Mostrando entradas con la etiqueta doctrina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta doctrina. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de marzo de 2026

Doctrinas y prácticas inferidas de las Escrituras

 




La Iglesia cristiana a lo largo de su historia ha sostenido diversas doctrinas y prácticas que no siempre aparecen formuladas en la Biblia mediante una afirmación explícita. Sin embargo, esto no significa que dichas doctrinas carezcan de fundamento bíblico. Muchas de ellas se derivan legítimamente de las Escrituras mediante lo que la tradición reformada ha llamado “buena y necesaria consecuencia”, principio afirmado por la Confesión de Fe de Westminster.

Esto significa que algunas verdades teológicas se obtienen al considerar el testimonio completo de la Escritura, comparando pasajes y entendiendo su coherencia interna. De esta manera, la Iglesia ha reconocido doctrinas y prácticas que, aunque no siempre estén expresadas en un solo versículo de forma directa, surgen naturalmente del conjunto de la revelación bíblica.

A continuación se presentan algunos ejemplos.

1. La Santísima Trinidad

La Biblia no utiliza de manera explícita la palabra “Trinidad”. Sin embargo, esta doctrina fundamental del cristianismo se deriva del testimonio total de las Escrituras. Aunque el término no aparezca literalmente en el texto bíblico, la doctrina central de la Iglesia acerca de la Trinidad surge del estudio cuidadoso y completo de la revelación bíblica.

Alguien podría preguntar cómo es posible creer en la Trinidad si la Biblia no menciona ese término de forma directa. No obstante, debemos recordar que la propia Biblia tampoco se denomina a sí misma “Biblia”. Este nombre proviene del griego biblos, que significa “libros”, y se utiliza para referirse al conjunto de escritos que componen las Sagradas Escrituras. El uso de este término no introduce una idea ajena al texto bíblico, sino que simplemente describe de manera adecuada la colección de libros inspirados.

De manera similar, el término “Trinidad” es una formulación teológica que busca expresar una verdad revelada en la Escritura: que Dios es uno en esencia y que existe eternamente en tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo—. Así, la doctrina de la Trinidad no es una invención posterior, sino una forma de resumir y explicar fielmente la enseñanza bíblica acerca de la plena divinidad del Hijo, su comunión eterna con el Padre y la realidad personal del Espíritu Santo.

La Biblia afirma claramente tres verdades:
  • Existe un solo Dios.
  • El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios.
  • Estas tres personas son distintas entre sí.
Al considerar estas afirmaciones juntas, la Iglesia formuló la doctrina de la Trinidad para expresar fielmente lo que la Biblia enseña.

Por ejemplo, en Mateo 28:19 leemos:
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”
Asimismo, en el bautismo de Jesús vemos a las tres personas divinas manifestándose simultáneamente (Mateo 3:16–17).

Por tanto, aunque el término “Trinidad” no aparezca en la Biblia, la doctrina misma surge necesariamente del conjunto de su enseñanza.

2. El bautismo como señal de entrada a la iglesia visible

En el Nuevo Testamento se observa un orden ordinario en la vida de la iglesia: aquellos que creían en el evangelio eran bautizados y, posteriormente, se integraban plenamente a la comunidad cristiana. Este patrón muestra que el bautismo funcionaba como la señal pública de fe y de incorporación visible al pueblo del pacto.

A partir de este principio, la iglesia ha entendido que la participación en la Cena del Señor corresponde a quienes ya han sido bautizados, es decir, a aquellos que han hecho una profesión pública de fe y han recibido la señal del pacto como miembros de la familia de Dios. Aunque la Escritura no establece esta norma mediante un mandato explícito, la práctica se deriva de una inferencia legítima basada en el orden que el propio Nuevo Testamento presenta para la vida y comunión de la iglesia.

Hechos 2:41–42 muestra este patrón:
“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados… y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”
A partir de este patrón, muchas iglesias han entendido que el bautismo es la señal pública de incorporación a la comunidad del pacto, lo que normalmente precede a la participación plena en la vida sacramental de la iglesia, incluyendo la Cena del Señor.

3. El domingo como Día del Señor

El Antiguo Testamento estableció el sábado como día de reposo dentro del pacto mosaico. Sin embargo, en el Nuevo Testamento observamos que la iglesia primitiva comenzó a reunirse el primer día de la semana, en estrecha relación con la resurrección de Cristo.

Aunque no encontramos un mandato explícito que ordene congregarse el domingo en lugar del sábado, el testimonio del Nuevo Testamento muestra con claridad que los cristianos se reunían en el primer día de la semana para el culto, la enseñanza apostólica y el partimiento del pan. Por ello, la iglesia ha entendido que el llamado “Día del Señor” surge como una práctica fundamentada en una inferencia bíblica, basada en el patrón que presentan las Escrituras sobre la vida y adoración de la comunidad cristiana.

Por ejemplo:

Hechos 20:7 dice:
“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba…”
1 Corintios 11.20 dice:
"Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena dominical (del Señor)."
Y en 1 Corintios 16:2 leemos:
“Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo…”
Además, en Apocalipsis 1:10 se menciona el “Día del Señor”. A partir de estos testimonios, la iglesia histórica entendió que el día de reunión cristiana pasó a ser el domingo, como celebración de la resurrección de Cristo.

4. La participación de toda la iglesia en la Cena del Señor

Cuando Jesús instituyó la Cena del Señor, el grupo presente estaba compuesto por los apóstoles. Sin embargo, el Nuevo Testamento muestra que este sacramento pertenece a toda la iglesia.

En 1 Corintios 11:26 el apóstol Pablo escribe a la congregación de Corinto:
“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.”
El contexto muestra que Pablo se dirige a la iglesia como comunidad, sin hacer distinción entre hombres y mujeres en cuanto a la participación en el sacramento. Por ello, la Iglesia ha entendido correctamente que la Cena del Señor es para todos los creyentes que forman parte del cuerpo de Cristo.

