domingo, 22 de mayo de 2016

Qué Evitar en la Predicación


Qué evitar en la predicación

El Dr. Martyn Lloyd-Jones en su libro “La Predicación y los Predicadores”, en el capítulo XIII advierte más de diez cosas que todo predicador debe evitar. Sin duda son las mejores recomendaciones que he leído y las compartiré porque es de mucho provecho.

Estoy maravillado con esta lectura y quiero recomendarla. Este libro es luz en medio de una densa niebla de predicaciones antropocéntricas. Todo pastor y predicador debería considerar leerlo y poner en práctica todas y cada una de sus recomendaciones.

Como suelo hacer con otras lecturas, no me despego de un capítulo o tema, o sección de un libro, hasta que logre asimilar a fondo lo que el autor nos quiere decir. Por lo mismo, aquí les comparto ocho de muchas recomendaciones claras y sencillas que Lloyd-Jones nos ha dejado.

1. No anunciar de antemano el tema sobre lo que se va a predicar.
Pág.272-273

Sugiere -no anunciar de antemano el tema sobre lo que se va a predicar-. Entiendo esto en el contexto que lo dice, pues alega que las personas deben ir a congregarse para celebrar a Dios, para rendirle culto a Él y tener comunión unos con otros. Las personas van a tener un encuentro con Dios y a ser impactados por una -exposición de la Palabra-. Anunciar con anterioridad el tema lo llama “fomentar un pseudo-intelectualismo”.

Profundizando, el autor refiere a que los creyentes no pueden medir lo que realmente necesitan escuchar, por ello; también sugiere evitar los sermones temáticos en el sentido de que los púlpitos de pronto están dando lugar a sermonear con temas y aplicaciones, y ya no se está exponiendo las Escrituras.

El sermón expositivo toma un pasaje de las Escrituras y extrae una enseñanza contextualizada a nuestra realidad para poder entenderla. Minimizar a un tema, indefectiblemente nos obliga a hablar de un tema exclusivamente y pasearte por toda la Biblia buscando un texto o parte de un texto donde menciones nuestro tema en particular para sustentarnos.

Martyn Lloyd-Jones, sugiere que todo buen predicador debe evitar anunciar su tema, o título de su sermón, así como evitar en sí mismo los sermones temáticos. Nos dice: “antes de eso, la vieja idea era la de reunirse para adorar a Dios y escuchar la exposición de la Escritura. Más aun, las personas esperaban que el Espíritu Santo descendiera sobre el predicador y todo el culto.”

2. Evitar una exhibición de conocimientos.
Pág.282-283

Si bien es cierto cuanto mayor es la preparación del predicador, en materia de conocimientos, el sermón está enriquecido con argumentos sólidos e irrefutables. Esto se ve reflejado claramente cuando escuchas a un pastor interpretar cuestiones que tienen que ver con los “usos y costumbres” de los tiempos bíblicos y como contextualizarlos a nuestro tiempo; otra es cuando se tiene que interpretar ciertos tiempos de los verbos en griego. En fin, la preparación académica debe ser excepcional.

Pero Martyn Lloyd-Jones, sugiere evitar una “exhibición de conocimientos”. Él dice que “uno de los pecados que persigue a los predicadores es intentar dar la impresión de tener una gran cultura y erudición”. Esto podría significar que el predicador está más confiado en su preparación que el poder del Espíritu Santo.

Es importante la lectura, la preparación, la investigación, y todo lo que concierne a la etapa previa al sermón, pero en el púlpito, las personas quiere instrucción bíblica contextualizada, muy probablemente algunos en la congregación no sepan ubicarse geográficamente dónde queda Mesopotamia, o no sepan diferenciar un imperativo de un indicativo, tampoco lograrán ubicarse en el tiempo, en la historia, si Elías sirvió antes o después del exilio; pero ellos sí estarán listos para una instrucción que les lleve a aplicar la teología a una vida práctica y cotidiana.

Pablo dirigiéndose a los corintios les dijo que, “en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para instruir a otros, que mil palabras en lenguas.” (1 Corintios 5.19 BTX). Pablo, dando instrucciones sobre el correcto uso del hablar en lenguas, aplica el mismo principio: “hablar con entendimiento para instruir a la iglesia”.

