martes, 13 de febrero de 2018

¡Ay de las que críen en aquellos días!


"Mas ¡ay de las que estén encintas! y de las que críen en aquellos días!" - Mateo 24:19 RV60

¿Por qué Jesús se lamentaría tanto de las mujeres que estarían ya sea embarazadas o con hijos bebés durante la Gran Tribulación?

Sabemos que en toda guerra, catástrofe de la naturaleza y accidente los niños siempre son los más afectados. Flavio Josefo nos cuenta que desde el año 66 hasta el 70 que las revueltas judías terminaron en la destrucción de Jerusalén y del Templo, cientos de mujeres y niños murieron bajo la espada.

Pero hay un hecho macabro, que hasta el mismo Josefo siente repugnancia al escribirlo. Se trata del caso de María de Betezuba.

Cuando Jerusalén fue cercada por los romanos los víveres empezaron a escasear. Los revoltosos tomaban para sí todo el alimento que encontraban en las casas sin importar mujeres y niños, quienes morían de hambre. 
"Miles de judíos morían de hambre. En cada casa donde había el menor bocado de comida, los parientes luchaban por él. Transidos de hambre, los proscritos husmeaban como perros enloquecidos, royendo lo que fuera: cinturones, zapatos, e incluso el cuero de sus escudos. Otros devoraban manojos de paja..." (1)
Pero la historia volvió a repetirse, el hambre fue tanto que los niños no se escaparon ni de su propia madre. Por qué digo que la historia volvió a repetirse, pues durante el sitio de Samaria por los sirios por los años 845 a.C., hubo tal hambruna que Joram el rey Israel, tubo que hacer penitencia:
"Y le dijo el rey (Joram): ¿Qué tienes? Ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío. Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido a su hijo..." 2 Reyes 6.28-30 RV60
María de Betezuba era una mujer de distinguida familia, pero las revueltas judías la habían llevado a perder todas sus propiedades y posesiones quedando en la extrema pobreza. Viviendo ahora en Jerusalén, y estando en espantosa hambruna, su pequeño bebé dejó de despertar en ella la ternura de una madre que moriría por salvarlo y cuidarlo.
"Enloquecida por el hambre, tomó al bebé que tenía en su pecho, y dijo "¡Pobre bebé! ¿Por qué debería preservarte para la guerra, el hambre y la rebelión? Ven, se mi alimento: venganza contra los (judíos) rebeldes, y el punto culminante de la tragedia judía para el mundo." Con esto, mató a su pequeño, asó su cuerpo, y devoró la mitad del mismo, ocultando el resto."(2) 
Todos los que se enteraban de ese macabro hecho se horrorizaban. Sean los rebeldes judíos, o los romanos. Tal es así que el general Tito, al enterarse, "se declaraba inocente de este crimen delante de Dios. Pero juró que sepultaría esta atrocidad de canibalismo infantil debajo de las ruinas del país."(3)

Este penoso hecho es un eco de la profecía de Jesús, en su lamento y espanto anticipado por el sufrimiento de esos pequeños niños, y de los horrores a los que serían sometidas sus madres; profecía que se cumplió en el año 70.
"...¡ay de las que estén encintas! y de las que críen en aquellos días!" 

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Tomado de:
(1)(2)(3)Paul L. Maier, “Josefo: Los Escritos Esenciales”, Pág.344-345

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