martes, 18 de mayo de 2021

HAMBRES Y PESTES COMO SEÑALES PREVIAS A LA DESTRUCCIÓN DE JERUSALÉN (70 d.C.)




Una lectura histórico-exegética desde la perspectiva preterista parcial

I. Introducción: Las señales anunciadas por Jesús.

En su discurso en el Monte de los Olivos, Jesús advirtió a sus discípulos sobre una serie de calamidades que precederían la destrucción de Jerusalén y del templo. Lucas registra sus palabras:

“Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo.”
—Lucas 21.10-11

Estas señales debían ocurrir antes del evento central descrito por Jesús: el asedio de Jerusalén (Lc. 21.20-24).
Para una interpretación responsable, es necesario examinar:

  1. La intención original del discurso (audiencia inmediata)

  2. El significado de las señales en el contexto judío del siglo I

  3. La evidencia histórica del cumplimiento en la generación apostólica

Este estudio busca demostrar que hambrunas y pestes documentadas en el primer siglo constituyen un cumplimiento directo de las palabras de Jesús, confirmadas por fuentes bíblicas y extrabíblicas.

II. Evidencia interna: Lucas como historiador y testigo.

El libro de Hechos, escrito por el mismo Lucas, registra el cumplimiento explícito de una gran hambruna universal antes del año 70 d.C.

1. Profecía de Agabo.

“Se levantó uno de ellos, llamado Agabo, quien por el Espíritu anunciaba que vendría una gran hambre en toda la tierra; la cual sucedió en tiempo de Claudio.”
—Hechos 11.28

La frase πᾶσαν τὴν οἰκουμένην (“toda la tierra habitada”) coincide exactamente con el lenguaje apocalíptico de Jesús acerca de señales amplias pero localmente detectables en el mundo mediterráneo.

2. Coherencia lucana.

Lucas registra:

  • La profecía de Jesús (Lc. 21)

  • Su cumplimiento parcial en Hechos

Esto demuestra que él entendió las señales como sucesos contemporáneos, no como catástrofes globales futuras.

III. Evidencia extrabíblica: registros de Tácito, Josefo y otros.

1. Hambrunas documentadas en el siglo I.

a. Durante Tiberio (32–37 d.C.)

Tácito narra una severa crisis alimentaria:

“El precio del trigo se elevó tanto que casi estalló una insurrección.”
—Anales VI.13

b. Durante Claudio (41–54 d.C.)

Esta coincide con Hechos 11.28:

“Una escasez de trigo... y la hambruna que resultó fue interpretada como advertencia sobrenatural.”
—Anales XII.43

Josefo confirma lo mismo:

“La ciudad sufría por el hambre… muchos morían de indigencia.”
—Antigüedades, XX.2.5

c. Durante el sitio de Jerusalén (70 d.C.)

Josefo ofrece un testimonio desgarrador:

“Miles morían de hambre… royendo cuero y paja.”
—Guerras, V.10.3

En este punto, la hambruna no fue solo señal previa al juicio, sino parte integrante de la devastación final.

2. Pestes y epidemias.

Tácito describe una epidemia devastadora en Campania:

“Una peste redujo todo rango de la población… las casas estaban llenas de muertos y los caminos obstruidos de funerarios.”
—Anales XVI.10-13 (65 d.C.)

Estas pestes coinciden con el marco temporal de los “principios de dolores” (Mt. 24.8).

IV. Integración teológico-exegética.

El preterismo parcial sostiene que las señales de Mateo 24, Marcos 13 y Lucas 21:

  • son literalmente cumplidas en la generación de los apóstoles,

  • pero su lenguaje apocalíptico no exige un cumplimiento universal o global,

  • sino fenómenos intensos y significativos en la región del Mediterráneo y Palestina.

Jesús no describió el fin del mundo, sino el fin de la era del templo (Heb. 8.13).

