domingo, 21 de marzo de 2021

¿Por Qué el Estado Hebreo era Monoteista?




"Todos los legisladores antiguos utilizaron la religión para fortalecer sus respectivas políticas. Lo mismo hizo Menes en Egipto; Minos en Creta, Cadmo en Tebas, Licurgo en Esparta y Numa en Roma. Pero el procedimiento de Moisés difería fundamentalmente de la manera de actuar de esos legisladores paganos: usaron la religión para establecer sus instituciones políticas, mientras que Moisés usó la constitución civil como un medio para perpetuar la religión... Con los legisladores paganos, la religión era el medio y el gobierno era el fin, mientras que con Moisés el gobierno era el medio y la religión era el fin". (1)

¿Alguna vez te has preguntado por qué los israelitas estaban obligados a creer solamente en Jehová? ¿Te parece que es correcto que use la palabra "obligados" a creer en Jehová? ¿O quizás piensas que cada uno de los israelitas nacidos bajo el Pacto celebrado con Abraham "recibían una invitación para creer en Jehová"?

Como dice Wines, en los tiempos bíblicos los reyes paganos usaban la religión como medio para el gobierno. Inclusive los relatos bíblicos muestran que en Egipto faraón era un dios (o semidios), Nabucodonosor se erigió una estatua y obligó ser adorado; y el emperador romano perseguía a quienes no lo adoraran, a tal punto que "los cristianos fueron acusados de ateos" por no adorar al emperador romano.

No fue así con la Nación Hebrea. Dios utilizó las leyes civiles para establecer la religión, su religión: el culto al verdadero Dios.

Pero ¿Sobre la base de qué todos y cada uno de los israelitas estaban obligados bajo pena de muerte adorar solo a Jehová?

La respuesta es amplia, pero dicho de forma sencilla, es porque los israelitas fueron "rescatados" de Egipto. Eran esclavos, tenían un dueño, y no se podían liberar por sí solos. fueron "obtenidos por Dios como botín de guerra" luego de que Jehová pusiera en Jaque al faraón egipcio junto con sus catorce deidades.

Los israelitas eran propiedad del faraón egipcio, y ahora han pasado a ser propiedad de Jehová. Y Moisés plasma esta verdad de la siguiente forma:

"Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí." -Éxodo 20.2-3

La respuesta corta a la pregunta ¿por qué la Nación Hebrea era monoteísta? es que, los israelitas eran "un grupo étnico patriarcal" asentados en Canaán bajo el liderazgo de Jacob, que luego se convirtieron en un gran grupo humano, como una nación dentro de otra, como "hebreos en Egipto" pero esclavos. Dios rescata a esos "esclavos" y ahora pasan a ser vasallos de Dios.

Como vasallos de Dios, tenían una dependencia absoluta de Él que debía ser correspondida con fidelidad. Dios les prometió una tierra, una identidad nacional, y prosperidad. Protección en la guerra, prosperidad en la agricultura, una población fértil, sana y creciente. Pero al mismo tiempo, Dios puso como condición que sólo deben adorarlo a Él.

- Dios era el dueño de todos y cada uno de los israelitas.

No deseo parecer un pensador occidental moderno pero creo firmemente que Dios sí utilizó la política, las leyes civiles, y todas las circunstancias para establecer una religión a partir de una nación, la Nación Hebrea.

Esta es una de las razones por las que el monoteismo era una ley en Israel cuya violación se pagaba con la pena de muerte, porque no puedes poner a un ídolo en lugar de tu Dios, tu Señor, quien te ha comprado para sí.

(1) Enoch C. Wines, "La República Hebrea", Pág.29

lunes, 15 de marzo de 2021

RESEÑA: VIVIENDO EN LA LUZ: DINERO, SEXO Y PODER Libro de John Piper

 


Dinero, sexo y poder: tres grandes regalos de Dios que se pueden usar con fines muy nobles o se puede abusar de ellos con fines innobles. Se pueden aprovechar para los propósitos más grandes o se pueden explotar para los propósitos dañinos más terribles. Los tres son considerados espantosos para algunos, mientras que otros los adoran como dioses. Este trío santo/impío es el tema del último libro de John Piper: Viviendo en la luz: dinero, sexo y poder. Aunque el libro comenzó como una serie de mensajes de conferencias, este no es un traspaso perezoso de un formato a otro, sino que una nueva versión y expansión hecha cuidadosa y hábilmente.

