viernes, 30 de octubre de 2020
Confusiones de un Pelagiano
lunes, 26 de octubre de 2020
La Naturaleza Humana en sus Cuatro Estados
Pensamientos sobre la visión de Agustín sobre la voluntad
"Cuando, hundido en las más oscuras profundidades de la ignorancia, el hombre vive de acuerdo con la carne sin ser perturbado por ninguna lucha de la razón o la conciencia, este es su primer estado. Después, cuando por la ley ha llegado el conocimiento del pecado, y el Espíritu de Dios aún no ha interpuesto su ayuda, el hombre, esforzándose por vivir de acuerdo con la ley, se frustra en sus esfuerzos y cae en el pecado consciente, y así, siendo vencido del pecado, se convierte en su esclavo ("porque de quien un hombre es vencido, de él es sometido a servidumbre" (4)); y así el efecto producido por el conocimiento del mandamiento es este, que el pecado obra en el hombre toda forma de concupiscencia, y él está involucrado en la culpa adicional de transgresión intencional, y eso se cumple lo que está escrito: "La ley entró en ese la Ofensa podría abundar ". (5) Este es el segundo estado del hombre. Pero si Dios lo mira y lo inspira con fe en la ayuda de Dios, y el Espíritu de Dios comienza a obrar en él, entonces el poder más poderoso del amor lucha contra el poder de la carne; y aunque todavía hay en la propia naturaleza del hombre un poder que lucha contra él (porque su enfermedad no está completamente curada), sin embargo, él vive la vida de los justos por la fe, y vive en la justicia en la medida en que no cede al mal. la lujuria, pero la conquista por el amor a la santidad. Este es el tercer estado de un hombre de buena esperanza; y el que avanza en este camino con piedad constante, alcanzará finalmente la paz, esa paz que, después de que esta vida haya terminado, se perfeccionará en el reposo del espíritu y finalmente en la resurrección del cuerpo. De estas cuatro etapas diferentes, la primera es ante la ley, la segunda es bajo la ley, el tercero está bajo la gracia, y el cuarto está en plena y perfecta paz. Así, también, la historia del pueblo de Dios ha sido ordenada de acuerdo con Su voluntad, quien dispone todas las cosas en número, medida y peso. (6) Porque la iglesia existía al principio antes de la ley; luego bajo la ley, que fue dada por Moisés; luego bajo la gracia, que se manifestó primero en la venida del Mediador. Ciertamente, no es que esta gracia estuviera ausente anteriormente, pero, en armonía con los arreglos de la época, estaba velada y oculta. Porque ninguno, ni siquiera los justos de la antigüedad, pudo encontrar la salvación sin la fe de Cristo; ni a menos que lo hubieran conocido, su ministerio podría haber sido usado para transmitirnos profecías acerca de Él, algunas más claras y otras más oscuras a pueblo ha sido ordenado según su voluntad, que dispone todas las cosas en número, medida y peso. (6) Porque la iglesia existía al principio antes de la ley; luego bajo la ley, que fue dada por Moisés; luego bajo la gracia, que se manifestó primero en la venida del Mediador. Ciertamente, no es que esta gracia estuviera ausente anteriormente, pero, en armonía con los arreglos de la época, estaba velada y oculta. Porque ninguno, ni siquiera los justos de la antigüedad, pudo encontrar la salvación sin la fe de Cristo; ni a menos que lo hubieran conocido, su ministerio podría haber sido usado para transmitirnos profecías acerca de Él, algunas más claras y otras más oscuras s pueblo ha sido ordenado según su voluntad, que dispone todas las cosas en número, medida y peso. (6) Porque la iglesia existía al principio antes de la ley; luego bajo la ley, que fue dada por Moisés; luego bajo la gracia, que se manifestó primero en la venida del Mediador. Ciertamente, no es que esta