5. Ofrendas y generosidad cristiana

El Antiguo Testamento establecía el diezmo dentro del sistema de Israel. En el Nuevo Testamento, en cambio, la enseñanza apostólica enfatiza principalmente la generosidad voluntaria y gozosa.

El apóstol Pablo enseña en 2 Corintios 9:7:
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”
Muchos cristianos han adoptado el diezmo como una guía práctica para su generosidad, pero el Nuevo Testamento pone el énfasis en la libertad, la gratitud y la disposición del corazón, evitando cualquier forma de manipulación o presión económica.

6. El bautismo de los hijos de creyentes

Dentro de la tradición reformada, muchos cristianos sostienen la práctica del bautismo de infantes basándose en la continuidad del pacto de Dios a lo largo de las Escrituras.

En el Antiguo Testamento, los hijos de los creyentes recibían la señal del pacto mediante la circuncisión. En el Nuevo Testamento, el bautismo aparece como la señal del nuevo pacto.

Colosenses 2:11–12 establece una conexión entre ambos:
“En él también fuisteis circuncidados… sepultados con él en el bautismo.”
Asimismo, en Hechos 2:39 Pedro declara:
“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos…”
También encontramos varios ejemplos de bautismos familiares en el libro de los Hechos (Hechos 16:15; 16:33; 1 Corintios 1:16).

A partir de estas evidencias, muchas iglesias han entendido que los hijos de creyentes también deben recibir la señal del pacto. No obstante, es importante reconocer que esta práctica ha sido debatida entre cristianos fieles a la Escritura.

Conclusión

La teología cristiana no se construye únicamente a partir de afirmaciones explícitas aisladas, sino también mediante una lectura cuidadosa y sistemática de toda la Escritura. Algunas doctrinas surgen de manera directa de textos claros; otras se derivan legítimamente de la armonía y coherencia del mensaje bíblico.

Por ello, cuando la Iglesia formula doctrinas o establece prácticas basadas en inferencias bíblicas sólidas, no está añadiendo algo a la Escritura, sino procurando expresar fielmente lo que la Palabra de Dios enseña en su conjunto. De esta manera, la fe cristiana busca permanecer siempre sujeta a la autoridad suprema de las Sagradas Escrituras.

¡Piensa en esto cristiano!

viernes, 2 de mayo de 2025

Si la Doctrina No Es Importante, Cualquier Doctrina Puede Prevalecer



Decidiendo por un Cristianismo Confesional

Introducción

Vivimos en una época en la que hablar de “doctrina” dentro del cristianismo evangélico parece innecesario, aburrido o incluso divisivo. Sin embargo, esta indiferencia hacia la enseñanza bíblica y teológica ha producido una consecuencia inevitable: si la doctrina no es importante, entonces cualquier doctrina puede llegar a serlo. En otras palabras, cuando los cristianos no se comprometen con la verdad, quedan a merced del error.

Este artículo es una invitación a abrazar un cristianismo confesional y a rechazar la falsa neutralidad doctrinal. Como bien dijo J. Gresham Machen:

“La exposición de las enseñanzas del liberalismo y el cristianismo, en consecuencia, no pueden estimular el interés hoy.”
Cristianismo y Liberalismo, pág. 28 (ed. portuguesa)

I. El Vacío Doctrinal y Su Llenado Inevitable

Si alguien afirma que la doctrina no es importante, entonces también está afirmando implícitamente que cualquier doctrina puede serlo. No existe el vacío ideológico: cuando el cristiano no ha decidido qué doctrina bíblica seguir, inevitablemente otra doctrina lo guiará, sea liberal, mística, emocionalista o progresista.

En la práctica, esto significa que muchos creyentes terminan guiados por “vientos de doctrina” (Efesios 4:14), porque carecen de un ancla doctrinal sólida.

“Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina… y se apartarán de la verdad, volviéndose a las fábulas.”
— 2 Timoteo 4:3–4

II. La Experiencia Como Sustituto de la Verdad

Uno de los peligros actuales es reemplazar la doctrina por la experiencia. Se dice que lo importante es “sentir a Dios”, “tener una vivencia espiritual”, sin importar si lo que se cree es bíblicamente correcto. Pero cuando la experiencia se convierte en el criterio último de verdad, la fe deja de ser cristiana y se convierte en subjetivismo religioso.

Esto explica el crecimiento acelerado de movimientos como el neopentecostalismo, que mezcla elementos de espiritualidad carismática con promesas de prosperidad material, y también del cristianismo progresista, que adapta el mensaje cristiano a las ideologías sociales contemporáneas.

III. ¿Qué Entendemos Por...?

  • Liberalismo teológico: Movimiento que reduce la fe cristiana a principios éticos y humanistas, negando doctrinas como la divinidad de Cristo, la inspiración de la Escritura y los milagros.

  • Cristianismo progresista: Corriente que interpreta la Biblia según criterios culturales actuales, relativizando enseñanzas bíblicas sobre moral, sexualidad, exclusividad de Cristo, etc.

  • Neopentecostalismo: Variante moderna del pentecostalismo que exalta la experiencia emocional, las “revelaciones” personales y la teología de la prosperidad, a menudo en detrimento de la enseñanza bíblica.

Estos movimientos, aunque distintos entre sí, comparten un rasgo común: el debilitamiento o rechazo de la doctrina histórica y ortodoxa del cristianismo.

IV. ¿Por Qué No Hay Interés?

La gran masa de cristianos que no ha sido enseñada a valorar la sana doctrina, difícilmente mostrará interés por identificar y refutar el error. Para muchos, los credos y confesiones de fe son vistos como expresiones meramente culturales o secundarias, y no como resúmenes fieles de la verdad revelada.

La frase de Machen citada al inicio señala este problema: si a nadie le interesa la doctrina, tampoco le interesará distinguir el error del liberalismo o el progresismo, y mucho menos luchar por la verdad.

“Las enseñanzas del liberalismo... pueden ser diferenciadas de las enseñanzas del cristianismo histórico en la medida de lo posible, pero ambos, en el fondo, pueden ser iguales [en cómo son valoradas por quienes no aman la verdad doctrinal].”

