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martes, 7 de abril de 2026

La Asunción de María y la Autoridad de la Revelación: Un Análisis Teológico desde la Perspectiva Reformada



El presente artículo examina la doctrina católica romana de la Asunción de María a la luz de sus fundamentos históricos, teológicos y hermenéuticos, contrastándolos con el principio reformado de sola Scriptura. Se argumenta que, aunque la Asunción posee coherencia interna dentro del sistema católico, carece de un fundamento bíblico explícito o necesario que justifique su elevación al rango de dogma. La discusión revela que el desacuerdo no es meramente mariológico, sino profundamente epistemológico, en relación con la naturaleza y fuente de la autoridad doctrinal en la Iglesia.

1. Introducción

La Asunción de María es una doctrina del catolicismo romano que enseña que la virgen María, al final de su vida terrenal, fue llevada por Dios al cielo en cuerpo y alma, participando anticipadamente de la glorificación que, según la fe cristiana, recibirán todos los creyentes en la resurrección final. ¿En qué consiste exactamente? María, al terminar el curso de su vida, no permaneció en la tumba ni experimentó la corrupción del cuerpo, sino que fue elevada a la gloria celestial en su totalidad (cuerpo y alma). A diferencia del resto de los creyentes, que esperan la resurrección final, María habría sido glorificada de manera anticipada.  Según este dogma, no solo su alma fue al cielo (como ocurre con los creyentes al morir), sino también su cuerpo físico. La Asunción de María está conectada con dos doctrinas: Su condición de Madre de Dios (Theotokos). La doctrina de la Inmaculada Concepción (preservación del pecado original). ¿Murió María o no? Aquí hay un punto importante: El dogma no define explícitamente si María murió o no. Dentro del catolicismo existen dos posturas: (1) Dormición: María murió de manera natural y luego fue asunta. (2) Asunción sin muerte: María fue llevada al cielo sin morir. La Iglesia Católica Romana permite ambas interpretaciones.

La proclamación del dogma de la Asunción de María por el papa Pío XII en 1950, mediante la constitución apostólica Munificentissimus Deus, constituye uno de los desarrollos doctrinales más significativos del catolicismo contemporáneo. Dicho dogma afirma que María, “terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial” (Pío XII, 1950).

Sin embargo, esta afirmación plantea una cuestión fundamental: ¿sobre qué base puede la Iglesia declarar como dogma una enseñanza que no se encuentra explícitamente en las Escrituras? La respuesta a esta pregunta no solo define la doctrina de la Asunción, sino que también expone las diferencias estructurales entre la teología católica romana y la teología reformada.

2. Fundamentos de la doctrina católica de la Asunción

La Tradición eclesial

El catolicismo romano sostiene que la Asunción se apoya principalmente en la Tradición apostólica. Desde los primeros siglos, escritos sobre la Dormición de María reflejan una creencia creciente en su glorificación corporal.

Autores patrísticos como Juan Damasceno defendieron esta idea argumentando que:

“Era necesario que aquella que había llevado al Creador en su seno habitara en los tabernáculos divinos” (Juan Damasceno, Homilías sobre la Dormición, II).

La teología católica contemporánea reconoce que esta tradición no fue universal en sus inicios, pero afirma que su desarrollo fue orgánico y guiado por el Espíritu Santo (Ott, 1955).

Argumento de conveniencia

El principio de convenientia sostiene que ciertas verdades, aunque no reveladas explícitamente, son apropiadas dentro del plan redentor de Dios. En este sentido:

  • María es Theotokos (Madre de Dios).
  • Fue preservada del pecado original (dogma de la Inmaculada Concepción).
  • Por tanto, sería “conveniente” que no experimentara corrupción.

Teólogos católicos como Ludwig Ott afirman:

“La Asunción de María es teológicamente apropiada como consecuencia de su inmunidad del pecado original” (Ott, Fundamentals of Catholic Dogma, 1955).

Interpretaciones tipológicas de la Escritura

Aunque la Iglesia católica reconoce la ausencia de un texto explícito, propone interpretaciones indirectas:

  • Apocalipsis 12: la mujer revestida de sol.
  • Salmo 132:8: María como el “arca del pacto”.
  • Génesis 3:15: enemistad total con el mal.

Autores como René Laurentin han defendido estas lecturas como expresiones de una teología bíblica más amplia (Laurentin, 1951).

