Un análisis exegético–contextual del uso bíblico de ʾerets y gē en la literatura profética y apocalíptica
Resumen
La interpretación de expresiones como “la tierra” o “toda la tierra” ha generado numerosas confusiones hermenéuticas, particularmente en el ámbito escatológico. Este artículo sostiene que dichas expresiones no deben entenderse de manera automática en sentido global o planetario, sino que su significado está determinado por el contexto histórico, pactual y literario de cada pasaje. A través del análisis de textos del Antiguo y Nuevo Testamento, se argumenta que, con frecuencia, “la tierra” designa el territorio del pacto —especialmente la tierra de Israel— o el mundo conocido por los autores bíblicos, y no el globo terráqueo en sentido moderno. Esta lectura se inscribe dentro de la tradición reformada y resulta fundamental para una correcta comprensión de los textos proféticos y apocalípticos.
Introducción
Uno de los errores hermenéuticos más persistentes en la lectura moderna de la Biblia consiste en proyectar categorías geográficas contemporáneas sobre textos antiguos. En particular, las expresiones “la tierra” o “toda la tierra” suelen interpretarse de forma automática como referencias al planeta en su totalidad, tal como hoy se lo concibe con continentes, océanos y naciones modernas. Sin embargo, tal lectura ignora el horizonte histórico, lingüístico y teológico de los autores bíblicos.
El propósito de este artículo es demostrar que el uso bíblico de “la tierra” debe entenderse de manera contextual, especialmente en textos proféticos y apocalípticos. Se argumentará que, en muchos casos, esta expresión se refiere al territorio del pacto (la tierra de Israel) o al mundo conocido por una civilización determinada, y que su interpretación globalizada constituye un anacronismo hermenéutico. Este enfoque se alinea con la teología bíblica reformada y con una lectura preterista parcial de los textos escatológicos.
Consideraciones léxicas y semánticas
En el Antiguo Testamento, el término hebreo אֶרֶץ (ʾerets) posee un campo semántico amplio. Puede designar:
- La tierra como suelo o territorio,
- Una región específica,
- Un país o nación,
- La tierra de Israel en sentido pactual,
- El mundo habitado conocido por un imperio determinado.
De manera similar, en el Nuevo Testamento, el término griego γῆ (gē) mantiene esta elasticidad semántica. En contraste, otros términos como γένος (genos, raza) o ἔθνος (ethnos, nación) poseen significados más específicos, lo cual demuestra que los autores bíblicos disponían de vocabulario preciso cuando deseaban expresar ideas distintas.
La conclusión léxica es clara: el significado de ʾerets y gē no puede fijarse de manera absoluta, sino que debe determinarse por el contexto literario e histórico de cada pasaje.
“Toda la tierra” y el mundo conocido: Jeremías 51:7
Jeremías 51:7 declara:
“Copa de oro fue Babilonia en la mano de Jehová, que embriagó a toda la tierra”.
Resulta evidente que “toda la tierra” no puede referirse aquí al globo terráqueo en sentido moderno. El contexto es el juicio de Dios sobre Babilonia y su influencia imperial. La expresión designa el ámbito geopolítico que Babilonia dominó, conquistó y conoció. Así, “toda la tierra” equivale al mundo imperial babilónico, no a todas las regiones del planeta.
Este uso refleja un patrón común en la Escritura: los imperios antiguos describen su dominio como universal dentro de los límites de su propio horizonte histórico. Leer este texto en clave global moderna constituye una distorsión del significado original.
“Herir la tierra” como lenguaje de juicio pactual: Malaquías 4:6
Malaquías 4:6 afirma:
“No sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”.
El contexto de Malaquías es inequívocamente pactual. El profeta se dirige a Israel bajo los términos del pacto mosaico, empleando un lenguaje que remite directamente a las bendiciones y maldiciones de Deuteronomio 28. “Herir la tierra” no describe una catástrofe planetaria, sino un juicio pactual sobre la tierra prometida como consecuencia de la infidelidad del pueblo.
Desde una perspectiva reformada, este lenguaje confirma que Dios trata con su pueblo en categorías históricas y pactuales. La maldición recae sobre la tierra donde el pacto fue establecido, no sobre la creación en abstracto.
“Las tribus de la tierra” en Mateo 24:30
Mateo 24:30 declara que “lamentarán todas las tribus de la tierra”. El término griego φυλαί (phylai), utilizado aquí, es el término técnico para “tribus”, y su trasfondo veterotestamentario remite directamente a Zacarías 12:10–14, donde se enumeran explícitamente las tribus de Israel lamentándose en un contexto de juicio.
Dado que Mateo 24 se desarrolla en el marco del anuncio de la destrucción de Jerusalén y del templo, resulta hermenéuticamente consistente entender “las tribus de la tierra” como una referencia a las tribus de Israel dentro de la tierra pactual. La lectura globalizada ignora tanto el trasfondo profético como el contexto inmediato del discurso.
Advertencia contra el anacronismo geográfico
Uno de los aportes más relevantes del enfoque analizado es su denuncia del anacronismo moderno. Los escritores bíblicos no poseían una concepción cartográfica del mundo equivalente a la actual. Su lenguaje geográfico estaba limitado por el conocimiento, la experiencia y la teología de su tiempo. Proyectar una cosmovisión moderna sobre textos antiguos equivale a imponerles significados ajenos a su intención original.
Este principio es especialmente relevante para la literatura apocalíptica, donde el lenguaje simbólico y pactual predomina sobre la descripción literal de fenómenos geográficos globales.
Evaluación crítica y matizaciones necesarias
Aunque el principio general del argumento es sólido, es necesario introducir ciertas precisiones:
- No todo uso de “tierra” se limita a Israel; el contexto debe decidir caso por caso.
- Es fundamental distinguir entre géneros literarios (narrativa, profecía, apocalíptica).
- La argumentación se fortalece cuando se apoya explícitamente en léxicos y comentarios académicos.
Estas matizaciones no debilitan la tesis central, sino que la refinan y la protegen de generalizaciones indebidas.
Conclusión
El análisis del uso bíblico de “la tierra” demuestra que una lectura responsable de la Escritura exige atención cuidadosa al contexto histórico, pactual y literario. En numerosos pasajes, especialmente en la profecía y la apocalíptica, “la tierra” no designa el planeta en su totalidad, sino el territorio del pacto o el mundo conocido por los autores bíblicos.
Este enfoque no solo es lingüísticamente sólido, sino teológicamente coherente con la cosmovisión reformada y con una lectura preterista parcial de los textos escatológicos. Lejos de minimizar el alcance de la revelación bíblica, esta interpretación honra la intención original del texto y preserva su integridad teológica.
¡Piensa en esto cristiano!
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Bibliografía recomendada:
- Beale, G. K. The Book of Revelation. NIGTC.
- France, R. T. The Gospel of Matthew. NICNT.
- Gentry, Kenneth L. Before Jerusalem Fell.
- Ridderbos, Herman. The Coming of the Kingdom.
- Vos, Geerhardus. Biblical Theology.
- Wright, N. T. Jesus and the Victory of God.


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