miércoles, 2 de diciembre de 2015

¿Es la filiación divina un derecho ganado?




Una reflexión exegética sobre Juan 1:12–13

Introducción

Dentro del lenguaje evangelístico contemporáneo es común afirmar que, al “recibir a Jesús”, una persona adquiere el derecho de ser hijo de Dios. Tal afirmación suele fundamentarse en Juan 1:12:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (RV1960).

La expresión “les dio potestad” traduce el término griego exousía, que puede entenderse como autoridad, derecho o privilegio. Sin embargo, surge una pregunta teológica relevante:
¿Se trata de un derecho ganado por iniciativa humana, o de un privilegio soberanamente concedido por Dios?

El análisis del contexto inmediato, particularmente el versículo 13, ofrece una respuesta decisiva.

El contexto literario y teológico de Juan 1:12–13

El prólogo del Evangelio según Juan (1:1–18) presenta una cristología elevada: el Verbo eterno, creador y dador de vida, entra en el mundo. No obstante, el texto declara:

“Estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de él; pero el mundo no le conoció” (Jn 1:10).

Esta afirmación establece la incapacidad espiritual de la humanidad caída. El rechazo no es meramente accidental, sino moral y espiritual (cf. Jn 3:19–20). El versículo 11 introduce un rechazo particular:

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.”

El término griego ídios aparece en dos formas:

  • En neutro plural (tà ídia): “lo suyo” (posiblemente su creación o su propio ámbito).
  • En masculino plural (hoi ídioi): “los suyos”, refiriéndose históricamente al pueblo de Israel.

Sin embargo, el versículo 12 introduce una excepción gloriosa:

“Pero a todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.”

Este versículo no debe aislarse del siguiente. En el texto griego, los versículos 12–13 forman una sola construcción sintáctica. El versículo 13 explica quiénes son aquellos que reciben y creen:

“Los cuales no nacieron de sangres, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.”

El participio relativo “los cuales” (hoi… hoi ouk… alla ek Theou egennēthēsan) conecta directamente con “los que le recibieron”. La fe no es presentada como causa autónoma del nuevo nacimiento, sino como evidencia de haber nacido de Dios.

La relación entre fe y nuevo nacimiento

Teológicamente, este pasaje enseña que el nuevo nacimiento tiene origen exclusivamente divino. Juan descarta tres posibles fuentes:

  1. “De sangres” — no por linaje étnico.
  2. “De voluntad de carne” — no por deseo humano natural.
  3. “De voluntad de varón” — no por decisión humana autónoma.

En contraste, afirma categóricamente: “Sino de Dios”. Esto armoniza con otros textos joánicos:

  • Juan 3:3 — “El que no naciere de nuevo no puede ver el reino de Dios.”
  • Juan 6:44 — “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere.”
  • 1 Juan 5:1 — “Todo aquel que cree… ha nacido de Dios.” (tiempo perfecto: el nuevo nacimiento precede a la fe).

Es importante distinguir entre el orden lógico y el orden experiencial.

  • En el orden lógico (teológico), la regeneración precede a la fe.
  • En el orden experiencial, el creyente primero es consciente de su fe y posteriormente comprende que esta fue fruto de la obra divina.

Así, la fe no es un mérito humano, sino el resultado de la gracia regeneradora.

El significado de “potestad” (exousía)

El término exousía implica autoridad o derecho legítimo. El texto no niega que el creyente posea un estatus real y objetivo como hijo de Dios. Lo que niega es que tal estatus tenga origen en el mérito humano. No es un derecho ganado; es un derecho concedido.

La filiación divina es jurídica (adopción), relacional (comunión) y transformadora (nueva identidad), pero su fundamento es la gracia soberana.

La doctrina de la adopción

La analogía bíblica de la adopción (Efesios 1:5) es iluminadora. Un niño adoptado no participa en la decisión que lo convierte en hijo; la iniciativa pertenece a los padres adoptivos. Asimismo:

“Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad” (Santiago 1:18).

