jueves, 26 de julio de 2018

Doctrinas y prácticas inferidas de las Escrituras





Doctrinas y prácticas inferidas de las Escrituras

La Iglesia cristiana a lo largo de su historia ha sostenido diversas doctrinas y prácticas que no siempre aparecen formuladas en la Biblia mediante una afirmación explícita. Sin embargo, esto no significa que dichas doctrinas carezcan de fundamento bíblico. Muchas de ellas se derivan legítimamente de las Escrituras mediante lo que la tradición reformada ha llamado “buena y necesaria consecuencia”, principio afirmado por la Confesión de Fe de Westminster.

Esto significa que algunas verdades teológicas se obtienen al considerar el testimonio completo de la Escritura, comparando pasajes y entendiendo su coherencia interna. De esta manera, la Iglesia ha reconocido doctrinas y prácticas que, aunque no siempre estén expresadas en un solo versículo de forma directa, surgen naturalmente del conjunto de la revelación bíblica.

A continuación se presentan algunos ejemplos.

1. La Santísima Trinidad

La Biblia no utiliza de manera explícita la palabra “Trinidad”. Sin embargo, esta doctrina fundamental del cristianismo se deriva del testimonio total de las Escrituras. Aunque el término no aparezca literalmente en el texto bíblico, la doctrina central de la Iglesia acerca de la Trinidad surge del estudio cuidadoso y completo de la revelación bíblica.

Alguien podría preguntar cómo es posible creer en la Trinidad si la Biblia no menciona ese término de forma directa. No obstante, debemos recordar que la propia Biblia tampoco se denomina a sí misma “Biblia”. Este nombre proviene del griego biblos, que significa “libros”, y se utiliza para referirse al conjunto de escritos que componen las Sagradas Escrituras. El uso de este término no introduce una idea ajena al texto bíblico, sino que simplemente describe de manera adecuada la colección de libros inspirados.

De manera similar, el término “Trinidad” es una formulación teológica que busca expresar una verdad revelada en la Escritura: que Dios es uno en esencia y que existe eternamente en tres personas —Padre, Hijo y Espíritu Santo—. Así, la doctrina de la Trinidad no es una invención posterior, sino una forma de resumir y explicar fielmente la enseñanza bíblica acerca de la plena divinidad del Hijo, su comunión eterna con el Padre y la realidad personal del Espíritu Santo.

La Biblia afirma claramente tres verdades:

  1. Existe un solo Dios.
  2. El Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios.
  3. Estas tres personas son distintas entre sí.

Al considerar estas afirmaciones juntas, la Iglesia formuló la doctrina de la Trinidad para expresar fielmente lo que la Biblia enseña.

Por ejemplo, en Mateo 28:19 leemos:

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.”

Asimismo, en el bautismo de Jesús vemos a las tres personas divinas manifestándose simultáneamente (Mateo 3:16–17).

Por tanto, aunque el término “Trinidad” no aparezca en la Biblia, la doctrina misma surge necesariamente del conjunto de su enseñanza.

2. El bautismo como señal de entrada a la iglesia visible

En el Nuevo Testamento se observa un orden ordinario en la vida de la iglesia: aquellos que creían en el evangelio eran bautizados y, posteriormente, se integraban plenamente a la comunidad cristiana. Este patrón muestra que el bautismo funcionaba como la señal pública de fe y de incorporación visible al pueblo del pacto.

A partir de este principio, la iglesia ha entendido que la participación en la Cena del Señor corresponde a quienes ya han sido bautizados, es decir, a aquellos que han hecho una profesión pública de fe y han recibido la señal del pacto como miembros de la familia de Dios. Aunque la Escritura no establece esta norma mediante un mandato explícito, la práctica se deriva de una inferencia legítima basada en el orden que el propio Nuevo Testamento presenta para la vida y comunión de la iglesia.

Hechos 2:41–42 muestra este patrón:

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados… y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.”

A partir de este patrón, muchas iglesias han entendido que el bautismo es la señal pública de incorporación a la comunidad del pacto, lo que normalmente precede a la participación plena en la vida sacramental de la iglesia, incluyendo la Cena del Señor.

