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martes, 18 de mayo de 2021

FALSOS MESÍAS Y FALSOS PROFETAS ANTES DEL AÑO 70:



LA PROFECÍA DE JESÚS SE CUMPLIÓ EN “AQUELLA GENERACIÓN”

Cuando Jesús anunció en Mateo 24 que antes del fin del judaísmo del Antiguo Pacto surgirían “muchos falsos cristos” y “falsos profetas”, no estaba hablando de misteriosos personajes del siglo XXI. Él estaba advirtiendo a sus discípulos, a quienes dijo explícitamente:

“Esta generación no pasará hasta que todas estas cosas acontezcan.”
—Mateo 24:34

La evidencia bíblica, histórica y extrabíblica confirma que estas palabras se cumplieron literalmente en los años previos a la destrucción del templo en el 70 d.C.

A continuación presentamos un resumen apologético de los hechos.

1. Los “anticristos” mencionados por Juan ya estaban vivos — en el primer siglo

Juan no habló de un personaje final y futuro. Dijo:

“Hijitos, es la última hora… ya han surgido muchos anticristos.”
—1 Juan 2:18

Estos falsos maestros negaban la divinidad de Cristo (1 Jn 2:22), salían del seno mismo de la Iglesia y fundaban sus propios grupos religiosos. Juan no los esperaba: ya estaban allí.
Tal como Jesús había dicho.

Así, los falsos profetas cristianos formaban un ala interna de engaño dentro de la comunidad cristiana.

2. Falsos mesías políticos dentro del judaísmo antes del 70 (Hechos 5)

Lucas registra a dos figuras históricas que encajan perfectamente en la descripción de Jesús:

Teudas

“Decía que era alguien”, obtuvo seguidores, y terminó muerto (Hech 5:36).

Judas el Galileo

Fundador del movimiento zelote, arrastró multitudes detrás de sí (Hech 5:37).

Ambos reunieron seguidores, promovieron revolución y generaron esperanza mesiánica política. Eran la clase de “salvadores” que Jesús advirtió, y surgieron dentro de esa generación.

3. Falsos profetas religiosos que engañaban mediante magia o manipulación (Hechos 8 y 13)

Simón el Mago – Hechos 8

“Haciéndose pasar por alguien grande… este es el gran poder de Dios”, decía la gente.

Simón representa la mezcla perfecta entre misticismo, poder, manipulación y señales falsas.

A.T. Robertson comenta:

“Muchos pretendientes mesiánicos llevaron este nombre… Simón fue considerado el padre de las herejías.”
(Comentario a Hech 8, Matthew Henry ed. Robertson)

Barjesús / Elimas – Hechos 13

Un mago judío y falso profeta que “intentaba apartar de la fe” al procónsul romano.

Pablo le dice:

“Lleno de todo engaño… ¿no dejarás de torcer los caminos rectos del Señor?”
—Hechos 13:10

Estos personajes encajan en el patrón de Jesús: falsos profetas que aparentan poder espiritual y engañan a muchos.

4. Evidencia extrabíblica: Josefo confirma que abundaban falsos mesías

Flavio Josefo —historiador judío contemporáneo a los apóstoles— describe una explosión de impostores:

“El país estaba infestado con bandidos e impostores que engañaban a la multitud.”
(Antigüedades 20.5.5)

“Farsantes invitaban a la gente al desierto prometiendo señales milagrosas.”
(Antigüedades 20.5.6)

“Impostores, usando el pretexto de inspiración divina, convencían al pueblo de actuar como dementes.”
(Guerras 2.13.4)

“Un falso profeta fue la causa de la destrucción de muchos… haciéndoles subir al templo esperando señales de liberación.”
(Guerras 6.5.2)

Para cualquier lector honesto: esto es exactamente lo que Jesús anunció en Mateo 24.

5. Características comunes de estos falsos mesías y falsos profetas

A partir de las fuentes bíblicas e históricas, podemos resumir así:

✔ Autoproclamados líderes mesiánicos.

