Mostrando entradas con la etiqueta feminismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta feminismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 13 de abril de 2018

La mujer, ¿puede ser pastora?



Introducción
El propósito de este artículo no es menoscabar ni menospreciar el trabajo y el ministerio de la mujer dentro la iglesia. Pero es importante dejar en claro cuál es el rol que la mujer cumple en la congregación. Mucho se ha escrito sobre este tema, y no es mi intención el crear polémica sino más bien analizar a la luz de las Escrituras qué nos dice el Señor acerca de esto.

Antes que nada, creo que la mujer cumple un papel muy importante dentro de la iglesia, de hecho, las mujeres son parte primordial del cuerpo de Cristo. Sus virtudes y cualidades complementan la obra del Señor. Pero, de un tiempo a esta parte se ha visto una tendencia muy fuerte en muchas iglesias con relación a mujeres que sirven el ministerio pastoral, es decir son “pastoras”. No puedo dejar de expresar mi preocupación por este hecho, pues la Biblia es muy clara al respecto.

¿Existe apoyo bíblico para la ordenación de mujeres al pastorado?
Las Escrituras nos enseñan claramente que el oficio pastoral es exclusivamente para el varón. Sin embargo, he visto a algunos argumentar que para los ojos del Señor somos todos iguales, basándose en pasajes como Gálatas 3:28: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”. Si bien es cierto, todos somos iguales ante Dios, no todos tenemos las mismas funciones y oficios en el cuerpo de Cristo (Efe.4:11)

También algunos van más allá diciendo que fue a las mujeres a quienes Cristo apareció en primer lugar después de resucitado (Jn.20:16-17), y que fueron ellas las que llevaron las buenas nuevas a los discípulos de la resurrección, pues Jesús se las encomendó, pero el hecho de que hayan sido las mujeres quienes fueron a anunciar la resurrección a los demás discípulos, no apoya el "ministerio pastoral" femenino.

Otros argumentan que así como algunas mujeres en el Antiguo Testamento, tales como Débora (Jueces 4-5), María (Éx.15:20-21), y entre otras, fueron profetisas (2 Reyes 22:14), da un fundamento para que las mujeres puedan ejercer el oficio pastoral el día de hoy. Pero estos razonamientos son muy débiles ya que, en ningún momento estos pasajes apoyan la ordenación de la mujer en el ministerio.

¿Qué dice la Biblia al respecto?
De la misma manera que Dios estableció en el Edén un orden en la familia, el varón como cabeza del hogar, así también lo estableció para su iglesia. El apóstol Pablo entiende muy bien esta estructura, por lo que escribió así en 1 Timoteo 2:12-13:
“Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero, después Eva”.
Los defensores del pastorado femenino objetan que esto es un asunto cultural de la época, pero Pablo estaba hablando de algo doctrinal.

Lo que este texto nos está diciendo es que la mujer no puede estar en posición de autoridad sobre el varón, porque de la misma manera en que ella se sujeta a su esposo en el hogar, lo debe hacer dentro la congregación (2 Tim.2:11). Pablo prohíbe que las mujeres tomen el oficio pastoral, debido a que si lo hacen estarán torciendo el orden establecido por Dios.

Luego de ese pasaje, él escribe acerca de los requisitos para los obispos (pastores, supervisores) de la iglesia (1 Tim.3:1-7). Este texto nos describe claramente que este oficio es para el varón, ya que menciona “marido de una sola mujer” (v.2), y en ninguna otra parte implica lo contrario, es decir, “esposa de un solo hombre”. De igual manera, escribe lo mismo en Tito 1:5-9 cuando escribe los requerimientos para los ancianos y obispos.

De igual manera en 1 Corintios 14:34, Pablo escribe: “Las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar, antes bien, que se sujeten como dice también la ley”. (LBLA). El apóstol recalca cual es el orden en los cultos y cuál es la manera en que estos se deben desarrollar, e incluye que las mujeres no pueden enseñar a la congregación. Pablo explica más y dice: “porque no es correcto que la mujer hable en la iglesia” (v.35). El hecho de desobedecer esta enseñanza, hará que todo en la congregación sea contrario a lo que dice en el v.40: “Pero que todo se haga decentemente y con orden”. Es decir, permitir a la mujer enseñar y tener autoridad en la iglesia como “pastora” es un desorden a los ojos del Señor.