3. El domingo como Día del Señor

El Antiguo Testamento estableció el sábado como día de reposo dentro del pacto mosaico. Sin embargo, en el Nuevo Testamento observamos que la iglesia primitiva comenzó a reunirse el primer día de la semana, en estrecha relación con la resurrección de Cristo.

Aunque no encontramos un mandato explícito que ordene congregarse el domingo en lugar del sábado, el testimonio del Nuevo Testamento muestra con claridad que los cristianos se reunían en el primer día de la semana para el culto, la enseñanza apostólica y el partimiento del pan. Por ello, la iglesia ha entendido que el llamado “Día del Señor” surge como una práctica fundamentada en una inferencia bíblica, basada en el patrón que presentan las Escrituras sobre la vida y adoración de la comunidad cristiana.

Por ejemplo:

Hechos 20:7 dice:

“El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba…”

1 Corintios 11.20 dice:

          "Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena dominical (del Señor)."

Y en 1 Corintios 16:2 leemos:

“Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo…”

Además, en Apocalipsis 1:10 se menciona el “Día del Señor”.

A partir de estos testimonios, la iglesia histórica entendió que el día de reunión cristiana pasó a ser el domingo, como celebración de la resurrección de Cristo.

4. La participación de toda la iglesia en la Cena del Señor

Cuando Jesús instituyó la Cena del Señor, el grupo presente estaba compuesto por los apóstoles. Sin embargo, el Nuevo Testamento muestra que este sacramento pertenece a toda la iglesia.

En 1 Corintios 11:26 el apóstol Pablo escribe a la congregación de Corinto:

“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga.”

El contexto muestra que Pablo se dirige a la iglesia como comunidad, sin hacer distinción entre hombres y mujeres en cuanto a la participación en el sacramento. Por ello, la Iglesia ha entendido correctamente que la Cena del Señor es para todos los creyentes que forman parte del cuerpo de Cristo.

5. Ofrendas y generosidad cristiana

El Antiguo Testamento establecía el diezmo dentro del sistema de Israel. En el Nuevo Testamento, en cambio, la enseñanza apostólica enfatiza principalmente la generosidad voluntaria y gozosa.

El apóstol Pablo enseña en 2 Corintios 9:7:

“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”

Muchos cristianos han adoptado el diezmo como una guía práctica para su generosidad, pero el Nuevo Testamento pone el énfasis en la libertad, la gratitud y la disposición del corazón, evitando cualquier forma de manipulación o presión económica.

6. El bautismo de los hijos de creyentes

Dentro de la tradición reformada, muchos cristianos sostienen la práctica del bautismo de infantes basándose en la continuidad del pacto de Dios a lo largo de las Escrituras.

En el Antiguo Testamento, los hijos de los creyentes recibían la señal del pacto mediante la circuncisión. En el Nuevo Testamento, el bautismo aparece como la señal del nuevo pacto.

Colosenses 2:11–12 establece una conexión entre ambos:

“En él también fuisteis circuncidados… sepultados con él en el bautismo.”

Asimismo, en Hechos 2:39 Pedro declara:

“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos…”

También encontramos varios ejemplos de bautismos familiares en el libro de los Hechos (Hechos 16:15; 16:33; 1 Corintios 1:16).

A partir de estas evidencias, muchas iglesias han entendido que los hijos de creyentes también deben recibir la señal del pacto. No obstante, es importante reconocer que esta práctica ha sido debatida entre cristianos fieles a la Escritura.

Conclusión

La teología cristiana no se construye únicamente a partir de afirmaciones explícitas aisladas, sino también mediante una lectura cuidadosa y sistemática de toda la Escritura. Algunas doctrinas surgen de manera directa de textos claros; otras se derivan legítimamente de la armonía y coherencia del mensaje bíblico.

Por ello, cuando la Iglesia formula doctrinas o establece prácticas basadas en inferencias bíblicas sólidas, no está añadiendo algo a la Escritura, sino procurando expresar fielmente lo que la Palabra de Dios enseña en su conjunto. De esta manera, la fe cristiana busca permanecer siempre sujeta a la autoridad suprema de las Sagradas Escrituras.