V. La Urgencia de Enseñar Doctrina

El antídoto a este panorama no es solo denunciar el error. Debemos enseñar doctrina ortodoxa con pasión, claridad y profundidad. No podemos condenar a nuestras iglesias a un cristianismo anti-intelectual, emocionalista o desinformado.

“Retenedor de la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen.”
— Tito 1:9

Los credos, confesiones y catecismos no son reliquias muertas, sino herramientas vivas para formar la mente y el corazón cristiano. Necesitamos recuperar el amor por la verdad, la claridad doctrinal y la formación bíblica en todos los niveles de la iglesia.


Conclusión

No hay tal cosa como un cristiano “sin doctrina”. Todo cristiano cree algo; la pregunta es si eso que cree es bíblico, fiel a Cristo y coherente con la fe cristiana histórica.

Por eso, afirmamos sin titubeos: si la doctrina no es importante, cualquier doctrina puede prevalecer. Pero si las doctrinas ortodoxas son relevantes, entonces ellas deben regir tu vida, tu iglesia y tu testimonio cristiano en este mundo que cambia cada día.



https://textosfueradecontexto.blogspot.com/2025/05/si-la-doctrina-no-es-importante.html

Artículo mejorado con IA

domingo, 11 de octubre de 2020

-Si la Doctrina no es Relevante, Cualquier Doctrina Puede Prevalecer-




Decir "no quiero doctrina" es tan igual como decir "no quiero la Palabra" y todos los cristianos conscientes sabemos que "Jesús es la Palabra". Entonces es una incongruencia pretender "querer a Jesús y no querer doctrina". Esto es un absurdo propio de quienes fueron formados con sermones cuyo título fue "la letra mata". Si la Doctrina no es Relevante, Cualquier Doctrina Puede Prevalecer.

Y cuando propongo que “si la doctrina no es importante, entonces, cualquier doctrina prevalece”, estoy diciendo que “quienes no han decidido qué doctrina cristiana (ortodoxa) seguirán, entonces cualquier doctrina (liberal o mística) los va a regir”. Estos cristianos corren el riesgo de caer en cualquier viento de doctrina, sean movimientos místicos o liberales. Sea que caiga en el neopentecostalismo o en el progresismo cristiano.

Hace un tiempo yo escribí un artículo sobre la frase de un pastor neopentecostal que decía: “la Biblia no fue creada para entenderla, sino para obedecerla”. Esto está muy relacionado con una característica de varios grupos evangélicos peleados con lo académico, a quienes yo llamo “evangélicos anti-intelectuales”. Los mismos que dicen que “la letra mata”. En conclusión, son grupos, muchos grupos evangélicos, que están diciendo “no queremos doctrina, queremos a Jesús”. Pero esto es una trampa.


¿Qué pasa si no valoramos la doctrina?
Si la doctrina no es relevante, y la experiencia sí, o simplemente le damos a todas las doctrinas el mismo valor, sean doctrinas ortodoxas o falsas doctrinas, entonces terminaremos creyendo y practicando cualquier doctrina que “nos parezca” agradable al momento, después de todo es “una buena experiencia”. Esto aplica también para quienes han abrazado doctrinas ortodoxas por simple moda, pero que tarde o temprano las abandonarán cuando se les presente una “mejor experiencia”.

¿Es importante exponer las falsas doctrinas del liberalismo teológico, del progresismo cristiano y del neopentecostalismo?
Sí. Pero si nuestra premisa es que “la doctrina no es importante” o que “la doctrina no es relevante”, como líneas arriba expresé de muchos grupos evangélicos que están diciendo “no quiero doctrina, quiero a Jesús”; como dice John Gresham Machen (1881-1937), “la exposición de las enseñanzas del liberalismo y el cristianismo, en consecuencia, no pueden estimular el interés hoy” (1) ¿Por qué? Porque para quienes no están interesados en doctrina por ejemplo, los Credos y Confesiones son simplemente “expresiones de experiencias religiosas”. Esto constituye una gran frustración para los que vemos estos movimientos desde afuera: ellos no quieren doctrina, no quieren saber la verdad.

Usted va leer por ejemplo que muchos liberales proponen que “debemos estar abiertos a creer que estamos equivocados en alguna de nuestras doctrinas o creencias cristianas”. Este argumento da por sentado que uno puede tener dos mil años de historia cristiana creyendo a base de hojarasca, mitos, leyendas, experiencias religiosas de hombres, etc., pero no sobre La Verdad, porque después de todo “mi creencia podría estar equivocada”. 

Esto es casi como decirle a un ateo que: “puedes tener razón sobre esto y aquello, mientras que yo equivocado” (¿un cristiano diciendo que puede estar equivocado sobre la existencia de Dios?). Te imaginas tener un dialogo con un musulmán y pensar que “quizá sea cierto lo que propone el Islam, después de todo -yo puedo estar equivocado-”. Entonces los simples y corrientes cristianos, que desechan la doctrina, terminarán abrazando “todo viento de doctrina” que aparezca porque será una nueva experiencia a vivir.

Entonces, si estamos frente a una masa enorme de evangélicos que no les interesa aprender doctrina ¿Crees que les interese saber sobre el liberalismo teológico, sobre las propuestas del cristianismo progresista, cuando ni siquiera las doctrinas ortodoxas el cristianismo les interesa? Apuesto a que no, no les interesa.

De hecho no les interesa, en absoluto. Porque les dará lo mismo creer en una doctrina ortodoxa o una liberal, pues para ellos “no es relevante”. Esto explica porqué una página de memes tiene más likes y seguidores que una página de artículos teológicos, o porqué una publicación sobre el divorcio de Guillermo Maldonado tiene más likes que un artículo sobre la Inerrancia de la Biblia. O porqué una simple publicación de César Castellanos llega a más de mil reacciones. 

