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miércoles, 24 de febrero de 2016

¿Debo “cuidar mi salvación con temor y temblor” para no perderla?




Recientemente leí en la siguiente frase en facebook:
“Señor ayúdame a vivir de tal manera que si Cristo llegara hoy, estaría seguro que me iría con Él”
Esta frase, sin lugar a dudas, encierra la desconcertante idea de que la salvación la puedes perder. Cuán importante es que un creyente esté seguro de su salvación, seguro de su nuevo nacimiento y sobretodo seguro de que Dios es quien le ha otorgado esa salvación, se la ha regalado por gracia y al no haberla ganado tampoco la puede perder.

¿Dónde surge la idea de perder la salvación según esta frase? Surge del concepto de que “sin santidad nadie verá a Dios” por lo tanto, para -no perder la salvación- hay que estar en santidad, es decir sin pecado; pues ya sea que nos sorprenda la muerte o que Jesús venga por segunda vez, entonces -estaremos preparados- de lo contrario el pecado impedirá que me salve y me iré a una eternidad sin Cristo. Esto encierra una serie de falsos conceptos doctrinales sobre la salvación, el pecado, la preservación de los santos, salvación por gracia y sentido común. 

Vamos a explicar uno de los muchos pasajes de la Biblia que son malinterpretados y su lectura ligera pareciera decir que en verdad podemos -perder la salvación- por no -ocuparme de ella-. Estamos refiriéndonos a Filipenses 2.12, que dice:
“Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor.” (RV1960)
Una lectura ligera, acompañada de una eiségesis, nos puede llevar a la falsa conclusión de que la “salvación se pierde si no te ocupas de cuidarla”. ¿Qué es ieségesis? Eiségesis es introducir un concepto o idea en un texto y/o contexto de la Biblia, donde no lo hay. Por ejemplo, en este pasaje de Filipenses 2.12 en ningún momento se habla de la ‘posibilidad de perder la salvación’, pero si vas con esa idea preconcebida, es probable que una lectura ligera te lleve a concluir esa falacia, sobre todo si lo usas fuera de contexto

Veamos otras versiones de la Biblia. Considere la recomendación de que cuando un texto es traducido de diferentes maneras en varias versiones es porque merece atención analizarlo en su idioma original, en cambio si la mayoría de versiones traduce lo mismo, es muy probable que la traducción sea lo más cercano a lo que se quiso decir en el original y no requiera demasiado análisis gramático-literal.

Reina – Valera 2015
“De modo que, amados míos, así como han obedecido siempre —no solo cuando yo estaba presente sino mucho más ahora en mi ausencia—, ocúpense[a] en su salvación con temor y temblor”
Trae una nota que indica que la palabra ‘ocúpense’ puede ser sustituida por “esfuércense.”

Nueva Versión Internacional
“Así que, mis queridos hermanos, como han obedecido siempre —no sólo en mi presencia sino mucho más ahora en mi ausencia— lleven a cabo su salvación con temor y temblor,”
Nueva Traducción Viviente
“Queridos amigos, siempre siguieron mis instrucciones cuando estaba con ustedes; y ahora que estoy lejos, es aún más importante que lo hagan. Esfuércense por demostrar los resultados de su salvación obedeciendo a Dios con profunda reverencia y temor.”
Biblia Textual
“Por tanto, amados míos, como siempre obedecisteis, no sólo en mi presencia, sino mucho más ahora en mi ausencia, alistad vuestra propia salvación con temor y temblor.”

No se trata de errores de traducción por parte de los eruditos traductores, lo que pasa es que estos textos, y la Biblia en general necesitan ser interpretados en su contexto para no concluir en afirmaciones que ella no enseña.

Hay tres términos que le preocupan a todo lector de la Biblia que teme perder su salvación. El primero es “ocupaos”. Esta palabra lleva la idea de que un cristiano puede -dejar de ocuparse- en su salvación, -desatenderla-, -descuidarla-, etc. los otros términos están acompañados, “temor y temblor”; y no es difícil de concluir que si no tienes -temor de cuidarla- la puedes perder, a tu salvación.

