jueves, 3 de mayo de 2018

Señales Antes del Fin: "Guerras y Rumores de Guerras"

(Extensión del Imperio Romano que habitó en "pax romana")
Jesucristo les anuncia a sus discípulos que ellos "oirán de guerras y rumores de guerras" y que ELLOS deben considerar esto como "principio de dolores", pero aunque los rumores de guerras no "eran el fin", sí eran la señal de que se acercaba "el fin".

¿Qué sabían sus discípulos sobre "guerras"?
Nada, toda su generación solo conocía de "guerras" por la historia. Todo el mundo, "la tierra habitada", es decir el Imperio Romano, gozaba de paz dentro y fuera de sus fronteras.

El primer emperador romano, Augusto, cerró las puertas del Templo de Jano en al 24 a.C., las cuales solo se abrían en tiempos de guerra. Se suele aceptar como fecha de inicio de la "Pax Romana" el 29 a. C., cuando Augusto proclama oficialmente el final de las guerras civiles, y se extendió hasta la muerte del emperador Marco Aurelio en el año 180 d. C.(1)

En otras palabras cuando Jesucristo, en el año 33 d.C., les advirtió a sus discípulos que venía el fin, es decir la Destrucción del Templo y de la Ciudad de Jerusalén; todos ellos gozaban de aproximadamente 57 años de paz. Todos sus contemporáneos de Jesús, sus oyentes y discípulos, nacieron en paz y vivían en paz. También "los que lo traspasaron" vivían en paz, toda "aquella generación" gozaba de la 'pax romana'. 

--57 años de Pax Romana--

Ahora entendemos entonces, porqué era necesario que ellos estén alerta de los "rumores de guerras". Porque era la señal para escapar de la "abominación que traía desolación". Por eso, "...los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella (de Jerusalén), váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella (en Jerusalén)". Así mismo, tendrían que rogar a Dios que esa "huida no sea en invierno ni en día de reposo" ya que podían perecer por las complicaciones del clima o ser apresados por los influyentes fariseos, por la prohibición de caminar en sábado más de lo permitido. 

Bien, esa guerra llegó en el 66 d.C. y duró hasta el 73 d.C., pero los cristianos fueron "salvados" de aquella "gran tribulación" que destruyó la Ciudad de Jerusalén y el Templo judío en el año 70' d.C.. Dice Eusebio de Cesarea:
"...El pueblo de la Iglesia de Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes de la guerra y de vivir en otra ciudad de Perea (la que llaman Pella), por un oráculo transmitido por revelación a los notables de aquel lugar. Así pues, habiendo emigrado a ella desde Jerusalén los que creían en Cristo, como si los hombres santos hubieran dejado enteramente la metropoli real de los judíos (Jerusalén) y toda Judea, la justicia de Dios vino sobre los judíos por el ultraje al que sometieron a Cristo y a sus apóstoles, e hizo desaparecer totalmente de entre los hombres aquella generación impía." (2)
La "Pax Romana" fue alterada por los revoltosos judíos. No había guerra en el Imperio pero en los días del "asedio a Jerusalén" hubo guerra. Otra evidencia de que Jesús fue verdadero profeta en los días de su carne. Y de que que Dios cumple sus decretos; así mismo vemos que la evidencia interna nos demuestra que las Escrituras leídas en su contexto no dan lugar a imaginación fértil. "Aquella generación" recibió la profecía y "aquella generación" vio el cumplimiento de todas y cada una de las palabras de Jesús.

Paralelamente, mientras que los judíos libraban sus revueltas contra el Imperio Romano, éste se sumía en guerras civiles que fueron surgiendo en varios territorios que alteraron esa "Pax" llevando a la locura a los emperadores. Para cuando Nerón se suicidó en junio del año 68, nadie lograba hacer que la paz regresara al imperio. Se sabe que después de Nerón vino el emperador Galba quien reinó por siete meses, fue decapitado, atravesado y llevado por la ciudad como un gesto de burla. Otho, de quien se decía era uno de los amantes de Nerón, se suicidó apuñalándose él mismo. Vitelio fue destrozado y arrastrado con un gancho hasta el Tiber. Los símbolos mismos de la superioridad del Imperio Romano, los mausoleos y los lugares sagrados colapsaron como evidencia de la casi extinción del imperio. El historiador Tácito lo describe así fue:
“Un período de desastres, horrible por sus guerras, inundado por sus guerras civiles y aun en tiempo de paz un lugar lleno de horrores. Cuatro emperadores perecieron a espada. Hubieron tres guerras civiles; otras guerras con enemigos extranjeros; y también hubo guerras internas y externas al mismo tiempo... Ciudades en los valles de Campania fueron completamente deshechas; Roma fue arrasada por las conflagraciones, sus antiguos templos consumidos y el mismo capitolio fue incendiado a manos de los ciudadanos. Rito sagrados fueron profanados; en los rangos más altos hubo derroche; el mar estaba lleno de exiliados, y sus rocas contaminadas con las obras sangrientas. En la capital los horrores eran aun peores... Además de la gran cantidad de vicisitudes de los problemas humanos, cosas sucedían en el cielo y en la tierra, voces de advertencia del trueno y otras señales que auspiciaban un futuro oscuro. Nunca se dio una evidencia más concluyente de las terribles calamidades del pueblo romano que la muestra clara de que los dioses no pensaban en nuestra felicidad sino en nuestro castigo.” (3)

¿Cómo sabemos partiendo de las Escrituras que el Imperio Romano gozaba de «paz» y que esto incluía a Jerusalén?
Es lo que llamamos «evidencia interna». Y está registrado en el libro de los Hechos de los Apóstoles capítulo 24.2-3. Un tal Tértulo, abogado, que era representante del Sanedrín ante el procurador Félix, en Cesarea; presentó acusación contra el apóstol Pablo. En su discurso empieza agradeciendo porque gracias a los romanos «gozaban de paz», una paz que se veía alterada por el ministerio de Pablo, y de los «nazarenos». Este evento es muy probable que se haya dado entre el año 58 al 62 d.C. Sabemos que esa «Pax Romana» se vio alterada por las «guerras y rumores de guerras» que se iniciaron en el 66 d.C.
"Gracias a ti gozamos de mucha paz y las mejoras realizadas por tu providencia en beneficio de esta nación, en todo y siempre las reconocemos, excelentísimo Félix, con todo agradecimiento." - Hechos 24.2-3 (Biblia de Jerusalén)

Una evidencia bíblica de que cuando Jesucristo les advirtió de «guerras y rumores de guerras», es porque sería una «señal» para huir de Jerusalén. Se cumplió la profecía de Jesús que dijo: "De cierto os digo, que no pasará ESTA generación hasta que todo esto acontezca".


Nota extra: que fácil es identificar aquí en este pasaje de Hechos a la «novia infiel» agradeciendo a la «bestia» por esa «paz y seguridad» que le ofrecía.
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(2) Eusebio de Cesarea, "Historia Eclesiástica", Pág. 94 Libro III.5.3, CLIE 2008
(3) Tácito, Histories, 1:2-3, traducido por AlfredJohn Church y WilliamJackson Brodribb, eBooks@Adelaide, 2004, http://etext.library.adelaide.edu.au/tItacitus/tlh/bist1.html (acceso obtenido 1 diciembre 2006). (Citado en “Código del Apocalipsis”, Pág. 145-146)

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