martes, 26 de diciembre de 2023

YO ESTUVE EN UNA SECTA


#CreenciasQueEsclavizan
#DoctrinasQueManipula

Vivencias en una secta:

1) Unción de los genitales. Estuve en una secta cristiana en la que el pastor oraba por los genitales de los miembros de la secta. Imponía su mano a la altura del pubis y declaraba fertilidad, fecundidad, y sanidad. También declaraba perdón de los pecados sexuales. (Anónimo)

2) Rapar el cabello por pecados sexuales. (Anónimo)

3) El pastor reprendía al diablo en lenguas. (Anónimo)

4) Una vez el pastor dijo que Dios le habló acerca de una hermana de la iglesia que tenía que casarse con una persona específica. (Anónimo)

5) La esposa del pastor era la profeta, a ella le consultábamos prácticamente todo... la ropa que debíamos comprar, los viajes que debíamos hacer, los negocios en los que debíamos invertir, etc. (Anónimo)

6) Se enseñaba a hablar en lenguas a los nuevos convertidos. (Anónimo)

7) El pastor exigía que el liderazgo acatara una supuesta interpretación de la Biblia en la que los diezmos eran para el pastor y las ofrendas para la iglesia (gastos de la iglesia). (Anónimo)

8) El pastor enseñaba que cuando un cristiano tiene relaciones sexuales hay trasferencia de espíritus (demonios). (Anónimo)

9) Cuando un cristiano comete fornicación o adulterio el Espíritu Santo se le va y entran espíritus demoníacos. (Anónimo)

10)  El pastor nos prohibía hablar con miembros de otras iglesias, leer libros de otros autores, ir a otras iglesias e inclusive nos tenía prohibido usar otra Biblia que no sea la Reina Valera 1960. (Anónimo)

11) Sobre el ayuno. Ayunábamos todos, adultos, jóvenes e inclusive niños. Estaba prohibido comer bocado durante el ayuno. Un ayuno de un día era 24 horas sin probar bocado. Los ayunos podían ser de uno a tres o más días. (Anónimo)

12) Ritual de oración por enfermos terminales. Y hasta por muertos para que resuciten. (Anónimo)

13) Se practicaba cultos extáticos con trances. (Anónimo)

14) Prohibición de usar algunas ropas. Las mujeres solo usan faldas o faldones. Los hombres usan siempre pantalón y camisa, nunca un pantalón corto, nunca camisas de colores como el rojo, siempre de colores claros (son mas santos). (Anónimo)

15) A los cultos de la iglesia siempre íbamos con ropas blancas, tanto hombres como mujeres. (Anónimo)

16) El pastor le reveló a una hermana que ella sería una concubina del pastor. (Anónimo)

17) Participábamos de retiros espirituales donde se practicaban catarsis espirituales, en ellos la esposa del pastor hacía de medium y uno podía conversar con los familiares ya muertos para pedir perdón. (Anónimo)

18) No tomábamos café. (Anónimo)

19) Tanto hombres como mujeres usábamos el cabello recortado como para parecernos. Los hombres y las mujeres usaban ropas parecidas, el calzado que usábamos eran zapatillas blancas todos tanto hombres como mujeres. Se buscaba no diferenciarnos por el sexo. (Anónimo)

20) El pastor nos mandó hacer una "arca del pacto" con la que salíamos a dar la vuelta a la manzana de nuestra iglesia. (Anónimo)

21) Ungíamos con aceite las calles de la ciudad, los asientos o sillas de la iglesia, las casas de los hermanos, sus camas, etc. (Anónimo)

22) Traíamos nuestra ropa interior nueva para que los pastores oren por ellas. (Anónimo)

23) Los novios-desposados tenían un ritual previo a la boda en el que los sacerdotes ungían nuestros cuerpos desnudos antes de casarnos. (Anónimo)

24) El pastor nos dijo que la masturbación no era pecado si lo hacías pensando en tu cónyuge. (Anónimo)

25) Oración en los cerros. Tomar posesión de una ciudad desde un cerro o montaña. (Anónimo)

26) El pastor cayó en adulterio y su esposa lo disciplinó. Luego de unos meses en disciplina su esposa le devolvió el puesto de pastor otra vez. (Anónimo)

27) El pastor le daba un brebaje a base de agua con aceite a los endemoniados para forzarlos a vomitar ya que se creía que al vomitar expulsaban el demonio. Enseñaba que cuando un demonio posee a una persona lo hace alojándose en su estómago en una "burda imitación" de la llenura del Espíritu Santo en el creyente. (Anónimo)

28) El pastor invitaba a hermanas a que hagan limpieza su casa, le laven su ropa y le preparen la comida. Una vez a una de las mujeres de la iglesia la puso en disciplina y su castigo era que vaya a la casa del pastor a limpiar los baños.

¡Cuéntanos tu historia!

Estamos recopilando historias de ex-miembros de sectas, si te interesa escríbenos por whatsapp al +51 949 003 030 o por correo a manueljesuspd@gmail.com, al término de la recopilación esperamos hacer una producción literaria. Ayúdanos a que más personas salgan de las sectas destructivas.

sábado, 23 de diciembre de 2023

LA ENCARNACIÓN DE CRISTO Y LA NAVIDAD



 

LA ENCARNACIÓN DE CRISTO Y LA NAVIDAD

La encarnación de Cristo es uno de los pilares fundamentales del cristianismo y sirve de base para la celebración de la Navidad. Este evento extraordinario, donde la Palabra divina se hizo carne, es un misterio profundo y glorioso, central para la fe cristiana y la comprensión del amor y la gracia de Dios.

1. El significado de la encarnación

La encarnación de Cristo se puede entender mejor a través del prólogo del Evangelio de Juan (Juan 1:1-14). En este extracto, el apóstol Juan explica de manera poética y teológica cómo el Verbo, que estaba con Dios y era Dios desde el principio, vino a habitar entre nosotros en forma humana. Este "Verbo hecho carne" es Jesucristo, expresión viva y humana de Dios. La encarnación es un misterio profundo de la fe cristiana, que representa la unión de la divinidad completa y la humanidad completa en una sola Persona, Jesucristo.

2. La Encarnación en las Escrituras

La Biblia está llena de referencias a la encarnación. En Isaías 7:14, el profeta predice la venida de un niño cuyo nombre será Emanuel, que significa "Dios con nosotros". Esta profecía se cumple en Jesús, como se informa en Mateo 1:23. En Filipenses 2:6-8, Pablo describe cómo Cristo, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. En Lucas 1:35, el ángel Gabriel anuncia a María que el hijo que le nacería sería llamado Hijo del Altísimo, concebido por obra del Espíritu Santo.

3. La Encarnación y la Navidad

La Navidad, tradicionalmente celebrada el 25 de diciembre, conmemora el nacimiento de Jesucristo. Esta festividad tiene sus raíces en la encarnación, celebrando el momento en que Dios entró en la historia de la humanidad como un bebé en Belén. El nacimiento virginal de Cristo, un elemento central de la historia de Navidad, es importante porque resalta tanto la humanidad plena de Jesús (nacido de mujer) así como su plena divinidad (concebida por obra del Espíritu Santo).

4. Implicaciones teológicas de la encarnación

La encarnación tiene profundas implicaciones teológicas. En primer lugar, muestra el inmenso amor y la humildad de Dios, que eligió descender al nivel de la humanidad para revelarse y redimir a la humanidad. En segundo lugar, la encarnación de Cristo es fundamental para comprender la obra redentora de Cristo, ya que sólo alguien que es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre podría mediar entre Dios y los hombres y ofrecer un sacrificio perfecto por los pecados de la humanidad, como se explica en Hebreos 2:17. 

5. La Encarnación y la Vida Cristiana

La encarnación también tiene implicaciones prácticas para la vida cristiana. Sirve como el modelo supremo de humildad y servicio, como se ejemplifica en la vida y el ministerio de Jesús. Además, la encarnación nos asegura que Dios comprende plenamente la experiencia humana, incluidos nuestros gozos, sufrimientos y tentaciones, como se afirma en Hebreos 4:15.