¿Por qué se tradujo -ocupaos-?
Ocupaos es el termino griego “katergazomai”. Este término viene a su vez de “ergazomai”, que significa “trabajar”, “producir”, “llevar a cabo”; y que al estar compuesto con “kata”, que significa “abajo”, enfatiza intensivamente su significado. “Temor y temblor” son sinónimos, el primero proviene de la misma palabra que se traduce en castellano por “fobia” y según su contexto puede significar “miedo” o “reverencia”; temblor significa eso: “temblar”. Ambas palabras nos llevan a tener un sentimiento de consideración y reverencia. 

Ocuparse de la salvación personal en este texto no significa cuidarla de no perderla, significa llevar una vida en la que se manifieste un vivo testimonio de haber sido salvado, no con el interés de demostrarlo sino de regocijarnos en vivir una vida digna de un creyente nacido de nuevo. Ocuparse de nuestra salvación es el llamado a trascender como luz y sal en nuestra generación.


¿Qué dice el contexto de Filipenses 2.12?
No es un texto de soteriología. Tampoco es un texto bíblico que podríamos o debiéramos usar para explicar la salvación eterna. Puesto que aquí se habla de la salvación en términos de la vida diaria que se espera que tengan los cristianos. Se refiere especialmente a quedar libres de contiendas y vanagloria.

Pablo viene describiendo la vida cristiana que él espera de los filipenses, y que es la vida que Dios mismo espera que llevemos. Por ejemplo, en el capítulo 1.27-30 les dice:
“Solamente que os comportéis de una manera digna del evangelio del Mesías, para que, ya sea que vaya y os vea, ya sea que estando ausente, oiga acerca de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu, unánimes, combatiendo juntos por la fe del evangelio; en nada intimidados por los que se oponen, lo cual es para ellos evidente señal de perdición, mas para vosotros, de salvación, y eso de parte de Dios. Porque a vosotros os ha sido concedido a causa del Mesías, no sólo que creáis en Él, sino que también padezcáis por Él, teniendo vosotros el mismo conflicto que visteis en mí, y ahora oís que está en mí.” (BTX)
Note el énfasis en “comportarse de una manera digna del evangelio del Mesías…”. Y también Pablo les hace recordar que Dios “les ha concedido creer y sufrir por el Mesías”. Es de los cristianos el llevar una vida digna y piadosa. Ahora vemos en los versos más adelante que el apóstol les lleva a un nivel mayor de humildad, que se espera tener, y pone como ejemplo a Cristo.
“Nada hagáis por rivalidad ni por vanagloria, sino con humildad, considerándoos los unos a los otros como superiores a vosotros mismos. No mirando cada cual por su propio interés, sino también por el de los demás. Considerad entre vosotros lo que hubo también en Jesús el Mesías.” Filipenses 2.3-5 (BTX)
Pablo señala que la muerte de Cristo en la cruz es el supremo ejemplo de humildad que el creyente debe seguir.

En el contexto de Filipenses 2.12, (incluyendo el capítulo 1) debemos prestar especial atención todos los versos, especialmente el verso 2.15 que Dice: “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin tacha en medio de una generación perversa y depravada, entre los cuales resplandecéis como luminares en el mundo”. Este versículo encierra el objetivo central de este contexto, y es ser completamente diferentes a cómo vive la gente de nuestra generación, y por consiguiente ser “luminares en el mundo”. El pasaje de ninguna manera habla de la posibilidad de perder la salvación o -cuidarla- para -no perderla-.

El versículo comienza con un “por tanto”, un “así que” o un “de tal modo que”; y esto conecta el verso 12 con todo lo anterior dicho en lo cual se nos puso como máximo y sublime ejemplo de humildad a nuestro Señor mismo, a Jesús el Mesías. Por lo tanto, lo que se diga después, en el verso 12 y subsecuentes; es una demanda que hace el apóstol, y que espera que ellos, como siempre lo han hecho, lo sigan haciendo sea que él esté presente o ausente: vivir dignamente en obediencia. Pablo les pide que lo hagan “con temor y temblor” como él mismo se conducía; cuando les escribió a los corintios les dijo que llegó a ellos “…con debilidad, y con temor y con mucho temblor” (1 Co 2.3 BTX), les pide lo mismo, les pide que tenga esa misma actitud.


