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martes, 28 de marzo de 2023

CRONOLOGÍA DE PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE CRISTO

Domingo de Ramos del Año 33 d.C. (09 de Nisán)
Conocido hoy como "Domingo de Ramos" el 29 de marzo del año 33 Jesús entró solemnemente en Jerusalén montado en un asno y es aclamado como el Mesías.



"Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado; y los dejaron. Y trajeron el pollino a Jesús, y echaron sobre él sus mantos, y se sentó sobre él. 8 También muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino. Y los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!". - Marcos 11.6-10

De esta forma se dio cumplimiento a la profecía dada por Zacarías:

"Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna". -Zacarías 9.9

¿Por qué Jesús no eligió un caballo?
Jesús eligió un pollino, no un caballo (de uso militar) ni un burro (animal de carga) ni tenía en mente llegar caminado. En los tiempos bíblicos llegar montando en un pollino (lo contrario a un poderoso corcel bélico) era el venir como un hombre de paz. Jesús no vino a Jerusalén como un general para conquistar, en cambio sí lo hizo un siervo que debía de sufrir (pero triunfante).

Los rabinos de la última generación de Jesús tenían puntos de vista diferentes en cuanto a la venida del Mesías, por un lado, basados en Daniel 7.13 afirmaban que el Mesías vendría como un conquistador majestuoso, mientras que según Zacarías 9:9 se creía que el Mesías vendría de una manera humilde y de perfil bajo, montando sobre un pollino. Jesús entró a Jerusalén manso y humilde respecto del hombre, pero triunfante y victorioso respecto del pecado.

Fue alabado por la multitud en base a Salmos 118.19-29:

"Este es el día que hizo Jehová;
Nos gozaremos y alegraremos en él.
Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego;
Te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora.
 Bendito el que viene en el nombre de Jehová;
Desde la casa de Jehová os bendecimos."

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Lunes Santo del Año 33 d.C. (10 de Nisán)
Lo que hoy sería el "Lunes Santo", el 30 de marzo del año 33 Jesús se dirigió al Templo y en su recorrido maldijo a la higuera estéril y purificó del templo de los profanadores (Mc 11.12-18).



Maldición de la higuera estéril

"Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos". -Marcos 11.12-18

La "higuera estéril" representa al Israel Apóstata sentenciado al fuego.
La higuera tenía hojas, lo cual, en aquella época una higuera con hojas era buena señal de tener frutos, cuando Jesús no encontró ninguno, lo maldijo por "presumir lo que no tiene". La nación de Israel era solo apariencia externa, es decir tenía hojas, pero no tenía frutos. De esta forma, como si fuera una lección objetiva para niños, Jesús advirtió a los judíos del desagrado por parte de Dios de ser la "nación de luz" sin fruto alguno. Y no solo eso, por si fuera poco, no solo no daba frutos sino que mataba a los enviados de Dios que venían a cobrar los frutos, y finalmente cuando vino el Hijo del dueño de la hacienda, lo mataron.

Este es el único milagro de destrucción que hizo Jesús, todos los otros fueron beneficios para los pobres y enfermos, pero aquí muestra el juicio que se avecinaba sobre Jerusalén. El Antiguo Testamento está lleno de milagros de destrucción y juicio principalmente por la apostasía de Israel: las Maldiciones del Pacto (Deu 28-29). El clímax del juicio de Dios por quebrantar el Pacto era ser humillado por el enemigo, ser arrasado por fuego y exiliados de la Tierra Prometida, esto sucedió en el Antiguo Testamento, y lo mismo sucedería con esta última generación de Jesús. Esto ilustra la maldición de la higuera.

La "purificación del templo" es otro acto profético.

"Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina". - Marcos 11.15-18

Este acto profético no era otra cosa que otro anuncio de juicio. Cuando Jesús dice: "Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones" está citando al profeta Isaías (56.7), y cuando dice "Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones" está citando al profeta Jeremías (7.11).

Pero ¿Por qué tanto malestar en los escribas y fariseos? Porque saben muy bien a qué se refería Jeremías cuando dijo "Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones". Esto es, otra vez, el anuncio de juicio. En Jeremías 7, unos versículos más adelante, en contraste a la jactancia de los israelitas que decían "...Templo de Jehová, templo de Jehová, templo de Jehová es este..." (7.4), Jesús les encara las palabras del profeta: "He aquí que mi furor y mi ira se derramarán sobre este lugar (el Templo), sobre los hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo y sobre los frutos de la tierra (de Israel); se encenderán, y no se apagarán" (Jeremías 7.20).

Jesús les hace recordar a los principales entre los judíos que el Templo está sentenciado al fuego. Profecía que se cumplió en el año 70 d.C.


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Martes Santo del Año 33 d.C. (11 de Nisán)
Martes Santo: Predicación de Jesús en el templo, parábola de los viñadores homicidas, sermón escatológico y controversias con las autoridades (Mc 11.20−13.37).



Los Labradores Malvados
(Mt. 21.33-46; Lc. 20.9-19)
"Y pasando por la mañana (de camino al Templo), vieron que la higuera se había secado desde las raíces. (Y estando en el Templo) ...comenzó Jesús a decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de estos del fruto de la viña. Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviarles otro siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado. Volvió a enviar otro, y a este mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña. ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros... Y (los escribas y fariseos) procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola". -Marcos 11.20-12.9,12

Jesús está en el Templo y otra vez está hablando al corazón de los judíos. Les está diciendo que el colmo de su apostasía estaba por perpetrase, así como los labradores malvados mataron al "hijo del señor de la viña" ellos, en esa semana, matarán al Hijo del Señor de la Viña, al Heredero del Reino, y treinta y siete años después, en el 70 d.C. Dios "destruirá a los labradores".

En Mateo 23 se registra "Siete Ayes Contra los Fariseos" que termina con otro acto profético que anuncia juicio contra Jerusalén y el Templo (Mr. 12.38-40; Lc. 11.37-54; 20.45-47):

"¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo escaparéis de la condenación del infierno? Por tanto, he aquí yo os envío profetas y sabios y escribas; y de ellos, a unos mataréis y crucificaréis, y a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad; para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación. He aquí vuestra casa os es dejada desierta." - Mateo 23.33-36

Jesús, el martes de la semana de su muerte, está anunciando que Él sería muerto por manos de su propio pueblo, así como fueron asesinados los profetas de Dios en manos de los padres de escribas y fariseos, y anuncia que ese acto contra el Hijo de Dios será vengado juntamente con la sangre de Abel, el primer justo asesinado a manos de su hermano Caín (Gén 4.8) y la sangre de Zacarías hijo de Berequías, el último justo que murió lapidado en el atrio del templo (2 Cr 24.20-22). Con esta mención Jesús simboliza la muerte de todos los mártires del Antiguo Testamento, los que serían vengados por Dios en un juicio que sucedió treintaisiete años después de la muerte de Cristo.

Sermón Escatológico del Monte de los Olivos
Al salir del Templo llegan al Monte de los Olivos que está a unos 200 metros del Templo y desde allí se contemplaba toda su majestuosidad y hermosura; los discípulos de Jesús no comprendían que el Templo vaya a ser destruido (porque dijo "he aquí vuestra casa os es dejada desierta") entonces le dicen: "Maestro, mira qué piedras, y qué edificios". Cierto, si tanto costó volver a edificarlo, más hermoso y prominente, por qué sería destruido. Además, su destrucción significaría también que la presencia de Dios se iría de Israel. 

El Templo significaba mucho para los judíos. En la escatología judía la llegada del Mesías estaba relacionada con el Templo, desde donde se creía que el Mesías gobernaría el mundo... los discípulos entienden que Jesús es el Mesías, pero ahora está diciendo que el Templo sería destruido. Los discípulos le están diciendo "mira que Templo tan hermoso ¿por qué será destruido Jesús? explícanos" a lo que Jesús les responde: "¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada". (Marcos 13.1-2)

En el año 70 d.C. cuando Jerusalén y el Templo fueron destruidos por fuego a manos del ejército romano dirigidos por el general Tito, sabiendo que el templo estaba lleno de oro, los soldados romanos, con la finalidad de sacar todo el oro derretido en los escombros, movieron piedra por piedra, y de esta forma se cumplieron la palabras de Jesús de manera exacta, no quedando en el lugar del templo "piedra sobre piedra que no sea removida".

Si el Templo sería destruido, para los judíos esto significaría el Fin de ese siglo y en efecto así fue. Con la destrucción del Templo en el año 70 d.C. la era del Antiguo Pacto llegó a su fin. Pero los discípulos quieren saber más, ellos le preguntaron por las fechas y las señales de que esto acontecería: 

"Y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?". - Marcos 13.3-4 (Mt. 24.3-28; Lc. 21.7-24; 17.22-24)

Esta pregunta dio lugar a lo que llamamos Sermón Escatológico de Jesús. Si deseas saber más sobre este sermón puedes ver el siguiente enlace: https://textosfueradecontexto.blogspot.com/2020/04/mateo-24-links.html

Las palabras de Jesús del Sermón Escatológico de Jesús, por lo menos todas las que están comprendidas en Mateo 24.1-34 se cumplieron en la Generación de Jesús. Al menos así queda demostrado por la evidencia interna y externa: 

"De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca." - Mateo 24.34


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Miércoles Santo del Año 33 d.C. (12 de Nisán)
El miércoles al que hoy se le llama "Miércoles Santo" fue otro día trascendental en la última semana del ministerio de Jesucristo. Las autoridades judías se ponen de acuerdo con Judas Iscariote para prender a Jesús a traición, Él y sus discípulos participan de una Cena en Betania, en casa de "Simón el leproso" y en donde Jesús es "Ungido para la sepultura". (Mc 14,1-11).


Jesús es Ungido en Betania
"Pero estando él en Betania, en casa de Simón el leproso, y sentado a la mesa, vino una mujer con un vaso de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio; y quebrando el vaso de alabastro, se lo derramó sobre su cabeza... Jesús dijo: -Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que esta ha hecho, para memoria de ella-". - Marcos 14.3-9

“Al comienzo del primer siglo el Anciano Pliny comentó que ‘el mejor aceite es el alabastro preservado.’ El valor del perfume, y su identificación como un nardo, sugiere que era la reliquia de la familia la cual se pasaba de generación a generación, de madre a hija.” (EduringWordBible)

El vaso era una pequeña botella con un cuello delgado, y al romper el cuello de la botella ocasionaba que se abriera. Las palabras de Marcos indican que ella derramó todo el contenido de la botella en la cabeza de Jesús. Cuando un invitado llegaba para una cena, era la costumbre el ungir la cabeza del invitado con una pequeña cantidad de aceite. Aquí, esta mujer fue más allá que el saludo acostumbrado. Ella derramó todo el contenido de alabastro de perfume de nardo puro de mucho precio en la cabeza de Jesús.

Este fue un maravilloso acto, perceptible, de María la hermana de Lázaro. Jesús acababa de llegar a Jerusalén como el Rey – ¿y no deberían los reyes ser ungidos? María entendió esto, pero los discípulos no. Además ¿entendían plenamente los discípulos que Jesús iba a morir? Porque él asegura que había sido "ungido para la sepultura". Es probable que la revelación a sus discípulos haya sido parcial y progresiva. Pero hoy es plena. Sabemos que sí, esta mujer fue usada por Dios para que, en un acto profético, anuncie otra vez que Jesús moriría, y pronto.

Jesús habló más de la actitud de maría al ungirlo para su sepultura que de la actitud de aquellos que dijeron que "ese perfume debió ser vendido y el dinero darlo a los pobres". Jesús no dijo más que "a los pobres siempre los tendréis". Ocupémonos de los pobres, pero que ellos no nos quiten el enfoque de mirar y adorar a Jesucristo. 