En otras palabras, y citando nuevamente a Gresham Machen, “las enseñanzas del Liberalismo... pueden ser diferenciadas de las enseñanzas del Cristianismo histórico en la medida de lo posible, pero (para quienes la doctrina no es relevante) ambos, en el fondo, pueden ser iguales”. Si viviera hoy, en nuestra época, frente al gran movimiento neopentecostal, Machen diría: “las creencias y practicas del neopentecostalismo... pueden ser diferenciadas de las enseñanzas del Cristianismo histórico en la medida de lo posible, pero (para quienes la doctrina no es relevante) ambos, en el fondo, pueden ser iguales”; ¿Triste no crees?.

Conclusión
Somos llamados a exponer las falsas doctrinas del liberalismo, advertir del “veneno del progresismo cristiano” que se esparce por todos lados, sea en iglesias o instituciones para-eclesiásticas, y somos llamados a advertir que el neopentecostalismo es el caballo de troya introducido en la iglesia evangélica con el gran potencial para generar ateos en serie, anti-intelectuales y cristianos místicos amadores de sí mismos... pero más que eso somos llamados a enseñar doctrina en nuestras iglesias acompañando esta actividad con la de hacer vida de Iglesia en las disciplinas de congregarse y orar. 

Es lamentable que muchos pastores están arrastrando a muchos jóvenes a vivir peleados con lo académico viviendo como los anti-intelectuales de antaño, y hoy son presa de quienes querían cuidar. Entonces "si las doctrinas ortodoxas son relevantes, esas doctrinas te regirán".

Oremos, porque los cristianos progresistas no están de brazos cruzados, tienen un plan y lo llevan a cabo. La religión del liberalismo, con toda su pseudoteología ha estirado sus tentáculos para agarrar a tus jóvenes. Pero debemos hacerle frente.

¿Qué harás tú?


--------------------
(1) John Gresham Machen (1881-1937), “Cristianismo & Liberalismo”, Pág. 28 (Edición en Portugués)

martes, 14 de abril de 2020

La Controversia Por el Nombre: Pentecostales Solo Jesús (1)


¿Por qué el libro de Lucas registra que los apóstoles bautizaron "en el nombre de Jesucristo", "en el nombre del Señor Jesús" y "en el nombre de Jesús"; mientras que Jesús ordenó que el bautismo fuera "en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo"?

El bautismo como ordenó Jesús

  • "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;” (Mateo 28.19) 

El bautismo narrado por Lucas en Hechos de los Apóstoles
  • Pedro a los judíos de la fiesta de Pentecostés: "en el nombre de Jesucristo" (Hechos 2.38)
  • Felipe bautiza samaritanos: "en el nombre de Jesús" (Hechos 8.16)
  • Pedro a los gentiles de la casa de Cornelio: "en el nombre del Señor Jesús" (Hechos 10.48)
  • Pablo a los discípulos de Juan el Bautista: "en el nombre del Señor Jesús" (Hechos 19.5)

¿Se contradice Mateo con Lucas? ¿Los apóstoles fueron desobedientes? ¿Es lo mismo la formula trinitaria para el bautismo que bautizar en el nombre de Jesús, de Jesucristo o del Señor Jesús? ¿En el nombre de quién se bautizó el eunuco (Hechos 8.38)? ¿Fueron bautizados los cerca de cinco mil varones de Hechos 4.4? ¿En el nombre de quién fue bautizado Pablo? ¿En el nombre de quién fue bautizada Lidia y su familia (Hechos 16.15)? ¿En el nombre de quién fue bautizado el carcelero de Filipos y su familia (Hechos 16.33)?

Los pentecostales unicitarios, los unitarios y en general muchos anti-trinitarios aluden que dicho texto de Mateo 28.19 fue adulterado, o que es una interpolación.


¿Hay respuesta a esta acusación?
Decir que es una adulteración es uno de los caminos más fáciles a seguir. Pero no hay evidencia. Lo que es más, existe un "Mateo de Shen Tov" que ha editado ese versículo y dice solamente "vayan ustedes", esto en absurdo. Dicen que la frase "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" que encontramos actualmente en los más de cinco mil manuscritos griegos del Nuevo Testamento no son parte del manuscrito original, es decir que Mateo no escribió eso. Afirman, no sabemos basados en qué, que es una inserción tardía de un copista bien intencionado que quería apoyar a la doctrina de la Trinidad ¿En qué se basan?

Estos individuos anti-trinitarios que apelan a esta opción se apoyan en lo dicho por Eusebio de Cesarea, el historiador del siglo IV, quien citaba Mateo 28,19 escribiendo “Haced discípulos a todas las gentes, bautizándolos en mi nombre” y luego usó el texto como lo conocemos hoy. Esto sería una “prueba” de que el texto fue interpolado. Pero resulta que esas citas de las escrituras no son textuales (citas textuales con comillas y referencia bibliográfica), pues tenemos evidencia de documentos antes de Eusebio donde se lee la f´rmula trinitaria: "…bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".

Vamos con la Evidencia Patrística: Documentos antiguos previos a Eusebio (325 d.C.)

La Didaché (años 65-80 d.C.) 
"En cuanto al bautismo, éste es el modo de bautizar: habiendo previamente dicho todo esto, bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva. Si no tienes agua viva, bautiza en otra agua. Si no puedes en (agua) fría, (bautiza) en caliente. Si, empero, no tienes ni una ni otra, derrama agua sobre la cabeza tres veces en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Antes del bautismo, el que bautiza y el que ha de ser bautizado, ayunen, y asimismo otros que puedan hacerlo. Mandas ayunar al bautizando uno o dos días antes." (1)

Pero de manera muy curiosa, la Didaché tiene un enunciado así en el IX.4:
"Pero nadie coma ni beba de vuestra Eucaristía, sino (únicamente) los que están bautizados en el nombre del Señor. Porque también de esto el Señor ha dicho: "¡No deis lo santo a los perros!"
¿Notan que los que escribieron la Didaché no tuvieron problema alguno con la fórmula Trinitaria descrita en el VII.1,3? es decir, la Didaché afirma que el bautismo en la fórmula trinitaria es el bautismo "en el nombre del Señor".