¿Qué es lo que les está pidiendo? 
Que “se ocupen en su salvación”. Sí, para que sean “luminares en el mundo” tenían que esforzarse mucho para vivir dignamente y marcar la diferencia. Es lo que se nos pide hoy en día, comportarse con sentido de respeto y de responsabilidad. No es otra cosa que la demanda para todo creyente: santidad. Es un pasaje donde se demanda de nuestra “responsabilidad humana” en el camino de nuestra peregrinación por este mundo.

Pablo se refiere aquí a la salvación, no como la obra justificadora, ni como la obra de haber sido librados de la condenación eterna; sino como esa salvación progresiva respecto al pecado, el cual nos acompaña todos los días de nuestro peregrinaje. Dios nos salva todos los días en nuestra lucha contra el pecado, nos preserva. Pablo se refiere a la etapa progresiva de santificación personal, en la que sí hay participación del creyente. El creyente no participa en su salvación eterna, pues es por gracia y no por obras, eso lo vemos en Efesios 2.8-10; pero el creyente sí participa en su santificación personal y progresiva todos los días de su vida. Pablo dijo que él mismo “trabajó” por medio de la gracia, en su propia vida para agradar a Dios:
“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia hacia mí no ha sido en vano; al contrario, trabajé más que todos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo.” (1Corintios 15.10 BTX)
Esto significa que la santificación personal, constante y creciente del creyente se debe tomar en cuenta con mucha responsabilidad. Si hay que llevarla a cabo “con temor y temblor” es porque debemos ser conscientes de nuestra propia debilidad, ya mencioné que Pablo mismo reconocía su debilidad; ahora nosotros también debemos tener presente que podemos caer, Pablo les dijo a los corintios “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10.12 BTX). No significa perder la salvación, significa que debemos vivir como “salvados”, como “regenerados”.

Si concluyéramos a partir de este versículo que hay que “cuidar la salvación para no perderla” estaríamos aceptando varías afirmaciones y creencias de los que enseñan una salvación por obras. Es como la idea de que, si bien es cierto Dios te otorga la salvación, pero tú la debes conservar ¿Cómo la conservamos? En santidad. Le pregunté a un creyente al respecto y me dijo que si él moría en pecado, o que si Jesús viniera y él estaría en pecado no se salvaría. Este pensamiento encierra la idea de que Jesús no ha pagado por “todos nuestros pecados”. 

Pero la verdad es otra, cuando Jesús murió, todos nuestros pecados eran futuros, de manera que todos nuestros pecados están pagados. No cabe la idea de que “si muero en pecado pierdo la salvación”. Si fuera así -nadie podría salvarse-. Esa verdad Dios la sabe, siempre la supo. Nadie puede salvarse de esa manera, por ello fue necesario el sacrificio expiatorio de Jesús por nosotros. De manera que guardarse en santidad es una demanda para el creyente, para vivir una vida digna en este mundo. 

Cuando la Biblia dice que “sin santidad nadie verá al Señor”, está diciendo que “si alguien no es declarado justo por Jesús, no puede ver a Dios”. La demanda de santidad para ver al Señor está cumplida en Jesús, los que hemos nacido de nuevo podemos ver a Dios no por nuestra propia santidad o justicia, sino por haber sido declarados santos y justos en Jesús el Mesías. Es como si Dios nos viera a través de su Hijo. Por ello dice Jesús es nuestro Mesías.

El verso 13 de Filipenses 2 pone de manifiesto que Dios está detrás de todo esto: 
“Porque Dios es el que activa en vosotros tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (BTX)
Estimado lector, note la gran importancia de tomar los textos en su contexto. Vea usted que es Dios quien garantiza que el “ocuparse de nuestra salvación con temor y temblor” lo haremos conforme a sus designios y propósitos. Es Dios quien obra en nosotros, por nosotros y a favor de nosotros. Este verso podría traducirse de la siguiente manera:
“Porque es Dios quien obra en vosotros el desear y hacer lo que a Él le place”
El Comentario Bíblico de Mathew Henry dice del verso 13:
“Este versículo incluye una doble razón del “respeto y sentido de la responsabilidad” que hemos de ejercitar en la práctica de nuestra santificación: (A) El saber que estamos cooperando con Dios en una obra en la que Él lleva la iniciativa. (B) El saber, para consuelo nuestro, que, detrás de nuestro querer y hacer y sosteniendo nuestra debilidad, está Dios con su influjo eficaz (previo, simultaneo y consiguiente), pero de tal naturaleza que no fuerza nuestro albedrío ni nos exime de la responsabilidad personal.”(1)
Por lo tanto, si leemos el verso 12 y 13 juntos, entendemos mejor el sentido del mensaje que Pablo, el autor de la carta a los Filipenses, quiso trasmitir a ellos y por ende, qué es lo que Dios quiere decirnos a través de este pasaje a nosotros hoy en día:
“Por tanto, amados míos, como siempre obedecisteis, no sólo en mi presencia, sino mucho más ahora en mi ausencia, alistad vuestra propia salvación con temor y temblor. Porque Dios es el que activa en vosotros tanto el querer como el hacer, por su buena voluntad.” (BTX)
Los siguientes versos, a partir del 14 en adelante; Pablo exhorta a vivir una vida santa, de forma que brillen como verdadera luz, por ello nos dice que debemos ser “luminares en el mundo”. Luz en medio de una generación que odia la Luz.