La celebración de la Navidad, por tanto, es mucho más que un evento cultural o una tradición familiar. Es una celebración de la encarnación de Cristo, el evento singular en la historia humana donde Dios se hizo hombre para vivir entre nosotros, compartir nuestras experiencias y finalmente sacrificarse por nuestra redención. Esta celebración es un recordatorio anual del amor y la gracia de Dios, y una oportunidad para reflexionar sobre el significado más profundo de la venida de Cristo al mundo.


-Augustus Nicodemus

lunes, 18 de diciembre de 2023

¿Esperaba Pablo un “rapto secreto”?


Una evaluación crítica de la escatología paulina frente al dispensacionalismo moderno


Desde el siglo XIX, la teología dispensacionalista ha popularizado la idea de un “rapto secreto” previo a la parusía de Cristo, concebida como una primera fase invisible del retorno del Señor, seguida posteriormente por una venida visible y gloriosa. Este artículo examina críticamente dicha doctrina a la luz de la escatología paulina, particularmente en 1 Corintios 15 y 1 Tesalonicenses 4:13–18. Se argumenta que la concepción paulina de la parusía es un evento único, público y escatológicamente culminante, incompatible con una estructura bifásica del retorno de Cristo. El análisis exegético, léxico e histórico demuestra que el “rapto secreto” no forma parte del pensamiento del apóstol Pablo, sino que representa una innovación teológica ajena tanto al Nuevo Testamento como a la tradición cristiana histórica.


Introducción histórica y problema teológico

La doctrina del rapto pretribulacional, tal como es enseñada en amplios sectores del evangelicalismo contemporáneo, sostiene que Cristo regresará en dos etapas: primero, de manera secreta para arrebatar a la Iglesia al cielo, y luego, tras un período de tribulación, en una venida pública para juzgar al mundo. Esta formulación es históricamente reciente y se asocia principalmente con John Nelson Darby y el desarrollo del dispensacionalismo en el siglo XIX.

La pregunta central que este artículo aborda es la siguiente: ¿puede esta doctrina derivarse legítimamente de la escatología del apóstol Pablo? La respuesta propuesta es negativa. Un análisis cuidadoso de los textos paulinos revela una visión escatológica unificada, en la cual la resurrección de los creyentes, la parusía de Cristo y el juicio final convergen en un solo evento histórico-escatológico.


Resurrección y parusía: una unidad inseparable en Pablo

En 1 Corintios 15:22–23, Pablo declara:

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida (παρουσία)”.

El texto establece una relación directa e inequívoca entre la resurrección de los creyentes y la parusía de Cristo. No se mencionan dos resurrecciones ni dos venidas, sino un solo clímax escatológico. Como observa Herman Ridderbos, “para Pablo, la parusía no es un evento preliminar, sino el acto final mediante el cual Cristo consuma su obra redentora y somete todas las cosas al Padre” (Paul: An Outline of His Theology, Eerdmans).

De manera similar, Geerhardus Vos subraya que la escatología paulina está estructurada alrededor de una “escatología ya–todavía no”, pero que culmina en un único acto final de revelación gloriosa de Cristo, no en una serie fragmentada de retornos (The Pauline Eschatology).

La doctrina del rapto secreto, al separar la resurrección de la parusía visible, introduce una discontinuidad que Pablo jamás articula.


“Salir a recibir al Señor”: εἰς ἀπάντησιν y su trasfondo histórico

Uno de los textos clave en el debate es 1 Tesalonicenses 4:17, donde Pablo afirma que los creyentes serán arrebatados “para recibir (εἰς ἀπάντησιν) al Señor en el aire”. El significado de esta expresión ha sido ampliamente estudiado en la literatura académica.

El término εἰς ἀπάντησιν era utilizado en el mundo grecorromano para describir la acción de salir al encuentro de una autoridad que llegaba a una ciudad, con el propósito de acompañarla en su entrada oficial. Gordon D. Fee señala que “la imagen no es la de una retirada del mundo, sino la de una procesión real en honor al Señor que llega” (The First and Second Letters to the Thessalonians, NICNT).

Esta lectura es compartida por N. T. Wright, quien afirma que Pablo describe “el encuentro del pueblo de Dios con el Rey que regresa, no una evacuación celestial, sino la inauguración pública de su reinado” (Surprised by Hope).

Por tanto, el lenguaje de 1 Tesalonicenses 4 apunta a una bienvenida real y pública, coherente con una parusía visible, no con un rapto secreto.


“En el aire” y “en las nubes”: lenguaje teofánico, no escapista

El texto paulino afirma que el encuentro con Cristo ocurre “en las nubes” y “en el aire”, no “en el cielo”. Pablo es preciso en su vocabulario: cuando desea referirse al “tercer cielo”, lo hace explícitamente (cf. 2 Corintios 12:2). Aquí, en cambio, emplea un lenguaje teofánico, común en las manifestaciones divinas del Antiguo Testamento.

Geerhardus Vos destaca que las “nubes” en la Escritura no indican un destino geográfico, sino la esfera de la manifestación divina y real de Dios en la historia. Este simbolismo refuerza la idea de revelación pública, no de ocultamiento.

El literalismo dispensacional, al insistir en una lectura estrictamente espacial del texto, pasa por alto la función simbólica y regia del lenguaje empleado por Pablo.


La parusía en la teología paulina global

Cuando se consideran otros textos paulinos —como 2 Tesalonicenses 1:6–10 o Romanos 8:18–25— emerge un patrón consistente: la parusía es el momento de juicio, vindicación, resurrección y renovación de la creación. Ridderbos resume esta visión afirmando que “la esperanza cristiana en Pablo no es la huida del mundo, sino su transformación bajo el señorío de Cristo”.

No existe evidencia textual de que Pablo haya concebido una parusía dividida en fases, ni mucho menos una venida secreta previa a un juicio posterior.


Conclusión

El análisis exegético, histórico y teológico de los textos paulinos conduce a una conclusión clara: el apóstol Pablo no enseñó ni anticipó un “rapto secreto” previo a la parusía. Esta doctrina surge de un sistema hermenéutico moderno que fragmenta artificialmente el retorno de Cristo y lo separa de la resurrección y el juicio final.

La escatología paulina, tal como la entienden Vos, Ridderbos, Fee y Wright, presenta una visión unificada, pública y gloriosa de la parusía. En consecuencia, el “rapto secreto” debe ser reconocido no como una enseñanza apostólica, sino como una innovación teológica del siglo XIX, ajena tanto al texto bíblico como a la tradición cristiana histórica.


¡Piensa en esto cristiano!

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Bibliografía 

  • Fee, Gordon D. The First and Second Letters to the Thessalonians. NICNT. Eerdmans.

  • Ridderbos, Herman. Paul: An Outline of His Theology. Eerdmans.

  • Vos, Geerhardus. The Pauline Eschatology. Baker.

  • Wright, N. T. Surprised by Hope. HarperOne.


sábado, 18 de noviembre de 2023

IMPRESIONES PROFÉTICAS Y LENGUAJE DE JUICIO EN LA ESCRITURA


 

Una lectura histórico-profética desde Isaías hasta el Nuevo Testamento

Introducción

Uno de los errores más persistentes en la interpretación profética bíblica consiste en leer el lenguaje escatológico de forma literalista y cronológica, como si los profetas hubieran recibido esquemas detallados de eventos futuros o descripciones científicas del colapso del universo físico. Sin embargo, un examen cuidadoso del lenguaje profético —particularmente en textos de juicio— revela que los profetas operaban mediante imágenes simbólicas intensas, destinadas a comunicar el significado teológico de actos históricos concretos.

Este artículo sostiene que los profetas del Antiguo Testamento, así como los autores del Nuevo Testamento, recibieron lo que aquí denominamos “impresiones proféticas”: visiones unitarias de juicio y restauración que no distinguen explícitamente entre eventos separados por décadas o siglos. Esta característica hermenéutica resulta clave para interpretar correctamente textos que hablan del “Día de Jehová”, de la “venida” de Dios, y de alteraciones cósmicas.