¡Piensa en esto cristiano!





martes, 3 de julio de 2018

¿Cuándo Fue Escrito el Apocalipsis? I



«Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer, y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo.» ~ Apocalipsis 17.9-10 RV1960
Las siete cabezas representan una situación política en la que cinco reyes han caído, el sexto es, y el séptimo aún está por llegar y permanecerá por un breve periodo de tiempo.

Ciertamente no es ningún accidente que Nerón fuese el sexto emperador de Roma, quien reinó después de la muerte de sus cinco predecesores y antes del breve gobierno del séptimo emperador.

Flavio Josefo, el judío contemporáneo de Juan, señala claramente que Julio César fue el primer emperador de Roma y que fue seguido en sucesión por Augusto, Tiberio, Cayo, Claudio y Nerón (Antigüedades 18;19). Descubrimos esta enumeración también en otros contemporáneos cercanos a Juan: 4 Esdras 11 y 12; Los Oráculos Sibilinos libros 5 y 8; La Epístola de Bernabé 4; Suetonio, en  Vida de los Doce Césares; y la Historia Romana 5 de Dio Casio.

El texto del Apocalipsis dice de los siete reyes «cinco han caído». Los primeros cinco emperadores están muertos para cuando Juan escribe. Pero el versículo continúa diciendo «uno es». Es decir, el sexto está «entonces reinando» incluso cuando Juan escribió. Ese sería Nerón César, quien asumió el poder imperial a la muerte de Claudio en octubre de 54 d.C., y permaneció como emperador hasta junio del 68 d.C.

De modo que, vemos que mientras Juan escribía, Nerón estaba vivo y que Galba se hallaba aún en el futuro cercano. El Apocalipsis no podía haber sido escrito después de junio de 68 d.C., de acuerdo a la evidencia política interna.

Kenneth L. Gentry 


¿Será acaso el Apocalipsis ese "oráculo" del que habla Eusebio de Cesarea?
"La Iglesia de Jerusalén recibió el mandato de cambiar de ciudad antes de la guerra y de vivir en otra ciudad de Perea (la que llaman Pella), por un oráculo transmitido por revelación a los notables de aquel lugar. Así pues, habiendo emigrado a ella desde Jerusalén los que creían en Cristo, como si los hombres santos hubieran dejado enteramente la metropoli real de los judíos (Jerusalén) y toda Judea, la justicia de Dios vino sobre los judíos por el ultraje al que sometieron a Cristo y a sus apóstoles, e hizo desaparecer totalmente de entre los hombres aquella generación impía." (Eusebio de Cesarea, «Historia Eclesiástica» III.5.3)

¿Fue escrito en una fecha posterior a la destrucción del Templo y Jerusalén o antes como lo propone K. Gentry?

martes, 26 de junio de 2018

¿Oraban los cristianos a María En el siglo III?

(El Papiro John Rylands 470)


“Bajo vuestra compasión, Nos refugiamos, Oh Madre de Dios: No desprecies nuestras súplicas en tiempos de problemas: Pero rescátanos de los peligros,  Sólo pura, sólo bendita.”  
Así reza el Sub tuum praesidium

¿Qué es el Sub tuum praesidium?
Según Wikipedia (1), Bajo Tu Protección (griego: Ὑπὸ τὴν σὴν εὐσπλαγχνίαν; en latín, Sub tuum præsidium: Sub tuum præsidium) es el himno más antiguo conservado actualmente de la Virgen María como la Madre de Dios. El himno es bien conocido en muchos países de tradición ortodoxa o católica, y es, a menudo, un cántico usado junto con el Salve Regina.

El Texto en griego de esta oración sería el siguiente:
Ὑπὸ τὴν σὴν εὐσπλαγχνίαν, καταφεύγομεν, Θεοτόκε. Τὰς ἡμῶν ἱκεσίας, μὴ παρίδῃς ἐν περιστάσει, ἀλλ᾽ ἐκ κινδύνων λύτρωσαι ἡμᾶς, μόνη Ἁγνή, μόνη εὐλογημένη. 
Para creer fielmente que ese papiro se refiere a María y que fue escrito en el siglo III, usted tiene que vencer algunos obstáculos:

1) Primero: La Biblia nunca habla de THEOTOKOS.