Dos claves hermenéuticas:

1. Audiencia original

Jesús dijo:

“Cuando ustedes vean…” —Lc. 21.20
“Esta generación no pasará…” —Mt. 24.34

Los destinatarios inmediatos son los discípulos, no una generación futura.

2. Lenguaje profético judío

Las pestes, hambrunas y señales cósmicas forman parte del vocabulario habitual de juicio en el AT (Is. 13; Ez. 5; Joel 2). No apuntan necesariamente a destrucción planetaria, sino al colapso de un orden histórico.

V. Consideraciones históricas para el preterismo parcial.

Los eventos que Jesús predijo son verificables históricamente:

  • Hambrunas severas registradas en Roma, Judea, Grecia y Egipto

  • Pestes documentadas por Tácito

  • Guerra entre judíos y Roma

  • Señales interpretadas como mal presagio

  • El sitio de Jerusalén

  • La destrucción del templo en 70 d.C.

Jesús no fue un profeta fallido; fue un profeta preciso cuyas palabras fueron confirmadas por la historia.

VI. Conclusión.

El cumplimiento histórico de estas señales no solo valida la exactitud profética de Jesús, sino que también recuerda a la Iglesia contemporánea que:

  • Dios gobierna la historia,

  • Cristo juzga a las naciones,

  • y la fidelidad importa más que las especulaciones futuristas.

Los discípulos no fueron llamados a obsesionarse con cronologías, sino a permanecer firmes en medio de la prueba (Mt. 24.13).

La caída de Jerusalén es un recordatorio solemne: Toda estructura religiosa que se aferra a la forma pero rechaza al Mesías se expone al juicio de Dios.

Y para el creyente fiel, es un consuelo: El mismo Cristo que juzga la infidelidad también preserva a los suyos en medio de la tribulación.


¡Piensa en esto cristiano!

martes, 11 de mayo de 2021

¿LA IGLESIA HA REEMPLAZADO A ISRAEL?






Un postulado contrario a la teología bíblica sugiere que la Iglesia es un paréntesis en el plan de Dios, mientras que un mal entendimiento de la teología ortodoxa en el uso de sus términos nos puede llevar a otros errores sin que se tenga la intención de tenerlos.


Pablo abarca en muchas citas de sus cartas afirmaciones que no permiten ni afirmar que la iglesia es una improvisación de Dios, ni que su plan haya fallado y por ende sea necesario reemplazar a Israel por la Iglesia. Lo que la Biblia enseña es que la Iglesia es el verdadero Israel de Dios, la cual es una comunidad de judíos y gentiles creyentes en Cristo.


Pablo en su carta a los hermanos Gálatas (3.7): “Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham”. ¿Saber qué? ¿Qué el pueblo de Dios está conformado por descendientes étnicos de Abraham? ¿Que Dios se ha desentendido de los israelitas y los ha reemplazado por gentiles? No, Pablo les dice una verdad: que “los hijos de Abraham son en realidad los de la fe”.


Ya que Abraham fue hecho justo por la fe y no por obras, por lo tanto, Abraham es el padre de todo el que cree en Dios y es considerado justo. Por un lado, vemos pues que, esto alerta de no judaizar, ya que hay judíos cristianos que exigen judaizarse, pero no por ser descendiente étnico ni por practicar el judaísmo que uno se hace hijo de Dios.


Pablo dice que el eslabón más importante de Abraham no es el vínculo de la genética, ni el vínculo de las obras, sino el vínculo de la fe.


Ahora esto, aunque se torna en un consuelo para los cristianos gentiles, de no entender la revelación se puede caer en el otro extremo: la teología del reemplazo, la idea de que Dios ha terminado con el pueblo de Israel como una nación o de un grupo étnico distinto, y que la Iglesia gentil hereda espiritualmente todas las promesas hechas a Israel, pero no dando respuesta de ¿Y qué de los judíos que creen en Jesucristo? Pero Pablo dice: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).


Ser “hijos de Dios” en Cristo Jesús implica su inclusión entre los herederos de las bendiciones prometidas a Abraham, específicamente la presencia vivificadora del Espíritu Santo.


