miércoles, 22 de julio de 2020

¿"Baptizo" Significa Necesariamente "Sumergir"?




Un análisis bíblico, lingüístico e histórico sobre el modo del bautismo cristiano

Introducción

En ciertos sectores del cristianismo contemporáneo se sostiene que el término griego βαπτίζω (baptizo) significa exclusivamente “sumergir”, y que, por lo tanto, el bautismo cristiano solo es válido si se realiza por inmersión total. Esta afirmación descansa en una identificación directa entre el significado léxico del verbo y el modo obligatorio del sacramento.

La tesis que defendemos en este artículo es distinta: “baptizo” no significa necesariamente “sumergir”, sino que posee un campo semántico más amplio relacionado con el lavamiento o purificación; por consiguiente, el Nuevo Testamento no exige un único modo exclusivo de administración del bautismo cristiano.

El significado léxico de “baptizo”

En el griego koiné, el verbo baptizo puede incluir la idea de inmersión, pero no se limita a ella. Su uso en contextos judíos del período del Segundo Templo muestra que frecuentemente se asocia con purificaciones rituales.

Marcos 7:4

“Y cuando vienen de la plaza, a no ser que se laven, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como los bautismos de los vasos de beber, y de los jarros, y de los utensilios de metal, y de los lechos.”

Aquí “bautismos” describe lavamientos ceremoniales de objetos diversos. El énfasis del pasaje no está en el modo técnico (sumergir o rociar), sino en el acto de purificación ritual. Algunos objetos podían sumergirse; otros, por su tamaño o naturaleza, probablemente eran lavados mediante vertido o aspersión.

El contexto demuestra que baptizo puede referirse al acto de purificar, sin precisar necesariamente inmersión total.

Lucas 11:38

“El fariseo, cuando lo vio, se extrañó de que no se hubiese bautizado antes de comer.”

Aquí baptizo describe el lavamiento ritual previo a la comida. Evidentemente no se trata de una inmersión corporal completa, sino de un acto ceremonial de purificación.

Uso en literatura intertestamentaria

Eclesiástico 34:25 afirma:

“Si uno toca a un muerto, se bautiza, y vuelve luego a tocarlo, ¿de qué le sirve el haberse lavado?”

Este texto del período intertestamentario muestra que baptizo era empleado en el sentido de purificación ritual posterior a contaminación ceremonial. El paralelo conceptual con el lavamiento es evidente.

Esto confirma que, en el entorno judío del siglo I, el término no estaba restringido a inmersión física, sino que estaba ligado al concepto de purificación.

Uso tipológico en el Nuevo Testamento

1 Corintios 10:2 declara:

“...y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar.”

El pueblo de Israel no fue sumergido en el mar; de hecho, cruzaron en seco. Pablo utiliza “bautizados” en sentido representativo e identificatorio. Esto demuestra que el término puede emplearse teológicamente más allá de un acto físico de inmersión.

Distinción necesaria: significado léxico y significado sacramental

Es fundamental distinguir entre:

  1. El significado lingüístico de baptizo, que puede incluir inmersión pero también purificación ritual.

  2. El significado teológico del bautismo cristiano, que es un sacramento de unión con Cristo y señal del lavamiento de pecados.

El bautismo cristiano no es definido por la acción física en sí misma, sino por lo que significa: la aplicación visible de la promesa divina de purificación y unión con Cristo.

Como se ha definido en la tradición reformada:

"El bautismo es la unión con Cristo y con el Dios trino por medio del lavamiento del pecado, mediante la aplicación de agua." (1)

El elemento esencial es el agua como señal visible del lavamiento espiritual, no la cantidad o modalidad específica de su aplicación.

Evidencia histórica: la Didaché (c. 80 d.C.)

La Didaché, uno de los documentos más antiguos de la iglesia postapostólica, enseña:

“Bauticen en agua corriente… Pero si no tienen agua corriente, bauticen en otra agua… Y si no tienes suficiente, vierte el agua tres veces sobre la cabeza en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” (2)

Este testimonio demuestra: Preferencia por agua abundante (probable inmersión). Permiso explícito para derramamiento cuando no fuera posible. Flexibilidad litúrgica desde el siglo I.

