‘depravación’ no significa que sostenían las redefiniciones que el calvinismo hoy asigna a estas palabras.”

El comentario plantea dos objeciones principales: (1) la ausencia de una soteriología “calvinista” en los Padres de la Iglesia anteriores a Agustín, y (2) la acusación de que la teología reformada redefine términos bíblicos como “elección”, “predestinación” y “depravación”. Este artículo busca responder académicamente a dichas objeciones, considerando el testimonio bíblico, patrístico y reformado.

I. La insuficiencia del argumento del silencio patrístico

Es cierto que la teología de los primeros siglos no presenta una sistematización explícita de la soteriología reformada. Sin embargo, esto responde más al contexto histórico que a una ausencia de contenido bíblico. Como señala J. N. D. Kelly, “la doctrina patrística se desarrolló siempre en respuesta a las controversias de su tiempo” (Kelly, Early Christian Doctrines, 1977, p. 5).

La Iglesia primitiva enfrentó luchas contra el gnosticismo, el docetismo y el arrianismo, más que contra un pelagianismo aún inexistente. Por ello, no sorprende que el tema de la gracia y la predestinación alcanzara su mayor desarrollo con Agustín, en el contexto de la controversia pelagiana. R. C. Sproul afirma: “Las doctrinas de la gracia no nacieron en el siglo XVI, sino que se hicieron necesarias cada vez que la verdad bíblica fue amenazada por el orgullo humano” (Sproul, Chosen by God, 1986, p. 25).

II. El testimonio bíblico de la elección y la gracia

Antes que en Agustín o Calvino, la doctrina de la elección se halla en la Escritura misma. Pablo declara que Dios “nos escogió en él antes de la fundación del mundo” (Ef 1:4), que la salvación “no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Ro 9:16), y que el hombre natural “no puede entender las cosas que son del Espíritu de Dios” (1 Co 2:14). Estos textos no dejan lugar a dudas sobre la iniciativa soberana de Dios en la salvación.

La teología reformada no redefine los términos, sino que procura ser fiel a la lógica interna de la Escritura. Como diría Juan Calvino: “Decimos que Dios previó lo que quiso que aconteciera, y lo quiso porque así le plugo; y si alguien pregunta por qué quiso, respondemos: porque quiso” (Institución, III.23.2).

III. El lenguaje patrístico sobre la gracia y la predestinación

Contrario a la afirmación del Dr. Murr, los Padres de la Iglesia sí usaron categorías que prefiguran la teología reformada.

  • Clemente de Roma escribió: “Somos llamados por la voluntad de Dios en Cristo Jesús, y no por nosotros mismos” (1 Clem. 32).

  • Ignacio de Antioquía habló de los creyentes como “predestinados antes de los siglos” (Carta a los Efesios, 1:1).

  • Justino Mártir afirmó que “aquellos que son salvos han recibido la gracia de comprender y aceptar la verdad” (Diálogo con Trifón, 7).

  • Ireneo de Lyon subrayó que “nadie puede venir a Cristo si no es llamado por el Padre” (Contra las herejías, IV, 41,2).

Aunque los Padres no desarrollaron un sistema soteriológico tan definido como el de la Reforma, su lenguaje refleja claramente nociones de elección y gracia irresistible (gracia divina). Agustín, lejos de innovar, llevó a su culminación lo que ya estaba presente en germen.

IV. Caridad cristiana y verdad doctrinal

Es lamentable que algunos calvinistas se muestren agresivos hacia quienes no comparten su visión. Tal espíritu contradice el mandato apostólico de hablar “la verdad en amor” (Ef 4:15). No obstante, el reconocimiento fraternal no significa relativizar la verdad bíblica. Como escribió Herman Bavinck: “La gracia no destruye la naturaleza, sino que la restaura; y esa gracia comienza con la iniciativa de Dios, no con la cooperación del hombre” (Dogmática Reformada, III, p. 79).

La verdadera unidad cristiana no se edifica en minimizar las diferencias, sino en confesar juntos al Cristo de las Escrituras, el mismo que enseña que “a todos los que me da el Padre, vendrán a mí” (Jn 6:37).

Conclusión

El comentario del Dr. Murr parte de un falso dilema: o los Padres enseñaron un calvinismo pleno, o el calvinismo es una invención tardía. La historia de la teología muestra, más bien, un desarrollo progresivo en respuesta a nuevas controversias. La elección, la predestinación y la depravación total no son redefiniciones arbitrarias, sino categorías bíblicas confirmadas en los Padres y sistematizadas en Agustín y la Reforma.

Lejos de ser una novedad, la teología reformada se entiende como la expresión madura de una semilla ya presente en la Escritura y reconocida, aunque de manera embrionaria, en la tradición patrística.

Soli Deo Gloria.

martes, 14 de abril de 2020

La Didajé

DIDACHE (DIDAJÉ) 

DOCTRINA DE LOS DOCE APÓSTOLES 

Enseñanza moral. Los Dos Caminos 

I

La doctrina del Señor para las naciones mediante los Apóstoles. 

