miércoles, 31 de enero de 2018

¿Dios Te Quiere Próspero?


Ese tipo de enseñanza está empobreciendo a muchos hermanos humildes que escuchan promesas de riqueza para los que "pactan con Dios" y "siembran" aún cuando no tienen. Son magos y charlatanes que se hacen ricos por engañar a la gente más humilde ¡Que Dios nos libere de esta corrupción! 

Una respuesta del pastor Wes Baker

Primero, es cierto que la pobreza es un mal que no era parte del plan original en el Huerto, ni habrá pobreza cuando el Reino sea consumado. Pero la señorita (Lizeth Meza) está confundida en sugerir que la iglesia cristiana histórica y ortodoxa había hecho de la pobreza una virtud. La postura ortodoxa simplemente reconoce que la riqueza fácilmente se convierte en un ídolo. Así es que ser rico no es pecado, pero ser avaro (sí lo) es. Muchos ricos (¡y muchos pobres!) son avaros. 

Jesús nos llama a negarnos a nosotros mismos y a ser generosos y sacrificiales para el beneficio de otros. Si nacimos en pobreza debemos buscar, dentro de las posibilidades legitimas, salir de la pobreza, pero nunca al costo de ser generoso y sacrificiales para el bien de otros (de pastores "magos y charlatanes").

También, la Biblia tiene promesas de prosperidad para el pueblo de Dios. Pero la señorita (Lizeth Meza) no reconoce que estos pasajes en Deuteronomio (por ejemplo) son las bendiciones del pacto prometidas a la Comunidad del Pacto cuando vive fielmente. El pasaje de Isaías que ella cita es también una promesa a la Comunidad del Pueblo de Dios en su retorno del exilio de Babilonia. Ni en Deuteronomio ni en Isaías son promesas generales para todo individuo (sobre la tierra). Son promesas de cómo Dios bendecirá a la Comunidad cuando se mantenga fiel a su pacto

La riqueza es producto de vivir fielmente en nuestras vocaciones, según las estipulaciones del Pacto. Al hacer esto las bendiciones caerán sobre la comunidad y así en su tiempo las bendiciones llegarían en cierta medida a todos. Pero pensar que las promesas funcionan de manera 1:1 a toda persona que tiene fe, y que así cada creyente puede ser rico si sólo tiene fe para creer la promesa, eso no es la enseñanza de Deuteronomio, ni Isaías, ni de ninguna parte de la Biblia.

Segundo, la Señorita está confundida en varios de los pasajes específicos que menciona. Por ejemplo, cuando cita al Apóstol Pablo en 2 Corintios 8.9 diciendo que Cristo siendo rico se hizo pobre, la señorita (Lizeth Meza) dice que esto sólo se refiere a la cruz. Se hizo pobre solamente en el momento de sufrir en la cruz. 
"Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos." (RV60)
El problema de esto es que la Biblia insiste que la humillación de Jesús no comenzó sólo en la cruz o que sólo se experimentó en la Cruz. Más bien, su estado de humillación comenzó desde su encarnación en una condición humilde. La encarnación en sí no es humillación porque sigue siendo hombre con una naturaleza humana aún en su exaltación a la diestra del Padre. Sin embargo, la *manera* de su encarnación y todas las condiciones de su nacimiento y crianza en una familia pobre sí era parte de su humillación. 

Esto se ve claramente en Juan 1.29 cuando Juan Bautista proclama de Jesús, "he aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo". 
"El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo." (RV60)
La palabra traducida "quita" es un participio de tiempo presente. Es decir, una traducción precisa no sería: "el Cordero que quita" ni "que quitará [en la cruz]" más bien significa "el Cordero de Dios [que está ahora mismo] quitando el pecado del mundo". Incluso la palabra "quitar" literalmente es "cargar" o "llevar". En otras palabras mucho antes de la cruz Jesucristo ya estuvo cargando la maldición de nuestros pecados y empezando a sufrir por ellos. Su humillación de llevar nuestros pecados y sufrir por ellos ya había empezado. La verdad es que empezó desde el momento de su encarnación en condiciones humildes. 