Y Pablo afirma:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

La salvación, desde la elección hasta la glorificación, es obra divina. Esto no anula la responsabilidad humana de creer, pero sitúa la causa última en la voluntad soberana de Dios.

Implicaciones pastorales

Una comprensión centrada en la iniciativa humana puede producir orgullo espiritual o una seguridad basada en una decisión pasada. En cambio, reconocer que la filiación divina es fruto de la gracia produce:

  • Humildad.
  • Gratitud.
  • Dependencia.
  • Seguridad fundada en la obra divina y no en la constancia humana.

El creyente no se percibe como alguien que ganó un privilegio, sino como un pecador indultado por pura misericordia. 

“La salvación es del Señor” (Jonás 2:9).

La oferta universal de Juan 3:16 en el contexto joánico no niega la elección soberana

En el contexto de la teología joánica, Juan 3:16 presenta una oferta genuina y universal: “para que todo aquel que cree en él no se pierda, mas tenga vida eterna”. La expresión “todo aquel que cree” enfatiza la amplitud de la invitación: no está restringida por etnia, mérito, estatus moral o linaje (cf. Juan 1:12–13). La vida eterna es prometida sin distinción a cualquiera que crea. Sin embargo, dentro del mismo marco joánico, esta oferta universal no contradice la doctrina de la elección soberana. El mismo Evangelio enseña que:

  • Nadie puede venir a Cristo si el Padre no lo trae (Juan 6:44).
  • Todo lo que el Padre da al Hijo vendrá a Él (Juan 6:37).
  • Los creyentes nacen “no de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1:13).

Por tanto, en la teología de Juan coexisten dos verdades complementarias:

  1. La oferta es universal y sincera: cualquiera que crea será salvo.
  2. La fe es resultado de la obra soberana de Dios: los que creen lo hacen porque han nacido de Dios y han sido dados al Hijo por el Padre.

Juan no presenta estas verdades como contradictorias, sino como armónicas. La responsabilidad humana (creer) y la soberanía divina (dar, atraer, engendrar) operan juntas en el misterio de la salvación. Así, Juan 3:16 no niega la elección soberana, sino que proclama que la puerta de la vida eterna está abierta para todo aquel que cree, y que todo el que cree lo hace por la gracia eficaz de Dios. 

Conclusión

Juan 1:12–13 no presenta la filiación divina como un derecho originado en la voluntad humana, sino como un privilegio soberanamente concedido por Dios a aquellos que han nacido de Él. Recibimos a Cristo porque hemos nacido de Dios. Creemos porque Él nos dio vida. Somos hijos porque Él nos adoptó.

La doctrina bíblica del nuevo nacimiento no disminuye la fe; la explica. No anula la responsabilidad humana; magnifica la gracia divina. Por tanto, la respuesta a la pregunta inicial es clara:

No nos ganamos el derecho a ser hijos de Dios.
Nos es concedido por pura gracia.

Y ante tal verdad, la única respuesta coherente es la adoración agradecida.


¡Piensa en esto cristiano!


domingo, 1 de noviembre de 2015

¿Pueden ser maldecidos los cristianos?


Recientemente escuché una enseñanza de que los cristianos debemos estar orando constantemente y “quebrantando y cancelando” toda maldición proferida contra “nosotros los cristianos” para que no surja efecto.

Pero, quienes enseñan estas cosas no están tomando en cuenta la obra de Jesús el Mesías sobre los creyentes, y mucho menos, no están considerando los tiempos en los cuales vivimos los creyentes. Son maestros sin Biblia, haciendo doctrinas de las experiencias y pseudo-revelaciones de exbrujos .

Encontramos en la Biblia, que Dios maldijo a la serpiente, a la mujer, al hombre y a la tierra a causa del hombre. Y cada una de esas maldiciones están registradas en el libro de Génesis 3:

Maldición a la serpiente.
“(14) ¡Maldita tú entre todos los animales y entre todas las bestias del campo! Sobre tu vientre andarás, Y polvo comerás todos los días de tu vida. (15) Y pondré enemistad entre ti y la mujer, Y entre tu descendiente y su descendiente. Él te aplastará la cabeza cuando tú hieras su calcañar.

