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jueves, 2 de mayo de 2024

¿LA VIRGEN MARÍA FUE UN “VIENTRE DE ALQUILER”?



Una reflexión teológica sobre la encarnación de Cristo, a la luz de la fe cristiana histórica

Uno de los misterios más sublimes del cristianismo es la encarnación del Hijo de Dios. Esta doctrina sostiene que la segunda persona de la Trinidad, eternamente igual al Padre, asumió verdadera y plenamente la naturaleza humana en el vientre de la virgen María. Sin embargo, recientes expresiones doctrinales, como las de la Sociedad Bíblica Iberoamericana, han promovido la idea de que el cuerpo de Jesús no provino de María, sino que fue implantado como un "cigoto divino" directamente por el Espíritu Santo en su útero:

“Los miembros (de la SBIA) reconocen y aceptan la doctrina vital de la deidad de Jesús de Nazaret, Dios hecho Carne: Cigoto Divino colocado por el Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, de la cual nació; y rechazan por herética la declaración de Westminster, donde se declara que Jesús nació de la esencia de María (Apartado 8.II.2), lo cual convalida la herejía católica romana de que María fue concebida sin pecado.” (https://labiblia.org/sbia/declaracion/)

Tal formulación, aunque intenta exaltar la pureza del Mesías, termina minando un pilar esencial de la fe cristiana: la humanidad verdadera de Cristo.

La concepción milagrosa no niega la humanidad natural

La Escritura es clara: “La virgen concebirá y dará a luz un hijo” (Isaías 7:14). Lucas añade que María “concebirá en su vientre” (Lucas 1:31), y que “el Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lucas 1:35). El milagro consiste en que sin participación de un varón, María quedó embarazada por el poder soberano del Espíritu. Pero nada en el texto indica que el cuerpo de Jesús no provino de la sustancia misma de María.

La Confesión de Fe de Westminster lo expresa con precisión clásica:

“Fue concebido por el poder del Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, de la sustancia de ella, de manera que dos naturalezas completas, perfectas y distintas... se unieron inseparablemente en una sola persona” (CFW VIII.2).

Negar que María aportó su humanidad al cuerpo de Cristo es negar que Jesús es verdaderamente “hijo de David según la carne” (Rom. 1:3), y por tanto negar su legitimidad mesiánica.

Testimonio patrístico: lo que no es asumido, no es redimido

Los Padres de la Iglesia insistieron en que la salvación solo era posible si Cristo asumía plenamente nuestra humanidad. San Ireneo de Lyon escribió:

“Cristo recapitula en sí mismo la larga historia de la humanidad, y por eso asumió nuestra carne de María, descendiente de Adán” (Contra las Herejías, III.22.1).

Gregorio Nacianceno fue aún más contundente:

“Lo que no ha sido asumido, no ha sido sanado; pero lo que se ha unido a Dios ha sido salvado” (Epístola a Cledonio, 101).

Esto significa que si Jesús no recibió verdadera humanidad de María, no puede representar ni redimir a los seres humanos. La idea de que fue implantado un “cigoto divino” sin participación real de María niega el vínculo natural entre Cristo y aquellos a quienes vino a salvar.

El verdadero milagro: sin varón, no sin mujer

La encarnación fue milagrosa no porque prescindiera de la mujer, sino porque ocurrió sin intervención de varón. Dios usó la naturaleza creada —el óvulo de María— y obró sobrenaturalmente para generar la vida del Redentor. En este sentido, María no fue un simple canal biológico o “vientre prestado”, sino madre en sentido real. Jesús es la “simiente de la mujer” (Génesis 3:15), como fue profetizado desde el principio, y eso implica una descendencia biológica.

Llamado pastoral: el peligro de alejarse de la fe histórica

Afirmaciones que niegan la maternidad biológica de María, aun si bien intencionadas, derivan en una forma moderna de docetismo: la antigua herejía que negaba la humanidad real de Cristo. En su intento de proteger la divinidad del Salvador, terminan negando su encarnación plena. Esto no solo afecta la cristología, sino también la soteriología, ya que solo aquel que es verdadero Dios y verdadero hombre puede ser el Mediador entre Dios y los hombres (1 Timoteo 2:5).

El teólogo reformado Louis Berkhof advierte:

“Si Cristo no tenía una naturaleza humana genuina, entonces no pudo haber sido tentado, ni haber obedecido, ni haber sufrido como hombre. Y si no fue todo esto, entonces no pudo haber sido nuestro sustituto en la obediencia ni en la expiación” (Teología Sistemática, p. 317).