Además, sabemos que el Señor era pobre desde su nacimiento porque cuando José y María fueron al templo después de su nacimiento para ofrecer el sacrificio mandado por la ley para su purificación, ellos ofrecieron un par de tórtolas o palomas. Esta instrucción viene de Levitico 12.8 que dice:
"Y si no tiene lo suficiente para un cordero, tomará entonces dos tórtolas o dos palominos, uno para holocausto y otro para expiación; y el sacerdote hará expiación por ella, y será limpia.". 
Su ofrenda demuestra que la familia era pobre y no tenía ni para un cordero. Tuvieron que ofrecer la ofrenda de (familias) pobres.

También cuando la señorita (Lizeth Meza) cita el dicho de que "Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza" lo cita de San Mateo 8.20 y dice que eso fue cuando él estuvo en Samaria y era obvio que no tenía casa en Samaria. Pero la señorita está bien confundida aquí. 

El contexto del pasaje no es de Samaria, sino cuando estuvo en Capernaum en Galilea su tierra cerca a Nazaret. Ella estuvo pensando en el contexto en San Lucas 9 cuando el Señor estuvo iniciando su último viaje a Jerusalén. Su explicación es que cuando el Señor pretende que no tiene dónde recostar la cabeza es porque estuvo de viaje en Samaria. Obvio pues que no tenía casa en Samaria. Pero comparando los dos pasajes y dos contextos distintos muestra dos cosas: (1) que el Señor decía esto en varios contextos, no sólo cuando estuvo en Samaria en su último viaje a Jerusalén. Y (2) que era parte de su llamado evangelístico en cualquier lugar animando a la gente a negarse, tomar su cruz e imitarle a él. 

En Galilea él tenía varias opciones para hospedaje en las ciudades que él visitaba: casas de familiares o de amigos y discípulos. La casa de Pedro estuvo allí. El punto del dicho no es que no tuvo ninguna opción en absoluto. Más bien, el punto era para decir que era hombre humilde y que la vida de un discípulo de él iba a ser difícil como la de su maestro. Iba a ser una vida dura de sufrimiento, hambre, sed, maltrato, y rechazo y a final de tortura en una Cruz romana. Hay mucho más que decir de todo esto pero queda claro que Cristo no pretendió carecer de casa simplemente porque estuvo de viaje en Samaria. Decía la misma cosa en otras momentos incluso en su tierra de Galilea.

La señorita (Lizeth Meza) dice que en Juan 1.38-39 cuando se menciona que Jesús les mostró a sus discípulos en dónde moraba esto implica que tenía casa. Bueno, primero no dice "casa". Puede ser que dormía bajo un árbol o en una carpa. Pero el punto no es que nunca dormía en una casa. El punto es simplemente que no tenía casa *propia* y así dependía de otros. Si fuera rico probablemente hubiera tenido casa propia.

La señorita (Lizeth Meza) dice que Jesús era rico porque tenía tesorero. Ella ignora muchos detalles del ministerio de Jesús que pone todo esto en otra luz. La bolsa común que se menciona en San Juan 13.29 también se menciona en Juan 12.6 y está implícita en San Mateo 26.9 donde menciona su costumbre de dar dinero a los pobres. El hecho que tuvo su tesorero de ninguna manera implica que era rico. Más bien era la bolsa del grupo. El grupo tenía poco dinero, pero lo que tenía compartía entre si y con los pobres. 

Cuando multiplicó los peces y el pan, los discípulos se quejaban que no tenía dinero suficiente para comprar mucho pan. Además, San Lucas 8.3 dice que varias mujeres les servía de sus bienes. Algunas de estas mujeres si eran ricas pero no les daba para vivir en lujo. Les dio lo que necesitaban para su ministerio. Lo importante es notar que el Señor y sus discípulos vivían dependientes de otros. En cuanto a la bolsa, parece que también tenían la costumbre de recolectar dinero de muchas personas y lo usaron modestamente para sus propias necesidades y también para compartir con los pobres. 

Así que el simple hecho que tuvo un tesorero no implica que era rico. Más bien, conociendo toda la historia y comparando todos los evangelios parece al contrario. El hecho de que tuvieron una bolsa común, dependían de otros, y siempre ayudaban a los pobres implica que no tenía mucho dinero y que nadie del grupo tuvo dinero propio.

