martes, 13 de febrero de 2018

¡Ay de las que críen en aquellos días!



"Mas ¡ay de las que estén encintas! y de las que críen en aquellos días!" - Mateo 24:19

¿Por qué Jesús se lamentaría tanto de las mujeres que estarían ya sea embarazadas o con hijos bebés durante la Gran Tribulación?

En la década de los 90, la ciudad de Casma, Perú, se estremeció por el brutal crimen cometido por Consuelo Berrocal, una mujer joven que asesinó a su hijo de dos meses para luego cometer canibalismo. Aunque el crimen fue perpetrado en la ciudad de Casma, el acontecimiento repercutió en las familias de millones de peruanos, puesto que nadie creía que una joven de 23 años pudiera asesinar a su bebé para después comerse parte de él. Según comentó en un reportaje periodístico Consuelo Berrocal confesó: 
“Estaba jugando con mi hijo y jugando lo hice. ‘Jerito te voy a matar, te voy a comer’, le decía. Lo maté y me lo comí”.

Aunque en el informe mencionó que tenía otro vástago más, no manifestó qué fue lo que hizo con él. De acuerdo con las declaraciones de un especialista y trabajador del Hospital Psiquiátrico Larco Herrera, Consuelo Berrocal habría relacionado que su hijo era un descendiente de Satanás y, por ello, debía matarlo. “Lo que les ha contado todo es cierto (…) ella pensó que (sus descendientes) tenían una relación con el demonio”, expresó. 

Aunque este caso es unos de los conocidos en la historia reciente, hay otros como el de Armin Meiwes (Alemania 2001) quien asesinó y luego comió partes del cuerpo de Bernd Jürgen Brandes, un voluntario que había respondido a un anuncio en línea. Meiwes filmó el evento y posteriormente fue arrestado y condenado por homicidio y canibalismo. También se sabe del caso de Issei Sagawa (París 1981), el estudiante japonés que asesinó y canibalizó a una compañera de clase. Fue declarado legalmente insano y enviado a un hospital psiquiátrico en Japón.

Otro caso registrado es el de Albert Fish (Estados Unidos siglo 20), también conocido como el “Hombre Gris”, cometió varios asesinatos y actos de mutilación, incluido el canibalismo. Fue arrestado en 1934 y posteriormente ejecutado. También Alexander Kinyua (Estados Unidos 2012), un estudiante universitario en Maryland, asesinó a su compañero de cuarto, Kujoe Bonsafo Agyei-Kodie, y luego cocinó partes de su cerebro y corazón. Fue declarado culpable de asesinato en primer grado y canibalismo.

Aunque estos casos notoriamente son de personas con problemas mentales cometiendo actos de canibalismo, sabemos que hay otros casos registrados que se hicieron por sobrevivencia como el caso de “La Sociedad de a Nieve”, los jugadores de Rugby que sobrevivieron del siniestro de su avión en los andes al comer carne humana de sus compañeros fallecidos.

El hambre extrema y el juicio sobre Jerusalén (66–70 d.C.):

El caso de María de Bethezuba como cumplimiento del juicio pactual

Los conflictos armados, las catástrofes naturales y los asedios prolongados han tenido históricamente un impacto desproporcionado sobre los sectores más vulnerables de la población, particularmente mujeres y niños. El sitio de Jerusalén llevado a cabo por las fuerzas romanas entre los años 66 y 70 d.C. no fue la excepción. El historiador judío Flavio Josefo ofrece un testimonio detallado y estremecedor del colapso social, moral y humano que acompañó la caída de la ciudad y la destrucción del Templo.

Josefo relata que, conforme avanzaba el asedio romano, el hambre alcanzó niveles extremos. Las facciones rebeldes judías confiscaban violentamente los escasos alimentos disponibles, sin consideración por mujeres, ancianos o niños, lo que condujo a una mortandad masiva dentro de la ciudad. En sus palabras:

“Miles de judíos morían de hambre. En cada casa donde había el menor bocado de comida, los parientes luchaban por él. Transidos de hambre, los proscritos husmeaban como perros enloquecidos, royendo cinturones, zapatos e incluso el cuero de sus escudos; otros devoraban manojos de paja”
(Josefo, La guerra de los judíos, VI.3.3; cf. Paul L. Maier, Josefo: Los escritos esenciales, pp. 344–345).

