martes, 29 de agosto de 2023

LOS BECERROS DE ORO DEL NEOPENTECOSTALISMO




UNA CRÍTICA A LA ADORACIÓN SINCRÉTICA EN LA IGLESIA CONTEMPORÁNEA: El becerro de oro y la crisis de la adoración centrada en el hombre

“Haznos dioses que vayan delante de nosotros…”
—  Éxodo 32:1

Introducción

La cuestión de la adoración nunca ha sido un asunto secundario en la Escritura. Desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo, Dios no solo demanda ser adorado exclusivamente, sino también ser adorado conforme a Su voluntad revelada. El episodio del becerro de oro en Éxodo 32 constituye una de las advertencias más severas de toda la Biblia respecto al peligro de deformar la verdadera adoración mediante elementos producidos por la imaginación humana.

Resulta significativo observar que Israel no estaba intentando abandonar completamente a Yahvé para entregarse formalmente a otro dios. El lenguaje de Aarón es revelador: “Mañana será fiesta para Jehová” (Éx. 32:5). El problema no consistía meramente en reemplazar a Dios, sino en intentar adorarlo por medios que Él nunca había ordenado. Israel quiso representar visiblemente al Dios invisible, adaptando la adoración divina a categorías culturales, emocionales y sensoriales más cómodas para el corazón humano.

Ese mismo peligro continúa presente hoy. En diversos sectores del evangelicalismo contemporáneo —particularmente en expresiones neopentecostales altamente emocionalistas— la adoración corre el riesgo de desplazarse desde la centralidad de la Palabra hacia la centralidad de la experiencia. El culto deja de ser principalmente un encuentro reverente con el Dios santo y se convierte progresivamente en una experiencia diseñada para producir impacto emocional, estímulo psicológico y satisfacción sensorial.

El problema fundamental del becerro de oro

El pecado de Israel en Éxodo 32 no fue un simple error litúrgico. Fue una distorsión teológica profunda. El pueblo deseaba un dios visible, manipulable y cercano a sus preferencias. Aunque habían presenciado la gloria divina en el Sinaí, no estaban satisfechos con caminar por fe; necesitaban algo tangible.

Aquí se revela una realidad permanente del corazón humano: el hombre caído constantemente intenta reducir a Dios a categorías controlables. Como observó Juan Calvino:

“El corazón humano es una fábrica perpetua de ídolos”.

La idolatría bíblica no comienza necesariamente con imágenes físicas; comienza cuando el ser humano redefine a Dios según sus deseos en lugar de someterse a Su autorrevelación. Por eso, el becerro de oro representa mucho más que un acto pagano aislado. Es el paradigma de toda adoración que mezcla verdad divina con invención humana.

Aarón y el liderazgo que cede a las demandas del pueblo

Uno de los aspectos más solemnes del relato es el papel de Aarón. Él sabía perfectamente el mandamiento:

“No te harás imagen…” (Éx. 20:4).

Sin embargo, cedió ante la presión popular. El liderazgo espiritual abandonó su responsabilidad pastoral y permitió que las preferencias del pueblo definieran la adoración.

Aquí emerge una advertencia relevante para la iglesia contemporánea. Existe una diferencia entre pastorear al pueblo de Dios y simplemente satisfacer sus expectativas religiosas. Muchos líderes, aunque sinceros, terminan moldeando el culto según: tendencias culturales, exigencias de crecimiento, impacto emocional, o dinámicas de entretenimiento.

El peligro no siempre radica en negar doctrinas fundamentales, sino en desplazar gradualmente el centro del culto desde Dios hacia la experiencia humana.

La adoración bíblica y el principio regulador

La tradición reformada históricamente ha sostenido el llamado “Principio Regulador de la Adoración”. Este principio enseña que: Dios mismo determina cómo debe ser adorado.

No significa que toda circunstancia moderna sea pecaminosa. La Escritura distingue entre: elementos del culto, y circunstancias del culto.

Elementos del culto

Son aquellas prácticas explícitamente ordenadas por Dios: lectura y predicación de la Palabra, oración, canto congregacional, sacramentos, ofrendas, confesión y acción de gracias. Estos constituyen el corazón del culto cristiano.

Circunstancias del culto

Son aspectos organizativos necesarios para realizar el culto: horario, iluminación básica, uso de micrófonos, disposición del local, temperatura, tecnología funcional. Estas circunstancias no son actos de adoración en sí mismos, sino ayudas prácticas subordinadas al propósito principal del culto.