La señorita (Lizeth Meza) en su punto 2 y 3 menciona que Jesús pagó impuestos e incluso sacó dinero de la boca de un pez y que supuestamente eso era evidencia de que Jesús era hombre rico. El impuesto que se menciona era el medio siclo que la ley demandaba de todo judío varón para el templo. Pero el hecho de que lo pagó no dice nada acerca de su estado financiero. Millones de judíos en todo el mundo pagaba este medio siclo cada año y esto no quiere decir que millones de judíos en el primer siglo era ricos. Puede leer de este impuesto, aparte de lo que dice Exodo y Deuteronomio, en Las Antigüedades de los Judíos por Josefo. Él tiene mucha información de como era este asunto en el primer siglo. Pagar el impuesto no quiso decir que era rico. La verdad es que el hecho de que sacó dinero de una pez sugiere que no tenía para pagarlo y por lo tanto hizo el milagro de tomarlo de la boca del pez.

En su punto cinco ella menciona cuando los soldados echaron suertes sobre la túnica (de Jesús) en Juan 19.23-24. El texto dice que era una túnica tejido de arriba abajo sin costura. 
"Cuando los soldados hubieron crucificado a Jesús, tomaron sus vestidos, e hicieron cuatro partes, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era sin costura, de un solo tejido de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto fue para que se cumpliese la Escritura, que dice: -Repartieron entre sí mis vestidos, Y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados-."
La señorita (Lizeth Meza) saca la conclusión de que era una túnica muy costosa (¡tejido de oro dice ella!) y que esto implica que Jesús era rico. Incluso ella dice que estaban peleando entre si para tenerla. Primero el texto no dice nada de oro; tampoco que los soldados estaban peleando entre si. Eso ha sido inventado de su propia imaginación. Tampoco nos dice que era muy costoso. El punto de mencionar la túnica no era su gran valor. Más bien el hecho de que era de un sólo tejido y sin costura explica porque no podían dividirlo en cuatro partes. Obviamente tenía algún valor y probablemente era bonita, pero el texto no enfatiza la grandeza del valor ni tampoco menciona oro (!). Sólo enfatiza la imposibilidad de dividirla. Tener una túnica así no implica que Jesús era rico. Es común entre casi todos los pobres que tienen alguna posesión especial que han adquirido. Seguramente la túnica tenía valor, pero no dice nada de que Jesús era rico. Eso es nada más de una imaginación fértil.

CONCLUSIÓN
La señorita (Lizeth Meza) tiene razón en (decir) que ser pobre no es una virtud en sí, pero ningún cristiano histórico y ortodoxo diría tal cosa. Pero donde ella se equivoca está en decir que Dios promete riqueza a todo creyente. Dios promete riqueza en el levantamiento de una comunidad cristiana integra que es generosa y sacrificial en ayudar a los pobres. 

Cuando toda la comunidad está siendo fiel, desarrollando las virtudes de ser trabajadores, disciplinados, piadosos y reverentes, y generosos y sacrificiales con los que tienen necesidad, entonces la comunidad sí prosperará. 

La Biblia no promete riqueza a ningún individuo por ser creyente. Tampoco enseña la Biblia que Cristo era rico. Más bien, Cristo vivía sin lujo, sin las comodidades de los ricos. Él era hombre pobre que vivía dependiendo de otras personas.

Por Wes Baker

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El vídeo de Lizeth Meza lo pueden ver en: https://www.facebook.com/Lizethmezaoficial/videos/1151855328249185/ 


miércoles, 10 de enero de 2018

“Uno será tomado y otro será dejado”


¿Rapto secreto o juicio histórico?

Una exégesis de Lucas 17:34–36 y Mateo 24:39–41

“Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.” - Lucas 17:34-36 RV60
Yo ya escuché a varios decir que “el que es tomado” es un creyente que se fue con el Señor Jesús en el Rapto, y el que es “dejado” se queda a sufrir la Gran Tribulación...