Maldición a la mujer.
“(16) Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces, Con dolor parirás los hijos, Y tendrás deseo de tu marido, pero él te dominará.

Maldición a la tierra (por causa del hombre).
“(17) ¡Maldita sea la tierra por causa tuya! (18) Espino y abrojo te brotará…”

Maldición al hombre.
“Con fatiga comerás de ella todos los días de tu vida, (18) Espino y abrojo te brotará y Comerás hierba del campo. (19) Con el sudor de tu rostro comerás pan hasta que retornes a la tierra, Porque de ella fuiste tomado, Pues polvo eres y al polvo volverás.”

Por lo antes expuesto, vemos que la consecuencia del pecado trajo consigo una raza pecadora, una tierra maldecida que produciría “espinos y abrojos”, un arduo trabajo para los hombres para que pudiera conseguir el sostén para su familia; las mujeres tendrían problemas con los embarazos y con el parto. Y, ni que hablar de la serpiente, se decretó sobre ella la maldición de ser derrotada, aplastada y aniquilada por el mismo Jesús el Mesías. En conclusión, la tierra y los humanos están bajo maldición. Toda maldad humana, desastre natural y enfermedades tienen origen en esta verdad: estamos bajo la maldición del pecado.

Pero, encontramos que Dios traza un plan, en el que por gracia libraría a los suyos de las consecuencias de esa maldición.

Algunos ejemplos
Tenemos que en Números 23.8, Balaam tenía miedo “maldecir a quien Dios ha bendecido”, y lo dijo así: “¿Cómo podré maldecir a quien Dios no ha maldecido? ¿Cómo podré execrar a quien YHVH no ha execrado?” (BTX). Hasta un profeta pagano sabía que lo que Dios bendice, nadie lo puede maldecir.

En el libro de Hechos de los Apóstoles encontramos un relato en el que los enemigos del Evangelio y de Pablo “juraron bajo maldición” que matarían a Pablo. Pero ellos no lo mataron. Pablo murió como mártir por Jesús el Mesías en otras circunstancias permitidas por Dios:

“(12) Cuando se hizo de día, los judíos tramaron un complot, y se juramentaron bajo maldición, diciendo que no habían de comer ni beber hasta que mataran a Pablo. (13) Y los que hicieron esta conspiración eran más de cuarenta,” Hechos 23.12-13 (BTX)

Así mismo, para el mismo Jesús el Mesías, pareciera que las maldiciones no lo movían, pues al contrario, a sus discípulos les dio una fórmula: “si los maldicen, bendíganlos”. Veamos: “(27) Pero a vosotros, los que estáis oyendo, digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, (28) bendecid a los que os maldicen, orad por los que os maltratan.” Lucas 6.27-28 (BTX)

También encontramos que Pablo, nunca hizo oraciones para quebrantar las maldiciones en su contra, ni canceló ni declaró sin efecto, él simplemente dijo “Bendecid a los que os persiguen, bendecid y no maldigáis.” (Romanos 12.14-BTX)

Y, finalmente; la maldición de la Ley ha sido desecha con el sacrificio de Jesús el Mesías en la cruz. Sí, puesto que había una maldición por incumplir la Ley, en Cristo somos libres de esa maldición de la Ley. Veamos lo que nos aseguró Pablo en Gálatas 3.10-14:

“(10) Porque todos los que son de las obras de la ley están bajo maldición. Porque está escrito: Maldito todo el que no permanece en todas las cosas que han sido escritas en el libro de la ley, para hacerlas. (11) Y es evidente que por la ley nadie es declarado justo delante de Dios, porque: El justo vivirá por la fe. (12) Pero la ley no es por fe, sino: El que las haga, vivirá por ellas. (13) El Mesías -nos libertó de la maldición de la ley-, hecho maldición por nosotros (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), (14) para que la bendición de Abraham llegara a los gentiles por Jesús el Mesías, a fin de que por medio de la fe recibamos el Espíritu prometido.”

