sábado, 21 de agosto de 2021

¿QUÉ CREEN LOS ADVENTISTAS?




El adventismo del séptimo día es una secta del cristianismo, que considera, entre otras cosas, que los servicios de adoración se deben llevar a cabo el "séptimo día" (el sábado) y no los domingos. Parece que hay diferentes "grados" del adventismo del séptimo día. Algunos adventistas del séptimo día creen de forma idéntica a los cristianos ortodoxos, distintos de los de la celebración del sábado. Otros adventistas, sin embargo, van mucho más allá de su descarriada doctrina.

El adventismo del séptimo día tiene sus raíces en el adventismo, un movimiento del siglo XIX que anticipó la inminente aparición (o el advenimiento) de Jesucristo. A los adventistas también se les llamó milleritas, porque su grupo fue fundado por William Miller, un falso profeta que predijo que Jesús retornaría en 1843 o 1844. Cuando la predicción de Miller respecto a la segunda venida de Cristo no sucedió, los milleritas se disolvieron completamente consternados; este evento se conoce como "La gran decepción". Pero luego un par de seguidores de Miller afirmó tener visiones para explicar el error en la profecía. En lugar de venir a la tierra, Jesús había entrado en el templo celestial; ellos dijeron que Miller estaba en lo cierto después de todo, excepto que su profecía había tenido un cumplimiento espiritual en lugar de uno físico. Uno de los videntes que cubrió a Miller fue Ellen G. Harmon de 17 años de edad, quien tuvo su primera de 2.000 supuestas visiones en una reunión de oración poco después de la vergüenza de Miller. Con su visión, Ellen pronto se convirtió en un faro de esperanza para los desencantados milleritas. Ella unió las fracciones adventistas y se convirtió en la guía espiritual de un nuevo grupo religioso.

En 1846, Ellen se casó con James White, un pastor adventista. Pronto se convencieron de que la observancia del sábado era para todos los cristianos. En 1847, Ellen White tuvo otra visión, confirmando su creencia de que la observancia del sábado debía ser una doctrina básica. Los adventistas bajo la influencia de Elena G. de White se convirtieron en los adventistas del séptimo día. Las muchas visiones y escritos de Elena G. de White (ella era una prolífica escritora), formaron considerablemente la doctrina del adventismo del séptimo día. Hoy en día, la mayoría de los adventistas del séptimo día todavía consideran que Elena White era una profetisa de Dios, aunque muchas de sus profecías no se hicieron realidad. De hecho, los adventistas del séptimo día consideran que Apocalipsis 19:10 ("el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía") es una referencia a los escritos de Elena G. de White.

En 1855, los adventistas del séptimo día se asentaron en Battle Creek, Michigan, en los Estados Unidos, y en mayo de 1863, la conferencia general de los adventistas del séptimo día se incorporó oficialmente. En las siguientes cinco décadas, Elena G. de White escribió casi 10.000 páginas de material profético. Dentro de las visiones estaba la doctrina de "la gran controversia", una guerra cósmica llevada a cabo entre Jesús y Su ejército angelical y Satanás y los suyos. Otras visiones tratan con hábitos alimenticios saludables, que la señora White llamó "el evangelio de la salud" (Testimonios para la Iglesia, Tomo 6, pág. 327). El adventismo del séptimo día impone restricciones sobre el consumo de carne, o "alimento de carne", como lo llaman los adventistas. "El alimento de carne es perjudicial para la salud, y todo lo que afecta al cuerpo tiene un efecto correspondiente en la mente y el alma" (El Ministerio de Sanidad, Capítulo 24: "La carne como alimento", pág. 316). No es de extrañar que, después de exigir la observancia del sábado, los adventistas comenzaron a añadir otros elementos de legalismo en su credo.

Curiosamente, Corn Flakes de Kellogg's fue una creación adventista: John Harvey Kellogg fue un médico adventista del séptimo día en Battle Creek, que quiso fabricar una alternativa vegetariana "saludable" para desayunos "no saludables" que contenían carne. Mientras tanto, la señora White siguió teniendo visiones y comenzó a enseñar las doctrinas poco ortodoxas del sueño del alma y el aniquilacionismo (lo cual contradice Mateo 25:46).