Introducción: el problema interpretativo

Uno de los textos más utilizados para sostener la doctrina del llamado “rapto secreto” de la Iglesia es Lucas 17:34–36, donde Jesús afirma que “uno será tomado y otro será dejado”. Con frecuencia se enseña que el “tomado” es el creyente arrebatado al cielo, mientras que el “dejado” es el incrédulo que permanece para sufrir la gran tribulación.

Sin embargo, una lectura cuidadosa del contexto literario, del paralelo sinóptico, del lenguaje original y del marco histórico del siglo I muestra que esta interpretación no solo es innecesaria, sino contraria al sentido del pasaje.

El propósito de este estudio es demostrar que Lucas 17 y Mateo 24 no describen un rapto previo a la tribulación, sino un acto de juicio divino, históricamente cumplido en la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C.

1. El texto bajo consideración

Lucas 17:34–36 (RV60):

“Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado.”

Este pasaje tiene un paralelo directo en Mateo 24:39–41:

“…y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado…”

Cualquier interpretación responsable debe considerar ambos textos conjuntamente, pues describen el mismo evento.

2. El contexto inmediato: los días de Noé y de Lot

En Lucas 17:26–30, Jesús establece explícitamente el marco interpretativo:

“Como fue en los días de Noé… vino el diluvio y los destruyó a todos.
Asimismo como sucedió en los días de Lot… llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos.”

El patrón es claro:

  • Los “tomados” en los días de Noé fueron los destruidos por el diluvio.

  • Los “tomados” en los días de Lot fueron los consumidos por el juicio.

  • Los “dejados” (Noé y Lot) fueron preservados.

Por tanto, el propio contexto define el significado de “tomar” como remover mediante juicio, no como rescatar.

3. Análisis léxico: “tomado” y “dejado”

El verbo griego traducido como “tomado” es παραλαμβάνεται (paralambánō). Aunque puede usarse en contextos neutrales o positivos, también aparece en escenarios coercitivos o judiciales (cf. Mt 27:27; Jn 19:16).

El verbo “dejado” es ἀφίεται (aphíēmi), que significa permitir permanecer, dejar intacto.

El contraste no es entre “salvación celestial” y “abandono”, sino entre:

  • Ser removido por juicio

  • Ser preservado del juicio

Este uso concuerda perfectamente con Mateo 24:39, donde el diluvio “se los llevó a todos”, lenguaje inequívoco de destrucción.

4. El error de la lectura dispensacional

La interpretación dispensacionalista asume, sin demostración contextual, que:

  • “Tomado” = arrebatado al cielo

  • “Dejado” = abandonado para sufrir

Pero esta lectura invierte el sentido del ejemplo de Noé y Lot, y además introduce un evento (rapto secreto) ausente del pasaje.

Incluso reconocidos expositores premilenialistas no dispensacionalistas lo admiten. J. Vernon McGee afirma:

“Esta no es una referencia al rapto de la Iglesia… Los que fueron llevados en los días de Noé fueron llevados en juicio.”

John MacArthur escribe:

“ ‘Uno será tomado’, es decir, tomado en juicio… Esto no es una referencia al arrebatamiento de los creyentes.”
(Biblia de Estudio MacArthur, Mt 24:39–41)

5. Marco histórico: el año 70 d.C.

Desde una perspectiva preterista parcial, el pasaje describe el juicio del Hijo del Hombre contra Jerusalén, anunciado repetidamente por Jesús (Mt 23:36; 24:34).

En el año 70 d.C.:

  • Muchos judíos fueron “tomados” por muerte, esclavitud y deportación.

  • Los cristianos que obedecieron la advertencia de Jesús huyeron (cf. Lc 21:20–22).

  • Los creyentes fueron literalmente “dejados”, es decir, preservados.

Eusebio de Cesarea confirma que los cristianos escaparon a Pella antes del asedio, cumpliendo las palabras del Señor (Historia Eclesiástica, III.5).

6. Juicio histórico y Segunda Venida: una distinción necesaria

Este pasaje no niega la Segunda Venida futura, visible y gloriosa de Cristo (Hch 1:11; 1 Tes 4:16–17). Simplemente no habla de ella.