Para demostrarlo, analizamos Isaías 13 como caso paradigmático, y posteriormente mostramos cómo este mismo patrón hermenéutico se extiende al Nuevo Testamento, particularmente en Joel 2, Hechos 2 y los anuncios de la “venida del Hijo del Hombre” por parte de Jesucristo.

Isaías 13 y el juicio histórico contra Babilonia

Isaías profetiza la caída de Babilonia alrededor del año 730 a.C., mucho antes de su destrucción efectiva en el 539 a.C. a manos del Imperio medo-persa. El capítulo 13 constituye una profecía explícita “sobre Babilonia” (Is 13:1), lo cual fija de manera inequívoca su referente histórico.

El lenguaje empleado es deliberadamente intenso:

“Vienen… Jehová y los instrumentos de su ira, para destruir toda la tierra… haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar…” (Is 13:5, 13)

La clave hermenéutica es reconocer que este lenguaje no describe un evento cósmico literal, sino un acto histórico de juicio divino expresado en categorías universales.

“Viene Jehová”: lenguaje de venida judicial

Cuando el texto declara que “Jehová viene”, no debe entenderse como una venida corporal o visible de Dios al espacio geográfico de Babilonia. En el lenguaje profético, la “venida” de Yahvé es una forma técnica de describir su intervención judicial en la historia.

Este patrón se repite consistentemente en la Escritura: Dios “viene” cuando juzga, cuando derroca reinos, cuando vindica su soberanía. La venida es judicial y pactual, no espacial.

“Los instrumentos de su ira”: mediación histórica del juicio

Isaías identifica explícitamente a los medos como los instrumentos del juicio divino (Is 13:17). El juicio no ocurre por intervención directa sobrenatural, sino mediante agentes históricos concretos. El cumplimiento histórico en el año 539 a.C., durante el reinado de Belsasar (cf. Daniel 5), confirma esta lectura.

Esto demuestra que el lenguaje profético puede atribuir una acción directamente a Dios (“Jehová viene”) y, simultáneamente, describirla como ejecutada por ejércitos humanos, sin contradicción.

El “Día de Jehová” como día de juicio histórico

En Isaías 13, el “Día de Jehová” no es el fin del mundo, sino el día del juicio contra Babilonia. Esto establece un principio hermenéutico crucial:
existen múltiples “días de Jehová” en la historia redentora.

Estos días funcionan como anticipaciones tipológicas del Juicio Final, pero no se identifican automáticamente con él. La Escritura exige distinguir entre:

  • días de juicio locales y temporales

  • el Día del Juicio final y universal

“Toda la tierra” y “sus moradores”: alcance contextual

El lenguaje profético frecuentemente utiliza expresiones universales (“toda la tierra”, “todos los moradores”) para referirse al ámbito del juicio específico. En Isaías 13, “toda la tierra” es la esfera del dominio babilónico, no el planeta en sentido moderno.

Este mismo principio se aplica a textos del Nuevo Testamento como Mateo 24:30 o Apocalipsis 1:7, donde “las tribus de la tierra” deben entenderse a la luz del contexto pactual e histórico, particularmente en referencia a la tierra de Israel.

Alteraciones cósmicas como lenguaje de derrocamiento político

Las imágenes de oscurecimiento del sol, caída de estrellas y conmoción de los cielos pertenecen al lenguaje simbólico del derrocamiento de poderes. En el mundo antiguo, el orden cósmico reflejaba el orden político; su colapso simbolizaba la caída de reinos y gobernantes.

El cumplimiento histórico demuestra que no se trata de fenómenos astronómicos literales, sino de lenguaje teológico para describir juicio soberano.

“Como Sodoma y Gomorra”: sentencia de destrucción pactual

Comparar una ciudad con Sodoma y Gomorra es una fórmula profética de condenación total. Apocalipsis 11:8 aplica este mismo lenguaje a Jerusalén, reforzando la continuidad profética entre Isaías y el Nuevo Testamento.

La naturaleza de las impresiones proféticas

Los profetas no recibieron cronogramas detallados, sino visiones unitarias donde juicio, restauración y reino aparecen superpuestos. Para ellos, un gran acto de juicio parecía inmediatamente seguido por la instauración del reino mesiánico.

Este fenómeno explica por qué Pedro, en Hechos 2, identifica el Pentecostés como cumplimiento de Joel 2, incluyendo lenguaje cósmico que no se manifestó literalmente. Pedro interpreta correctamente el texto según el género profético, no según una lectura literalista moderna.

Implicaciones para la “venida del Hijo del Hombre”

Este patrón hermenéutico ilumina las declaraciones de Jesús sobre la “venida del Hijo del Hombre” (Mt 10:23; 16:28; 24:27–30; 26:64). En estos textos, Jesús emplea lenguaje profético judicial, no descripciones del Juicio Final.

La “venida” anunciada en estos pasajes encuentra su cumplimiento histórico en el juicio contra Jerusalén en el año 70 d.C., sin negar por ello la Segunda Venida corporal y gloriosa futura.

Conclusión

El estudio del lenguaje profético demuestra que:

  1. Existen múltiples “días del Señor” en la historia redentora.

  2. Los profetas operan mediante impresiones proféticas, no esquemas cronológicos.

  3. El lenguaje cósmico expresa juicio histórico con significado teológico universal.

  4. Jesús, como profeta escatológico, emplea este mismo lenguaje para anunciar el juicio pactual sobre Jerusalén.

  5. Reconocer esto no niega la Segunda Venida futura, sino que preserva la fidelidad profética de Cristo.

La pregunta decisiva no es si Jesús habló del juicio, sino de cuál juicio hablaba en cada contexto. La evidencia bíblica indica que, en los textos sinópticos previos al año 70 d.C., hablaba del juicio contra Jerusalén; y que el Juicio Final pertenece a otro horizonte escatológico, distinto pero coherente dentro del mismo marco profético.

¡Piensa en esto!





lunes, 13 de noviembre de 2023

Como el relámpago sale del oriente







Los cristianos están muy conscientes del significado histórico-redentor sin paralelo de la encarnación, la crucifixión, la resurrección y la ascensión de Cristo. Estamos igualmente bien informados de Su victorioso derramamiento del Espíritu Santo sobre la Iglesia en Pentecostés. Sin embargo, muy pocos creyentes están apercibidos del significado del derramamiento de la santa ira de Cristo sobre Jerusalén en el año 70 d. C.


El Antiguo Testamento está repleto de signos y símbolos que prefiguran la obra de Cristo.

Aún así, los acontecimientos del año 70 d. C. ocupan un lugar importante en la profecía del Nuevo Testamento, sirviendo como una dramática consecuencia de la primera venida. El holocausto del año 70 d. C. aparece en varias profecías en el Evangelio de Lucas (Lc 13:32-35; 19:41-44; 21:20-24 y 23:28-31). Además, no solo es el tema de muchas de las parábolas del Señor (por ejemplo, Mt 21:33-45; 22:1-14), sino que es incluso la causa de Su triste lamento por Jerusalén (Mt 23:37). Y ese lamento introduce uno de Sus más largos discursos registrados, uno que inicialmente se centra en ese trágico año (Mt 24–25).

Consideremos el significado del año 70 d. C. en cuatro áreas:

Corrobora la autoridad de Cristo

La catástrofe del año 70 d. C. es el resultado de la palabra profética de Cristo, lo que corrobora Su autoridad mesiánica de una manera dramática. El año 70 d. C. demuestra que Su profecía no es solo una palabra verdadera de Dios (Dt 18:22) sino una palabra de juicio contra el pueblo de Dios.

La petición de los discípulos de una «señal» que marcara «la consumación de este siglo» (Mt 24:3) es lo que suscita el Discurso de los Olivos en Mateo 24 y 25. Hasta el 24:34, Jesús se enfoca en la destrucción de Jerusalén: la devastación de la ciudad santa y la conflagración de su santo templo se convierten en «la señal del Hijo del Hombre en el cielo» (v. 30, RV60). De modo que, cuando el holocausto del primer siglo estalla sobre Israel, definitivamente manifiesta la autoridad divina de Aquel que está ahora en el cielo (ver Mt 26:59-64; Lc 23:20-31).