gracia estuviera ausente anteriormente, pero, en armonía con los arreglos de la época, estaba velada y oculta. Porque ninguno, ni siquiera los justos de la antigüedad, pudo encontrar la salvación sin la fe de Cristo; ni a menos que lo hubieran conocido, su ministerio podría haber sido usado para transmitirnos profecías acerca de Él, algunas más claras y otras más oscuras que fue dado por Moisés; luego bajo la gracia, que se manifestó primero en la venida del Mediador. Ciertamente, no es que esta gracia estuviera ausente anteriormente, pero, en armonía con los arreglos de la época, estaba velada y oculta. Porque ninguno, ni siquiera los justos de la antigüedad, pudo encontrar la salvación sin la fe de Cristo; ni a menos que lo hubieran conocido, su ministerio podría haber sido usado para transmitirnos profecías acerca de Él, algunas más claras y otras más oscuras que fue dado por Moisés; luego bajo la gracia, que se manifestó primero en la venida del Mediador. Ciertamente, no es que esta gracia estuviera ausente anteriormente, pero, en armonía con los arreglos de la época, estaba velada y oculta. Porque ninguno, ni siquiera los justos de la antigüedad, pudo encontrar la salvación sin la fe de Cristo; ni a menos que lo hubieran conocido, su ministerio podría haber sido usado para transmitirnos profecías acerca de Él, algunas más claras y otras más oscuras.ni a menos que lo hubieran conocido, su ministerio podría haber sido usado para transmitirnos profecías acerca de Él, algunas más claras y otras más oscuras.ni a menos que lo hubieran conocido, su ministerio podría haber sido usado para transmitirnos profecías acerca de Él, algunas más claras y otras más oscuras".
- El hombre fue creado bueno (Gén 1.31), ya que el pecado no formaba parte de él; no había ninguna “semilla” de desobediencia en su conciencia. No era inocente en el sentido de inmadurez, sino en el sentido de impecabilidad. Su mente no contenía ningún mal pensamiento; el mal no había penetrado en su conciencia.
- Fue creado a imagen y semejanza de Dios, no en el aspecto físico, ya que la divinidad no tiene cuerpo, sino en el aspecto espiritual, moral e intelectual (Gén 1.26-27). Como similar al Creador, él era responsable y libre para ser y seguir siendo bueno, de lo contrario no sería apto para ser virrey de Dios.
- Dios creó y destinó al hombre para ser su siervo, en perfecta armonía con Él como servidor privilegiado en el Paraíso del Creador. La caída lo descalificó, haciéndolo siervo de sí mismo, despreciando su diseño original: glorificar a Dios y gozar de Él por siempre (Ef 4.24; Col 3.10; 2 Co 3.18).
- Como ser responsable, y en perfecta sintonía con Dios, no podía desobedecerle, aunque, como ser libre, sí podía hacerlo, sabiendo que, al hacerlo, rompería relaciones con su Señor y, en consecuencia, dejaría de ser su siervo. Con libertad de pecar, aunque podía dejar de hacerlo, Adán pecó comprometiendo a todo el género humano, vinculado a él por el Pacto de Obras, firmada con Dios (Gén 3; Rom 5.12,18-19).
- Como resultado de la caída, toda la humanidad cayó en su antepasado representativo y corporativo. La descendencia de Adán y Eva nació alejada de Dios y desastrosamente separada de Él (Sal 51.5; Gén 5.3).
- Estamos totalmente impedidos, sin la gracia regeneradora de Cristo, de hacer el bien según los propósitos finales de Dios, especialmente los bienes relacionados con la comunión de la criatura con el Creador (Gén 8.21; Gén 6.5; Job 14.4; Job 15.14-16,35; Juan 3.6; Is 53.60).
- La misericordia de Dios, efectuada en la muerte vicaria de Cristo, que hizo posible nuestra regeneración, nos permite reconciliarnos con Dios (Juan 3.3,5; 1 Co 12.3; 2 Co 3.50). Fuera de Cristo y sin él, el acceso a Dios es imposible.