Es buena e indispensable la capacitación teológica, pero es muy malo presumir de ella en el púlpito.  

03. Evita la polémica excesiva
Pág. 290
"Ten cuidado, con una polémica excesiva. La gente se congregará para escuchar semejantes ataques; apelan a la carne y lo disfrutan. Pero no se puede edificar una iglesia basándose en la apologética, menos aún en polémicas. El predicador recibe principalmente el llamamiento a predicar la Verdad de forma activa."
Está demás decir que quienes basan sus ministerios en la polémica, el vivir constantemente señalando a otros ministerios, sus errores doctrinales, y peor aun hacer burla y escarnio de ellos es contribuir con la carne. Con el tiempo se irán los espirituales de tu congregación y te quedarás sólo con los carnales, los polémicos y conflictivos.

Lloyd-Jones no se equivoca cuando nos hace esta advertencia. Él dice que debemos evitar la excesiva polémica y también la nulidad de ésta en la predicación. En su libro comenta sobre el caso de un gran predicador, aunque polémico, que acabó sus días solo y sin ministerio por ser tan polémico (Pág. 287).

A los predicadores polémicos, (y esto aplica para muchas páginas y blogs) se les advierte que "la excesiva polémica es el peligro de la clase más intelectual. El predicador ha estado debatiéndose entre teorías contrarias, herejías e interpretaciones erróneas, de forma que su mente está llena de esto...", por lo tanto sus sermones no tienen otro tema sino la crítica, la polémica y el sarcasmo.

4. Evite los temas personales en el púlpito.
Pág. 286

Usted también ha estado sentado escuchando un sermón y tras treinta minutos o más, ha llegado a conocer la familia, las vivencias, las penurias y las anécdotas del predicador. A esas alturas, o desea salir corriendo, o usted también se ha puesto a sollozar junto al predicador.

El sermón es para exponer las Escrituras. Puede usar el tiempo que desee fuera del púlpito para compartir sus vivencias con los oyentes. Los miembros de una iglesia deben salir del sermón sabiendo más de Cristo que del predicador. Esto de usar el púlpito para exponer asuntos personales no es de ahora, Martyn Lloyd-Jones estaba consciente de que sus contemporáneos también lo hacían, por ello escribió:
“He oído a hombres que, tras ofrecer su texto han pasado a relatar una serie de historias, la mayoría de ellas sentimentales y a menudo personales. Eso es negativo.”
Esto puede causar dependencia en ciertos miembros de su congregación que desearán escucharle siempre pues sus historias los cautivan, luego; estos predicadores habrán tomado el centro de atención de los sermones y ya no las Escrituras. Cuando los oyentes regresen a casa no hablarán de cómo les impactó las Escrituras expuestas, sino las vivencias y hazañas del predicador.

Por otro lado, habrá miembros de esa iglesia que se verán obligados a buscar “otros pastos”. Algunos encontrarán pastos buenos y mejores, otros simplemente irán de mal en peor. Por ello, sigamos los consejos de este gran predicador: “Comoquiera que sea, hay algunos predicadores que preciso decirles: cuídate de las emociones y sentimientos excesivos.”

5. Evite la ironía
Pág. 291

La esposa de Dante Gebel publicó en su muro sobre lo irónico que es él, y miren qué respuesta le dio cuando le preguntó “¿Crees que Jesús respondería así, con ironía?”:
“No. Me falta mucho para parecerme a Jesús; cuando el Señor les respondía a los fariseos les decía: Hipócritas, sepulcros, perversos, generación de víboras...Yo todavía soy demasiado amable con algunos, pero de a poco, intentaré parecerme más al Señor, lo prometo.” -Dante Gebel
No obstante, la recomendación para alguien que tiene el ministerio de la Palabra y la Predicación es:
“Cuídate del empleo de la ironía y vigílalo de cerca. Tiene su lugar; pero sé cuidadoso con ella. La mayoría de las personas la malinterpreta por completo porque no entiende que estás siendo irónico. Lo toman de manera literal y se ofenden por ello. Ten cuidado con ella. Se puede utilizar, en ocasiones se debe utilizar; pero comprende que es un arma peligrosa. La burla, en mi opinión, siempre debemos evitarla.” -Martyn L-J
A menudo solemos escuchar sermones donde el predicador trata de ser diplomático pero no puede dejar de burlarse de algo o de alguien mientras predica, y no le queda más remedio que hacer uso de la ironía.