1. Hay dos caminos: uno de la vida, y otro de la muerte; pero muy grande es la diferencia entre los dos caminos. 
2. El camino de la vida, pues, es éste: Primero, amarás a Dios que te creó; y segundo, a tu prójimo como a ti mismo. Y todo lo que no quieras que te suceda a ti, tú tampoco lo hagas a otro. 
3. La doctrina de estos dichos es ésta: Bendecid a los que os maldicen, y rogad por vuestros enemigos: ayunad por los que os persiguen. Porque, ¿qué gracia hay en querer a los que os aman? ¿No hacen esto también los gentiles? Vosotros, en cambio amad a los que os odian, y no tendréis enemigo alguno. 
4. Abstente de codicias carnales y corporales. Si alguno te diere un golpe en la mejilla derecha, ofrécele también la izquierda, y serás perfecto. Si alguno te forzare a caminar con él una milla, acompáñale otra más. Si alguno te quitare tu capa, dale también tu túnica. Si alguno te tomare lo que es tuyo, no se lo reclames; porque no puedes (hacerlo). 
5. Da a todos los que te pidan, y no lo reclames (después). Porque el Padre quiere que se de a todos de sus propias dádivas. ¡Bienaventurado el que da según el mandato, porque es inocente! ¡Ay, empero, del que tome! Porque quien tome por necesidad, es inocente. Mas quien no tuviere necesidad, habrá de dar cuenta de por qué tomó y para que. Le tomarán preso y le interrogarán de lo que hizo; y no saldrá de allí hasta que haya devuelto el céntimo. 
6. De esto también fue dicho: Exudará tu limosna en tus manos hasta que sepas a quien la das. 

II 

1. El segundo mandamiento de la doctrina: 
2. No matarás. 
No cometerás adulterio. 
No corromperás a los jóvenes. 
No fornicarás. 
No hurtarás. 
No harás brujerías. 
No prepararás venenos. 
No cometerás aborto ni infanticidio. 
No codiciarás los bienes de tu prójimo. 
3. No perjurarás. No darás testimonio falso. No hablarás mal (de tu prójimo). No serás vengativo. 
4. No serás doble ni bilingüe. Pues, trampa de la muerte es la doblez. 
5. Tu palabra no será mentirosa ni vacía, mas llena de obra. 
6. No serás avaro, ni rapaz, ni hipócrita, ni malicioso, ni soberbio. No tramarás tretas contra tu prójimo. 
7. No odiarás a nadie; sino que reprenderás a unos, tendrás compasión de otros; por otros rogarás, y a otros amarás más que a tu propia alma. 

III 

1. Hijo mío, huye de todo malvado y de todo lo que malvado parezca. 
2. No seas iracundo; porque la ira lleva al homicidio. Tampoco seas receloso ni rijador, ni altivo; porque de todas estas cosas se originan homicidios. 
3. Hijo mío, no seas concupiscente; porque la concupiscencia lleva a los pecados de la carne; tampoco seas hablador de cosas torpes, ni soberbio de la vista; porque de todo esto nacen adulterios. 
4. Hijo mío, no seas agorero; porque esto lleva a la idolatría. 
5. Hijo mío, no seas mentiroso, porque la mentira lleva al hurto; tampoco aficionado al dinero, ni vanidoso; porque de todas estas cosas nacen los hurtos. 
6. Hijo mío, no seas murmurador; porque lleva a la maledicencia; tampoco arrogante; ni malintencionado: porque de todo esto se originan las maledicencias. 
7. Por el contrario, has de ser manso; porque los mansos poseerán la tierra. 
8. Sé paciente y misericordioso, sin malicia, quieto y bueno, y temeroso siempre de las palabras que escuchaste. 
9. No te ensalces a ti mismo, ni hinches con arrogancia tu alma. Tu corazón no se adhiera a los soberbios, mas se vuelva a los justos y humildes. 
10. Todo cuanto suceda has de aceptar por bueno, sabiendo que nada acaece sin Dios. 

IV 

1. Hijo mío, día y noche recuerda a quien te habla de la palabra de Dios, y respétalo como al Señor; porque donde habla la autoridad del Señor, allí está el Señor mismo. 
2. Busca cada día los semblantes de los santos para descansar en sus palabras. 
3. No desees separaciones (cismas); mas pacifica a los que pelean. Juzgarás con justicia. Tu fallo sobre deslices ha de ser sin acepción de personas. 
4. No fluctúes entre el sí y el no. 
5. No seas como quien extiende las manos para recibir, y las cierra para no dar. 
6. Si tuvieres algo en tus manos, lo darás para la expiación de tus faltas. 
7. No tardes en dar, ni des con pesar; pues sabes quien es el que recompensa con sueldo bueno. 
8. No huyas del menesteroso, mas compartirás todos tus bienes con tu hermano; no dirás de ninguna cosa: "Esto es mío"; porque, si compartís la suerte inmortal, cuánto más la suerte mortal. 
9. No quites tu mano de tu hijo o de tu hija; sino que desde la juventud les enseñarás el temor de Dios. 
10. No mandes en tu amargura a tu siervo o a tu sirvienta, que esperan en el mismo Dios, para que no dejen de respetar a Dios que está por encima de ambos. Porque (el divino Salvador) no viene a llamar según la persona, sino a quienes el Espíritu ha preparado. 
11. Vosotros, empero, los sirvientes, habéis de obedecer a vuestros amos, como tipo de Dios, con modestia y temor. 
12. Tendrás odio a toda hipocresía y a todo lo que no sea agradable al Señor. 
13. No abandones los mandamientos del Señor; mas guarda lo que recibiste, sin añadir ni quitar nada. 
14. En la iglesia (asamblea) confiesa tus pecados: y no te acerques a tu oración con mala conciencia. Tal es el camino de la vida. 