CRISTO ES LA CABEZA PACTUAL DE LA NUEVA CREACIÓN
"Adán, el primer hombre, fue designado por Dios como representante de toda la humanidad (con la excepción de Cristo), y con su pecado perdió la justicia para todos aquellos a quienes representaba ("todos los hombres" Ro 5.12,18; "los muchos", Ro 5.15,19). De la misma manera, Dios hizo a Cristo la cabeza representativa de una nueva humanidad, para que su obediencia hasta la muerte pudiera obtener la justificación de ellos. Inherente a esta enseñanza es la idea de que la restauración provista en la salvación debe seguir el patrón de la constitución original de la humanidad delante de Dios, pero de una manera en la que Cristo triunfa donde Adán fracasó (Ver 1 Co 15.45-49; Heb 2.14-18)
Piensa cristiano!!
miércoles, 21 de octubre de 2020
El Estado moderno de Israel (1948) y la restauración profética
Un análisis desde la escatología reformada y el preterismo parcial
Introducción
Desde mediados del siglo XX, particularmente a partir del establecimiento del Estado moderno de Israel en 1948, diversas corrientes teológicas —principalmente de orientación dispensacionalista— han sostenido que dicho acontecimiento constituye el cumplimiento directo de las profecías veterotestamentarias sobre la restauración de Israel, especialmente aquellas contenidas en los libros de Ezequiel y Daniel. Esta interpretación ha influido de manera significativa en la escatología evangélica contemporánea, vinculando el desarrollo político moderno del Medio Oriente con el desenlace de la historia redentora.
Sin embargo, desde la perspectiva de la teología reformada clásica esta lectura resulta hermenéutica y teológicamente insostenible. El presente artículo sostiene que las profecías de restauración de Israel fueron cumplidas históricamente en el retorno del exilio babilónico (siglos VI–V a.C.) y, de manera definitiva, en la persona y obra de Jesucristo, y que el Estado moderno de Israel carece de significancia escatológica normativa dentro del marco bíblico.
Marco hermenéutico: profecía y cumplimiento histórico
La hermenéutica reformada insiste en que la profecía bíblica debe interpretarse, en primer lugar, desde el contexto histórico y redentor en el que fue pronunciada. Tanto Ezequiel como Daniel profetizan en el contexto del exilio, dirigiéndose a un pueblo desarraigado, despojado de su tierra, su templo y su identidad nacional. Las promesas de restauración, retorno y reedificación responden directamente a esta coyuntura histórica concreta.
Ezequiel 39:25 anuncia la restauración de la “cautividad de Jacob” y el retorno misericordioso de Dios hacia su pueblo. Daniel, escribiendo algunas décadas después, interpreta las profecías de Jeremías sobre los setenta años de desolación como cercanas a su cumplimiento (Dn 9:1–2). Estas promesas no apuntan a un evento distante de miles de años, sino a una restauración histórica identificable.
Desde esta perspectiva, el retorno bajo el decreto de Ciro, la reconstrucción del templo y de Jerusalén bajo Zorobabel, Esdras y Nehemías, y la reanudación del culto sacrificial constituyen el cumplimiento histórico directo de estas profecías. Este cumplimiento ocurre dentro de un marco temporal coherente con el patrón profético bíblico y no deja un “vacío profético” que deba ser llenado por un evento moderno como el de 1948.
Restauración, arrepentimiento y fidelidad al pacto
Un elemento central en las profecías de restauración es la dimensión espiritual del arrepentimiento y la renovación del pacto. En los relatos de Esdras, Nehemías, Daniel y Hageo se observa claramente que el retorno del pueblo va acompañado de confesión de pecados, restauración del culto, obediencia a la Ley y un renovado temor de Dios.
Este patrón es teológicamente significativo. En la Escritura, la restauración nunca es meramente geográfica o política, sino esencialmente pactual y espiritual. Por ello, desde la cosmovisión reformada, resulta problemático identificar como cumplimiento profético un movimiento nacional moderno que surge, en gran medida, desde el sionismo secular y que explícitamente rechaza el mesianismo de Jesucristo.
La ausencia de arrepentimiento nacional, de reconocimiento del Mesías y de fidelidad al pacto bíblico impide identificar al Israel moderno como la restauración descrita por los profetas.