Otras doctrinas problemáticas en el adventismo del séptimo día incluyen la enseñanza de que Satanás es el "chivo expiatorio" y cargará con los pecados de los creyentes (La gran controversia, p. 422, 485); esto es lo opuesto de lo que la Biblia dice acerca de quién llevó nuestros pecados (1 Pedro 2:24). El adventismo del séptimo día también identifica a Jesús como el arcángel Miguel (Judas 1:9, La Biblia de la Palabra Clara, publicada por la editorial Review y Herald Publishing Association, 1994), una doctrina que niega la verdadera naturaleza de Cristo y enseña que Jesús entró en una segunda fase de Su obra redentora, el 22 de octubre de 1844, como fue profetizado por Hiram Edson. Y, por supuesto, la promoción adventista de la observancia del sábado como una doctrina básica, va en contra de la enseñanza de la escritura en ese aspecto (ver Romanos 14:5).

El adventismo del séptimo día es un movimiento diverso, y no todos los grupos adventistas del séptimo día mantienen todas las doctrinas mencionadas anteriormente. Pero todos los adventistas del séptimo día deberían considerar seriamente lo siguiente: una reconocida profetisa en su iglesia fue una maestra de una doctrina aberrante, y su iglesia tiene sus raíces en profecías erróneas de William Miller.

Por lo tanto, ¿debería un cristiano asistir a una iglesia adventista del séptimo día? Debido a la propensión de los adventistas para aceptar revelación extra-bíblica y los temas doctrinales mencionados anteriormente, alentamos firmemente a los creyentes a no involucrarse en el adventismo del séptimo día. Sí, una persona puede ser un defensor del adventismo del séptimo día y ser un creyente. Al mismo tiempo, hay suficientes riesgos potenciales para advertirnos de no unirnos a la iglesia adventista del séptimo día.

Publicado inicialmente en GotQuestions.

domingo, 15 de agosto de 2021

JESÚS HIJO DE ADÁN, HIJO DE DIOS




Lucas provee tres diferentes confirmaciones de Jesús como el Hijo de Dios, comencemos con una confirmación divina en Lucas 3:21 y 22. Escuchemos la descripción del bautismo de Jesús en Lucas 3:22:
"Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia". (Lucas 3:22)
En el bautismo de Jesús, Dios mismo confirmó públicamente que Jesús era su hijo a través de la aparición visible del Espíritu y su voz desde el cielo. A continuación, Lucas provee una confirmación genealógica de que Jesús era el Hijo de Dios en Lucas 3:23 al 38.

Al igual que Mateo, Lucas trazó la genealogía de Jesús a través de la línea directa de David y Abraham. Pero a diferencia de Mateo, Lucas extendió su registro para incluir la línea directa de la humanidad hasta llegar a Adán. Para entender el significado de esta genealogía, escuchemos la forma en que termina Lucas 3:38:
"Hijo de Set, hijo de Adán, hijo de Dios". (Lucas 3:38)
Lucas llamó a Adán "hijo de Dios" – el mismo título dado a Jesús en estos capítulos. De esta manera, Lucas señala algo que otras partes del Nuevo Testamento enseñan plenamente. Como el Hijo de Dios, Jesús estaba destinado a cumplir el propósito del primer hijo de Dios, Adán. O como el apóstol Pablo señaló en 1 Corintios 15:45, Jesús era el postrer Adán. Adán fue el rey siervo de Dios en la tierra quien se suponía haría la voluntad de Dios, pero fracasó rotundamente. Jesús es el gran Hijo de Dios quien tuvo éxito cuando Adán había fracasado, extendiendo así la salvación a cada nación en la tierra.

La última confirmación de Jesús como el Hijo de Dios fue una confirmación personal de Jesús mismo en Lucas 4:1 al 13. Este es el relato de la tentación de Jesús en el desierto. Cómo Lucas señaló en Lucas 4:1, el Espíritu Santo llenó a Jesús y lo guió al desierto, donde él fue tentado por Satanás. El demonio tentó a Jesús para cambiar las piedras en pan, para recibir autoridad sobre las naciones del diablo, y para arrojarse de la parte superior del templo. El diablo comenzó dos de esas tentaciones con las burlonas palabras "Sí eres Hijo de Dios." En respuesta, Jesús rechazó firmemente las tres tentaciones de Satanás, e incluso citó pasajes del Antiguo Testamento que describían lo que un fiel hijo de Dios debe hacer. Como dice el Dr. Greg Perry