Judas Ofrece Entregar a Jesús
"Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, fue a los principales sacerdotes para entregárselo. Ellos, al oírlo, se alegraron, y prometieron darle dinero. Y Judas buscaba oportunidad para entregarle". -Marcos 14.10-11

¿Qué motivó a Judas el traicionar a Jesucristo? ¿Acaso se ofendió cuando Jesús le reprendió? ¿Lo suyo era simple codicia? Algunos especulan que Judas quería forzar a Jesús hacia una demostración de gloria Mesiánica ¿Sabías esto? Algunos fatalistas dirán que 'estuvo predestinado para esto, no tuvo otra alternativa' ¿Tú crees lo mismo? 

En Mateo 26.15 podemos ver que Judas hizo un negocio con los líderes religiosos: lo vendió, Judas les dijo: “¿Qué me queréis dar, y yo os lo entregaré?”. Judas está mostrando su verdadera cara, en tres años de ministerio ha vivido robando de la bolsa (de la tesorería) y hace poco no pudo robar dinero de la "venta del carísimo perfume", entonces su codicia no tiene límites. Es momento de vender a este que se dice Mesías y Rey. La codicia lo tenía cegado.

Aquí podemos recordar las palabras de los teólogos de Westminster: "Dios desde la eternidad, por el sabio y santo consejo de su voluntad, ordeno libre e inalterablemente todo lo que sucede. Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del pecado, ni hace violencia al libre albedrío de sus criaturas, ni quita la libertad ni contingencia de las causas secundarias, sino más bien las establece" (CFW-III.1). De esto concluimos que, aunque no estamos seguros de los motivos de Judas, lo cierto es que fue su motivo, de él. Dios utilizó la obra impía de un Satanás dispuesto, quien utilizó a un Judas dispuesto. Dios ordenó que estas cosas sucedieran, pero Él no estimuló a Judas a pecar.

Judas fue la pieza fundamental en el propósito de los líderes judíos malvados, los labradores malvados de la parábola de ayer, estos que han convertido la casa de Dios en cueva de ladrones. Cuando escucharon la oferta de Judas saltaron de alegría. Los líderes judíos estaban buscando una oportunidad para matar a Jesús desde hace tiempo, y con Judas el homicidio (Marcos 3:6). 

Es miércoles, desde el último domingo, Jesús ha estado entre Betania, Jerusalén y sus alrededores predicando en el Templo y en el Monte de los Olivos. La Cena en casa de Simón en Betania en este día miércoles no es, de ninguna manera, la cena donde Jesús ora por sus discípulos y le lava los pies (Juan 13-17)  y en la que dice las palabras clave: "De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar" y les da una señal: "El que mete la mano conmigo en el plato, ese me va a entregar", esto sucederá mañana jueves santo, en la Última Cena.

¿Qué trato de decir con esto? Que ya es miércoles, y aun no se han dado muchas otras cosas, discursos, enseñanzas, aun faltan dos días para que Jesús muera. Jesús no murió el miércoles como algunos sugieren.

Mientras tanto, el miércoles se cierra con una sentencia muy triste: Judas a cavado su tumba porque "a la verdad el Hijo del Hombre va a la muerte, según está escrito de él, mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del Hombre es entregado! Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido". Después de este miércoles, Jesús solo cuenta con pocas horas para ser traicionado y arrestado.


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Jueves Santo del Año 33 d.C. (13 de Nisán)
En el 'Jueves Santo' se dan cosas más significativas y que conocemos hasta por tradición: La Última Cena, Jesús le lava los pies a sus discípulos, la oración sacerdotal de Jesús, el anuncio de la traición de Judas, la Oración de Jesús en Getsemaní y el Arresto de Jesús y el Juicio Religioso (nocturno) en casa del sumo sacerdote (Mc 14,12-72).




Hora: 16:00 -17:00: Preparativos Para la Última Cena.
"(Un día) Antes de la fiesta de la pascua (que se celebra el 14 de Nisán), sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin... Y envió dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer -la última cena antes de- la pascua con mis discípulos? Y él os mostrará un gran aposento alto ya dispuesto; preparad para nosotros allí. Fueron sus discípulos y entraron en la ciudad, y hallaron como les había dicho; y prepararon -la última cena antes de- la pascua. Y cuando llegó la noche, vino él con los doce". -Juan 13.1, Marcos 14.13-17

Hora: 17:00 - 20:00: Institución de la Cena del Señor. Jesús Lava los Pies a sus Discípulos. Oración Sacerdotal. 

Institución de la Cena del Señor
"Y mientras comían, Jesús tomó pan y bendijo, y lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo. Y tomando la copa, y habiendo dado gracias, les dio; y bebieron de ella todos. Y les dijo: Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada. De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo en el reino de Dios". - Marcos 14.22-25

Jesús Lava los Pies a sus Discípulos
"...sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido. .. Así que, después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis". -Juan 13.3-5,12-15

Jesús Anuncia que Judas es el Traidor
"...mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar. Entonces ellos comenzaron a entristecerse, y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro: ¿Seré yo? Él, respondiendo, les dijo: Es uno de los doce, el que moja conmigo en el plato... Y mojando el pan, lo dio a Judas Iscariote hijo de Simón. Y después del bocado, Satanás entró en él. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo más pronto. Pero ninguno de los que estaban a la mesa entendió por qué le dijo esto. Porque algunos pensaban, puesto que Judas tenía la bolsa, que Jesús le decía: Compra lo que necesitamos para la fiesta -de la pascua-; o que diese algo a los pobres. Cuando él, pues, hubo tomado el bocado, luego salió (para ir a buscar a los que arrestarían a Jesús); y era ya de noche". - Marcos 14.17-20, Juan 13.26-30

Oración Sacerdotal
"Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. Mas no ruego solamente por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste". - Juan 17.17-21

Hora: 21:00: Oración en el Huerto de Getsemaní
"Cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos... Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro. Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú". - Marcos 14.26,32-36 

Hora: 22:00: Comienza la agonía en Getsemaní
"Cuando llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, diciendo: Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. . - Lucas 22.40-44

Hora: 23:00: Arresto de Jesús 
"Vino la tercera vez, y les dijo: ...la hora ha venido; he aquí, el Hijo del Hombre es entregado en manos de los pecadores. Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega. Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos. Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ese es; prendedle, y llevadle con seguridad. Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro, Maestro. Y le besó. Entonces ellos le echaron mano, y le prendieron". - Marcos 14.41-46 

Los Evangelios Sinópticos, al implicar que la Última Cena fue la comida pascual (14 de Nisán), dan la impresión de que Jesús fue crucificado el 15 de Nisán (¿el sábado?). Pero esto es apenas reconciliable con los siguientes hechos: 
  1. Cuando Judas Iscariote se levantó de la mesa, los discípulos pensaron que iba a comprar las cosas necesarias para la fiesta (Juan 13.29) -una compra que era imposible si la fiesta ya había comenzado.
  2. Después de la Última Cena nuestro Señor y sus discípulos abandonaron la ciudad, como también hicieron los hombres que lo arrestarían -esto, en Nisán 15, había sido contrario a Éxodo 12.22.
  3. A la siguiente mañana los judíos aún no habían comida la Pascua; además, el Consejo se reunió ese día. 
  4. Simón de Cirene aparentemente venía de trabajar (porque era viernes 14 de nisán, ver: Lucas 23.26).
  5. Jesús y los dos ladrones fueron ejecutados y bajados de las cruces cuando no había acabado el viernes día de la Preparación. 
  6. José de Arimatea compró lino fino (Marcos 15.46) y Nicodemo trajo “una mezcla de mirra y aloes que pesaban cien libras” (Juan 19.39) para el entierro.
  7. Por último, las mujeres prepararon especias para embalsamar el cuerpo del Salvador (Lucas 23.55). 
Por lo tanto, todas estas cosas hubiesen sido una profanación en el 15 de Nisán. Esta última cena antes de la Fiesta de la Pascua se dio el jueves 13 de Nisán (jueves 02 de abril del año 33 d.C.). Puedes ver esta explicación en las otras publicaciones y artículos.

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Viernes Santo del Año 33 d.C. (14 de Nisán)

Un viernes como hoy, Jesús ya había sido arrestado injustamente la noche anterior, ahora es llevado a un juicio religioso ante los sumos sacerdotes Anás y Caifás, Pedro niega a Jesús, Jesús es llevado a un juicio civil, Tanto Pilatos como Herodes no ven una amenaza en Jesús, pero igual Pilatos lo sentencia a muerte. Jesús después de ser azotado es crucificado y muere finalmente.



Hora: 00:00 - 03:00: Ante Anás y Caifás: primera sesión del Sanedrín. Negación de Pedro.

Juicio Religioso: Jesús es Acusado de Hacerse Dios.
(Mt. 26.57-68; Lc. 22.54-55,63-71; Jn. 18.12-14,19-24)
"Trajeron, pues, a Jesús al sumo sacerdote; y se reunieron todos los principales sacerdotes y los ancianos y los escribas... Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo: Nosotros le hemos oído decir: 'Yo derribaré este templo hecho a mano, y en tres días edificaré otro hecho sin mano'... Entonces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó a Jesús, diciendo: ¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti? Mas él callaba, y nada respondía. El sumo sacerdote le volvió a preguntar, y le dijo: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Y Jesús le dijo: 'Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo'. Entonces el sumo sacerdote, rasgando su vestidura, dijo: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos ellos le condenaron, declarándole ser digno de muerte". - Marcos 14.53-65

En este juicio religioso, el Sanedrín concluye que Jesús ha blasfemado por hacerse Dios, porque se dice de sí mismo que "se entronizará y vendrá a destruirlos junto con su Templo". Las palabras de Jesús: 'Yo soy; y veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo' no son gratis. Jesús está enrostrando a su acusadores malvados las palabras de la profecía de Daniel: 'Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.' (7.13-14). Jesús está diciendo que Él es el 'Hijo del Hombre', pero además dice que en breve ellos, los escribas y fariseos, lo verán "sentado a la diestra de Dios".

El verso 14 de Daniel 7 dice que a ese Hijo de Hombre se le dará el poder absoluto para regir todo el cosmos. Eso es lo que quiso decir Jesús cuando menciona que 'lo verán sentado a la diestra de Dios'. Esto es exactamente lo que vio Esteban cuando estaba muriendo: "He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios". Pero lo que más les molestó fue la declaración de juicio que hace Jesús: 'veréis al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo'. En el lenguaje profético que "Dios venga sobre las nubes" era un lenguaje de Juicio, así como la declaración de Isaías 19.1: "Profecía sobre Egipto. He aquí que Jehová monta sobre una ligera nube, y entrará en Egipto; y los ídolos de Egipto temblarán delante de él, y desfallecerá el corazón de los egipcios dentro de ellos".

Sí, ya sabemos que usted está diciendo 'espera un momento, estás equivocado, aquí Jesús está hablando de su segunda venida', pero esa es una interpretación futurista. Porque al ser esta declaración de Jesús un eco de las palabras del profeta Daniel (7.13) en esta visión, el Hijo del Hombre no está viniendo del cielo a la tierra, sino más bien, el Hijo del Hombre está "yendo hacia el Anciano de Días" para ser entronizado, para recibir todo el Poder para gobernar este mundo (Mateo 28.18-20). Que "Jesús diga que vendrá en una nube" no era otra cosa que el anuncio de Juicio contra Israel, el cual se cumplió en el año 70 d.C. cuando el general Tito destruyó Jerusalén y el Templo, reduciendo todo a escombros. 

Esto fue lo que molestó a los sacerdotes judíos, por eso lo quería matar, porque hablaba de juicio contra Israel, de destruir el Templo, y de que Él es el Hijo de Dios que pronto será ENTRONIZADO.