✔ Seguidores numerosos.

✔ Promesas de liberación política o espiritual.

✔ Pretensiones de señales y prodigios.

✔ Manipulación religiosa.

✔ Inspiración demoníaca (1 Jn 4:1).

✔ Engaño masivo.

Todas estas características están en Mateo 24:5, 11, 24.

6. Conclusión apologética: Jesús no falló — Jesús cumplió

La evidencia reunida demuestra:

✦ Jesús no profetizó falsos cristos del siglo XXI.

✦ Jesús no estaba hablando de un futuro lejano.

✦ Jesús estaba preparando a sus discípulos para su propia generación.

✦ La historia confirma que se cumplió tal como Él lo anunció.

Los falsos mesías y falsos profetas que surgieron entre el año 30 y el año 70 d.C.:

  • Cumplen la descripción.

  • Coinciden con el tiempo.

  • Encajan con las características.

  • Son confirmados por las Escrituras y por los historiadores.

Si Jesús se equivocó, la historia debería contradecirlo. Pero la historia lo confirma.

Por eso el preterismo parcial no es una evasión: es tomar en serio la palabra del Señor y ver su fidelidad cumplida en la historia.


¡Piensa en esto cristiano!


domingo, 10 de enero de 2021

¿Qué Abominación Trajo Desolación?




La abominación desoladora y la destrucción de Jerusalén

Un análisis exegético, histórico y patrístico de Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21

Introducción

La expresión “la abominación desoladora”, tomada del profeta Daniel (Dn 9:26–27; 11:31; 12:11) y citada por Jesucristo en su discurso escatológico (Mt 24; Mr 13; Lc 21), ha sido uno de los textos más debatidos en la historia de la interpretación bíblica. Mientras que gran parte del evangelicalismo contemporáneo —especialmente bajo la influencia dispensacionalista— proyecta este evento hacia un futuro aún no cumplido, una lectura contextual, histórica y patrística sugiere con fuerza que Jesús estaba anunciando un juicio inminente que recaería sobre Jerusalén y su templo en el siglo I, culminando en el año 70 d.C.

Este estudio sostiene que la “abominación desoladora” no se refiere a un templo futuro reconstruido ni a un escenario escatológico moderno, sino al asedio romano, la profanación interna del templo y su destrucción final, eventos claramente documentados tanto en el Nuevo Testamento como en fuentes históricas judías y cristianas tempranas.

1. La interpretación sinóptica: Mateo, Marcos y Lucas

Jesús utiliza la expresión “abominación desoladora” en Mateo 24:15, pero su significado se aclara progresivamente en los evangelios paralelos.

Mateo escribe a una audiencia judía y afirma:

“Cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora…” (Mt 24:15)

El término griego utilizado es τόπος ἅγιος (topos hagios), que no designa exclusivamente el santuario interior (naos) ni los atrios del templo (hieron), sino de manera más amplia los lugares consagrados, incluyendo el complejo del templo y la ciudad santa de Jerusalén, la cual es llamada “santa” en Mateo 4:5 y 27:53. Esta elección léxica sugiere una profanación generalizada del sistema cultual judío, no un acto ritual aislado.

Marcos, escribiendo probablemente desde Roma para lectores gentiles, reformula la advertencia de Jesús:

“Cuando veáis la abominación desoladora… puesta donde no debe estar” (Mr 13:14)

La expresión deliberadamente ambigua apunta a una presencia ilegítima e impía en un espacio sagrado.

Lucas, sin embargo, elimina toda ambigüedad interpretativa y ofrece una explicación histórica directa:

“Cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado” (Lc 21:20)

Aquí, la “abominación desoladora” es explícitamente identificada con el asedio militar romano, una interpretación que sigue el principio hermenéutico clásico según el cual los pasajes más claros interpretan a los más oscuros. Esta lectura ha sido ampliamente reconocida por exégetas de distintas tradiciones (cf. R. C. Sproul, The Last Days According to Jesus).