Mateo 24 y Lucas 17 describen un acto histórico de juicio covenantal, no la consumación final del cosmos. Confundir ambos eventos es una de las causas principales del error interpretativo.

Conclusión teológica y pastoral

Lucas 17:34–36 y Mateo 24:39–41 enseñan que:

  • Los “tomados” son los removidos en juicio.

  • Los “dejados” son los preservados por gracia.

  • El evento descrito se cumplió históricamente en el año 70 d.C.

  • El texto no enseña un rapto secreto previo a la tribulación.

Desde una perspectiva reformada, este pasaje proclama una verdad constante: Dios juzga la apostasía y preserva a su pueblo fiel. Cristo reina ahora, ha venido en juicio en la historia, y vendrá nuevamente al final de los tiempos para consumar su reino.

La exhortación no es a especular sobre escapismos, sino a velar, obedecer y confiar en la palabra de Cristo, tal como lo hicieron los creyentes del primer siglo.


martes, 9 de enero de 2018

7 Señales Apocalípticas en Josefo y su Relación con el Discurso de Jesús (Mateo 24 / Lucas 21)


Un análisis histórico-teológico desde una perspectiva preterista parcial

Introducción

El discurso escatológico de Jesús en los Evangelios sinópticos (Mt 24; Mc 13; Lc 21) ha sido objeto de debate durante siglos. Una de las claves para su interpretación es la frase que enmarca todo el sermón: “De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca” (Mt 24:34; Mc 13:30; Lc 21:32).

Desde una perspectiva preterista parcial, entendemos que Jesús describe eventos históricos y verificables, específicamente el juicio sobre Jerusalén y el Templo en el año 70 d.C., sin negar que el discurso contiene elementos tipológicos que apuntan al juicio final.

En este contexto, las obras de Flavio Josefo (37–100 d.C.), testigo presencial de la guerra judía, ofrecen un conjunto de fenómenos interpretados por él mismo como portentos o advertencias de la destrucción venidera. Estos relatos, presentes en La Guerra de los Judíos, confirman de manera extrabíblica el carácter profético del discurso de Jesús.

Este artículo presenta un análisis académico de las siete señales apocalípticas recogidas por Josefo, evaluando su relevancia histórica y hermenéutica bajo la luz del preterismo parcial.

1. Falsos profetas y falsos mesías como preludio al desastre.

Josefo observa que, en los años previos al asedio de Jerusalén, surgieron numerosos líderes carismáticos que engañaban al pueblo:

“El país estaba infestado con grupos de bandidos e impostores que engañaban a la multitud.”
Antigüedades 20.5.5

“Fueron sobornados falsos profetas para engañar al pueblo… y persuadirlos a esperar señales de liberación.”
Guerras 6.5.2

Este fenómeno coincide exactamente con las palabras de Jesús:

  • “Muchos vendrán en mi nombre… y engañarán a muchos” (Mt 24:5).

  • “Muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos” (Mt 24:11).

Y con la declaración apostólica:

  • “Muchos anticristos han surgido… por eso sabemos que es la última hora” (1 Jn 2:18).

Valor académico y preterista: Estos testimonios demuestran que la aparición de falsos mesías no es una expectativa futura, sino un fenómeno documentado antes del año 70 d.C.

2. Las señales celestes: estrella, espada y cometa (Señales 1–2)

Josefo describe dos fenómenos astronómicos:

  1. Una estrella en forma de espada suspendida sobre Jerusalén
    Guerras 6.5.3

  2. Un cometa visible que “duró un año”
    — posiblemente el cometa Halley (pasó en el 66 d.C.)

En la antigüedad, tales signos eran interpretados como presagios divinos. Jesús anticipa este lenguaje apocalíptico:

“Habrá señales en el sol, la luna y las estrellas… y cosas espantosas” (Lc 21:11,25).

Valor académico: No afirmamos que estos fenómenos fueron milagrosos. Pero su registro confirma el “clima apocalíptico” que Jesús dijo precedería al juicio inminente.