"Jesús cita la Biblia cuando él se encontró con el diablo en el desierto por varias razones. Primero, parte de lo que los escritores de los evangelios hacen es retratar a Jesús como el verdadero Hijo de Dios. Una de las razones por la que lo vemos citando las Escrituras, es a causa de su relación de pacto con Dios. Él va a las Escrituras y cita esa expresión de la relación de pacto para mantener las cosas en orden, para mantener la visión correcta de su propia autoridad en relación con Dios el Padre, y también a la autoridad limitada del diablo. Jesús dice: El hombre no vivirá sólo de pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios, sólo para recordarse a sí mismo de la prioridad de la relación de pacto, lo que le ayuda a resistir las tentaciones del diablo. Lo vemos citando una parte particular de las Escrituras, Deuteronomio 6 al 8. Aquí Moisés se encuentra hablando de la experiencia del pueblo de Dios en el desierto, y cómo esa experiencia en el Éxodo probó lo que la comunidad tenía en sus corazones. Tenemos que ocurre algo muy similar, la prueba de filiación en el encuentro de la tentación de Jesús, donde Israel no pasó la prueba, Jesús pasa la prueba. Y así vemos este tipo de comparaciones en el uso del Antiguo Testamento por los escritores de los evangelios y por Jesús en la narración de la tentación." 

Debido a que esto sigue a la genealogía de Jesús que termina con Adán como el hijo de Dios, el relato de Lucas de la tentación de Jesús debe ser vista en contraste con el relato de la tentación de Adán en Génesis 3. En esa historia, el demonio tentó a Adán en el Jardín del Edén. Cuando Adán pecó, Dios maldijo a la creación y echó a toda la humanidad al desierto. En contraste, Jesús resistió la tentación en el desierto, y esto confirmó que él realmente era el fiel Hijo de Dios quien traería al pueblo fiel de Dios de regreso al paraíso.

- Los Evangelios, Tercer Milenio

miércoles, 4 de agosto de 2021

MARTYN LLOYD-JONES: PORQUÉ NO SOY PRE-MILENIALISTA DISPENSACIONAL




Dr. Martyn Lloyd-Jones
15 Razones por las que no soy Premilenialista.

1. El milenio aparece solamente en Apocalipsis 20
Esta enseñanza no se encuentra en ningún otro lado de los evangelios o de las epístolas del Nuevo Testamento. Todos están de acuerdo en ello. No hay ninguna otra referencia a esta idea de un reino terrenal con nuestro Señor reinando en persona en la tierra durante mil años literales.

Si creemos en la unidad de la Escritura, debemos creer que la Escritura actúa como un todo. De modo que cuando se trata la doctrina de la Segunda Venida de nuestro Señor en otras partes de la Escritura, y si esta doctrina del reinado terrenal es una parte esencial de ella, suponemos que debería haber alguna clase de indicación o de pista con respecto a ello, ya sea en la enseñanza de nuestro Señor mismo o en la enseñanza de sus apóstoles. Pero la verdad es que no las hay.

2. Hace hincapié en el aspecto terrenal del reino
Esta doctrina es un concepto terrenal y materialista, mientras que cuando leemos los evangelios y la enseñanza de nuestro Señor mismo con respecto a su reino, no podemos sino sorprendernos ante el hecho de que recalca constantemente que su reino es espiritual, y en las epístolas se hace el mismo hincapié.

Ahora bien, tengamos esto claro: creemos que, tal como nos muestra 2 Pedro 3, finalmente habrá un nuevo cielo y una nueva tierra. Sí, pero esto sucederá después de que este cielo y esta tierra sean destruidos de la manera descrita por Pedro allí. Por otro lado, el premilenialismo habla acerca de un reino terrenal antes de ese reinado definitivo.

3. Pospone al futuro la idea del reino
Se dice que estamos en la era de la iglesia y Cristo no es el rey por el momento sino solamente la cabeza de la iglesia. Cristo ofreció el reino cuando estuvo aquí en el mundo pero fue rechazado. Luego vino este interregno y ahora no hay ningún reino sino que vendrá durante el reino milenial. Mientras que, sin lugar a dudas, las Escrituras nos enseñan que el reino ya está presente y que aquellos de nosotros que somos creyentes ya estamos en el reino de Dios (Colosenses 1:13; Apocalipsis 1:9).

Los cristianos ya están en el reino. En un sentido, el reino aún está por venir por en otro sentido ya ha llegado. Ya somos ciudadanos del reino de Dios. Entonces, pues, posponer toda la idea del reino al futuro es contradecir la enseñanza bíblica.

4. Los judíos reciben una gran posición preeminente
Reintroduce la distinción entre judíos y gentiles que ha sido abolida. No había nada en lo que se gloriase tanto el apóstol Pablo en particular como en que “no hay griego ni judío” (Colosenses 3:11).
“Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2:14).