Autoridad del Magisterio

El elemento decisivo en la formulación del dogma es la autoridad del Magisterio. Según el catolicismo romano, la Iglesia posee autoridad para definir doctrinas de manera infalible cuando estas pertenecen al depósito de la fe.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma:

“La Tradición y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la Palabra de Dios” (CEC, §97).

3. Evaluación desde la teología reformada

El principio de sola Scriptura

La teología reformada sostiene que la Escritura es la única norma infalible de fe y práctica. Esto no implica el rechazo de la tradición, sino su subordinación a la revelación bíblica.

La Confesión de Fe de Westminster establece:

“El consejo total de Dios… está expresamente expuesto en la Escritura, o puede deducirse de ella por buena y necesaria consecuencia” (CFW 1.6).

Desde esta perspectiva, la Asunción enfrenta una dificultad fundamental: no puede ser derivada ni explícita ni necesariamente de la Escritura.

Crítica al argumento de conveniencia

El argumento de conveniencia, aunque coherente, no constituye revelación. Como señala la teología reformada:

  • Lo “apropiado” no equivale a lo “revelado”.
  • La doctrina debe fundarse en la Palabra de Dios, no en deducciones teológicas plausibles.

En palabras de un teólogo reformado contemporáneo:

“La cuestión no es qué parece adecuado a nuestra razón teológica, sino qué ha sido revelado por Dios” (Sproul, Scripture Alone, 2005).

Problemas hermenéuticos en la tipología

La tipología bíblica es legítima cuando está controlada por la Escritura misma. Sin embargo, su uso desregulado puede conducir a conclusiones no autorizadas.

Juan Calvino advierte:

“Debemos tener cuidado de no forzar la Escritura más allá de su intención” (Calvino, Institución de la Religión Cristiana, I.13).

Las interpretaciones tipológicas propuestas para la Asunción no alcanzan el nivel de evidencia exegética necesaria para sustentar un dogma.

Desarrollo doctrinal y autoridad

El punto central del desacuerdo es epistemológico. Mientras el catolicismo permite el desarrollo doctrinal como expansión del depósito de la fe, la teología reformada sostiene que:

  • La revelación está cerrada.
  • La Iglesia no puede definir nuevas doctrinas sin fundamento bíblico.

Michael Horton señala:

“Cuando una doctrina es impuesta sin base bíblica clara, la autoridad de la Escritura es funcionalmente desplazada” (Horton, The Christian Faith, 2011).

4. Discusión: una cuestión de autoridad

La doctrina de la Asunción revela una diferencia estructural entre dos modelos teológicos:

Catolicismo RomanoTeología Reformada
Escritura + Tradición + MagisterioSola Scriptura
Desarrollo doctrinal continuoRevelación cerrada
Autoridad eclesial normativaEscritura como norma suprema

Por tanto, la cuestión no es meramente si María fue asunta, sino:

¿Quién tiene la autoridad final para definir la verdad doctrinal?

5. Conclusión

La doctrina de la Asunción de María, aunque teológicamente coherente dentro del sistema católico romano, carece de un fundamento explícito o necesario en la Escritura que justifique su elevación al rango de dogma obligatorio.

Desde la perspectiva reformada, esta situación plantea una tensión significativa con la suficiencia de la Escritura. La objeción no implica una negación de la dignidad de María, sino una afirmación de un principio mayor:

Dios ha hablado de manera suficiente en su Palabra, y no corresponde a la Iglesia imponer como doctrina aquello que Él no ha revelado.

En última instancia, la discusión sobre la Asunción no es simplemente mariológica, sino epistemológica. En ella se define si la fe cristiana descansa exclusivamente en la revelación escrita de Dios o en una síntesis de Escritura y tradición susceptible de desarrollo posterior.


¡Piensa en esto cristiano!

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Bibliografía

Fuentes católicas:

  • Pío XII. Munificentissimus Deus. 1950.
  • Catecismo de la Iglesia Católica. Libreria Editrice Vaticana, 1992.
  • Ott, Ludwig. Fundamentals of Catholic Dogma. TAN Books, 1955.
  • Laurentin, René. La Vierge Marie: Théologie et Histoire. 1951.
  • Juan Damasceno. Homilías sobre la Dormición.