Uno de los episodios más trágicos narrados por Josefo es el caso de María de Bethezuba, una mujer de familia distinguida que, tras perder todas sus posesiones a causa de la guerra, cayó en la más absoluta miseria. Agotada por el hambre y despojada de toda esperanza, María llegó a cometer un acto que el propio Josefo describe con horror: mató, asó y comió a su propio hijo lactante, ocultando parte del cuerpo para consumirlo después (Guerras, VI.3.4).

El relato causó profunda consternación tanto entre los judíos como entre los romanos. El general Tito, al conocer el hecho, declaró su inocencia ante Dios y afirmó que tal atrocidad quedaría sepultada bajo las ruinas de la ciudad, reconociendo implícitamente que Jerusalén había alcanzado un grado de degradación sin precedentes.

Este episodio no constituye un hecho aislado en la historia bíblica. Josefo mismo evoca —consciente o inconscientemente— un patrón ya registrado en las Escrituras. Durante el sitio de Samaria por los sirios en el siglo IX a.C., se produjo un evento similar, descrito en 2 Reyes 6:28–30, donde dos mujeres acordaron comerse a sus hijos debido a la hambruna extrema. Ambos relatos encuentran su marco teológico en las maldiciones del pacto mosaico, particularmente en Deuteronomio 28:52–53, donde Moisés advierte que, como consecuencia de la infidelidad al pacto, Israel llegaría a comer “el fruto de su vientre” durante el asedio de sus ciudades.

Desde una perspectiva bíblico-teológica, estos acontecimientos deben interpretarse como juicio pactual. La destrucción de Jerusalén y el sufrimiento indescriptible de sus habitantes no fueron meramente el resultado de circunstancias políticas o militares, sino la consumación histórica de las advertencias proféticas pronunciadas tanto por Moisés como por Jesucristo. En el Sermón del Monte de los Olivos, Jesús anticipó explícitamente el sufrimiento particular de mujeres embarazadas y madres lactantes durante la inminente calamidad:

“¡Ay de las que estén encintas y de las que críen en aquellos días!”
(Mateo 24:19; cf. Lucas 21:23).

El caso de María de Bethezuba ilustra de manera trágica la literalidad de estas palabras. La llamada “Gran Tribulación”, entendida desde la óptica preterista parcial, no describe un evento futuro y global, sino un juicio histórico concreto que alcanzó su clímax en el año 70 d.C., cuando Jerusalén —la ciudad del pacto— experimentó la plenitud de las maldiciones anunciadas por haber quebrantado reiteradamente su relación con Dios y rechazado a su Mesías.

En conclusión, el testimonio de Josefo, corroborado por la Escritura, ofrece una evidencia contundente de que las advertencias proféticas del Antiguo y Nuevo Testamento encontraron cumplimiento real y verificable en la destrucción de Jerusalén. La severidad del juicio no solo confirma la veracidad de las palabras de Jesús, sino que también sirve como recordatorio solemne del carácter serio del pacto divino, de la justicia de Dios y de las consecuencias históricas de la infidelidad persistente.

¡Piensa en esto cristiano! 


8 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Yo digo que si , porque después de la segunda venida de cristo habrán mujeres que concebían en el tiempo de la abominación desoladora y ahí habrá persecución y hambre y por eso es el ay.

      Eliminar
    2. https://textosfueradecontexto.blogspot.com/2020/04/mateo-24-links.html

      Es una profecía cumplida en el año 70 d.C.

      Eliminar
  2. La gran tribulación, será un tiempo extremadamente peligroso para las mujeres encinta y para las que crien, ya que habrá una hambruna cual nunca ha habido desde la fu dacion del mundo.
    Recuerden el texto de apocalipsis 6.6 que dice dos libras de trigo por un denario y seis libras de cebada por un denario... Eso es excases de alimento en toda la tierra

    ResponderEliminar
  3. Porque es un problema genético causado por las vacunas (abominación desoladora puesta en el templo)

    ResponderEliminar