Piper inicia el libro exactamente como esperaríamos que él lo hiciera:
"Dios no creó el dinero, el sexo y el poder solo para que fueran tentaciones. Él tenía buenos propósitos en mente. El dinero, el sexo y el poder existen para los grandes propósitos de Dios en la humanidad. No son desviaciones en el camino hacia el gozo en Dios. Junto con todo el resto de la buena obra de Dios, son parte de ese camino. Con ellos, podemos demostrar el valor supremo de Dios. Uno de los propósitos de este libro es mostrarte cómo lograrlo. Por lo tanto, lo que haré es tratar los beneficios del dinero, el sexo y el poder, así como los peligros".
A medida que lo hace, él demuestra que «el dinero, el sexo y el poder existen para mostrar que Dios debe ser más deseado que el dinero, el sexo y el poder. Paradójicamente, esa es la única forma en que estas cosas se vuelven más satisfactorias en sí mismas». Es solo cuando Dios es nuestro mayor tesoro y nuestro placer más puro que estas tres cosas puede tomar el lugar que les corresponde.

En primer lugar, se encuentra el asunto de las definiciones, ya que no podemos asumir que queremos decir lo mismo incluso con términos tan comunes. El dinero es una forma de moneda, por supuesto, y un medio por el cual se le asigna valor a los objetos o a los servicios, pero es mucho más profundo que eso. «El dinero es un símbolo cultural que utilizamos para mostrar lo que valoramos. Es un medio para mostrar lo que atesoramos; mostrar quién es nuestro tesoro. El uso del dinero es un acto de adoración —ya sea a Cristo o a cualquier otra cosa[—]».

De igual manera, el sexo es mucho más que una estimulación erótica o el deseo por la estimulación erótica. «Puede ser un buen uso de ese buen regalo de Dios, o podemos simplemente abusarlo egoístamente. Lo que hace que el sexo sea una virtud o un vicio no es el placer, o el intento de experimentar ese placer o producirlo en otro, sino algo más profundo. Existen asuntos fundamentales de sumisión a la Palabra de Dios y de la condición del corazón».

El poder es la capacidad de obtener lo que quieres y «puede ser utilizado para hacer el bien o para hacer el mal. Cómo utilizas tu poder demuestra dónde está tu corazón, lo que amas, lo que más atesoras[:] lo que adoras».

Lo que une estas tres cosas es que todas son «formas en las que demuestras el valor supremo de Dios en tu vida, o formas en las que demuestras que piensas que otra cosa tiene ese valor supremo. La manera en que piensas, sientes y actúas respecto al dinero, el sexo y el poder muestra el tesoro de tu corazón —si es Dios o algo que él creó[—]». Cada uno de nosotros ha sido testigo del uso y del abuso de estas tres cosas. Cada uno de nosotros ha estado involucrado en su uso y abuso. Cada uno de nosotros se ha beneficiado de su uso y ha sufrido por su abuso. «Estos son las dos grandes condiciones del corazón en la vida humana: el corazón que atesora a Dios sobre todas las cosas o atesora más otra cosa».

Con los asuntos fundamentales en su lugar, Piper sigue un formato predecible y efectivo. Él dedica un capítulo al sexo: «Los peligros del sexo que destruyen tu placer»; un capítulo al dinero: «Los peligros del dinero que destruyen tu prosperidad»; y un capítulo al poder: «Los peligros del poder que destruyen tu ser». En cada caso, él celebra los buenos regalos de Dios, describe sus propósitos dentro de la economía de Dios y nos advierte sobre las formas en que el torcido corazón humano pervierte tales bondades. Por esta razón, en el primero de estos tres capítulos él dice, «Dios debe ser atesorado por sobre el placer sexual y debe ser saboreado en el placer sexual. Los deleites, pasiones y éxtasis del acto sexual diseñados por Dios en el matrimonio son los tipos de placer que Dios mismo concibió y creó. Vienen de él; le pertenecer a él. Él es el tipo de Dios que conoce el placer, que imagina el placer y que crea el placer. Y por tanto, cuando probamos esos placeres, probamos algo de Dios». Por otra parte, el pecado sexual está enraizado en esto: «no atesoramos la gloria de Dios como aquello que es supremamente deseable sobre todas las cosas. Dejamos que la oscuridad de la mentira nos persuada con que uno u otro placer ilícito deben desearse más que a Dios… El pecado sexual crece en tierra de ceguera, de oscuridad y de ignorancia sobre la grandeza y la belleza de Dios que lo satisface todo».