V 

1. El camino de la muerte, en cambio, es éste: Sobre todo es malo y lleno de maldición: los asesinatos, adulterios, concupiscencias, fornicaciones, hurtos, idolatrías, brujerías, preparación de venenos, rapiñas, falsos testimonios, hipocresía, doblez de corazón, dolo, malicia, orgullo, avaricia, turpiloquio, envidia, espíritu atrevido, altanería, ostentación. 
2. Perseguidores de los buenos, enemigos de la verdad, amantes de la mentira, desconocedores de la retribución de justicia, no aficionados a lo bueno ni al juicio justo, no vigilantes para lo bueno sino para lo malo; alejados de la mansedumbre y la paciencia, amadores de cosas vanas, y ansiosos de remuneraciones, no compasivos del pobre, e indiferentes para con los apenados, desconocedores de su Hacedor, asesinos de sus hijos, corruptores de la criatura de Dios, los que abandonan al necesitado y oprimen al afligido; abogados de los ricos, inicuos jueces de los pobres, versados en todos los pecados: ¡Libraos de toda esta gente, hijos míos! 

VI 

1. Mira que nadie te seduzca de este camino de la Doctrina, cuando te enseñaren cosas sin miras a Dios. 
2. Porque, si puedes sobrellevar todo el yugo del Señor, perfecto serás; si, empero, no puedes: haz lo que puedas. 


AVISOS LITÚRGICOS 

VII 

1. En cuanto al bautismo, éste es el modo de bautizar: habiendo previamente dicho todo esto, bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva. 
2. Si no tienes agua viva, bautiza en otra agua. Si no puedes en (agua) fría, (bautiza) en caliente. 
3. Si, empero, no tienes ni una ni otra, derrama agua sobre la cabeza tres veces en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. 
4. Antes del bautismo, el que bautiza y el que ha de ser bautizado, ayunen, y asimismo otros que puedan hacerlo. Mandas ayunar al bautizando uno o dos días antes. 

VIII 

1. Vuestros ayunos, sin embargo, no sean con los hipócritas: los que ayunan el segundo y el quinto día después del sábado. Vosotros, en cambio, ayunad el cuarto día y el viernes. 
2. Tampoco habéis de rezar como los hipócritas, mas como el Señor mandó en su Evangelio, así habéis de rezar: Nuestro Padre, en los cielos, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad, como en el Cielo así también en la tierra. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy. Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros también perdonamos a nuestros deudores. Y no nos lleves a la tentación; mas líbranos del mal. Porque tuyo es el poder y la gloria en los siglos. 
3. Tres veces debéis rezar de este modo cada día. 

IX 

1. En cuanto a la Eucaristía, así habéis de realizarla: 
2. Primero sobre el Cáliz: Te damos gracias, nuestro Padre, por la sagrada vid de David, tu siervo, la cual nos enseñaste por Jesús, tu Hijo y Siervo; A Ti la gloria en los siglos. 
3. Y sobre la partición (del pan): Te damos gracias, nuestro Padre, por la vida y la ciencia que nos enseñaste por Jesús, tu Hijo y Siervo: A Ti la gloria en los siglos. Como este pan fue repartido sobre los montes, y, recogido, se hizo uno, así sea recogida tu Iglesia desde los límites de la tierra en tu Reino porque tuya es la gloria y el poder, por Jesucristo, en los siglos. 
4. Pero nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía, sino (únicamente) los que están bautizados en el nombre del Señor. Porque también de esto el Señor ha dicho: "¡No deis lo santo a los perros!" 

X 

1. Y después de hartaros, así dad gracias: 
2. Te damos gracias, Padre Santo, por tu santo nombre, al cual hiciste habitar en nuestros corazones; y por la ciencia y fe e inmortalidad, que nos enseñaste por Jesús, tu Hijo y Siervo: A Ti la gloria en los siglos. 
3. Tú, ¡oh Señor, Todopoderoso!, lo creaste todo a causa de tu nombre; diste comida y bebida a los hombres para su fruición, para que te diesen gracias. A nosotros, empero, nos regalaste comida y bebida espiritual y la vida eterna, por tu Hijo y Siervo. 
4. Ante todo te damos gracias porque eres poderoso: A Ti gloria en los siglos. 
5. Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, para librarla de todo mal, y hacerla perfecta en tu amor; aúnala desde los cuatro vientos a la santificada, en tu Reino que para ella preparaste: porque tuyo es el poder y la gloria en los siglos. 
6. Venga tu gracia, y pase este mundo. ¡Hosanna al Dios de David! Si uno es santo, se acerque. Si no lo es, conviértase. Marán-athá! Amén. A los profetas permitid hacer gracias cuantas quieran. 


ADVERTENCIAS GENERALES 

XI 

1. Quien, pues, viniere a vosotros enseñándoos todo lo dicho anteriormente, a ése acogedle. 
2. Si, empero, el que enseña se pervirtió y enseñare otra doctrina para la disolución, no le escuchéis. Mas si enseña en la manera de aumentar la justicia y ciencia del Señor, ¡acogedle como al Señor! 
3. En cuanto a los apóstoles y profetas, proceded así conforme al Evangelio. 
4. Todo apóstol que llegue a vosotros, ha de ser recibido como el Señor. 
5. Pero no se quedará por más de un día o dos, si hace falta; quedándose tres días, es un falso profeta. 
6. Al partir, el apóstol no aceptará nada sino pan para sustentarse hasta llegar a otro hospedaje. Si pidiere dinero, es un falso profeta. 
7. Y a todo profeta que hable en espíritu, no le tentéis ni pongáis a prueba. Porque todo pecado se perdona; mas este pecado no será perdonado. 
8. Pero no cualquiera que habla en espíritu es profeta, sino sólo cuando tenga las costumbres del Señor. Pues, por las costumbres se conocerá al seudo profeta y al profeta. 
9. Y ningún profeta, disponiendo la mesa en espíritu, comerá de la misma; de lo contrario, es un falso profeta. 
10. Pero todo profeta que enseña la verdad, y no hace lo que enseña, es un profeta falso. 
11. Todo profeta, sin embargo, probado y auténtico, que celebra el misterio cósmico de la Iglesia, pero no enseña a hacer lo que él hace, no ha de ser juzgado por vosotros. Su juicio corresponde a Dios. Porque otro tanto hicieron los antiguos profetas. 
12. Mas quien dijere en espíritu: Dame dinero, u otra cosa semejante, no lo escuchéis. Si, empero, os dice que deis para otros menesterosos, nadie lo juzgue. 