Justino Martir (años 100 – 168 d.C.) 
“Luego los conducimos a sitio donde hay agua, y por el mismo modo de regeneración con que nosotros fuimos también regenerados son regenerados ellos, pues entonces toman en el agua el baño en el nombre de Dios, Padre y Soberano del universo, y de nuestro Salvador Jesucristo y del Espíritu Santo. Y es así que Cristo dijo: Si no volvieres a nacer, no entrareis en el reino de los cielos.”(2)

Ireneo de Lyon (años 130 – 202 d.C.) 

En su tratado contra las herejías escribió: 
“Y así mismo, al dar a sus discípulos el poder de regenerar para Dios les decía “«Id y enseñad a todas las gentes, y bautizadlas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”(3)

Y en su Epideixis (o Explicación de la doctrina apostólica) escribió: 
“Nuestro nuevo nacimiento, el bautismo, se hace con estos tres artículos, que nos conceden la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre, por medio de su Hijo, en el Espíritu Santo”(4)

Tertuliano (160 - 220 d.C.) 
“Ahora bien, esta ley del bautismo ha sido impuesta, y su forma fue prescrita: «Id - dijo el Señor a los apóstoles- enseñad a todas las naciones, bautizadlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo»”(5)
“Esto no quiere decir que es en el agua donde recibimos el Espíritu Santo, sino que, purificados por el agua, somos preparados por el ministerio del ángel a recibir el Espíritu. Aquí todavía la figura precede a la realidad, al igual que Juan fue el precursor del Señor preparando sus caminos, igualmente el Ángel que preside en el bautismo traza los caminos para la venida del Espíritu Santo, borrando los pecados por la fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Porque si toda palabra de Dios se apoya en tres testigos, con mucha mayor razón su don. En virtud de la bendición bautismal tenemos como testigos de la fe a los mismos que son garantes de la salvación. Y esta trilogía de nombres divinos es más que suficiente para fundar nuestra esperanza. Y puesto que el testimonio de la fe y la garantía de la salvación tienen como fundamento las Tres Personas, necesariamente la mención de la Iglesia se encuentra incluida. Porque allí donde se encuentran los Tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo, allí se encuentra la Iglesia que es el cuerpo de los Tres”(6)

Orígenes (185 - 254 d.C.) 
“Así también el bautismo de agua, es símbolo de purificación del alma, que lava toda mancha de pecado, sin que por eso deje de ser principio y fuente de los dones divinos para aquél que se entrega a sí mismo al poder divino de las invocaciones de la Trinidad adorable”(7)

Vemos que los testigos de la Trinidad desde la Didaché hasta Orígenes nos muestran que quien adulteró Mateo 28.19 también debió adulterar la Didaché, los escritos de Justino Mártir, de Ireneo de Lyon, de Tertuliano y de Orígenes, pero no fue así. La osadía de los que acusan de adulteración del Texto Sagrado para defender una doctrina es directamente proporcional a su ignorancia de la historia de nuestra Iglesia.

¿Hay serias complicaciones en que Lucas narre que los discípulos hayan bautizado en la autoridad del nombre del Señor Jesús mientras que Mateo narra que Jesús mandó bautizar en la fórmula trinitaria? Al parecer no. Pero aunque éste artículo trata sobre una acusación de adulteración del Texto, de manera particular los pentecostales unicitarios tienen una respuesta basada en una imaginación fértil que lo veremos más adelante.


------------------------------------------
CITAS BIBLIOGRÁFICAS: 

(1) Didaché 7,1-4;  
(2) Justino, Apología I,16, 
(3) Ireneo de Lyon, Adversus Haereses, III, 17, 1, 
(4) Ireneo de Lyon, "Epideixis" , 7,  
(5) Tertuliano, "Sobre el bautismo", 13;  
(6) Tertuliano, "Sobre el bautismo", 6, 1-2;  
(7) Orígenes, "Comentario sobre el evangelio de S. Juan", 6, 165-168

jueves, 26 de julio de 2018

Doctrinas y prácticas inferidas de las Escrituras





Doctrinas y prácticas inferidas de las Escrituras

La Iglesia cristiana a lo largo de su historia ha sostenido diversas doctrinas y prácticas que no siempre aparecen formuladas en la Biblia mediante una afirmación explícita. Sin embargo, esto no significa que dichas doctrinas carezcan de fundamento bíblico. Muchas de ellas se derivan legítimamente de las Escrituras mediante lo que la tradición reformada ha llamado “buena y necesaria consecuencia”, principio afirmado por la Confesión de Fe de Westminster.

Esto significa que algunas verdades teológicas se obtienen al considerar el testimonio completo de la Escritura, comparando pasajes y entendiendo su coherencia interna. De esta manera, la Iglesia ha reconocido doctrinas y prácticas que, aunque no siempre estén expresadas en un solo versículo de forma directa, surgen naturalmente del conjunto de la revelación bíblica.

A continuación se presentan algunos ejemplos.

1. La Santísima Trinidad

La Biblia no utiliza de manera explícita la palabra “Trinidad”. Sin embargo, esta doctrina fundamental del cristianismo se deriva del testimonio total de las Escrituras. Aunque el término no aparezca literalmente en el texto bíblico, la doctrina central de la Iglesia acerca de la Trinidad surge del estudio cuidadoso y completo de la revelación bíblica.

Alguien podría preguntar cómo es posible creer en la Trinidad si la Biblia no menciona ese término de forma directa. No obstante, debemos recordar que la propia Biblia tampoco se denomina a sí misma “Biblia”. Este nombre proviene del griego biblos, que significa “libros”, y se utiliza para referirse al conjunto de escritos que componen las Sagradas Escrituras. El uso de este término no introduce una idea ajena al texto bíblico, sino que simplemente describe de manera adecuada la colección de libros inspirados.

De manera similar, el término “Trinidad” es una formulación teológica que busca expresar una verdad revelada en la Escritura: que Dios es uno en esencia y que existe eternamente en tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo—. Así, la doctrina de la Trinidad no es una invención posterior, sino una forma de resumir y explicar fielmente la enseñanza bíblica acerca de la plena divinidad del Hijo, su comunión eterna con el Padre y la realidad personal del Espíritu Santo.