2. ¿Por qué asumir un templo futuro?

Un problema fundamental del enfoque futurista es que introduce un templo reconstruido sin necesidad textual. Jesús pronunció estas palabras cuando el templo de Herodes aún estaba en pie, visible desde el monte de los Olivos. Los discípulos no preguntaron por un tercer templo, sino por la destrucción del que estaban contemplando (Mt 24:1–3).

No existe indicio alguno en el discurso de que Jesús estuviera trasladando el cumplimiento de la profecía a miles de años en el futuro. Por el contrario, insiste repetidamente en la cercanía temporal del juicio (Mt 24:34).

3. La profanación interna del templo según Flavio Josefo

Además del asedio romano, las fuentes históricas muestran que el templo fue profundamente profanado antes de su destrucción, principalmente por los mismos judíos rebeldes (zelotes) atrincherados en su interior.

Flavio Josefo, testigo ocular judío del conflicto, describe escenas que encajan perfectamente con el concepto bíblico de “abominación”:

  • El uso profano del aceite y del vino sagrados reservados para los sacrificios (Guerras de los Judíos, V.13.6).

  • El derramamiento de sangre dentro del recinto sagrado, con cadáveres abandonados sin sepultura (Guerras, IV.3.10).

  • La conversión del templo en una fortaleza militar y campo de batalla interno.

En la teología veterotestamentaria, la “abominación” no se limita a ídolos paganos; incluye la violación del pacto, la corrupción del culto y la contaminación del lugar santo con sangre inocente (cf. Ez 9; Lam 2).

4. El testimonio patrístico: Eusebio de Cesarea

La interpretación de que la “abominación desoladora” se cumplió en el año 70 d.C. no es una construcción moderna. Eusebio de Cesarea (c. 263–339), uno de los historiadores más importantes de la Iglesia primitiva, afirma explícitamente:

“La abominación desoladora proclamada por los profetas se asentó en el mismo templo de Dios… y sufrió todo tipo de destrucción hasta su desaparición final por el fuego” (Historia Eclesiástica, III.5.3).

Eusebio conecta directamente las palabras de Jesús con los acontecimientos narrados por Josefo, mostrando que la Iglesia de los primeros siglos entendía estas profecías como ya cumplidas, no como eventos futuristas.

5. Una tribulación única e irrepetible

Jesús describe esta tribulación como algo sin precedentes y sin repetición futura (Mt 24:21). Si esto es así, resulta problemático sostener un “doble cumplimiento” que proyecta una tribulación aún mayor en el futuro, como lo hace el dispensacionalismo clásico.

Kenneth L. Gentry observa que una profecía descrita por Cristo como única en la historia pierde su fuerza si se multiplica en varios cumplimientos (cf. Before Jerusalem Fell).

Conclusión pastoral y apologética

La evidencia bíblica, histórica y patrística converge en una conclusión coherente: la “abominación desoladora”, la gran tribulación y la destrucción de Jerusalén se cumplieron en el siglo I, como juicio divino contra Israel apóstata y como vindicación profética de Jesucristo.

Esto no niega la segunda venida futura, física y gloriosa de Cristo, sino que distingue correctamente entre:

  • una venida en juicio histórica (70 d.C.),

  • y la venida final escatológica al fin de la historia.

Pastoralmente, esta interpretación no conduce a licenciosidad ni a indiferencia espiritual. Al contrario, reafirma la fidelidad de Cristo como profeta verdadero y nos recuerda que Dios cumple sus palabras con precisión histórica. Como escribió R. C. Sproul: “Un Cristo que falla en sus profecías no puede ser el Cristo de la fe cristiana.”

Comprender correctamente estos textos no debilita la esperanza cristiana; la fortalece, anclándola en un Señor que gobierna la historia y cumple fielmente todo lo que ha prometido.