Hay muchos cristianos preocupados por el tema de perder la salvación, pero yo me preocuparía más en examinar mi vida y ver si soy cristiano realmente, si he nacido de nuevo. 

La salvación es de Dios, Él la otorga y Él la cuida, por así decir, en el contexto de Filipenses lo podemos ver, así como en otros pasajes de las Escrituras:

“Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros, siempre, en toda oración mía, haciendo súplicas con gozo por todos vosotros, a causa de vuestra participación en el evangelio, desde el primer día hasta ahora; 6estando plenamente convencido de esto mismo, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la seguirá perfeccionando hasta el día de Jesús el Mesías.” Filipenses 1.3-6 BTX
“Mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco, y me siguen, y Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que me ha dado mi Padre es mayor que todas las cosas, y nadie puede arrebatarlo de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.” Juan 10.27-30 BTX
“Porque a los que antes escogió, también los predestinó a ser de la misma forma de la imagen de su Hijo, para que Él sea primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también declaró justos; y a los que declaró justos, a éstos también glorificó. ¿Qué, pues, diremos a estas cosas? Si Dios está a favor de nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará gratuitamente también con Él todas las cosas? ¿Quién encausará a los escogidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién es el que condenará? ¿el Mesías, el que murió? Más aun, Él es quien fue resucitado, el cual también está a la diestra de Dios, el cual también intercede por nosotros.” Romanos 8.29-34 BTX

Hay muchos falsos cristianos preocupados en perder una salvación que no tienen. 

¡Dios los bendiga!

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Cita Bibliográfica:
(1)Comentario Bíblico de Mathew Henry, 1999, Editorial CLIE - Barcelona

martes, 21 de julio de 2015

¿El Pecado de Sodoma era la Inhospitalidad?




Se dice que el "gran pecado" de Sodoma no era la "perversión sexual", sino que eran otros, entre lo que más resalta está la inhospitalidad. Pero revisemos el texto de Génesis 19.1-11:
“Aún no se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas, rodearon la casa: jóvenes y ancianos, toda la población, hasta el último. Y gritando a Lot, le dijeron: ¿Dónde están los varones que han venido a ti esta noche? ¡Sácalos para que los conozcamos! Entonces Lot, saliendo a ellos a la entrada, cerró la puerta tras de sí, y exclamó: ¡Por favor, hermanos míos, no hagáis este mal! Mirad, os ruego, tengo dos hijas que no han conocido varón, voy a sacarlas a vosotros ahora y haced con ellas como bien os parezca, pero no hagáis nada a estos varones que han venido a cobijarse bajo mi techo. Pero respondieron: ¡Quítate de ahí! Y añadieron: Es el único que ha venido como forastero, ¿y pretende erigirse en juez? ¡Ahora te trataremos peor que a ellos! Y arremetiendo violentamente contra Lot, intentaban forzar la puerta.” - Génesis 19.4-9 BTX
Aquí hay una misma palabra usada dos veces, una vez por los “varones” sodomitas y otra por Lot. Esa palabra es “conocer”. Éste término hebreo es “yada” (Strong 3045) y tiene dos significados que se entrelazan. Uno de los significados es (1) saber por observación y reflexión, y (2) saber por experiencia.