La Biblia afirma claramente tres verdades:

  1. Existe un solo Dios.
  2. El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios.
  3. Estas tres personas son distintas entre sí.

Al considerar estas afirmaciones juntas, la Iglesia formuló la doctrina de la Trinidad para expresar fielmente lo que la Biblia enseña.

Por ejemplo, en Mateo 28:19 leemos:

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

Asimismo, en el bautismo de Jesús vemos a las tres personas divinas manifestándose simultáneamente (Mateo 3:16–17).

Por tanto, aunque el término “Trinidad” no aparezca en la Biblia, la doctrina misma surge necesariamente del conjunto de su enseñanza.

2. El bautismo como señal de entrada a la iglesia visible

En el Nuevo Testamento se observa un orden ordinario en la vida de la iglesia: aquellos que creían en el evangelio eran bautizados y, posteriormente, se integraban plenamente a la comunidad cristiana. Este patrón muestra que el bautismo funcionaba como la señal pública de fe y de incorporación visible al pueblo del pacto.

A partir de este principio, la iglesia ha entendido que la participación en la Cena del Señor corresponde a quienes ya han sido bautizados, es decir, a aquellos que han hecho una profesión pública de fe y han recibido la señal del pacto como miembros de la familia de Dios. Aunque la Escritura no establece esta norma mediante un mandato explícito, la práctica se deriva de una inferencia legítima basada en el orden que el propio Nuevo Testamento presenta para la vida y comunión de la iglesia.

Hechos 2:41–42 muestra este patrón:

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados… y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

A partir de este patrón, muchas iglesias han entendido que el bautismo es la señal pública de incorporación a la comunidad del pacto, lo que normalmente precede a la participación plena en la vida sacramental de la iglesia, incluyendo la Cena del Señor.

3. El domingo como Día del Señor

El Antiguo Testamento estableció el sábado como día de reposo dentro del pacto mosaico. Sin embargo, en el Nuevo Testamento observamos que la iglesia primitiva comenzó a reunirse el primer día de la semana, en estrecha relación con la resurrección de Cristo.

Aunque no encontramos un mandato explícito que ordene congregarse el domingo en lugar del sábado, el testimonio del Nuevo Testamento muestra con claridad que los cristianos se reunían en el primer día de la semana para el culto, la enseñanza apostólica y el partimiento del pan. Por ello, la iglesia ha entendido que el llamado “Día del Señor” surge como una práctica fundamentada en una inferencia bíblica, basada en el patrón que presentan las Escrituras sobre la vida y adoración de la comunidad cristiana.

Por ejemplo:

Hechos 20:7 dice:

“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba…”

1 Corintios 11.20 dice:

          "Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena dominical (del Señor)."

Y en 1 Corintios 16:2 leemos:

“Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo…”

Además, en Apocalipsis 1:10 se menciona el “Día del Señor”.

A partir de estos testimonios, la iglesia histórica entendió que el día de reunión cristiana pasó a ser el domingo, como celebración de la resurrección de Cristo.

4. La participación de toda la iglesia en la Cena del Señor

Cuando Jesús instituyó la Cena del Señor, el grupo presente estaba compuesto por los apóstoles. Sin embargo, el Nuevo Testamento muestra que este sacramento pertenece a toda la iglesia.

En 1 Corintios 11:26 el apóstol Pablo escribe a la congregación de Corinto:

“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.”

El contexto muestra que Pablo se dirige a la iglesia como comunidad, sin hacer distinción entre hombres y mujeres en cuanto a la participación en el sacramento. Por ello, la Iglesia ha entendido correctamente que la Cena del Señor es para todos los creyentes que forman parte del cuerpo de Cristo.

5. Ofrendas y generosidad cristiana

El Antiguo Testamento establecía el diezmo dentro del sistema de Israel. En el Nuevo Testamento, en cambio, la enseñanza apostólica enfatiza principalmente la generosidad voluntaria y gozosa.

El apóstol Pablo enseña en 2 Corintios 9:7:

“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”

Muchos cristianos han adoptado el diezmo como una guía práctica para su generosidad, pero el Nuevo Testamento pone el énfasis en la libertad, la gratitud y la disposición del corazón, evitando cualquier forma de manipulación o presión económica.

6. El bautismo de los hijos de creyentes

Dentro de la tradición reformada, muchos cristianos sostienen la práctica del bautismo de infantes basándose en la continuidad del pacto de Dios a lo largo de las Escrituras.

En el Antiguo Testamento, los hijos de los creyentes recibían la señal del pacto mediante la circuncisión. En el Nuevo Testamento, el bautismo aparece como la señal del nuevo pacto.

Colosenses 2:11–12 establece una conexión entre ambos:

“En él también fuisteis circuncidados… sepultados con él en el bautismo.”

Asimismo, en Hechos 2:39 Pedro declara:

“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos…”

También encontramos varios ejemplos de bautismos familiares en el libro de los Hechos (Hechos 16:15; 16:33; 1 Corintios 1:16).

A partir de estas evidencias, muchas iglesias han entendido que los hijos de creyentes también deben recibir la señal del pacto. No obstante, es importante reconocer que esta práctica ha sido debatida entre cristianos fieles a la Escritura.

Conclusión

La teología cristiana no se construye únicamente a partir de afirmaciones explícitas aisladas, sino también mediante una lectura cuidadosa y sistemática de toda la Escritura. Algunas doctrinas surgen de manera directa de textos claros; otras se derivan legítimamente de la armonía y coherencia del mensaje bíblico.

Por ello, cuando la Iglesia formula doctrinas o establece prácticas basadas en inferencias bíblicas sólidas, no está añadiendo algo a la Escritura, sino procurando expresar fielmente lo que la Palabra de Dios enseña en su conjunto. De esta manera, la fe cristiana busca permanecer siempre sujeta a la autoridad suprema de las Sagradas Escrituras.