La Biblia en Hechos 1.14 dice “la madre de Jesús”, nunca dice “la madre de Dios”:

οὗτοι πάντες ἦσαν προσκαρτεροῦντες ὁμοθυμαδὸν τῇ προσευχῇ σὺν γυναιξὶν καὶ Μαριὰμ τῇ μητρὶ τοῦ Ἰησοῦ καὶ σὺν τοῖς ἀδελφοῖς αὐτοῦ..

Observa que dice: Μαριὰμ τῇ μητρὶ τοῦ Ἰησοῦ, esto es: "María la madre de Jesús". El término Theotokos sólo comenzó a ser usado más comúnmente en el Concilio de Éfeso en 431 y posterior a él.

2) En Egipto había una diosa madre conocida como Isis.
Ísis, Reina del Cielo, era madre del Dios Horus. No hay ninguna indicación que el papiro haya sido escrito por una Iglesia, por el contrario, es mucho más probable que haya sido escrito por los paganos para sus cultos paganos a la “diosa madre”.


3) El papiro no es del siglo III (como se pretende hacer creer)
"La oración está escrita en griego en un fragmento de papiro egipcio que está ahora en posesión de la Biblioteca John Rylands, Manchester. (CH Roberts (ed.), Catálogo de los Papiros Griego y Latino en la Biblioteca John Rylands, Manchester vol III - Los textos teológicos y literarios (nº 457-551) (1938) n ° 470. Es una versión griega de la oración que ocurre en latín como el Sub tuum praesidium, el papiro data del CUARTO O DEL QUINTO SIGLO, no del año 250 en el siglo III (como se pretende hacer creer), y puede ser reconstruido para producir la siguiente. "Bajo vuestra compasión, Nos refugiamos, Oh Madre de Dios: No desprecies nuestras súplicas en tiempos de problemas: Pero rescátanos de los peligros, Sólo pura, sólo bendita". (2)

"Esta oración, escrita en tinta marrón en una pequeña hoja de papiro (el verso está en blanco), es probablemente una copia privada, no hay indicaciones de que se destinaba al uso litúrgico, la mano, alta, erguida y puntiaguda, con pequeñas burbujas en la parte superior e inferior de los trazos verticales, es de un tipo peculiar al que no conozco ningún paralelo exacto. El α es de un tipo más común en inscripciones que en papiros, y el Dr. Bell sugiere que la peculiaridad del guión puede ser explicado en base al hecho de que era un modelo para un grabador. El Sr. Lobel apuntó para mí que la mano se asemeja un poco a la de la carta de Subatianus Aquila (Schubart, Papyri Graecae Berolinenses, 35; cf. id. Paeleographie, 73) con sus caracteres grandes y estrechos; el ο, ι y, en menor medida, el ε, son similares en ambos textos, pero el peculiar [dibujo de mano] encontrado en 470 está ausente en el otro, que en el todo es menos decorativo. Lobel no estaría dispuesto a colocar 470 después del tercer siglo. Pero esas manos individuales son difíciles de fechar, y es casi increíble que una oración dirigida directamente a la Virgen en estos términos pueda ser escrita en el tercer siglo. La Virgen fue mencionada como Θεοτόκος por Atanasio; pero no hay pruebas ni siquiera para oraciones particulares dirigidas a ella (cf. Greg. Naz. Ox. II) antes de la última parte del siglo IV, y me parece difícil pensar que nuestro texto fue escrito antes de eso.” (3)

De una forma u otra: el texto, siendo escrito en el siglo III, en el IV o en el V, todavía va contra el Cristianismo.

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Notas consultadas:


(2) Empress and Handsey: En la naturaleza y el sexo en el culto de la Virgen María, por Sarah Jane Boss, Nota 1 de la página 41.

(3) cf. el arte. 'Mary' in Hastings, Encyclopaedia of Religion and Ethics. (Este segundo tiene como auto el profesor de papirología C. h. Roberts, de cuya visión sobre el papiro se convirtió en consenso entre los historiadores [menos entre los católicos apologetas])