La dimensión mesiánica y cristológica de Ezequiel
La teología reformada subraya que las profecías del Antiguo Testamento encuentran su consumación última en Cristo. Ezequiel 34, al anunciar al “siervo David” como el Pastor del pueblo, trasciende claramente la restauración postexílica y apunta a una figura mesiánica.
El Nuevo Testamento identifica explícitamente este cumplimiento en Jesucristo, quien se presenta como el Buen Pastor (Jn 10). De este modo, Ezequiel no proyecta un futuro Estado político, sino la restauración definitiva del pueblo de Dios bajo el reinado del Mesías davídico.
Desde esta óptica, Cristo es el verdadero Israel, y la Iglesia —compuesta de judíos y gentiles creyentes— participa de las promesas hechas a Abraham no por etnicidad, sino por fe.
La destrucción del templo y la escatología del Nuevo Testamento
La escatología reformada se caracteriza por un preterismo parcial, según el cual muchas profecías escatológicas del Nuevo Testamento tuvieron cumplimiento en el siglo I, particularmente en la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.
El discurso de Jesús en Mateo 24 anuncia la destrucción del templo como un evento inminente para su generación. La referencia a la “abominación desoladora” se cumple históricamente en la profanación romana del templo, confirmando que estas profecías no deben proyectarse arbitrariamente hacia el futuro lejano.
Este hecho es crucial, pues implica que el sistema templo–sacrificial quedó definitivamente abolido, y con él cualquier expectativa legítima de una restauración cultual futura separada de Cristo.
Israel, la Iglesia y el pueblo de Dios
Desde la teología del pacto, no existen dos pueblos redentores ni dos planes de salvación. El apóstol Pablo afirma que los verdaderos hijos de Abraham son aquellos que participan de la fe (Gál 3:6–29). Romanos 11 no enseña una restauración política futura de Israel como nación incrédula, sino la preservación de un remanente elegido por gracia.
Así, el pueblo de Dios no se define por fronteras políticas, sino por la unión con Cristo. La Iglesia no es un “paréntesis” en el plan divino, sino la continuidad histórica del Israel redimido.
Conclusión
Desde la cosmovisión reformada representada por reconocidos teólogos como R. C. Sproul y Kenneth L. Gentry, el establecimiento del Estado moderno de Israel en 1948 no constituye el cumplimiento de las profecías de restauración de Ezequiel y Daniel. Dichas profecías hallaron su cumplimiento histórico en el retorno postexílico y su consumación definitiva en Jesucristo.
La escatología bíblica, lejos de centrarse en desarrollos geopolíticos modernos, proclama el reinado presente de Cristo, la consumación de la redención en su obra y la formación de un solo pueblo de Dios, compuesto de judíos y gentiles unidos por la fe. En consecuencia, 1948 carece de significado escatológico normativo dentro del marco bíblico y no debe ser interpretado como un hito profético.
domingo, 18 de octubre de 2020
¿Quién hizo cesar el sacrificio y la ofrenda?
Un análisis reformado de Daniel 9:27 frente a la interpretación dispensacionalista
Resumen
Daniel 9:27 constituye uno de los textos proféticos más debatidos dentro de la escatología cristiana. Tradicionalmente, el dispensacionalismo ha interpretado este pasaje como una referencia a un anticristo futuro que interrumpirá sacrificios restaurados en un templo aún no construido. En contraste, la teología reformada —particularmente en su expresión preterista parcial— sostiene que el pasaje encuentra su cumplimiento histórico–redentor en la obra de Jesucristo y en la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. El presente artículo analiza Daniel 9:27 desde esta perspectiva reformada, evaluando críticamente la lectura dispensacionalista y demostrando la coherencia bíblica de una interpretación cristocéntrica e histórica del texto.
Introducción al problema hermenéutico
La pregunta habitual —¿Quién hará cesar el sacrificio?— presupone un cumplimiento futuro del texto. Sin embargo, una lectura atenta del contexto bíblico y del desarrollo de la revelación sugiere que la pregunta correcta es: ¿quién hizo cesar el sacrificio y la ofrenda?. Esta reformulación temporal no es meramente retórica, sino hermenéutica, pues evita proyectar al futuro aquello que el Nuevo Testamento presenta como ya cumplido.