Por tanto, el deber pastoral y teológico de la Iglesia es afirmar la unidad hipostática: que en una sola persona subsisten dos naturalezas completas, sin confusión ni división. Negar esto —aunque sea por un tecnicismo moderno mal entendido— equivale a rechazar el evangelio en su centro mismo.

Conclusión

Jesús no fue implantado como un ser extraño en el útero de una mujer; fue concebido milagrosamente, pero de la sustancia de María. Ella es verdaderamente su madre en cuanto a la naturaleza humana. Este hecho garantiza que Cristo es nuestro pariente redentor, el nuevo Adán, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para redimir a los que estaban bajo la ley (Gálatas 4:4–5). Cuidemos, entonces, nuestra doctrina, no solo por fidelidad intelectual, sino por amor a Aquel que “por nosotros y por nuestra salvación se hizo hombre”.

“Guardad la fe tal como la recibisteis, sin añadir ni quitar, para que no seáis hallados herejes y rebeldes al testimonio de los apóstoles” —Ireneo de Lyon.

¡Piensa en esto cristiano!

jueves, 8 de marzo de 2018

¿Dios me está probando cuando soy tentado?



Recientemente publiqué el verso de Santiago 1.13 cambiando en todas las veces que aparece la palabra cuya raíz es πειραζo (peirazo) que en el contexto es traducida como “tentar”, “tentado” por la palabra "probar". La publicación quedó así: 
“Cuando alguno es probado, no diga que es probado de parte de Dios; porque Dios no puede ser probado por el mal, ni él prueba a nadie.”  
Bien, en el idioma original que fue escrito el Nuevo Testamento está así: 

Μηδεὶς πειραζόμενος λεγέτω ὅτι Ἀπὸ θεοῦ πειράζομαι· ὁ γὰρ θεὸς ἀπείραστός ἐστιν κακῶν, πειράζει δὲ αὐτὸς οὐδένα. (SBL Greek New Testament) 

¿Qué es lo que deseo con esto? 

Es muy sencillo, quise llamar su atención a la hora de definir nuestras circunstancias como cristianos en el día a día. Yo he escuchado a muchos cristianos insistir que las tentaciones son “pruebas de Dios”. Oiga hermano, esto es absurdo. 

Santiago está siendo muy claro al respecto, “Dios no tienta a nadie”. Los versos que siguen al v.13 son claros al respecto cuando afirman que “…cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido”. Lea bien que dice “de su propia concupiscencia”. 

La Nueva Traducción Viviente dice en el vv. 14 y 15: 
“La tentación viene de nuestros propios deseos, los cuales nos seducen y nos arrastran. De esos deseos nacen los actos pecaminosos, y el pecado, cuando se deja crecer, da a luz la muerte.”(NTV) 
Entonces, no se trata de que Dios te está poniendo “una prueba” al estar frente a una cantidad de dinero ajeno que puedes tomar sin que supuestamente nadie se dé cuenta. No es así. O en otras circunstancias, tampoco puede usted decir que si cierta mujer le atrae y no es su esposa, entonces no diga que “Dios está probando su fidelidad” en el terreno sexual. Lo que pasa es que usted está experimentando que aún tiene una naturaleza caída dentro y batalla con la nueva naturaleza, y necesita doblegarla. 


¿Entonces qué son “las pruebas”? 

Santiago lo dice en el mismo capítulo, y usa el mismo término, pero en un sentido diferente de acuerdo al contexto inmediato y al mensaje que desea dar a sus destinatarios. Veamos: 
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas (πειρασμοῖς), sabiendo que la prueba (δοκίμιον) de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” –Santiago 1.2-4 (RV60) 

Noten que Santiago usa el mismo término con la raíz πειραζo (peirazo), pero el contexto no habla de “tentaciones” sino de diversos elementos que tendrán como objetivo “poner a prueba” nuestra fe. 

También, Santiago introduce otro término que también es traducido como “prueba”, esto es δοκίμιον; pero mientras πειραζo habla de experiencias donde somos puestos a prueba o somos tentados, δοκίμιον es utilizado precisamente para indicar que esas experiencias buscan “probar nuestra fe”. 

“Peirazo” significa “probar algo”, “tentar a alguien”. “Intentar probar algo”. La acción de este verbo involucra un sentimiento, un propósito, un deseo emocional. Significa “poner a prueba algo o a alguien”. Este término lleva consigo el tener sí o sí una experiencia. Experimentar. 

