Autor
Juan Paulo Martínez.
Un análisis exegético desde el preterismo parcial reformado
Texto base
“De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.”
(Mateo 16:28, RV60)El problema exegético de Mateo 16:28
Mateo 16:28 constituye uno de los textos más discutidos en la escatología neotestamentaria debido a su clara referencia temporal. Jesús afirma que algunos de sus oyentes contemporáneos vivirían lo suficiente como para presenciar un evento descrito como “el Hijo del Hombre viniendo en su reino”. La dificultad interpretativa radica en determinar qué tipo de “venida” se describe y cuándo debía ocurrir.
La correcta interpretación de este pasaje es crucial no solo para la escatología, sino también para la cristología, la veracidad de Cristo y la doctrina del reino de Dios.
Principales interpretaciones históricas
2.1. La interpretación liberal: error profético de Jesús
Algunos enfoques críticos sostienen que Jesús erró al anunciar un evento inminente que nunca ocurrió. Autores como Albert Schweitzer y Bertrand Russell afirmaron que Jesús esperaba una parusía inmediata que no se materializó.
Esta lectura, sin embargo, es incompatible con:
La doctrina bíblica de la divinidad de Cristo (Jn 1:1; Tit 2:13),
La inspiración e inerrancia de las Escrituras,
Y la confesión histórica de la Iglesia.
Como señala R.C. Sproul:
“Si Jesús se equivocó aquí, entonces no es digno de confianza en ninguna parte.”
(Sproul, The Last Days According to Jesus, Baker, 1998, p. 30)2.2. El preterismo total: la Segunda Venida ocurrió en el año 70 d.C.
El preterismo total afirma que la Segunda Venida final, la resurrección general y el juicio final ocurrieron en el año 70 d.C. Esta posición contradice de manera directa:
El Credo Apostólico,
El Credo Niceno-Constantinopolitano,
La Confesión de Fe de Westminster (cap. XXXII–XXXIII).
Kenneth L. Gentry es enfático al respecto:
“El preterismo ortodoxo debe ser cuidadosamente distinguido del preterismo total, el cual representa una desviación herética del cristianismo histórico.”
(Gentry, He Shall Have Dominion, ICE, 2009, p. 40)Por tanto, esta interpretación debe descartarse por razones confesionales y bíblicas.
2.3. La interpretación futurista: la Transfiguración
Una interpretación común en el evangelicalismo sostiene que Mateo 16:28 se cumplió en la Transfiguración (Mt 17:1–8), evento presenciado solo por Pedro, Jacobo y Juan.
Aunque esta lectura intenta preservar la inmediatez temporal del texto, presenta serias dificultades:
El texto no dice que “algunos verán su gloria”, sino que verán al Hijo del Hombre viniendo en su reino.
La Transfiguración ocurre seis días después, lo cual vuelve innecesaria la referencia a la muerte de los oyentes.
El lenguaje de venida presupone una ida previa, es decir, una exaltación seguida de una manifestación posterior.
Greg L. Bahnsen observa:
“Reducir Mateo 16:28 a la Transfiguración trivializa el lenguaje profético del texto y elimina su fuerza escatológica.”
(Bahnsen, Victory in Jesus, Covenant Media, 1999, p. 109)La interpretación preterista parcial: la venida del reino en juicio (70 d.C.)
3.1. El testimonio de los paralelos sinópticos
Los textos paralelos aclaran el sentido de Mateo 16:28:
Marcos 9:1:
“hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder.”
Lucas 9:27:
“hasta que vean el reino de Dios.”
Ambos omiten la referencia explícita a la “venida del Hijo del Hombre” y enfatizan la manifestación del reino, no una aparición corporal.
Kenneth L. Gentry explica:
“Mateo emplea un lenguaje más judío y simbólico, mientras que Marcos y Lucas traducen esa expectativa en términos más claros para audiencias gentiles.”
(Gentry, Before Jerusalem Fell, ICE, 1998, p. 134)3.2. La venida del Hijo del Hombre como lenguaje de juicio
El lenguaje de “venir en las nubes” proviene de Daniel 7:13–14, donde el Hijo del Hombre viene al Anciano de Días, no a la tierra. En el Antiguo Testamento, este tipo de lenguaje describe teofanías judiciales, no desplazamientos físicos (Is 19:1; Sal 18:9–12).
R.C. Sproul afirma:
“La venida del Hijo del Hombre en los Evangelios no siempre se refiere a la Segunda Venida final; a menudo describe su vindicación real mediante juicio histórico.”