Daniel 9:27 en su contexto histórico y pactual
El capítulo 9 de Daniel se inserta en una oración pactual, donde el profeta clama por la restauración del pueblo conforme a las promesas dadas por Dios. Las setenta semanas describen un marco redentor que culmina en la venida del Mesías, su obra expiatoria y las consecuencias históricas de su rechazo.
El texto afirma:
“Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda…” (Dn 9:27).
Desde una lectura reformada, este versículo no introduce un paréntesis escatológico, sino que concluye el programa mesiánico iniciado en Daniel 9:24.
“Confirmará el pacto con muchos”: una lectura cristológica
La expresión “confirmará el pacto con muchos” encuentra un claro eco en el lenguaje del Nuevo Testamento. Jesucristo, en la institución de la Cena del Señor, declara:
“Esta es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mt 26:28).
El uso del término “muchos” conecta Daniel 9 con Isaías 53 y con la teología del nuevo pacto desarrollada en Hebreos (Heb 8–10). Cristo es presentado como:
-
mediador de un mejor pacto (Heb 8:6),
-
portador de la sangre del nuevo pacto (Heb 12:24),
-
cumplimiento definitivo de las promesas pactuales.
En esta línea, Jesucristo es el sujeto principal de Daniel 9:27, no un anticristo futuro.
“Hará cesar el sacrificio y la ofrenda”: cese teológico y cese histórico
Cese teológico en la cruz
Desde la perspectiva reformada, los sacrificios del Antiguo Testamento eran tipológicos y provisionales. Con la muerte de Cristo:
-
el sacrificio perfecto fue ofrecido una vez y para siempre (Heb 10:10–14),
-
el sistema sacrificial quedó abolido en su validez redentora,
-
Dios dejó de demandar sacrificios animales.
En este sentido, Cristo hizo cesar el sacrificio al consumar aquello que los sacrificios anticipaban.
Cese histórico en el año 70 d.C.
No obstante, los sacrificios continuaron materialmente durante aproximadamente cuarenta años después de la crucifixión. Su final histórico ocurrió con la destrucción del templo de Jerusalén por los ejércitos romanos en el año 70 d.C.
Jesús mismo vinculó este evento con Daniel:
“Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora… entonces los que estén en Judea huyan” (Mt 24:15).
Lucas interpreta esta profecía de forma explícita:
“Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado” (Lc 21:20).
Autores como Josefo confirman que, durante el sitio final, el sacrificio diario fue interrumpido por falta de animales, sellando así el fin del sistema cultual. Josefo refiere que en Agosto del año 70 d.C. el general Tito "...al saber que el sacrificio diario en el templo se había interrumpido por falta de corderos, y que toda la gente (judía) estaba por ello en zozobra..." (Paul L. Maier, 1992, "Josefo: Los Escritos Esenciales", Pág. 339) el general Tito invitó a los rebeldes judíos a salir del Lugar Santo para que no lo profanaran. Pero ya era demasiado tarde.
La “abominación desoladora” y el desolador
Desde la cosmovisión reformada, la “abominación desoladora” no apunta primariamente a un evento futurista, sino al juicio histórico de Dios sobre Jerusalén. El “desolador” es el instrumento del juicio —Roma— actuando bajo la soberanía de Cristo, quien vino en juicio contra la ciudad que rechazó al Mesías.
Tabla comparativa: Daniel 9:27
Evaluación teológica final
La interpretación dispensacionalista de Daniel 9:27 requiere introducir elementos ausentes en el texto: un tercer templo, una restauración sacerdotal y un anticristo futuro con funciones pactuales. En contraste, la lectura reformada:
-
respeta el contexto histórico,
-
armoniza Daniel con el Nuevo Testamento,
-
afirma la suficiencia de la obra de Cristo,
-
reconoce el año 70 d.C. como cierre judicial del antiguo orden.