¿Hay alguna otra maldición de la que Dios no pueda librarnos?
Él es el único que puede proferir maldición, y en la historia bíblica vemos que Él permitió que algunos hombres profirieran maldición. Está más que claro en el ejemplo de Josué en el 6.26 donde profirió la siguiente maldición: “En aquel tiempo Josué les impuso un juramento, diciendo: ¡Maldito delante de YHVH el hombre que se levante para reedificar esta ciudad de Jericó! ¡Al precio de su primogénito eche sus cimientos y al de su hijo menor ponga sus portones!”. Y esta maldición se cumplió en 1 Reyes 16.34 que dice: “(34) En ese tiempo Hiel de Bet-’El reedificó Jericó: a costa de Abiram su primogénito puso los cimientos, y a costa de Segub su hijo menor levantó sus puertas, conforme a la palabra que YHVH había hablado por medio de Josué ben Nun.”

Quienes están seducidos con este tema de las maldiciones generacionales, y enseñan que los cristianos, luego de haber nacido de nuevo, todavía necesitan de “oraciones”, “rituales”, “encuentros de liberación”, o lo que fuere. Y, más aún, enseñan que los cristianos pueden ser maldecidos por otras personas, desconocen las Escrituras. Sí, las desconocen, y creo que lo hacen intencionalmente. Ya que en el evento de Josué, quien profiere una maldición sobre la reedificación de Jericó, en el libro de 1 de Reyes se nos confirma que –no fue Josué quien maldijo- sino Dios a través de Josué. Lo cual respalda que es Dios quien tiene el pleno control de todo lo que sucede en este mundo, y nada pasa sin que Él lo sepa, ni lo toma por sorpresa. Se olvidan que “Las suertes se echan en el regazo, Pero la decisión es de YHVH.” (Proverbios 16.33). Se olvidan que “¿Acaso no se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre.” (Mateo 10.29). Desconocen que “Cual gorrión que aletea y golondrina que vuela, Así la maldición sin causa no se cumple.” (Proverbios 26.2). Los cristianos ya no estamos bajo la Ley, ya no hay ninguna causa para sufrir maldición alguna.

Los cristianos tenemos un Dios que tiene tal cuidado que sus hijos que “hasta los cabellos de nuestra cabeza los tiene contados”, entonces como puede haber maestros enseñando que “tienes que orar para discernir si no hay una maldición sobre tu vida”.

Si los miles de seguidores de los falsos maestros modernos tuvieran a las Escrituras como regla máxima, como autoridad escritural; estarían realmente libres de maldición. Pero tal parece que sus frutos muestran que aun no han nacido de nuevo.

¡Oremos! Son tiempos de “gran apostasía”.


Jesús Paredes

viernes, 28 de agosto de 2015

Legalismo disfrazado de "Súper Santidad"




¿Se ha dado cuenta que la mayoría de reglas con respecto a la apariencia externa en las iglesias legalistas está ensañado contra las mujeres, y nada o muy poco tiene que ver con los varones? No es necesario ser de la filosofía feminista pera llegar a la conclusión de que las mujeres sufren más que los hombres en las iglesias legalistas. La mujer, en muchas comunidades evangélicas el día de hoy, no puede ser femenina ni buscar embellecimiento, que es una característica tan notable en el desarrollo de la feminidad. Algunas son tan carentes de adornos y arreglos femeninos que parecen varoniles. En una ocasión me preguntaron si era pecado que las mujeres usen maquillaje, y respondí con una dosis de humor diciendo que no; no creo en absoluto que sea pecado que las mujeres usen maquillaje, antes creo firmemente que sí es pecado que algunas mujeres salgan de su casa sin algún arreglo, embellecimiento o maquillaje.