Negación de Pedro.
"...Tú también estabas con Jesús el nazareno. Mas él negó, diciendo: No le conozco, ni sé lo que dices. Y salió a la entrada; y cantó el gallo. Y la criada, viéndole otra vez, comenzó a decir a los que estaban allí: Este es de ellos. Pero él negó otra vez. Y poco después, los que estaban allí dijeron otra vez a Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres galileo, y tu manera de hablar es semejante a la de ellos. Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco a este hombre de quien habláis. Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba". - Marcos 14.66-42
 

Hora: 07:00 - 08:00: Juicio Civil a Jesús.
"Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron a Pilato. Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. Y los principales sacerdotes le acusaban mucho. Otra vez le preguntó Pilato, diciendo: ¿Nada respondes? Mira de cuántas cosas te acusan. Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba". - Marcos 15.1-5

Hora: 08:00 - 09:00: Jesús es llevado a Herodes.
"Entonces Pilato, preguntó si el hombre era galileo. Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes (quien), viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal. Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió. Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia. Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato". - Lucas 23.6-12

Hora: 09:00 - 11:00: Jesús Ante Pilatos. 
"Entonces Pilato, convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, les dijo: Me habéis presentado a este como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis. Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre. Le soltaré, pues, después de castigarle. - Lucas 23.13-16

Barrabás libre.
"Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? Porque sabía que por envidia le habían entregado. Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él. Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! -Mateo 27.15-23

Hora: 11:00:  Pilato se lava las manos: Jesús es Sentenciado a Muerte. 
"Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. Entonces les soltó a Barrabás; y habiendo azotado a Jesús, le entregó para ser crucificado. - Mateo 27.24-26

Jesús es Humillado: le Ponen una Corona de Espinas
"Entonces los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio, y reunieron alrededor de él a toda la compañía; y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza. Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. -Mateo 27.27-31

Simón de Cirene Ayuda a Jesús a Cargar la Cruz.
"Y obligaron a uno que pasaba, Simón de Cirene, padre de Alejandro y de Rufo, que venía del campo, a que le llevase la cruz. Y le llevaron a un lugar llamado Gólgota, que traducido es: Lugar de la Calavera". -Marcos 15.21-22

Hora: 12:00: Crucifixión, repartición de las vestiduras.
"Y le dieron a beber vino mezclado con mirra; mas él no lo tomó. Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaría cada uno. Era la hora tercera cuando le crucificaron. -Marcos 15.23-25

Hora: 15:00: Muerte del Señor.
"Cuando vino la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Y algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: Mirad, llama a Elías. Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber, diciendo: Dejad, veamos si viene Elías a bajarle. Mas Jesús, dando una gran voz, expiró. Entonces el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios". -Marcos 15.33-39

Hora: 17:00: Sepultura: Bajan a Jesús de la Cruz y Ungen su Cuerpo.
"Cuando llegó la noche, porque era viernes, es decir, la víspera del día de reposo semanal, José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto. E informado por el centurión, dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían. - Marcos 15.42-47

Si usted que está leyendo, no crees que Jesús murió el viernes te recomiendo leer este artículo
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Sábado de Gloria del Año 33 d.C. (15 de Nisán)

Es el día más triste que vivieron los primeros cristianos pues pensaron (humanamente hablando) que todas sus esperanzas se habían acabado, su maestro había muerto el día anterior y con él toda esperanza de librarse de sus opresores. Además, ya no estaba con ellos el que les habló y trató con amor. Es el día del silencio, la comunidad cristiana vela junto al sepulcro.


El Sábado Santo es el nombre que se le da al día entre el Viernes Santo y el Domingo de Resurrección. Algunos cristianos reconocen el Sábado Santo, el séptimo día de la Semana Santa, como el día en que Jesús "descansó" de Su obra salvadora. Al morir, Jesús gritó: "¡Consumado es!". No había más precio que pagar; el pecado ya había sido expiado.

Después de Su crucifixión, Jesús fue puesto en una tumba cercana, y Su cuerpo permaneció allí todo el Sábado Santo (Mateo 27:59-60; Marcos 15:46; Lucas 23:53-54; Juan 19:39-42). Las iglesias que celebran el Sábado Santo tradicionalmente lo hacen guardando un día de sombría reflexión en el que consideran el mundo de tinieblas que existiría sin la esperanza de la resurrección de Cristo.

De hecho, sin la resurrección de Cristo, estaríamos en una situación desesperada. Si Cristo no hubiera resucitado, "vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados" (1 Corintios 15:17). Los discípulos se habían dispersado cuando Jesús fue arrestado (Marcos 14:50), y pasaron el primer Sábado Santo escondidos por miedo a ser también arrestados (Juan 20:19). El día entre la crucifixión y la resurrección de Cristo debió de ser un momento de dolor y conmoción, mientras los discípulos, atónitos, trataban de comprender el asesinato de Jesús, la traición de Judas y la pérdida de sus esperanzas.

La única referencia bíblica a lo que sucedió el Sábado Santo se encuentra en Mateo 27:62-66. Después de la puesta del sol del viernes -el día de la Preparación-, los sumos sacerdotes y los fariseos visitaron a Poncio Pilato. Esta visita fue el sábado, ya que los judíos consideraban que el día comenzaba al ponerse el sol. Pidieron a Pilato un guardia para la tumba de Jesús. Recordaban que Jesús había dicho que resucitaría al tercer día (Juan 2:19-21) y querían hacer todo lo posible para impedirlo. 

Hoy solo es una conmemoración, Jesús no está en el sepulcro, la muerte no lo pudo contener.

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Domingo de Resurrección del Año 33 d.C. (16 de Nisán)


Domingo de Resurrección: Resurrección de Jesús; se aparece a la Magdalena; a las santas mujeres; a Pedro; a los de Emaús; a los Apóstoles con la ausencia de Tomás.



Jesús se aparece a María Magdalena
"Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado siete demonios. Yendo ella, lo hizo saber a los que habían estado con él, que estaban tristes y llorando. Ellos, cuando oyeron que vivía, y que había sido visto por ella, no lo creyeron". - Marcos 16.9-11

Los Ángeles Anuncia que Jesús ha Resucitado
"El primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas. Y hallaron removida la piedra del sepulcro; y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, he aquí se pararon junto a ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; y como tuvieron temor, y bajaron el rostro a tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado". - Lucas 24.1-6

Pedro Encuentra la Tumba Vacía
"Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y cuando miró dentro, vio los lienzos solos, y se fue a casa maravillándose de lo que había sucedido". - Lucas 24.12

Jesús Resucitado Aparece a los del Camino a Emaús
"Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos. Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?  Cleofas le respondió: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días? De Jesús nazareno, cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron. Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido. Entonces Jesús les dijo: ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? ...Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos, que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente". - Lucas 24.15-35

Jesús se aparece a los discípulos
"Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos.  Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día... Y vosotros sois testigos de estas cosas". - Lucas 24.36-48
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Domingo de Apariciones de Jesús Resucitado del Año 33 d.C.
Domingo (ocho días después):
Se aparece a los 11 Apóstoles (Tomás incluido), en Jerusalén.
Durante los 40 días antes de la Ascensión, se aparece a los Apóstoles en el mar de Galilea; a los once en una montaña; a más de 500 discípulos, a Santiago el Menor.

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Jueves de Ascensión del Señor Jesucristo del Año 33 d.C.
A los cuarenta días de su resurrección, el Señor Jesús llevó a sus discípulos fuera de Jerusalén, a la cima del Monte de los Olivos, cerca de Betania, y, alzando sus manos, los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se separó de ellos, fue elevado al cielo, una nube lo ocultó a sus ojos, y se sentó a la diestra de Dios.



 "Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe."



martes, 30 de agosto de 2016

¿POR QUÉ SOY CRISTIANO?




1

Buscado y transformado: El encuentro personal que define mi fe

Es verdad que muchos dirán que nací y crecí en un hogar donde, cada domingo, mi padre se esforzaba para que participáramos de la reunión dominical de la iglesia. Desde entonces, no he dado marcha atrás. Sin embargo, estas son solo las circunstancias de mi origen, mi familia y mi crianza. Sin duda, han influido en mis principios y valores, pero no son la razón última de por qué soy cristiano.

Soy cristiano porque Dios me buscó incansablemente, incluso cuando yo tenía otros planes y caminos en mente, como cualquier persona en este mundo. Su amor no permitió que siguiera mi propio rumbo sin antes encontrarme con Él. Fue Dios quien, en su infinita misericordia, transformó mi camino a su manera y para su propósito.

Si no hubiera sido por su búsqueda persistente y su gracia inagotable, manifestada a través de Aquel que entregó su vida en la cruz, hoy estaría perdido, viviendo una existencia vacía y sin sentido. Mi vida, como tantas otras, habría sido malgastada, arrastrada por la desesperanza y sin un propósito verdadero.

Pero Dios no lo permitió. Su amor me alcanzó, su luz iluminó mi oscuridad y su verdad me dio un nuevo horizonte. No soy cristiano solo por tradición o educación, sino porque he sido rescatado y transformado por el amor de Cristo.

Por eso, hoy vivo para Él, no por obligación, sino por gratitud. Mi fe no es el resultado de mi crianza, sino de un encuentro personal con el Dios que nunca dejó de buscarme. Por eso soy cristiano.


2

Alcanzado por la gracia: La soberana acción de Dios en mi vida

Soy cristiano, no porque haya tomado la decisión de seguir a Cristo, sino porque Él, en su amor soberano, se decidió por mí. No fui yo quien lo buscó; fue Él quien, con paciencia inagotable, salió a encontrarme.

Dios habló a mi mente, sembrando preguntas inquietantes: ¿Era Jesús realmente el Mesías prometido o solo un impostor? Su Espíritu susurraba a mi memoria, recordándome a los mártires de los primeros años del cristianismo. Aquellos hombres y mujeres que, con una fe inquebrantable, abrazaron la muerte como su mayor victoria, considerándose dignos de sufrir por Cristo.

Día tras día, Dios despertaba mi conciencia, confrontándome con los deseos oscuros que arrastran a la humanidad. Me mostró mi propio corazón, lleno de anhelos egoístas y aspiraciones vanas. Me reveló la insuficiencia de mis propias fuerzas, el vacío de mi espíritu, que intentaba colmarse con buenas obras para sentirse aprobado, pero que, en lo profundo, reconocía la grandeza de Dios y, al mismo tiempo, su lejanía.

Entonces comprendí que no era yo quien debía alcanzar a Dios, sino que Él ya había venido a mí. No lo amé primero; Él me amó antes de que siquiera pudiera responder. Y lo demostró con el mayor acto de amor: entregándose en la cruz en mi lugar.

Por eso soy cristiano. No porque mi razón o mis méritos me llevaran a Él, sino porque su gracia me alcanzó cuando yo aún estaba perdido.


3

Cristo, el puente inquebrantable: De la separación a la reconciliación con Dios


Soy cristiano porque, cada día, veo con claridad que los seres humanos están separados de Dios. No necesariamente por declararse ateos; de hecho, la mayoría dice creer en Dios o, al menos, en una fuerza superior que rige el universo. Sin embargo, esa vaga creencia no cierra la brecha que existe entre Dios y nosotros. Siempre sentí esa distancia como un abismo insalvable, una separación real y profunda.

Esta certeza me llevó a preguntarme una y otra vez: ¿Cómo puede el ser humano, pecador y finito, acercarse a un Dios santo y eterno? ¿Existe algún puente entre Dios y el hombre? No encontraba respuesta en la religión ni en el esfuerzo humano. Pero entonces comprendí que Cristo había muerto para convertir mi distanciamiento en reconciliación y que su resurrección transformaba mi derrota en victoria.