¡Piensa en esto cristiano!

martes, 13 de febrero de 2018

¡Ay de las que críen en aquellos días!



"Mas ¡ay de las que estén encintas! y de las que críen en aquellos días!" - Mateo 24:19

¿Por qué Jesús se lamentaría tanto de las mujeres que estarían ya sea embarazadas o con hijos bebés durante la Gran Tribulación?

En la década de los 90, la ciudad de Casma, Perú, se estremeció por el brutal crimen cometido por Consuelo Berrocal, una mujer joven que asesinó a su hijo de dos meses para luego cometer canibalismo. Aunque el crimen fue perpetrado en la ciudad de Casma, el acontecimiento repercutió en las familias de millones de peruanos, puesto que nadie creía que una joven de 23 años pudiera asesinar a su bebé para después comerse parte de él. Según comentó en un reportaje periodístico Consuelo Berrocal confesó: 
“Estaba jugando con mi hijo y jugando lo hice. ‘Jerito te voy a matar, te voy a comer’, le decía. Lo maté y me lo comí”.

Aunque en el informe mencionó que tenía otro vástago más, no manifestó qué fue lo que hizo con él. De acuerdo con las declaraciones de un especialista y trabajador del Hospital Psiquiátrico Larco Herrera, Consuelo Berrocal habría relacionado que su hijo era un descendiente de Satanás y, por ello, debía matarlo. “Lo que les ha contado todo es cierto (…) ella pensó que (sus descendientes) tenían una relación con el demonio”, expresó. 

Aunque este caso es unos de los conocidos en la historia reciente, hay otros como el de Armin Meiwes (Alemania 2001) quien asesinó y luego comió partes del cuerpo de Bernd Jürgen Brandes, un voluntario que había respondido a un anuncio en línea. Meiwes filmó el evento y posteriormente fue arrestado y condenado por homicidio y canibalismo. También se sabe del caso de Issei Sagawa (París 1981), el estudiante japonés que asesinó y canibalizó a una compañera de clase. Fue declarado legalmente insano y enviado a un hospital psiquiátrico en Japón.

Otro caso registrado es el de Albert Fish (Estados Unidos siglo 20), también conocido como el “Hombre Gris”, cometió varios asesinatos y actos de mutilación, incluido el canibalismo. Fue arrestado en 1934 y posteriormente ejecutado. También Alexander Kinyua (Estados Unidos 2012), un estudiante universitario en Maryland, asesinó a su compañero de cuarto, Kujoe Bonsafo Agyei-Kodie, y luego cocinó partes de su cerebro y corazón. Fue declarado culpable de asesinato en primer grado y canibalismo.

Aunque estos casos notoriamente son de personas con problemas mentales cometiendo actos de canibalismo, sabemos que hay otros casos registrados que se hicieron por sobrevivencia como el caso de “La Sociedad de a Nieve”, los jugadores de Rugby que sobrevivieron del siniestro de su avión en los andes al comer carne humana de sus compañeros fallecidos.

El hambre extrema y el juicio sobre Jerusalén (66–70 d.C.):

El caso de María de Bethezuba como cumplimiento del juicio pactual

Los conflictos armados, las catástrofes naturales y los asedios prolongados han tenido históricamente un impacto desproporcionado sobre los sectores más vulnerables de la población, particularmente mujeres y niños. El sitio de Jerusalén llevado a cabo por las fuerzas romanas entre los años 66 y 70 d.C. no fue la excepción. El historiador judío Flavio Josefo ofrece un testimonio detallado y estremecedor del colapso social, moral y humano que acompañó la caída de la ciudad y la destrucción del Templo.