Muchos cristianos no entienden el significado de la venida de Jesús sobre las nubes en Mateo 24:30 por dos razones. Primero, no están familiarizados con los pasajes apocalípticos del Antiguo Testamento en los que los juicios divinos se manifiestan con venida de nubes (Is 19:1). Segundo, pasan por alto las pistas interpretativas en Mateo 24: la mención de la destrucción del templo (v. 2), el enfoque en Judea (v. 16) y la proximidad temporal de todos los eventos entre los versículos 4 y 34 (v. 34). De hecho, Jesús advierte a los mismos hombres que lo juzgaban: «Desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder, y viniendo sobre las nubes del cielo» (Mt 26:64b).

Ciertamente, así es como la Iglesia primitiva leía Mateo 24. Refiriéndose al año 70 d. C., Eusebio destaca «el pronóstico infalible de nuestro Salvador en el cual Él expuso proféticamente estas mismas cosas» (Historia eclesiástica, 3:7:1).


Concluye la antigua economía

El Antiguo Testamento está repleto de signos y símbolos que prefiguran la obra de Cristo. Sin embargo, la naturaleza misma de esa era tipológica exige que esta fuera un paso temporal hacia la plena conclusión redentora e histórica que Cristo propició , una etapa pasajera que avanza hacia un gran clímax. En efecto, la vitalidad del nuevo pacto no podía estar contenida en las restricciones del antiguo pacto de un pueblo étnico, una tierra geográfica y un templo tipológico, ya que «nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque entonces los odres se revientan, el vino se derrama y los odres se pierden» (Mt 9:17a).

El Nuevo Testamento frecuentemente señala este cambio inminente en la administración pactual. Por ejemplo, Hebreos 8:13 declara: «Cuando Él dijo: “Un nuevo pacto”, hizo anticuado al primero; y lo que se hace anticuado y envejece, está próximo a desaparecer». De hecho, el libro de Hebreos advierte a los judíos conversos que no se regresen al judaísmo, especialmente «al ver que el día [año 70 d. C.] se acerca» (Heb 10:25). Tal apostasía los regresaría a una copia material y a punto de desaparecer de la verdad, porque Cristo ha llevado al pueblo de Dios a «un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos» (Heb 9:11; cp. 9:24). Dejando a un lado las estructuras del antiguo pacto, el año 70 d. C. asegura el esquema final del nuevo pacto.


Confirma el ministerio a los gentiles

La Iglesia primitiva estuvo tentada a descansar satisfecha en la misión judía (lo atestigua la experiencia de Pedro en Hechos 10-11). Con el creciente ministerio de Pablo, esto comienza a cambiar. Este importante cambio de enfoque de una misión judía palestina a una misión gentil mundial es finalmente sellada en el año 70 d. C.

Regresando a Mateo 24, vemos que a raíz de la destrucción del templo, Cristo enviará a Sus «mensajeros» (angeloi en griego, aquí son mensajeros humanos) «con una gran trompeta y reunirán a Sus escogidos de los cuatro vientos» (Mt 24:31a). Así que, en la caída de Jerusalén, el jubileo final (ver Lv 25), la salvación eterna, será declarada para todo el mundo. Ahora que las restricciones del antiguo pacto son eliminadas para siempre, el mundo se convierte en el campo de misión para la Iglesia.

Ciertamente, Pablo relaciona proféticamente el éxito final de la misión a los gentiles con la «caída» de Israel, es decir, su tropiezo con Cristo y la consecuente destrucción del año 70 d. C. Porque su caída es «riqueza para el mundo» y su fracaso es «riqueza para los gentiles» (Rom 11:12). En verdad, el «excluirlos a ellos es la reconciliación del mundo» (Rom 11:15a).


Nos confronta con Su severidad

El año 70 d. C. enfatiza la realidad, no solo de la bondad de Dios, sino también de Su severidad. Pablo advierte a los que se autodenominan el pueblo de Dios: «Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en Su bondad; de lo contrario también tú serás cortado» (Rom 11:22).

La «severidad» que cae sobre los judíos en el año 70 d. C. muestra el juicio de Dios sobre su incredulidad y rebelión. Aunque Israel tenía una herencia gloriosa (Rom 9:3-5), aunque su «raíz es santa» (Rom 11:16), esta severidad ilustra trágicamente las consecuencias de fallar en una responsabilidad santa. Todos debemos aprender la lección aquí expuesta: «A todo el que se le haya dado mucho, mucho se demandará de él» (Lc 12:48b). El juicio de Israel en el año 70 d. C. enfatiza la impresionante obligación que resulta del llamamiento divino. Pero mientras Israel se marchita bajo el calor abrasador de la severa ira de Dios, los gentiles florecen en las frescas aguas de la buena misericordia de Dios (Rom 11:12,15; Hch 13:46-47). Tal es la bondad de Dios. No obstante, los gentiles también deben tomarse en serio la lección, «porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará» (Rom 11:21).

El fantasma del año 70 d. C. persigue el registro del Nuevo Testamento (siendo profetizado frecuente y vigorosamente). Su ocurrencia impacta dramáticamente la historia del primer siglo (siendo uno de sus eventos más fechables y catastróficos) y confirma importantes verdades históricas y redentoras (la autoridad suprema de Cristo, la conclusión de la economía del antiguo pacto, la naturaleza universal del Evangelio y el juicio de Israel) e imparte importantes lecciones prácticas para nosotros (nuestro alto llamado conlleva obligaciones santas). Haríamos bien en aprender de los caminos de Dios entre los hombres.

Tomado de Ligonier.

Kenneth L. Gentry, Jr. es un ministro presbiteriano jubilado, autor de numerosos libros de teología y estudios bíblicos y conferencista que ha hablado en toda América, en el Caribe y en Australia. Es un cristiano conservador, evangélico y reformado.

¿PABLO HABLÓ DE MILENIO ALGUNA VEZ?






Geerhardus Vos sobre el Milenio

El Nuevo Testamento limita el acontecimiento de la resurrección a una sola época, y en ninguna parte se enseña, como el quiliasmo asume, una resurrección en dos etapas, una en la parusía de los santos o mártires y una segunda al final del milenio. Aunque la doctrina de un reino mesiánico provisional (temporal), anterior a la consumación del mundo, es de origen judío precristiano, no se había desarrollado en el judaísmo hasta el punto de asumir una resurrección repetida; la resurrección general siempre se coloca al final.

Los pasajes a los que apela esta doctrina de una doble resurrección son principalmente Hch 3.19-21; 1Co 15.23-28; Filip 3.9-11; 1Tes 4.13-18; 2Tes 1.5-12; Apo 20.1-6. En el primer pasaje, Pedro promete "tiempos de refrigerio", cuando Israel se arrepienta y se vuelva a Dios. La llegada de éstos coincide con el envío del Cristo a los judíos, es decir, con la parusía. Se argumenta que Pedro en Hechos 3.21, "a quien los cielos deben (tiempo presente) recibir hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas", lugares después de esta venida de Jesús a su pueblo un retiro renovado del Señor en el cielo, Ser seguido a su vez, después de un cierto intervalo, por la restauración de todas las cosas. Las "estaciones de la restauración" constituirían entonces el milenio con Cristo presente entre Su pueblo. 

Si bien esta interpretación no es gramaticalmente imposible, no hay espacio para ello en el esquema general de la escatología petrina, pues la parusía de Cristo se representa en otra parte como no trayendo una presencia provisional, sino como trayendo el día del Señor, el día De juicio (Hch 2.17-21). El punto de vista correcto es que "las estaciones de la restauración" y "los tiempos de la restauración de todas las cosas" son idénticas; La última frase se refiere a las perspectivas tanto de Israel como de la primera, y no debe entenderse en el sentido técnico posterior. El presente en Hch 3.21 "debe recibir" no indica que la recepción de Cristo en el cielo todavía está en el futuro, sino que formula un principio escatológico fijo, es decir, que después de su primera aparición el Cristo debe ser retirado al cielo hasta la hora de la  llegada de la parusía. 