La correspondencia entre mi necesidad y la respuesta de Cristo era demasiado precisa para ser una coincidencia. Su llamado se hizo cada vez más claro, más insistente. No pude ignorarlo. ¿Abrí yo la puerta, o fue Él quien la abrió por mí? En cierto sentido, fui yo quien respondió, pero solo porque su amor me buscó primero, haciendo su invitación irresistible.

Por eso soy cristiano. No porque haya encontrado a Dios por mis propios medios, sino porque Él me encontró a mí. No porque mi razón haya construido un puente hacia Él, sino porque Cristo se convirtió en ese puente. Mi fe no es una coincidencia, sino la respuesta a un amor que me llamó cuando aún estaba lejos.


4

No por consuelo, sino por verdad: La razón de mi fe en Cristo


Soy cristiano porque estoy convencido de que el cristianismo es verdad, o mejor dicho, de que las afirmaciones de Jesucristo son verdaderas. Más de una vez me han dicho condescendientemente: “Qué bien que seas cristiano, seguro te ayuda mucho, porque la religión es un consuelo en estos tiempos difíciles”. Pero esa no es la razón por la que sigo a Cristo. No niego que Él es un gran refugio y fortaleza para mi vida, pero su mensaje no es solo un alivio emocional, sino un desafío radical.

No soy cristiano porque “es bonito”, sino porque es verdad. No tengo un interés particular en defender el cristianismo como sistema o la iglesia como institución. La historia de la iglesia ha sido agridulce, con episodios de heroísmo, pero también de vergüenza. Sin embargo, no me avergüenzo de Cristo, quien es el corazón y la esencia de la fe cristiana.

Jesús fue un crítico valiente de las instituciones, defensor de los pobres y marginados, y amigo de quienes la sociedad despreciaba. Mostró compasión por los rechazados y, a pesar de ser cruelmente atacado, nunca respondió con violencia. Enseñó a sus discípulos a amar a sus enemigos y a vivir según sus palabras.

En Cristo encuentro más que un ideal admirable: veo un modelo digno de imitar. Su vida y mensaje trascienden las barreras del tiempo y continúan desafiando al mundo. No sigo a Cristo porque me resulta cómodo, sino porque su verdad transforma vidas.

Por eso soy cristiano.


5

Jesús: La razón y el centro de mi fe

Soy cristiano porque el cristianismo no se basa en ideas abstractas ni en principios filosóficos, sino en la persona de Cristo. A diferencia de cualquier líder religioso o fundador de un movimiento humano, Jesús no solo enseñó la verdad, sino que afirmó ser la verdad. Su vida fue un modelo irreprochable, y su identidad, única en la historia.

Jesús dijo[i]: Yo soy el pan de vida, porque solo en Él el alma humana encuentra satisfacción. Declaró: Yo soy la luz del mundo, pues sin Él la humanidad camina en tinieblas. También afirmó: Yo soy el camino, la verdad y la vida, mostrando que solo a través de Él podemos hallar dirección, certeza y plenitud. Su promesa es inigualable: Yo soy la resurrección y la vida, capaz de dar esperanza incluso a quienes están espiritualmente muertos.

Soy cristiano porque Jesús invitó a los cansados y agobiados a encontrar descanso en Él. Ningún otro líder ha centrado la fe de sus seguidores en sí mismo con tal autoridad y verdad. Mientras los sabios y guías del mundo señalan caminos externos, Jesús se presenta como el destino mismo. Dijo: “Si alguno tiene sed, venga a Mí y beba”,[ii] porque solo Él puede saciar la sed más profunda del alma.

Jesús no es un líder religioso más; es Dios mismo, ofreciendo su vida para salvarnos. Su invitación no es solo a creer en lo que enseñó, sino a confiar en quién es. No hay otro como Él.

Por eso soy cristiano.


6

Jesús: El cumplimiento de las profecías

Soy cristiano porque Jesucristo cumplió todas las profecías anunciadas en el Antiguo Testamento, la Biblia Hebrea o Tanaj.

En una ocasión, Jesús, sentado en una sinagoga judía, leyó una porción del profeta Isaías:
El Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del Señor.[iii]
Después de leer, Jesús declaró a sus oyentes que esa profecía acababa de cumplirse en Él. Con estas palabras, afirmaba que era el Ungido anunciado por el profeta Isaías.

Soy cristiano porque Cristo es el cumplimiento de las Escrituras. En otra ocasión, dijo claramente que el Tanaj daba testimonio de Él: Las Escrituras son las que dan testimonio de mí.[iv] También habló de Abraham, quien se alegró al pensar que vería el día del Mesías.[v]

Tras su resurrección, Jesús reafirmó su identidad mesiánica al decir que todo lo escrito acerca de Él en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos debía cumplirse.[vi]

Soy cristiano porque Jesús es el Siervo Sufriente de Isaías, el que fue despreciado y desechado por los hombres, el que cargó con el pecado de muchos.[vii]

No sigo a Jesús solo como un profeta, sino como el cumplimiento perfecto de lo que los profetas anunciaron. Por eso soy cristiano.


7

En Cristo descubro quién soy

No soy cristiano solo porque el cristianismo explique quién fue Jesús y lo que logró en la cruz, sino porque también me revela quién soy yo. En mi búsqueda de identidad, resuena una antigua pregunta que ya se hizo el salmista: ¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria?.[viii] Al cuestionarme quién soy, entro en una reflexión que ha inquietado a la humanidad por siglos. Desde la filosofía antigua, con la inscripción en el templo de Delfos “Gnothi seauton”[ix] (conócete a ti mismo), hasta la modernidad obsesionada con la identidad, la pregunta sigue vigente.

Soy cristiano porque en Cristo encuentro la respuesta a esta búsqueda. La cruz no solo revela quién es Dios, sino también quién es el ser humano. La filosofía ha intentado definirnos de múltiples maneras: desde la visión optimista del humanismo, que exalta nuestra grandeza, hasta el pesimismo extremo de los cínicos, que reducen nuestra existencia a un sinsentido. Sin embargo, la Biblia mantiene un realismo radical: nos muestra tanto la gloria como la miseria de nuestra condición.

Fui creado a imagen de Dios, dotado de dignidad y propósito, pero esa imagen ha sido corrompida por el pecado. Jesús mismo nos confrontó con esta realidad cuando declaró que del corazón humano proceden los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad.[x] No es el entorno el que nos hace malos, sino nuestra propia naturaleza caída.

Cristo, en la cruz, dejó en evidencia nuestra verdadera condición. Somos egocéntricos por naturaleza, y este egoísmo es la raíz de todos los males. No es la educación, la cultura o el progreso lo que nos corrompe, sino lo que ya está en nuestro interior. Esta revelación, lejos de ser un simple diagnóstico pesimista, es la clave para comprender nuestra doble necesidad: limpieza y renovación.

Ser cristiano no es solo aceptar una doctrina, sino experimentar una transformación profunda. Necesito ser limpiado de mi corrupción y, al mismo tiempo, recibir un corazón nuevo con aspiraciones y deseos renovados. En el evangelio encuentro ambas cosas: Cristo murió para limpiarme y resucitó para darme una vida nueva.

Esta es la aplicación lógica del evangelio a la paradoja de mi humanidad. No soy simplemente el producto de mis circunstancias ni el resultado de mi propio esfuerzo. Soy alguien que ha sido redimido por la gracia de Dios, restaurado a su propósito original y llamado a reflejar su gloria.

Por eso soy cristiano. No por tradición, comodidad o simple creencia, sino porque en Cristo encuentro mi verdadera identidad y el único camino hacia la plenitud.


8

Cristo, la llave de la verdadera libertad

Soy cristiano porque he encontrado en Jesús, el Mesías, la llave de la verdadera libertad. La humanidad ha buscado la libertad desde tiempos antiguos, y aún hoy sigue siendo una obsesión universal. El novelista inglés John Fowles, cuando le preguntaron si había un tema recurrente en sus libros, respondió sin dudar: “Libertad… desearía conseguir libertad, eso me obsesiona”[xi].

A lo largo de la historia, distintas civilizaciones han luchado por diferentes tipos de libertad: independencia nacional, emancipación de sistemas opresivos, derechos civiles, libertad financiera o incluso la liberación del hambre y la pobreza. Sin embargo, muchos, aun consiguiendo estos anhelos, siguen sintiéndose prisioneros de algo más profundo. La mayor esclavitud no es externa, sino interna.

Jesús vino a proclamar una libertad más radical: la del alma. A su audiencia judía les dijo: “si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres”.[xii] Y el apóstol Pablo afirmó que Cristo nos libertó para que vivamos en libertad.[xiii] Yo puedo decir lo mismo. En Cristo he sido liberado del pecado y de la condenación eterna. Puede parecer un mensaje religioso o un discurso evangélico, pero es la realidad del evangelio.

Si lo queremos decir en términos sencillos, soy cristiano porque he sido libre en Jesús. Libre de la culpa, del juicio de Dios y del peso de mi propio egocentrismo. Y sé que, en el futuro, seré completamente libre de todo temor y aflicción.

Por eso soy cristiano. Porque en Cristo no solo encontré una creencia, sino la verdadera libertad.


9

Cristo, la respuesta a las aspiraciones del alma

Soy cristiano porque en Cristo se cumplen todas y cada una de mis aspiraciones como ser humano. A lo largo de la historia, los seres humanos han buscado incansablemente aquello que les brinde plenitud. Tienen deseos profundos, aspiraciones inquebrantables y una sed de significado que no puede ser saciada con logros materiales, éxito o reconocimiento. Estoy convencido de que solo Jesús, el Mesías, puede satisfacer completamente estas necesidades, y millones de cristianos alrededor del mundo pueden dar testimonio de ello.

En el corazón de cada persona hay un hambre que nada ni nadie puede saciar, excepto Cristo. Hay una sed que solo Él puede calmar. Existe un vacío interior que ninguna riqueza, relación o experiencia puede llenar, sino únicamente Su presencia. No se trata de un capricho religioso ni de una búsqueda emocional sin fundamento, sino de la realidad de nuestra naturaleza. Somos seres espirituales con un anhelo innato de Dios, y en Cristo encontramos la respuesta.

Algunos argumentan que la fe en Jesús es solo una muleta para los débiles, un refugio para quienes no pueden enfrentar la vida por sí mismos. A ellos les doy la razón: Jesús es, sin duda, una muleta para los cojos, pero no solo para unos cuantos, sino para toda la humanidad. Él es medicina para los enfermos espirituales, pan para los hambrientos y agua para los sedientos. La diferencia entre los cristianos y quienes rechazan esta verdad no es que unos sean más débiles que otros, sino que los cristianos hemos reconocido nuestra necesidad. El resto, ya sea por ignorancia o por orgullo, sigue buscando fuera lo que solo Dios puede dar.

No soy cristiano porque Cristo sea una invención de mi mente, sino porque es una realidad incuestionable. Nadie imagina la comida solo porque siente hambre; la existencia del hambre prueba que hay alimento. Nadie imagina el amor simplemente porque anhela ser amado; el amor existe y es experimentado. De la misma manera, el deseo del alma de hallar sentido, pertenencia y plenitud no es un delirio, sino la prueba de que fuimos creados para Dios.

No podemos ignorar la realidad de Cristo como la única respuesta a nuestras aspiraciones más profundas. Dios ha establecido esta verdad de manera clara y evidente. Por eso soy cristiano: porque el vacío que alguna vez hubo en mi corazón ha sido llenado por Él. Mi nostalgia de por vida, el anhelo de reunirme con alguien más grande que yo en el universo, ese deseo de pertenecer al "interior de una puerta" que siempre miré desde afuera, no son ilusiones ni deseos neuróticos, sino el más claro indicio de nuestra verdadera condición.

Cristo es la única respuesta, el único remedio. En Él encuentro la plenitud que el mundo promete, pero jamás puede dar. Por eso soy cristiano.