¡Piensa en esto cristiano!





lunes, 28 de mayo de 2018

¿Qué nos une como hermanos en la fe?



Según el sitio mormon.org «La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días» ha ayudado de forma millonaria a miles de personas desde su fundación. Se lee:

Además de sus actos de servicio pequeños y personales, los mormones hacen grandes donaciones, de manera organizada, a lugares que precisan ayuda. Desde que se empezó a llevar un registro en 1985, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha donado más de 1.000 millones de dólares en efectivo y en materiales a 167 países que han necesitado ayuda humanitaria. Envió por avión carpas (tiendas de campaña), lonas, pañales y otros suministros a las zonas de Chile afectadas por el terremoto de febrero de 2010, y dos aviones, cada uno con más de 36.000 kg de alimentos y artículos para emergencias a Haití en enero de 2010 tras el catastrófico terremoto. La organización de la Iglesia a nivel local, nacional e internacional permite coordinar rápidamente su trabajo de auxilio para que los alimentos, los suministros y los trabajadores puedan llegar en el momento en que más se los necesita (énfasis añadido).

Por su parte, de acuerdo con el sitio jw.org los «Testigos de Jehová» suministran ayuda y socorro prácticamente a cualquier lugar del mundo donde se requiera ante catástrofes naturales. El sitio informa que:

En los momentos de angustia, los testigos de Jehová socorren a sus hermanos y a otras personas. ¿Por qué lo hacen? Por amor, el sello de los cristianos verdaderos (Juan 13.35).

La lista de países asistidos es extensa: Venezuela, Japón, Brasil, República del Congo, Canadá, Ghana, Kenia, Nepal, Argentina, Estados Unidos... Ya sea con dinero, víveres u otros recursos los Testigos ayudan como «sello de cristianos verdaderos».

Por otro lado, en 1989 Tenzin Gyatzo mejor conocido como «Dalai Lama» recibió el Premio Nobel de la paz. Se dijo que mereció este reconocimiento por su constante oposición al uso de la violencia en la lucha de su pueblo por recobrar la libertad. Para algunos uno de los hombres más parecidos a Jesús sobre la tierra.

Y la lista de ejemplos podría seguir. Hay muchas organizaciones religiosas filantrópocas que asisten a millones de personas alrededor del mundo en el nombre de sus ideales más altos.

En la mitad de toda esta intensa labor de auxilio ¿qué lugar tiene la doctrina cristiana? Los estudiosos han dicho que la predicación temprana de la iglesia cristiana «estaba más interesada en los hechos de Jesús que en sus dichos». Aunque también se ha dicho que el kerigma estuvo cimentado en la doctrina de los apóstoles y profetas - cfr. Ef. 2.20, donde «themelios» se refiere a algo más que enseñanza o doctrina; está asociado con el fundamento de los primeros principios del conocimiento y la vida cristiana, y sostén de todo su desarrollo. Por eso es «Cristo la piedra angular».

Este fundamento de la doctrina desde el principio comenzó a ser atacado por filósofos y teólogos del primer siglo que querían encajar la fe en sus agendas personales: judíos aferrados a sus tradiciones por un lado y gentiles interesados en la argumentación noética por el otro.

La pregunta «¿para qué sirve la doctrina?» se puede convertir hoy hasta en una acusación tácita. Acusación contra el relajamiento de la iglesia que quiere ser muy pura doctrinalmente hablando pero no hace ni la mitad de lo que hacen por el prójimo en necesidad aquellas organizaciones calificadas de sectas por los orgullosos adalides de la sana enseñanza.

Personalmente, el ataque más frecuente que hemos recibido cuando nos ocupamos en cuestiones apologéticas no es que nos falta amor, sino que nos creemos DUEÑOS DE LA VERDAD. Nuestro problema, se dice, es que sostenemos una visión monolítica y tribal de la fe cristiana que forzamos a que descanse sobre sistemas doctrinales cerrados, y que luego exigimos a los demás que los crean desde las alturas de nuestras torres.
Aún dentro de aquellos grupos que se dedican a la divulgación de material cristiano sano y edificante algunas ocasiones se nos ha visto como rayando en el fariseísmo y temen por nuestra madurez. Se les antoja que somos excesivamente tajantes. Brutales. Etcétera.

Estas críticas aunadas a los datos duros de las buenas obras* de sectas y otros núcleos religiosos con doctrinas diferentes al consenso histórico protestante, parecen trazar un argumento fulminante contra nuestra labor enfocada en doctrinas fundamentales. Porque ¿A cuántas bocas alimentas al escribir o predicar sobre la salvación solo por la fe? ¿Cuántos niños enfermos reciben el calor humano cuando tú llamas a la santidad y la pureza dentro del cuerpo de Cristo? ¿Cuántas familias reciben un techo cuando tú presentas una defensa de la Santísima Trinidad? ¿Es tu trabajo apologético valioso por 1000 millones de dólares mormones que van a gente en crisis social? ¿No contradice el libro de Santiago tu fervor por la corrección en la enseñanza cristiana?

Hace poco publiqué un tuit que decía que si tú no crees en la doctrina bíblica de la expiación o sustitución penal entonces tú y yo no somos hermanos. No quiere decir que seamos enemigos. Solo que a causa de que es por la sangre de Cristo que somos comprados y pasamos a formar parte de la familia de Dios (1 Co. 6.20;1 P. 1:18-21;1 Jn. 3.1), entonces yo asumo que no somos de la misma genealogía espiritual.

Este tuit sonó, en opinión de algunos, muy reduccionista. Sectario. Pero eso nos habla del estado de la enseñanza cristiana en muchas partes de latinoamérica. Eso de ser justificado por la fe y no por las obras (Gá. 3:10-14) TIENE que significar otra cosa distinta a demeritar delante de Dios nuestras buenas obras hacia el prójimo. Eso mismo con pasajes como Isaías 64.6, Ro. 5.1 y 8.1, entre otros. Entonces las enseñanzas que reinterpretan la justificación y la relación de la fe con las obras a favor de una visión más inclusiva se vuelven la comida de moda de nuestra época.

