viernes, 16 de diciembre de 2016

La consternación de Jerusalén ante el nacimiento del Rey mesiánico

Un análisis histórico-teológico de Mateo 2:1–3

Introducción

El evangelio según Mateo registra que el nacimiento de Jesús en Belén produjo una reacción de profunda perturbación no solo en Herodes el Grande, sino también en “toda Jerusalén” (Mt 2:3). Esta afirmación, lejos de ser un recurso retórico sin contenido histórico, refleja el impacto político, religioso y escatológico que el anuncio del Mesías tuvo en el contexto del judaísmo del Segundo Templo. El presente estudio examina las razones de dicha consternación, su trasfondo histórico-profético y su significado teológico dentro del relato evangélico.

Herodes y la crisis de legitimidad real

Herodes el Grande fue investido como “rey de los judíos” por el Senado romano, no por derecho davídico ni por reconocimiento teocrático. Su linaje idumeo y su dependencia del poder imperial lo convertían, a los ojos del judaísmo piadoso, en un gobernante ilegítimo. En este contexto, la llegada de los magos de oriente anunciando el nacimiento del “Rey de los judíos” (Mt 2:2) representó una amenaza directa a su autoridad política.

La turbación de Herodes no fue meramente psicológica; fue una reacción estratégica ante la posibilidad del cumplimiento de las promesas mesiánicas davídicas. La pregunta implícita era inevitable: si ha nacido el Rey legítimo, ¿qué lugar ocupa entonces Herodes?

“Toda Jerusalén con él”: dimensión corporativa de la reacción

La expresión “toda Jerusalén” debe entenderse de manera representativa, refiriéndose principalmente a la élite religiosa, política y administrativa de la ciudad, así como al clima social generado por la noticia. Jerusalén, como centro cultual y teológico del judaísmo, vivía en expectativa mesiánica. El anuncio de un Mesías nacido fuera de la capital, en una aldea insignificante como Belén, generaba tanto esperanza como inquietud.

Este temor colectivo se explica por la conciencia de que el cumplimiento profético implicaría necesariamente un juicio sobre el orden religioso vigente, especialmente sobre el liderazgo sacerdotal y la estructura del Templo.

El cumplimiento profético y el testimonio múltiple

Mateo vincula explícitamente el nacimiento de Jesús con la profecía de Miqueas 5:2, subrayando la continuidad entre la expectativa veterotestamentaria y su cumplimiento histórico. A este testimonio profético se suman otros testigos fieles dentro del relato lucano.

Simeón, descrito como “justo y piadoso”, reconoció en el niño Jesús la “salvación” preparada por Dios “en presencia de todos los pueblos”, afirmando tanto su dimensión universal como su centralidad para Israel (Lc 2:29–32). De manera similar, la profetisa Ana proclamó públicamente el significado redentor del nacimiento del Mesías a “todos los que esperaban la redención de Jerusalén” (Lc 2:38).

Asimismo, los pastores —representantes de los sectores humildes de la sociedad— difundieron lo que les había sido revelado por los ángeles, provocando asombro entre quienes escuchaban su testimonio (Lc 2:17–18). Estos elementos confirman que el nacimiento de Jesús no fue un evento oculto ni irrelevante, sino un acontecimiento con resonancia social y teológica.

Dimensión celestial y significado redentor

El relato evangélico no se limita a la reacción terrenal. Lucas describe la irrupción del ejército celestial alabando a Dios, proclamando la paz divina y la gloria de Dios (Lc 2:13–14). Esta escena subraya que el nacimiento de Cristo tiene una dimensión cósmica: cielo y tierra responden al advenimiento del Hijo.

Teológicamente, este acontecimiento marca el inicio de la obra redentora que culminará en la cruz. El niño nacido en Belén es el mismo que, décadas después, entregará su vida “para salvar a su pueblo de sus pecados” (Mt 1:21), cumpliendo así el propósito eterno de Dios.

Conclusión pastoral-teológica

El nacimiento de Jesús dividió a Jerusalén entre el temor y la esperanza. Herodes y la élite religiosa reaccionaron con turbación, mientras que los fieles que aguardaban la redención respondieron con fe, gozo y proclamación. Este patrón permanece vigente: la venida de Cristo continúa confrontando al ser humano con una decisión ineludible.

Desde una perspectiva teológica, la Navidad no es un mero recuerdo litúrgico o cultural, sino la proclamación histórica de que Dios ha intervenido decisivamente en la historia. El llamado del evangelio sigue siendo el mismo: no endurecer el corazón como Herodes, sino recibir al Mesías con la fe expectante de Simeón, la perseverancia de Ana y la humildad obediente de los pastores.

¡Feliz Navidad!
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#PrimeroLaBiblia



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