La ironía es el cáncer de púlpito de muchos predicadores que creen que están respaldados por Dios, pero los frutos están lejos de ser genuinos.

¡Dios, guárdanos de ser irónicos!

6. Evite el yoismo, no se trata de usted sino de Jesús el Mesías
Pág. 292

Ya hemos hablado sobre que los predicadores deben evitar contar su vida familiar, sus experiencias y anécdotas, al extremo que estas estén por encima del mensaje central en un sermón. El Dr. Martyn Lloyd-Jones nos dice algo más acerca de evitar el “Yo…” en la predicación.

Escuché sermones donde el predicador hace enfáticos “Yo soy…”, “Yo hago…”, “Yo creo…”, “Yo pienso…”, etc. en lugar de ello debe decir, La “Biblia dice…”, “el Señor dice en su Palabra…” o citar a un autor inspirado, por ejemplo “el apóstol Pablo dice…”, “el apóstol Juan dice…”, etc.

Esto es algo que se debe evitar, mostrar a la congregación que o el predicador es dueño del púlpito, o de vez en cuando le cede a la Biblia y al Espíritu Santo para que ministren a los creyentes. En palabras de ML-J, esta recomendación dice así:
“No es nuestro culto; las personas no van allí a vernos o complacernos (a nosotros). No es como invitar a la gente a nuestra casa, por así decirlo; no es nuestro culto en absoluto. Ellos, y nosotros, estamos allí para adorar a Dios y para reunirnos con Dios; y lo que debemos intentar hacer es mostrarles que es algo completamente diferente de todo lo que hacen en cualquier otro sitio. Un ministro en una iglesia no es como un hombre que invita a la gente a su casa; aquí no está al cargo, es simplemente un siervo; todos estamos allí juntos para presentarnos ante el Dios vivo… Si quieres hacer este tipo de cosas en tu casa, eres libre de ello; pero la iglesia no es tu casa y tú mismo estás sometido a Dios.”
Al menos eso esperamos, que cada uno de los predicadores esté “sometidos a Dios” y guiados por el Espíritu Santo.

¡Oremos por los predicadores!


7. Evite convertirte en un “personaje”.
Pág. 283

Esto es una gran recomendación a la presente generación de predicadores, ya sean famosos o locales, pues no hay dudas que facebook, twitter y youtube está fabricando “personajes” a cuanto expositor de las Escrituras aparece, y eso es un peligro. El hecho está que al alcanzar cierta fama, se convierten en “personajes”. Es decir, de pronto eres alguien distinto, especial, con ciertos dones o carisma que te hacen excepcional y cautivador, algún grande o poco común, o alguien que al ser demasiado original destaca sus singularidades y es reconocido por esto.

No puedo evitar traer a mi mente a un amigo que es pastor de jóvenes y adolescentes y se ha convertido en todo un personaje. Él aún no llega a los cincuenta, pero viste y actúa como un muchacho de veinte. Él  es “un personaje” singular para sus jóvenes, a quienes lidera. Él siempre está con barba, con un corte de cabello tipo mohicano, con pantalones pitillo (y hasta a veces parece que usara leggins); su lenguaje es cool y moderno, y claro; con un micrófono en la mano él es todo un motivador.

Pero quién no recuerda a las “noches de gloria con Cash Luna”, o al “show de Dante Gebel”, entre otros ministerios que vemos por todos lados. En las mentes de muchos estarán asociando a un predicador con su ministerio, como “un mensaje a la conciencia con el hermano Pablo”. Pero lo que hay que destacar en sí, es al peligro de cada predicador de convertirse en “un personaje” detrás de su púlpito. Martyn Lloyd-Jones nos dice:
“El predicador debe protegerse de la terrible tentación de ser un -personaje-. A la gente le gusta el -personaje-, y si un hombre tiene ciertos elementos en él que tiende a convertirle en un personaje -algo fuera de lo normal, algo que la gente considera atractivo- debe tener mucho cuidado. Su peligro es condescender en esto y exagerarlo. A algunos hombres les gusta ser originales, singulares o distintos y conseguir que la gente hable de ellos. Este es el peligro.”
Cada vez que esté delante de su congregación y detrás del pulpito, recuerde la frase de Charles Simeon: “La predicación debe humillar al pecador, exaltar a Jesucristo y promover la santidad”. Sin duda alguna, al tener cuidado de su ministerio y el de no convertirse en “un personaje”, usted sólo será un instrumento de Dios y no el centro de su ministerio. Cuando un ministerio gira en base “al personaje” líder de este ministerio, cuando desaparece el líder, desaparece también el ministerio.