Josefo relata que, conforme avanzaba el asedio romano, el hambre alcanzó niveles extremos. Las facciones rebeldes judías confiscaban violentamente los escasos alimentos disponibles, sin consideración por mujeres, ancianos o niños, lo que condujo a una mortandad masiva dentro de la ciudad. En sus palabras:

“Miles de judíos morían de hambre. En cada casa donde había el menor bocado de comida, los parientes luchaban por él. Transidos de hambre, los proscritos husmeaban como perros enloquecidos, royendo cinturones, zapatos e incluso el cuero de sus escudos; otros devoraban manojos de paja”
(Josefo, La guerra de los judíos, VI.3.3; cf. Paul L. Maier, Josefo: Los escritos esenciales, pp. 344–345).

Uno de los episodios más trágicos narrados por Josefo es el caso de María de Bethezuba, una mujer de familia distinguida que, tras perder todas sus posesiones a causa de la guerra, cayó en la más absoluta miseria. Agotada por el hambre y despojada de toda esperanza, María llegó a cometer un acto que el propio Josefo describe con horror: mató, asó y comió a su propio hijo lactante, ocultando parte del cuerpo para consumirlo después (Guerras, VI.3.4).

El relato causó profunda consternación tanto entre los judíos como entre los romanos. El general Tito, al conocer el hecho, declaró su inocencia ante Dios y afirmó que tal atrocidad quedaría sepultada bajo las ruinas de la ciudad, reconociendo implícitamente que Jerusalén había alcanzado un grado de degradación sin precedentes.

Este episodio no constituye un hecho aislado en la historia bíblica. Josefo mismo evoca —consciente o inconscientemente— un patrón ya registrado en las Escrituras. Durante el sitio de Samaria por los sirios en el siglo IX a.C., se produjo un evento similar, descrito en 2 Reyes 6:28–30, donde dos mujeres acordaron comerse a sus hijos debido a la hambruna extrema. Ambos relatos encuentran su marco teológico en las maldiciones del pacto mosaico, particularmente en Deuteronomio 28:52–53, donde Moisés advierte que, como consecuencia de la infidelidad al pacto, Israel llegaría a comer “el fruto de su vientre” durante el asedio de sus ciudades.

Desde una perspectiva bíblico-teológica, estos acontecimientos deben interpretarse como juicio pactual. La destrucción de Jerusalén y el sufrimiento indescriptible de sus habitantes no fueron meramente el resultado de circunstancias políticas o militares, sino la consumación histórica de las advertencias proféticas pronunciadas tanto por Moisés como por Jesucristo. En el Sermón del Monte de los Olivos, Jesús anticipó explícitamente el sufrimiento particular de mujeres embarazadas y madres lactantes durante la inminente calamidad:

“¡Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días!”
(Mateo 24:19; cf. Lucas 21:23).

El caso de María de Bethezuba ilustra de manera trágica la literalidad de estas palabras. La llamada “Gran Tribulación”, entendida desde la óptica preterista parcial, no describe un evento futuro y global, sino un juicio histórico concreto que alcanzó su clímax en el año 70 d.C., cuando Jerusalén —la ciudad del pacto— experimentó la plenitud de las maldiciones anunciadas por haber quebrantado reiteradamente su relación con Dios y rechazado a su Mesías.

En conclusión, el testimonio de Josefo, corroborado por la Escritura, ofrece una evidencia contundente de que las advertencias proféticas del Antiguo y Nuevo Testamento encontraron cumplimiento real y verificable en la destrucción de Jerusalén. La severidad del juicio no solo confirma la veracidad de las palabras de Jesús, sino que también sirve como recordatorio solemne del carácter serio del pacto divino, de la justicia de Dios y de las consecuencias históricas de la infidelidad persistente.

¡Piensa en esto cristiano! 


martes, 9 de enero de 2018

Tito, Josefo, Apolonio y la caída de Jerusalén (año 70 d.C.)





Lo que la historia antigua confirma sobre la profecía de Jesús

Cuando hablamos de la destrucción de Jerusalén en el año 70, mucha gente imagina un ejército romano salvaje arrasando sin freno lo que encontraba a su paso. Pero si leemos atentamente a las fuentes del siglo I, especialmente a Flavio Josefo, descubrimos un cuadro mucho más complejo… y sorprendente.