Fuentes reformadas:

  • Calvino, Juan. Institución de la Religión Cristiana.
  • Confesión de Fe de Westminster.
  • Sproul, R. C. Scripture Alone. P&R Publishing, 2005.
  • Horton, Michael. The Christian Faith. Zondervan, 2011.

domingo, 28 de abril de 2019

¿La Virgen María fue Concebida Sin Pecado?



Mucha gente equivocadamente cree que la "inmaculada concepción" se refiere a la concepción de Jesucristo. La concepción de Jesús fue total y absolutamente inmaculada... pero este concepto no se refiere para nada a Jesús. 

La inmaculada concepción es una doctrina de la Iglesia Católica Romana respecto a María, la madre de Jesús. Una declaración oficial de esta doctrina dice. “... la bendita Virgen María ha sido, desde el primer instante de su concepción, por una singular gracia y privilegio del Todopoderoso Dios, en vista de los méritos de Jesucristo el Salvador de la Humanidad, conservada libre de toda mancha del pecado original”.

Esencialmente la inmaculada concepción es la creencia de que María fue protegida del pecado original, que María no tuvo una naturaleza de pecado, y fue, de hecho, sin pecado.

El problema con esta doctrina de la inmaculada concepción es que no es enseñada en la Biblia. En ninguna parte de la Biblia se describe a María como más que una mujer ordinaria, a quien Dios eligió para ser la madre del Señor Jesucristo. 

María fue indudablemente una mujer piadosa (Lucas 1:28). María seguramente fue una maravillosa esposa y madre. Jesús definitivamente amaba y apreciaba a Su madre (Juan 19:27) . La Biblia no nos da razón para creer que María era sin pecado. De hecho, la Biblia nos da todas las razones para creer que Jesucristo es la única Persona a que no estuvo “infectada” por el pecado y que jamás cometió pecado (Eclesiastés 7:20; Romanos 3:23; 2 Corintios 5:21; 1 Pedro 2:22; 1 Juan 3:5).

La doctrina de la inmaculada concepción se originó de la confusión sobre el cómo Cristo pudo haber nacido sin pecado si Él fue concebido dentro de una humana mujer pecadora. La idea era que Jesús habría heredado una naturaleza pecaminosa de María si ella era una pecadora. En contraste a la inmaculada concepción, la solución bíblica a este problema es entendiendo que Jesús Mismo fue milagrosamente protegido de ser contaminado por el pecado mientras Él estuvo dentro del vientre de María. 

Si Dios fue capaz de proteger a María del pecado, ¿no podría ser capaz de proteger a Jesús del pecado? Por lo que, la naturaleza sin pecado de María resulta ser ni necesaria, ni bíblica.

La iglesia Católica Romana argumenta que la inmaculada concepción es necesaria, porque sin ella, Jesús hubiera sido el objeto de Su propia gracia. La idea es como sigue – para que Jesús fuera milagrosamente preservado del pecado, que en sí mismo hubiera sido un acto de gracia, significaría esencialmente que Dios “se Auto-agració” La palabra gracia significa “un inmerecido favor”. 

La gracia es concederle a alguien algo que él o ella no merecen. El que Dios realizara el milagro de preservar a Jesús del pecado no es “gracia”- En ningún sentido era posible que Jesús fuera infectado por el pecado. Él era perfecto y una naturaleza humana sin pecado se unió a una divinidad sin pecado. Dios no puede ser infectado o afectado por el pecado, porque Él es perfectamente y totalmente santo. Esta misma verdad se aplica a Jesús. No fue necesaria la “gracia” para proteger a Jesús del pecado. Siendo Dios encarnado, Jesús era en Su esencia “inmune” al pecado.

Así que, la doctrina de la inmaculada concepción no es ni bíblica ni necesaria. 

Jesús fue milagrosamente concebido dentro de María, quien era una virgen en ese tiempo. Eso es el concepto bíblico del nacimiento virginal. 

La Biblia ni siquiera sugiere que hubo algo significativo acerca e la concepción de María. Si examinamos esto concepto lógicamente, la madre de María tuvo que haber sido concebida inmaculadamente también. ¿Cómo podía María ser concebida sin pecado, si su madre fue pecadora? Lo mismo se habría tenido que decir de la abuela de María, su bisabuela, su tatarabuela, etc, etc. 