Conclusión
Desde la cosmovisión Reformada, Daniel 9:27 no anuncia un retorno a los sacrificios, sino su abolición definitiva. Jesucristo confirmó el pacto, hizo cesar el sacrificio por su muerte expiatoria, y el juicio histórico sobre Jerusalén selló ese cese de manera irreversible. El pasaje no apunta a un futuro anticristo, sino al clímax redentor de la historia bíblica y al tránsito del antiguo pacto a su cumplimiento pleno en Cristo.
viernes, 16 de octubre de 2020
POR QUÉ NO ESPERAMOS UN TERCER TEMPLO EN JERUSALÉN

'Pues os digo que uno mayor que el templo está aquí'. - Mateo 12:6
“A los sacerdotes levitas que son del linaje de Sadoc, que se acerquen a mí, dice Jehová el Señor, para ministrar ante mí, darás un becerro de la vacada para expiación.” - Ezequiel 43.19
“Tales sacrificios, si en realidad se han de ofrecer, serán de carácter recordatorio. De acuerdo a esta posición, los sacrificios contemplarán de forma restrospectivamente la obra de nuestro Señor en la cruz, así como las ofrendas del Viejo Pacto contemplaban el futuro del sacrificio de Cristo. Por su puesto, los sacrificios no tendrían valor expiatorio. La referencia a los sacrificios NO DEBE TOMARSE LITERALMENTE en vista de que esas ofrendas son dejadas de lado, pero debe considerarse como una presentación de la adoración que hace la Israel redimida, en su propia tierra y en el Templo del milenio, usando términos que resultaban familiares para los judíos en la época de Ezequiel.” (1)
"¿Habrá alguna necesidad de seguir ofreciendo sangrientos sacrificios de animales después de haber hecho Cristo su sacrificio final, al cual apuntaban todos los sacrificios del Antiguo Testamento? La respuesta habitual de los dispensacionalistas a esta objeción es que durante el milenio estos serán sacrificios MEMORIALES, sin valor expiatorio, ¿Pero cuál sería el valor de volver a los sacrificios de animales como memorial de la muerte de Cristo después de que el Señor mismo nos diera la Santa Cena como memorial de su muerte?" (2)
"Si los sacrificios no deben ser entendidos literalmente, ¿por qué hemos de tomar literalmente el templo? ¡Parecería que el principio dispensacionalista de la interpretación literal de la profecía del Antiguo Testamento es aquí abandonado, y que una piedra fundamental, crucial para todo el sistema dispensacionalista, ha sido dejada de lado!" (3)
"Después me mostró un río limpio de agua de vida, resplandeciente como cristal, que salía del trono de Dios y del Cordero. En medio de la calle de la ciudad, y a uno y a otro lado del río, estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones".
domingo, 11 de octubre de 2020
-Si la Doctrina no es Relevante, Cualquier Doctrina Puede Prevalecer-
sábado, 10 de octubre de 2020
LOS TRES GRANDES DESAFÍOS DEL PENTECOSTALISMO CONTEMPORÁNEO

LOS TRES GRANDES DESAFÍOS DEL PENTECOSTALISMO CONTEMPORÁNEO
Pentecostal Anónimo
Como miembro de la tradición pentecostal, escribo este artículo con profunda gratitud por el legado que hemos recibido, pero también con pesar y preocupación por las desviaciones que amenazan con diluir o incluso destruir la vitalidad espiritual y doctrinal de nuestro movimiento. Identifico tres grandes desafíos que considero urgentes y que requieren discernimiento pastoral, reflexión teológica y un retorno a la centralidad de las Escrituras y del Espíritu Santo.
1. El Neopentecostalismo: una mutación doctrinal
En las últimas décadas, hemos sido testigos de un preocupante fenómeno: el surgimiento del neopentecostalismo. No se trata simplemente de una evolución del pentecostalismo clásico, sino de una mutación que lo ha desfigurado. Las doctrinas de la "teología de la prosperidad", la "confesión positiva", la "batalla espiritual territorial", la "renovación apostólica" y la "teología del dominio" han tomado protagonismo en muchas iglesias, a menudo bajo un disfraz carismático.