El problema surge cuando las circunstancias comienzan a dominar los elementos esenciales. Cuando: la estética eclipsa la predicación, el espectáculo reemplaza la reverencia, la emocionalidad sustituye la verdad, o la figura carismática del líder desplaza la centralidad de Cristo, el culto empieza peligrosamente a parecerse más a una producción humana que a una adoración bíblica.

El emocionalismo y la búsqueda de experiencias

La Escritura jamás condena las emociones. El verdadero culto involucra afectos santos: gozo, reverencia, gratitud, quebrantamiento, esperanza. Sin embargo, la Biblia nunca presenta las emociones como fundamento de la verdad. En muchos contextos modernos, la autenticidad espiritual se mide por intensidad emocional: “sentir fuego”, “caer”, “experimentar atmósferas”, “desatar sensaciones”.

Pero el Nuevo Testamento insiste repetidamente en que la fe viene por la Palabra de Dios (Ro. 10:17), no por manipulación psicológica. La iglesia necesita recordar urgentemente que la presencia de Dios no depende: de luces, volumen, atmósferas místicas, ni técnicas emocionales.

La gloria de Dios se manifiesta supremamente mediante: la proclamación fiel de Cristo, la obra del Espíritu Santo, y la obediencia reverente a Su Palabra.

La santidad de Dios y la reverencia en el culto

Detrás de toda la discusión sobre adoración se encuentra una verdad fundamental: Dios es santo. El problema del becerro de oro no fue meramente metodológico; fue una ofensa contra la santidad divina. Israel intentó acercarse a Dios sin someterse plenamente a Su revelación. La iglesia contemporánea enfrenta el mismo peligro cuando la familiaridad excesiva reemplaza el temor reverente. Un culto completamente centrado en la comodidad del hombre inevitablemente reducirá la majestad de Dios.

Como señaló R. C. Sproul: “El problema central de la iglesia moderna es que ha perdido de vista la santidad de Dios”.

Cuando la santidad divina desaparece del centro del culto: la predicación se trivializa, el pecado se minimiza, la reverencia se desvanece, y la adoración se transforma en consumo religioso.

Una exhortación pastoral a la Iglesia

Esta reflexión no debe conducirnos a un espíritu arrogante ni meramente polémico. El objetivo no es despreciar a creyentes sinceros que quizá nunca han sido instruidos cuidadosamente sobre estos asuntos. Muchos cristianos aman genuinamente a Cristo aun en contextos eclesiales deficientes. Es decir, hay hermanos sinceros en dentro del neopentecostalismo que necesitan conocer la verdad.

La verdadera respuesta pastoral no es el orgullo doctrinal, sino el llamado humilde al arrepentimiento y a la reforma continua de la iglesia según las Escrituras. La pregunta central no es: “¿Qué tipo de culto nos gusta?”. Sino: “¿Qué tipo de adoración agrada verdaderamente a Dios?”

Conclusión

El relato del becerro de oro permanece como una advertencia permanente para el pueblo de Dios. La idolatría no siempre consiste en rechazar abiertamente a Dios; muchas veces consiste en intentar adorarlo según nuestras preferencias en lugar de Su voluntad revelada.

La iglesia contemporánea debe examinar cuidadosamente si su adoración: está centrada en la gloria de Dios, gobernada por Su Palabra, y marcada por reverencia y verdad, o si progresivamente ha adoptado formas de espiritualidad moldeadas más por la cultura contemporánea que por las Escrituras.

La necesidad de nuestros días no es una adoración más espectacular, sino una adoración más bíblica; no una iglesia más entretenida, sino una iglesia más santa.

“Dios es espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”
— Juan 4:24

¡Piensa en esto cristiano!