El reino está abierto ahora tanto a judíos como a gentiles. Toda la gloria del evangelio, escribió Pablo, nuevamente a los efesios, es que los gentiles son “coherederos” (Efesios 3:6) y “conciudadanos de los santos” (2:19) en este glorioso reino de Dios.

Pero aquí tenemos una enseñanza que vuelve a introducir una distinción vital entre judíos y gentiles que, según se dice, durará por toda la eternidad.

Debo reconocer que me parece imposible creer en una separación permanente entre los judíos y los gentiles. Me bastaría Romanos 11 de por sí para aplastar semejante idea. Hay un solo olivo, dice Pablo.
Los judíos eran ramas naturales, pero fueron cortadas y se injertaron otras. “El reino de Dios será quitado de vosotros y será dado a gente que produzca los frutos de él” (Mateo 21:43). Pero los gentiles fueron injertados en el olivo, y los judíos son reinjertados cuando se convierten en cristianos.

No hay una distinción permanente entre los judíos y los gentiles, eso acabó de una vez por todas. La enseñanza del Nuevo Testamento es que todas las naciones y tribus estarán en el reino de Dios. Aun el libro de Apocalipsis lo enseña y, ciertamente, no hay ningún rastro de diferencias entre los judíos y los gentiles, aun en el propio capítulo 20. La enseñanza acerca de los judíos y los gentiles ha sido introducida en el capítulo y está fuera de lugar en ese sitio.

5.- Enseña varias venidas del Señor
Según esta idea habrá al menos dos venidas; tres si se cree en el rapto pretribulacional. Pero ciertamente el Nuevo Testamento enseña que solo habrá una venida de nuestro Señor, la asociada con la resurrección general de los muertos y el juicio final. ¿Dónde están las evidencias de que vaya a haber más de una venida?

6. Enseña varias resurrecciones
El premilenialismo también enseña que habrá al menos dos resurrecciones, si no tres. Si sostenemos la idea del rapto pretribulacional, hay tres resurrecciones. Pero si no somos de esa opinión, y somos premilenialistas clásicos, entonces hay dos, con un intervalo de al menos mil años entre la resurrección de los justos y la de los impíos.

Su doctrina es que los creyentes serán resucitados al comienzo del reinado de los mil años pero los incrédulos no serán resucitados hasta el final de ese período. Aquí hay otra cosa que es importante que consideremos, puesto que creo que esta enseñanza es una contradicción directa de la enseñanza de nuestro Señor y Salvador mismo.

Juan 5:28-29 dice, “”Vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación”.

¿Dónde está el intervalo de mil años? Ciertamente las palabras de nuestro Señor afirman claramente que habrá una resurrección general para todos: buenos y malos al mismo tiempo.

Si pasamos a Juan 6, encontramos que nuestro Señor mismo enseña que los buenos y los malos serán resucitados en el último día, no al principio del milenio, sino al final. Encontramos esto en el v. 39, “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero”.

No hay nada tras el último día: es el día final y en el día final, no antes, el Señor resucitará a los que le ha dado el Padre, los buenos, los creyentes, los cristianos. Luego lo repite en los vv. 40, 44 y 54.

Encontramos exactamente la misma enseñanza en Juan 11:24. Marta le dice, “Yo sé que resucitará [Lázaro] en la resurrección, en el día postrero”. Esa era la enseñanza vigente, y nuestro Señor la adoptó y utilizó. Decir, pues, que hay dos resurrecciones con un intervalo de mil años entre ellas es contradecir lo que nuestro Señor enseña claramente, y lo que se enseña en el Nuevo Testamento con respecto a la resurrección, al último día y el juicio final.

7. Cristianos glorificados y no glorificados juntos
Si el premilenialismo es correcto entonces nos confronta lo siguiente: en la tierra habrá simultáneamente santos glorificados –personas que han muerto y cuyos cuerpos han sido cambiados de manera “semejante al cuerpo de la gloria suya” (Filipenses 3:21)- y al mismo tiempo otros cristianos que no han muerto aún y siguen estando en la carne. Ambos grupos estarán viviendo juntos.
Pero esto parece inconcebible. Ciertamente, no solo eso, sino que el propio Señor en toda su gloria estará viviendo en la tierra con los hombres y las mujeres. Sin embargo, cuando Saulo de Tarso lo vislumbró, cayó a tierra. Sin duda, esta es una dificultad muy importante.