10

Cristo y la plenitud de la verdadera humanidad

Soy cristiano porque en Cristo encuentro la plenitud de la vida como ser humano. Lejos de ser una limitación, el cristianismo me ha permitido comprender lo que realmente significa ser humano en toda su esencia. Ser cristiano no es asumir una identidad ajena a nuestra naturaleza ni vivir en excentricidad perpetua; al contrario, es alcanzar la verdadera humanidad en su máxima expresión. Todo lo esencialmente divino se encuentra en Cristo, y todo lo esencialmente humano se revela en aquellos que están en Él.

Rechazar a Cristo es perder la oportunidad de vivir en plenitud, es reducir la existencia a una versión disminuida de lo que fuimos creados para ser. Sin Cristo, el ser humano se convierte en una sombra de sí mismo, alguien que busca sentido en lo efímero, sin experimentar la verdadera esencia de la vida. La Biblia lo expresa con una frase sencilla pero contundente: “No solo de pan vivirá el hombre”. Esta declaración desarma cualquier pensamiento humanista que intente explicar la existencia únicamente desde lo material. Somos más que cuerpos que necesitan alimento; somos seres espirituales con una necesidad innata de Dios y de trascendencia.

Esto me recuerda al pensador Theodore Roszak, quien, sin ser cristiano, hizo afirmaciones sorprendentes sobre la sociedad moderna. En su libro Donde Acaba la Tierra Baldía, con el subtítulo Política y Trascendencia de una Sociedad Post-Industrial, Roszak lamenta lo que él llama la “coca-colonización del mundo”. Según él,[xiv] la civilización contemporánea sufre una “claustrofobia psíquica dentro de la visión científica del mundo”, un entorno en el que el espíritu humano no puede respirar. Describe la arrogancia del hombre moderno, que con su “espíritu desacreditador” pretende “deshacer misterios”, reduciendo la existencia a una ecuación sin alma.

La autosuficiencia del ser humano lo aleja de Dios, pues en su afán de controlar y definirlo todo, pierde la capacidad de asombro y conexión con lo eterno. Pero la realidad es que fuera de Dios no hay trascendencia genuina, solo una sucesión de intentos fallidos por encontrar significado en lo pasajero. Las aspiraciones más profundas del hombre, su anhelo de propósito y sentido, encuentran eco en las palabras de Jesús:
“No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.
Dios me da trascendencia. Él me muestra que la vida no se trata solo de sobrevivir o acumular éxitos efímeros, sino de vivir con propósito eterno. La ciencia, la filosofía y los logros humanos pueden ofrecer conocimiento y progreso, pero jamás pueden llenar el vacío del alma. Solo en Cristo encuentro la respuesta a mi necesidad más profunda: la de ser completamente humano, en comunión con mi Creador.

Por eso soy cristiano. Porque en Cristo encuentro la plenitud de la vida, la verdadera humanidad y la trascendencia que mi alma anhela.


11

Cristo, el Salvador que libera de la culpa

Soy cristiano porque Cristo es el Salvador de la culpa del pecado y del juicio de Dios. No podemos negarlo: somos pecadores culpables y nuestra conciencia nos lo recuerda constantemente. A diferencia de lo que enseñó Freud—quien, aunque desarrolló el psicoanálisis, erró en este punto—, la culpa no es simplemente un síntoma patológico o un trastorno mental. Excluyendo los casos de enfermedades depresivas, la culpa no es una ilusión ni una carga innecesaria.

Cada vez más psicólogos y psiquiatras, incluso sin ser cristianos, reconocen que debemos asumir nuestra responsabilidad. Si no lo hacemos, la culpa permanecerá dentro de nosotros, atormentándonos. Cristo nos salva de esta carga, ofreciendo el perdón que tanto necesitamos.

Margarita Laski[xv], una de las novelistas ateas más reconocidas de Inglaterra, confesó poco antes de su muerte en 1998: “Lo que más os envidio a los cristianos es vuestro perdón; yo no tengo a nadie para perdonarme”. Esta declaración refleja la profunda necesidad humana de redención. Sin embargo, en Cristo encontramos la respuesta. La Biblia lo dice con sencillez y verdad: “Pero en ti hay perdón”.[xvi]

Soy cristiano porque Cristo, al hacerse hombre y morir en la cruz en mi lugar, pagó con amor sacrificial el precio de mi pecado y me concedió el perdón. Debería tener un corazón de piedra para no conmoverme ante semejante amor. No solo soy cristiano por la libertad que Cristo me ofrece, sino porque su perdón está disponible para todos. Nadie necesita vivir en culpa cuando la gracia de Dios es una oferta abierta.


12

Cristo, la luz que vence el miedo

Soy cristiano porque en Cristo encuentro libertad de todos los miedos que me agobian. Desde tiempos antiguos, la humanidad ha vivido paralizada por el temor. Creían que fuerzas invisibles gobernaban sus vidas y destinos. Hoy no es diferente; muchas personas siguen atrapadas en el miedo: a la enfermedad, el dolor, la discapacidad, el fracaso financiero, el desempleo y, sobre todo, a la muerte.

Existen temores irracionales y supersticiosos. Aún en sociedades avanzadas, la gente sigue cruzando los dedos, tocando madera o evitando el número trece. En África Occidental, muchos llevan amuletos, mientras que en Gran Bretaña, quienes leen el horóscopo duplican a los que leen la Biblia. El miedo a la muerte sigue siendo el mayor de todos. Woody Allen lo ha convertido en una obsesión y bromea diciendo: "No es que me asuste morir, simplemente no quiero estar presente cuando suceda".[xvii]

Sin embargo, la realidad es clara: “nadie que tiene miedo es libre”. Cristo vino precisamente a darnos libertad. En la cruz del Calvario, Él llevó nuestros miedos, destruyendo el poder que ejercen sobre nosotros. Por eso soy cristiano.

He aprendido que el miedo crece como los hongos: prospera en la oscuridad. La única manera de vencerlo es exponerlo a la luz. ¿Cuál luz? Jesús mismo dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.[xviii]

Por eso soy cristiano: porque en Dios no hay tinieblas, solo luz y verdad. En Él, el miedo pierde su poder y la paz toma su lugar.


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La libertad de ser quien fui creado para ser

Soy cristiano porque Cristo me permite ser verdaderamente yo mismo.

Fui creado por Dios con un propósito y un diseño único. Desde el principio, Él estableció el modelo perfecto para que el ser humano viva plenamente realizado. Fuimos hechos a su imagen y semejanza,[xix] lo que significa que nuestra identidad y nuestra verdadera libertad solo pueden encontrarse en Él.

La libertad genuina no consiste en hacer lo que queramos sin límites, sino en vivir de acuerdo con el propósito para el cual fuimos creados. Si Dios es nuestro Creador, Él sabe mejor que nadie cómo debemos vivir para experimentar plenitud. ¿Es Dios libre de hacer lo que quiera? Sí, pero su libertad es perfecta y está en armonía con su carácter. Dios nunca hará nada que contradiga sus atributos: no puede mentir, pecar, tentar ni ser tentado. Su libertad no es absoluta, pero sí perfecta.

Por eso soy cristiano: porque Dios me ha dado una libertad que, aunque no es absoluta, sí es perfecta y me conviene. La libertad absoluta llevaría al caos, pero la libertad dentro del propósito de Dios me permite ser plenamente humano.

Pensemos en un pez: fue diseñado para vivir y moverse en el agua. Sus agallas absorben oxígeno del agua, y sus aletas le permiten desplazarse con facilidad. Su libertad y su realización están en ese ambiente. Imaginemos que un pez en un acuario se siente atrapado y, en un intento por obtener más libertad, salta fuera del agua. Si cae en un estanque más grande, ampliará su espacio, pero si cae en tierra firme, encontrará la muerte. Su libertad no está en hacer lo que quiera, sino en permanecer en el elemento para el que fue creado.

De la misma manera, los seres humanos fuimos creados para vivir en el amor: amar a Dios y amar al prójimo. Ese es el elemento en el que encontramos nuestra realización y propósito. Cuando vivimos fuera del amor, nos privamos de nuestra verdadera naturaleza y terminamos destruyéndonos a nosotros mismos.

El poeta del siglo XVI Robert Southwell[xx] expresó esta verdad de manera sublime: “No cuando respiro, sino cuando amo, es que vivo”. No es la mera existencia lo que nos define, sino la capacidad de amar. La verdadera libertad es aquella que nos permite ser quienes fuimos diseñados para ser: reflejos del amor de Dios en el mundo. Por eso la Biblia dice:
Si no tengo amor, nada soy. Y si reparto todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entrego mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, es bondadoso. No tiene envidia, no presume, no se engríe. No se comporta con rudeza, no busca su propio interés, no se irrita ni guarda rencor. Todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser.[xxi]
El amor es mi libertad. Por eso soy cristiano.


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Cristo en un mundo de opciones: ¿Qué me conviene elegir?

Hoy, una simple búsqueda en Google, un recorrido por redes sociales o un vistazo a páginas como NatGeo o History Channel basta para evidenciar la gran diversidad de religiones en el mundo. Además, los avances en comunicación y transporte nos han hecho más conscientes de la existencia de innumerables movimientos activistas que defienden sus causas, basadas en sus creencias y prácticas. Algunos son más moralistas, otros más ideológicos, pero todos buscan captar nuestra atención.

Ante esta realidad, surge una pregunta inevitable: ¿Cómo decidir entre tantas opciones? Nos encontramos en medio de una nueva Torre de Babel, donde múltiples voces compiten por ser escuchadas. En esta era del pluralismo religioso, parece que tenemos ante nosotros un extenso buffet de creencias. ¿Cuál elegir?

Muchos dicen que todas las religiones llevan a Dios. Después de todo, ¿no es Dios amor? ¿No perdonará y salvará a todos? Sin embargo, en este panorama tan diverso, me sigo preguntando: ¿Por qué soy cristiano? La respuesta es clara. Todas las religiones hablan de paz, pero solo Jesús dijo:
La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.[xxii]
Todas las religiones establecen reglas, preceptos y sistemas de vida basados en abstenciones y sacrificios con el fin de alcanzar un nivel superior. Pero solo Jesús trajo un mandamiento revolucionario:
Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.[xxiii]
Por eso soy cristiano.


15

Cristianismo en un mundo de opciones: La razón de mi fe

Soy cristiano porque, cuando se trata de la eternidad, Jesús hizo todo para que yo esté con Él. A diferencia de lo que muchos creen, su propósito no era establecer una religión llena de normas y rituales. Su llamado no fue a seguir un sistema, sino a tener una relación personal con Él.

En el hinduismo, la redención se busca a través de rituales y homenajes a numerosos dioses. Con más de cuatro mil ídolos, los hindúes creen que la liberación del ciclo de la vida y la muerte se obtiene mediante la devoción a la diosa Ganga[xxiv] y los baños en el río Ganges. En el islam, el Corán prescribe oraciones obligatorias en horarios específicos, con procedimientos detallados y bajo condiciones estrictas para honrar a Alá. El budismo establece el óctuple sendero, un conjunto de prácticas que incluyen la visión correcta, la meditación y la acción correcta, como el medio para alcanzar el nirvana, la liberación del sufrimiento y el deseo.[xxv]

Los sijes[xxvi] de la India también siguen normas estrictas: los hombres deben llevar turbantes y nunca cortarse el cabello, mientras que tanto hombres como mujeres deben cubrirse la cabeza y venerar sus escrituras sagradas. Para ellos, la salvación se encuentra en compartir comida y en la observancia de estas reglas.

Si bien todas estas religiones difieren en sus creencias, tienen algo en común: maestros que establecen normas, rituales y caminos para alcanzar la salvación, según su propia interpretación de lo que significa ser salvo. En cada una de ellas, el esfuerzo humano es clave; la salvación depende de lo que el hombre haga para acercarse a Dios o a sus dioses.