XII 

1. Todo el que viniere en el nombre del Señor, sea acogido. Luego de haberlo probado, lo conoceréis; pues tenéis criterio para juzgar entre la diestra y la siniestra. 
2. Si el advenedizo viene tan sólo de paso, socorredle todo lo posible. El, por su parte, no quedará entre vosotros más que dos, o según su necesidad, tres días. 
3. Mas si quisiere radicarse entre vosotros, como artesano, trabaje y coma. 
4. Si no sabe oficio alguno, proveeréis según vuestra inteligencia, para que no viva entre vosotros un cristiano holgazán. 
5. Si a eso no quiere conformarse, es un traficante de Cristo. ¡Cuidado con ésos! 

XIII 

1. Todo profeta verdadero que deseare radicarse entre vosotros, es digno de su comida. 
2. Asimismo, un doctor verdadero es, como obrero, digno de su comida.Todas las primicias del lagar y de los campos, del ganado y de las ovejas, las tomarás y darás a los profetas; porque ellos son vuestros príncipes sacerdotes. 
3. Mas, si no tuviereis profeta, ¡dad a los pobres! 
4. Cuando haces pan, tomarás la primicia y la darás conforme al mandato. 
5. Asimismo, cuando abres la tinaja de vino o del aceite, tomarás la primicia y la darás a los profetas. 
6. Del dinero y de las vestimentas y de todo cuanto poseas, tomarás la primicia, según te parezca, y la darás conforme al mandato. 

XIV 

1. Los días del Señor reuníos para la partición del pan y la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, para que sea puro vuestro sacrificio. 
2. Cualquiera, empero, que tuviere una contienda con su hermano, no os acompañe antes de reconciliarse, para que no sea mancillado vuestro sacrificio. 
3. Pues, éste es el dicho del Señor: "En todo lugar y tiempo me ofrecerán una ofrenda pura. Porque soy un gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones". 

XV 

1. Elegíos, pues, obispos y diáconos dignos del Señor, varones mansos, indiferentes al dinero, veraces y probados. Porque también ellos administran para vosotros el oficio (liturgia) de los profetas y doctores. 
2. No los menospreciéis; porque ellos son venerables entre vosotros, junto con los profetas y doctores. 
3. Vosotros tratad de convenceros no con irá sino pacíficamente, así como lo tenéis (preceptuado) en el Evangelio. Y si alguno hubiere ofendido á otro, nadie le hable, nadie le escuche, hasta que se arrepintiere. 
4. Vuestras oraciones, vuestras obras de caridad, y todas las obras haced de manera como lo tenéis (ordenado) en el Evangelio de nuestro Señor. 


EXHORTACIÓN FINAL VIGILANCIA LAS POSTRIMERÍAS 

XVI 

1. ¡Velad por vuestra vida! Que vuestras linternas no estén extinguidas ni desceñidos vuestros lomos; mas estad alerta, porque no sabéis la hora en que el Señor va á venir. 
2. Reuníos con frecuencia, solícitos de lo que aprovecha a vuestras almas. Pues no os aprovechará todo el tiempo que vivisteis en la fe, si no estáis perfectos en el último tiempo. 
3. Porque en los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y se convertirán las ovejas en lobos, y el amor se convertirá en odio. 
4. Porque, mientras que la iniquidad se acrecentará, se odiarán unos a otros, se perseguirán y entregarán: y entonces aparecerá el impostor del mundo como hijo de Dios, y hará señales y prodigios. Y la tierra será entregada en sus manos. Y cometerá iniquidades como jamás se hizo en el decurso de los siglos. 
5. Entonces vendrá el Juicio de los hombres en el fuego de la prueba. Y muchos se escandalizarán y perecerán. Pero los que perseveraren en su fe, se salvarán de la misma condenación. 
6. Y luego aparecerán las señales de la verdad: primero la señal de la revelación en el cielo, después la señal de la voz de trompeta, y finalmente, la resurrección de los muertos. 
7. Pero no de todos, sino según fue dicho: "Vendrá el Señor, y todos los santos con El" 
8. Entonces el mundo verá al Señor, viniendo sobre las nubes del Cielo.

miércoles, 16 de enero de 2019

¿Constantino Cambió el Sábado por el Domingo?



A la fecha existen en el mundo muchos grupos cristianos que aun "guardan el sábado" como Día de Reposo. Los "Adventistas del Séptimo Día" son quizá el principal, aparte de numerosas sectas. Elena G de White en su libro "Testimonios" Vol III, pág. 397 dice:
"La ley de guardar el primer día de la semana es producto de un cristianismo apóstata. El domingo es hijo del papado. Aceptado por encima del sagrado Día de Reposo de Dios. "

Dicen que Constantino Inventó al Religión Católica y que cambió el Día de Reposo judío que es el Sábado por el domingo "Día del Sol". ¿Pero esto es de verdad así?

La verdad que es importante revisar tanto la Biblia como la historia para no caer en semejante exabrupto. Tanto la Biblia como los primeros cristianos nos han dejado evidencias de que la Iglesia se reunía en Domingo y no en sábado.