La iglesia primitiva no absolutizó un único modo.

Conclusión teológica

A la luz de la evidencia bíblica, lingüística e histórica, podemos afirmar:

  • Baptizo puede incluir inmersión.

  • Baptizo puede referirse más ampliamente a purificación ritual.

  • El Nuevo Testamento no define explícitamente un único modo obligatorio.

  • La iglesia primitiva mostró flexibilidad en circunstancias prácticas.

Por lo tanto, la discusión no debe centrarse exclusivamente en el significado léxico del término, sino en cuestiones más fundamentales como la teología del pacto, el significado sacramental del bautismo, la continuidad con las purificaciones del Antiguo Testamento y la práctica apostólica en su contexto histórico.

El centro del bautismo cristiano no es la cantidad de agua, sino la promesa divina que el agua significa: el lavamiento del pecado por la sangre de Cristo y la obra regeneradora del Espíritu Santo.

Reducir el sacramento a una cuestión estrictamente modal es empobrecer su riqueza teológica.


¡Piensa en esto cristiano!

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(1) G.I. Williamson, "La Confesión de Fe de Westminster para Clases de Estudio". Pág. 308
(2) https://textosfueradecontexto.blogspot.com/2020/04/la-didaje.html
 

domingo, 19 de julio de 2020

Elena G. de White ¿Era Realmente Profeta de Dios?



Elena G. de White

Elena Gould Harmon nació el 26 de Noviembre 1827 en una pequeña granja cerca del pueblo de Gorham, en Maine. Solo unos pocos años después de su nacimiento, sus padres Robert y Eunice Harmon abandonaron la agricultura para mudarse a la ciudad cercana de Portland, donde su padre se convirtió en un fabricante de sombreros. Cuando tenía nueve años, ella fue permanentemente desfigurada cuando un compañero de estudios maliciosamente la golpeó en la cabeza con una roca. La roca la puso en un coma que duró varias semanas y le obligó a perder mucho tiempo de escuela. 

Cuando Elena tenía 12 años, ella y su familia asistieron a una reunión del campamento metodista de Buxton en Maine, y allí tuvo una experiencia religiosa en la que profesó fe en Jesucristo. En 1840 y 1842, ella y su familia asistieron a reuniones adventistas y se convierten en devotos de William Miller. Miller se había dedicado al estudio de la profecía bíblica y estaba convencida de que Cristo regresaría el 22 de octubre 1844. Cuando Cristo no regresó, un evento fallido que se conocería como La Gran Decepción, la mayoría de la gente abandonó el adventismo. Pero en medio de la confusión resultante, Elena afirmaba tener visiones recibidas que pronto fueron aceptadas como revelación dada por Dios. El pequeño movimiento adventista que quedaba estaba dividido por muchas diferencias y muchas luchas internas, pero Ellen creía que tenía un don que podría reunir y guiar al movimiento. Sus sueños y visiones continuaron, y ella rápidamente se convirtió en una líder entre ellos.

En 1846, Elena se casó con un joven predicador adventista llamado James White, y juntos viajaron extensamente difundiendo la fe adventista a Nueva Inglaterra y más allá. 12 meses más tarde dio a luz a un hijo, uno de los cuatro hijos que daría a luz, pero enseguida dejó al niño con su familia para continuar viajando, predicando y escribiendo.

En 1855, la familia White se mudo a Battle Creek, en Michigan, lugar que se convirtió en el centro del Adventismo. Cinco años más tarde, los representantes de cada congregación adventista se reunieron allí y determinaron que desde ese momento serían conocidos como Adventistas del Séptimo Día. Poco después se organizó formalmente como una denominación.

A lo largo de este tiempo Elena continuó recibiendo sueños proféticos y visiones —cerca de 2,000 durante su vida— y a través de ellos guió y formó la iglesia. Durante su vida, los Testimonios para la Iglesia fueron expandidos desde unas meras 16 páginas a nueve volúmenes completos. En 1863 recibió una visión sobre la salud humana y sus seguidores pronto adoptaron sus normas de salud como parte de su práctica, entre ellas el rechazo de la carne, el rechazo al café y el uso de recursos naturales en lugar de la medicación.

