martes, 9 de enero de 2018

Tito, Flavio Josefo, Apollonius y la Caida de Jerusalén en el año 70





Seguimos con la historia de los primeros años. Esta vez tratando de meternos en la mente del general romano Tito (39-81 A.D.) quien más de una vez es descrito por Flavio Josefo como un militar romano "respetuoso del Dios de los judíos" ¿Por qué pensar esto?

Cuando los rebeldes se habían atrincherado en el Templo judío. Tito en más de una ocasión les envío un mensaje pidiendo que se rindieran porque no quería "profanar" un templo de una religión extranjera. En palabras de Josefo:

"Tito dio órdenes de que no se diera muerte a nadie y de que no se incendiara ninguna de las casas... porque su objetivo era preservar la ciudad y el templo."(1)

"Tito, deseoso de preservar a la ciudad de la destrucción, envío a Josefo a negociar con los judíos en su lengua nativa..." (Josefo discierne que...) Sus antepasados, hombres muy superiores a ellos, habían cedido porque sabían que Dios estaba del lado de los romanos, y era ahora una causa desesperada luchar contra el hambre y la inminente conquista."(2)


Tito cercó la ciudad de Jerusalén. Debido al hambre y otros horrores, eran tantos los que morían dentro de la ciudad que ya no eran enterrados, porque no había donde ni quien los entierre, entonces a los cadáveres simplemente los "echaban en los barrancos". Josefo nos cuenta que:

"Cuando Tito, mientras hacía una de sus inspecciones, vio estos valles llenos de cadáveres pestilentes, gimió, y, levantando sus manos, puso a Dios por testigo de que esto no era su culpa."(3)

Sobre la profanación del "santuario". Josefo deja entrever que fueron los mismos judíos quienes profanaron su Templo, aunque los que lo incendieron y destruyeron fueron el ejercito romano. Digo profanación, porque las cosas horrendas que se describen, realmente fue lo que profanó el Templo, una verdadera "abominación":

"...Los rebeldes solo gritaban maldiciones a los desertores y montaron sus máquinas de artillería sobre las puertas sagradas, de manera que el templo parecía una fortaleza, Corrían armados por los lugares santos, incluso asombraban a los romanos por su impiedad. Otra vez Tito reprendió a Juan 
y a sus seguidores: "¿No fuisteis vosotros, abominables miserables, los que pusiste esta balustrada enfrente de vuestro santuario, con losas en griego y en vuestra propia lengua, advirtiendo que nadie podía pasar esta barrera?¿Y no os permitimos dar muerte a cualquiera que la rebasara, incluso si era un romano?¿Por qué pues pisoteais vosotros cadaveres dentro de este lugar? Pongo por testigos a los dioses de mis padres, y a cualquier deidad que alguna vez guardara este lugar -porque ahora creo que no está-, y pongo por testigos a mi ejercito, a los judíos en mis filas, y a vosotros, de que no soy yo quien os obliga a contaminar estos recintos. Luchad en cualquier otro lugar, y ningún romano profanará vuestros lugares santos. ¡Más bien, salvaré este santuario para vosotros, incluso contra vuestra voluntad!"(4)

Un alto respeto por los lugares sagrados, o un interés por mantener erigido un bello templo adornado como ninguna otra cosa en aquella región. Cualquiera haya sido sus motivaciones, los escritores lo describen como alguien que creía que el Dios de los judíos los habían abandonado, y que de hecho no habitaba más ese templo.


Así se dice de Apollonius cuando se describe sobre Tito que rechazó la corona de laureles que le ofrecieron por tomar Jerusalén alegando que "no hay mérito en vencer a unas gentes abandonadas por su propio Dios"(5). Además, en un texto en inglés, que aquí se los copio en (un intento de traducir al) español, lo que Apollonius dice del general romano:

"Después de que Tito había tomado Jerusalén, y cuando el país estaba lleno de cadáveres, las razas vecinas le ofrecieron una corona; pero él se negó a tal honor, diciendo que no era él mismo quien había logrado esta hazaña, sino que simplemente había prestado sus brazos a Dios, que había manifestado así su ira; y Apollonius elogió su acción, porque allí mostró una gran cantidad de juicio y comprensión de las cosas humanas y divinas, y mostró gran moderación de su parte que rechazó ser coronado porque había derramado sangre."(6)

Tanto Flavio Josefo como Tito, reflexionaron que la ira de Dios se derramó sobre la ciudad de Jerusalén y el Templo, pero fueron los brazos de Tito (prestados a Dios) los que la incendiaron y derribaron, luego de haber sido profanada por los mismos judíos.



Jesús profetizó este suceso cuando dijo:

“…De estas cosas que contempláis, vendrán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida.” (Lucas 21.5-6 BTX)

Este juicio estaba anunciado contra la “esposa infiel”, contra los “labradores malvados”. Contra esa Jerusalén que Jesús mismo dijo: “¡Jerusalem, Jerusalem, que matas a los profetas, y apedreas a los que te han sido enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos bajo las alas, y no quisisteis! He aquí vuestra casa os es dejada desolada.”(Mateo 23.37-38 BTX)

“Y cuando veáis a Jerusalem rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción está cerca. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes, y los que estén en medio de ella, salgan de la región, y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de venganza, para que se cumplan todas las cosas que han sido escritas.”(Lucas 21.20-22 BTX)

Josefo, Tito y Apollonius nos ayudan a entender el cumplimiento de esta profecía.

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(1)(2)(3)(4)Paul L. Maier, “Josefo: Los Escritos Esenciales”, Pág.329, 331, 335, 340 
(5)“Vida de Apolonio de Tiana” 6.29

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