El Día Domingo en Tiempos Apostólicos-Bíblicos:
1.- Cristo resucitó el primer día de la semana, en domingo.
2.- El primer día de la semana fue el día especial de las manifestaciones de Jesucristo resucitado. Él se manifestó por lo menos cinco veces el primer domingo, y una vez más el domingo siguiente.
3.- El Espíritu Santo fue derramado el Día de Pentecostés un día Domingo.
4.- Los cristianos en tiempos apostólicos acostumbraban reunirse los domingos para celebrar la Cena del Señor, Predicar y traer sus ofrendas al Señor. Hechos 20.7, 1 Corintios 6.1-2

El Día Domingo en Tiempos Post-Apostólicos:

1.- Carta de Bernabé, del año 100 A.D.
"Nosotros celebramos el Primer Día con regocijo en el cual Jesús resucitó de la muerte y después de haber aparecido subió a los cielos."

2.- Ignacio de Antioquía, en el año 107 A.D.
"Ya no sean engañados con doctrinas extrañas y con fábulas viejas que no son provechosas, pues si todavía vivimos de acuerdo a la ley judía reconoceríamos que no hemos recibido la gracia. Por lo tanto aquellos que fueron educados de acuerdo a la antigua orden de cosas y  alcanzaron una nueva esperanza, no más deben observar el sábado mas deben vivir en obediencia del Día del Señor en el cual también nuestra vida revivió por Él y por su muerte."

3.- Carta a los Magnesianos por Ignacio de Antioquía, del año 110 A.D.
"El cristiano deja ya esa vieja orden, ya no guarda más el sábado sino el domingo, día en que también amaneció nuestra vida por gracia de nuestro Señor en Merito a su muerte."

4.- Justino Martir, en el año 145 A.D.
"En el día llamado domingo, todos los que están en la ciudad o en el campo nos reunimos en un lugar, leemos las memorias de los apóstoles y profetas; parten el pan y el vino dando gracias, el que preside ora y el pueblo responde amén. Todos nosotros hacemos reuniones comunitarias los domingos porque es el primer día de la semana en el cual Dios formó el mundo y porque  en ese día nuestro Señor y Salvador Jesucristo resucitó de entre los muertos."

5.- Dionicio de Corinto, (en el año 170 A.D.) en su "Comentario a las Cartas Paulinas", en el primer capítulo afirma que la Iglesia había pasado a guardar el primer día de la semana.

6.- Bardesanes de Edesa, en el año 180 A.D.
"En cierto día, el primero de la semana, nosotros nos reunimos y leemos y nos abstenemos de alimentación". Ayunaban en domingo Día del Señor.

7.- Orígenes, en el año 255 A.D.
"Nosotros acostumbramos guardar ciertos días como por ejemplo el Día del Señor que es el primer día de la semana."

8. Anatolio de Laodicea, en el año 270 A.D.
"La fiesta solemne de la resurrección de nuestro Señor debe ser conmemorada en el Día de nuestro Señor."

9.- Constituciones Apostólicas del III Siglo
"El día de la resurrección de nuestro Señor, esto es en el Día del Señor (domingo) no dejemos de reunirnos dando gracias a Dios"

10.- Cipriano de Cartago, en el III Siglo
"Cuando Cristo Vino, todo en verdad fue cumplido por la razón del octavo día, esto es el primer día después del sábado sería aquel que el Señor habría de resucitar y darnos la circuncisión de nuestro espíritu, así también el octavo día es llamado Día del Señor." (El domingo)

11.- Pedro de Alejandría, en el año 306 A.D.
"Nosotros guardamos el primer día como el día de alegría por causa del aquel que en ese día resucitó"


Se puede citar cientos de testimonios que demuestran que decir que "Constantino cambió el sábado por el domingo" es falso. Como podemos ver las citas de los primeros siglos. Antes de que aparezca en escena Constantino la Iglesia ya se congregaba el domingo y el sábado había quedado relegado a una "sombra que ya cumplió su fin".

¡Piensa cristiano!

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Tomado de Augustus Nicodemus, minuto 50: 50:


jueves, 3 de mayo de 2018

Señales Antes del Fin: "Guerras y Rumores de Guerras"


Guerras y Rumores de Guerras

Jesucristo advirtió a sus discípulos que ellos "oirían de guerras y rumores de guerras" (Mt. 24:6), y que debían considerar estas señales como "el principio de dolores". Aunque estos conflictos no serían en sí "el fin", sí eran señales claras de que se acercaba ese fin anunciado: la destrucción del Templo y de la ciudad de Jerusalén (Mt. 24:1-3).

¿Qué sabían los discípulos sobre las guerras?

Muy poco. La generación de los discípulos de Jesús solo conocía de guerras por medio de la historia. El mundo conocido —"la tierra habitada" o oikoumenē, término común para referirse al Imperio Romano— gozaba de una paz generalizada tanto dentro como fuera de sus fronteras. El primer emperador romano, César Augusto, cerró las puertas del Templo de Jano en el año 24 a.C., las cuales solo se abrían en tiempos de guerra. Se acepta como inicio oficial de la llamada Pax Romana (1) el año 29 a.C., cuando Augusto proclamó el fin de las guerras civiles. Esta paz se extendió hasta la muerte del emperador Marco Aurelio en el año 180 d.C.

Cuando Jesús, en torno al año 30–33 d.C., pronunció su advertencia sobre guerras y señales del fin, toda su generación había nacido y crecido en tiempos de paz. Sus oyentes vivían bajo la estabilidad del Imperio Romano. Esta realidad hace más significativa la advertencia sobre “rumores de guerras”, ya que para aquella generación significaba una ruptura inusual de la paz.