Me contaron que en un culto de una iglesia legalista donde una mujer, literalmente, estaba siendo juzgada por sus líderes porque se había cortado las puntas de su cabello (esto es común hacerse cuando el cabello largo tiene cierto deterioro en los extremos). Uno tras otro hablaba contra ella delante de todos, mientras ella aguardaba con la boca cerrada la disciplina que le impondrían. Los líderes que subieron al púlpito, entre ellos el esposo de la mujer, sólo argumentaban que la "pecadora" debía ser disciplinada. Uno de los miembros de la iglesia que se levantó contra esta mala acción diciendo que no había base bíblica para semejante “ignorancia” fue criticado por la mayoría de los hombres y mujeres en la asamblea. Al final, la mujer fue disciplinada por el pecado grave de “cortar las puntas de su cabello”.

¿Cuál es el error en estas congregaciones legalistas?

Es casi una regla inquebrantable. Afirman que las mujeres cristianas no deben usar maquillaje, ni joyas, ni pintarse ni recortarse el cabello, ni mejorar su aspecto con un traje elegante; es decir no deben “adornarse” porque es pecado y no le agrada a Dios. Para afirmar estas falsedades utilizan textos de la Biblia que nada tienen que ver con la apariencia y la feminidad de las hermanas, por las cuales Jesús el Mesías ha pagado un precio, tan igual que por los hombres.

En una ocasión conversando con un líder de una de estas iglesias legalistas me demostró con un texto de Isaías, en donde según él, Dios ha castigado a las mujeres, por lo tanto deben hacer lo que las Escrituras dicen. Aquí cito el texto:
“Aquel día quitará el Señor el atavío del calzado, las redecillas, las lunetas, los collares, los pendientes y los brazaletes, las cofias, los atavíos de las piernas, los partidores del pelo, los pomitos de olor y los zarcillos, los anillos, y los joyeles de las narices, las ropas de gala, los mantoncillos, los velos, las bolsas, los espejos, el lino fino, las gasas y los tocados.” Isaías 3:16-23 (RVR1960)
En el contexto de esta cita de los primeros capítulos del libro de Isaías encontramos que no hay un enfoque doctrinal o teológico respecto a “cómo deben vestirse las mujeres cristianas”. Por el contrario encontramos que los primeros capítulos son de juicio contra Judá, (ver Isaías 1.1-12.6). Isaías profetizó durante la crisis causada por la expansión del Imperio Asirio. Isaías sirvió en los años del 740–760 a.C. Ejerció su ministerio en Jerusalén (7.1–3; 37.2) desde el año de la muerte del gran rey Uzías (740 a.C.), y a lo largo de los reinados de Acaz y Ezequías (1.1; 6.1; cf. 2 R 15–20; 2 Cr 26–32). En el contexto de Isaías 3:16-26, Dios establece un castigo contra su pueblo, figuradamente representado en las hijas de Sión, en los varones que van a la guerra (y caen sin fuerza), así como también en la ciudad que caerá en manos de los enemigos ya que “sus puertas se entristecerán y enlutarán”. Según Isaías, Dios castiga a su pueblo, a Judá; y figuradamente le quita todo aquello que representa lo hermoso, lo alegre, los vestidos de fiesta, las joyas y perfume. Y en lugar de todo esto lo deja pobre, maloliente y desarreglado. Esto de ninguna manera es el trato que Dios da a las cristianas hoy en día. Por ello no es de ninguna manera una base bíblica para imponer estas reglas arcaicas sobre las mujeres, evitando que se vean femeninas.

Otros argumentan diciendo que el uso de arreglos y de joyas (sean reales o de material de fantasía) como aretes, pendientes, brazaletes, etc. son mencionados en la Biblia de manera metafórica. Cito el siguiente pasaje mal utilizado.
“En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia, como a novio me atavió, y como a novia adornada con sus joyas.” Isaías 61:10 (RV1960)
En este pasaje, los que lo utilizan para decir que se menciona de manera metafórica, cometen un gran error de interpretación. El escritor está expresando gozo y alegría por un favor recibido de Jehová. El escritor está usando como ejemplo la costumbre de la forma como se ataviaba un novio o novia para casarse: con joyas y adornos de embellecimiento. La metáfora es la comparación que hace de los atavíos con las vestiduras de la salvación y el manto de justicia; pero el ejemplo o la figura lo está tomando de una costumbre real, no es metáfora que los novios y novias se ataviaban y hermoseaban con adornos y joyas, era (y es) real. Quienes interpretan así cometen serios errores de hermenéutica.