3. Señales dentro del Templo (Señales 3–5)

Josefo narra tres portentos en el Templo:

3.1. Un resplandor nocturno sobre el altar.

“Una luz brillante… que parecía mediodía.”
Guerras 6.5.3

3.2. Una vaca que da a luz un cordero en el Templo.

Un prodigio simbólico interpretado como mal augurio.

3.3. La puerta oriental del Templo que se abrió sola.

“Una puerta pesadísima… se abrió por sí sola.”
Guerras 6.5.3

Los sacerdotes interpretaron este evento como una señal de que la gloria de Dios abandonaba el templo —una clara reminiscencia de Ezequiel 10.

Jesús mismo había dicho:

“He aquí vuestra casa os es dejada desolada.” (Mt 23:38)

Valor hermenéutico: Estas señales no cumplen directamente profecías puntuales, pero confirman el sentido teológico: Dios había retirado su favor y Jerusalén estaba sentenciada.

4. Jeshua ben Ananias: Un profeta involuntario del juicio (Señal 6)

Cuatro años antes del asedio, un campesino comenzó a anunciar sin descanso:

“¡Ay de Jerusalén! ¡Ay del Templo!”
Guerras 6.5.3

Golpeado, encarcelado y ridiculizado, siguió proclamando hasta morir por una piedra lanzada durante el asedio.

Este episodio es extraordinario, pues refleja:

  • El lamento profético de Jesús sobre Jerusalén (Mt 23:37–38).

  • El tono apocalíptico esperado por los judíos antes del juicio.

Valor preterista: Es una poderosa confirmación extrabíblica del cumplimiento histórico de las advertencias de Jesús.

5. La proclamación de Vespasiano (Señal 7)

Un oráculo circulaba entre los judíos: “un gobernante surgirá de Judea”. Los judíos creyeron que se trataba del Mesías; sin embargo, Josefo y Tácito afirman que la profecía se cumplió en Vespasiano, proclamado emperador en tierras judías.

  • Josefo: Guerras 6.5.4

  • Tácito: Historias 5.13

  • Suetonio: Vespasianus 4

Valor teológico: Refuerza el patrón bíblico donde Dios usa reinos gentiles para ejecutar juicio sobre su pueblo (Is 10; Hab 1).

Conclusión académica

Los relatos de Josefo:

  • Corroboran fenómenos sociales, religiosos y políticos mencionados por Jesús;

  • Confirman la proliferación de falsos mesías, disturbios, señales y engaños;

  • Documentan un clima apocalíptico previo al año 70 d.C.;

  • Muestran que la destrucción del Templo fue interpretada como juicio divino tanto por judíos como por romanos.

Esto encaja con la estructura preterista parcial:

  • Mateo 24:1–34 = cumplido en el año 70 d.C.

  • Mateo 24:35–51 = escatológico-futuro (la Segunda Venida).

El preterismo parcial no reduce la escatología: la fundamenta históricamente y mantiene intacta la esperanza futura.

Llamado pastoral

La caída de Jerusalén no es solo un evento histórico; es un recordatorio espiritual. Jesús lloró sobre la ciudad porque “no conoció el tiempo de su visitación” (Lc 19:44). El juicio vino no por causas políticas, sino por causas espirituales: apostasía, orgullo, falsa religión, endurecimiento.

Josefo registra señales. Jesús interpreta su significado. La historia confirma su palabra. Y para nosotros, hoy:

  • Cuando la religión se vuelve espectáculo, el juicio se acerca.

  • Cuando la Iglesia ignora las advertencias de Cristo, la desolación viene.

  • Cuando se rechaza la voz del Señor, se pierde la protección del Señor.

Pero también: Jesús es Señor del juicio y de la restauración. El mismo que advirtió destrucción, ofrece salvación. El mismo que lloró por Jerusalén, llora hoy por un mundo que no quiere oírlo.

Así, la caída del año 70 no solo confirma la palabra profética, sino que nos llama a una fe viva, una obediencia sincera y un arrepentimiento constante.

Cristo cumple lo que promete: —en juicio, y en gracia.


Tito, Josefo, Apolonio y la caída de Jerusalén (año 70 d.C.)