La señal para escapar: el fin se acercaba

Jesús no solo predijo la aparición de rumores de guerra, sino que instruyó a sus discípulos a estar preparados para huir cuando vieran la “abominación desoladora” (Mt. 24:15–16). Por ello dijo: "los que estén en Judea huyan a los montes". El llamado a orar para que la huida no fuese en invierno ni en día de reposo (v. 20) subraya la inminencia del peligro y la necesidad de actuar con rapidez.

Esta profecía se cumplió cuando estalló la revuelta judía en el año 66 d.C., dando inicio a la guerra contra Roma que culminó con la destrucción de Jerusalén y su Templo en el año 70 d.C. Según Eusebio de Cesarea, los cristianos de Jerusalén, obedeciendo una revelación divina, huyeron a la ciudad de Pella en la región de Perea. Eusebio escribe:

“El pueblo de la Iglesia de Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes de la guerra y de vivir en otra ciudad de Perea (la que llaman Pella), por un oráculo transmitido por revelación a los notables de aquel lugar... La justicia de Dios vino sobre los judíos por el ultraje al que sometieron a Cristo y a sus apóstoles.” (Historia Eclesiástica, III.5.3)

El fin de la paz: el año de los cuatro emperadores

La Pax Romana comenzó a fracturarse no solo por la revuelta judía sino también por una cadena de conflictos internos en el Imperio. Tras el suicidio de Nerón en el año 68, Roma entró en un período de guerras civiles. El historiador Tácito describió este tiempo como un tiempo de desastres, violencia interna, incendios y caos político, afirmando que nunca hubo mayor evidencia de que los dioses habían abandonado a Roma:

"Un período de desastres, horrible por sus guerras, inundado por guerras civiles... Cuatro emperadores perecieron a espada... el mar estaba lleno de exiliados y sus costas contaminadas de sangre." (Historias, I, resumen).

Este caos interno coincidía con la desintegración de la paz que había caracterizado la vida de los primeros oyentes de Cristo. Tal como señala Kenneth L. Gentry:

"Las señales de Mateo 24 no fueron diseñadas para describir acontecimientos generales de la historia de la Iglesia, sino señales específicas dadas a esa generación. [...] El contexto, el auditorio, y la historia misma, apuntan a la destrucción de Jerusalén como su cumplimiento" (The Great Tribulation: Past or Future?, 1999).

Milton S. Terry, otro exponente del preterismo parcial, afirmó:

"El lenguaje apocalíptico usado por Jesús en los Evangelios debe interpretarse en armonía con los usos proféticos del Antiguo Testamento, y no como descripciones literales del fin del mundo" (Biblical Hermeneutics, 1890).

Evidencia interna: Jerusalén gozaba de paz

El libro de Hechos aporta una evidencia textual del contexto pacífico previo a la guerra. En Hechos 24:2–3, Tértulo, abogado del Sanedrín, presenta su acusación contra Pablo ante el procurador Félix y comienza diciendo:

"Gracias a ti gozamos de mucha paz, y por tu previsión se han hecho notables mejoras en esta nación. Siempre y en todo lugar lo aceptamos con toda gratitud, oh excelentísimo Félix."

Este evento tuvo lugar alrededor del año 58–60 d.C., pocos años antes del inicio de las guerras anunciadas por Jesús.

Conclusión

Jesús fue claro: "no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca" (Mt. 24:34). Las "guerras y rumores de guerras" no fueron eventos lejanos (2025 d.C.) ni simbólicos, sino acontecimientos concretos que esa generación (la generación de Jesucristo) vio con sus propios ojos. El cumplimiento preciso de las palabras de Cristo demuestra su autoridad profética, la fidelidad de Dios a sus decretos, y el poder de una exégesis contextual frente a lecturas sensacionalistas y futuristas del texto bíblico.


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Nota extra: que fácil es identificar aquí en este pasaje de Hechos a la «novia infiel» agradeciendo a la «bestia» por esa «paz y seguridad» que le ofrecía.


domingo, 8 de enero de 2017

Los Padres de la Iglesia y Las Sagradas Escrituras



“Habéis escudriñado las Escrituras, que son verdaderas, las cuales os fueron dadas por el Espíritu Santo y sabéis que no hay nada falso o fraudulento escrito en ellas”.
- Clemente de Roma (¿?-100), Primera de Clemente, 45

“Puesto que estoy plenamente convencido de que ningún texto de la Escritura contradice a otro […] procuraré persuadir a aquéllos que creen que las Escrituras son contradictorias para que piensen como yo”
-Justino Mártir (100-165), Diálogo con Trifón, 65

“Hay que creer la Escritura por su nobleza y por la confianza en Aquél que la envía. La palabra de verdad es enviada por Dios […] Ya que ha sido enviada con autoridad, no hace falta preguntarse por pruebas acerca de lo que afirma puesto que no hay otra prueba más allá de sí misma, la cual es Dios.”
-Justino Mártir (100-165), Fragmentos de la obra de Justino Mártir sobre la Resurrección, 1

“El día llamado del sol [el domingo], se reúnen todos en un lugar, lo mismo los que habitan en la ciudad que los que viven en el campo, y según conviene, se leen los tratados de los apóstoles y los escritos de los profetas, según el tiempo permita. Luego, cuando el lector termina, el que preside se encarga de amonestar, con palabras de exhortación, a la imitación de cosas tan admirables.”
-Justino Mártir (100-165), Primera Apología, 67