Tito: un general romano que no quería destruir el templo

Josefo —un judío que terminó escribiendo bajo patronazgo romano— describe a Tito de una forma que desconcierta:
como un militar que intentó evitar la destrucción del templo judío.

¿Por qué?
No porque fuese un monoteísta convencido, sino porque tenía un respeto casi supersticioso por lo sagrado, y conocía el valor político y cultural del templo.

Josefo cita repetidas veces las palabras de Tito:

“No quiero profanar el templo. Rendíos, y preservaré este lugar santo.”
(Josefo, Guerras 6.241–243)

 


Y añade que Tito ordenó no matar civiles y no destruir casas, porque quería preservar la ciudad y el templo.

Pero dentro del templo ocurría otra historia…


Cuando los verdaderos profanadores eran los propios rebeldes

Josefo afirma que los grupos zelotes y rebeldes, atrincherados en el templo, lo convirtieron en un fortín militar:

  • instalaron catapultas sobre las puertas santas,

  • corrían armados por los patios sagrados,

  • usaban el santuario como base de operaciones,

  • y llenaron de cadáveres el recinto.

Tito los enfrenta:

“¿No fuisteis vosotros quienes pusisteis el muro que nadie podía traspasar?
¿Y ahora pisoteáis cadáveres en el templo?
Dadme un lugar distinto donde pelear, y ningún romano profanará este santuario.”
(Josefo, Guerras 6.252–254)

 

Para Tito, la mayor abominación no la habían cometido sus soldados, sino los mismos judíos rebeldes.


Valle de cadáveres: cuando Tito levantó sus manos al cielo

Josefo relata un momento dramático:
cuando Tito inspeccionaba los alrededores de Jerusalén, vio barrancos enteros llenos de cuerpos arrojados desde las murallas —víctimas del hambre, enfermedad y violencia interna.

Y el general romano “gimió”:

“Pongo a Dios por testigo de que esto no es culpa mía.”
(Josefo, Guerras 5.446)

No sabemos si Tito entendía de teología,
pero sí entendió que algo divino estaba ocurriendo.


Apolonio y la interpretación divina de la victoria

Otro escritor del siglo I, Filóstrato, en su obra sobre Apollonius de Tiana, añade un dato asombroso:
Tito rechazó la corona de honor que otras naciones quisieron darle tras la conquista.

¿Por qué?

“No hay mérito en vencer a un pueblo abandonado por su propio Dios.”
(Vida de Apolonio, 6.29)

Aquí no hay evangelización.
Hay percepción histórica:
algo extraordinario había ocurrido y todos lo sabían.


¿Qué tiene que ver esto con Jesús?

Todo.

Jesucristo había profetizado décadas antes:

✔️ “No quedará piedra sobre piedra.” (Lucas 21:6)
✔️ “Vuestra casa os es dejada desolada.” (Mateo 23:38)
✔️ “Cuando veáis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed que su destrucción está cerca.” (Lucas 21:20)
✔️ “Estos son días de venganza, para que se cumpla todo lo que está escrito.” (Lucas 21:22)

La caída del año 70 no fue un accidente militar.
Fue el juicio final sobre el sistema del antiguo pacto,
anunciado por los profetas, por Juan el Bautista y por el mismo Jesús.

Los historiadores del siglo I —judíos, romanos y paganos— lo vieron, aunque no entendieran su profundidad.

Conclusión: la historia confirma la profecía

Josefo, Tito y Apolonio no predicaron el evangelio.
Pero sin quererlo, confirmaron la exactitud profética del Cristo que dijo:

“Estas cosas acontecerán en esta generación.”
(Mateo 24:34)

La caída de Jerusalén es uno de los eventos históricos más documentados de la antigüedad…
y uno de los más olvidados por los cristianos modernos.

La historia no contradice a la Biblia.
La historia ilumina la Biblia.


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