En tiempos de Lot, la gente utilizaba este término para referirse a las “relaciones sexuales”. Es como el lenguaje que usamos hoy en día para decir “tener relaciones sexuales” sin decirlo explícitamente. Por ejemplo para los recién casados, no decimos “tuvieron su primera relación sexual”, decimos “consumaron su matrimonio”, “tuvieron su luna de miel”, “su primera noche”. Y esto se debe al segundo uso del término “yada”. Saber por “experiencia” implica una vivencia personal, nadie te puede “dar a conocer como sabe una porción de dulce de leche”, tú tienes que “conocerla” personalmente probándola con tu propia boca.

Así de simple es la explicación de porqué decimos que el pecado de los sodomitas era en extremo la fornicación, el adulterio y la “gran inmoralidad” no era otra cosa sino la "homosexualidad activa", ya que querían "conocer" a los huéspedes, por la fuerza; es decir querían violarlos. Y esta práctica estaba generalizada en todos en aquella ciudad (¿incluyendo lesbianas?), note que en el verso 4 dice:
“Aún no se habían acostado, cuando los hombres de la ciudad, los sodomitas (varones de Sodoma), rodearon la casa: jóvenes y ancianos, toda la población, hasta el último.”
El autor de Génesis quiere expresar en este párrafo, que el deseo de “tener relaciones sexuales por la fuerza”, es decir “violar” a los huéspedes sería un show público, como las actuales marchas del “colectivo LGTBTI...”, pero peores. Dice que no sólo los varones de Sodoma, sino que los jóvenes, ancianos y toda la población, hasta el último; se agolpó contra la casa de Lot, pidiendo que saque a los varones de Dios, para dar rienda suelta a su gran inmoralidad: violarlos.

Noten en el v. 5 que los varones piden “conocer” a los forasteros. Mientras que Lot les ofrece a sus hijas para que las “conozcan” a ellas. Pregunto, ¿Acaso los varones sodomitas no eran vecinos de Lot, y por consiguiente también vecinos de sus hijas? Las hijas de Lot eran parte de la sociedad de Sodoma, tenían sus prometidos, es decir estaban de novias con varones sodomitas. Entonces ellas sí estaban familiarizadas con aquellos varones, todos; desde los más jóvenes hasta los más viejos. El v. 14 dice:
“Entonces salió Lot y habló a sus yernos, los que habían de tomar a sus hijas, y les dijo: ¡Levantaos! ¡Salid de este lugar, porque YHVH va a destruir esta ciudad! Pero a sus yernos les pareció que bromeaba.”
Ahora hay algo más aquí, porque Lot hace hincapié en que sus hijas “no han conocido varón”, es decir Lot les está diciendo que sus hijas “son vírgenes”. Aunque tenían “novios”. La traducción mejor para entenderlo nosotros que somos occidentales sería “novios” y no “yernos”, pues aun no se había casado, solamente estaban desposadas (comprometidas).

La "homosexualidad activa" se manifiesta por el deseo de los sodomitas de “conocer” a los varones forasteros. En realidad le dijeron a Lot, “Sácalos, para que tengamos -relaciones sexuales- con ellos”. Y lo que Lot les responde es “He aquí ahora yo tengo dos hijas que -no han tenido relaciones sexuales- con varón, haced con ellas como bien os pareciera”.

Teólogos liberales de hoy en día tratan de “negar” lo que dice la Biblia, desacreditándola y afirmando que está manipulada y hecha al antojo de los religiosos. Aun los teólogos liberales argumentan que el pecado de los sodomitas no era la "homosexualidad", sino "inhospitalidad" manifestada en un maltrato a los huéspedes, ya que rechazaban a Lot por ser un forastero (inmigrante) que llegó y habitó entre ellos, y porque en el pasaje leído, nadie hospedó a los “varones” (ángeles) sino Lot. Pero están negando que los sodomitas depravados querían violar a los huéspedes. Juzgue usted a la luz de las Escrituras. Vuelva a leer el texto en su contexto y saque sus conclusiones.

El apóstol Pedro diría lo siguiente:
"Y condenó a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a cenizas, poniéndolas como ejemplo para los que iban a vivir impíamente; pero libró al justo Lot, cuando estaba atormentado por la conducta pervertida de los perversos (porque este justo, que vivía entre ellos, día tras día atormentaba su alma justa por los hechos inicuos de lo que veía y escuchaba)." - 2 Pedro 2.6-8 BTX
Vaya perversión ¿la inhospitalidad? ¡No! Su pecado era la "perversión sexual" en su expresión antinatural de la homosexualidad, y más perversa aun por ser "homosexuales activos". Desde el más joven, hasta el más anciano, toda la población, hasta el último. El pecado de Sodoma era la homosexualidad. Nada dista de nuestra realidad respecto a la agenda global progresiva del movimiento gay.