También han utilizado el pasaje de Ezequiel 16.9-14 para aseverar que sólo es “metáfora”, y aquí lo cito:
“Te lavé con agua, y lavé tus sangres de encima de ti, y te ungí con aceite; y te vestí de bordado, te calcé de tejón, te ceñí de lino y te cubrí de seda. Te atavié con adornos, y puse brazaletes en tus brazos y collar a tu cuello. Puse joyas en tu nariz, y zarcillos en tus orejas, y una hermosa diadema en tu cabeza. Así fuiste adornada de oro y de plata, y tu vestido era de lino fino, seda y bordado; comiste flor de harina de trigo, miel y aceite; y fuiste hermoseada en extremo, prosperaste hasta llegar a reinar. Y salió tu renombre entre las naciones a causa de tu hermosura; porque era perfecta, a causa de mi hermosura que yo puse sobre ti, dice Jehová el Señor.”
Es cierto que este texto es una completa metáfora, de ninguna manera, todo el pueblo de Israel no es solo una mujer, pero Israel representa a una mujer en este pasaje, y metafóricamente el mismo Dios describe como la adopta por amor y la va embelleciendo. Utiliza una serie de costumbres y acciones que se daban en esos tiempos. Era la única manera de poder hablarle a su pueblo y de que entienda. Ahora, qué significa por ejemplo la frase que dice “Puse joyas en tu nariz, y zarcillos en tus orejas, y una hermosa diadema en tu cabeza. Así fuiste adornada de oro y de plata, y tu vestido era de lino fino”, esto representa un cambio de estado que sufre Israel al ser adoptado por Dios, al ser nuevamente tomado por Dios. No significa que Dios le puso aretes, diademas, vestidos lujosos, etc. eso viene a ser la metáfora; pero lo que es cierto en este pasaje es que sí se utilizaba estos adornos para embellecer a las mujeres, y si Dios no ve problema en usarlo como figura de una bendición sobre su pueblo; mucho menos no es de ninguna manera ni pecado ni está prohibido que las mujeres lo usen. Hay una muy mala interpretación de la Biblia de los teólogos de estas iglesias legalistas.

¿Dónde se origina esta mala teología?
El origen de todo esto es, por supuesto, una falsa teología. Muchos cristianos, conscientes o no, le asignan a las mujeres un papel de constante tentación a hacer pecar a los varones. Es como si cada mujer fuera una Eva ofreciendo el fruto prohibido. Ahora, se olvidan de que la razón de la tentación no es la mujer, ni Dios, ni siquiera la serpiente; sino el corazón que es muy codicioso. La Biblia dice:
"sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte." Santiago 1:14-15 (RVR1960)
Es decir, algunos hombres como tienen dificultades de abstenerse de sus impulsos pecaminosos, entonces buscan una especie de chivo expiatorio. Esto no es del todo nuevo, el mismo Adán le dijo a Dios, que no fue su culpa sino que “la mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí." Génesis 3:12

Tertuliano y las mujeres
Por desgracia, esta mala popularidad de las mujeres como atractivo para el pecado ha sido objeto de un importante Padre de la Iglesia, el apologista Tertuliano de África (160 d. C.-220 d. C.). Tertuliano dedicó un libro directamente a la audiencia femenina, una obra cuyo título es De Cultu Feminarum, en español: “La Ropa de las Mujeres”(1) , y entre los principales argumentos trata sobre el vestido, el maquillaje, los adornos y el comportamiento de las mujeres. Tertuliano teologiza sobre las mujeres y exagerando la retórica como era típico de los escritores de la época, dice:“la mujer introdujo la muerte en el mundo y su propia condenación de Jesús Cristo”. También dice: "¡Mujer! Tú eres la puerta del diablo. Persuadiste a aquel a quien el diablo no se atrevía atacar de frente. Fue gracias a ti que el Hijo de Dios tuvo que morir. Tú siempre debes ir vestida de luto y harapos".