(Sproul, The Last Days According to Jesus, p. 99)3.3. El factor tiempo y el cumplimiento histórico
La referencia a que “algunos no gustarán la muerte” establece un límite temporal claro. Entre la declaración de Jesús (c. 30 d.C.) y la destrucción de Jerusalén (70 d.C.) transcurre aproximadamente una generación bíblica.
Durante ese período:
Muchos apóstoles y testigos murieron,
Otros vivieron para presenciar el juicio sobre Jerusalén.
Gary DeMar señala:
“Jesús fue explícito en ubicar estos eventos dentro de la vida de su generación; ignorar esto es abandonar la exégesis por la especulación.”
(DeMar, Last Days Madness, American Vision, 1999, p. 78)Conclusión
La interpretación preterista parcial de Mateo 16:28 ofrece la explicación más coherente, bíblica y confesionalmente fiel:
Jesús no erró ni se contradijo.
La Segunda Venida final permanece futura, visible y gloriosa.
La venida del Hijo del Hombre en su reino se refiere a la manifestación histórica de su autoridad mesiánica mediante el juicio sobre Jerusalén en el año 70 d.C.
Este evento confirmó:
El fin definitivo de la era mosaica,
La entronización del Cristo resucitado,
Y la transición plena hacia el reino del Nuevo Pacto.
Como concluye Sproul:
“El juicio del año 70 no fue el fin del mundo, sino el fin de un mundo.”
(Sproul, ibíd., p. 141)Esta lectura preserva la veracidad de Cristo, honra la estructura temporal del texto y mantiene la esperanza cristiana en la venida final gloriosa del Señor Jesucristo.
“Ahora bien, los judíos, después de la ascensión de nuestro salvador, culminaron su crimen contra Él con la concepción de innumerables maquinaciones contra sus apóstoles. El primero fue Esteban, al cual aniquilaron con piedras; luego, Jacobo, hijo de Zebedeo y hermano de Juan, que fue decapitado; y finalmente Jacobo, el que fue escogido en primer lugar para el trono episcopal de Jerusalén, después de la Ascensión de nuestro Salvador, y que murió del modo mencionado (fue lanzado del pináculo del templo y apedreado mientras agonizaba).”
"De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, Y LA POSEYERON Y HABITARON EN ELLA. Y JEHOVA LES DIO REPOSO ALREDEDOR, COMO HABÍA JURADO A SUS PADRES (...)
"Judá e Israel eran muchos, como la arena que está junto al mar en multitud, comiendo, bebiendo y alegrándose. Y Salomón señoreaba sobre todos los reinos DESDE EL EUFRATES HASTA LA TIERRA DE LOS FILISTEOS Y EL LIMITE CON EGIPTO; y traían presentes, y sirvieron a Salomón todos los días que vivió."
"Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. (...) porque esperaba LA CIUDAD QUE TIENE FUNDAMENTOS, CUYO ARQUITECTO ES DIOS".
"Ahora bien, Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, porque ella está en esclavitud con sus hijos. Pero la Jerusalén de arriba es libre; ésta es nuestra madre"
"... ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles..."
"A Abraham fueron hechas las promesas, y á su simiente. No dice: Y á las simientes, como de muchos; sino como de uno: Y á tu simiente, la cual es Cristo". (Galatas 3:16)
"Maldito todo el que no ame al Señor Jesucristo". (1 Corintios 16:22)
Guerras y Rumores de Guerras
Jesucristo advirtió a sus discípulos que ellos "oirían
de guerras y rumores de guerras" (Mt. 24:6), y que debían considerar estas
señales como "el principio de dolores". Aunque estos conflictos no
serían en sí "el fin", sí eran señales claras de que se acercaba ese
fin anunciado: la destrucción del Templo y de la ciudad de Jerusalén (Mt.
24:1-3).
¿Qué sabían los discípulos sobre las guerras?
Muy poco. La generación de los discípulos de Jesús solo
conocía de guerras por medio de la historia. El mundo conocido —"la tierra
habitada" o oikoumenē, término común para referirse al Imperio
Romano— gozaba de una paz generalizada tanto dentro como fuera de sus
fronteras. El primer emperador romano, César Augusto, cerró las puertas del
Templo de Jano en el año 24 a.C., las cuales solo se abrían en tiempos de
guerra. Se acepta como inicio oficial de la llamada Pax Romana (1) el año 29
a.C., cuando Augusto proclamó el fin de las guerras civiles. Esta paz se
extendió hasta la muerte del emperador Marco Aurelio en el año 180 d.C.