La Biblia es inerrante e infalible. Quien diga lo contrario nada tiene que ver con Dios. Así tenga una Biblia en la mano y esté parado detrás de un púlpito.

Dios los bendiga.

sábado, 4 de abril de 2015

“Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador”




Una evaluación teológica de una frase popular

Resumen:
La frase “Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador” ha sido utilizada frecuentemente en contextos evangelísticos dentro del cristianismo evangélico contemporáneo. Este artículo analiza el origen, el uso y las implicaciones teológicas de dicha frase a la luz de la Escritura y de la tradición cristiana, especialmente en el marco del pensamiento reformado. A través de un análisis bíblico del contexto de Juan 3, se argumenta que el amor de Dios hacia los pecadores debe entenderse de manera matizada, diferenciando entre su amor general, compasivo y electivo.


1. Introducción

La expresión “Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador” se ha convertido en un lugar común dentro del discurso evangélico. Sin embargo, su uso generalizado plantea interrogantes exegéticos y doctrinales relevantes: ¿Refleja fielmente el testimonio bíblico? ¿Tiene base en la tradición teológica cristiana? ¿Qué riesgos pastorales implica una formulación incompleta o imprecisa de esta afirmación?

Este estudio se propone responder a estas preguntas mediante un análisis bíblico-teológico del concepto del amor de Dios hacia los pecadores, con especial atención al contexto de Juan 3:16 y sus implicaciones.


2. Origen y circulación de la frase

Aunque comúnmente atribuida a Agustín de Hipona, no existen pruebas textuales de que él haya formulado la frase tal como hoy la conocemos. En La Ciudad de Dios, Agustín escribe:

“El que vive según Dios tiene un perfecto odio a los malos; es decir, no odia al hombre por el vicio ni ama el vicio por el hombre, sino que odia el vicio y ama al hombre”¹.

Esta afirmación, dirigida al comportamiento del creyente, no pretende definir la actitud divina hacia los pecadores, sino modelar una ética cristiana que combine justicia y caridad. La popularización moderna de la frase parece haber sido influenciada por su adopción por Mahatma Gandhi², lo cual evidencia una apropiación fuera de su contexto original y sin precisión teológica.


3. Exégesis de Juan 3:16–36

3.1 El diálogo con Nicodemo

El capítulo 3 del evangelio de Juan presenta el encuentro entre Jesús y Nicodemo, fariseo y miembro del Sanedrín. A pesar de su admiración hacia Jesús, Nicodemo representa al hombre religioso pero espiritualmente muerto. Jesús lo confronta con una necesidad radical: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Jn 3:3).

Este contexto prepara el terreno para el famoso versículo 16, que debe entenderse a la luz de la misión salvífica de Cristo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…” (Jn 3:16). El término “mundo” (gr. kosmos) no se refiere necesariamente a cada individuo sin excepción, sino al conjunto de la humanidad caída, hostil a Dios³.

3.2 Amor ofrecido y juicio presente

El amor de Dios se expresa en la entrega de su Hijo, pero dicho amor requiere respuesta: “El que cree en él no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado…” (Jn 3:18). El versículo 36 concluye de forma contundente: “La ira de Dios permanece sobre él”.

Por tanto, aunque el amor de Dios hacia el mundo es real, no significa que todos los pecadores son automáticamente reconciliados con Él. La ira y el amor coexisten en el carácter divino, y ambos deben ser proclamados.


4. Consideraciones teológicas

4.1 El amor de Dios: múltiples dimensiones

La teología reformada clásica distingue varios aspectos del amor de Dios⁴:

  • Amor de benevolencia universal: Dios muestra bondad hacia todos (cf. Mt 5:45).

  • Amor compasivo y paciente: Dios no quiere que ninguno perezca (2 P 3:9).

  • Amor electivo y redentor: Es el amor eficaz hacia los elegidos (Ef 1:4–5; Ro 8:29–30).

Ignorar estas distinciones puede llevar a errores tanto hacia el universalismo como hacia una visión impersonal de Dios.