Este nuevo enfoque tiende a desviar la atención del Cristo crucificado y resucitado hacia el éxito personal, el bienestar material y experiencias sensacionalistas. El Espíritu Santo ha sido reemplazado por un emocionalismo subjetivo que reduce la experiencia de lo sagrado a un espectáculo. Como bien advirtió Donald Gee, uno de nuestros padres teológicos: “El Pentecostés que no produce fruto espiritual ni santidad es un Pentecostés sin fuego verdadero”.
No es solo una desviación doctrinal, sino una alteración de la esencia misma de nuestra fe: la obediencia humilde al Dios soberano y el poder santificador del Espíritu. La Palabra de Dios se interpreta muchas veces de forma arbitraria, sin contexto ni reverencia, para justificar prácticas cuestionables. En palabras de Pablo: “Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias” (2 Timoteo 4:3).
2. La búsqueda del poder humano: el carisma sin carácter
Uno de los peligros más sutiles que enfrentamos es la politización del liderazgo eclesial. No hablo del poder de Dios, sino del deseo de poder humano. Hay quienes han hecho del púlpito una plataforma para el ascenso personal, para el ejercicio de influencia y control sobre otros. El liderazgo carismático ha sustituido al liderazgo piadoso. Se exalta el talento, pero se descuida el carácter.
Lamentablemente, estamos viendo surgir “profetas de la corte” que solo proclaman lo que los “reyes” —es decir, los líderes influyentes o los mecenas de turno— desean escuchar. Esta dinámica es totalmente ajena al modelo de liderazgo cristiano enseñado por Jesús, quien dijo: “El que quiera ser grande entre vosotros será vuestro servidor” (Mateo 20:26).
Como decía el pastor pentecostal Frank Bartleman, testigo del Avivamiento de la Calle Azusa: “El secreto del poder espiritual está en el quebrantamiento, no en la popularidad”. Cuando el liderazgo eclesial se convierte en un medio para la autoexaltación, hemos perdido el rumbo. El Espíritu de Dios no unge para el espectáculo, sino para el servicio.
3. El pospentecostalismo: tradición sin fuego
El tercer desafío, quizás el más silencioso pero igualmente devastador, es lo que llamo el pospentecostalismo. Se manifiesta en iglesias y creyentes que aún se identifican como “pentecostales”, pero han perdido la pasión por la llenura del Espíritu, por los dones, por la oración ferviente y por una vida santa. Conservan la forma, pero han perdido el fuego. Son, en el lenguaje de Pablo, quienes "tienen apariencia de piedad, pero niegan la eficacia de ella" (2 Timoteo 3:5).
Muchos de nuestros jóvenes han crecido en iglesias pentecostales, pero jamás han experimentado un genuino mover del Espíritu Santo. Otros se han vuelto indiferentes, influenciados por un escepticismo académico que menosprecia nuestra herencia espiritual como emocionalismo anticuado. Esta es una ironía dolorosa: despreciar la llama mientras aún nos llamamos “pentecostales”.
El teólogo Gordon D. Fee, él mismo un pentecostal erudito, escribió: “No es posible entender al Dios del Nuevo Testamento sin tomar en cuenta el poder del Espíritu en la vida de la Iglesia. Si quitamos eso, traicionamos al texto”. No necesitamos un pentecostalismo superficial, sino uno renovado en profundidad espiritual, conocimiento bíblico y humildad doctrinal.
Conclusión
El pentecostalismo nació en oración, hambre de Dios y pasión por la santidad. Fue un movimiento de renovación espiritual, no una estrategia de mercado. Si queremos mantenernos fieles al legado que el Espíritu nos confió, necesitamos reconocer estos desafíos con humildad, arrepentirnos de nuestras desviaciones y volver al primer amor. No basta con conservar las formas; debemos clamar, como Elías en el Carmelo: “Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios” (1 Reyes 18:37).
Que el Señor avive su obra en medio de los tiempos (Habacuc 3:2), y que el pentecostalismo del siglo XXI no se convierta en una sombra del pasado, sino en un fuego auténtico, humilde, lleno de verdad y poder.











.png)
