Mateo 24:31 ha sido tradicionalmente interpretado, dentro del marco dispensacionalista, como una descripción del llamado “arrebatamiento” de la Iglesia o como un evento estrictamente escatológico y futurista vinculado a la Segunda Venida corporal de Cristo. Sin embargo, una lectura atenta del texto en su contexto literario, histórico y teológico, así como un análisis léxico riguroso, revela que dicha interpretación no es exigida por el pasaje y, de hecho, introduce presuposiciones ajenas al discurso de Jesús.
Desde la perspectiva preterista parcial y reformada, Mateo 24:31 debe entenderse como parte del juicio histórico de Dios sobre Jerusalén y la transición definitiva del Antiguo al Nuevo Pacto, culminada en el año 70 d.C., sin negar ni reemplazar la Segunda Venida final, futura, visible y corporal de Cristo.
1. La trompeta: lenguaje de jubileo, no de evacuación escatológica
El texto declara:
“Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos…” (Mt 24:31)
El simbolismo de la trompeta no se introduce aquí como una novedad apocalíptica, sino como una imagen profundamente arraigada en la teología veterotestamentaria del jubileo. En Levítico 25:9–10, la trompeta anuncia liberación, restauración y el restablecimiento del orden del pacto. Jesús mismo interpreta Isaías 61:1–2 como cumplido en su ministerio (Lc 4:17–21), identificando el inicio del jubileo mesiánico con la proclamación del Evangelio.
Herman Ridderbos afirma que el Reino anunciado por Cristo no es meramente futuro, sino una realidad escatológica inaugurada que se despliega progresivamente en la historia (Ridderbos, The Coming of the Kingdom). En este sentido, la trompeta de Mateo 24:31 no señala una extracción física del mundo, sino la proclamación pública y victoriosa del señorío de Cristo tras el colapso del sistema cultual mosaico.
Kenneth L. Gentry observa acertadamente que el lenguaje de trompeta en Mateo 24 no introduce un evento distinto del contexto inmediato, sino que culmina el juicio previamente descrito, marcando la expansión irreversible del Reino de Dios más allá de Israel (Before Jerusalem Fell).
2. Los “ángeles”: mensajeros del Evangelio
El término griego ἄγγελοι (angeloi) significa literalmente mensajeros y su referencia no se limita a seres celestiales. El propio Evangelio de Mateo utiliza el término para Juan el Bautista (Mt 11:10), y Lucas lo emplea reiteradamente para mensajeros humanos (Lc 7:24; 9:52).
R. C. Sproul señala que uno de los errores recurrentes del dispensacionalismo es su tendencia a hiper-literalizar símbolos cuando conviene a su sistema, ignorando el uso semántico normal del lenguaje bíblico (The Last Days According to Jesus). En Mateo 24:31, el énfasis no recae en la ontología de los mensajeros, sino en su función: reunir a los escogidos mediante la proclamación del Evangelio.
Esta lectura armoniza con la praxis apostólica posterior al año 70, cuando la Iglesia —liberada del marco del templo— se expande con poder entre las naciones.
3. “Juntar” a los escogidos: la episynagōgē del Nuevo Pacto
El verbo utilizado por Mateo, ἐπισυνάγω (episynágō), es teológicamente decisivo. Se trata del mismo término empleado en Hebreos 10:25 para describir la congregación de la Iglesia, y en Mateo 23:37 para expresar el deseo de Cristo de reunir a Israel como una gallina a sus polluelos.
Geerhardus Vos subraya que la escatología bíblica no debe entenderse como una serie de interrupciones sobrenaturales del orden histórico, sino como la consumación orgánica del plan redentor de Dios en la historia (Biblical Theology). La “reunión” de Mateo 24:31 no es un rapto celestial, sino la constitución visible y definitiva del pueblo del Nuevo Pacto, ahora abierto a judíos y gentiles sin distinción.
4. Respuesta apologética al dispensacionalismo
El dispensacionalismo insiste en leer Mateo 24:31 como un evento separado del contexto inmediato, proyectándolo hacia un futuro indefinido, usualmente asociado a un rapto secreto o a una tribulación global. Sin embargo, esta lectura enfrenta serios problemas:
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Ignora el marco temporal del discurso: Jesús afirma repetidamente que estos eventos ocurrirían dentro de “esta generación” (Mt 24:34).
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Desconecta el pasaje de su contexto histórico: la destrucción del templo no es un telón de fondo, sino el tema central del discurso.
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Introduce un sistema teológico externo: la idea de un rapto pretribulacional no surge del texto, sino de una construcción teológica del siglo XIX.
Como afirma Sproul, “cuando forzamos el texto a decir lo que nuestro sistema necesita, dejamos de escuchar lo que Jesús realmente dijo” (The Last Days According to Jesus).
Conclusión
Mateo 24:31 no describe un arrebatamiento futurista ni una evacuación sobrenatural de los creyentes, sino la proclamación triunfal del Reino de Cristo tras el juicio sobre Jerusalén, mediante la predicación del Evangelio y la congregación de los escogidos en la Iglesia del Nuevo Pacto. Este evento histórico-redentivo, culminado en el año 70 d.C., no reemplaza ni niega la Segunda Venida final, sino queo prepara el escenario para la misión universal de la Iglesia hasta la consumación de todas las cosas.
Esta lectura, lejos de debilitar la esperanza cristiana, la fortalece, al afirmar que Cristo reina ahora, que su Reino ha venido con poder, y que la historia avanza inexorablemente hacia la manifestación final de su gloria.
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