4.2 El pecado, el pecador y la condenación

Dios aborrece el pecado (cf. Hab 1:13) y no puede tener comunión con la iniquidad. Pero también la Escritura afirma que su ira “permanece” sobre el pecador impenitente (Jn 3:36). La condición de “pecador amado pero no condenado” no puede mantenerse sin referencia a la obra mediadora de Cristo. Como lo expresa Romanos 5:8:

“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”


5. Implicaciones pastorales y evangelísticas

En la comunicación del evangelio, es legítimo afirmar que Dios ama al pecador, siempre que se clarifique que ese amor se expresa eficazmente a través de la cruz de Cristo. El uso aislado y sentimental de la frase puede crear una falsa seguridad, minimizando tanto la gravedad del pecado como la urgencia del arrepentimiento.

Los predicadores y evangelistas deben proclamar tanto el amor como la santidad de Dios, evitando reduccionismos que omiten la ira divina o trivializan la gracia. El evangelio completo exige que se diga la verdad entera: el pecador está bajo condenación, pero puede ser reconciliado con Dios por medio de Cristo.


6. Conclusión

La frase “Dios aborrece el pecado, pero ama al pecador” refleja una intención pastoral válida, pero teológicamente requiere matización. La Escritura enseña que Dios aborrece el pecado y, en cierto sentido, también está airado contra los pecadores. Sin embargo, ofrece amor y reconciliación a través de Cristo. No todos los pecadores experimentan ese amor de forma salvífica: solo aquellos que creen en el Hijo tienen vida eterna (Jn 3:36).

Por lo tanto, la proclamación del amor de Dios debe ir siempre acompañada del llamado al arrepentimiento, la fe en Cristo y una nueva vida conforme al evangelio. Solo así seremos fieles al mensaje de las Escrituras y al carácter santo y misericordioso de nuestro Dios.


Notas

  1. Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios, Libro Decimocuarto “El pecado y las pasiones”. CAPÍTULO VI Condición de la voluntad humana, de la cual dependen los afectos malos o buenos del alma. Link: http://www.augustinus.it/spagnolo/cdd/index2.htm  .

  2. La frase aparece atribuida a Gandhi en varios compendios de citas, pero no hay fuentes primarias que certifiquen su autoría en esos términos exactos.

  3. D. A. Carson, The Difficult Doctrine of the Love of God, (Wheaton: Crossway, 2000), 17–19.

  4. Louis Berkhof, Teología Sistemática, (Grand Rapids: Eerdmans, 1938), 70–75.


Artículo mejorado con IA



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La Ciudad de Dios, Libro Decimocuarto “El pecado y las pasiones”. CAPÍTULO VI Condición de la voluntad humana, de la cual dependen los afectos malos o buenos del alma. Leer el párrafo completo: 
Nos interesa conocer cómo es la voluntad del hombre: si es perversa, tendrá esos movimientos perversos, y si es recta, esos mismos movimientos no sólo no serán culpables, sino hasta laudables. En efecto, en todos esos movimientos está la voluntad; mejor aún, todos ellos no son otra cosa que voluntad. ¿Qué es el deseo y la alegría, sino la voluntad encaminada a estar de acuerdo con lo que queremos? Y ¿qué es el miedo y la tristeza, sino el alejamiento de lo que no queremos? Pero recibe el nombre de apetencias cuando en el apetito estamos de acuerdo con lo que queremos; y se llama alegría cuando estamos en el disfrute de esas mismas cosas. Así también, la voluntad se llama miedo cuando rehusamos aquello que no queremos nos suceda; y se llama tristeza cuando rehusamos lo que tenemos presente sin quererlo. En toda la gama de cosas que se apetecen o se rehúyen, a medida que el alma se siente atraída o rechazada, varía o se vuelve a unos u otros afectos. Por lo cual el hombre que vive según Dios, no según el hombre, necesariamente ama el bien y, como consecuencia, odiará el mal. Y como nadie es malo por naturaleza, sino que el malo lo es por vicio, quien vive según Dios tiene un perfecto odio a los malos; es decir, no odia al hombre por el vicio ni ama el vicio por el hombre, sino que odia al vicio y ama al hombre. Si se cura el vicio, permanecerá todo lo que debe amar, y nada de lo que debe odiar.