La mujer y su rol dentro de la iglesia
Ahora, si la mujer, según hemos visto en las Escrituras, no puede ejercer el oficio pastoral, ¿cuál es su rol dentro la iglesia? ¿podrá hacer algo? Como mencioné al principio, las mujeres complementan la obra del Señor en la iglesia. Así como la mujer es ayuda idónea del varón en la relación marital, de la misma manera lo es en la iglesia.

El hecho de que la mujer no pueda enseñar a la congregación, no implica que no pueda enseñar en absoluto. Cuando Pablo escribe a Tito, le menciona que las mujeres pueden enseñar a otras mujeres con un propósito:
“Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada”.
Es decir, las mujeres en las iglesias, pueden cumplir un ministerio muy importante, el poder instruir a las más jóvenes sobre sus roles como esposas, madres y de cómo comportarse de acuerdo a la Palabra. Es importante notar que dice que el propósito de esta enseñanza es para que la Palabra de Dios no sea blasfemada.

También la Biblia nos muestra que la mujer puede ejercer el diaconado, en Romanos 16:1-2, Pablo menciona a Febe, como “diaconisa de la iglesia en Cencrea”. Más adelante en los requisitos para los diáconos en 1 Timoteo 3:8-13, menciona de igual manera los requerimientos de las mujeres que quieran ejercer el diaconado. Más específicamente en el v.11 dice: “Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo”. Es importante recalcar que el diaconado no está en una posición de enseñanza en la iglesia sino más bien de servicio. En Hechos 6:2 dice que los diáconos deberían “servir a las mesas”, es decir esto indicaba la benevolencia y la alimentación de las viudas y los más necesitados dentro la congregación.

Conclusión
El hecho de que muchas iglesias hoy “ordenen” mujeres para el ministerio pastoral es un indicativo de cómo están sus púlpitos: carentes de doctrina. Muchos se han volcado a lo “sobrenatural” por encima de las Escrituras, por lo tanto, existe un analfabetismo bíblico sobre muchas doctrinas fundamentales. Y es lamentable observar como muchas iglesias tradicionales, han retrocedido en este aspecto.

Como hemos observado, de la misma manera en que Dios nos muestra un diseño familiar también lo hace para su iglesia, ¡qué importante es que lo podamos entender y aplicar en nuestras congregaciones! La mujer cumpliendo su ministerio en el lugar que le corresponde según la Palabra honra a Dios y a su esposo.

---------------------------------------------------
Por Arnaldo Achucarro, M.Div
Pastor, plantador de iglesias y profesor. Actualmente sirve en Iowa, anteriormente ha servido en el ministerio en Missouri y Utah. Obtuvo su Maestría en Divinidades en el Midwestern Baptist Theological Seminary de Kansas City, Missouri (USA) y actualmente es candidato al doctorado en el mismo seminario. Es paraguayo y está casado con Mabel Kostenko, tienen tres hijos. Puede visitarlo en: https://www.facebook.com/graciasobregracia116/

Publicado incialmente en: https://graciasobregracia116.blogspot.pe/2018/04/la-mujer-puede-ser-pastora-introduccion.html

domingo, 19 de noviembre de 2017

Cosas para IGNORAR a fin de Aceptar el "Pastorado Femenino"



Para aceptar el «pastorado femenino» hay que creer algunas de las siguientes cosas:

  1. Que la mujer y el hombre no solo son iguales en dignidad (cosa que es completamente cierta a la luz de textos como Gn. 1.27 y Gál.3.28) sino también en funciones.
  2. Que estas funciones son iguales a pesar de que Dios ha ordenado a la mujer cosas que ordinariamente sólo la mujer puede cumplir y no el hombre: engendrar hijos y alimentarlos con su pecho (1 Ti. 2.15), así como ser físicamente más delicadas (1 P. 3.7) y poseer un sentido de la belleza personal más desarrollado (1 P. 3:3–6; 1 Ti. 2:9–10).
  3. Que estas funciones son iguales a pesar de que la Biblia no dice que los hombres deban ser «cuidadosos del hogar» y «sumisos a sus esposas», pero sí lo ordena explícitamente para la mujer (Tito 2:4–5; Ef.5:22–24; 1 P. 3.1).
  4. Que estas funciones son iguales incluyendo el ejercicio de la autoridad en el pastorado a pesar de que la Biblia no reconoce ningún pastorado de ninguna mujer sino que explícitamente lo prohíbe en 1 Ti. 2:11–15 y 1 Co.14:34–35.
  5. Que no es exegéticamente correcto sostener la prohibición del pastorado femenino en uno o dos textos de la Biblia, sin explicar cuántos versículos son necesarios ni de qué escuela de interpretación han obtenido semejante novedad, e ignorando que hay doctrinas cristianas para las cuales hay pocos versículos explícitos disponibles; por ejemplo, en el caso de la doctrina de la Trinidad no hay ninguno sino que resulta de un cúmulo de inferencias. Lo mismo en el caso del bautismo de infantes y la Teología del Pacto aceptada por las Confesiones de fe históricas presbiterianas y bautistas. Y para el caso del dispensacionalismo hay un solo texto que trata el asunto de un reinado milenario sobre el cual se ha construido tanta teología como es posible encontrar. En todos estos casos -y otros- la sana inferencia nos guía. Si así pasa en estos tópicos, cuanto más debería de guiarnos no una inferencia sino pasajes explícitos que prohíben el «pastorado femenino». Además, en toda la Biblia hay un patrón sumamente consistente de liderazgo masculino. Cuando la mujer aparece guiando es en casos excepcionales (Athalia, Débora…), y en ninguno de ellos se da de forma sacerdotal. Débora y Huldá profetizaron en privado y no en asambleas públicas como pretender hacerlo las «pastoras» de hoy.
  6. Que cuando Pablo apela a la creación en 1 Ti. 2:11–15 estaba corrigiendo un error gnóstico que colocaba a Eva como iluminadora de Adán, lo cual es una interpretación casi invisible e irrelevante en la Academia cristiana que aunque fuera cierta en nada afectaría la orden del apóstol de prohibir la pastoral de la mujer; explícitamente se lee allí que la mujer debe ocuparse de su familia y no de la enseñanza pastoral, e inmediatamente después se nos enseña que los pastores (del griego masculino presbiteros) deben cumplir ciertos requisitos, entre ellos, el ser «maridos de una sola mujer» (1 Ti. 3.2). Si Pablo hubiera querido incluir a la mujer en los requisitos del pastorado este hubiera sido el mejor lugar para hacerlo escribiendo: «esposas de un solo marido», y el peor lugar para indicar que la mujer no debe enseñar al hombre, como en efecto lo hizo. En el texto paralelo de Tito 1 el apóstol sigue el mismo patrón de pensamiento, sin incluir a las mujeres en el pastorado.
  7. Que en 1 Ti. 2: 11–15 la palabra traducida como «autoridad» del griego authenteo no significa todo tipo de autoridad sino una autoridad impuesta por la fuerza. De manera que Pablo quiso decir: «no permito que la mujer arrebate por la fuerza el pastorado, sino de forma santa y pacífica», lo cual es una exégesis muy arriesgada. Proceder así es hacer teología no de uno o dos versículos ni de la sana inferencia sino de un solo verbo griego que en todo el Nuevo Testamento sólo aparece aquí. Ni el contexto, ni la Academia cristiana, ni la historia de la Iglesia apoyan semejante conclusión. Ningún traductor o Comité responsable de traducción de las Escrituras tampoco a traducido ni aún parafraseado dicho versículo de esta manera. Los requisitos del pastorado ya mencionados (1 Ti. 2:16 y ss.,) también exterminan la posibilidad de una lectura semejante, como ya lo demostramos. Si la mujer podía ser pastora Pablo debió incluirla: «los obispos y obispas deben…» (o utilizar un verbo neutro), pero consistente como era no lo hizo.