Aquí, los que creen y se identifican con Cristo son “descendientes de Abraham”, es decir, el Verdadero Israel, porque Cristo es la “descendencia de Abraham”. Entonces no hay un reemplazo, ni un paréntesis. Las promesas siguen vigentes, se cumplirán en los verdaderos descendientes de Abraham: los “hijos de la fe”.

¡Piensa en esto cristiano!

viernes, 7 de mayo de 2021

J. C. RYLE Y EL BAUTISMO DE NIÑOS


"…La cuestión del bautismo de infantes es sin duda delicada y difícil. Hombres santos y de oración son incapaces de ver un parecido. Aunque lean la misma Biblia y profesen ser dirigidos por el mismo Espíritu, llegan a diferentes conclusiones acerca de este sacramento.


La gran mayoría de cristianos afirman que el bautismo de infantes es escriturario y correcto. Un sector comparativamente pequeño de la Iglesia protestante, pero que contiene muchos santos eminentes entre sus miembros, considera que el bautismo de infantes no es escriturario ni correcto. Las diferencias son una triste prueba de la ceguera y debilidad que queda aún en los santos de Dios...Es admitido por ambas partes que los niños pueden ser elegidos y escogidos por Dios para salvación, lavados por la sangre de Cristo, nacidos de nuevo del Espíritu, pueden recibir gracia, ser justificados y santificados y entrar en el Cielo. Si estas cosas son así, es difícil ver por qué no pueden recibir la señal externa del bautismo.


Se admite además que los niños son miembros de la Iglesia visible de Cristo en virtud del cristianismo de sus padres. ¿Qué otra cosa pueden querer decir las palabras de S. Pablo “ahora son santos” (1 Corintios 7:14)? Si esto es así, es difícil comprender por qué un niño no puede recibir una señal externa de haber sido admitido en la Iglesia igual que el niño judío recibe la señal externa de la circuncisión.


La objeción de que el bautismo es solo para aquellos que son lo bastante mayores como para arrepentirse y creer no parece convincente. Leemos en el Nuevo Testamento que las personas de las “casas” de Lidia y de Estéfanas fueron bautizadas y que el carcelero de Filipos y “todos los suyos” fueron bautizados. Es muy difícil suponer que en ninguno de estos tres casos hubiera niños (Hechos 16:15, 33; 1 Corintios 1:16).


La objeción de que nuestro Señor Jesucristo mismo nunca ordenó directamente a los niños que fueran bautizados carece de peso. La Iglesia judía, a la que Él vino, siempre había estado acostumbrada a admitir a los niños por medio de la circuncisión. El hecho mismo de que Jesús no dijera nada acerca de la edad para bautizarse demuestra que no pretendía introducir cambios.


Podemos dejar el asunto aquí. Pocas controversias han hecho tanto daño y conducido a tan poco fruto espiritual como la que tiene que ver con el bautismo. Sobre ninguna se ha dicho y escrito tanto sin convencer. Sobre ninguna otra la experiencia parece demostrar mejor que habría sido preferible que los cristianos se hubieran dejado en paz entre sí y hubieran aceptado sus diferencias.


El bautismo que nos concierne a todos conocer no es tanto el bautismo de agua como el bautismo del Espíritu Santo. Hay miles que, siendo lavados en las aguas bautismales, nunca fueron renovados por el Espíritu. ¿Hemos nacido de nuevo? ¿Hemos recibido el Espíritu Santo y sido hechos nuevas criaturas en Jesucristo? Si no es así, importa poco cuándo, dónde o cómo hemos sido bautizados; seguimos en nuestros pecados. Sin un nuevo nacimiento no puede haber salvación. ¡No descansemos hasta saber y sentir que hemos pasado de muerte a vida y que en verdad hemos nacido de Dios!."


~ J.C. Ryle, Meditaciones sobre los Evangelios, Marcos 10:13-16.