En 1Co 15: 23-28 se distinguen dos -tagmas-, "órdenes" de la resurrección, y se insta a que éstas consistan en "creyentes" y "no creyentes". Pero aquí no hay ninguna reflexión sobre los no creyentes, las dos "órdenes" son Cristo y los que no son de Cristo. "El fin" en 15:24 no es la etapa final de la resurrección, es decir, la resurrección de los no creyentes, sino el final de la serie de acontecimientos escatológicos. El reino de Cristo, que termina con el fin, no es un reino que empieza con la parusía, sino que data desde la exaltación de Cristo; es para Pablo, algo no futuro, más bien ya en funcionamiento. 

En 1 Tesalonicenses 4.13-18 la presuposición no es que los lectores se habían preocupado por una posible exclusión de sus muertos del reinado provisional de Cristo y de una primera resurrección, sino que se habían entristecido como los gentiles que no tienen esperanza alguna, es decir, habían dudado del hecho de la resurrección como tal. Pablo les da en consecuencia en 4.14 la garantía general de que en la resurrección de Jesús el de los creyentes está garantizado. El verbo "preceder" en 4.15 no implica que hubo pensamiento de precedencia en el goce de la gloria, sino que es sólo una manera enfática de afirmar que los muertos no estarán un momento atrasados en heredar con los vivos la bienaventuranza de la Parousia. En 1 Tes 4.17, "así estaremos siempre con el Señor", la palabra "siempre" excluye la concepción de un reino provisional. 2 Tesalonicenses 1.5-12 contiene sólo el pensamiento general de que los sufrimientos y la gloria, la persecución y la herencia del reino están unidos entre sí. No hay nada que demuestre que esta gloria y reino sean otra cosa que el estado final, el reino de Dios (2 Tesalonicenses 1.5 ). 

En Filipenses 3.9-11, se afirma, Pablo representa el logro de la resurrección como dependiente de un esfuerzo especial de su parte, por lo tanto, como algo que no está reservado para todos los creyentes ("si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos."). Puesto que la resurrección general pertenece a todos, se debe significar una gracia especial de resurrección, es decir, la inclusión en el número de los que se elevarán en la parusía, en la apertura del reino milenial. La respuesta a esto es, que era muy posible que Pablo hiciera la resurrección como tal dependiendo del progreso del creyente en la gracia y conformidad con Cristo, viendo que no es un acontecimiento fuera de toda relación con su desarrollo espiritual, sino que el clímax de un proceso orgánico de transformación iniciado en esta vida. Y en el versículo 20 la resurrección de todos se une a la parousía. (1)

El pasaje Apo 20.1-6 a primera vista es muy favorable a la concepción de un reinado milenario de Cristo, participado por los mártires, resucitado en una primera resurrección y marcado por la suspensión de la actividad de Satanás. Y se insiste en que la secuencia de visiones coloca este milenio después de la parusía de Cristo narrada en Apo 19. La cuestión de la secuencia histórica, sin embargo, es difícil de decidir en Apocalipsis. En otras partes del libro, el principio de la "recapitulación", es decir, de la comodidad de las cosas sucesivamente representadas, parece subyacer a las visiones, y los números están en otra parte del libro significados simbólicamente. Estos hechos dejan abierta la posibilidad de que los mil años sean sincrónicos con los desarrollos anteriores registrados y describan simbólicamente el estado de vida glorificada disfrutado con Cristo en el cielo por los mártires durante el período intermedio anterior a la parusía. 

¿De dónde viene la idea de quiliasmo?
Los términos empleados no sugieren una resurrección corporal anticipada. El vidente habla de "almas" que "vivieron" y "reinaron", y encuentran en esto la primera resurrección. La escena de esta vida y reinado está en el cielo, donde también se ven las "almas" de los mártires ( Apo 6.9 ). Las palabras "ésta es la primera resurrección" pueden ser una negación acentuada de una interpretación más realista (quiliasmo) de la misma frase. El simbolismo de los mil años consiste en que contrasta el estado glorioso de los mártires, por un lado, con el breve período de tribulación que se pasa aquí en la tierra y, por otro, con la vida eterna de la consumación. La vinculación de Satanás para este período marca la primera conquista escatológica de Cristo sobre las potencias del mal, a diferencia de la actividad renovada que Satanás mostrará hasta el final al plantear contra la iglesia otras fuerzas aún no introducidas hasta el momento en el conflicto. En cuanto a un libro tan enigmático, era presuntuoso hablar con cualquier grado de dogmatismo, pero la ausencia uniforme de la idea del milenio de la enseñanza escatológica del Nuevo Testamento en otros lugares debía hacer al exegeta cauteloso antes de afirmar su presencia aquí. (2)

(1) Geerhadus Vos, "La escatología paulina y el quiliasmo", PTR, 1911, 26-60.
(2) B.B. Warfield, "El Milenio y el Apocalipsis", PTR, 1904, 599-617.

jueves, 26 de octubre de 2023

¿Un templo futuro o la consumación del templo en Cristo?


Un análisis reformado de Ezequiel 40–48 y sus propuestas de cumplimiento

Resumen

Ezequiel 40–48 presenta una de las visiones proféticas más extensas y complejas del Antiguo Testamento: la descripción de un templo glorioso, el retorno de la gloria divina, la restauración del culto, la renovación de la tierra y la inclusión de los gentiles. A lo largo de la historia de la interpretación bíblica, este pasaje ha dado lugar a múltiples propuestas de cumplimiento. El presente artículo analiza críticamente tres interpretaciones principales —histórica, dispensacional y cristocéntrica— y sostiene que la lectura reformada, que entiende el templo como una realidad escatológica cumplida en Cristo y su pueblo, es la que mejor armoniza el texto de Ezequiel con el testimonio del Nuevo Testamento y la unidad del plan redentor de Dios.

Introducción

La pregunta central que plantea Ezequiel 40–48 no es meramente arquitectónica, sino teológica: ¿de qué manera habitará Dios nuevamente con su pueblo después del juicio y el exilio?. El profeta, escribiendo a una comunidad desplazada y despojada de sus símbolos centrales de identidad, emplea un lenguaje cultual y territorial para comunicar esperanza, restauración y presencia divina.

Sin embargo, el desafío hermenéutico surge al intentar determinar si esta visión debe entenderse:

  1. como una restauración histórica inmediata,

  2. como un templo literal futuro aún por construirse, o

  3. como una realidad escatológica cumplida en Cristo y consumada en el estado eterno.

Contexto histórico y función profética de Ezequiel 40–48

Ezequiel recibe la visión del templo después de la destrucción del templo de Salomón (586 a.C.), cuando la presencia de Dios parecía haberse retirado de Jerusalén. La visión cumple una función pastoral y pactual: asegurar al pueblo que Yahvé no ha abandonado su propósito de morar con ellos.

Los elementos centrales de la visión incluyen:

  • el retorno de la gloria de Dios (Ez 43),

  • la purificación del culto (Ez 44–46),

  • la transformación interior del pueblo (Ez 36),

  • la inclusión de extranjeros en la heredad (Ez 47:22),

  • un príncipe davídico que gobierna al pueblo (Ez 34; 37; 44),

  • un río de vida que fluye desde el templo (Ez 47).

Estos elementos indican que la visión trasciende una mera reconstrucción edilicia y apunta a una restauración integral del orden pactual.

Evaluación de las propuestas de cumplimiento

1. Opción (A): Cumplimiento en el Segundo Templo

Esta interpretación sostiene que Ezequiel 40–48 se cumplió en la reconstrucción del templo bajo Zorobabel (537 a.C.) y su posterior ampliación en tiempos de Herodes.

Si bien esta opción reconoce correctamente un cumplimiento histórico real tras el exilio, presenta dificultades significativas:

  • la gloria visible de Yahvé descrita en Ez 43 no regresó de manera manifiesta,

  • el templo postexílico fue inferior en esplendor (Hag 2:3),

  • los elementos cósmicos y escatológicos de la visión nunca se realizaron literalmente.

Por ello, desde una perspectiva reformada, esta opción debe entenderse como un cumplimiento parcial y tipológico, pero no definitivo.

2. Opción (B): Templo literal futuro en el Milenio (dispensacionalismo)

El dispensacionalismo interpreta Ezequiel 40–48 como la descripción de un templo literal futuro, reconstruido durante el milenio, con la reanudación de sacrificios animales de carácter “conmemorativo”.

