La fragmentación cultural de la cristología en
Occidente postcristiano
Artículo 6
Tesis: La cultura tolera a un Jesús moral, pero
rechaza al Señor resucitado y exclusivo.
Resumen
Este artículo analiza la distinción contemporánea —frecuentemente implícita— entre un “Jesús aceptable” y un “Cristo intolerable” en el discurso cultural occidental. Se sostiene que la cultura postcristiana tolera e incluso celebra a Jesús como figura moral, maestro ético o símbolo de compasión, mientras rechaza activamente al Cristo bíblico: resucitado, soberano y exclusivo. Desde una perspectiva teológica reformada, se argumenta que esta separación no es accidental, sino el resultado de una reconfiguración secular de la fe cristiana, que preserva elementos compatibles con la moral moderna pero elimina aquellos que desafían la autonomía humana y la soberanía cultural.
Introducción: un Jesús que no incomoda
En el imaginario cultural contemporáneo, Jesús sigue siendo una figura sorprendentemente popular. Se le cita en discursos políticos, se le invoca en causas sociales y se le presenta como paradigma de inclusión social, empatía y amor al prójimo. Sin embargo, esta aceptación tiene límites bien definidos. El mismo Jesús es rechazado cuando se le identifica con afirmaciones como: “Toda autoridad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mt 28:18) o “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí” (Jn 14:6).
Este fenómeno revela una distinción funcional entre Jesús como ideal moral y Cristo como Señor. El primero es tolerable; el segundo, profundamente ofensivo para una cultura que ha hecho de la autonomía individual su valor supremo.
La reducción moral de Jesús
La aceptación cultural de Jesús suele depender de una reducción cristológica. Jesús es reinterpretado como: Un reformador social, o bien un profeta de justicia, y en el mejor de los casos un maestro de ética universal.
En esta versión, Jesús inspira, pero no gobierna; aconseja, pero no juzga; acompaña, pero no reclama obediencia. Esta figura encaja perfectamente en una cultura pluralista, ya que no exige exclusividad ni confronta otras cosmovisiones.
Sin embargo, el Nuevo Testamento no presenta a Jesús principalmente como maestro moral, sino como el Cristo ungido, el Hijo resucitado y entronizado, que regresará como juez con una espada desenvainada. Como señala el apóstol Pablo, Dios lo exaltó “hasta lo sumo” y lo constituyó Señor (Flp 2:9–11). Este Cristo no puede ser simplemente admirado; debe ser confesado o rechazado.
El escándalo de la exclusividad
El principal punto de fricción entre la fe cristiana y la cultura contemporánea no es la ética de Jesús, sino su exclusividad soteriológica y su autoridad universal. La afirmación de que Cristo es el único mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2:5) resulta incompatible con una cosmovisión que concibe la verdad como relativa y la religión como una opción privada.
Desde esta perspectiva cultural, Jesús es aceptable solo mientras permanezca dentro del ámbito de lo subjetivo. El problema surge cuando Cristo reclama señorío sobre la historia, la moral y el destino humano. Como observó C. S. Lewis, la lógica del evangelio no permite reducir a Jesús a un mero maestro moral: o es Señor, o no es digno de ser seguido.[1]
Cristo resucitado: el límite de la tolerancia
La resurrección corporal de Cristo constituye otro punto decisivo de rechazo. Un Jesús simbólico puede ser integrado en narrativas culturales; un Cristo resucitado irrumpe en ellas. La resurrección no es solo un evento religioso verificable, sino una afirmación ontológica: Dios ha intervenido en la historia y ha vindicado públicamente a su Hijo.
Aceptar la resurrección implica reconocer que la muerte no tiene la última palabra y que la historia se dirige hacia un juicio final. Esta afirmación socava el proyecto secular, que busca sentido sin trascendencia y ética sin escatología.
Como advirtió N. T. Wright, la resurrección no es una experiencia interior, sino una proclamación pública del señorío de Cristo sobre el mundo. [2]Precisamente por eso resulta intolerable.
De Cristo a “Jesús”: una estrategia cultural
La separación entre “Jesús” y “Cristo” no es meramente teológica; es una estrategia cultural. Al despojar a Jesús de su identidad mesiánica y real, se lo vuelve inofensivo. Este proceso permite a la cultura occidental conservar una herencia cristiana estética y moral, mientras rechaza su núcleo confesional.
Sin embargo, esta fragmentación es inestable. Un Jesús sin Cristo carece de autoridad última y se convierte en un símbolo moldeable según las sensibilidades del momento. Paradójicamente, esta versión debilitada de Jesús pierde incluso su capacidad profética de confrontar la injusticia, ya que toda confrontación requiere autoridad.
Implicaciones para la Iglesia
La Iglesia enfrenta hoy la tentación de acomodarse
a esta dicotomía cultural, predicando un Jesús aceptable para mantener
relevancia social. No obstante, un cristianismo que evita proclamar a Cristo
como Señor resucitado termina perdiendo tanto el evangelio como su identidad.
Como advirtió Dietrich Bonhoeffer, seguir a Cristo implica confrontación, cruz y obediencia.[3] Un Jesús sin exigencias puede atraer multitudes, pero no forma discípulos.
Conclusión
La cultura contemporánea no rechaza a Jesús en abstracto; rechaza al Cristo bíblico. Tolera al maestro moral, pero no al Rey resucitado. Celebra al sanador compasivo, pero no al Juez escatológico. Esta distinción revela el corazón del conflicto entre el cristianismo histórico y el Occidente postcristiano.
El desafío para la Iglesia no es hacer a Cristo
más aceptable, sino proclamarlo fielmente. Solo el Cristo que resulta
intolerable para una cultura autónoma es capaz de ofrecer verdadera redención.
Un Jesús reducido a símbolo moral puede ser celebrado; el Cristo vivo debe ser
obedecido. Y precisamente por eso, sigue siendo una piedra de tropiezo.
¡Piensa en esto cristiano!
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Bibliografía:
[1] Mere Christianity
[2] N. T. Wright, “La resurrección del Hijo de Dios”, 2003
[3] Dietrich Bonhoeffer, “El costo del discipulado” 1937
https://textosfueradecontexto.blogspot.com/2026/01/jesus-aceptable-cristo-intolerable.html
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