El cristianismo es radicalmente diferente. Cuando Jesús apareció en la historia, no vino con un conjunto de reglas que debíamos seguir para llegar a Dios. No dijo: Observen estas normas específicas, realicen estos rituales, sigan este camino para obtener salvación. En lugar de eso, su llamado fue simple y profundo: Síganme.
A Pedro: Y dicho esto, añadió: Sígueme.[xxvii]
A Mateo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.[xxviii]
Al joven rico: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres... y ven, sígueme.[xxix]
A otro discípulo que pidió enterrar a su padre: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.[xxx]
Esa es la esencia del cristianismo. No se trata de lo que yo pueda hacer para alcanzar a Dios, sino de lo que Dios hizo para alcanzarme a mí. Jesús no vino a darnos una lista de requisitos religiosos; vino a ofrecernos vida en abundancia.

Las religiones ofrecen realización, iluminación, métodos para alcanzar un estado espiritual más alto. Pero Jesús no es solo un maestro de moral o un guía espiritual. Él es el descanso de mi alma, el gozo de mi corazón y el propósito de mi existencia. En Él encuentro sentido, dirección y la seguridad de que mi destino eterno no depende de mis esfuerzos, sino de su gracia.

Por eso soy cristiano.


16

Soy cristiano porque Dios me buscó primero

Soy cristiano, no porque un día decidí buscar a Dios, sino porque Él me buscó primero. La verdad es que yo era incapaz de encontrarlo por mis propios medios, pero su amor me alcanzó. No me convertí en hijo de Dios por iniciativa propia; fue Él quien, en su gracia, me ofreció salvación. Antes de que yo naciera, Dios ya había trazado un plan para adoptarme. Cuando aún estaba perdido en mi pecado, Él preparaba mi redención.

Comprendí que la única manera de ser parte de la familia de Dios es por su amor incondicional, un amor que trasciende mi comprensión y que está completamente fuera de mi control. Mi cristianismo no se basa en que yo busqué a Cristo, sino en que Él me buscó a mí. No fue una decisión que partiera de mí, sino una invitación que vino de Él. Jesús no me llamó por lo que soy, sino a pesar de lo que soy, porque en mí no había méritos ni cualidades suficientes.

Por eso soy cristiano, porque Dios diseñó un plan desde la eternidad para salvarme por su gracia. La Biblia lo confirma cuando dice: Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.[xxxi]

Saber que Dios puso sus ojos en mí antes de crear el sol, la luna y las estrellas es una verdad sobrecogedora. Por eso soy cristiano.


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Llamado por Dios: La soberanía divina en mi fe

Podemos conocer la voluntad revelada de Dios, aquella que nos muestra en su Palabra, pero su voluntad secreta, la que siempre se cumple sin falta, nos es desconocida. Esta verdad la he comprobado en mi propia experiencia.

Llegué al cristianismo por una invitación, la misma que encontré en las palabras de Jesús, el Mesías:
"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11:28).
Buscando alivio, acepté esa invitación y me acerqué a Él. Sin embargo, con el tiempo, al madurar en la fe y profundizar en la Biblia, descubrí otra declaración de Jesús que transformó mi entendimiento:
"Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero" (Juan 6:44).
En un principio, creía que había sido mi decisión acudir a Cristo en busca de descanso. Pero al conocer más las Escrituras, comprendí que, en realidad, fue Dios quien me atrajo hacia Jesús. No llegué a Él por mi propia voluntad, sino porque el Padre ya había obrado en mi corazón para llevarme a su Hijo. Esto es un verdadero misterio, yo estaba seguro de haber visto el gran letrero sobre la puerta que decía: ¡Ven a Cristo para que seas salvo! Decidí entrar y al cruzar el umbral pude ver que en la parte de atrás del mismo gran letrero decía: ¡Estas aquí porque el Padre te atrajo a Cristo!

¡Qué asombroso es esto! No fui yo quien dio el primer paso; fue Dios quien, en su amor y soberanía, me buscó y me llevó a Cristo.

Por eso soy cristiano.


18

Jesucristo, la llave de mi verdadera libertad

Jesús, el Mesías, es la llave de mi libertad. Muchos buscan libertad financiera, derechos civiles o la liberación de la pobreza y el desempleo. Sin embargo, he observado que, aunque luchan por estas causas, en el fondo siguen sintiéndose atrapados, frustrados e insatisfechos. Descubrí en la Biblia una verdad que transformó mi vida:
"Si el Hijo (Jesucristo) os libertare, seréis verdaderamente libres." (Juan 8:36).
“Libertad” es una palabra cristiana, una actualización del concepto de salvación. Ser salvado por Jesús significa ser hecho verdaderamente libre. Sin embargo, hablar de salvación nos confronta con la realidad del pecado, un tema que muchos prefieren evitar. No es un concepto obsoleto ni irrelevante; al contrario, es la clave para entender la verdadera libertad.

Soy cristiano porque he sido liberado del castigo que merecía por mi pecado, gracias a un Salvador que murió en la cruz hace más de dos mil años. Soy cristiano porque cada día experimento la liberación del poder del pecado, por medio de un Salvador que está vivo. Y soy cristiano porque, en el futuro, seré completamente liberado del pecado, por un Salvador que regresará. Ese Salvador es Jesucristo.

He sido liberado de la culpa y del juicio de Dios. Estoy siendo liberado del egocentrismo que me esclaviza. Y seré liberado de todo temor respecto al futuro.

Por eso soy cristiano.


19

Volviendo al Evangelio puro de Cristo

Soy cristiano evangélico por la misma razón que llevó al reformador Martín Lutero a oponerse a la Iglesia Católica Romana: la corrupción y la distorsión del verdadero evangelio de Cristo. En aquella época, la Iglesia se enriquecía a costa de la ignorancia del pueblo, vendiendo el supuesto "perdón anticipado" a través de indulgencias.

Lutero se levantó contra Johann Tetzel, un monje dominico famoso por su papel en la venta de indulgencias. Tetzel había sido comisionado por el arzobispo Alberto de Brandeburgo para vender indulgencias en varias regiones de Alemania con el propósito de recaudar fondos para la construcción de la Basílica de San Pedro en Roma. La idea era simple, pero perversa: hacer creer a la gente que podían comprar con dinero el perdón de sus pecados pasados, presentes y futuros. Esto no solo era un engaño flagrante, sino una ofensa directa al sacrificio de Jesús en la cruz, quien murió precisamente para concedernos el perdón gratuitamente por gracia.

Este abuso no era nuevo. Ya en 1450, Tomás Gascoigne, rector de la Universidad de Oxford, denunciaba a los vendedores de indulgencias, afirmando que se movían por los pueblos vendiendo "cartas de perdón" a cambio de dos peniques, un vaso de cerveza o incluso favores carnales. La Iglesia de aquella época se había alejado tanto de la verdad que no se distinguía de lo mundano. La apostasía se había institucionalizado y era necesaria una reforma profunda.

Por esta razón soy cristiano evangélico. Creo que la salvación del hombre no depende de obras, dinero ni de favores ofrecidos a una institución religiosa, sino que es un regalo de Dios, recibido únicamente por gracia y solo por la fe en Jesús el Mesías. No hay nada que podamos hacer para comprar o merecer la salvación; Cristo ya pagó el precio con su sangre.

Soy cristiano evangélico porque reconozco que la Biblia es la única autoridad para el creyente. No necesitamos la tradición humana ni la interpretación particular de un magisterio para conocer la verdad de Dios. La Escritura es suficiente, clara y poderosa para guiarnos en la fe y la vida cristiana. En ella aprendemos que solo debemos adorar a Dios y darle toda la gloria a Él, sin venerar imágenes, santos ni ninguna otra figura.

La Reforma Protestante no solo fue un movimiento contra los abusos de la Iglesia Católica de aquel tiempo, sino una restauración del evangelio puro de Cristo. Los reformadores no querían crear una nueva religión, sino volver a la esencia de la fe bíblica, centrada en Cristo y en la gracia de Dios.

Hoy, sigo defendiendo esas mismas verdades. No porque sean parte de una tradición evangélica, sino porque están fundamentadas en la Palabra de Dios. Mi fe no depende de dogmas impuestos por hombres, sino de la certeza de que en Cristo tengo plena libertad, perdón y vida eterna.

Por eso soy cristiano evangélico.


20

Cristiano por gracia: No por mérito, no por sabiduría, sino por Dios

¿Soy acaso más inteligente que un incrédulo? No. ¿Poseía un corazón inclinado naturalmente hacia Dios? No. ¿Entiendo las verdades de la Biblia porque soy más sabio que otros? No. ¿Pertenezco a una casta especial dentro de la sociedad que me haga merecedor de la fe cristiana? No. ¿Tenía los recursos suficientes para "comprar" mi fe? No. ¿Soy un iluminado místico que percibe las buenas vibras del cristianismo? No. ¿El hecho de que mi padre me haya enseñado las Escrituras desde pequeño me hizo más entendido y, por ello, abracé el cristianismo? No.

Entonces, ¿por qué soy cristiano?

No es por mérito propio, ni por alguna cualidad sobresaliente en mí. No es porque haya buscado a Dios con un corazón sincero o porque mi intelecto me haya llevado a la verdad. La realidad es que yo estaba muerto espiritualmente, completamente incapaz de acercarme a Dios por mi propia voluntad. Era como un cadáver sumergido en el fondo del océano, sin posibilidad de rescate por sus propios medios. No podía hacer nada para salvarme.

Soy cristiano por una sola razón: la gracia de Dios.

¿Qué es la gracia? Es el favor inmerecido de Dios, el medio por el cual Él decidió salvarme. No se puede conocer a Dios a través de la sabiduría humana; de hecho, la autosuficiencia intelectual aleja al hombre de Dios. En su sabiduría, Dios escogió salvarnos mediante un mensaje que el mundo considera una locura: la predicación de Cristo crucificado.

El apóstol Pablo lo explicó claramente a los cristianos de Corinto:

"Por cuanto en la sabiduría de Dios, el mundo dejó de conocer a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por medio de la necedad de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles, necedad; mas para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque lo necio de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres" (1 Cor. 1:21-25).

El mundo no comprende esto. Para muchos, la idea de un Mesías crucificado es un absurdo. ¿Cómo puede la salvación depender de alguien que murió en una cruz? Sin embargo, para aquellos a quienes Dios ha llamado, Cristo crucificado es poder y sabiduría divina.

No hay mérito en mí. No fui yo quien eligió a Dios; fue Dios quien me eligió y me llamó por su gracia. No lo merecía, pero su amor me alcanzó.

Por eso, lo único que puedo hacer es vivir en gratitud. Soy cristiano porque Dios, en su infinita misericordia, me hizo nacer de nuevo por su propia voluntad mediante la predicación de la Palabra de verdad.

Por eso soy cristiano.


21

Persecución, dolor y esperanza: Por qué sigo siendo cristiano

Vivimos tiempos turbulentos, sin duda alguna. Basta con mirar a nuestro alrededor para ver caos, violencia y sufrimiento. Recientemente, alguien me preguntó: “¿Cómo puedes seguir creyendo en un Dios que no hace nada para frenar tanta maldad en el mundo?” y “¿Cómo puedes seguir siendo cristiano, cuando es evidente que la humanidad hace lo que quiere, sin consecuencias?”.

Son preguntas difíciles. Quién no se las ha hecho en algún momento. Pero en lugar de debilitar mi fe, me llevan a recordar las palabras de Jesús el Mesías:
En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, Yo he vencido al mundo.[xxxii]
Jesús mismo nos advirtió que entre su Primera y Segunda Venida la humanidad se sumergiría en calamidades. Nos dijo que habría guerras, que nación se levantaría contra nación, que sus seguidores serían perseguidos y asesinados por su fe, y que serían aborrecidos por todas las naciones.