“Dokimion”, también significa “probar”, pero “probar con el propósito de establecer si se aprueba algo o no”. Es el término usado en la tasación de metales. El oro o la plata se “prueban” con ácidos y el tasador establece luego de la “prueba” si es el metal que refiere, o simplemente es una aleación parecida (falsificada, pirateada). Dokimion significa en sí “ser probado y pasar la prueba: aprobado”. Dokimion se utilizaría para certificar y autenticar algo. En este caso, Santiago lo usa porque “nuestra fe será certificada” con las diversas pruebas. ¿Para qué? Para ser aprobados (para verificar que “somos” aprobados). 


¿Y cuáles son esas pruebas? 

Quizá sean situaciones en donde se pone en práctica la paciencia (v.3). O por qué no decir circunstancias en las que Dios desea que seamos sabios (v.5), y que tengamos fe (v.6) sin dar lugar a la duda humana. Son, de hecho, circunstancias cruciales en donde debemos presentar una sola cara (v.8), no dos ni tres, puesto que como creyentes que vamos camino a la perfección, se nos demanda actuar con firmeza y constancia. También son situaciones de prueba cuando deberá brillar nuestra humildad (v.9). 

Haciendo todo esto podremos recibir alabanza, se dirá de nosotros “Bienaventurado el varón que soporta la prueba (πειραζo “peirazo”), porque al ser aprobado (δοκίμιον “dokimion”), recibirá la corona de la vida, que prometió a los que lo aman”. v.12 (BTX-4°) 


Pero yo siempre leí “Bienaventurado el varón que soporta la tentación” (RV60). 

Así es. Pero ahora usted puede leer en versiones* con una revisión en la traducción. Nuestra lectura de varias décadas de la Reina-Valera 1960 (y otras versiones) nos llevó a interpretar que “la tentación es una prueba”, y entonces… ahí vino el problema. 

Pero los versos del 13 al 14 Santiago los puso allí, precisamente para decirnos que es cierto que seremos probados, pero que aunque en nuestra propia naturaleza pecaminosa y caída seremos tentados a pecar, no digamos que esas tentaciones son “pruebas de Dios a nuestra fe”. Santiago nos dirá entonces: 
“No os engañéis, amados hermanos míos. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay cambio ni sombra de variación. Él, porque quiso, nos engendró con la palabra de la verdad para que seamos primicias de sus criaturas.” (vv.16-18) BTX 

CONCLUSIÓN: 

“Cuando alguno es TENTADO, no diga que es PROBADO de parte de Dios; porque Dios no puede ser TENTADO por el mal, ni él TIENTA a nadie.”  

Qué Dios los bendiga! 
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Las versiones que traducen Santiago 1.12 como "soportando la tentación" son:

JBS: "Bienaventurado el varón que padece con paciencia la tentación, porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman."

NBD: "Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman."

NTV: "Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas y las tentaciones, porque después de superarlas, recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman."

NVI: "Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes lo aman."

CST: "Dichoso el que resiste la tentación porque, al salir aprobado, recibirá la corona de la vida que Dios ha prometido a quienes le aman."

PDT: "Afortunado el que mantiene la fe cuando es tentado, porque recibirá el premio de la vida eterna que Dios ha prometido a los que lo aman."

RVC: "Dichoso el que hace frente a la tentación; porque, pasada la prueba, se hace acreedor a la corona de vida, la cual Dios ha prometido dar a quienes lo aman."

RVR1960: "Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman."

RVR1977: "Dichoso el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de la vida, que el Señor ha prometido a los que le aman."

RVR1995: "Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que lo aman."

RVA: "Bienaventurado el varón que sufre la tentación; porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido á los que le aman."

SRV-BRG: "Bienaventurado el varón que sufre la tentación; porque cuando fuere probado, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido á los que le aman."

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Las versiones que traducen Santiago 1.12 como "soportando la prueba" son:

LBLA: "Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman."

DHH: "Dichoso el hombre que soporta la prueba con fortaleza, porque al salir aprobado recibirá como premio la vida, que es la corona que Dios ha prometido a los que lo aman."

NBLH: "Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado (ha pasado la prueba), recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que Lo aman."

NTV: "Dios bendice a los que soportan con paciencia las pruebas y las tentaciones, porque después de superarlas, recibirán la corona de vida que Dios ha prometido a quienes lo aman."

BLP: "Dichoso quien resiste la prueba pues, una vez acrisolado, recibirá como corona la vida que el Señor ha prometido a quienes lo aman."

BLPH: "Dichoso quien resiste la prueba pues, una vez acrisolado, recibirá como corona la vida que el Señor ha prometido a quienes lo aman."

RVA-2015: "Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba porque, cuando haya sido probado, recibirá la corona de vida que Dios ha prometido a los que lo aman.