El movimiento adventista continuó expandiéndose y los Whites estaban en gran demanda en todo Estados Unidos. Viajaron constantemente, dirigiéndose a grandes congregaciones y reuniones de gente. Después de que James murió en 1881, Elena viajó aún más, pasando dos años en Inglaterra y casi nueve años en Australia. Pasó la mayor parte de los últimos 15 años de su vida en Elmshaven, California, y fue consumida en gran parte por la escritura y la organización de la denominación en crecimiento. Ella murió el 16 de julio de 1915, a la edad de 87. Durante su vida ella había predicado innumerables veces y había escrito unos 5,000 artículos y 40 libros. En el momento de su muerte, los Adventistas del Séptimo Día en todo el mundo tenían una membresía de casi 140,000 personas.
Su falsa enseñanza

En muchos aspectos, Elena de White aparentaba creer en la fe cristiana histórica. Ella creía en el regreso corporal inminente de Cristo; ella sostuvo la inspiración y la autoridad de la Biblia; y ella enseñó que somos salvos por la justicia de Cristo y no la nuestra. Pero en medio de esa verdad estaban algunas enseñanzas falsas y peligrosas. Me enfocaré en solo dos de ellas.

La falsa enseñanza más obvia fue la que dio a la Iglesia Adventista su nombre: la opinión de que el día correcto de adoración es el sábado y no el domingo. Poco después de que James y Elena se casaron, estudiaron un tratado escrito por Joseph Bates titulado “Reposo del Séptimo” y se convenció de que debían guardar el sábado como el día de reposo. Seis meses más tarde, Elena tuvo una visión en la que vio a la ley de Dios con un halo de luz que rodeaba el cuarto mandamiento. Ella y su marido tomaron esto como prueba de que su nueva comprensión era correcta. Ellos elevaron esto a una doctrina de primera importancia.

De mucha mayor importancia son las posturas aberrantes de los Whites sobre la muerte, el infierno y el castigo eterno. Los adventistas enseñan que Dios no atormenta eternamente a los pecadores, sino que los muertos entran en un sueño del alma hasta la segunda venida y el juicio final. Y en ese momento el castigo para los pecadores será que dejan de existir.

White sostuvo que un Dios de ira eterna no puede ser compatible con un Dios de amor y bondad. En el libro “El Conflicto de los Siglos”, escribió, “Qué repugnante a cada emoción del amor y la misericordia, e incluso a nuestro sentido de la justicia, es la doctrina de que los muertos impíos son atormentados con fuego y azufre en un infierno que arde eternamente; que por los pecados de una breve vida terrenal están sufriendo la tortura eterna”.

Ella también creyó que Dios simplemente aniquilaría a las almas de aquellos que no lo siguieran. “Pero vi que Dios no los encerraría en la miseria sin fin del infierno, ni se les llevará al cielo; por que al ponerlos en la compañía de los puros y santos los haría sumamente miserables. Pero Él los destruirá por completo y hará como si no hubieran sido; entonces su justicia estará satisfecha. Él formó al hombre del polvo de la tierra, y lo impío y desobediente será consumido por el fuego y volverá al mismo polvo”.
Seguidores y adherentes modernos

El Adventismo casi llegó a su fin en los días siguientes a la Gran Decepción. Pero Elena G. de White le dio nueva vida a este movimiento y una nueva voz. A través de la constante predicación, la enseñanza y la evangelización, ella y sus seguidores habían hecho crecer el movimiento a casi 140.000 antes de su muerte en 1915. Hoy se estima que hay 18 millones de Adventistas del Séptimo Día en el mundo. Sus creencias individuales varían tanto que algunos cristianos los consideran una secta, mientras que otros no lo hacen. (Nota del editor: en Latinoamérica es posible encontrar grupos adventistas mucho más apegados a la fe histórica, mientras otros grupos están aún más desviados que lo que leemos en este escrito).