Viviendo en la luz es un libro corto, de 128 pequeñas páginas, por lo que a esta altura solo queda explorar dos capítulos. El primero nos habla sobre el plan de Dios para liberar a las personas sobre los peligros del sexo, del dinero y del poder. «El antídoto es despertar a la gloria de Dios que lo satisface todo. Si eso puede suceder (si la enceguecedora belleza del sol puede ser restablecida al centro del sistema solar de nuestras vidas), entonces el dinero, el sexo y el poder gradualmente, o bruscamente, retornarían a la órbita que glorifica a Dios, y descubriríamos para lo que fuimos creados. Escaparíamos del quebrantado sistema solar que creamos cuando cambiamos a Dios por algo más». El último capítulo trata el uso de estos regalos para el bien de otros y para la gloria de Dios. «Atesorar a Dios por sobre todas las cosas convierte al dinero en la moneda de adoración y de amor. …El sexo siempre es una ocasión para mostrar que el Dador del sexo es mejor que el sexo. … Cuando cambiamos la autoexaltación en orgullo a la exaltación de Dios en humildad, ganamos el poder de Dios para servir a otros, no para tratar a algo o alguien con prepotencia».

Viviendo en la luz representa un profundo desafío. Ilustra cómo la humanidad pecadora toma las cosas buenas, y especialmente las mejores cosas, y las usa para los propósitos más bajos, más miserables y más egoístas. Describe la importancia, la belleza y el beneficio de ver cada uno como un camino para glorificar a Dios al encontrar satisfacción en él. Léelo y estarás mejor equipado para disfrutar humilde y confiadamente las buenos regalos de Dios del dinero, del sexo y del poder.

Esta reseña fue publicada en inglés en la página de Tim Challies, y la versión en español la pueden leer en el sitio de Acceso Directo.

viernes, 12 de febrero de 2021

kuriake emera = Día Dominical




La "Cena Dominical" en 1 Corintios 11:20 (RV1960)

"Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor."

-συνερχομένων οὖν ὑμῶν ἐπὶ τὸ αὐτὸ οὐκ ἔστιν κυριακὸν (del Señor) δεῖπνον (la cena) φαγεῖν-


El "Día Dominical" en Apocalipsis 1.10 (RV1960)
"Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta..."

-ἐγενόμην ἐν πνεύματι ἐν τῇ κυριακῇ (del Señor) ἡμέρᾳ (día), καὶ ἤκουσα ὀπίσω μου φωνὴν μεγάλην ὡς σάλπιγγος-


Pie de Página de la Biblia Textual III:

En 1 Corintios 11.20 el Texto Griego registra "kuriakón deipnon" = cena dominical. Nótese que "kuriakón" es un adjetivo proveniente de "kuriakós", utilizado en la terminología normativa de la iglesia primitiva como imperial o señorial. En castellano, su equivalente por etimología latina es "dominical" (de "dominus" = señor). Este adjetivo ocurre dos veces en el texto bíblico, y debemos suponer que su aplicación adjetival comenzó en Grecia, ya que no existe un correspondiente semítico. 

La frase con el genitivo, "cena del Señor" (que por cierto no aparece registrada en ninguna parte del Texto Griego), podría haber sido utilizada en lugar de la adjetival, pero el autor sagrado no trata aquí de indicar "pertenencia", como sucede por ejemplo con "logos tou kuriou" = "palabra del Señor" o "parousias tou kuriou" = "venida del Señor", sino de destacar la "ocasión" de un acontecimiento. El significado profético de este día (Salmo 118.24) se cumplió por la resurrección de Jesús (Mateo 28.1) que junto a sus apariciones posteriores (Mateo 28.9; Lucas 24.13; Juan 20.14, 19, 26) hicieron del "kuriake emera" el día especial en que los discípulos se reunían para "partir el pan" (Hechos 20.7). 