Así que, en conclusión, la inmaculada concepción no es una enseñanza bíblica. La Biblia enseña la milagrosa concepción virginal de Jesucristo, no la inmaculada concepción de María.

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¡La Biblia y solo la Biblia!

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¿La Virgen María Ascendió al Cielo?



¿Qué es la Asunción de María?

La Asunción de María (o la Asunción de la Virgen) es una doctrina que enseña que después de que la madre de Jesús murió, ella fue resucitada, glorificada, y llevada físicamente al cielo. La palabra asunción es tomada de la palabra latina que significa “llevado arriba.” La asunción de María es enseñada por la Iglesia Católica Romana, y en menor grado por la Iglesia Ortodoxa Oriental. 

La doctrina de la asunción de María tuvo sus inicios en el Imperio Bizantino alrededor del siglo VI. Una festividad anual en honor de María creció gradualmente hasta convertirse en una conmemoración de la muerte de María, llamada la Fiesta de la Dormition o “Dormición”.

Al extenderse la práctica por el occidente, se hizo un énfasis en la resurrección de María, y la glorificación tanto de su alma como de su cuerpo, y así el nombre de la festividad fue entonces cambiado al de la Asunción. Aún es observado el 15 de agosto, como lo fue en la Edad Media. La Asunción de María fue hecha un dogma oficial de la Iglesia Católica Romana en 1950 por el Papa Pío XII.

La Biblia registra que Enoc y Elías fueron “llevados” por Dios al Cielo (Génesis 5:24; 2 Reyes 2:11). Por lo tanto, no es imposible que Dios hubiera hecho lo mismo con María. No está mal creer que Dios “llevó” a María al cielo. El problema es que no existe ninguna base bíblica para la Asunción de María. 

La Biblia no registra la muerte de María ni la vuelve a mencionar después del capítulo 1 del libro de los Hechos. Así que más bien, la doctrina de la Asunción es el resultado de la exaltación de María a una posición comparable a la de su Hijo. Algunos católicos romanos van mucho más lejos al enseñar que María fue resucitada al tercer día, igual que Jesús, y que María ascendió al Cielo, igual que Jesús. 

El Nuevo Testamento enseña que Jesús resucitó al tercer día (Lucas 24:7) y que Él ascendió corporalmente al cielo (Hechos 1:9). El asumir que sucedió lo mismo con María es atribuirle a ella algunos de los atributos de Cristo. Mientras que la idea de la Asunción de María no es herética en sí misma, en la Iglesia Católica Romana, la Asunción de María es un paso importante hacia el porqué se le reza, se le venera, y se le adora a María. La enseñanza de la Asunción de María es un paso más para hacerla igual a Cristo, proclamando esencialmente la deidad de María.

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¡La Biblia, y solo la Biblia!

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¿Es bíblico el orar a la Virgen María?



El hecho de que los católicos oren a los santos es un punto lleno de confusión. La posición oficial de la Iglesia Católica Romana, es que los católicos no oran A los santos o a María, sino más bien los católicos piden a los santos y a María que oren POR ellos. La posición oficial de la Iglesia Católica es que el pedir a los santos por sus oraciones, no tiene ninguna diferencia a que le pidas a alguien aquí en la tierra que ore por ti. 

Sin embargo, la práctica de muchos católicos difiere mucho de la enseñanza oficial de la Iglesia Católica Romana. Muchos católicos, de hecho oran directamente a los santos y/o María, pidiéndoles ayuda – en vez de pedirles a los santos y/o María que intercedan ante Dios por ayuda. Cualquiera que sea el caso, ya sea que se ore a un santo o a María, o el pedirles que oren, ninguna de estas prácticas tiene una base bíblica.

La Biblia en ninguna parte instruye a los creyentes en Cristo a orar a nadie más que a Dios. La Biblia en ningún lugar anima, o aún menciona que los creyentes le pidan oraciones a individuos en el cielo. ¿Por qué entonces, muchos católicos oran a María y/o a los santos, o piden sus oraciones por ellos? 