Los Adventistas del Séptimo Día han seguido evolucionando. Ellos siguen considerando a Elena de White como alguien que tuvo un don especial dado por Dios, el de la profecía. Ellos continúan manteniendo el día de reposo y su énfasis en la alimentación saludable. Ellos siguen negando tanto la inmortalidad del alma y la realidad del infierno como un tormento eterno y consciente. Los sucesores de Elena G. de White también han desarrollado la distintiva y preocupante doctrina del Juicio Investigador. (El Ministerio de Investigacion y Apologetica Cristiana enumera sus afirmaciones, negaciones y enseñanzas más preocupantes y ofrece este consejo: “Hay demasiados problemas dentro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día como para recomendarla como una iglesia segura. Aunque hay grupos adventistas que están dentro de la ortodoxia, hay muchos de ellos que no lo están”).
¿Qué dice la Biblia al respecto?

La Biblia contradice gran parte de lo que Elena G. de White enseñó y lo que su iglesia enseña hoy en dia.

En el asunto del día de reposo, el Nuevo Testamento muestra claramente a cristianos adorando juntos el domingo en lugar del sábado. No solo eso, sino que Romanos 14 enseña que cada persona debe estar convencido en su propia mente sobre el día que observan como el día del Señor; si el sábado fuese determinante para todos los cristianos de hoy, este pasaje no tendría sentido.

En contraste con la enseñanza de White sobre el destino eterno de aquellos que no conocen al Señor, la Biblia enseña que el infierno es real, que es eterno, y que en el infierno la ira de Dios es derramada con un castigo eterno consciente. Juan el Bautista habló de Jesús, diciendo: “Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Mt. 3:12). Jesús mismo habló del infierno diciendo: “Si tu mano te hace pecar, córtala. Es mejor entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no se apaga” y ademas dice “irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mr. 9:43, Mt. 25:46 ). Y en las epístolas, Pablo advirtió, “Ellos sufrirán el castigo de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder” (2 Ts. 1:9). Solo al torcer deliberadamente las Escrituras alguien puede negar la realidad aterradora que el infierno es real y que los que no conocen al Señor estará allí para enfrentarse a su ira para siempre.

Artículo publicado en Coalición Por el Evangelio

lunes, 6 de julio de 2020

¿Dios acepta a los pecadores tal como son, o arrepentidos?



Nuestra respuesta es que sí, los acepta como son, porque cuando uno viene a Cristo no puede "cambiarse a sí mismo", viene a Cristo PARA SER CAMBIADO por Él.

Pero tiene que mostrar arrepentimiento de sus pecados.

Se nos hace creer que los cristianos conservadores rechazamos a los pecadores.

No, no es así, porque nosotros también somos pecadores y seríamos tontos al no reconocerlo.

Pero estoy seguro que la única diferencia que hay entre ellos y nosotros (ambos pecadores) es que ellos necesitan reconocer que lo son, que son culpables y NECESITAN Arrepentimiento para ser aceptados por Dios.

¿Arrepentimiento de qué?

Entonces, aquí nos toca afirmar que, si un homosexu@l quiere ser salvo, ser parte de la Iglesia Visible de Cristo, entrar en Pacto con Dios y tener a Jesucristo como su Salvador, tiene que hacer como el que cometía pecado de hurto: dejar de hurtar; como el que adulteraba: dejar de adulterar; como el que mentía: dejar de mentir. Cuando venimos a Cristo abandonamos la PRÁCTICA del pecado.

¿Estás dispuesto a dejar de practicar el pecado?

Si no lo estás, el rótulo de tu grupo religioso puede decir "Iglesia Cristiana" pero no ser sino una "Sinagoga de Satanás" y mientras estés allí y no te enseñen que debemos dejar la práctica del pecado, te están engañando.

¡Ven a Cristo!

domingo, 5 de julio de 2020

El Monoteísmo Como Ley Civil en la Nación de Israel

Centre Espírita Amalia Domingo Soler: Moisés y el decálogo



¿Por qué Dios liberó a Israel de la mano de un rey opresor que los tenía de esclavos, y ahora ellos son vasallos de un nuevo Rey más poderoso que no les da algunas libertades como "creer en el dios que deseen"? ¿Israel era una nación sin "libertad de religión"?

¿Qué es la "libertad de culto" o "libertad de religión"?