“Esta es su teoría [la de los herejes gnósticos], que ni los profetas anunciaron, ni el Señor enseñó, ni los apóstoles transmitieron. Y, sin embargo, ellos se glorían de haber recibido de estas cosas un conocimiento más elevado que todas las demás personas. Todo el tiempo citan textos que no se hallan en las Escrituras y, como se dice, fabrican lazos con arena. Y no les preocupa acomodar sus doctrinas de una manera confiable, sea las parábolas del Señor, sea los dichos de los profetas, sea la predicación de los apóstoles. Lo único que tratan de hacer es que sus creaciones no parezcan carecer de pruebas. Por eso enredan el orden y el texto de las Escrituras, y en cuanto pueden separan los miembros (del cuerpo) de la verdad. Transponen y transforman todo, y mezclando una cosa con otra, seducen a muchos mediante la fantasiosa composición que fabrican a partir de las palabras del Señor.”
- Ireneo (130-202), Contra Herejías, 1.8.1

“Las Escrituras son perfectas porque fueron habladas por la Palabra de Dios y su Espíritu.”
-Ireneo (130-202), Contra Herejías, 2.28.2

“De este modo toda la Escritura que Dios nos ha dado nos parecerá congruente, concordarán las interpretaciones de las parábolas con expresiones claras, y escucharemos las diversas voces como una sola melodía que eleva himnos al Dios que hizo todas las cosas.”
-Ireneo (130-202), Contra Herejías, 2.28.3

“Nosotros no hemos conocido la economía de nuestra salvación sino por aquellos a través de los cuales el Evangelio ha llegado hasta nosotros [los apóstoles]: ellos primero lo proclamaron, después por voluntad de Dios nos lo transmitieron por escrito para que fuese columna y fundamento (1 Timoteo 3:15) de nuestra fe.”
-Ireneo (130-202), Contra Herejías, 3.1.1).

“Las afirmaciones de la Sagrada Escritura nunca estarán en descuerdo con la verdad.”
- Tertuliano (155-240), Tratado del Alma, 21

“Nadie debe establecer una doctrina a partir de un libro que no forme parte de la Escritura canónica” (Comentario sobre Mateo, 26). “No hay que consultar otra fuente [más allá del Antiguo y el Nuevo Testamento] para conceder autoridad a cualquier conocimiento o doctrina.”
- Orígenes (185-254), Homilía sobre Levítico, 5

“Aceptamos todo aquello que se puede probar mediante las enseñanzas de la Sagrada Escritura.”
- Dionisio de Alejandría (¿?-264), Citado en Historia eclesiástica de Eusebio, Libro 7

“Algunos piensan que las Escrituras no son congruentes o que Dios, quien dio el mandamiento, es falso. Pero no hay ninguna discrepancia. Tampoco podría el Padre, el cual es la verdad, mentir porque es imposible que Dios mienta”
- Atanasio (296-373), Carta pascual, 19.3

“Estos libros son la fuente de la salvación de modo que los sedientos se puedan saciar con las palabras vivas que contienen. Se proclama la doctrina de la piedad en estos libros. Qué nadie añada ni quite nada de lo que está escrito en esos libros”
- Atanasio (296-373), Carta pascual, 39.6

“Las sagradas e inspiradas Escrituras son suficientes para declarar la verdad.”
- Atanasio (296-373), Contra los Paganos, 1.3


“Acerca de los divinos y santos misterios de la fe, no debe transmitirse nada sin las Sagradas Escrituras, ni deben aducirse de modo temerario cosas simplemente probables y apoyadas en argumentos construidos con palabras artificiosas. Y no creas, pues, que voy a proceder de este modo, sino probando por las Escrituras lo que te anuncio. Pues esta fe, a la cual debemos nuestra salvación, no recibe su fuerza de los comentarios y las disputas, sino de demostración por medio de la Sagrada Escritura.”
- Cirilo de Jerusalén (313-386), Catequesis, 4.17

“Aquellos que son instruidos en las Escrituras deberían examinar lo que dicen los profesores, recibiendo todo lo que está en conformidad con la Escritura y rechazando lo que se opone a ella; y deberían evadir a los profesores que persisten en enseñar semejantes doctrinas [falsas].”
-Basilio de Cesárea (330-379), Las moralia y regulae, 72

“Las Escrituras son el canon de todos los dogmas. Fijemos nuestros ojos en ellas y solamente aceptemos las enseñanzas que pueden armonizar con ellas.”
- Gregorio de Nisa (335-395), Sobre el alma y la resurrección, 5

“No sigáis las tradiciones de la filosofía ni a aquéllos que dan la apariencia de buscar la verdad con el fin de engañar por medio del arte de la persuasión. Por el contrario, aceptad, de acuerdo a la regla de la verdad, lo que se afirma en las palabras inspiradas de Dios.”
- Ambrosio (340-397), Seis días de la creación, 2.1.3

“Tu palabra es verdad, es decir, no hay falsedad en ella y todo lo que se dice en ella se tiene que cumplir”
- Juan Crisóstomo (349-407), Homilía sobre Juan, 17:17

“Es necesario establecer todos los argumentos a partir de la Escritura y así demostrar con precisión que no son un invento del razonamiento humano, sino el mismísimo veredicto de la Escritura. Así todo lo que decimos tendrá más credibilidad y se profundizará más en vuestra mente”
- Juan Crisóstomo (349-407), Homilía sobre los estatutos, 1.14