Tertuliano luchó con todas sus fuerzas contra el uso de joyas y maquillaje. Para él, el embellecimiento de la mujer es vista como un medio de atracción para el mal. La preocupación del apologista fue especialmente todo lo que sale de la "naturalidad". Él escribió:
“Deseo que tomes consciencia del origen pecaminoso y satánico de la joyería, maquillaje y pinturas. Todo lo que significa lujo, oro, plata, piedras preciosas y joyas no son más que una señal de ambición que se contrapone con la humildad, esencia misma del buen cristiano; en este caso, una buena cristiana. Los cuidados de pies, cabello, etc., es costumbre de (mujeres) prostitutas antes que de (mujeres) castas.”
Afortunadamente, la teología de Tertuliano para la vestimenta de las mujeres, no es hegemónica en nuestros días, y tal vez, nunca lo fue en la historia del cristianismo. Básicamente, el oponerse contra el embellecimiento tiene su origen en la malicia de un corazón caído. Lejos de expresar la santidad, el legalismo es la manifestación de la sexualidad desenfrenada, que busca recursos humanos para detenerlo ineficazmente. El cristianismo ha desarrollado una teología de la belleza, que es un gran contrapunto al legalismo malicioso e iconoclasta de los herederos de Tertuliano.

En una forma muy sencilla podemos decir que el legalismo consiste en tratar de ganar el favor de Dios a través de nuestra obediencia a un conjunto de reglas inventadas por los hombres. El problema del legalista es que no descansa plenamente en la obra de Cristo para ser aceptado por Dios o para ser bendecido por Él, sino en su propia conformidad a un estándar de conducta previamente establecido. Mientras el evangelio nos mueve a la obediencia por el hecho de haber sido aceptados por Dios de pura gracia, el legalismo nos dice que debemos obedecer para ser aceptados. En el evangelio la aceptación delante de Dios viene primero y la obediencia después. En el legalismo es a la inversa: la obediencia viene primero para lograr ser aceptados. Todo gira en torno a lo que hacemos o a lo que dejamos de hacer. Y para sustentar estas doctrinas utilizan textos fuera de contexto.

El apóstol Pablo nos advierte contra todo este tipo de exabruptos teológicos cuando le habla a los colosenses y les dice literalmente que todas estas reglas legalistas “no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne”:
“Si habéis muerto con el Mesías a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivierais en el mundo, os sometéis a preceptos: No uses, ni comas, ni toques (según mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que están todas destinadas a perecer con el uso? Tales cosas tienen en verdad cierta reputación de sabiduría en una religión impuesta por uno mismo, y en una falsa humildad y severo trato del cuerpo, pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.” Colosenses 2.20-23 (BTX)
No olvide lo que mencioné al comienzo, de ninguna manera es pecado que las mujeres se embellezcan, al contrario; usando el sentido del humor, es muy probable que no encaje en algunas reuniones si las mujeres no van arregladas correctamente, y aunque esto no es pecado, sí es muy mal visto. Si desea agradar a Dios, tan solamente recuerde las palabras del apóstol Pablo en la carta a Timoteo:
“Quiero que las mujeres se vistan de una manera modesta. Deberían llevar ropa decente y apropiada y no llamar la atención con la manera en que se arreglan el cabello ni con accesorios de oro ni con perlas ni ropa costosa. Pues las mujeres que pretenden ser dedicadas a Dios deberían hacerse atractivas por las cosas buenas que hacen." 1 Timoteo 2:9-10 (NTV)
Querida hermana, viva con modestia, pero viva en libertad. No deje que nadie le robe la libertad que Dios ya le ha dado.


Que Dios los bendiga.
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Bibliografía Citada:
(1)(http://biblehub.com/library/tertullian/on_exhortation_to_chastity/index.html)