Cuando Jesús, en torno al año 30–33 d.C., pronunció su
advertencia sobre guerras y señales del fin, toda su generación había nacido y
crecido en tiempos de paz. Sus oyentes vivían bajo la estabilidad del Imperio
Romano. Esta realidad hace más significativa la advertencia sobre “rumores de
guerras”, ya que para aquella generación significaba una ruptura inusual de la
paz.
La señal para escapar: el fin se acercaba
Jesús no solo predijo la aparición de rumores de guerra,
sino que instruyó a sus discípulos a estar preparados para huir cuando vieran
la “abominación desoladora” (Mt. 24:15–16). Por ello dijo: "los que estén
en Judea huyan a los montes". El llamado a orar para que la huida no fuese
en invierno ni en día de reposo (v. 20) subraya la inminencia del peligro y la
necesidad de actuar con rapidez.
Esta profecía se cumplió cuando estalló la revuelta judía en
el año 66 d.C., dando inicio a la guerra contra Roma que culminó con la
destrucción de Jerusalén y su Templo en el año 70 d.C. Según Eusebio de
Cesarea, los cristianos de Jerusalén, obedeciendo una revelación divina,
huyeron a la ciudad de Pella en la región de Perea. Eusebio escribe:
“El pueblo de la Iglesia de Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes de la guerra y de vivir en otra ciudad de Perea (la que llaman Pella), por un oráculo transmitido por revelación a los notables de aquel lugar... La justicia de Dios vino sobre los judíos por el ultraje al que sometieron a Cristo y a sus apóstoles.” (Historia Eclesiástica, III.5.3)
El fin de la paz: el año de los cuatro emperadores
La Pax Romana comenzó a fracturarse no solo por la
revuelta judía sino también por una cadena de conflictos internos en el
Imperio. Tras el suicidio de Nerón en el año 68, Roma entró en un período de
guerras civiles. El historiador Tácito describió este tiempo como un tiempo de
desastres, violencia interna, incendios y caos político, afirmando que nunca
hubo mayor evidencia de que los dioses habían abandonado a Roma:
"Un período de desastres, horrible por sus guerras, inundado por guerras civiles... Cuatro emperadores perecieron a espada... el mar estaba lleno de exiliados y sus costas contaminadas de sangre." (Historias, I, resumen).
Este caos interno coincidía con la desintegración de la paz
que había caracterizado la vida de los primeros oyentes de Cristo. Tal como
señala Kenneth L. Gentry:
"Las señales de Mateo 24 no fueron diseñadas para describir acontecimientos generales de la historia de la Iglesia, sino señales específicas dadas a esa generación. [...] El contexto, el auditorio, y la historia misma, apuntan a la destrucción de Jerusalén como su cumplimiento" (The Great Tribulation: Past or Future?, 1999).
Milton S. Terry, otro exponente del preterismo parcial,
afirmó:
"El lenguaje apocalíptico usado por Jesús en los Evangelios debe interpretarse en armonía con los usos proféticos del Antiguo Testamento, y no como descripciones literales del fin del mundo" (Biblical Hermeneutics, 1890).
Evidencia interna: Jerusalén gozaba de paz
El libro de Hechos aporta una evidencia textual del contexto
pacífico previo a la guerra. En Hechos 24:2–3, Tértulo, abogado del Sanedrín,
presenta su acusación contra Pablo ante el procurador Félix y comienza
diciendo:
"Gracias a ti gozamos de mucha paz, y por tu previsión se han hecho notables mejoras en esta nación. Siempre y en todo lugar lo aceptamos con toda gratitud, oh excelentísimo Félix."
Este evento tuvo lugar alrededor del año 58–60 d.C., pocos
años antes del inicio de las guerras anunciadas por Jesús.
Conclusión
Jesús fue claro: "no pasará esta generación hasta que
todo esto acontezca" (Mt. 24:34). Las "guerras y rumores de
guerras" no fueron eventos lejanos (2025 d.C.) ni simbólicos, sino
acontecimientos concretos que esa generación (la generación de Jesucristo) vio
con sus propios ojos. El cumplimiento preciso de las palabras de Cristo
demuestra su autoridad profética, la fidelidad de Dios a sus decretos, y el
poder de una exégesis contextual frente a lecturas sensacionalistas y
futuristas del texto bíblico.
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Nota extra: que fácil es identificar aquí en este pasaje de Hechos a la «novia infiel» agradeciendo a la «bestia» por esa «paz y seguridad» que le ofrecía.