Los católicos ven a María y a los santos como “intercesores” ante Dios. Por lo tanto, si un santo le lleva una oración a Dios, es más efectivo que el que oremos directamente a Dios. Este concepto es evidentemente anti-bíblico. Hebreos 4:16 nos dice que nosotros, los creyentes aquí en la tierra, podemos “... acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” 

1 Timoteo 2:5 declara, “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre.” No hay nadie más que pueda ser mediador ante Dios por nosotros. Si Jesús es EL ÚNICO mediador, eso indica que María y los santos no pueden ser mediadores. Ellos no pueden ser mediadores de nuestras peticiones en oración a Dios. Más aún, la Biblia nos dice que Jesucristo Mismo está intercediendo por nosotros ante el Padre “por lo cual (Jesucristo) puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” (Hebreos 7:25). 

Con Jesús Mismo intercediendo por nosotros, ¿por qué necesitamos que María o los santos intercedan por nosotros? ¿A quién escuchará Dios que sea más cercano que Su Hijo? Romanos 8:26-27 describe al Espíritu Santo intercediendo por nosotros. Con el segundo y tercer miembro de la Trinidad ya intercediendo por nosotros ante el Padre en el Cielo, ¿qué posible necesidad habría de tener a María o a los santos intercediendo por nosotros?

Los Católicos argumentan que el orar a María y a los santos no es diferente a pedirle a alguien que ore por ti aquí en la tierra. Examinemos este punto. 

(1) El apóstol Pablo les pide a otros cristianos que oren por él en Efesios 6:19. Muchas Escritura describen a creyentes orando unos por otros (2 Corintios 1:11; Efesios 1:16; Filipenses 1:19; 2 Timoteo 1:3) La Biblia en ninguna parte menciona a alguien pidiéndole a alguien más en el Cielo que ore por ellos. La Biblia en ninguna parte describe a alguien en el Cielo orando por alguien en la tierra. 

(2) La Biblia no da absolutamente ninguna indicación de que María o los santos puedan escuchar nuestras oraciones. María y los santos no son omniscientes. Aún glorificados en el Cielo, ellos son seres finitos con limitaciones. ¿Cómo es posible que puedan escuchar las oraciones de millones de gente? Cada vez que la Biblia menciona el orar o hablar con los muertos, es dentro del contexto de magia, brujería, necromancia, y adivinación – actividades que la Biblia condena fuertemente (Levítico 20:27; Deuteronomio 18:10-13). 

En otra instancia, cuando es invocado un “santo” como en 1 Samuel 28:7-19, Samuel no estaba precisamente contento de ser perturbado. Es plenamente claro que el orar a María o a los santos es completamente diferente del pedirle a alguien aquí en la tierra que ore por ti. Esta opción tiene una fuerte base bíblica, la otra no tiene absolutamente ninguna base en la Biblia.

Dios no responde las oraciones basándose en quién es quien ora. Dios contesta las oraciones basándose en que lo que se pida vaya de acuerdo a Su voluntad (1 Juan 5:14-15). 

No hay absolutamente ninguna base o necesidad para orar a alguien más que solo a Dios. No hay bases para pedir a aquellos que están en el Cielo que oren por nosotros. Solo Dios puede escuchar nuestras oraciones. Solo Dios puede responder nuestras oraciones. Nadie en el Cielo tiene ningún mayor acceso al trono de Dios que el que tenemos como creyentes a través de la oración (Hebreos 4:16).

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¡La Biblia, y solo la Biblia!

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martes, 26 de junio de 2018

¿Oraban los cristianos a María En el siglo III?

(El Papiro John Rylands 470)


“Bajo vuestra compasión, Nos refugiamos, Oh Madre de Dios: No desprecies nuestras súplicas en tiempos de problemas: Pero rescátanos de los peligros,  Sólo pura, sólo bendita.”  
Así reza el Sub tuum praesidium

¿Qué es el Sub tuum praesidium?
Según Wikipedia (1), Bajo Tu Protección (griego: Ὑπὸ τὴν σὴν εὐσπλαγχνίαν; en latín, Sub tuum præsidium: Sub tuum præsidium) es el himno más antiguo conservado actualmente de la Virgen María como la Madre de Dios. El himno es bien conocido en muchos países de tradición ortodoxa o católica, y es, a menudo, un cántico usado junto con el Salve Regina.

El Texto en griego de esta oración sería el siguiente:
Ὑπὸ τὴν σὴν εὐσπλαγχνίαν, καταφεύγομεν, Θεοτόκε. Τὰς ἡμῶν ἱκεσίας, μὴ παρίδῃς ἐν περιστάσει, ἀλλ᾽ ἐκ κινδύνων λύτρωσαι ἡμᾶς, μόνη Ἁγνή, μόνη εὐλογημένη. 
Para creer fielmente que ese papiro se refiere a María y que fue escrito en el siglo III, usted tiene que vencer algunos obstáculos:

1) Primero: La Biblia nunca habla de THEOTOKOS.