Lo que la historia antigua confirma sobre la profecía de Jesús

Cuando hablamos de la destrucción de Jerusalén en el año 70, mucha gente imagina un ejército romano salvaje arrasando sin freno lo que encontraba a su paso. Pero si leemos atentamente a las fuentes del siglo I, especialmente a Flavio Josefo, descubrimos un cuadro mucho más complejo… y sorprendente.

Tito: un general romano que no quería destruir el templo

Josefo —un judío que terminó escribiendo bajo patronazgo romano— describe a Tito de una forma que desconcierta:
como un militar que intentó evitar la destrucción del templo judío.

¿Por qué?
No porque fuese un monoteísta convencido, sino porque tenía un respeto casi supersticioso por lo sagrado, y conocía el valor político y cultural del templo.

Josefo cita repetidas veces las palabras de Tito:

“No quiero profanar el templo. Rendíos, y preservaré este lugar santo.”
(Josefo, Guerras 6.241–243)

 


Y añade que Tito ordenó no matar civiles y no destruir casas, porque quería preservar la ciudad y el templo.

Pero dentro del templo ocurría otra historia…


Cuando los verdaderos profanadores eran los propios rebeldes

Josefo afirma que los grupos zelotes y rebeldes, atrincherados en el templo, lo convirtieron en un fortín militar:

  • instalaron catapultas sobre las puertas santas,

  • corrían armados por los patios sagrados,

  • usaban el santuario como base de operaciones,

  • y llenaron de cadáveres el recinto.

Tito los enfrenta:

“¿No fuisteis vosotros quienes pusisteis el muro que nadie podía traspasar?
¿Y ahora pisoteáis cadáveres en el templo?
Dadme un lugar distinto donde pelear, y ningún romano profanará este santuario.”
(Josefo, Guerras 6.252–254)

 

Para Tito, la mayor abominación no la habían cometido sus soldados, sino los mismos judíos rebeldes.


Valle de cadáveres: cuando Tito levantó sus manos al cielo

Josefo relata un momento dramático:
cuando Tito inspeccionaba los alrededores de Jerusalén, vio barrancos enteros llenos de cuerpos arrojados desde las murallas —víctimas del hambre, enfermedad y violencia interna.

Y el general romano “gimió”:

“Pongo a Dios por testigo de que esto no es culpa mía.”
(Josefo, Guerras 5.446)

No sabemos si Tito entendía de teología,
pero sí entendió que algo divino estaba ocurriendo.


Apolonio y la interpretación divina de la victoria

Otro escritor del siglo I, Filóstrato, en su obra sobre Apollonius de Tiana, añade un dato asombroso:
Tito rechazó la corona de honor que otras naciones quisieron darle tras la conquista.

¿Por qué?

“No hay mérito en vencer a un pueblo abandonado por su propio Dios.”
(Vida de Apolonio, 6.29)

Aquí no hay evangelización.
Hay percepción histórica:
algo extraordinario había ocurrido y todos lo sabían.


¿Qué tiene que ver esto con Jesús?

Todo.

Jesucristo había profetizado décadas antes:

✔️ “No quedará piedra sobre piedra.” (Lucas 21:6)
✔️ “Vuestra casa os es dejada desolada.” (Mateo 23:38)
✔️ “Cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed que su destrucción está cerca.” (Lucas 21:20)
✔️ “Estos son días de venganza, para que se cumpla todo lo que está escrito.” (Lucas 21:22)

La caída del año 70 no fue un accidente militar.
Fue el juicio final sobre el sistema del antiguo pacto,
anunciado por los profetas, por Juan el Bautista y por el mismo Jesús.

Los historiadores del siglo I —judíos, romanos y paganos— lo vieron, aunque no entendieran su profundidad.

Conclusión: la historia confirma la profecía

Josefo, Tito y Apolonio no predicaron el evangelio.
Pero sin quererlo, confirmaron la exactitud profética del Cristo que dijo:

“Estas cosas acontecerán en esta generación.”
(Mateo 24:34)

La caída de Jerusalén es uno de los eventos históricos más documentados de la antigüedad…
y uno de los más olvidados por los cristianos modernos.

La historia no contradice a la Biblia.
La historia ilumina la Biblia.


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