Los antiguos registros de la Didajé mencionan la costumbre primitiva: "Reunidos todo kuriake (domingo), su día especial, partid el pan" (Didajé 14.1). La importancia de traducir "kuriakón" como adjetivo que es, no puede subestimarse, pues por este solo vocablo por única vez en la Biblia se establece y determina la frecuencia de la cena conmemorativa hasta que Él venga. Así como los panes de la proposición eran colocados sobre la mesa "nuevos cada semana" (Levítico 24.5-8), así la Expiación ha de anunciarse nueva, cada primer día de la semana, en solemne obediencia al que dijo: "Haced esto en memoria de mi".

Casiodoro de Reina hizo bien en traducir: "yo estaba en espíritu en el día de domingo" (Apocalipsis 1.10 RV1569), sin embargo, no fue consecuente en 1 Corintios 11.20, aun tratándose de la misma palabra. Insistimos: Si los inspirados apóstoles hubieran deseado indicar "propiedad" (bien sea de la cena o del día) habrían escogido el genitivo, lo cual no lo hicieron. De manera que, por cuanto la presencia de "kuriakón" y "kuriake" son inobjetables, se debe traducir "Cena Dominical" en 1 Corintios 11.20 y "Día Dominical" en Apocalipsis 1.10.

¿De dónde viene el término "Domingo"?
El término "domingo" proviene del latín "dies Dominica" que significa "día del Señor", debido a la celebración cristiana de la Resurrección de Jesús. En la antigua Roma, al primer día de la semana se le llamaba "dies solis" en honor al sol, "día del Sol". Se sabe que todos los días de la semana tenían nombres como los astros, o en honor a los astros, así tenemos Lunes como "día de la luna", por eso en inglés se llama "monday". El sábado era el "día de saturno", de allí que por las fiestas saturnalias al sábado en inglés se le llama "saturday", etc.

El primer día de la semana llegó a llamarse "domingo" como legado de la Resurrección de Jesucristo ya que los cristianos le llamaron "kuriake", en el mundo grecorromano adoptó el nombre latín de "Dies Dominus" y en español "Domingo".

Creemos que no hay evidencia alguna de que los primeros cristianos hayan guardado otro día que no sea el domingo para reunirse como iglesia, y por ende participar de la Cena Dominical.

¿Por qué celebrar este la Resurrección el día Domingo?
Con su Muerte y Resurrección, Jesús comenzó el Nuevo Pacto. Durante la última Cena, Jesús proclamó: "Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama." (Lucas 22.20). Los discípulos de Jesús poco a poco se dieron cuenta de que en este Nuevo Pacto la ley de Moisés y sus prácticas tendrían otro sentido.

La muerte y resurrección de Cristo significaban también para los primeros cristianos la Nueva Creación, ya que Jesús culminaba su obra precisamente con su Muerte y Resurrección justo en el día Domingo, que será desde entonces "el día del Señor".

Nosotros también hemos recibido la promesa de entrar con Cristo en este reposo (Hebreos 4.1-16). Entonces, el día Domingo, "el día del Señor", será el verdadero día de descanso, en que los hombres reposarán de sus fatigas a imagen de Dios que reposa de sus trabajos (Hebreos 4.10 y Apocalipsis 14.13).

De ahí en adelante la fe de los cristianos tiene como centro a Cristo Resucitado y Glorificado. Y para ellos era muy lógico celebrar el "Día del Señor" (Domingo) como el "Nuevo día" de la Creación. (Isaías 2.12).

La práctica de los primeros cristianos
Los primeros cristianos siguieron en un principio observando el sábado y aprovechaban las reuniones sabáticas para anunciar el Evangelio en el ambiente judío. (Hechos 13.14). Pero luego el primer día de la semana (el Domingo) empezó a ser el día del culto de la primitiva Iglesia, como lo atestigua Lucas: "El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan" (Hechos 20.7). Sabemos que "partir el pan" es la expresión antigua para designar la Eucaristía. Es entonces muy claro que los primeros cristianos tenían su reunión litúrgica en el día Domingo, tal como se hace hoy. 

Por ello escribe Juan, el autor del libro Apocalipsis: "Era el día del Señor, y yo estaba adorando en el Espíritu..." (Apocalipsis 1.10 NTV).

¡Piensa en esto cristiano!