martes, 20 de enero de 2026

¿TEMER AL ISLAM O RECUPERAR LA MISIÓN?





Miedo cultural, fidelidad evangélica y la respuesta cristiana en contextos postcristianos

Artículo 9

Tesis: El llamado bíblico no es el miedo, sino la proclamación fiel del Evangelio.


Resumen

Este artículo sostiene que la reacción predominante de temor frente al avance del Islam en Occidente revela una crisis más profunda de identidad y misión dentro del cristianismo contemporáneo. Desde una perspectiva bíblica e histórica, se argumenta que el llamado cristiano no es a la defensa cultural ni al pánico sobre el rumbo de nuestra sociedad, sino a la proclamación fiel del evangelio de Jesucristo.

El miedo surge cuando la Iglesia pierde claridad doctrinal, convicción misional y confianza en el poder del evangelio. En contraste, la Escritura presenta una iglesia que crece y persevera no mediante la coerción ni el repliegue, sino por el testimonio fiel, aun en contextos hostiles o pluralistas.

Introducción: el miedo como síntoma, no como solución

En el debate contemporáneo sobre religión y cultura en Occidente, el Islam suele ser presentado como una amenaza externa que pone en peligro la identidad cristiana, los valores democráticos o la herencia cultural europea. Este discurso, sin embargo, suele pasar por alto una cuestión más fundamental: ¿por qué una religión ajena al evangelio resulta tan inquietante para sociedades que históricamente se consideraron cristianas?

El temor al Islam no es, en sí mismo, una respuesta teológica. Es una reacción cultural que revela inseguridad, pérdida de confianza y, en muchos casos, una fe debilitada. La tesis de este artículo es que el problema no es la presencia de otra religión fuerte, sino la ausencia de una Iglesia convencida de su misión. El llamado bíblico nunca ha sido al miedo, sino a la fidelidad.

El patrón bíblico: misión en contextos adversos

Desde sus orígenes, el cristianismo no se desarrolló en un entorno cultural favorable. La Iglesia primitiva proclamó a Cristo en un mundo pluralista, hostil y, en ocasiones, violentamente opuesto a su mensaje. Sin embargo, el Nuevo Testamento no presenta el miedo como una estrategia legítima.

Jesús no instruyó a sus discípulos a preservar una hegemonía cultural, sino a dar testimonio “hasta lo último de la tierra”. El libro de los Hechos muestra una Iglesia que crece precisamente en contextos de oposición religiosa, persecución política y competencia ideológica. La misión cristiana surge de la convicción de que el evangelio es poder de Dios para salvación, no de la ilusión de control social.

El miedo como sustituto de la fe

Cuando la Iglesia pierde claridad sobre el contenido del evangelio y su carácter exclusivo, el miedo ocupa el lugar de la confianza. En este sentido, el temor al Islam funciona como un indicador de secularización interna: se teme perder influencia porque ya no se cree profundamente en la verdad que se proclama.

El miedo produce dos respuestas igualmente problemáticas. Por un lado l defensivismo cultural, que busca proteger símbolos cristianos sin proclamar el evangelio; y por el otro una hostilidad ideológica, que convierte la fe en una identidad política más que en una confesión teológica.

Ninguna de estas respuestas es coherente con la misión cristiana histórica.

Proclamación frente a competencia religiosa

El cristianismo no compite en el mercado de las religiones ofreciendo mayor cohesión social o disciplina moral, sino proclamando la gracia de Dios en Cristo. El evangelio no se defiende mediante el miedo, sino mediante la verdad anunciada con fidelidad y amor.

Históricamente, el cristianismo ha crecido no cuando ha sido protegido por el poder político, sino cuando ha sido anunciado con claridad doctrinal, convicción moral y esperanza escatológica. Allí donde la Iglesia ha confiado en la proclamación, ha florecido incluso en contextos de pluralismo religioso intenso.

Islam, misión y coherencia cristiana

El desafío que plantea el Islam no es principalmente militar ni político, sino teológico y misional. Su presencia expone la debilidad de un cristianismo que ha renunciado a la enseñanza de doctrina ortodoxa, la formación de discípulos y la proclamación pública de la exclusividad de Cristo.

No se trata de imitar la estructura del Islam ni de temer su coherencia interna, sino de reconocer que una fe clara siempre resulta más visible que una fe diluida. El cristianismo pierde relevancia no porque otros crean demasiado, sino porque él mismo ha dejado de creer lo que confiesa.

Recuperar la misión: una respuesta bíblica

Recuperar la misión implica volver a los fundamentos, a saber; la predicación fiel del evangelio, confianza plena en el poder de la Palabra, la formación de discípulos, no de consumidores y la valentía espiritual en contextos adversos.

La Escritura no promete que la misión será fácil, pero sí que será fructífera cuando es fiel. El temor al Islam desaparece cuando la Iglesia recuerda quién es Cristo y qué ha sido llamada a hacer.

Conclusión

El llamado bíblico nunca ha sido al miedo, sino a la proclamación. El cristianismo no está en peligro por la presencia de otras religiones, sino por su propia infidelidad misional. Allí donde la Iglesia recupera su confianza en el evangelio, el miedo se disipa y la misión se renueva.

La pregunta decisiva no es si debemos temer al Islam, sino si estamos dispuestos a recuperar una fe que se anuncia sin vergüenza, se vive con convicción y se sostiene en la soberanía de Dios. El futuro del cristianismo en Occidente no dependerá de enemigos más débiles, sino de una Iglesia más fiel.


¡Piensa en esto cristiano!
-------------------------------



0 comentarios:

Publicar un comentario