La Biblia en Hechos 1.14 dice “la madre de Jesús”, nunca dice “la madre de Dios”:

οὗτοι πάντες ἦσαν προσκαρτεροῦντες ὁμοθυμαδὸν τῇ προσευχῇ σὺν γυναιξὶν καὶ Μαριὰμ τῇ μητρὶ τοῦ Ἰησοῦ καὶ σὺν τοῖς ἀδελφοῖς αὐτοῦ..

Observa que dice: Μαριὰμ τῇ μητρὶ τοῦ Ἰησοῦ, esto es: "María la madre de Jesús". El término Theotokos sólo comenzó a ser usado más comúnmente en el Concilio de Éfeso en 431 y posterior a él.

2) En Egipto había una diosa madre conocida como Isis.
Ísis, Reina del Cielo, era madre del Dios Horus. No hay ninguna indicación que el papiro haya sido escrito por una Iglesia, por el contrario, es mucho más probable que haya sido escrito por los paganos para sus cultos paganos a la “diosa madre”.


3) El papiro no es del siglo III (como se pretende hacer creer)
"La oración está escrita en griego en un fragmento de papiro egipcio que está ahora en posesión de la Biblioteca John Rylands, Manchester. (CH Roberts (ed.), Catálogo de los Papiros Griego y Latino en la Biblioteca John Rylands, Manchester vol III - Los textos teológicos y literarios (nº 457-551) (1938) n ° 470. Es una versión griega de la oración que ocurre en latín como el Sub tuum praesidium, el papiro data del CUARTO O DEL QUINTO SIGLO, no del año 250 en el siglo III (como se pretende hacer creer), y puede ser reconstruido para producir la siguiente. "Bajo vuestra compasión, Nos refugiamos, Oh Madre de Dios: No desprecies nuestras súplicas en tiempos de problemas: Pero rescátanos de los peligros, Sólo pura, sólo bendita". (2)

"Esta oración, escrita en tinta marrón en una pequeña hoja de papiro (el verso está en blanco), es probablemente una copia privada, no hay indicaciones de que se destinaba al uso litúrgico, la mano, alta, erguida y puntiaguda, con pequeñas burbujas en la parte superior e inferior de los trazos verticales, es de un tipo peculiar al que no conozco ningún paralelo exacto. El α es de un tipo más común en inscripciones que en papiros, y el Dr. Bell sugiere que la peculiaridad del guión puede ser explicado en base al hecho de que era un modelo para un grabador. El Sr. Lobel apuntó para mí que la mano se asemeja un poco a la de la carta de Subatianus Aquila (Schubart, Papyri Graecae Berolinenses, 35; cf. id. Paeleographie, 73) con sus caracteres grandes y estrechos; el ο, ι y, en menor medida, el ε, son similares en ambos textos, pero el peculiar [dibujo de mano] encontrado en 470 está ausente en el otro, que en el todo es menos decorativo. Lobel no estaría dispuesto a colocar 470 después del tercer siglo. Pero esas manos individuales son difíciles de fechar, y es casi increíble que una oración dirigida directamente a la Virgen en estos términos pueda ser escrita en el tercer siglo. La Virgen fue mencionada como Θεοτόκος por Atanasio; pero no hay pruebas ni siquiera para oraciones particulares dirigidas a ella (cf. Greg. Naz. Ox. II) antes de la última parte del siglo IV, y me parece difícil pensar que nuestro texto fue escrito antes de eso.” (3)

De una forma u otra: el texto, siendo escrito en el siglo III, en el IV o en el V, todavía va contra el Cristianismo.

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Notas consultadas:


(2) Empress and Handsey: En la naturaleza y el sexo en el culto de la Virgen María, por Sarah Jane Boss, Nota 1 de la página 41.

(3) cf. el arte. 'Mary' in Hastings, Encyclopaedia of Religion and Ethics. (Este segundo tiene como auto el profesor de papirología C. h. Roberts, de cuya visión sobre el papiro se convirtió en consenso entre los historiadores [menos entre los católicos apologetas])