Ya Pablo lo dijo de la siguiente manera:
“¿Qué, pues, es Apolos? ¿Y qué es Pablo? Servidores por medio de los cuales creísteis, y eso según dio el Señor a cada uno. Yo planté, Apolos regó, pero el crecimiento lo da Dios.” 1 Corintios 3.5-6 (BTX)
Y termina aconsejando a sus destinatarios:
“Nadie se engañe a sí mismo. Si alguno entre vosotros piensa ser sabio en el tiempo presente, hágase necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad en la presencia de Dios, pues está escrito: Él prende a los sabios en la astucia de ellos. Y otra vez: El Señor conoce los razonamientos de los sabios, que son vanos. Así que, nadie se gloríe en hombres, porque todo es vuestro, ya sea Pablo, ya sea Apolos, ya sea Cefas, ya sea el mundo, ya sea la vida, ya sea la muerte, ya sean las cosas presentes, ya sean las cosas venideras, todo es vuestro, y vosotros del Mesías, y el Mesías, de Dios.” 1 Corintios 3.18-23
Así que hermanos, si eres un predicador, evita convertirte en “un personaje”, el único personaje excepcional en la predicación es el objeto de nuestra predicación, este es: Jesus el Mesías. Nuestra tarea no es mostrarnos a nosotros mismo a través de la predicación sino a Cristo.

¡Dios, líbranos de este pecado!

8. Evite ser “histriónico”.
Pág. 293

En otras palabras, no seas un “actor de teatro” a la hora de la predicación. No actúes en el pulpito, no exageres para llamar la atención o para cautivar a tu audiencia. Los sujetos histriónicos son muy animados, dramáticos, vivaces, entusiastas y coquetos. Los predicadores histriónicos tienden a la necesidad de atención, desarrollan la improvisación porque son buenos actores, pero ellos mismos pueden ser fácilmente influenciados por otras personas. Los histriónicos suelen ser egocéntricos, hedonistas, con un deseo continuo de apreciación y con un comportamiento manipulador persistente para conseguir sus propios objetivos.  

El Dr. Martyn Lloyd-Jones está preocupado de que los predicadores desarrollen actitudes histriónicas en su personalidad y las practiquen en el púlpito. Por ello nos dice “no seas histriónico. No cultives o practiques gestos.” Ya en su tiempo los púlpitos estaban corrompiéndose por predicadores “amadores de sí mismos”.

Pablo lo dijo cuando afirma a los corintios que él no usaba métodos retóricos como los helenistas “predicadores de sabiduría” que pululaban en todo el imperio.  El apóstol “no fue con excelencia de palabras o de sabiduría”,  sino que llegó a ellos “con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni su palabra ni su predicación fue con palabras persuasivas (altisonantes) de humana sabiduría”. Pablo no llegó a ellos actuando, ni modulando la voz, ni presentando el mensaje en un lenguaje más bello y locuaz para llamar la atención a manera de -método efectivo de evangelización- pues tenía mucho temor de cautivar a los oyentes a que se convirtieran a Pablo en vez de creer en Jesús y con esto evitar “que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.” (1 Corintios 2.1.-5 RV60)

Querido pastor, sea usted mismo con el don que Dios le dado sin actuar, el evangelio debe ser predicado pues nuestra labor es esa, la labor del Espíritu Santo es usar nuestra predicación para convencer a las personas, no nosotros. Por ello evitemos ser histriónicos. No actuemos en el púlpito.


Dios, danos sabiduría y humildad en el púlpito.
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LLOYD-JONES, M. 2003, La Predicación y los Predicadores, Moral de Calatrava-España: Editorial Peregrino.


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