Esta postura enfrenta objeciones teológicas de gran peso:

  • introduce categorías no explícitas en el texto (cuarto templo, sacrificios conmemorativos),

  • entra en conflicto con Hebreos 8–10, que afirma la suficiencia y finalidad del sacrificio de Cristo,

  • fragmenta la unidad del pueblo de Dios al separar Israel e Iglesia,

  • ignora que Apocalipsis retoma la visión de Ezequiel eliminando la necesidad de un templo (Ap 21:22).

Desde la cosmovisión reformada, esta opción resulta incompatible con la teología del Nuevo Testamento.

3. Opción (C): Templo espiritual en Cristo y su pueblo (lectura reformada)

La interpretación reformada sostiene que Ezequiel emplea lenguaje simbólico–cultual para describir una realidad escatológica mayor, cumplida progresivamente en Cristo y consumada en el estado eterno.

Esta lectura se apoya en varios ejes bíblicos:

  • Cristo es el verdadero templo (Jn 2:19–21),

  • la Iglesia es ahora el templo del Espíritu (Ef 2:19–22),

  • la transformación del corazón prometida en Ez 36 se cumple en la regeneración,

  • la inclusión de los gentiles se realiza plenamente en el evangelio,

  • el río de vida de Ez 47 reaparece en Ap 22, donde ya no hay templo porque Dios mismo habita con su pueblo.

Esta opción preserva la unidad del plan redentor, la centralidad de Cristo y la escatología inaugurada del Nuevo Testamento.

Tabla comparativa de las tres interpretaciones (A–B–C)

Aspecto(A) Segundo Templo(B) Templo Milenial Dispensacional(C) Templo en Cristo (Reformada)
Tipo de cumplimientoHistórico–parcialFuturo–literalEscatológico–cristocéntrico
Naturaleza del temploFísico, postexílicoFísico, futuroEspiritual y redentor
Gloria de DiosNo manifestada plenamenteRestaurada visiblementePresente en Cristo y su pueblo
SacrificiosContinuación mosaicaRestaurados “conmemorativos”Abolidos en la cruz
Príncipe davídicoGobernante históricoRey político futuroCristo, Hijo de David
Inclusión de gentilesLimitadaSecundariaPlena en el evangelio
Relación con HebreosTensiónContradicciónArmonía plena
Consumación finalDestrucción en 70 d.C.Reino terrenal temporalEstado eterno sin templo

Conclusión

Desde la cosmovisión reformada, Ezequiel 40–48 no anuncia una restauración futura del sistema cultual mosaico, sino la consumación de la presencia de Dios con su pueblo mediante la obra del Mesías. El templo glorioso de la visión no encuentra su expresión final en piedra y sacrificios, sino en Cristo como el verdadero templo, en la Iglesia como morada del Espíritu y, finalmente, en el estado eterno donde Dios habita plenamente con los redimidos.

La lectura reformada permite afirmar que Ezequiel no mira hacia atrás —a un retorno al antiguo orden—, sino hacia adelante, a la realidad escatológica del Reino de Dios plenamente establecido, donde ya no hay templo porque el Señor Dios Todopoderoso y el Cordero son su templo (Ap 21:22).


¡Piensa en esto cristiano!



jueves, 19 de octubre de 2023

TODO ISRAEL SERÁ SALVO

 Y TODO ISRAEL SERA SALVO... !!!

Texto citado: Romanos 11:25-26
Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido en Israel un endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego **[[todo Israel será salvo]]**, como está escrito: "Vendrá de Sion el Libertador, Que apartará de Jacob la impiedad."
Para resolver este tema crucial, entendamos que el libro de Romanos está escrito para una audiencia gentil, y desde ese punto de vista debemos partir.
Cuando se aísla un texto fuera de su contexto de capítulo, se generan especulaciones e ideas basadas en un solo versículo.
Usando la comprensión lectora, debemos ir al contexto de Romanos 11 para desarrollar el versículo que genera muchas incongruencias.
Romanos 11:1-5
Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera! Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. Dios no ha desechado a su pueblo, al cual desde antes conoció. ¿O no sabéis qué dice de Elías la Escritura, cómo invoca a Dios contra Israel, diciendo: "Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y solo yo he quedado, y procuran matarme"? Pero ¿qué le dice la divina respuesta? "Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal." Así también, aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia.
Pablo comienza preguntando si Dios ha rechazado a su pueblo, es decir, a Israel. Él responde a su propia pregunta diciendo: "De ningún modo". Es decir, Dios no ha rechazado a su pueblo, y explica que él mismo es un ejemplo de esto, ya que es judío y ha sido llamado por Dios para ser apóstol de los gentiles.
El llamado de Dios, que es el evangelio de las buenas nuevas de salvación, no hace excepción de persona, etnia o color. Por esta razón, el Apóstol Pablo nos dice que Dios no ha rechazado a Israel como nación, porque el evangelio de las buenas nuevas de salvación ha sido anunciado por toda la nación de Israel, quedando así un remanente que ha aceptado el evangelio.
Notemos algo importante, al decir que Dios no ha desechado a Israel, no se está basando en la nación de manera literal, y esto lo comprendemos en la referencia que está citando Pablo al hablar del remanente de Israel.
Otro punto importante es cuando el Apóstol Pablo cita en el versículo 5: "Así también, aun en este tiempo ha quedado un remanente escogido por gracia". Esta afirmación involucra tiempos verbales, los cuales son el presente para el escritor y el pasado para nosotros en el siglo XXI; por lo tanto, este remanente judío del que habla el Apóstol Pablo se basa en su línea de tiempo.
Bajo esta línea de tiempo, negamos que el Apóstol Pablo hable de un remanente futuro, ya que su explicación se basa en un remanente de su tiempo presente.
Teniendo claro el contexto de Romanos 11, el tema "Todo Israel será salvo" se debe interpretar bajo el lente de una salvación individual para cada judío, y no como una salvación colectiva. Si fuera de esta manera, Dios estaría imponiendo la salvación para el pueblo de Israel de manera colectiva, sin respetar el libre albedrío de cada judío, lo que quebrantaría el nuevo pacto, donde la salvación es personal mediante la fe en Jesús.
Por lo tanto, "Todo Israel será salvo" se basa en la salvación individual de cada judío.
Pablo cita la evangelización de los gentiles, diciendo: "hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo".
Esta interpretación se basa en Mateo 24, cuando Jesús habla sobre la evangelización del mundo.
(Mateo 24:14)
Y este evangelio del reino será proclamado en todo el mundo (oikoumenē | οἰκουμένῃ) como testimonio a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.
Pero notemos algo interesante, la palabra "mundo" tiene otro significado en el lenguaje griego.
οἰκουμένῃ = tierra habitada
"Tierra habitada" en su linea de tiempo, tiene como significado al territorio del Impero Romano
Ejemplo del significado οἰκουμένῃ:
Lucas 2:1
En aquellos días salió un decreto de César Augusto para que toda la tierra habitada (oikoumenēn | οἰκουμένην) fuera registrada.
Esto prueba su significado, porque es ilogico que el Emperado Cesar aya censado a todo el mundo (tierra habitada).
Por tanto, esto cambiaría el significado de muchos pensamientos cristianos que toman este versículo para hablar sobre el fin del mundo. Gracias al significado de la palabra, podemos ver que se refiere al juicio de Dios contra Jerusalén en el año 70 d.C.
Ahora, si nos basamos en la historia, hay testimonios que afirman que antes de los acontecimientos en Jerusalén, muchos judíos cristianos emigraron a la ciudad de Pella.
RELATOS DE EUSEBIO Y EPIFANIO
El pueblo de la Iglesia en Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes de la guerra y de vivir en una de las ciudades de Perea llamada Pella, por un oráculo transmitido por revelación a los notables de la comunidad. Así pues, a ella viajaron los que creyeron en Cristo desde Jerusalén, de modo que cuando los hombres santos habían abandonado por completo la capital real de los judíos y toda la tierra de Judea [...].
– Eusebio de Cesarea, Historia de la Iglesia 3, 5, 3
Esta herejía de los nazoranos existe en Berea, en las cercanías de Celesiria; en la Decápolis, en la región de Pella; y en Basanitis, en el denominado Kokaba (Chochabe en hebreo). A partir de ahí, comenzó después del éxodo de Jerusalén, cuando todos los discípulos se fueron a vivir a Pella porque Cristo les había dicho que abandonaran Jerusalén y se fueran, ya que sufriría un asedio. Debido a este consejo, vivieron en Perea después de haberse mudado a ese lugar, como dije.
– Epifanio de Salamina, Panarion 29, 7, 7-8.
Porque después de que todos los que creían en Cristo habían venido a vivir a Perea, en una ciudad de la Decápolis llamada Pella, de la cual está escrito en el Evangelio que está situada en las cercanías de la región de Batanaea y Basanitis, la predicación de Ebion se originó aquí después de que se mudaron a este lugar y vivieron allí.
– Epifanio de Salamina, Panarion 30, 2, 7.
Entonces, Aquila, mientras estaba en Jerusalén, también vio a los discípulos de los discípulos de los apóstoles prosperando en la fe y obrando grandes señales, sanidades y otros milagros. Porque eran los que habían regresado de la ciudad de Pella a Jerusalén y vivían allí y enseñaban. Para cuando la ciudad estaba a punto de ser tomada y destruida por los romanos, un ángel de Dios reveló de antemano a todos los discípulos que debían retirarse de la ciudad, ya que iba a ser completamente destruida. Vivieron como emigrantes en Pella, la ciudad mencionada anteriormente en Transjordania. Y se dice que esta ciudad es de la Decápolis.
– Epifanio de Salamina, Sobre pesos y medidas 15.
Por tanto el apostol Pablo hablaba de una salvacion espiritual como tambien fisica, y esto es una clara evidencia, de que, "Todo Israel sera Salvo".