TLA: "Al que soporta las dificultades, Dios lo bendice y, cuando las supera, le da el premio y el honor más grande que puede recibir: la vida eterna, que ha prometido a quienes lo aman."

Y por supuesto, como lo hemos descrito la Biblia Textual también traduce correctamente Santiago 1.12 "Bienaventurado el varón que soporta la prueba..."

lunes, 15 de agosto de 2016

Romanos 8.1 y la “pérdida de la salvación”





Recientemente escuché a un predicador decir que “si alguien anda conforme a la carne, puede acarrear condenación”, es decir alguien que una vez creyó y se rindió al señorío de Jesucristo, podría ser condenado si en lugar de “andar en el espíritu” vacía su vida “andando en la carne…”. Es decir, puede perder su salvación.

El problema viene de la lectura de Romanos 8.1 que al hacerla fuera de contexto, es decir sin considerar los versos que lo acompañan, y en sí todo el mensaje del libro; podría convertir a la afirmación “los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” en una condición para evitar la condenación (otra vez a pesar de haber creído);  en lugar de una conclusión sobre el estado de los creyentes nacidos de nuevo.

Veamos la comparación de dos versiones de la Biblia en el mismo pasaje:
Romanos 8.1-4 Versión Biblia Textual - 4°
1Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en CRISTO JESÚS, 2porque la ley del Espíritu de vida en CRISTO JESÚS te libertó de la ley del pecado y de la muerte, 3porque lo imposible para la ley (ya que era impotente a causa de la carne), Dios, habiendo enviando de sí mismo al Hijo en semejanza de carne de pecado y por el pecado, condenó al pecado en la carne, 4para que la exigencia de la ley fuera cumplida en nosotros, los que no andamos según la carne, sino según el espíritu.” (BTX-4°)

Romanos 8.1-4 Versión Reina Valera 1960
1Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. 2Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. 3Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; 4para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”
La Nota Especial de la Biblia Textual dice:
“Al final del v. 1 el Textus Receptus introduce la expresión del v. 4 en dos etapas: los que no andan conforme a la carne, y la misma clausula seguida por sino conforme al Espiritu. La lectura más corta, que hace la declaración mucho más apropiada sin la calificación que es únicamente aplicable en el v. 4, está fuertemente respaldada por antiguos representantes de los tipos de texto Alejandrino y Occidental. Desde el punto de vista de las consideraciones internas, esta errónea inserción en el texto desvirtúa el propósito doctrinal de la epístola al trasladar del v. 4 una clausula conclusiva, y volverla condicional en el v. 1. ”
Es decir, la afirmación que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu es la conclusión de estos cuatro pasajes, de los que Pablo está hablando del v. 1-4 de Romanos capítulo 8. Si consideramos que esta frase no es conclusiva sino condicional  el texto sufriría un problema interno, puesto que Pablo primero les estaría diciendo que la condición para salvarse de la condenación sería el “no andar conforme a la carne, sino conforme al espíritu”. Pero surge la pregunta ¿Cómo logra el hombre ya no andar conforme a la carne? Si esa es la condición para que el hombre se salve, cómo logra eso.

En los demás versos encontramos la respuesta. En los versos anteriores encontramos a un Pablo que dice, sobre su condición pecaminosa: “Así que ya no soy yo el que hace eso, sino el pecado que mora en mí.” (Ro 7.17), entonces la condición del hombre es un estado de pecado, no una enfermedad temporal sino una muerte. Luego, cuando el hombre ha nacido de nuevo, es decir es regenerado, adquiere una nueva naturaleza: “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios, pero veo otra ley en mis miembros, que combate contra la ley de mi mente, y me encadena a la ley del pecado que está en mis miembros.” (Ro 7.22-23), Pablo reconoce que hay un hombre interior (hombre espiritual) que se deleita en Dios, en su ley; aunque su carne sea pecaminosa.

Luego en el v. 24 (del cap. 7) no tiene otra opción que decir: “¡Miserable de mí! ¿Quién me libertará de este cuerpo de muerte?”; y creo firmemente que es la misma pregunta que se hace cada creyente genuino que desea agradar a Dios, y que encuentra una lucha entre su carne que lo tira hacia el pecado, y que combate en su mente contra esa nueva naturaleza, la que adquirió en el nuevo nacimiento por la regeneración de su espíritu. Acaso esa vieja naturaleza, de ese hombre caído, ¿nos condena? El creyente nacido de nuevo, ciertamente aun tiene un cuerpo pecaminoso, entonces ¿ese cuerpo pecaminoso lo condena?¿sus pecados aun lo condenan?

