Un análisis reformado de Daniel 9:27 frente a la interpretación dispensacionalista
Resumen
Daniel 9:27 constituye uno de los textos proféticos más debatidos dentro de la escatología cristiana. Tradicionalmente, el dispensacionalismo ha interpretado este pasaje como una referencia a un anticristo futuro que interrumpirá sacrificios restaurados en un templo aún no construido. En contraste, la teología reformada —particularmente en su expresión preterista parcial— sostiene que el pasaje encuentra su cumplimiento histórico–redentor en la obra de Jesucristo y en la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. El presente artículo analiza Daniel 9:27 desde esta perspectiva reformada, evaluando críticamente la lectura dispensacionalista y demostrando la coherencia bíblica de una interpretación cristocéntrica e histórica del texto.
Introducción al problema hermenéutico
La pregunta habitual —¿Quién hará cesar el sacrificio?— presupone un cumplimiento futuro del texto. Sin embargo, una lectura atenta del contexto bíblico y del desarrollo de la revelación sugiere que la pregunta correcta es: ¿quién hizo cesar el sacrificio y la ofrenda?. Esta reformulación temporal no es meramente retórica, sino hermenéutica, pues evita proyectar al futuro aquello que el Nuevo Testamento presenta como ya cumplido.
Daniel 9:27 en su contexto histórico y pactual
El capítulo 9 de Daniel se inserta en una oración pactual, donde el profeta clama por la restauración del pueblo conforme a las promesas dadas por Dios. Las setenta semanas describen un marco redentor que culmina en la venida del Mesías, su obra expiatoria y las consecuencias históricas de su rechazo.
El texto afirma:
“Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda…” (Dn 9:27).
Desde una lectura reformada, este versículo no introduce un paréntesis escatológico, sino que concluye el programa mesiánico iniciado en Daniel 9:24.
“Confirmará el pacto con muchos”: una lectura cristológica
La expresión “confirmará el pacto con muchos” encuentra un claro eco en el lenguaje del Nuevo Testamento. Jesucristo, en la institución de la Cena del Señor, declara:
“Esta es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados” (Mt 26:28).
El uso del término “muchos” conecta Daniel 9 con Isaías 53 y con la teología del nuevo pacto desarrollada en Hebreos (Heb 8–10). Cristo es presentado como:
-
mediador de un mejor pacto (Heb 8:6),
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portador de la sangre del nuevo pacto (Heb 12:24),
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cumplimiento definitivo de las promesas pactuales.
En esta línea, Jesucristo es el sujeto principal de Daniel 9:27, no un anticristo futuro.
“Hará cesar el sacrificio y la ofrenda”: cese teológico y cese histórico
Cese teológico en la cruz
Desde la perspectiva reformada, los sacrificios del Antiguo Testamento eran tipológicos y provisionales. Con la muerte de Cristo:
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el sacrificio perfecto fue ofrecido una vez y para siempre (Heb 10:10–14),
-
el sistema sacrificial quedó abolido en su validez redentora,
-
Dios dejó de demandar sacrificios animales.
En este sentido, Cristo hizo cesar el sacrificio al consumar aquello que los sacrificios anticipaban.
Cese histórico en el año 70 d.C.
No obstante, los sacrificios continuaron materialmente durante aproximadamente cuarenta años después de la crucifixión. Su final histórico ocurrió con la destrucción del templo de Jerusalén por los ejércitos romanos en el año 70 d.C.
Jesús mismo vinculó este evento con Daniel:
“Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora… entonces los que estén en Judea huyan” (Mt 24:15).
Lucas interpreta esta profecía de forma explícita:
“Cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado” (Lc 21:20).
Autores como Josefo confirman que, durante el sitio final, el sacrificio diario fue interrumpido por falta de animales, sellando así el fin del sistema cultual. Josefo refiere que en Agosto del año 70 d.C. el general Tito "...al saber que el sacrificio diario en el templo se había interrumpido por falta de corderos, y que toda la gente (judía) estaba por ello en zozobra..." (Paul L. Maier, 1992, "Josefo: Los Escritos Esenciales", Pág. 339) el general Tito invitó a los rebeldes judíos a salir del Lugar Santo para que no lo profanaran. Pero ya era demasiado tarde.
La “abominación desoladora” y el desolador
Desde la cosmovisión reformada, la “abominación desoladora” no apunta primariamente a un evento futurista, sino al juicio histórico de Dios sobre Jerusalén. El “desolador” es el instrumento del juicio —Roma— actuando bajo la soberanía de Cristo, quien vino en juicio contra la ciudad que rechazó al Mesías.
Tabla comparativa: Daniel 9:27
Evaluación teológica final
La interpretación dispensacionalista de Daniel 9:27 requiere introducir elementos ausentes en el texto: un tercer templo, una restauración sacerdotal y un anticristo futuro con funciones pactuales. En contraste, la lectura reformada:
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respeta el contexto histórico,
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armoniza Daniel con el Nuevo Testamento,
-
afirma la suficiencia de la obra de Cristo,
-
reconoce el año 70 d.C. como cierre judicial del antiguo orden.
Conclusión
Desde la cosmovisión Reformada, Daniel 9:27 no anuncia un retorno a los sacrificios, sino su abolición definitiva. Jesucristo confirmó el pacto, hizo cesar el sacrificio por su muerte expiatoria, y el juicio histórico sobre Jerusalén selló ese cese de manera irreversible. El pasaje no apunta a un futuro anticristo, sino al clímax redentor de la historia bíblica y al tránsito del antiguo pacto a su cumplimiento pleno en Cristo.



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