  8. Que a pesar de todo lo anterior, al leer el pasaje de 1 Ti. 2:11–15 se puede reconciliar exitosamente la antítesis «no permito que la mujer enseñe al hombre..» y el ficticio «yo permito que la mujer sea pastora».
  9. Que ser «cabeza de la mujer» (Ef. 5:22–24) no significa ejercer autoridad sino ser origen o fuente, ignorando que, entre otras razones, según la Escritura la sumisión de la mujer al hombre debe ser la misma que la de la Iglesia a Cristo, y si fuera el caso de que se trata de algo en el que la autoridad está ausente la doctrina del señorío de Cristo se tornaría totalmente extraña a la enseñanza bíblica sobre el tema, misma que ha sostenido la Iglesia a lo largo de los siglos. Dios hizo primero a Adán. Es verdad que antes hizo a los animales pero estos no fueron hechos «a su imagen y semejanza»; además, Dios hizo a Eva para Adán, y no al revés (Gn. 2.18; cfr. 1 Co. 11.9), Adán nombra a Eva ejerciendo un derecho sobre su persona (Gn.2.23), Dios nombra a la raza humana «hombre» y no «mujer», y durante la tentación en el huerto Satanás va tras Eva para intentar revertir los papeles y que ella asumiera el liderazgo. La historia es más clara cuando Dios llama a Adán, no a Eva, para que le rindiera cuentas(Gn.2: 15–17, 3.9). El representante de la raza humana fue Adán y no Eva aunque ella pecó primero. Todo esto sirve para concluir que el liderazgo original, antes de la caída, era del hombre y no de la mujer, aún cuando son iguales en dignidad. Atreviéndome a especular por puro afán retórico, el esposo de una mujer «pastora» será llamado por Dios primero para rendir cuentas por la desobediencia de su esposa.
  10. Que Ef. 5.21 implica que la sujeción es mutua e indistinta entre hombre y mujer en el matrimonio, a pesar de que en los siguientes versículos no se manda que el esposo se someta a la esposa pues el contexto del pasaje citado se refiere en realidad a la sumisión de todos los cristianos a las autoridades de la Iglesia. En esta tesitura, los hijos deben sujetarse a los padres y los esclavos a los amos, y no los padres sujetarse a los hijos y los amos a los esclavos. Hay quienes han enseñado que la sumisión de la mujer sólo es para el matrimonio pero no aplica en el liderazgo eclesiástico. No existe evidencia alguna en la Biblia que sostenga este error exegético. En la Biblia los patrones de liderazgo de la familia reflejan los patrones en la vida de la Iglesia. Así se entiende que Pablo diga a Timoteo que el varón que no sabe gobernar bien su casa no podrá gobernar bien la Iglesia (1 Ti. 3.5). Por eso presumimos que los que así piensan han obtenido sus ideas de las vanas filosofías del mundo y sus huecas sutilezas (Col. 2.8) y no de la Palabra de Dios.
  11. Que 1 Co.14:34–35 no debe interpretarse como una prohibición al pastorado femenino sino como una prohibición a interrumpir la profecía o predicación. Si bien es cierto que las mujeres profetizaban en Corinto también lo es que la Biblia hace una distinción entre el ministerio de profetas y maestros (Ef.4. 11). En todo caso, profetizar -como Huldá- no es lo mismo que enseñar en el oficio pastoral. Este pasaje debe interpretarse a la luz de 1 Ti. 2.12 para concluir que la mujer no debe pastorear en las iglesias «porque no está bien visto» (1 Co.14.35, cfr., 1 Ti. 2:11–15 para las razones de la creación), pero sí puede evangelizar y enseñar aparte del pastorado y de las asambleas solemnes, especialmente a otras mujeres y niños (1 Ti.5.16; Tito 2:3–4), siempre que estén sometidas al gobierno de los ancianos, como el resto de los varones que no son oficiales.
