lunes, 13 de septiembre de 2021

BAUTISMO DE INFANTES - Augustus Nicodemus


Rev. Augustus Nicodemus

Texto de Génesis 17.1-14 (minuto 5)

Donde tenemos el registro del Pacto de Dios con Abraham. Aquí tenemos que Dios aparece a Abraham y le hace promesas. La principal promesa es el establecimiento de un Pacto, en el verso 1 dice que "Dios apareció a Abraham cuando él tenía noventa y nueve años, y en el verso 2 dice Dios prometió hacer un Pacto entre Dios y Abraham y multiplicaría extraordinariamente, recordando que a esta altura Abraham no tenía hijos, él peregrinaba en Canaán, y Dios ya le había dicho a él que le habría de dar aquella tierra. Y que de su descendencia vendría un pueblo numeroso. Y Dios ahora dice que haría un Pacto entre Él y Abraham. Y en el verso 4 dice: "He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes", y allí en el verso 5 Él cambia el nombre de Abram: "Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes". Esto es un juego de palabras en hebreo, Abram significa "Padre Exaltado", mientras que Abraham significa ...

Puedes ver el sermón aquí.

viernes, 10 de septiembre de 2021

JESÚS Y EL LENGUAJE APOCALÍPTICO




Jesús viniendo en las nubes: Lenguaje apocalíptico de juicio

Uno de los discursos más profundos y debatidos de nuestro Señor Jesucristo es el llamado Discurso del Monte de los Olivos (Mt 24–25), donde el Señor anuncia eventos cargados de simbolismo profético. Entre ellos destaca la afirmación de Mateo 24:30: “verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”. La pregunta que surge es inevitable: ¿debemos entender esto en sentido literal —Cristo montado en una nube visible— o como un lenguaje simbólico de juicio?

Desde la tradición reformada, especialmente en la línea del preterismo parcial, sostenemos que este pasaje no describe la segunda venida final de Cristo, sino una venida en juicio histórico sobre Israel incrédulo en el año 70 d.C., mediante la destrucción del templo y de Jerusalén.

El trasfondo bíblico: Dios “viniendo en nubes”

Jesús utiliza aquí un lenguaje que sus oyentes conocían bien de las Escrituras. Isaías 19:1 declara: “He aquí que Jehová monta sobre una ligera nube, y entrará en Egipto”. Ningún lector pensó jamás que Jehová literalmente cabalgó sobre vapor condensado en el cielo. Era un lenguaje profético de juicio: Dios manifestando su soberanía al usar a potencias extranjeras para castigar a Egipto. Y así sucedió: siglos después, Egipto fue abatido por Cambises II (525 a.C.), Artajerjes III (343 a.C.) y finalmente Alejandro Magno (332 a.C.), cumpliendo lo anunciado por el profeta.

Lo mismo ocurre en Mateo 24:30. El “venir en las nubes” no es un espectáculo literal de Cristo volando sobre Jerusalén, sino una teofanía judicial, en la cual el Hijo del Hombre es vindicado como Rey y Juez. Como afirma Kenneth L. Gentry, “el lenguaje apocalíptico de venir en las nubes no es meteorológico, sino teológico: señala la manifestación de la autoridad divina en actos de juicio histórico” (He Shall Have Dominion).

Jesús y el juicio sobre Jerusalén

El contexto inmediato lo confirma. En Mateo 24:2, Jesús había advertido: “De cierto os digo, que no quedará aquí piedra sobre piedra, que no sea derribada”, refiriéndose al templo. El “venir sobre las nubes” se conecta directamente con ese evento. No es una venida universal y final, sino un juicio particular contra el Israel apóstata, que quebrantó el pacto y rechazó al Mesías.

R. C. Sproul, en The Last Days According to Jesus, observa que la audiencia original entendía este discurso en referencia a acontecimientos inminentes: “Si ignoramos el uso veterotestamentario del lenguaje de juicio en las nubes, corremos el riesgo de leer en Mateo 24 categorías que pertenecen más a nuestra imaginación moderna que al simbolismo profético de la Biblia”.