Si tenemos una pregunta, entonces ¿cuál es la respuesta?, la respuesta está en el texto:
“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Jesús el Mesías” (Ro 8.1)
Ésta es la respuesta, es la nueva condición del nuevo creyente, del hombre regenerado por Dios ¿Quién está en Jesucristo sino aquellos que han nacido de nuevo? Por lo tanto, esto es una afirmación acerca del estado del hombre que ha creído en Jesús como Señor y Salvador, que ya no hay condenación para él. En el v. 2 dice que “…la ley del Espíritu de vida en Jesús el Mesías te ha librado de la ley del pecado y de la muerte”, ya no hay más esclavitud, el Espíritu los ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Son afirmaciones conclusivas.

Luego en  el v. 3 continúa diciendo: “Porque lo que no pudo hacer la ley, ya que era débil por causa de la carne, lo hizo Dios enviando a su propio Hijo en semejanza de nuestra carne pecaminosa, y por el pecado, condenó al pecado en la carne…”. Lo que la ley no pudo lograrlo, ahora se puede lograr ya que Jesús tomó el lugar de cada creyente en la cruz. Jesús es el pago por nuestros pecados, Jesús es el sustituto por el pecado, la propiciación. Los que están en Jesús ya están justificados, su deuda con el pecado y la justicia de Dios ya está pagada en la cruz. Jesús, Dios hecho hombre, adoptó un cuerpo semejante al nuestro, pero no pecó, y con su muerte logró salvarnos.

Por esto, en el v. 4 Pablo afirma que Jesús logró que nosotros “cumpliéramos la exigencia de la ley”, y esto no podría ser posible si no se dice de nosotros “que no andamos conforme a la carne, sino conforme al espíritu”. No andamos en la carne porque ya somos espirituales, pues hemos nacido del Espíritu.

Esto se complementa con las verdades que Pablo les dice a los creyentes romanos en los siguientes versos, donde hace una comparación entre el hombre natural (no regenerado) y el hombre espiritual (nacido de nuevo):

  • v. 5: “Porque los que viven según la carne (el hombre no regenerado), tienen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven según el espíritu (nacido de nuevo), en las cosas del Espíritu.

  • v. 6: “Porque la manera de pensar (del hombre no regenerado) de la carne es muerte, pero la manera de pensar (del nacido de nuevo) del espíritu, es vida y paz;

  • v. 7: “porque la manera de pensar (del hombre no regenerado)de la carne es enemistad contra Dios, pues no se sujeta a la ley de Dios, porque tampoco puede.

  • v. 8: “Así que, los que están en la carne (del hombre no regenerado) no pueden agradar a Dios.

  • v. 9: “Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, por cuanto el Espíritu de Dios vive en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu del Mesías, éste no es de Él.”
Note como el v. 9 afirma lo mismo que el v. 4: “no estamos en la carne”. Por ello, el creyente genuino cada vez que peca, siente pesar en su corazón porque está dañando su relación con Dios, y contrista el Espíritu Santo, por eso se arrepiente y cambia de camino, se aparta del pecado, ya no practica el pecado. En cambio, un falso creyente cada vez que peca, simplemente no tiene ni remordimiento por el pecado, lo disfruta y se vuelve a él las veces que desee. Entonces a estos Pablo les va a decir que si aun vive conforme a la carne  y no conforme al espíritu, es porque “no es de Cristo, pues no tiene el Espíritu Santo” que produce en el creyente nacido de nuevo todo lo antes descrito.

Conclusión
Cuando leemos Romanos 8.1 que dice “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”, no está hablando de una condición para no volver a ser condenados (lo que muchos interpretan como "perder la salvación"), se está refiriendo al nuevo estado del creyente nacido de nuevo, del hombre regenerado, que de verdad ya no anda conforme a la carne, pues al haber adquirido una nueva naturaleza espiritual, ahora anda conforme al espíritu, es decir es un hombre espiritual, alguien en quien habita el Espíritu Santo.

Por lo tanto, Si el Espíritu de Dios está en usted, usted ya no debe amar el pecado ni practicarlo, pero si usted peca constantemente, “examínese a usted mismo si está en la fe. Pruébese a usted mismo si es o no nacido de nuevo. Quizá no reconozca a Jesús, pues si Jesús no está en usted ¿Cómo reconocerá a alguien que no ha conocido antes? Considere entonces que quizá usted, simplemente, no es un verdadero creyente.” (2 Corintios 13.5 parafraseado)

Dios lo bendiga