Esto no es una teoría; es una realidad que ha marcado la historia. Un ejemplo de ello ocurrió el 2 de abril de 2015, cuando 147 cristianos fueron masacrados en Kenia. Sin embargo, la prensa mundial apenas cubrió la noticia. Matar cristianos no es un titular de impacto; nunca lo ha sido. Desde que el anticristo Nerón culpó a los cristianos del incendio de Roma, la persecución ha sido una constante.

A lo largo de los siglos, la fe cristiana ha sido ridiculizada, sus seguidores han sido marginados, encarcelados e incluso asesinados. Pero nada de esto ha logrado extinguir la llama del evangelio. No lo hizo el Imperio Romano, ni lo lograron regímenes totalitarios, ni lo conseguirá la indiferencia moderna.

A pesar de las preguntas sin respuesta, a pesar del dolor de la soledad, de los fracasos, de las burlas y difamaciones, sigo siendo cristiano. ¿Por qué?

Porque mi fe no depende de las circunstancias actuales, sino de la promesa de redención futura. No creo en Cristo porque todo me vaya bien, ni porque mi vida sea fácil. Creo en Cristo porque Él venció al mundo, y en su victoria encuentro mi esperanza.

La Biblia no promete una vida sin sufrimiento. Al contrario, nos dice que nuestra fe será probada como el oro en el fuego. Pedro lo expresó de manera hermosa:
"Ahora, por un poco de tiempo, si es necesario, estáis siendo afligidos por diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, es probado por fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra en la revelación de Jesús el Mesías. A quien amáis sin haberlo visto, en quien, aunque ahora no lo veáis, creéis y os alegráis con gozo inefable y glorioso, obteniendo el fin de vuestra fe: la salvación de vuestras almas" (1 Pe 1:6-9).
Por eso sigo siendo cristiano. Porque mi fe no se basa en lo que veo, sino en lo que Dios ha prometido. Porque sé que mi esperanza no está en este mundo, sino en Cristo, el único que ha vencido.

¡Por eso sigo siendo cristiano!


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El amor que cautivó mi corazón: Otra razón de mi fe

Amo la música, especialmente la instrumental. Disfruto de aquellas melodías profundas que transmiten emoción y significado. Pero lo que más me cautiva es cuando la música está ligada a un gran acontecimiento, cuando tiene una historia que contar. Es por eso por lo que me deleito con los himnos de Charles Wesley y con las composiciones de Gloria y William J. Gaither.

No llegué a amarlos de inmediato; su belleza fue conquistándome con el tiempo. Escuchar una y otra vez cada nota, cada armonía, permitió que esta música se arraigara en lo más profundo de mi ser. Así, con cada experiencia, comprendí que esta música no solo me gusta, sino que la deseo escuchar. Para mí, es algo irresistiblemente hermoso.

Esta experiencia con la música me ha llevado a entender mi relación con Dios de una manera similar. Su amor, como una melodía sublime, ha resonado en mi alma hasta que no he podido resistirme. Al igual que con los himnos que han tocado mi corazón, primero experimenté su amor y luego lo amé. Por eso soy cristiano.

No me convertí en cristiano por una decisión fría y racional, sino porque su gloria y su belleza me cautivaron de una manera irresistible. No hay nada en este mundo que pueda compararse con su amor. Él me atrajo, y yo respondí con adoración y entrega.

Muchos desconocen la razón de su existencia y buscan identidad en todo menos en su Creador. Pero la verdad es que el propósito principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre. Solo cuando entendemos esto encontramos sentido a nuestra vida. Soy cristiano porque en la adoración a Dios y en la obediencia a su voluntad encuentro gozo profundo y pleno.

Ser cristiano no es una decisión diaria que tomo cada mañana. No me despierto y digo: "Hoy decido ser cristiano." No, porque desde el momento en que Él cautivó mi corazón, simplemente no he dejado de amarlo.

Fue Él quien me amó primero, y yo solo he respondido a ese amor irresistible. Mi fe no es un mero compromiso intelectual ni una obligación moral, sino el resultado de haber sido profundamente transformado por su amor.

El amor a Dios no es simplemente cuestión de pensamientos o comportamiento; es un afecto genuino, un deleite supremo. No se trata solo de conocer su verdad, sino de amarla. No se trata solo de hacer lo correcto, sino de disfrutar su presencia:

No es solo idea o acción, el amor a Dios es pasión.
No es solo obra o pensamiento, es un gozo en el alma dentro.
Él es mi supremo anhelo, mi deleite y mi consuelo.
Más que todo en esta vida, su presencia es mi alegría.
Conocerlo es mi deseo, ver su luz en el sendero,
Estar con Él, seguir su amor, ser como Él, mi gran honor.
Pues amar a Dios no es razón, es afecto en el corazón.
No es dictado de la mente, es un fuego vivo y ardiente.

Por eso soy cristiano. Porque no hay nada más hermoso que conocer, amar y deleitarse en Dios.



23

Fe y razón: La evidencia que sostiene mi creencia

Se nos acusa con frecuencia de que el cristianismo se basa en una "fe ciega", una creencia irracional que no necesita comprobarse. Algunos incluso afirman que creemos "sin pensar". Sin embargo, esta es una acusación infundada. Los cristianos sí pensamos, y nuestra fe no es un salto al vacío, sino una confianza basada en evidencia.

A menudo se citan las palabras de Jesús a Tomás: "Porque me has visto, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron". Muchos interpretan esta declaración como una invitación a creer sin pruebas, pero esa no es la intención del mensaje. Jesús no pidió a sus discípulos que creyeran sin razón. Al contrario, les dio pruebas tangibles de su resurrección, permitiéndoles verlo, tocarlo y escuchar su voz. Su resurrección no fue un mito inventado, sino un acontecimiento confirmado por numerosos testigos oculares.

¿Es racional creer en base al testimonio humano? Sí, lo es. De hecho, la historia y la ciencia dependen en gran medida de los registros y testimonios de quienes han presenciado los hechos. Creo en Jesús y en la verdad del cristianismo no por un acto de fe irracional, sino porque hay una base sólida de evidencias que respaldan los relatos de los testigos que lo vieron, caminaron con Él y escribieron sobre Él.

Curiosamente, nadie duda de la existencia de Homero, ni de la autenticidad de sus obras La Ilíada y La Odisea. Aunque se acepta sin discusión que fueron escritas en la antigüedad, las copias más antiguas que poseemos datan del siglo V d.C., y apenas hay unas 650 copias en total. Lo mismo ocurre con Platón: aunque vivió en el siglo V a.C., las copias más antiguas de sus escritos no son anteriores al siglo X d.C., y la cantidad de copias es mínima en comparación con otros textos antiguos. A pesar de ello, nadie cuestiona la existencia de Platón ni la autenticidad de su pensamiento.

Por otro lado, en el caso de los escritos sobre Jesús, contamos con una cantidad abrumadora de evidencias. Los documentos que narran su vida y ministerio fueron escritos por testigos oculares antes del año 70 d.C. y se han preservado en cerca de 5,600 copias en griego, sin contar otras traducciones en siríaco, armenio, copto y otros idiomas antiguos. Entre los manuscritos más antiguos destaca el papiro P52, también conocido como El fragmento de San Juan, que data del año 125 d.C. y se encuentra conservado en la Biblioteca John Rylands, en Mánchester, Reino Unido.

Por eso soy cristiano. No porque necesite "ver para creer" como Tomás, sino porque las evidencias históricas y documentales confirman la verdad del Evangelio. Nuestra fe no es "ciega", sino racional, basada en hechos verificables. Sin embargo, no creemos solo por la evidencia, sino porque esta corrobora lo que Dios ha revelado en las Escrituras y en nuestros corazones. La fe cristiana no se opone a la razón; más bien, la fortalece. Y por eso sigo siendo cristiano.



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Cristianismo y misticismo: Entre la verdad revelada y la subjetividad espiritual

Alguna vez pasó por mi mente la idea de que el misticismo no religioso podría haber sido un buen puente entre mi humanidad y lo espiritual. Parecía una vía atractiva para conectar con lo trascendente sin compromisos doctrinales ni creencias específicas. Sin embargo, con el tiempo comprendí que ese tipo de misticismo no acerca a Dios, sino que, por el contrario, aleja al ser humano de Él. No es una alternativa viable para quienes buscan la verdad, porque está basado en percepciones subjetivas y experiencias efímeras que pueden ser engañosas. El cristianismo, en cambio, sí lo es.

El cristianismo no es simplemente una tradición religiosa; es una fe que se fundamenta en la revelación divina contenida en las Sagradas Escrituras. A diferencia del misticismo, que busca la unión con lo divino a través de experiencias individuales y sensaciones personales, el cristianismo ofrece una visión clara y racional de la existencia, sustentada en la revelación de Dios y en el uso de la razón. Mientras que el misticismo se apoya en intuiciones que varían según la persona, el cristianismo proporciona una base sólida y objetiva para comprender la realidad, el propósito de la vida y la relación del hombre con su Creador.

Soy cristiano porque el cristianismo promueve valores universales como el amor, la justicia, la paz y la solidaridad, principios esenciales para la construcción de una sociedad justa y armónica. Estos valores no dependen de estados emocionales ni de experiencias místicas momentáneas, sino que tienen su fundamento en Dios y en su carácter inmutable. El misticismo, en contraste, puede fomentar el individualismo y el relativismo, permitiendo que cada persona defina su propia verdad según sus emociones o percepciones. En algunos casos, incluso puede derivar en fanatismo o superstición, desviando a las personas del verdadero conocimiento de Dios.

El cristianismo también respeta la diversidad cultural y religiosa, siempre y cuando no se oponga a la verdad revelada y al bien común. Su mensaje es inclusivo en el sentido de que la salvación se ofrece a todos los seres humanos sin distinción. En cambio, ciertos tipos de misticismo pueden conducir a una visión elitista o sectaria de la espiritualidad, promoviendo prácticas esotéricas que excluyen a quienes no han alcanzado un supuesto “nivel de iluminación”. En algunos casos, esto puede generar intolerancia y división, en lugar de la unidad y fraternidad que el evangelio de Cristo fomenta.

Soy cristiano porque el cristianismo ofrece una visión coherente del mundo, basada tanto en la razón como en la fe. No se trata de creer irracionalmente o aceptar dogmas sin fundamento, sino de una fe que tiene bases históricas, filosóficas y espirituales verificables. A diferencia del misticismo, que muchas veces se basa en meras sensaciones o en un conocimiento supuestamente secreto, el cristianismo proclama la verdad de manera abierta, accesible y universal. Además, su moral no es relativa ni circunstancial, sino que se fundamenta en el amor a Dios y al prójimo, proporcionando una guía clara para vivir con propósito y significado.

El cristianismo también fomenta la unidad y la fraternidad entre los seres humanos, al reconocer que todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y que podemos llegar a ser hermanos en Cristo. No es una fe que aísla ni que fomenta la superioridad de unos sobre otros. En cambio, ciertas formas de misticismo pueden llevar al aislamiento espiritual o a la creencia de que solo algunos pocos pueden acceder a la verdad última, generando divisiones y exclusivismo.

El cristianismo promueve el desarrollo integral del ser humano, valorando la dignidad de cada persona y buscando el bienestar tanto espiritual como material. No desprecia la realidad tangible ni el progreso social, sino que los sitúa en su justa perspectiva dentro del plan de Dios. En cambio, algunas corrientes místicas tienden a despreciar lo material, viendo el mundo físico como un obstáculo para la trascendencia, lo que puede llevar a una desconexión con la realidad y con las necesidades humanas.