DIOS VIVE EN EL PLANETA KÓLOB



Secretos que los Mormones NO Quieren que Usted Sepa

Secreto 11: El mormonismo afirma que Dios vive en un planeta cercano a una estrella llamada Kólob:


El fundador del mormonismo, José Smith:
“Y vi las estrellas, y que eran muy grandes, y que una de ellas se hallaba más próxima al trono de Dios... y el nombre de la mayor es Kólob, porque está cerca de mí, pues yo soy el Señor tu Dios... “Y así habrá la computación del tiempo de un planeta sobre otro, hasta acercarte a Kólob, el cual es según la computación del tiempo del Señor. Este Kólob está colocado cerca del trono de Dios...”. [Perla de Gran Precio, Abraham 3:2-3, 9]


Lo que dice la Biblia:
"tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué". (1 Reyes 8.43)

"Reinó Dios sobre las naciones; Se sentó Dios sobre su santo trono". (Salmo 47.8)

"Jehová dijo así: El cielo es mi trono, y la tierra estrado de mis pies; ¿dónde está la casa que me habréis de edificar, y dónde el lugar de mi reposo?". (Isaías 66.1)

“Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu nombre”. (Mateo 6:9)

La Biblia enseña que Dios reina sobre las naciones desde Su santo trono en el cielo. Aunque sabemos que la presencia de Dios está de alguna forma únicamente en el cielo, las enseñanzas de la Escritura también dejan en claro que Dios es omnipresente (presente en todas partes y en todo tiempo). Desde el principio de la Escritura, vemos que la presencia de Dios se movía sobre la tierra, incluso cuando aún estaba desordenada y vacía. Dios llenaba el mundo con Su creación, y Su presencia y gloria continúan habitando toda la tierra. Hay muchos ejemplos a través de la Escritura de la presencia de Dios moviéndose sobre la tierra, interactuando con Su creación.

Hebreos 4:13 dice, “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” Jeremías 23:24 exclama, “¿Se ocultará alguno, dice Jehová, en escondrijos que yo no lo vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?” El Salmo 139 es un asombroso estudio sobre la omnipresencia de Dios. ¿Dónde Vive Dios? Dios no mora en un lugar físico, no mora en un planeta como el nuestro.

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Si crees que estamos mintiendo, ingresa a YouTube y checa que hay un himno mormón a Kólob: Si a Kólob Pudieras Acaso Hoy Volar.


miércoles, 16 de agosto de 2023

Mormonismo: los hombres y mujeres que llegan a ser Dioses tendrán sexo e hijos por la eternidad




Secretos que los Mormones NO Quieren que Usted Sepa
Secreto 10: El mormonismo enseña que los hombres y mujeres que llegan a ser Dioses tendrán hijos por la eternidad:

El mormón Hunter dice:
“... los Dioses debían ser padres de hijos espirituales así como nuestro Padre celestial y nuestra Madre celestial fueron los padres de la gente de esta tierra”. ["El Evangelio a Través de las Edades", p. 120]

El mormón McConkie dice:
“Los mortales que logren vencer todas las cosas y alcancen la máxima exaltación vivirán eternamente en unidad familiar y tendrán hijos espirituales, convirtiéndose así en Padres y Madres Eternos... La divinidad no es solamente para el hombre; es para los hombres y mujeres, juntos”. ["Doctrina Mormona", pp. 517, 844.]

El mormón Pratt dice:
“En el Cielo, donde nacieron nuestros espíritus, existen muchos dioses, cada uno de los cuales tiene su propia esposa o esposas... Cada Dios, por medio de su esposa o sus esposas, cría una numerosa familia de hijos e hijas... porque cada padre y madre estarán en condición para multiplicarse para siempre.

“En cuanto cada Dios ha engendrado muchos millones de espíritus masculinos y femeninos, y su herencia celestial llega a ser muy pequeña para acomodar cómodamente a su gran familia, él, en conexión con sus hijos, organiza un mundo nuevo... a donde él envía tanto espíritus masculinos como femeninos para habitar tabernáculos de carne y huesos...

“Si el Padre de estos espíritus... hubiese obtenido para sí mismo, por medio del pacto eterno del matrimonio, muchas esposas... el período requerido para poblar un mundo sería más corto... en proporción al número de esposas... si requiriera cien mil millones de años poblar un mundo como este... es evidente que, con cien esposas, este período se reduciría a sólo mil millones de años”. ["El Vidente", pp. 37, 39]


Pero la Biblia dice:

“Y de la manera que está establecido a los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”. (Hebreos 9:27)

"Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis, ignorando las Escrituras y el poder de Dios. Porque en la resurrección ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles de Dios en el cielo". (Mateo 22.29-30)

Estimado lector, la Biblia y el sentido común indican que la vida para casarse y tener hijos es esta, luego de la muerte y más aun en la Resurrección no seguiremos reproduciéndonos, esto es una invención del mormonismo, propio de una gran imaginación como lo es el resto de sus enseñanzas y creencias. 

¡Piensa en esto!