viernes, 22 de septiembre de 2023

¿Debemos seguir creyendo en el “rapto secreto”?



Una evaluación bíblica y teológica del dispensacionalismo popular

Introducción

La doctrina del llamado rapto secreto ha adquirido una notable influencia en el evangelicalismo contemporáneo, especialmente a partir del siglo XX, gracias a la literatura popular, conferencias proféticas y producciones mediáticas como la serie Left Behind (LaHaye & Jenkins, 1995–2007). Según esta postura, Cristo vendrá de manera secreta para arrebatar a la Iglesia antes de un período de gran tribulación de siete años, distinto y separado de su venida gloriosa final. Sin embargo, la pregunta crucial es si tal esquema escatológico se deriva legítimamente del testimonio bíblico o si responde a una construcción teológica relativamente reciente.

Este artículo sostiene que la doctrina del rapto secreto carece de fundamento exegético sólido, depende de supuestos hermenéuticos ajenos al texto bíblico y no cuenta con respaldo significativo en la historia de la Iglesia previa al siglo XIX.

Daniel 9:24–27 y la supuesta “brecha profética”

El dispensacionalismo clásico fundamenta su esquema escatológico en una lectura particular de Daniel 9:24–27, postulando una interrupción de más de dos mil años entre la semana sexagésima novena y la septuagésima. No obstante, el texto de Daniel no menciona explícitamente ninguna pausa cronológica de tal magnitud. Por el contrario, la estructura del pasaje sugiere una secuencia continua, en consonancia con el patrón del cautiverio de setenta años mencionado en Daniel 9:2 (Young, 1949).

Diversos intérpretes reformados han señalado que la septuagésima semana encuentra su cumplimiento en el ministerio de Cristo, quien es “cortado” a la mitad de la semana (Dan. 9:26), culminando en su muerte expiatoria (Calvino, 1561/2009). El “pacto con muchos” debe entenderse a la luz de la nueva alianza inaugurada por Cristo (Mt. 26:28), y no como un tratado político futuro firmado por un anticristo escatológico.

El problema del anticristo y el pacto inexistente

Autores dispensacionalistas como Hindson y Hitchcock (2017) afirman que Daniel 9:27 se refiere a un futuro líder mundial que establecerá un tratado de paz con Israel. Sin embargo, tal afirmación excede los datos textuales. El pasaje no menciona un tratado de paz, ni identifica al sujeto del pacto como un anticristo. Esta lectura depende más de un sistema teológico previo que del análisis gramatical e histórico del texto (Kline, 1998).

¿Una Segunda Venida en dos fases?

Otro elemento central del dispensacionalismo es la división de la Segunda Venida de Cristo en dos eventos separados: un rapto secreto y una venida visible posterior. Sin embargo, pasajes como 1 Tesalonicenses 4:16–17 describen la parusía con lenguaje público y glorioso: voz de mando, trompeta y resurrección corporal. Nada en el texto sugiere un evento oculto o reservado (Beale, 2015).

Asimismo, Jesús enseña que su venida será visible y universal (Mt. 24:27), y ora no para que su Iglesia sea retirada del mundo, sino preservada en medio de la tribulación (Jn. 17:15).

Consideraciones éticas y Zacarías 13:8–9

Una consecuencia inquietante del dispensacionalismo pretribulacional es la interpretación futurista de Zacarías 13:8–9, según la cual dos tercios del pueblo judío perecerían durante la Gran Tribulación. Esta lectura ignora el contexto histórico inmediato del profeta y su conexión con los juicios del siglo I, culminando en la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C., evento al que el propio Jesús hace referencia (Mt. 24:15–34).

Desde una teología bíblica coherente, resulta problemático presentar tal catástrofe como parte de un plan divino posterior a una supuesta “pausa” en el propósito redentor de Dios.

Conclusión

La doctrina del rapto secreto no encuentra respaldo explícito en la Escritura ni en la tradición histórica de la Iglesia anterior al siglo XIX. Surge, más bien, de una lectura fragmentada de los textos proféticos y de un sistema hermenéutico que separa artificialmente a Israel y la Iglesia.

La esperanza cristiana no descansa en un escape secreto de la tribulación, sino en la venida gloriosa, visible y definitiva de Cristo, quien resucitará a los muertos, juzgará a vivos y muertos y consumará su reino eterno (Hch. 1:11; Ap. 22:12).


¡Piensa en esto cristiano!

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Referencias 

  • Beale, G. K. (2015). A New Testament biblical theology. Baker Academic.
  • Calvino, J. (2009). Commentary on the book of the prophet Daniel (T. Myers, Trans.). Christian Classics Ethereal Library. (Obra original publicada en 1561)
  • Hindson, E., & Hitchcock, M. (2017). Can we still believe in the rapture? Harvest House.
  • Kline, M. G. (1998). Kingdom prologue. Two Age Press.
  • LaHaye, T., & Jenkins, J. B. (1995–2007). Left Behind (Vols. 1–16). Tyndale House.
  • Young, E. J. (1949). The prophecy of Daniel. Eerdmans.
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¿Quién fue Edgar Whisenant?

Edgar C. Whisenant (1932–2001) fue un autor evangélico estadounidense. Se desempeñó como ingeniero de cohetes y luego se dedicó a escribir sobre profecía bíblica. Se volvió famoso en los años 80 debido a sus predicciones apocalípticas muy difundidas.

Whisenant es conocido por haber publicado en 1988 un pequeño libro que se volvió un fenómeno: “88 Reasons Why the Rapture Will Be in 1988” (“88 razones por las que el Rapto será en 1988”). El libro afirmaba que el Rapto ocurriría entre el 11 y el 13 de septiembre de 1988. Se distribuyeron millones de copias, muchas enviadas gratis a iglesias y comunidades cristianas. Algunos canales cristianos difundieron masivamente la predicción, generando gran expectativa. Cuando el Rapto no ocurrió, Whisenant publicó otras fechas: 1989, 1993 y 1994. Todas, por supuesto, también fallaron.

Edgar Whisenant es un ejemplo clásico de: Predicciones de fechas exactas sobre el fin del mundo o el Rapto, algo que la mayoría de las denominaciones cristianas consideran no bíblico, ya que Jesús dijo que “nadie sabe el día ni la hora”. Cómo se pueden viralizar predicciones apocalípticas, especialmente en ambientes religiosos. Su caso es una de las más citadas advertencias sobre la peligrosidad de asignar fechas proféticas.

lunes, 18 de septiembre de 2023

¿ESTÁ CERCA EL ARREBATAMIENTO?