“Opino que es deletéreo creer que en los libros santos se contiene mentira alguna, es decir, que aquellos autores por cuyo medio nos fue otorgada la Escritura hayan dicho alguna mentira en sus libros. Una cosa es preguntarse si un hombre bueno puede en algunas circunstancias mentir, y otra cosa muy distinta es preguntarse si pudo mentir un escritor de la Sagrada Escritura. Mejor dicho, no es otra cuestión, sino que no hay cuestión. Porque, una vez admitida una mentira por exigencias del oficio apostólico en tan alta cumbre de autoridad, no quedará defendida partícula alguna de los libros. Por la misma regla deletérea podrá siempre recurrirse a la intención y obligación del autor mentiroso, según a cada cual se le antoje, cuando un pasaje resulte arduo para las costumbres o increíbles para la fe.”
- Agustín (354-430), Cartas 28.3

“Porque quien recurre a tal engaño [diciendo que las Escrituras contienen errores y contradicciones], prefiere que le crean a él, y obra así para que no creamos en la autoridad de las divinas Escrituras.”
- Agustín (354-430), Cartas 28.4

“Confieso que a tu caridad que sólo a aquellos libros de las Escrituras que se llaman canónicos he aprendido a ofrendar esa reverencia y acatamiento, hasta el punto de creer que ninguno de sus autores se equivocó al escribir. Si algo me ofende en tales escritos, porque me parece contrario a la verdad, no dudo en afirmar o que el códice tiene una errata, o que el traductor no ha comprendido lo que estaban escrito, o que yo no lo entiendo.”
- Agustín (354-430), Cartas 82.3

“La verdad de las divinas Escrituras es por todas partes segura e indiscutible, puesto que los mismos apóstoles, y no cualesquiera otros, la encomendaron a nuestra memoria para edificar nuestra fe; por esa razón fue asimismo recibida en la cumbre canónica de la autoridad.”
- Agustín (354-430), Cartas 82.7

“Te digo, sin embargo, algo que necesariamente ha de ser verdadero o falso […] sólo te queda el creerlo o el no creerlo. Si va garantizado por una autoridad neta de las Sagradas Escrituras, de aquellas digo que se llaman canónicas en la Iglesia, sin duda alguna hay que creerlo.”
- Agustín (354-430), Cartas 148.4

“No puede suceder que esta autoridad de las Escrituras diga mentira por parte alguna.”
- Agustín (354-430), Cartas, 148.14

“A mí no me has de creer como a Ambrosio, de cuyos libros puse testimonios tan grandes. Y si crees que a ambos nos has de creer con iguales motivos, ¿acaso podrás compararnos con el Evangelio o igualarás nuestros escritos con las Escrituras canónicas? Si eres recto en tus juicios, verás que estamos muy distantes por debajo de aquella autoridad. Yo estoy todavía muy lejos, pero, sea lo que quiere lo que opines de nosotros dos, no podrás compararnos en modo alguno con aquella excelencia.”
- Agustín (354-430),  Cartas, 148.39

“¿Quién ignora que la santa Escritura canónica, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, está contenida en sus propios límites, y que debe ser antepuesta a todas las cartas posteriores de los obispos, de modo que a nadie le es permitido dudar o discutir sobre la verdad o rectitud de lo que consta que está escrito en ella?”
- Agustín (354-430), Tratado Sobre el Bautismo, 2.3.4

“La Escritura es santa, es veraz, es irreprensible. […] Nada hay de qué acusar a la Escritura si tal vez nosotros, no habiéndola entendido, nos desviamos en algo. Cuando la comprendemos, somos rectos cuando no entendiéndola, estamos torcidos, la dejamos a ella recta; pues, aunque nos torzamos nosotros, no la torcemos a ella; al contrario, ella se mantiene recta, para que volviendo a ella, nos hagamos rectos.”
- Agustín (354-430), Sermones 23.3

“Dios, hablando por los profetas primero, luego por sí mismo, y después por los apóstoles, es el autor de la Escritura llamada canónica, que posee la autoridad más eminente. En ella tenemos nosotros la fe sobre las cosas que no debemos ignorar, y que nosotros mismos no seríamos capaces de conocer.”
- Agustín (354-430), Cuidad de Dios, 11

“Se ha establecido la distinción entre los libros de los autores posteriores y la excelencia de la autoridad canónica del Antiguo y Nuevo Testamento, que afianzada desde los tiempos apostólicos […] se ha establecido como en cierta sede, a la que ha de servir toda inteligencia fiel y piadosa. […] En las obras de autores posteriores, contenidas en innumerables libros, pero que en ningún modo pueden equipararse a la excelencia sacratísima de las Escrituras canónicas, aunque se encuentre en cualquiera de ellas la misma verdad, su autoridad es muy distinta.”
- Agustín (354-430), Réplica a Fausto,11.5

“Por la doctrina conocemos lo que debemos hacer. ¿Y yo qué te podrá enseñar sino lo que leemos en el apóstol? Porque la Sagrada Escritura ha fijado las normas de nuestra doctrina para que no osemos saber más de lo que conviene saber […] No voy, pues, a enseñarte otra cosa sino a exponerte las palabras del doctor apostólico.”
- Agustín (354-430), Sobre la bondad de la viudez, 2

“Algunos han dicho que no todos los salmos son de David, pero que son productos de otros autores. No tengo ninguna opinión al respecto. ¿Qué importa si son los salmos de David o si son obra de otros autores cuando está claro que todos son fruto de la inspiración del Espíritu Santo?”
- Teodoreto de Ciro (393-460), Prefacio a los Salmos

CONCLUSIÓN
"Sola Scriptura" no fue un invento de los reformadores protestantes.

Leer más:

http://protestantedigital.com/magacin/41181/%E2%80%98Sola_scriptura%E2%80%99_en_la_epoca_patristica