  12. Que casos como el de Priscila comprueban que la mujer puede ser pastora, ignorando que Priscila era parte de la Iglesia de Éfeso a la cual Pablo le escribió enseñándole que la mujer debía estar en silencio y no enseñar a los hombres en las reuniones congregacionales (1 Ti. 2:11–15). Ni aún Priscila podía ser pastora a pesar de su preparación en las doctrinas cristianas. La falta de educación no es la razón por la cual no podía pastorear sino el orden de la creación como ya hemos mencionado. Creer que la educación es la que determina si pueden o no pastorear las mujeres es lo mismo que decir que el dinero que tenga un hombre es lo que determina si puede tener una o más mujeres por esposas.
  13. Que Jesús solo escogió a hombres para que fueran sus apóstoles porque la situación cultural lo obligó a ello, pero olvidan que nuestro Señor jamás comprometió una sola verdad en aras de ser culturalmente correcto: habló con una samaritana, limpió el templo, sanó en sábado, comió con pecadores, etcétera. Elegir mujeres no hubiera sido un problema para él, pero el orden de Dios Padre era el orden que seguiría Dios Hijo. Otros alegan que la mujer de entonces no estaban preparada pero además de que eso es mentira -pues las mujeres tenían acceso a las Escrituras- ninguno de los apóstoles fue gente preparada, con excepción de Pablo.
  14. Que durante alrededor de 1900 años la Iglesia del Nuevo Pacto — todo su magisterio- estuvo en un error al prohibir el pastorado de la mujer, y que por fin, a la par del movimiento de la liberación femenina a mediados del siglo pasado, Dios obró «iluminándola» para que la mujer pudiera acceder al liderazgo pastoral.
  15. Que todos los que se oponen al pastorado femenino no lo hacen sobre la base de una sana interpretación de la Biblia sino de un prejuicio contra la mujer. En este tenor, el que no acepta el planteamiento referido alberga un resentimiento, abierto o secreto, contra las hijas de Adán.
  16. Que no es feminismo el pelear por el pastorado de la mujer pero sí es machismo el combartirlo como ajeno a la revelación.
  17. Que lo que los hombres no hacen por negligencia lo tienen que hacer las mujeres, y Dios lo aprueba.
  18. Que la única manera de ser tenidos por hombres respetuosos y amantes de las mujeres es apoyar el «pastorado femenino».
  19. Que la preparación académica de la mujer la hace merecedora de ocupar el pastorado como una especie de premio a su esfuerzo personal de superación.
  20. Que la mujer no se realizará plenamente en la Iglesia hasta que acceda a los mismos oficios eclesiásticos que los hombres.
  21. Que la lucha secular por los derechos humanos de las mujeres está precedida por Dios, y lo que sus agencias dicen acerca de la mujer en la Iglesia es lo que él dispone en la actualidad, y no lo que ya está revelado.
  22. Que una cosa es el "pastorado femenino" y otra la aceptación de la práctica de la homosexualidad en la Iglesia, ignorando que ambas cosas son propias de la agenda LGTB, y que ambos siguen los mismos patrones de mala interpretación bíblica. Deben recordar que uno de los primeros planteamientos de los homosexuales que quieren vivir su homosexualidad en la Iglesia es que «no se puede sostener una doctrina en pocos versículos aislados» en referencia a los que en la Biblia condenan dicha práctica. La exégesis feminista y homosexual es la misma. Así que la lucha que libra la mujer que quiere ser pastora es de cierto modo un abono a favor de la lucha por la aprobación de la homosexualidad dentro del cristianismo. En esta cadena todos quieren hacer leña del árbol caído: aún las asociaciones de pedófilos en el mundo están ya exigiendo que los mismos derechos que se le están otorgando a los homosexuales se le deben dar a ellos, porque eso «es lo justo». Si la «pastora» pudo lograr una interpretación bíblica a su favor ¿Por qué no lo lograrían los homosexuales y pedófilos?
  23. Que si Dios llama a una mujer ningún ser humano debería impedirle ser «pastora», pero hay que recordar que cualquier llamado que afirmemos tener de parte de Dios debe sostenerse con las Santas Escrituras. Por ejemplo, yo puedo decir que Dios me llamó a robar un banco. Es fácil descartar este llamado como espurio pues Dios manda no robar. Así también si una mujer dice ser llamada al ministerio pastoral debería de cuestionar su anhelo porque Dios prohíbe en la Biblia a la mujer ejercer este ministerio.