Diariamente miles de publicaciones de cristianos alrededor del mundo apuestan por una celebración de las buenas obras como causa instrumental de nuestra justificación. Tú tienes una doctrina pero yo tengo 100 dólares de ofrenda para el hospicio. Tú tienes una arenga contra el universalismo pero yo tengo dos kilos de arroz para el vecino en necesidad. Y por muy bienintencionado que sea el esfuerzo - de aleccionar que una vida de fe debe llevarte a la acción a favor de los demás- seguimos perdiendo el enfoque.

¿Qué es el Evangelio, amigos? ¿Comida en la mesa del pobre? ¿Dinero para la reconstrucción de casas tras un terremoto? ¿No son estas buenas noticias? ¡Claro que son buenas noticias! pero no constituyen la BUENA NOTICIA. Son resultados, en todo caso, evidencias, de esta.

La Buena Noticia en la vida de la gente según las Escrituras no es que tendrás un trabajo mejor pagado, una casa donde alojarte o ayuda para salir adelante en medio de tu crisis financiera. El apóstol Pedro ofreció a un mendigo lisiado «lo que tenía», esto es, la Buena Noticia de la reconciliación con Dios: «En el nombre de Jesucristo de Nazaret, ¡levántate y anda!» (Hch. 3.6). El milagro no fue la salvación del sanado sino testimonio del poder del mensaje apostólico que era la obra de Jesús en la cruz a nuestro favor, imputada, como enseñara más adelante el mismo apóstol:

Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanado (1 P. 2.24).

Si, en efecto, como opinan ahora muchos creyentes, lo que finalmente importa es «dar amor y ayuda» entonces la Watch Tower, los mormones, los budistas y cualquiera que ofrezca asistencia al oprimido ya está justificado delante de Dios. Porque esa ayuda y disposición del corazón sería el Evangelio. La cruz serviría de ejemplo de entrega por los damnificados. Testimonio del amor que le debemos a las minorías. La Buena Noticia: ayudémonos. Oprah, Osho, Krishnamurti, Deepak Chopra y compañía tendrían la razón. Así lo nuestro sería pura necedad.

A veces el diablo nos susurra lo mismo. Pero cada vez que abrimos la Biblia buscando la verdad sobre el Evangelio el testimonio apostólico y profético sigue diciendo exactamente idéntica cosa sobre la salvación. Que no es esencialmente asistencia social. Que no es ayuda mutua. Que eso es fruto y no raíz. Que la raíz es la reconciliación con Dios por medio del sacrificio expiatorio de Jesús. La solución a nuestra destitución delante de Dios por causa de nuestro pecado (Ro. 3.23).

Una doctrina no nos hace hermanos en la fe sino un hecho redentivo consumado por Cristo. Pero ese hecho redentivo trae una semilla doctrinal que es imposible rechazar sin descartar el Evangelio. Esa es la realidad.

------------------------
Publicado inicialmente en: http://permanecefiel.weebly.com/blog/que-nos-une-como-hermanos-en-la-fe

Autor

Juan Paulo Martínez. 
Escritor y locutor. Fundador de #PermaneceFiel. Maestro en Teología. Posgrado en Derechos Humanos. Experto en el arte de hacer Hot Dogs. Danzonero. Puedes seguir a Juan Paulo Martinez en: https://www.facebook.com/jpaulomartinez1/

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¿Cómo se originó el Credo de los Apóstoles?


-El Credo Apostólico-

Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra;
Y en Jesucristo, su único Hijo, Señor nuestro;
Que fue concebido del Espíritu Santo, nació de María virgen,
Padeció bajo el poder de Poncio Pilatos; fue crucificado, muerto y sepultado;
Descendió al hades; al tercer día resucitó de entre los muertos;
Subió al cielo, y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso;
Y desde allí vendrá al fin del mundo a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Universal, 
La comunión de los santos, el perdón de los pecados, 
La resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

---------
“Estas palabras que ustedes han escuchado están en las Escrituras Divinas dispersas por arriba y por abajo: por eso han sido reunidas y reducidas en una, para que la memoria de las personas lentas no se desespere; para que toda persona pueda ser capaz de decir y mantener lo que cree.”
- Agustín de Hipona, (Sermón para los catecúmenos sobre El Credo)

Ahora, analiza los siguientes versos con sus afirmaciones:

Hechos 8:37
“…Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.”

Hechos 16:31
“…Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…”

Romanos 10:9
“…si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”

1 Corintios 15:3-4
“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.”

Filipenses 2:10-11
“…para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.”

1 Timoteo 3:16
“…Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria.”

2 Timoteo 2:8
“Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos…”

1 Juan 5:1
“Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios…”

1 Corintios 8:6
“… para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.”

1 Timoteo 2:5-6
“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos...”

1 Timoteo 6:13-14
“Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Jesucristo, que dio testimonio de la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo.”

Mateo 28:19
“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

2 Corintios 13:14
“La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros…”

Efesios 4:4-6
“…un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.”

------------------------------------

Es justo decir que hay varias ideas esenciales que deben estar presentes en cualquier sistema teológico-doctrinal de una iglesia antes de que merezca ser llamada CRISTIANA. Y desde los primeros siglos de la iglesia, el Credo de los Apóstoles ha proporcionado un útil resumen de estas creencias básicas.

"Las doctrinas en el Credo de los Apóstoles cristalizan la esencia de la verdad cristiana. El Credo de los Apóstoles realmente proviene del siglo segundo, tomó diferentes formas en el siglo segundo, hasta que finalmente toma la forma en la cual lo conocemos. Allí encontramos la Trinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. También aparece la doctrina de la encarnación y expiación, también la resurrección triunfante y la próxima segunda venida de Jesucristo. En el credo se encuentra el perdón de los pecados. Aparece la realidad de la Iglesia como la comunión de aquellos que han nacido de nuevo en Cristo. Y pienso que no puede haber otra cosa más saludable en cualquier iglesia que estudiar y meditar sobre las palabras del credo de los Apóstoles y resaltar sus doctrinas."