Burla y vindicación

Josefo relata que, durante el asedio romano en el año 70 d.C., algunos judíos se burlaban de los cristianos gritando desde las murallas “¡Viene el Hijo!”, jugando con la palabra hebrea ha-ben (el Hijo) y ha-even (la piedra lanzada por las catapultas romanas). Su sarcasmo, sin embargo, se convirtió en juicio: efectivamente, el Hijo del Hombre “vino” en juicio, no como víctima, sino como Rey exaltado, cumpliendo lo anunciado. (1)

Una venida gloriosa en juicio

Así, cuando Jesús dice en Mateo 24:30: “verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”, no debemos esperar una figura montada sobre nubes literales. Debemos reconocer un lenguaje apocalíptico, tomado de los profetas, para describir un acto judicial de Dios en la historia.

El preterismo parcial, en fidelidad a la tradición reformada, distingue claramente esta venida en juicio (70 d.C.) de la segunda venida final y corporal de Cristo al fin de los tiempos. Ambas realidades se complementan: la primera garantiza la certeza de la segunda.

Como afirma Sproul, “La venida de Cristo en juicio sobre Jerusalén fue un preludio histórico que atestigua que la Palabra de Dios no falla, y que la venida final en gloria será tan segura como el cumplimiento de esa profecía” (The Last Days According to Jesus).

Conclusión 

Cristo vino en juicio sobre Jerusalén, y vendrá nuevamente al final de los tiempos en gloria visible y definitiva. Hoy, la exhortación es clara: no endurezcamos el corazón como Israel. El lenguaje apocalíptico no es evasión poética, sino un recordatorio de que el Hijo del Hombre es Rey soberano sobre la historia. La llamada es al arrepentimiento y a la fe, porque aquel que vino en juicio, vendrá también como Salvador y Juez de vivos y muertos.


(1) Paul L. Maier, “Josefo: Los Escritos Esenciales”, Pág. 325-326

¿POR QUÉ ABANDONAR LA FE EN DIOS?

 



LA CORRUPCIÓN DE LOS HIJOS DE DIOS

La Biblia, desde el inicio en el libro del Génesis, presenta la tendencia del hombre de alejarse de Dios, quien a su vez es presentado como benevolente, como el que busca al hombre para beneficiarlo, para darle un lugar privilegiado en su creación, para bendecirlo con bienes y sobre todo para tener una relación con Él. Claramente vemos que después de la caída, la nueva naturaleza del hombre solo busca tomar distancia de Dios, y al alejarse lo más que pueda, abandona toda clase de valores morales y de sometimiento a sus leyes, solo con la finalidad de hacer su propia voluntad y no la de Dios. ¿Por qué abandonar la Fe en Dios?

El inicio del libro de Génesis narra la historia de dos líneas marcadas, una de ellas de gente que “empezó a invocar el nombre de Dios” y otra que se levanta a sí misma un monumento a su egolatría y autodependencia. La primera línea de personas hace un esfuerzo por mantener encendido aquellos viejos relatos de lo que alguna vez el padre Adán vivió en el Huerto de Edén, y sobre todo, mantiene viva la promesa de que vendría un redentor. Mientras que la otra línea de hombres hace caso omiso a todas las demandas de Dios. Curiosamente, ambas líneas de personas tienen la misma naturaleza caída de Adán, ambas líneas de personas tienen un corazón que necesita ser asistido para poder creer. Todos los esfuerzos humanos no pueden completar la obra divina de tener una relación con Dios, porque notoriamente lo que vemos por todos lados en la Biblia es que el hombre es culpable y su rebelión contra Dios es voluntaria. Pero, aquellos que decidieron invocar el nombre de Dios parecen que al final fueron vencidos por su propia naturaleza y dejaron de hacerlo; y poco a poco fueron amando más este mundo y sus placeres y olvidaron a Dios y su promesa de redención. Se volvieron violentos, se mezclaron con los hombres malvados y en palabras del mismo Dios: “estos hombres yerran una y otra vez… y desde sus primeros años de razón en sus pensamientos sólo hay una cosa: hacer el mal”.

Entonces ¿Está perdido el hombre? No, porque mientras haya gente mirando con fe hacia el cielo, Dios estará mirando con gracia hacia la tierra. Quizá Enoc y Noé podrían representar el remanente con el que cada generación deberá contar. Sabemos por lo que narra la Biblia que esas dos líneas de personas finalmente se unieron en pecado sin diferencia alguna entre la una y la otra, pero Dios decidió tener gracia en el justo Noé. Concluimos que, sin la intervención de Dios al mirar con gracia a Noé, de la misma manera que hoy mira buscando si alguien tiene fe, el hombre estaría perdido y muchos estarían abandonando la fe en Dios.


Jesús Paredes, 
07 de diciembre de 2020
Areópago Cristiano