La "libertad de culto" o "libertad religiosa" es un derecho fundamental que se refiere a la opción de cada ser humano de elegir libremente su religión, de no elegir ninguna (irreligión), o de no creer o validar la existencia de un Dios (ateísmo y agnosticismo) y ejercer dicha creencia públicamente, sin ser víctima de opresión, discriminación o intento de cambiarla a la fuerza.
La Iglesia tiene un Rey, y un día todas las naciones lo reconocerán como tal.



¿Se ha preguntado por qué las "Leyes de Moisés" llamaban idolatría a la adoración a un dios o ídolo por parte de los israelitas (vasallos de Dios) y era castigado con la pena capital?

¿Por qué Dios OBLIGA a través de sus leyes que Jehová sea creído y adorado por Israel como el "único" Dios, y nadie más?

"Estado laico" dirían muchos hoy en día, incluyendo cierto sector de "cristianos" (liberales y progresistas de hecho). Pero quizá estemos pensando teológicamente (y no está mal) y diríamos: "Jehová Dios es el único Dios verdadero, y sólo Él es digo de alabanza y adoración", y este pensamiento está correcto, pero las leyes expuestas en el Decálogo y dadas a una nación no eran meras imposiciones religiosas o dogmas teológicos. Dios ahora es el Rey de los Israelitas.

Entendemos esto si entendemos la historia de las naciones antiguas e imperios. En Egipto por ejemplo faraón era un dios, o al menos pretendía ser reconocido como un dios. este patrón se repite en casi todas las naciones antiguas. El rey de los caldeos por ejemplo, hasta se erigió una estatua a la cual exigía pleitesía. Y los cesares o emperadores romanos exigían adoración cual dios. Así que la nación israelita fue comprada por Dios para que sea su nación, por lo tanto, ellos tenían que adorarlo a Él solamente. El asunto aquí es que , Él sí era Dios verdadero, los demás eran simples creaciones humanas inspiradas por demonios.

Dios los ha salvado, rescatado, liberado, pero ahora son suyos. Antes eran del faraón egipcio, ahora son de Jehová. Antes le debían lealtad a faraón, ahora le deben lealtad a Jehová. Antes tenían que cumplir las leyes de faraón sino acarreaban serias consecuencias. Ahora tienen un conjunto de leyes dadas por Dios, de lo contrario también acarrearían serias consecuencias. ¿Cuál es la diferencia entonces entre que antes eran vasallos de faraón y ahora lo son de Dios?

Claramente la diferencia está en las ofertas de bendición y el plan que Dios tenía para esta "nación de Dios" que había nacido. Por eso Dios mismo les dice:

"Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí." - Éxodo 19.4

Dios libera a Israel, ahora convertido en "una nación", y ¿acaso no es Dios un Rey más poderoso que Faraón? A peleado contra Egipto, ha vencido a catorce dioses egipcios, el semidios faraón no ha podido defender a su pueblo, ni a su propio primogénito. Dios es un Rey más fuerte que la joven nación de Israel, a la que ha liberado en una cruenta batalla y ella es "su botín de guerra".

Israel ahora se debe a Dios. Le debe la vida. Eran esclavos, y ahora son libres. Pronto serían introducidos a una tierra. No solo serían una nación, sino que llegarían a ser un "reino de sacerdotes". ¿Notas la diferencia?

Esta historia se resumen en este Credo Israelita:

"...Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa; y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre. Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión; y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros; y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel." - Deuteronomio 26.5-9

Bajo un antiguo tratado de vasallaje, los israelitas no podían sino adecuarse a las leyes de su nuevo Señor y Rey, después de todo es quien los ha comprado (liberado).

Podemos decir entonces que los israelitas creen y adoran a Jehová no solo porque Dios es el único y verdadero Dios, creador y soberano de todas las cosas; sino que lo hacen porque es su amo, su Rey; quien los ha comprado para sí.

Al entrar Israel en Pacto con Dios, ellos han firmado un tratado de vasallaje en donde juran no adorar a otro Dios, porque nadie más los ha liberado de Egipto como lo hizo Jehová. Y, las bendiciones por cumplir este pacto son abrumadoras, pero el incumplimiento también es colosal.