8. Pecadores en el milenio
Otra incongruencia es que, durante este supuesto período glorioso, habrá sin lugar a dudas personas en la tierra que sigan siendo pecadoras. Lo decimos por este motivo: si no quedan pecadores, ¿Cómo pueden llegar a ocurrir las cosas que se describen en Apocalipsis 20:7-9?

¿Se nos está pidiendo que creamos que, de un solo golpe, Satanás puede convertir repentinamente a esta multitud, numerosa como la arena del mar, en enemigos de Cristo? No, sin duda se nos está indicando que fueron enemigos todo el tiempo y que sus pecados simplemente se mantuvieron bajo control. Este período, pues, no es tan glorioso como algunos querrían hacernos creer.

9. Los aliados de Satanás a finales del milenio
¿Es concebible que después de que nuestro bendito Señor y Salvador haya estado viviendo y reinando en este mundo, Satanás pueda crear súbitamente todas estas hordas, estas multitudes de personas de todo el mundo, tan numerosas como la arena del mar, para combatir a Cristo y oponerse violenta y amargamente a Él?
Ciertamente es forzar la imaginación, no digamos ya el pensamiento, pedirnos que creamos que tal cosa sea posible. Sin embargo, es una parte esencial del premilenialismo.

10. En Caso de 2 Pedro 3
En 2 Pedro 3 no hay ni una sola palabra acerca del milenio. No hay ni rastro de una indicación acerca de un período durante el cual el pecado será mantenido bajo control en absoluto. Lo único que sabe Pedro es que el día del Señor introducirá una gran conflagración que significará la destrucción del mundo tal como lo conocemos. El pecado y el mal serán borrados de él (2 Pedro 3:7).

Todo sucede al mismo tiempo, eso es lo único que sabe Pedro. Y luego está la llegada de los “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (v. 13). Pedro no hace ninguna referencia a un reinado milenial, y señala que Pablo tampoco dice nada. En los vv. 15-16 Pedro hace referencia a los escritos de su “amado hermano Pablo” quien, dice Pedro, habla en todas sus epístolas “de estas cosas”, pero no hay ni el más mínimo atisbo de algún tipo de enseñanza premilenialista.

Pedro dice que, “el día del Señor vendrá como ladrón en la noche” (2 Pedro 3:10). Nuestro mundo será consumido por fuego, dice Pedro. Significará el fin del mundo tal como lo conocemos, y entonces habrá un nuevo cielo y una nueva tierra.

Pero, ¿Cómo puede llegar todo eso como “ladrón en la noche” si ha estado precedido por mil años de presencia de Cristo en su cuerpo glorificado aquí en la tierra? Todos lo estaremos esperando. Habremos pasado por un milenio y luego por el corto tiempo que Satanás sea librado, y sabremos que el día del Señor está al llegar. Esta enseñanza premilenialista contradice directamente la enseñanza de este importante capítulo.

No solo eso, en 2 Pedro 3 el apóstol nos dice de manera bastante clara lo que hemos de esperar. Nos exhorta a desear la “venida del día de Dios” (v. 12) que también será “el día del juicio y de la perdición de hombres impíos” (v. 7) y el día de la gran conflagración cuando “los elementos ardiendo serán deshechos” (v. 10), y el mundo tal como lo conocemos será destruido.

Ciertamente, pues, este capítulo debiera de ser suficiente de por sí para llevarnos a cuestionar seriamente la interpretación premilenialista de Apocalipsis 20.

11. Apocalipsis 20
La escena que describe Juan no se produce en la tierra sino en el cielo (v. 1). Y en el v. 4 Juan dice, “Y vi tronos”. Ahora bien, al repasar el Apocalipsis, encontramos una serie de referencias a tronos y, sin una sola excepción, los tronos están en el cielo, no en la tierra.

Eso, pues, debería llevarnos a reflexionar, pero además de eso, como ya hemos señalado, en este capítulo no hay una sola referencia a la tierra, y menos aún una referencia a Palestina. Jerusalén no se menciona en absoluto. Los judíos simplemente no aparecen aquí en ningún sentido, y sin embargo, la interpretación premilenialista pone la tierra, Palestina, Jerusalén reconstruida, el templo y los judíos en una posición preeminente.

Aquellos que sostienen la idea premilenialista admiten la ausencia de referencias a un reinado terrenal de los judíos. Dicen que en el Antiguo Testamento hay profecías acerca del tiempo glorioso que se avecina, y que debe de estar aquí; de modo que aquí lo ponen.