Aunque ha algunos les cueste trabajo creerlo, todo lo escribo en el temor de Dios y el amor de Cristo, por su Iglesia y mis hermanas en la fe.

Por Juan Paulo Martinez
---------------------------------



jueves, 2 de noviembre de 2017

¿Pueden las Mujeres ser Pastoras?




Por. Renato Vargens

En mi perspectiva la ordenación de mujeres al pastorado es una significativa distorsión teológica. Lamentablemente he visto en los últimos años innumerables iglesias consagrando a mujeres al ministerio pastoral. En este sentido, quisiera de forma práctica y objetiva alcanzar 07 motivos porque no creo en mujeres pastoras:

  1. Las Escrituras no refrendan la ordenación de las mujeres al ministerio pastoral. No veo en la Biblia ningún texto que apoye la ordenación femenina al presbiterato.
  2. Jesús no llamó “apóstolas” entre los doce. Todos los apóstoles escogidos por Jesús eran hombres.
  3. Las Escrituras no defienden el Igualitarismo y sí el Complementarismo. Igualitarismo. Esta corriente, afirma que Dios originalmente creó al hombre ya la mujer iguales; y que el dominio masculino sobre las mujeres fue parte del castigo divino a causa de la caída, con consecuentes reflejos socioculturales. Según los igualitaristas mediante el advenimiento de Cristo, ese castigo y reflejos fueron removidos; proporcionando consecuentemente la restauración al plan original de Dios en cuanto a la posición de la mujer en la iglesia. Por lo tanto, ahora, las mujeres tienen igual derecho a los hombres de ocupar “cargos de oficio” de la Iglesia. Además de los igualitaristas, encontramos a los Complementarismo, que a su vez entienden que desde la creación -y por lo tanto, antes de la caída- Dios estableció papeles distintos para el hombre y la mujer, ya que ambos son peculiarmente diferentes. La diferencia entre ellos es complementaria. Es decir, el hombre y la mujer, con sus características y funciones distintas se completan. La diferencia de funciones no implica una diferencia de valor o en inferioridad de uno en relación al otro, y las consecuentes diferencias socioculturales no siempre reflejan la visión bíblica de la funcionalidad distinta de cada uno. El hombre fue hecho cabeza de la mujer - ese principio implica en diferente rol funcional del hombre, que es el de liderar.
  4. Pablo no habla de “presbíteras”, “obispas”, mucho menos de “pastoras”. Las referencias a estas vocaciones en las Escrituras siempre están relacionadas con los hombres. No es necesario mucho esfuerzo para percibir que no existían pastoras en las iglesias del Nuevo Testamento.
  5. Los padres de la Iglesia y los reformadores no defendieron nunca el ministerio pastoral femenino.
  6. Los apóstoles determinaron que los pastores debían ser marido de una sola mujer y que debían gobernar bien su casa, obviamente ellos tenían en mente a hombres cristianos (1Tim 3.2,12; Tt 1.6).
  7. La mujer no tiene autoridad sobre el marido. (1 Tim. 2:12) Pues, si ella es pastora y su marido no, ella quebranta el principio de autoridad de la Biblia, haciéndose líder del marido.

Estimado lector, cuando afirmo que las mujeres no pueden ser pastoras lo hago en la perspectiva de gobierno. El gobierno de la iglesia junto con los oficiales que la rigen son eminentemente masculinos. En la Biblia no ve ni tampoco encuentra a mujeres que gobiernan la iglesia. Todas las recomendaciones Paulinas en cuanto a presbíteros son para hombres. Sin embargo, el hecho de que las mujeres no gobiernen la iglesia, no impide que predicen o enseñen la palabra de Dios ¿entendieron? El gobierno de la iglesia es masculino y no femenino. Las mujeres pueden servir a Dios, pero gobernar es una prerrogativa masculina.

¡Piense en eso!