Desde los días de Jesús, personas han afirmado que los eventos del fin de los tiempos ocurrirían en sus días.

A mediados de los 1800, un erudito bíblico llamado William Miller afirmó que Jesús regresaría el 21 de marzo de 1844. No ocurrió. La primavera vino y se fue sin señal de Jesús. Miller determinó que sus cálculos habían sido erróneos, y afirmó que era una demora divina, parte del plan de Dios. Eventualmente estableció otra fecha, en octubre de 1844, que de nuevo resultó incorrecta. Sus seguidores fueron ridiculizados. Algunos sufrieron dificultades al abandonar sus trabajos para dedicarse a difundir la noticia acerca del inminente retorno. Algunos agricultores dejaron sus plantíos sin cosechar; otros regalaron sus posesiones. De las profecías fallidas de Miller (llamadas “la gran desilusión”) surgió el Adventismo del Séptimo Día.

Avancemos hasta 1988. Edgar Whisenant, un ex ingeniero de cohetes de la NASA, escribió un folleto titulado 88 razones por las que el Rapto será en 1988, en el cual afirmaba que Jesús regresaría en un día del 11 al 13 de septiembre, y que la Tribulación comenzaría al atardecer el 3 de octubre. Dos millones de copias del folleto circularon en los años previos a 1988. Algunas personas en el sur de los Estados Unidos abandonaron sus empleos, vendieron sus casas, y se entregaron completamente a la oración antes de la fecha prevista. Y septiembre de 1988 pasó tranquilamente. El sol se puso el 3 de octubre y se levantó de nuevo el 4 de octubre, sin señal de la tribulación. Whisenant recalculó, esta vez pensando que el final vendría en septiembre de 1989, luego en 1993, y luego en 1994. Murió en el 2001.

Y así la lista sigue y sigue. Es fácil burlarse de estas predicciones fallidas, pero hay una tendencia relacionada y más ampliamente aceptada entre los cristianos evangélicos que Graham Beynon ha llamado el “establecimiento implícito de la fecha”. Aunque no fijamos una fecha específica para el regreso de Jesús, muchos afirman que estamos viviendo el final de la historia, y apoyamos esta afirmación al hacer coincidir los acontecimientos actuales con algunas profecías bíblicas en específico. Se estima que un tercio de los evangélicos americanos (unos 20 millones de personas) creen que vivirán para ver el fin del mundo. Como pastor, hay cristianos que a menudo me dicen que creen que Jesús volverá en esta generación.

¿Cómo responder a las determinaciones explícitas e implícitas de una fecha?

Debemos empezar por reconocer el aspecto positivo de los intentos equivocados que buscan discernir la fecha del regreso de Jesús: inspiran y promueven una expectativa ansiosa del retorno de Jesús. Podemos aplaudir ese deseo por Jesús. Si somos honestos, admitiremos que no nos sentimos suficientes en nosotros mismos. Sin embargo, muchos de estos intentos ignoran las palabras y el espíritu de lo dicho por Jesús en Mateo 24:36, “Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre”. Por 2000 años, las fechas del retorno de Jesús han estado equivocadas, así que las palabras de Jesús han comprobado ser ciertas.


TRES PROBLEMAS CON PONER FECHAS

Además, los intentos por establecer la fecha (de manera explícita o implícita) socavan el enfoque bíblico de esperar a Jesús, y lo hacen de tres maneras significativas.

1. Establecer fechas estimula un tipo de inquietud por el fin de los tiempos que desalienta la paciencia. Cuando los autores del Nuevo Testamento gritan: “¡Ven, Señor Jesús!”, es siempre con la perspectiva de que Jesús solo vendrá cuando Dios lo quiera, y que no sabemos exactamente cuándo será eso. Nuestra ignorancia de la fecha del regreso de Jesús requiere una mezcla de expectación ansiosa y paciencia humilde. Pero esa humildad y paciencia se quebrantan cuando los cristianos creen que han “descubierto” que vivimos en la última generación.

2. Establecer una fecha desalienta la vida productiva. Cuando los carismáticos líderes que fijan fechas convencen a sus seguidores de alguna fecha específica, a menudo los seguidores se vuelven muy improductivos. En el pasado dichos seguidores han vaciado sus cuentas bancarias, abandonado sus empleos, y gastado recursos que podrían haber sido mejor aprovechados para el reino.

Jesús apunta a lo contrario. Al final de su gran sección en Marcos 13 en la que enseña el fin de los tiempos, Jesús cuenta una historia que justifica la productividad. Dice que un hombre se fue de viaje, dejó a sus criados a cargo y le dijo al portero que se quedara despierto. Jesús entonces ordena a sus discípulos que permanezcan despiertos, porque no saben cuándo regresará. En este contexto, permanecer despierto no significa averiguar cuándo Jesús volverá, sino seguir adelante con nuestras responsabilidades en esta vida, “mientras tanto”, hasta que Él regrese.

3. Fijar una fecha es un intento de tomar el control. Esperar un evento cuando no sabemos cuándo sucederá puede ser incómodo y exigente. Parece que Jesús quiere que sintamos este malestar porque quiere que estemos siempre preparados para su venida. La conclusión de la parábola de las diez vírgenes es la siguiente: “Velen, pues no saben ni el día ni la hora” (Mt. 25:13). Como dijo el teólogo G. C. Berkouwer una vez, no fuimos llamados a contar el tiempo que falta para el regreso de Jesús, sino llamados a contar con ese tiempo, para que pueda dar forma y fruto a nuestras vidas en el presente.

Esperando a Jesús

Esa espera basada en fijar la fecha explícita o implícitamente es nuestro intento humano de tomar el control del tiempo de la venida de Jesús. Al establecer una fecha, ya sea exacta o aproximada, se elimina la incómoda incertidumbre de no saber cuándo volverá Jesús. Pero Dios quiere que esperemos a Jesús no porque tengamos confianza en una fecha, sino porque confiamos en la promesa de Dios. El apóstol Pedro le dijo a sus lectores cómo debían esperar: “Pero, según Su promesa, nosotros esperamos nuevos cielos y nueva tierra, en los cuales mora la justicia” (2 Pe. 3:13).

Cuando nuestra espera de Jesús se basa en la promesa de Dios, obtenemos nuestra confianza de quien ha hecho la promesa. Es una buena noticia para los cristianos porque el Dios de la promesa es el Señor soberano de la historia, y por lo tanto es totalmente confiable. Nuestra certeza surge de la confiabilidad del carácter de Dios, no de la precisión de nuestros cálculos. El regreso de Jesús no es un enigma a descifrar, sino una promesa de Dios en la que podemos confiar.

La espera basada en la promesa de Dios produce humildad y esperanza. Humildad, porque este tipo de espera nunca puede huir de Dios para encontrar la certeza del retorno de Jesús en un código, o una pista escondida, o en alguna correlación de eventos modernos en separación de Dios mismo. La seguridad de que Jesús regresará solo puede obtenerse apoyándose en la promesa de Dios, lo que significa apoyarse en Dios mismo. Esto nos lleva a una conciencia más profunda de que no podemos hacer que suceda; depende totalmente de Dios. Esto nos humilla.

Pero esperar a Jesús en base a la promesa de Dios también produce esperanza, porque significa que el fundamento de nuestra espera no es meramente un deseo; es una certeza basada en el carácter de Dios mismo. En Hechos 1:10-11, dos ángeles prometen que Jesús regresará del cielo. Esa promesa produce gran esperanza dentro de nosotros cuando nos aferramos a ella y construimos nuestras vidas sobre ella. Produce una sólida esperanza bíblica de que no seremos condenados en el último día, porque Jesús nuestro defensor nos salvará de la ira venidera (1 Tes. 1:10).

Publicado inicialmente con el título de "NO LE PONGAS FECHAS A JESÚS" por el pastor en Desiring God y  Traducido por Sergio Paz.