Pero la pregunta es: ¿lo pone Juan aquí? ¿Hay algún tipo de indicio que señale que debe ir aquí? Señalaría que no existe nada en todo el Apocalipsis que indique la tierra o Palestina o a los judíos: la escena está en el cielo.

12. Simbolismo
Dice Apocalipsis 20:1-2, “Vi a un ángel que descendía del cielo con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años”.

Ahora bien, aun aquellos que sostienen la idea premilenialista están dispuestos a aceptar que las referencias a la cadena son obviamente simbólicas porque, después de todo, Satanás es un espíritu. Pero a partir de ahí, rechazan la utilización de simbolismo. ¡Pero sin duda eso es incoherente!

Sin lugar a dudas, todo lo que estamos tratando aquí es simbólico. No es forma de hacer interpretación verdadera el tomar los elementos que convengan a una teoría. Si este capítulo comienza de manera simbólica, ¿por qué no puede seguir del mismo modo?

Presentaría la siguiente conclusión: los números de este libro son obviamente simbólicos. El número 1000 indica un período de plenitud, un período completo. Indica un largo período, sí, pero por encima de todo un período completo: diez al cubo (10 x 10 x 10).

En el Apocalipsis, la palabra “mil” se utiliza de muchas formas. Considerémoslas por nosotros mismos y veremos que en el resto de los lugares siempre se utiliza simbólicamente. ¿Por qué habría de volverse literal aquí?

13. Juan vio almas
El v. 4 se lee, “Y vi tronos y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar” –advirtamos luego esto- “y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús”.

Juan dice deliberadamente que vio las almas de aquellos que fueron decapitados por dar testimonio de Jesús, lo que sin duda indica que las personas se encontraban en un estado extracorpóreo.

No dice que vio a aquellos que habían sido decapitados por causa del testimonio de Jesús resucitados y en sus cuerpos glorificados. Si se refería a eso, ¿por qué no lo dijo? Dice que vio sus almas.

Esto indica nuevamente que la escena produce en el cielo donde Juan ve las almas de aquellos que están en Cristo, aquellos que han sido fieles y han sufrido por causa del testimonio de Jesús.

14. El milenio precede al juicio final
Este período de mil años obviamente precede al juicio final. En este capítulo (Apocalipsis 20) no llegamos al juicio final hasta los vv. 11 y 12. Luego Juan pasa a decir, “Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras” (v. 13).

En Apocalipsis 20 el juico final se produce después de estos mil años. Mete, pues, a los defensores del premilenialismo en serias, por no decir imposibles, dificultades, ya que tienen que invertir el orden de los acontecimientos.

Sin embargo, Apocalipsis 20 no solo está en línea con 2 Pedro 3, está igualmente en línea con la gran enseñanza de Romanos 8 acerca de la creación que ha sido “sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza” –adviértase- “porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto, hasta ahora” (Romanos 8:20-22).

En Romanos 8 Pablo está consolando a las personas que están atravesando tiempos difíciles y el consuelo que les ofrece no es que habrá un glorioso período de mil años de reinado con Cristo en la tierra. No. Escribe, “Toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto, hasta ahora; y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando” -¿El qué? ¿El reino milenial? ¡No!- “la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (vv. 22-23).

Nuestra esperanza descansa en esta victoria definitiva cuando toda la creación haya sido liberada del mal y el pecado por medio de esta conflagración que se avecina, y el nuevo cielo y la nueva tierra hayan sido introducidos. Y nuevamente, en Hechos 3:19-21, encontramos una referencia al período cuando Pedro, predicando tras la curación del cojo, habla acerca de la regeneración que se aproxima, “tiempos de refrigerio” (v. 19) y “tiempos de restauración” (v. 21).

15. La presencia del pecado en el milenio
Cuando llegamos al encadenamiento de Satanás durante mil años, el premilenialismo fuerza excesivamente su interpretación de los vv. 2-3.

Si eso significa que no habrá ningún pecado ni maldad en el mundo durante ese gran período, entonces, es muy difícil explicar cómo Satanás puede con tanta facilidad, al final de los mil años, persuadir a tantas personas para que le obedezcan; tantas personas, ciertamente, que la iglesia de Cristo se verá casi superada, y a fin de salvar a Cristo y su pueblo es necesario que Dios envíe fuego del cielo (v. 9).

Conclusión
Estas son, pues, a mi parecer, las objeciones a la interpretación premilenialista de Apocalipsis 20.

- Martyn Lloyd-Jones (amilenial)