Sin embargo, esto no significa que rechace toda forma de misticismo. El cristianismo reconoce la dimensión mística de la fe cristiana, que consiste en una relación personal y profunda con Dios. La oración, la adoración y la comunión con el Espíritu Santo son experiencias reales y transformadoras que no dependen de sentimientos pasajeros, sino de una verdad revelada. Me opongo, eso sí, a cualquier tipo de misticismo que se aparta de la verdad de Dios y de la comunión con la Iglesia de Cristo.

Por todas estas razones, soy cristiano. Mi fe no es una cuestión de emociones fluctuantes ni de experiencias sin fundamento, sino una convicción basada en la verdad revelada, en la razón y en la gracia de Dios. ¿Y tú, por qué eres cristiano?



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Porque una fe robusta necesita algo más que sentimientos; necesita una teología coherente y sustentada

En la actualidad, millones de cristianos alrededor del mundo profesan una fe sincera, viva y transformadora. Sin embargo, esa fe muchas veces está sustentada más en intuiciones, emociones o tradiciones familiares que en una comprensión clara y profunda de las Escrituras. Esta situación no es necesariamente mala, pero sí incompleta. La fe cristiana, si ha de perdurar y resistir las tempestades del escepticismo, la duda o el sufrimiento, necesita raíces profundas: necesita una teología coherente.

Una de las evidencias más llamativas de esta realidad es la siguiente paradoja: aunque la mayoría de los cristianos del mundo tienen creencias arminianas (creen que el ser humano tiene libre albedrío, que Dios ama a todos por igual y que la salvación puede perderse), la mayoría de los teólogos reconocidos en la historia protestante han sido calvinistas. Es decir, hay una desconexión entre lo que el pueblo cree y lo que los pensadores más influyentes han afirmado a través de los siglos.

¿Por qué ocurre esto? La respuesta no es que el calvinismo sea frío o elitista, como a veces se piensa, sino que ha desarrollado una estructura teológica profundamente coherente, bíblicamente sustentada y filosóficamente sólida. El calvinismo no nace del deseo de imponer una visión dura de Dios, sino de someterse con reverencia a lo que la Escritura enseña sobre la soberanía divina, la pecaminosidad humana y la gracia irresistible del Salvador.

R.C. Sproul lo expresó de forma contundente:
Todos los teólogos tienen que enfrentar la pregunta del mal, pero el calvinismo tiene el valor de enfrentarla sin comprometer la soberanía de Dios. El Dios del calvinismo es el único verdaderamente soberano. (R.C. Sproul, Chosen by God)
Del mismo modo, J.I. Packer afirmó:
El calvinismo es el evangelio, y nada más. El calvinismo es la teología del evangelio en su forma más pura y exaltada. (J.I. Packer, Intro to The Death of Death in the Death of Christ)
Y Jonathan Edwards, uno de los pensadores más brillantes de la historia cristiana, declaró:
La soberanía de Dios es la primera piedra en el edificio de la religión cristiana; y la doctrina de la elección es su fundamento. (Jonathan Edwards, The Works of Jonathan Edwards)
Estos teólogos no defendieron estas ideas por tradición, sino porque vieron en ellas un reflejo fiel del testimonio bíblico y una respuesta seria a las grandes preguntas de la vida.

El mismo Roger Olson, un teólogo arminiano contemporáneo, ha reconocido con honestidad que el arminianismo ha carecido históricamente de un sistema doctrinal tan estructurado como el del calvinismo. En su libro Arminian Theology: Myths and Realities, Olson afirma que muchos evangélicos son arminianos de corazón, pero no han articulado su teología de manera sistemática ni con la misma profundidad que los reformados. Es decir, muchos creen lo correcto, pero no saben por qué lo creen ni cómo explicarlo de manera bíblica y lógica.

Como cristiano, he comprendido que la fe no es enemiga de la razón. De hecho, una fe que no se somete a la verdad revelada en las Escrituras y no busca entenderla con profundidad, corre el riesgo de ser superficial, volátil o manipulable. No se trata de elegir entre una fe académica y una fe sencilla, sino de unir corazón y mente en una adoración informada, robusta y reverente.

Por eso soy cristiano. Porque creo que el cristianismo bíblico no solo me da consuelo, esperanza y salvación, sino también una cosmovisión completa y razonable que responde de forma coherente a las grandes preguntas de la vida. Y porque he descubierto que, cuando la teología es fiel a la Palabra de Dios, fortalece mi fe en lugar de debilitarla.


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¿Por qué soy cristiano si el futuro es incierto?

Recuerdo que, hace muchos años, concebía nuestra existencia como una película que Dios ya había visto. Pensaba que Él conocía el futuro simplemente porque lo había contemplado por anticipado, como un espectador fuera del tiempo. Sin embargo, al meditar en pasajes como Génesis 3:15, esa noción comenzó a transformarse. Empecé a imaginar que Dios, al ver algo oscuro en el horizonte de nuestra historia, decidió intervenir para editar el guion a nuestro favor.

Pero con el tiempo, y a la luz de una comprensión más profunda de la soberanía divina revelada en las Escrituras, comprendí que esa visión era insuficiente. La historia de la humanidad no es una cinta reproducida por anticipado, sino un drama eterno cuyo autor es Dios mismo. Él no reacciona ni improvisa. No responde a eventos futuros que descubre, porque Él no descubre nada: Él lo decreta todo con absoluta autoridad (Isaías 46:9–10).

Dios no es un editor corrigiendo errores del libreto, sino el Autor soberano cuyo propósito eterno se cumple infaliblemente —incluso mediante las decisiones libres y responsables de los hombres. En su providencia, cada escena —aun las marcadas por el pecado, el sufrimiento o la pérdida— contribuye a un desenlace glorioso: la exaltación de Cristo y el bien de su pueblo redimido.

Por eso soy cristiano, no porque el futuro sea incierto pero tranquilizador, sino porque el futuro está asegurado en el decreto eterno de un Dios fiel, bueno y glorioso. Nada en este mundo escapa a Su gobierno, ni siquiera aquello que más tememos.

Como decía R.C. Sproul:
“No existe una sola molécula fuera del control de Dios. Si existiera, entonces Dios no sería soberano, y si Dios no es soberano, entonces no es Dios.”
Y como escribió Jonathan Edwards:
“Los santos serán capaces de mirar atrás desde la eternidad y ver que cada momento —aun los más amargos— eran escalones que conducían a la gloria.”
La incertidumbre del futuro, lejos de debilitar mi fe, la fortalece. Porque no confío en un futuro desconocido, sino en un Dios conocido. Él ha escrito esta historia, y su final está asegurado en Cristo.

Por eso soy cristiano!

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Notas Bibliográficas:

[i] Juan 6:35; 8:12; Juan 14:6; Juan 11:25.
[ii] Juan 7.37
[iii] Lucas 4.18-19
[iv] Juan 5.39
[v] Juan 8.56
[vi] Lucas 24.44
[vii] Isaías 53.3,12
[viii] Salmo 8:4
[ix] La inscripción "Gnothi seauton" ("Conócete a ti mismo") es atribuida tradicionalmente al Templo de Apolo en Delfos, pero su autoría exacta es incierta. Fuentes históricas: Pausanias (siglo II d.C.) en Descripción de Grecia (Libro X, 24.1), menciona que la frase estaba inscrita en el templo de Delfos. Platón (siglo IV a.C.), en Cármides (164d) y Fedro (229e), Sócrates hace referencia a la inscripción y la relaciona con su método filosófico. Diógenes Laercio (siglo III d.C.), en Vidas y opiniones de los filósofos ilustres (Libro I, 40), afirma que el dicho fue atribuido a los Siete Sabios de Grecia, especialmente a Quilón de Esparta.
[x] Marcos 7:21-22
[xi] John Fowles, The Magus (1966; edición revisada Triad Panther, 1977), p. 10. Citado en Por qué soy cristiano, John Stott, pág 55 (2007). La temática de la libertad es recurrente en la literatura de Fowles. Por ejemplo, en su ensayo "El árbol", reflexiona sobre cómo encontrar la libertad a través de la naturaleza, contrastando la rigidez de los jardines controlados con la libertad de los bosques salvajes. En su novela "El mago", aborda la libertad individual y la autenticidad personal, destacando la importancia de liberarse de las convenciones sociales para alcanzar una existencia plena.
[xii] Juan 8:36
[xiii] Gálatas 5.1: Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.
[xiv] Theodore Roszak, Where the Wasteland Ends (Faber & Faber, 1972), p. 22. Citado en Por qué soy cristiano, John Stott, pág 66 (2007). Roszak utilizó el término "coca-colonización" para describir la expansión cultural de EE.UU. a través de productos de consumo como Coca-Cola. Básicamente, es la imposición de valores, estilos de vida y consumismo estadounidense en otras sociedades, muchas veces a expensas de sus propias tradiciones.
[xv] Citado en Por qué soy cristiano, John Stott, pág 57 (2007). La frase Lo que más os envidio a los cristianos es vuestro perdón; yo no tengo a nadie para perdonarme se atribuye a la novelista inglesa Margarita Laski. Sin embargo, en las fuentes consultadas no se ha encontrado una referencia específica que confirme esta cita ni el contexto en el que fue pronunciada.
[xvi] Salmo 130:4
[xvii] Esta cita aparece en su libro Sin plumas (1975), una colección de ensayos humorísticos, Allen explora temas como la muerte, la religión y la existencia con su característico ingenio y sarcasmo. La frase mencionada refleja su actitud irónica hacia la mortalidad, un tema recurrente en su obra.
[xviii] Juan 8:12
[xix] Génesis 1.26-27
[xx] Robert Southwell (1561-1595) poeta y sacerdote jesuita, la frase Not where I breathe, but where I love, I live proviene del poema I Dye Alive. Este poema refleja la espiritualidad y la visión del martirio de Southwell, quien vivió en una época de persecución contra los católicos en Inglaterra. En I Dye Alive, Southwell expresa la paradoja cristiana de morir al mundo pero vivir en Cristo.
[xxi] 1 Cor 13:2-8
[xxii] Juan 14:27
[xxiii] Juan 13.34
[xxiv] La diosa Ganga es la personificación del río Ganges en la mitología hindú. Es venerada como una deidad sagrada, purificadora y maternal, asociada con la limpieza espiritual, la fertilidad y la salvación.
[xxv] El Óctuple Sendero, según el budismo, es el camino que enseñó Buda Gautama para alcanzar la iluminación y liberarse del sufrimiento en el budismo. Visión Correcta. Entender las Cuatro Nobles Verdades y la naturaleza del sufrimiento. Intención Correcta. Tener pensamientos de no violencia, renuncia y compasión. Habla Correcta. No mentir, no difamar, no usar palabras hirientes o inútiles. Acción Correcta. No matar, no robar, no tener conductas sexuales dañinas. Modo de Vida Correcto. Tener un sustento ético sin explotar o dañar a otros. Esfuerzo Correcto. Evitar pensamientos negativos y cultivar los positivos. Atención Plena Correcta. Ser consciente del presente, del cuerpo, las emociones y la mente. Concentración Correcta. Meditación profunda para alcanzar estados de paz y claridad.
[xxvi] Los sijes son seguidores del sijismo, religión monoteísta fundada en el siglo XV por Gurú Nanak en Punyab, India. Creen en Waheguru, la igualdad y el servicio comunitario. Sus símbolos incluyen los 5 K’s (cabello sin cortar, peine, brazalete, ropa interior especial y daga ceremonial). Su libro sagrado es el Guru Granth Sahib. Han enfrentado conflictos históricos, como la invasión del Templo Dorado en 1984. Hoy, tienen comunidades en India, Reino Unido, Canadá y EE.UU.
[xxvii] Juan 21:19
[xxviii] Lucas 5:27-28
[xxix] Mateo 19:21
[xxx] Mateo 8:22
[xxxi] Efesios 1.4-5
[xxxii] Juan 16:33