Un Análisis Exegético de Mateo 18:18
Introducción
En el pentecostalismo y neopentecostalismo, se ha popularizado la práctica de “atar y desatar” demonios y enfermedades, apelando principalmente a Mateo 18:18 como fundamento bíblico. Expresiones litúrgicas y oraciones como “atamos al diablo”, “cancelamos su obra” o “encadenamos espíritus” son frecuentemente utilizadas, muchas veces sin un examen cuidadoso del contexto bíblico ni de la intención original del texto. El presente artículo propone un análisis exegético de Mateo 18:18, demostrando que su aplicación a la guerra espiritual ritualizada carece de sustento textual y teológico.
El Contexto Literario y Temático de Mateo 18
El capítulo 18 del Evangelio según Mateo se encuentra claramente delimitado por un tema central: la vida comunitaria del pueblo de Dios. Jesús aborda cuestiones como la humildad (vv. 1–4), el cuidado de los pequeños (vv. 5–14), el tratamiento del pecado entre hermanos (vv. 15–17), la autoridad de la iglesia (vv. 18–20) y el perdón restaurador (vv. 21–35).
Es significativo que en ningún momento del capítulo se haga referencia a demonios, Satanás o enfermedades. Por tanto, cualquier interpretación que introduzca estos elementos en Mateo 18:18 incurre en una lectura ajena al contexto inmediato, violando un principio básico de la hermenéutica reformada: la Escritura interpreta la Escritura en su propio contexto.
El Significado de “Atar y Desatar”
La expresión “atar y desatar” no es una metáfora genérica de restricción espiritual, sino un término técnico del judaísmo del siglo I. En la literatura rabínica, atar significaba prohibir y desatar significaba permitir, especialmente en contextos legales y disciplinarios. Esta comprensión se ve reflejada con claridad en traducciones más literales, como la Biblia Textual:
“Todo cuanto prohibáis en la tierra habrá sido prohibido en el cielo, y todo cuanto permitáis en la tierra habrá sido permitido en el cielo” (Mt 18:18).
En consecuencia, Jesús no está otorgando a los creyentes un poder carismático sobre entidades espirituales, sino reconociendo la autoridad delegada de la iglesia para ejercer disciplina conforme a la voluntad revelada de Dios.
Mateo 18:18 y la Disciplina Eclesial
El flujo argumentativo del pasaje muestra que la autoridad de “atar y desatar” está directamente vinculada al proceso de corrección y restauración del hermano que peca. Atar implica mantener al infractor bajo la disciplina eclesial cuando persiste en su rebeldía; desatar implica restaurarlo plenamente cuando hay arrepentimiento genuino. Esta autoridad no es autónoma ni creativa, sino ministerial y declarativa, subordinada al juicio de Dios ya establecido en el cielo.
El Uso Incorrecto de Mateo 12:29
Frecuentemente, Mateo 18:18 se combina con Mateo 12:29 para construir una doctrina de “atar demonios”. Sin embargo, en Mateo 12 Jesús no instruye a sus discípulos sobre un método de exorcismo, sino que utiliza una parábola apologética para refutar la acusación de que expulsaba demonios por el poder de Satanás. El énfasis del pasaje recae en la autoridad mesiánica de Cristo, no en una técnica replicable por los creyentes.
La Práctica Apostólica y la Expulsión de Demonios
El testimonio del libro de los Hechos confirma esta lectura. En Hechos 16:18, el apóstol Pablo expulsa un espíritu inmundo con una simple orden, pronunciada en el nombre de Jesucristo, sin recurrir a rituales previos de “atadura”. La autoridad reside exclusivamente en Cristo, y los apóstoles actúan como sus representantes, no como agentes con poder inherente.
Consideraciones Teológicas y Pastorales
Atribuir a los creyentes un poder autónomo para “atar demonios” no solo carece de fundamento bíblico, sino que corre el riesgo de desplazar la centralidad de Cristo, promoviendo un lenguaje que exalta al ejecutor humano. La teología reformada insiste en que toda autoridad espiritual es derivada, y que Cristo, exaltado a la diestra del Padre, es quien gobierna soberanamente sobre todas las potestades.
Conclusión
Una lectura responsable de Mateo 18:18 conduce inevitablemente a la conclusión de que el pasaje se refiere a la autoridad eclesial para ejercer disciplina y administrar restauración, no a prácticas de guerra espiritual ritualizada. Toda aplicación que se aparte de este marco —disciplinario, comunitario y cristocéntrico— resulta exegéticamente injustificada. La iglesia es llamada a ejercer fielmente la autoridad que Cristo le ha confiado, no mediante fórmulas, sino mediante obediencia a su Palabra, dependencia de su Espíritu y sumisión a su señorío.
¡Piensa en esto cristiano!


Este comentario es dedicado a los pentecostales que han hecho del Evangelio de Jesucristo un circo en sus asambleas y una afrenta al Espiritu Santo, dando unción,a la escoba,al chicle a la copa de vino la unción de la cachetada ect.!!es increíble la apostasía de este movimiento carismático!!, sus reuniones son demoníacas,Uuufff.
ResponderEliminarEl cristiano no tiene autoridad para atar demonios y mucho menos para ordenar que abandonen un cuerpo en el nombre de Jesús. Algunas señales como sacar demonios eran exclusivas de Jesus y Él la dio a los apóstoles y estas tenían el propósito de confirmar el mensaje del evangelio. Hebreos 2:3-4
ResponderEliminarRecordemos en Hechos 19:13-16 cuando judios exorcistas intentaron liberar a una persona de demonios pero el espíritu malo les responde: "A Jesús conozco y sé quién es Pablo; pero vosotros ¿Quién sois?"
Como cristianos no tenemos tal autoridad.