Esto ayuda a entender las leyes de Moisés, que no eran dogmas para imponer y dejar "sin libertad de culto" a los israelitas. No era un humano estableciendo leyes "de su religión" en una nación. Dios ahora es su Rey, su Amo y Señor, quien ha establecido las condiciones del Pacto en las cuales habrían de vivir.

Yendo un poco más allá en este asunto, me atrevo a exponer mi razón por la que estoy seguro que el Moderno Estado de Israel no es "el pueblo escogido de Dios", simplemente porque es una nación "que no está en Pacto con Dios". De estarlo, las leyes de Moisés estarían vigentes, y sus ciudadanos estarían "obligados por ley" a creer y adorar SOLO A JEHOVÁ. Pero la realidad no es así.

Los primeros cristianos entendieron que no debían adorar al Cesar, y como dice Boer "la iglesia no permitía a sus miembros la adoración al emperador". La iglesia primitiva entendió que ella estaba en Pacto con Dios, y que nadie más sino Jesucristo era su Kurios, su Señor. Y nadie más, por ello los primeros cristianos fueron brutalmente perseguidos.

Los israelitas no tenían libertad religiosa, habían sido comprados para adorar a Jehová, lo cual implica que el no hacerlo era idolatría, y la idolatría en Israel era un delito que se pagaba con la pena capital.

sábado, 4 de julio de 2020

El Israel Bíblico no Gozaba de "Libertad de Religión"

Fundamentos y alcances de la libertad religiosa en México ...



Dios liberó a Israel de la mano de su esclavizador el faraón egipcio, y ahora ellos son vasallos de un nuevo Rey más poderoso; pero aunque son libres no tienen "libertad de religión", es decir no pueden adorar a nadie más sino solo a Jehová. Si entendemos que "libertad de culto" o "libertad de religión" es un derecho fundamental con el que un ciudadano elige libremente su religión, vemos que Israel como nación no gozó de este derecho, al contrario, la Ley Mosaica muestra que la idolatría era un delito que se pagaba con la pena capital.

Pensar teológicamente nos lleva a concluir que la razón de esta ley era porque "Jehová Dios es el único Dios verdadero, y sólo Él es digo de alabanza y adoración", y este pensamiento es correcto, pero las leyes dadas a Israel no eran meras imposiciones religiosas o dogmas teológicos. Dios ahora es el Rey de los Israelitas. ¿Cómo entendemos esto? La nación israelita fue comprada por Dios para que sea su nación, por lo tanto, ellos tenían que adorarlo a Él solamente. Dios los ha liberado para sí, son su propiedad. Antes eran del faraón egipcio, ahora son de Jehová. Antes le debían lealtad a faraón, ahora le deben lealtad a Jehová. ¿Cuál es la diferencia entonces entre que antes eran vasallos de faraón y ahora lo son de Dios? Claramente la diferencia está en la benevolencia de Dios al liberarlos de la esclavitud y darles una tierra y constituirlos como una nación: "Vosotros visteis lo que hice a los egipcios, y cómo os tomé sobre alas de águilas, y os he traído a mí", (Éxodo 19.4). Dios es ese Rey o Soberano mayor, que ha ganado la batalla y ahora tiene a los israelitas como súbditos y los invita a entrar en un Pacto con Él. Dios ofrece sus bendiciones y promete cumplir con fidelidad, al mismo tiempo que les da severas leyes a sus nuevos vasallos para que vivan de acuerdo con su nuevo Rey.

Al entrar Israel en Pacto con Dios, ellos han firmado un tratado de vasallaje en donde juran no adorar a otro Dios, porque nadie más los ha liberado de Egipto como lo hizo Jehová. Y, las bendiciones por cumplir este pacto son abrumadoras, pero el incumplimiento también es de considerar. Esto nos ayuda a entender las leyes de Moisés, que no eran dogmas para imponer y dejar "sin libertad de culto" a los israelitas; quienes de hecho, no tenían libertad religiosa, pues habían sido comprados para adorar a Jehová. Con esto podemos concluir que el monoteísmo en Israel no era una ley religiosa, sino civil.